Archivo por meses: mayo 2010

Demasiado lejos del Mundial

Es el momento de África. Al menos es lo que rezan los anuncios, himnos y demás propaganda de la World Cup 2010. La gran campaña de publicidad de la FIFA y el gobierno sudafricano invade canales de televisión, radios y grandes carteles a la entrada de las ciudades. Sudáfrica es un país, a primera vista, volcado con el campeonato del mundo. Sin embargo, ¿quién se beneficiará de este gran evento?

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Es el turno de África, pero la mayoría de africanos, como los niños de la foto, ni siquiera serán espectadores del gran show. Viven en el township de Huhudi, uno más de los muchísimos guetos creados por la minoría blanca y donde todavía hoy se concentra la pobreza, esta vez junto a la población afrikáner de Vryburg. El fútbol es la pasión de la mayoría de esos niños, pero el Mundial pasará sin pena ni gloria para ellos. Y eso a pesar de que las escuelas y organizaciones locales se esfuerzan, sin ninguna ayuda oficial, en ilusionar a los chavales con campeonatos y festivales donde el esférico es el protagonista.

El crimen, las drogas y la devastadora incidencia del SIDA entre la población de Huhudi son la prioridad aquí. Pero los grandes estadios que han levantado en las grandes ciudades no parecen dirigidos a paliar esos problemas. Al contrario, organizaciones como UNICEF alertan de que, con la llegada de la oleada de turistas futbolísticos, fenómenos como la prostitución, el trabajo infantil y el tráfico de personas se agravarán en las próximas semanas.

Destino Sudáfrica

Destino, Sudáfrica. En la puerta de embarque para Johannesburgo se respira ya ambiente futbolero, aunque estemos a dos semanas del arranque del Mundial 2010. Los jugadores de la selección de Guatemala, vestidos con chándal oficial, intentan matar las horas de espera tumbados en el suelo de Barajas, riendo y contando chistes. Guatemala no jugará el Mundial, pero ha sido convocada por la FIFA para un amistoso con la selección de Sudáfrica (se jugará el lunes 31 en Ciudad del Cabo).

Los jugadores de Guatemala hacen tiempo en la terminal T4 de Barajas.

Los jugadores de Guatemala hacen tiempo en la terminal T4 de Barajas.

En el avión han puesto Invictus, de Clint Eastwood. Morgan Freeman interpretando a Nelson Mandela en el estadio Ellis Park ha sido la última imagen borrosa que recuerdo antes de caer rendido. Me ha despertado el golpe brusco del tren de aterrizaje sobre la pista de Johannesburgo.

En el aeropuerto internacional Tambo, bajo un balón de fútbol gigantesco que cuelga del techo del hall principal, nos esperaba Brendon, nuestro chófer afrikáner. Prefiere el rugby al fútbol, como buen bóer. Recordando el libro de John Carlin y la imagen de Invictus, le hemos pedido a Brendon que nos lleve a Ellis Park. Todo un símbolo de la Sudáfrica actual. Fue allá donde los Springboks derrotaron a los All Blacks neozelandeses ante miles de personas que, en presencia del primer presidente negro de Sudáfrica, celebraban la victoria de un país que empezaba a cambiar.

El mítico estadio de Ellis Park en Johannesburgo.

El mítico estadio de Ellis Park en Johannesburgo.

Hemos descubierto no sin cierta decepción que Ellis Park ha sido rebautizado con el nombre de Coca-Cola Park (algo así como el Sadar a.k.a Reyno de Navarra).

Viaje a Chihuahua, territorio narco

He alquilado una moto chiquita para recorrer esta parte del cañón durante los próximos días. La idea es visitar algunos de los rincones de este barranco, ubicado en el norte del país mexicano y que es cuatro veces mayor que el del Colorado.

La motito es una Yamaha 125, una scooter. El norteño que me la renta me mira con desconfianza, parece adivinar que hace más de 20 años que no me monto en una moto.

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Arranco, no muy segura, dirección a Guachochi. Quiero llegar a puente Humira, es el fondo del cañón del Cobre y está como a unos 65 km.

Son las 10 de la mañana, el cielo es de un azul que ni las nubes se atreven, hace calor pero yo en la moto no lo siento y la carretera está para mí, no hay nadie. Mejor imposible.

La ruta discurre por un inmenso cañón que se abre o se cierra según los tramos. A los lados se levantan paredes de roca, desnudas, erosionadas que terminan en riscos amontonados entre los que crecen largos pinos. El paisaje es inmenso, precioso, y te da la impresión de que detrás de cualquier cerro puede aparecer un grupo de apaches a caballo. Pero estas son tierras tarahumaras, que en su día sí que tuvieron que defenderse de los apaches. Fueron guerras entre tribus por el dominio del territorio y de la caza.P4171006 (1)

Los indios tarahumaras se tuvieron que refugiar en las partes altas de los cañones, en esos huecos que dejan los ríos tras el paso del agua durante millones de años. Terrazas a las que el acceso parece del todo inimaginable. Todavía hoy algunos tarahumaras siguen morando en esos lugares imposibles pero la mayoría vive en los valles, en casas de madera con tejado de chapa o en casas hechas de adobe.

La carretera va subiendo, y yo voy tomando las curvas con más soltura. La vista es imponente y disfruto de lo lindo. Estoy en la Sierra Madre de Chihuahua, por donde cabalgó el General Villa y su poderosa División del Norte. Ahora, cien años después, es territorio narco por excelencia. Chihuahua es posiblemente el estado mexicano con mayor presencia del crimen organizado, y en el que mayor número de ejecuciones diarias se producen como consecuencia de la guerra por el control de las rutas de droga hacia EEUU, entre los fortísimos carteles de Sinaloa y de Juárez. El narco ha penetrado en todos los niveles de la vida que uno se pueda imaginar. Se dice que hasta la comunidad menonita que vive en Cuauhtemoc, una ciudad cercana, está bajo el dominio narco, ¡son narcomenonitas! (Que conste que me lo dijo una periodista de la prestigiosa revista Proceso, la publicación con estudios más serios y extensos sobre el narcotráfico en México.)

Ya llego al fondo del cañón. Me bajo de la moto. Camino. Hay unos toritos que me miran, según mi opinión mal. Lo que pasa es que soy una acojonada, todos los bichos me dan miedo. Así que con disimulo arranco la moto y me alejo del lugar donde están los animalitos comiendo tranquilamente los secos hierbajos de la cuneta.P4171006 (2)

Es una delicia viajar en moto, a velocidad de crucero, sin prisa, con un tiempo maravilloso y sin coches. Ya he dejado atrás el punto más bajo del cañón y continúo el viaje en sentido contrario. No me importa volver a pasar por la carretera que me ha llevado al corazón de la barranca, no me cansaría jamás de ver este espectáculo de rocas, paredes de piedra y pinos larguiruchos, todo envuelto en su propio silencio.

Voy dirección Creel, buscando una pista que, según el mapa, me pone sobre el sendero que lleva a la Cascada de Cusarare. Los pocos que transitan por esta vía todos me saludan, la gente es simpática y dicharachera. Acaba de pasar una pick up, el conductor saca el sombrero tejano por la ventanilla a modo de saludo. Estoy segura de que lleva botas de piel de lagarto y cinturón con voluminosa hebilla. (Kote, aquí podrías vestirte de vaquero sin ningún complejo).

Hay una desviación a mano izquierda, es una pista que baja por un bosque. Allí voy, es un terreno no muy apto para la moto pero se puede pasar. Al cabo de unos minutos me encuentro en una aldea tarahumara o rarámuri, creo que prefieren que se les llame así. Son cuatro casas, entre pequeños campos en los que están sembrando maíz, antes de que lleguen las lluvias. No sé muy bien si voy rumbo de la cascada o no. Pregunto por el camino a la cascada a una mujer joven que me tiene vigilada por la puerta entreabierta de su chabola, pero ni me contesta. No me sorprende, en Bolivia para los indígenas yo era transparente. Los blancos no formamos parte de su cosmos. La mayoría de las veces nos miran con una mezcla desinterés, desprecio, desconfianza e indiferencia. No es de extrañar, la experiencia con nosotros les ha dejado una amarga marca.

La pista se pone peor, y dejo la moto un poco más adelantito, al lado de unas cabañas para turistas que han aparecido de pronto. Ya veo el río. Hay mujeres vestidas de colores llamativos lavando ropa y niños jugando en el agua. Una estampa muy auténtica para la foto pero me encantaría poder instalarles una lavadora ahí mismito.

Bajo al río, agarro la vereda que está a la izquierda. Es un camino más que agradable, está lleno de pájaros, y tampoco hay nadie a la vista. En menos de una hora llego a la cascada, pero es la temporada más seca del año y el agua que cae no sirve ni para que se bañen las ardillas. Pero el lugar merece la pena. Es grandioso. La ancha cascada cierra el paso a un cañón de paredes imponentes a las que se aferran altísimos pinos. Todo huele a salvaje. Hay mariposas de colores y una brisa que te adormece.

Pero la siesta me la echo en la orilla del lago Arareko. El lago se ve desde la carretera, es un pequeño embalse artificial que se hizo para proveer de agua a Creel en caso de sequía. Allí he parado a comer mis emparedados, como el oso Yogy. El aire es acariciante y me quedo dormida feliz como una lombriz.

Al ratito me despierto y me pongo en marcha en seguida porque me gustaría ver el valle de los Monjes y la Misión de San Ignacio antes de que oscurezca. Según el mapa se accede por un bosque que debe estar a mi derecha. No hay pérdida, es la entrada al parque nacional Arareko. Me recibe un joven lugareño que cobra la entrada. Me quedo un rato de plática con él, me cuenta cómo llegar a la Misión y me dice que ese lugar, más todo lo que le rodea, es un ejido que pertenece a una comunidad tarahumara. Todo lo que sacan del turismo se lo reparten entre la comunidad, entre los ejidatarios.

La luz ha cambiado, es de tarde, cálida y con sombras. Voy con la moto a todo lo que da por una pista que atraviesa el bosque, unos 50km/h pero a mí me parece que vuelo. A estas alturas ya le he perdido todo el respeto al velocípedo y me creo Angel Nieto.

El lugar donde el bosque se abre al valle es bellísimo. Armonioso, sosegado, y tiene mucha vida. Se ven casitas diseminadas aquí y allá de familias campesinas, y a hombres trabajando la tierra con arados que nosotros sólo encontraríamos en algún museo de turismo rural. El tiempo parece que se ha detenido en esta parte del mundo. Te dan ganas de quedarte para siempre en esta calma. Aflojo la velocidad y paseo, es un verdadero placer el que me acompaña hasta la Misión de San Ignacio: una iglesia ruda ubicada en un entorno propicio para comunicarte con Dios o con quien te plazca. Los jesuitas nunca se han chupado el dedo, digo yo.

Siento pena al alejarme de este lugar que se me antoja mágico porque tengo la impresión de que pocas veces he sentido que un paisaje me transmitiera semejante sensación de paz y equilibrio.

Ya de regreso, entro en el pueblo, en Creel, y al pasar por el negocio de alquiler de motos y demás, ¿quién me está esperando allí con su sonrisa desdentada? El joven de la caseta para devolverme los 200 pesos que he olvidado mientras charlábamos. También sonreía el norteño dueño del changarro, pero este porque ha visto, aliviado, que la moto sigue teniendo ruedas y motor después de que una mujer la haya pilotado.

¿Quién gritaba en la cabina del Tupolev Presidencial?

La investigación conjunta de Rusia y Polonia sobre el accidente de Smolensk carga al piloto del avión presidencial con la responsabilidad de la catástrofe. Fue un fallo del piloto, concluye la investigación.

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El premier ruso Vladimir Putin ha ordenado expresamente que la investigación sea transparente, nítida, para que no haya ninguna sombra de duda -el 51% de la opinión pública polaca cree que no se llegará a conocer nunca la verdadera causa del accidente-. Las conclusiones preliminares insisten en que la torre de control de Smolensk ordenó hasta cuatro veces al piloto que no intentara el aterrizaje, porque no se daban las condiciones de seguridad.

Sin embargo, las cajas negras han revelado un dato inquietante: la presencia de dos personas ajenas a la tripulación en la cabina del Tupolev 154 en el momento del accidente. El diario Krakow Post dice que la voz identificada por los rusos es la del General Andrzej Blasik, ¡nada menos que el comandante de las Fuerzas Aéreas de Polonia! ¿Quién era la otra persona junto al General? ¿Qué estaban diciendo al piloto? ¿Seguían órdenes expresas del presidente Lech Kaczynski? ¿Fue el presidente en persona quien ordenó el aterrizaje como ya hizo en agosto de 2008 en Tbilisi, capital de Georgia?

Velada bolivariana en Madrid

Evo Morales saluda sobre la alfombra roja (Foto: EFE).

Evo Morales saluda sobre la alfombra roja (Foto: EFE).

A los postres de la cumbre UE-América Latina, los líderes bolivarianos tuvieron su momento de gloria anoche en el IFEMA de Madrid. Faltaba Hugo Chávez, pero el presidente aymara Evo Morales supo ejercer de maestro de ceremonias. Ante la ausencia de Chávez, Morales ha copado los titulares de la cumbre.

El motivo de la gala era doble. Por un lado, el pre-estreno del  documental de Oliver Stone sobre los líderes de izquierda en América Latina, titulado “South of the Border” (Al Sur de la Frontera). Por otro, rendir un homenaje solidario a las víctimas del terremoto de Haití.

Los presidentes de Bolivia y Paraguay, el ministro de Exteriores cubano, el primer ministro haitiano y otras autoridades se encontraron con un público entregado, aunque no muy numeroso (la entrada era por invitación). El actor Willy Toledo fue una de las caras conocidas que se hizo ver entre los invitados, mientras el público coreaba el grito de guerra bolivariano: “¡Alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina!”. No faltaron efigies del Che, multicolores enseñas indígenas y banderitas venezolanas.

Pero quien no lo pasó del todo bien sobre el estrado, flanqueado por Evo Morales y el paraguayo Fernando Lugo, fue el primer ministro de Haití, Jean-Max Bellerive. “Yo no sé de revoluciones ni de guerrillas”, dijo, y agradeció en todo momento la solidaridad de los pueblos cubano y venezolano, sin referirse directamente a sus gobiernos. No es de extrañar la cautela de Bellerive, que tiene en su país miles de tropas norteamericanas, desplegadas tras el terremoto de enero.


Por cierto, el documental “South of the Border” de Oliver Stone, interesante. Abiertamente pro-bolivariano y acrítico con sus dirigentes, Stone contrapone en todo momento la visión de los medios de comunicación norteamericanos con entrevistas personales a Hugo Chávez, Evo Morales, Raúl Castro, los Kirchner, Fernando Lugo, Rafael Correa y Luis Inácio Lula da Silva. Se estrenará este verano en Europa y Estados Unidos.

Cerco a los camisas rojas en Bangkok

En Tailandia, el conflicto viene de tan atrás, sufre tantos giros, que nunca se sabe, pero parece que el ultimátum dado por el gobierno a los manifestantes es ahora el definitivo. Parece. El primer ministro Abhisit ha dado de plazo hasta las tres de la tarde de hoy a los rojos para que desalojen su campamento en el distrito financiero de Bangkok. Mientras tanto, ha preparado el terreno para que los soldados se encuentren el menor número de personas en el interior. El gobierno ofrece desde ayer correr con los gastos de todos aquellos camisas rojas que quieran abandonar la protesta y volver a los campos, ha declarado los días de hoy y mañana días no laborables en la capital y ha retrasado una semana el nuevo semestre escolar, que debía empezar hoy.

Barricadas en el centro financiero de Bangkok (AFP: Manan Vatsyayana).

Barricadas en el centro de Bangkok (AFP: Manan Vatsyayana).

Al perímetro original se han sumado ahora varios anillos de controles con alambradas donde cada vez más soldados se organizan para entrar al campamento. El gobierno ha rechazado incluso una mediación de las Naciones Unidas para dar fin a esta situación. Esta mañana el líder de los camisas rojas heridos de bala en la cabeza el jueves ha muerto en el hospital. Ese fue el incidente que desembocó en la lucha callejera y el sitio final a los camisas rojas el pasado jueves. Tras cuatro días de asedio y de matar a todo el que se acercara a sus posiciones, el ejército tailandés tiene órdenes de entrar y sacar a los manifestantes pero causando el menor número de bajas posible. Sólo falta el cuándo.

Los rojos aseguran que no pueden obligar a mujeres y niños a quedarse en el campamento, pero les gustaría que lo hicieran, porque sin ellos como escudo, nada impedirá, dicen, que los soldados usen fuego real durante el desalojo.

Cambio de marea en el Golfo de México

La marea de petróleo que ya tiene el tamaño de los estados de Delaware y Rhode Island juntos, se acerca cada vez más a la Casa Blanca. La administracion Obama va a pagar el precio político de años y años de manga ancha con la industria petrolera. En las investigaciones que ha puesto en marcha el Congreso para aclarar las razones y responsabildades del accidente ha salido a la luz lo que los grupos ecologistas ya sabían: las empresas petroleras hacen lo que quieren y están por encima del Gobierno a la hora de decidir las medidas de seguridad de las extracciones petrolíferas.

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El Congreso, todavía dominado por los Demócratas , no ha conseguido en las últimas horas aprobar una ley que elevaría la responsabilidad de las pertroleras de 75 a 10 mil millones de dólares en casos de vertido.  BP, Exxon Mobile y todas las demás llevan años dando dinero a congresistas de derecha e izquierda para mantener el status quo.
La industria petrolera está protegida por las actuales leyes y se ha convertido en un lobby muy poderoso, ir contra la marea petrolera va a requerir medidas que hasta ahora nadie se ha atrevido a tomar. Los congresistas y la Casa Blanca tendrán que tomar una decisión: ir a las elecciones de Noviembre como los amigos de las petroleras o seguir vendiendo el cambio de Obama.

Té sin chaleco ni casco

Haji Agha espera a los americanos con el azúcar servido en vasos
transparentes. Bien dulce, como los iraquíes, el anciano más respetado
de Jalawar ofrece a los militares té verde y gominolas. En pastún y en
farsi, este veterano de la yihad explica los problemas de la semana a
unos americanos que, como muestra de confianza, se quitan los chalecos
y los cascos. Sólo mantienen las botas puestas por si hubiera que
salir corriendo.
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Es la reunión semanal, la tradicional shura con la que los afganos
están acostumbrados a resolver sus problemas y que desde hace seis
meses cuanta con la presencia americana en este valle. Salen nombres,
informaciones sobre presencia talibán y, en mitad de la sesión, llega
la noticia de que se ha colocado un nuevo IED al paso de una patrulla
americana (el segundo desde que estoy aquí). Los detectores han hecho
bien su trabajo y se ha podido desactivar
llevando a cabo una
explosión controlada que ha hecho temblar los cristales de la casa del
anciano.

Tras una hora de conversación y con un té que amenaza con corroer
todos los empastes de las pobres bocas de los occidentales, llega la
hora de volver a la base
. Dos americanos, un periodista y doce
soldados afganos forman una comitiva que recorre a pie los mil metros
que separan la casa del anciano de la base. Un paseo en el que la
auténtica escolta está formada por decenas de niños de la madrasa del
pueblo –aquí aun no hay escuelas del gobierno- que están de fiesta por
ser viernes.

TELEGRAMA DESDE ARGHANDAB. Mi permiso del Departamento de Defensa está
a punto de expirar y me buscan una salida. STOP. Yo no quiero evitar
viajar por carretera hasta Kandahar. STOP. Hoy han llegado dos
televisores de 42 pulgadas a la base. STOP. Los soldados afganos dicen
que pasan calor y piden ventiladores. STOP. El GSM se corta a las 7 de
la tarde para entorpecer las comunicaciones de los talibanes, que son
quienes reinan en la noche.

La Policía de Karzai Villa

La Policía afgana informa a los americanos del asesinato de un hombre
en una aldea cercana y del robo de un tractor
. Los autores de los
delitos son unos talibanes recién llegados de Pakistán que pretenden
sembrar de IED (artefactos explosivos improvisados) las aldeas vecinas
a la base. A las cinco de la mañana  una patrulla de treinta hombres
está lista para investigar los hechos. Soldados americanos y policías
afganos ponen rumbo a la enésima amenaza
.

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Evitando como siempre las rutas principales, atraviesan viñedos y
huertos varios en los que los campesinos alucinados por el despliegue
levantan las manos en señal de rendición. Todas las preguntas reciben
la misma respuesta. Nadie sabe nada, nadie ha oído nada. La gran
novedad es que hay algunos que reconocen que se han ido a vivir fuera
del valle por la falta de seguridad a las noches y que regresan sólo
por las mañanas para cuidar de sus cosechas.

La Policía dirige los registros. Casa por casa entran y, para disgusto
de los agricultores, van picando de aquí y de allí. Unas uvas, unos
melocotones, unos higos, unos pepinos, una cantimplora…
un poco de
todo hasta que empiezan a recibir reprimendas de sus colegas
americanos que ya están acostumbrados a esta forma de actuar y que
aseguran que “al comienzo era mucho peor”. La cantimplora es el plato
estrella y se apresuran a rellenarla en un regadío para combatir al
calor.

Una de las claves para una posible salida internacional reside en el
despliegue de fuerzas afganas por todo el país. El Ejército Nacional
Afgano podría llegar a los 134.000 soldados a finales de verano y la
Policía a 109.000
. Se está trabajando con el reloj en las academias y
se ha intensificado el trabajo conjunto en las bases de todo el país.
En su discurso de investidura, el presidente Karzai se marcó un plazo
de cinco años para que sus hombres se hicieran cargo de la seguridad
del país… un plazo en el que habrá que trabajar mucho para que estos
agentes de hoy se ganen la confianza de la gente, especialmente la
Policía.

TELEGRAMA DESDE ARGHANDAB. Último día de la semana, llega el viernes
de rezo, descanso y shuras (reuniones) de ancianos (también del Real
Sociedad-Castellón). STOP. Las finales de la NBA copan las pantallas
en las bases
, animan mucho a Gasol. STOP. Los botes de vitaminas para
culturistas en las estanterías. STOP. Hoy el menú ha estado compuesto de
guisantes picantes y, de postre, más picante. STOP. Los termómetros
siguen subiendo. STOP. Hemos tenido que cruzar un nuevo río, pero esta
vez he tenido más cuidado con el móvil.

La pecera bomba

Una pecera es el nuevo elemento decorativo de la sala de operaciones de la base Terranova, en el valle de Arghandab. Los empresarios afganos contratados por los americanos para las obras de ampliación de la base –a la que llegarán algunos de los 30.000 soldados prometidos por Obama– agradecen de esta forma los miles de dólares que les llegan cada mes. Diez pececitos de colores- bañados en 24 botellas de agua mineral- observan ahora a los soldados que trabajan en los ordenadores verde (no clasificado) y rojo (secreto) de la sala. Mi pequeño Vaio se ha sumado a la mesa de computación y desde un extremo, enfermo por la psicosis del IED (artefacto explosivo improvisado), pregunto al responsable de logística si no será una pecera bomba. “Espero que no”, se limita a responder antes de ir a por un alargador para iluminar el acuario.

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He aprovechado el encierro para tomar un té con el mulá que dirige las oraciones de los efectivos del Ejército Nacional Afgano. El equivalente al cura castrense de los ejércitos OTAN que ora en una pequeña choza de madera a la que acuden sus fieles soldados cinco veces al día. Todos menos dos son suníes, pero a los chiíes también les dedica un rato cada jornada. Llega de Jalalabad y hace pocos meses que entró en el Ejército, no sale de la base y no conoce a sus colegas locales, “muchos de ellos se hacen llamar mulás, pero son falsos hombres de fé que se dedican a predicar el mal”, asegura este hombre mientras invita al extranjero a sentarse a la sombra de la tejavana que cubre su humilde templo.

Hay que rezar mucho para adentrase en el valle, especialmente si hay que viajar en coche o camión. Se me hace eterno cada minuto que paso dentro de esos cacharros, al llegar al destino y soltarme el triple cinturón respiro. Aumenta el blindaje de los vehículos, se crea una unidad de investigación conjunta entre todos los aliados para compartir información sobre los artefactos, se aumenta el entrenamiento de las fuerzas antes de llegar… pero nada consigue frenar las bajas. A más blindaje, más explosivo. A más entrenamiento, nuevas fórmulas y emplazamientos para bombas trampa, a más patrulla a pie, más bombas con menos explosivo pero igual de letales. La respuesta de la insurgencia a las ofensivas de Helmand y Kandahar está muy clara.

TELEGRAMA DESDE ARGHANDAB. Hoy no se sale de la base porque hay grave amenaza de emboscada talibán. STOP. He dormido con forro polar y cerrado en el saco para soportar el aire acondicionado de la tienda. STOP. Los militares han recibido nuevos uniformes. STOP. Mañana tocan las pruebas de tiro semanales para el Ejército afgano con los nuevos M16, a ver qué puntería tienen. STOP. Me dicen desde la base de Kandahar que hay overbooking de periodistas para los empotramientos del verano en el sur de Afganistán… espero leerles a todos desde Zumaia beach. STOP. Que se preparen para un verano caliente.