La Naturaleza Humana

Los derechos de los cangrejos

Leo en el último número de New Scientist (11 de julio de 2009) un artículo de opinión acerca de los derechos animales. Se titula “Do the crabs have rights?” En el artículo, su autor, Peter Fraser, especialista en sistema nervioso de crustáceos, se manifiesta claramente en contra del propósito de los activistas pro-derechos de los animales de incluir a los crustáceos, e invertebrados en general, entre los animales beneficiarios de las leyes europeas a favor del bienestar animal.

El grupo activista “Advocates for Animals” ha preparado un informe en el que concluye que hay “potencial para experimentar dolor y sufrimiento” en los crustáceos, y por lo visto, se muestra especialmente preocupado por la práctica de cocer langostas vivas. Argumenta que hay gran similitud entre el sistema nervioso de los crustáceos y el nuestro, y sobre esa base pretende que se extienda a los integrantes de ese grupo los beneficios que ya reconoce la legislación a los vertebrados. Hasta ahora, los únicos invertebrados a los que se aplicaban esas leyes eran los pulpos.

Peter Fraser se opone a esas pretensiones. Y lo hace porque esa similitud que se invoca, según él, no es tal. El sistema nervioso, como tal sistema, puede tener alguna semejanza con el nuestro, pero hay enormes diferencias. Nosotros tenemos 100 mil millones de neuronas, mientras las langostas sólo tienen 100 mil. Nuestras neuronas conducen los impulsos nerviosos 100 veces más rápidamente que las de los crustáceos. Y sus cerebros carecen de los centros superiores en los que radica la percepción del dolor en los mamíferos. Como ejemplo práctico de las diferencias y semejanzas entre cangrejos humanos esgrime que los cangrejos, en efecto, pueden oír, pero son incapaces de apreciar la ópera. Tampoco hay evidencia concluyente al respecto de si sufren dolor o no. De hecho, los nervios sensoriales de los cangrejos de los mares templados se inhabilitan a temperaturas superiores a 25 ºC. Además de esas razones, es evidente que limitar la experimentación en neurofisiología con crustáceos sería muy perjudicial.

Hasta ahí las opiniones de Fraser. Yo, a esas opiniones, que comparto, añado otras para oponerme a la pretensión de “Advocates for Animals”. Seguro que hay muchas razones para tratar bien a los animales. Pero me parece inaceptable incluso que se maneje la noción de “derechos de los animales” en cualquier sentido que pueda conllevar menoscabo de los derechos o bienestar humanos. Me parece bien que no se infrinja daño gratuito alguno a los animales. Es más, creo que es bueno educar a la gente en ese sentido, e incluso legislar contra el maltrato gratuito. Porque pienso que cuanto más rechazo (innato o sobrevenido) experimentemos hacia el maltrato a los animales, más lo tendremos hacia el maltrato a los seres humanos. Dicho de otra forma, no quiero que se maltrate a los animales porque quien lo hace también tiene menos problemas para maltratar a las personas. Esto es una opinión, pero estoy absolutamente convencido de que es así; para ello me ha bastado conocer a algunas personas que maltratan sin problema a todo tipo de animales, incluidos sus semejantes.

Pero de ahí a tratar de extender derechos (humanos por definición) a los animales, cualesquiera que estos sean, me parece que hay un abismo. Denota un relativismo jurídico y moral de todo punto inaceptable, porque antes o después, ese camino nos igualará y nos conducirá a someter nuestro progreso, bienestar y nuestros mismos derechos a algo tan inasible y tan carente de sentido como son los derechos de unos seres que, también por definición, carecen de ellos.

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