La Naturaleza Humana

Clanes y camarillas

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Cuando tenemos la oportunidad de relacionarnos con muchas personas, tendemos a formar grupos con quienes nos son más afines, con aquellos de quienes nos sentimos más cercanos. Por esa razón, en las sociedades multirraciales la gente tiende a entablar amistad con personas de su mismo grupo racial, si en el entorno en que se establecen las relaciones hay un número alto de individuos. Si hay pocos, sin embargo, al haber menos posibilidad de elegir, es más probable que se formen grupos interraciales.

A esa conclusión general han llegado en un estudio cuyos resultados se acaban de publicar en la revista PNAS. El estudio parte del desarrollo de un modelo teórico y el posterior contraste de las predicciones del modelo con el análisis de datos obtenidos de más de mil institutos de bachillerato en Norteamérica. La conclusión, como se ha indicado, es que allí donde hay muchas personas con las que se puede entablar relación, la gente tiende a hacerlo con personas de su mismo grupo étnico o racial. Los blancos tienden a relacionarse con blancos; los negros con negros, latinoamericanos con latinoamericanos, y asiáticos con asiáticos.

Se supone que preferimos relacionarnos con personas con las que tenemos ciertas afinidades; eso es básico. Y como es lógico, donde hay pocas personas, es más difícil encontrar esas afinidades; por eso en esas circunstancias es más fácil superar la “barrera” que supone tener un rasgo distintivo tan marcado como el aspecto “racial” o “étnico”. Sin embargo, en contextos en los que hay muchas personas entre las que elegir, es más fácil hallar afinidades en personas que físicamente son más parecidas a nosotros, porque lo cierto es que tendemos a sentirnos más próximos a las personas con las que compartimos rasgos raciales y otras similitudes.

Los autores del trabajo sugieren que el mecanismo vale para cualquier otra forma de “diferenciador” social. Así, cuando se permite a los individuos que ejerciten totalmente sus preferencias preexistentes, ello conduce a que se organicen grupos de gran homogeneidad, sea cual sea el criterio diferenciador de que se trate. Por eso, -sostienen-, al ampliar enormemente el campo de relaciones posibles, internet actuaría en el sentido de aumentar el aislamiento social, configurando grupos muy homogéneos y con muy poca relación con otros grupos. Puede resultar paradójico, sí, pero tiene mucho sentido.

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Hace unas semanas publiqué un artículo en Naukas en el que mostraba que en las ciudades de mayor tamaño la probabilidad de interactuar con otras personas es mayor que en las de menor tamaño. Y esa mayor probabilidad de interacción parece tener curiosas implicaciones. Por ejemplo, la probabilidad de contagiarse enfermedades infecciosas es proporcionalmente mayor en las grandes ciudades, pero también lo es la de innovar, la de generar nuevas ideas, la de inventar, porque todo eso depende de manera crítica de las redes de relaciones. Cuanto más amplias son esas redes, cuantas más son las personas con las que nos comunicamos, más intercambio de ideas se producen y más combinaciones de ideas se generan. Así aumenta la probabilidad de que se produzcan invenciones, innovaciones, etc. Y en relación con todo eso, las grandes ciudades concentran más instituciones y más personas dedicadas a actividades de I+D. Son más dinámicas. Se hacen más negocios. Se genera más riqueza y la gente gana más dinero. En todo esto influyen muchos otros factores, tanto institucionales, como geográficos o económicos, por supuesto, pero estoy haciendo generalizaciones, y las afirmaciones anteriores se basan en análisis en los que se analizan las variables consideradas en relación con el número de habitantes de las ciudades; y ese análisis se hace para diferentes países y continentes, con lo que la fiabilidad de las conclusiones parece garantizada.

Este fenómeno puede resultar, quizás, algo contradictorio con lo señalado en relación con la mayor heterogeneidad de los grupos en contextos caracterizados por bajos números de personas, pero en realidad no lo es. Porque la configuración de grupos sociales por afinidades e intereses, que serían muy homogéneos en contextos muy numerosos (grandes ciudades o internet), no impide que se produzca una alta frecuencia de interacciones, porque el aislamiento entre unos grupos homogéneos y otros, y la interacción entre personas diferentes se pueden producir, de manera simultánea, en planos muy distintos. Así, en los ámbitos laborales o profesionales se producen interacciones entre personas con diversos intereses y preferencias, y por otro lado, las relaciones de amistad se basan en mayor medida en afinidades o aficiones comunes. Son, como digo, planos diferentes.

Para cerrar la anotación de hoy voy a transcribir un párrafo con el que, por pura casualidad, me he encontrado estos días. Se refiere, lógicamente, a estas mismas cuestiones. Es el siguiente:

En una comunidad grande podemos elegir nuestra compañía. En una comunidad pequeña, ésta ya está elegida para nosotros. Así es que, en todas las sociedades grandes y altamente civilizadas, surgen grupos basados en lo que se llaman afinidades, que se cierran al mundo exterior con más eficiencia que los portones de un convento. No hay nada realmente estrecho en un clan: lo que es realmente estrecho es una camarilla. Los hombres del clan viven juntos porque todos van en el mismo tartán o todos descienden de la misma vaca sagrada; pero en sus almas, por el divino acomodo de las cosas, siempre habrá más colores que en cualquier tartán. Los miembros de una camarilla, en cambio, viven juntos porque tienen el mismo tipo de alma, y su estrechez es una estrechez hecha de coherencia y de satisfacción espiritual, como la que existe en el infierno. Una sociedad grande existe con el objeto de formar camarillas. Una sociedad grande está destinada a la promoción de la estrechez.

Me lo he encontrado en “Herejes” de G. K. Chesterton (1905).

Fuente: Siwei Cheng y Yu Xie (2013): “Structural effect of size on interracial friendship” PNAS 110 (18): 7165-7169

4 thoughts on “Clanes y camarillas

  1. Jeibros

    Reconozco que cojeo de esta pata, pero desde el punto de vista de comportamiento humano, creo que NO nos gusta destacar como individuos más allá de algo discreto. Nos gusta ser parte de la masa. Hacemos cosas que hacen los demás, porque sí, sin darle muchas vueltas a las causas que nos impulsan.

    ¿Es posible que sea un fenómeno extrapolable a cuando nos sentimos observados? Si no buscamos sacar beneficio, intentamos pasar desapercibidos

    1. Juan Ignacio Pérez Iglesias

      Yo creo que se trata de fenómenos diferentes, aunque quizás estén relacionados. Una cosa es que no quieras destacar y quieras pasar desapercibido (hay quien sí quiere destacar y no pasar desapercibido) y otra, creo que diferente, quererte relacionar con gente parecida a ti. Es cierto que con gente parecida a ti destacas menos, pero creo que la motivación para constituir grupos homogéneos es otra.
      Gracias por la observación. Aporta una perspectiva diferente.

  2. Miguel

    Es interesante la asociación entre la formación de grupos sociales en entornos humanos mas poblados, así como las correlaciones con aspectos labores, de comunicación, progreso, desarrollo tecnologico, etc.

    Me gustaría añadir otro aspecto humano fundamental relacionado con la variación del tamaño de las redes y entornos poblaciones. Quería inferir tambíen la asociación entre la densidad poblacional y su correlación con los procesos de emparejamiento humano. Principalmente porque la selección sexual y su vinculación a la reproducción constituye la interacción social más importante en la evolución. La complejidad ambiental y por lo tanto los fenómenos que surgen de esta complejidad en los sistemas de elección de pareja incluyen interacciones limitadas por el espacio físico y /o social, la ubicaciones geográficas y las opciones de moviblidad espacial.

    Los entornos poblacionales pequeños, aldeos, pueblos o barrios locales limitan la variedad de socios potenciales de una manera directa. Existen heterogeneidades adicionales que pueden caracterizar el entorno espacial o social. Es posible examinar la la influencia de estos factores, y cómo puede interactuar con el espacio y la movilidad.

    Las poblaciones varían en densidad y esto se traduce en diferencias en el tamaño del rango númerico de socios potenciales disponibles para cada individuo. Del mismo modo se produce un aumento del gradiente de socios potenciales entre aquellos individuos de mayor grado de atractivo y deseabilidad social, aumentado de forma exponencial para éstos cuando desarrollan sus vidas en medios mas poblados. Aumenta por tanto considerablemente la brecha de socios potenciales accesibles como fución de las caracteristicas propias de cada persona dentro del mercado de emperajamiento / marital. En entornos poblacionales mas reducidos las diferencias entre cada agente del mercado son mas reducidas. Puesto que los socios mas deseables no tienen un rango extenso de parejas a las que acceder por ausencia de las mismas, a pesar de su mayor atractibilidad social y sexual. De esta forma se aproximan las oportunidades sociales en el mercado para los individuos con mas posibilidades potenciales respecto aquelos que poseen menos. Existe un menor tiempo de busqueda en núcleos poblacionales pequeños. Las poblaciones pequeñas aumentan la varianza intraespecífica entre individuos emparejados. El aumento de los tiempos de búsqueda es mayor en núcleos urbanos, o entornos de un gran espectro de individuos elegibles (Internet).

    Esto podría, por ejemplo, explicar parcialmente las presiones culturales de selección de conformidad en las comunidades más pequeñas, que son menos frecuentes en las grandes ciudades. Cuando los agentes a emparejar se limitan a buscar en los vecindarios locales, en contraste con entornos humanos masificados, la densidad de población afecta la dinámica de interacción. Las comunidades dispersas y extensas se corresponden con una disminución de adaptación y un aumento de los tiempos de búsqueda.

    Consideremos, por ejemplo, un agente masculino de rango “1” y un agente femenino de rango ” 10”, los cuales establecen una conexión entre ambos y comienzan posteriormente ha interactuar. Después de llevar a efecto una serie de citas, la agente “10” muestra poco voluntad a elegir al agente “1” como pareja. La baja densidad de población y la movilidad reducida implica qu éstos intenten varias veces realizar mas aproximaciones sin éxito. El efecto que se produce es que con el tiempo, los criterios de satisfacción de la agente femenina “10” comienza a decrecer y disminuir su nivel de pretensiones.
    Ahora, supongamos que un agente masculino “5”, que ha tenido poca accesibilidad social previa debido a condiciones de aislamiento espacial, y que finalmente se encuentra con la posibilidad de establecer contacto con la mujer “10”, el cual acepta gustosamente.
    En otras circunstaciones sería muy poco probable que la agente femenina “10” aceptara una primera cita con el agente masculino “5”, pero después de que ella ha tenido varias citas infructuosas con el poco atractivo ” 1”, ella está mucho mas dispuesta a hacer concesiones y emparejarse con el individuo “5”.
    La estructura socio-espacial y la densidad influyen enormemente en el acceso a un compañero sentimental o marital. Por otra parte, en ausencia de buenas opciones de apareamiento locales en los entornos poco poblados, los individuos pueden adoptar estrategias para aumentar su movilidad hacia grandes urbes o la utilización de redes extensas de interacción social (Internet), lo que añade gran complejidad al sistema.

    Los participantes en una condición de selección limitada están significativamente más satisfechos con la selección que aquellos individuos expuestos a un extenso rango de elección. Por lo tanto, mientras una extensa selección es inicialmente más interesante, puede conducir a un incremento de los tiempos de búsqueda y una disminución de la satisfacción.

    Varios estudios sugieren que la dependencia de las elecciones heurísticas pueden aumentar con el número de parejas potenciales (Lenton, Fasolo, y Todd). A medida que aumenta el número de parejas potenciales de distinto sexo, aumenta el sesgo selectivo. En otras palabras, con un número creciente de parejas potenciales, es más probable que la mayoría de los individuos converjan en las mismas opciones. Con las implicaciones que esto conlleva.
    Algunos resultados también indican que el umbral del estándar de pareja puede moderar los efectos de “demasiadas opciones” en la experiencia de elección y la selección de estrategias electivas. Las personas con estándares de pareja más altos, es decir, aquellos cuyos criterios de exclusión son más restrictivos, prefieren disponer de una extensa elección y están más satisfechos con la pareja seleccionada en
    ese contexto. Estos hallazgos desafían la idea indirecta de que los individuos maximizadores, presumiblemente debido a normas mas exigentes, son más tendentes a experimentar ciertas desventajas cuando se enfrentan a demasiadas opciones, respecto a los sujetos minimizadores o conformistas (Schwartz et al., 2002). Esto indica que la gente con las normas de pareja más altas se sienten relativamente contentos con una opción selectiva de gran conjunto, aunque no sabemos si tal satisfacción está garantizada (es decir, ya sea haciendo un elección entre una amplia variedad de opciones en su mejor beneficio).

    Los modelos matemáticos señalan que existe una cadencia de tiempo predecible para ambas estrategias de movimiento de densidad decreciente, y hay una disminución en el número promedio de citas de interactuación para densidades poblacionales muy bajas. Esto es debido a que algunos individuos invierten mucho tiempo para encontrar personas deseables con las que relacionarse, mientras que otros sólo disponen de socios potenciales no deseados en sus vecindarios locales.

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