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Que se prepare Youtube, que vienen los egipcios

Egipto lleva cuatro días sin internet. Se dice rápido. Tras 24 horas sin comunicaciones telefónicas, la línea volvió el sábado, pero internet sigue bloqueado. Eso sí, cuando Hosni Mubarak caiga, o al menos cuando decida entrar en razón y devolver el acceso a internet a los ciudadanos, Youtube, Twitter y Facebook se colapsarán.

Foto: Salah Malkawi/Getty Images

Foto: Salah Malkawi/Getty Images

Decenas de miles de egipcios salen a las calles cada d√≠a, y lo hacen con sus m√≥viles, con sus c√°maras de fotos y videoc√°maras. Lo graban todo, y como no pueden enviarlo, lo guardan. Las quemas de coches y veh√≠culos del primer d√≠a, los ni√Īos que acompa√Īan a sus familias a las manifestaciones para demostrar que son pac√≠ficas, las mujeres con y sin velo que gritan por su derecho a elegir a sus gobernantes. Las c√°maras nos graban tambi√©n a nosotros, c√≥mo entrevistamos a la gente, c√≥mo hablamos por tel√©fono. Graban que estamos aqu√≠. Se filman unos a otros, se sacan fotos subidos a los tanques junto a los soldados, que los ven como amigos.¬† Hay v√≠deos y fotos de los aviones de combate que Mubarak¬† sac√≥ ayer para asustarles. Y hay v√≠deos tambi√©n que demuestran que el pillaje¬† y los saqueos de hace un par de noches¬† no fueron cometidos por los mismos que est√°n en las calles.

Al principio nos ofrec√≠an todo este material audiovisual. Cre√≠an que nosotros s√≠ ten√≠amos internet y que nosotros s√≠ pod√≠amos ense√Īarlo. Ahora, sin embargo, se lo guardan. Mubarak est√° consiguiendo con el apag√≥n regalar tiempo a los internautas para que seleccionen y editen lo mejor de lo que ha pasado en la √ļltima semana en Egipto. Les ha regalado, sin saberlo, la oportunidad de preparar para el mundo entero el making off de esta revoluci√≥n.

Bendirman, terrorista musical

40.000 amigos en Facebook y un corrosivo sentido del humor fueron suficientes para que el r√©gimen de Ben Al√≠ decidiera censurar las canciones de Bendirman. “Me hicieron la campa√Īa de publicidad de forma gratuita, les debo mucho en mi carrera. Ahora a√Īoro al presidente, mi gran fuente de inspiraci√≥n, sobre todo por su nariz”, bromea este cantautor de 26 a√Īos que se ha convertido en el aut√©ntico √≠dolo de la juventud tunecina. Su primer disco ‚ÄėMerhaba-Welcome’ estaba hasta ahora s√≥lo a la venta en Francia, pero llegar√° a las tiendas del pa√≠s la pr√≥xima semana.

El bendir es un instrumento de percusi√≥n tunecino y la expresi√≥n ‚Äėtocar el bendir’ equivale a ‚Äėhacer la pelota’. A partir de esta idea Bendirman cre√≥ ‚ÄėBendir-land’ (planeta bendir), todo un mundo paralelo al estado tunecino en c√≥mic y canciones, una met√°fora de la dictadura en la que a diferencia de la realidad, el protagonista es un superh√©roe sin poderes.

La planta baja de una villa en una de las zonas nobles de la capital es el lugar de ensayo en el que prepara, junto a otros dos m√ļsicos, el que ser√° su primer concierto, hoy viernes, en la Escuela de Arte de la capital. “Ser√° una actuaci√≥n para recaudar dinero para la gente de Sidi Bouzid acampada en la Kasbah. ¬°Viva la revoluci√≥n!”

En el √ļltimo a√Īo ha actuado en Canad√°, Francia y Alemania. En febrero girar√° por T√ļnez y despu√©s volar√° a Europa y Estados Unidos. Espera tener su segundo √°lbum listo en marzo, “con nuevas canciones, una de ellas ser√° absolutamente pornogr√°fica y se la pienso dedicar a los cantantes de este pa√≠s que hasta hace dos d√≠as cantaban en honor a Ben Al√≠ y ahora se han hecho revolucionarios. Hip√≥critas. Esa gente s√≥lo merece el insulto”.

Una bandera del Ch√© adorna un estudio donde instrumentos tradicionales se mezclan con guitarras el√©ctricas y un ordenador de sobremesa. Por aqu√≠ pasa la flor y nata del artisteo local y todos son colegas m√°s o menos cercanos de Slim Amamou, que en una semana ha pasado de ser un rebelde blogger y twittero antisistema a secretario de Estado de Juventud y Deportes. “Yo no podr√≠a ser ministro porque me gustan las dictaduras. Echo de menos a Ben Ali. Era tan guapo, y su mujer tan sexy…”, repite entre las carcajadas de los colegas que poco a poco van reuni√©ndose en el local de ensayo. Buena parte de ellos, al estilo Bendirman, con las cabezas cubiertas por gorras y los vaqueros rasgados.

Ca√≠da la dictadura no piensa que le falten temas para componer nuevas canciones ya que “los problemas no han desaparecido”. Con la ayuda de un guitarra comienza a improvisar. Todo lo que ha visto estos d√≠as en la calle le ha marcado ya que “nadie esperaba unas protestas tan pac√≠ficas. No hay violencia, esta es la revoluci√≥n de la paz y el amor. Hay momentos en que parece que somos protagonistas de una pel√≠cula de Kusturica, he visto a gente organizando protestas hasta para pedir cambios en la selecci√≥n nacional de f√ļtbol”.

Bendirman canta y todos callan. Un hilo de voz a lo Manu Chao se apodera del lugar y se escapa m√°s all√° de la sala para recorrer la avenida Burghiba y la plaza de la Kasbah. Bendirman es libre y su arte tambi√©n. Nuevos peligros acechan a su planeta “como la posible llegada al poder de los islamistas, esto es T√ļnez y aqu√≠ cualquier persona respetable bebe alcohol. Esperemos que se sepa mantener la diferencia entra las vidas privadas y p√ļblicas”.

Revolución en las aulas

Las escuelas abren sus puertas cada día, pero los profesores se ha declarado en huelga indefinida. El sector más amplio del profesorado opta por no acudir a sus puestos de trabajo como medida de presión contra el gobierno provisional. Exigen la dimisión de todos los ex altos cargos del régimen que siguen en puestos ministeriales y la huelga es su forma de lucha.

“Agentes de paisano me detuvieron el d√≠a 12 de enero -dos d√≠as antes de la ca√≠da del tirano- y me acusaron de alentar a la revuelta en mi ciudad. Nos metieron a tres personas en una celda muy peque√Īa. Tras seis horas de espera me pasaron a una sala para interrogarme. Me obligaron a sentarme en una silla baja que estaba llena de sangre, como el suelo”, recuerda Ismael Garby, un profesor de matem√°ticas de Sidi Bouzid, la regi√≥n del centro del pa√≠s donde estall√≥ la revoluci√≥n. Tras 17 a√Īos como profesor de secundaria, siempre se hab√≠a mantenido al margen de la vida pol√≠tica, el aut√©ntico tab√ļ en el T√ļnez de Ben Al√≠, “me obligaron a firmar una declaraci√≥n en la que confesaba que estaba animando a la gente a quemar mobiliario urbano y organizar manifestaciones ilegales, pero me negu√©. Yo solo estaba protestando por las condiciones de trabajo y de vida en la regi√≥n, no soy un activista pol√≠tico”.

Lo siguiente que recuerda es una multitud intentando tomar la comisaria que lograron sacarle de su celda. Todos salieron a la calle entonando el himno nacional y desde entonces no han dejado las calles, “no hemos vuelto a la escuela, esto no se termina hasta que todos los ex altos cargos de la dictadura est√©n fuera del nuevo T√ļnez”.

El esp√≠ritu del profesorado de Sidi Bouzid se instal√≥ tambi√©n en la capital el pasado lunes. El Gobierno de transici√≥n pidi√≥ el retorno a las aulas como muestra de normalizaci√≥n, pero los profesores dijeron no. No todos, algunos, los menos, fueron a trabajar “porque no podemos mezclar pol√≠tica con educaci√≥n, nuestra responsabilidad es seguir adelante”, dec√≠a una maestra del colegio de primaria Bilel, en el √°rea de Mezah VI. Un precioso centro blanco con algunos detalles azules y pupitres de madera marcados por el paso de los a√Īos. En las aulas no hay fotos de Ben Al√≠, nunca las ha habido, pero s√≠ banderas nacionales. Mientras repasa ejercicios de matem√°ticas en la pizarra frente a un grupo de doce alumnos, esta maestra critica a algunos de sus compa√Īeros hoy en huelga “porque antes eran los primeros que aplaud√≠an al dictador y ped√≠an fiesta para acudir a alg√ļn acto del RCD (partido en el poder durante 23 a√Īos). ¬ŅPor qu√© no pidieron antes las mejoras salariales y m√°s vacaciones?“.

Hamida es profesora retirada y se ha quedado en las puertas del colegio con sus nietos. No hay clase, y ya son m√°s de dos semanas. “No hay derecho, van a perder el curso. Creo que voy a hablar con otras compa√Īeras veteranas y vamos a reanudar el curso”, apunta mientras emprende la vuelta a casa con los peque√Īos.

La revoluci√≥n se ha instalado en las aulas. Las reivindicaciones pol√≠ticas y sociales se dan la mano en el nuevo T√ļnez en el que las protestas adquieren dos velocidades. Algunos como el profesor Garby anteponen el cambio pol√≠tico al resto de facetas de la vida, otros prefieren mirar al futuro y conformarse con lo obtenido hasta ahora. Prefieren perder el curso, que la oportunidad de un cambio radical en el pa√≠s.

Esto eran un economista, un poeta, y un m√©dico…

Parece el comienzo de un chiste, de esos de ‚Äúesto eran un franc√©s, un italiano y un espa√Īol‚Ķ.‚ÄĚ. Pero no. Esto eran un economista conservador, un poeta del partido socialista y un m√©dico independiente salido de la nada. Todos portugueses, y aspirantes a presidir su pa√≠s. El economista, An√≠bal Cavaco Silva, ha ganado oficialmente y estrena segundo mandato. El poeta, Manuel Alegre, no ha ganado nada. El m√©dico, Fernando Nobre, tambi√©n gana: de cero a 600.000 votos en sus primeras elecciones. Gana m√°s que el ganador, y es que Cavaco es presidente, pero con medio mill√≥n de votos menos que hace cinco a√Īos.

Y estos eran los ingredientes de un c√≥ctel electoral al que hay que a√Īadir mucha abstenci√≥n, o si no, no funciona. M√°s del 53% de los electores se han quedado en casa.

Cavaco ha convivido durante los √ļltimos a√Īos con un ejecutivo socialista, y est√° dispuesto a cambiarlo. A este matrimonio de conveniencia entre gobierno y presidente le esperan tiempos dif√≠ciles.

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El economista, el poeta y el m√©dico. Tambi√©n suena a esa gran, gran pel√≠cula El bueno, el feo y el malo. Que conste que el orden de los factores tampoco aqu√≠ altera el producto, y que no me pronuncio sobre qui√©n ser√≠a qui√©n. Precisamente este a√Īo se cumplen 45 desde que se estrenara este cl√°sico, cuya sinopsis, ojo al dato, dice as√≠: ‚ÄúLos protagonistas son tres cazadores de recompensas que buscan un tesoro que ninguno de ellos puede encontrar sin la ayuda de los otros dos. As√≠ que los tres colaboran entre s√≠, al menos en apariencia.‚ÄĚ

¬ŅNos suena de algo? ¬ŅEs una premonici√≥n sobre el estado actual del panorama pol√≠tico en Portugal? ¬ŅPodr√°n nuestros protagonistas rescatar del rescate a su propio pa√≠s? Una vez m√°s, hasta ah√≠ puedo leer.

El censor de la red

“Nada de fotos, por favor. Hay mucha gente que se cree que soy el responsable de Internet durante los √ļltimos a√Īos y puedo tener problemas”. Son las primeras palabras de Kamel Saadaoui, director general de la temida Agencia de Internet de T√ļnez (ATI, por sus siglas en franc√©s), que est√° deseoso de explicar su trabajo “una labor puramente t√©cnicas, este organismo lo formamos sesenta ingenieros e inform√°ticos y los √ļnico que hac√≠amos era facilitar a las autoridades los mecanismos necesarios para controlar la red, pero no √©ramos nosotros los que decid√≠amos qu√© censurar. No somos polic√≠as, somos ingenieros. Adem√°s, cuando decid√≠an censurar una p√°gina o un blog, encriptaban toda la informaci√≥n y nosotros s√≥lo ve√≠amos que estaba bloqueado, nada m√°s”.

Saadoui repasa mentalmente las cifras de p√°ginas bloqueadas y asegura que “empezaron con unas trescientas, pero con el inicio de las revueltas ya eran varios miles, no todas de contenido pol√≠tico, muchas de ellas de proxys que usaba la gente para saltarse los filtros”. ¬ŅPor qu√© el Gobierno no cort√≥ Internet o redujo la velocidad de conexi√≥n cuando empezaron las revueltas al igual que hizo Ir√°n en 2009 tras las elecciones presidenciales? “Porque no eran conscientes del poder de convocatoria de la red, no se dieron cuenta del da√Īo que la red les estaba haciendo, es la √ļnica respuesta posible”. T√ļnez sufr√≠a una fuerte censura en Internet, pero tambi√©n una incre√≠ble expansi√≥n de la red de alta velocidad a la que tienen acceso en medio mill√≥n de hogares, seg√ļn los datos de ATI.

Situada en una bonita villa en el n√ļmero trece de la calle Pasteur y sin apenas seguridad en los accesos, los empleados de la ATI tienen ahora “tiempo para tomar caf√© las ocho horas de trabajo cada d√≠a”. El director explica que en s√≥lo una semana se han dado grandes pasos en la administraci√≥n de Internet y que a partir de ayer, d√≠a 24, “el correo electr√≥nico es ya libre en el pa√≠s. Antes control√°bamos cada email y las autoridades ten√≠an capacidad de leer su contenido, hoy cualquiera puede tener su servicio SMTP”.

Pese a la libertad en la red y el levantamiento de la censura a las p√°ginas de contenido pol√≠tico, “los filtros se mantienen sobre p√°ginas de contenido er√≥tico, pornogr√°fico y ped√≥filo. El gran cambio es que a partir de ahora ser√° la Justicia la que decida lo que hay que filtrar, no el partido pol√≠tico del poder”.

Saadoui mira con simpat√≠a al nuevo secretario de Estado de Juventud y Deportes, Slim Amamou, @slim404, un conocido programador inform√°tico y hacker al que se le incluye en el grupo de Anonymous que logr√≥ bombardear la mism√≠sima web personal del presidente Ben Al√≠. “Luch√°bamos cada d√≠a contra ellos, hicieron muy bien su trabajo y, de verdad, que nosotros somos los primeros en alegrarnos del triunfo de la revoluci√≥n”, afirma Saadoui.

El rostro del antiguo régimen

Cada d√≠a desde hace once a√Īos Imed Barboura se pone delante de las c√°maras para presentar las noticias en el canal p√ļblico tunecino. La cadena ha pasado de llamarse Tunisie 7, en honor a 7 de noviembre de 1987 en el que Ben Al√≠ lleg√≥ al poder, a National Tunisian TV y el color morado de sus caretas, el favorito del dictador,¬† es ahora rojo, como la bandera nacional.¬† Los cambios de nombre, color y contenidos, sin embargo, no han tra√≠do de momento el cambio de caras e Imed sigue al frente de los telediarios.

“Fui el primero en dar la noticia de la salida del ex presidente. Estuvimos diez horas preparando el comunicado y cuando me puso ante la c√°mara fue como sacar una pesadilla de mi interior”, asegura este periodista de 38 a√Īos que hasta 1995 desarroll√≥ su trabajo en la radio. “La gente me quiere, mi rostro es popular y todos saben que no tengo vinculaci√≥n pol√≠tica con el RCD, pero no ten√≠a otro remedio que leer los comunicados que nos impon√≠an. No era periodismo, s√≥lo propaganda“, lamenta.

Imed califica la etapa anterior de “trabajo institucional” y piensa que “los medios perdimos toda la credibilidad”. Ahora en el canal estatal se viven momentos de gran tensi√≥n. La noticia de que las fuerzas del orden investigan a Abdelwahab Abdal√°, responsable de la censura durante el r√©gimen, ha sido un b√°lsamo para estos profesionales “que no sabemos c√≥mo hacer nuestro trabajo, estamos aprendiendo y hay que ser exigentes para estar a la altura de lo que han logrado los ciudadanos”, afirma Imed.

Las luces que iluminan por la noches el edificio de la televisi√≥n p√ļblica siguen siendo de color morado. En lo alto de la colina de Al Manar, frente al Sheraton, el edificio se convirti√≥ en s√≠mbolo de la propagando oficial De momento los ciudadanos siguen sin confiar en esta cadena. Sus unidades m√≥viles no se han movido de la capital, aun no han viajado por el pa√≠s para recoger testimonios ni im√°genes. “Falta de medios”, argumentan los directos. “Falta de profesionalidad”, replican periodistas y t√©cnicos, muchos de los cuales duermen incluso en la redacci√≥n para hacer posible una emisi√≥n de 24 horas.

¬ŅQu√© protesta toca hoy?

Es la pregunta con la que desayunan cada d√≠a los 10 millones de tunecinos. A las reivindicaciones pol√≠ticas que exigen la dimisi√≥n del gobierno provisional por sus lazos con el antiguo r√©gimen se le suman exigencias sociales y laborales de todo tipo. Desde polic√≠as hasta taxistas, pasando por los due√Īos del peque√Īo comercio, todos reclaman cambios en la legislaci√≥n y mejoras en su calidad de vida.

El problema es que los gritos van dirigidos a unas instituciones transitorias, fr√°giles hasta la p√©rdida del conocimiento, que confiaban en que los tres d√≠as de luto por los m√°rtires de las revueltas les dieran una tregua. No ha sido as√≠. En el nuevo T√ļnez no hay tregua, no hay tiempo que perder, los ciudadanos ya han perdido 23 a√Īos de sus vidas y ahora exprimen cada minuto de vida.

Hoy domingo, las protestas incluso se adelantan. Es jornada festiva en el pa√≠s, pero las manifestaciones no tienen calendario ni horario. A las siete y media de la ma√Īana la muchedumbre ha tomado la avenida Habib Burghiba con sus gritos, carteles y esl√≥ganes para mantener viva la llama revolucionaria.

Dengbej, bertsolaris kurdos

Las canciones traspasan los muros de la gran casa de piedra escondida en el coraz√≥n de la vieja Diyarbakir. Melod√≠as tradicionales en kurdo que repasan los acontecimientos m√°s importantes de la historia de este pueblo, relaciones amorosas o la actualidad pol√≠tica… el Dengbej se adapta a los nuevos tiempos y los 28 profesionales del centro hacen de este canto su vida.¬† No improvisan de una manera id√©ntica a los bertsolaris -recitador de versos vasco-, pero cantan a capela y son la expresi√≥n m√°s popular de la m√ļsica de este pueblo del que van rescatando historias y conserv√°ndolas con sus melod√≠as.

Rahmi Batur, periodista kurdo, asegura en un texto rescatado de la web www.bertsozale.com que el dengbej viene de “la uni√≥n de deng (voz) con bej (decir)” y destaca que “a la hora de improvisar o hacer canci√≥n de una historia lo m√°s importante es no perder el ritmo de la melod√≠a”. ¬†Mehmede Deriki dirige el centro de Diyarbakir y lleva tres d√©cadas entregado al g√©nero.¬† Tras una breve introducci√≥n pegados a la estufa de la cocina bebiendo t√©, accedemos a una larga sala abovedada en un s√≥tano del patio cuadrado de la casona. A la luz de una ventana media abierta, Deriki despliega una alfombra para rezar y tras realizar sus oraciones camina pensativo desde una punta a otra, con las manos en los bolsillos. “Voy a dedicarte una de amor, un bonito tema para estos tiempos dif√≠ciles”, estas palabras rompen el silencio de la sala. Deriki se sienta sobre uno de los bancos bajos corridos que presiden el lugar y, sin dejar de repasar las cuentas de su rosario, rompe a cantar.

Desde los m√°s profundo, con una respiraci√≥n entrecortada que parece parte de la coreograf√≠a y los ojos cerrados, el dembesh se apodera de la piedra, el hilo de luz que entra por la ventana y llega a los corazones de los presentes sin pasar apenas por los o√≠dos.¬† Tras cuatro minutos de √©xtasis gutural y gestual Deriki termina y se dirige al patio donde le esperan algunos de sus compa√Īeros sentados en unas sillas de pl√°stico azul que desentonan con la joya arquitect√≥nica que les rodea. Aprovechan una de las esquinas en las que aun pega el sol del mediod√≠a con fuerza. A la sombra ya se siente el rigor del enero en Anatolia.

M√°s t√©, m√°s repasar las cuentas de los rosarios. Los silencios en la conversaci√≥n los ocupa la sinton√≠a de un m√≥vil desde el que un anciano escucha Dengbej. “La llegada de las √ļltimas tecnolog√≠as”, sonr√≠en los presentes. Deriki quiere hablar de la situaci√≥n pol√≠tica. Habla con el mismo sentimiento que canta y lo hace para expresar su confianza en que “2011 sea el a√Īo de la paz entre turcos y kurdos”. Un deseo generoso y global acompa√Īado de uno m√°s personal, pero igual de complicado: “cantar nuestras canciones en la televisi√≥n y ante todo el pa√≠s”. Aunque el cantante reconoce que la situaci√≥n del idioma kurdo es mucho mejor que en los ochenta, piensa que “estamos muy lejos de poder vivir en nuestra lengua materna”. Salimos de la casa por un callej√≥n que desemboca en la arteria central de la parte vieja. En las paredes unas pintadas rezan “somos kurdos”. Vamos dejando atr√°s los carteles de la casa del Dengbej, los √ļnicos que se pueden encontrar en la ciudad escritos en turco, kurdo e ingl√©s.

La editorial de Ocalan

Hay que subir hasta un cuarto piso. Al tocar la puerta una chica muy joven, de pelo y tez morena sonr√≠e por encima de un gran fular de color verde que le cuelga del cuello hasta la cintura. Se llama Derya Us y trabaja pata la editorial Aram, la misma en la que el l√≠der del Partido de los Trabajadores (PKK), Abdul√° Ocalan, ha publicado “al menos veinte obras” firmadas con su nombre y apellido. Estos libros no est√°n en el mercado -Ocalan permanece en prisi√≥n desde hace una d√©cada y el PKK una organizaci√≥n ilegalizada e incluida en la lista de grupos terroristas de EE.UU y la UE-, pero se pueden conseguir de forma clandestina sin demasiada dificultad.

Su repasa los √ļltimos t√≠tulos m√°s pol√©micos de su editorial y rescata de un cuarto oscuro un ejemplar de “La guerra especial”. El escritor us√≥ un pseud√≥nimo, Cemal Serik, y firm√≥ un documento por el que asum√≠a toda la responsabilidad de su texto eximiendo a la casa editorial de cualquier culpa. Las autoridades retiraron el volumen de las tiendas, pero al menos no cerraron Aram por publicar este texto que denuncia la guerra sucia de Ankara contra el pueblo kurdo.

“M√°s peligroso que el idioma es el contenido. En los √ļltimos a√Īos el Gobierno ha logrado que el turco sea nuestra lengua principal, pero lo que no ha podido es acabar con nuestras ideas”, asegura Su mientras muestra algunas obras de reciente aparici√≥n en versiones biling√ľes.¬† Repasando el libro de estilo de las autoridades detalla las tres reglas de oro que cualquier publicaci√≥n debe cumplir en Turqu√≠a para no tener problemas. Primera, el PKK no es un “movimiento de liberaci√≥n”, sino una “organizaci√≥n terrorista”. Segunda, Abdul√° Ocalan no es un “l√≠der”, s√≥lo el “jefe de una organizaci√≥n terrorista”. Tercera,¬† los miembros del PKK no son “guerrilleros”, son “terroristas”.

Suena el timbre y Su acude a la puerta. Sale humo de la tetera y sobre la mesa los libros proscritos se confunden con títulos de poetas y traducciones de autores internacionales. Hora de acabar la entrevista porque Su tiene que seguir con sus papeles. Acabamos el té -ni negro, como en Irak, ni aguado, como en Irán- y nos despedimos.

Guerra judicial entre turcos y kurdos

Algo se mueve en la capital del Kurdistán turco. Faltan menos de 24 horas para que se retome el macrojuicio contra 151 representantes de la comunidad kurda -entre ellos varios alcaldes- y en las calles se suceden las marchas de protesta. Hoy es el turno de las asociaciones de mujeres que se han echado a las calles para pedir la oficialidad del kurdo. Un mensaje directo a las autoridades de Ankara que decidieron suspender el juicio nada más iniciarse porque los acusados sólo aceptaron defenderse en esta lengua no oficial.

Las protestas discurren entre fuertes medidas de seguridad. De momento la Policía observa y toma nota. El cerco de seguridad frente a la sala donde tendrá lugar el Juicio aumenta cada día. Autobuses policiales y vehículos blindados toman posiciones en los accesos principales.

Uno de los que sentar√°n en el banquillo de acusados ser√° Abdul√° Demirbas, alcalde de lo que denomina ‚Äėla parte vieja’ de Diyarbakir (Amed, para los kurdos). A este representante p√ļblico le pueden caer 171 a√Īos. Se siente afortunado porque al menos est√° en libertad provisional hasta que se celebre la vista y pide “libertad para todos mis compa√Īeros porque esto no tiene nada que ver con la Justicia, es un juicio pol√≠tico“.

Despu√©s de la expectaci√≥n que despert√≥ el inicio del proceso, esta vez se esperan menos delegaciones extranjeras y menos observadores internacionales. Gobierno turco y kurdos vuelven a librar una batalla dentro del marco de una guerra que dura treinta a√Īos y ha costado la vida a 40.000 personas, aunque esta vez la guerra se librar√° ante un tribunal.