Bendirman, terrorista musical

40.000 amigos en Facebook y un corrosivo sentido del humor fueron suficientes para que el régimen de Ben Alí decidiera censurar las canciones de Bendirman. “Me hicieron la campaña de publicidad de forma gratuita, les debo mucho en mi carrera. Ahora añoro al presidente, mi gran fuente de inspiración, sobre todo por su nariz”, bromea este cantautor de 26 años que se ha convertido en el auténtico ídolo de la juventud tunecina. Su primer disco ‘Merhaba-Welcome’ estaba hasta ahora sólo a la venta en Francia, pero llegará a las tiendas del país la próxima semana.

El bendir es un instrumento de percusión tunecino y la expresión ‘tocar el bendir’ equivale a ‘hacer la pelota’. A partir de esta idea Bendirman creó ‘Bendir-land’ (planeta bendir), todo un mundo paralelo al estado tunecino en cómic y canciones, una metáfora de la dictadura en la que a diferencia de la realidad, el protagonista es un superhéroe sin poderes.

La planta baja de una villa en una de las zonas nobles de la capital es el lugar de ensayo en el que prepara, junto a otros dos músicos, el que será su primer concierto, hoy viernes, en la Escuela de Arte de la capital. “Será una actuación para recaudar dinero para la gente de Sidi Bouzid acampada en la Kasbah. ¡Viva la revolución!”

En el último año ha actuado en Canadá, Francia y Alemania. En febrero girará por Túnez y después volará a Europa y Estados Unidos. Espera tener su segundo álbum listo en marzo, “con nuevas canciones, una de ellas será absolutamente pornográfica y se la pienso dedicar a los cantantes de este país que hasta hace dos días cantaban en honor a Ben Alí y ahora se han hecho revolucionarios. Hipócritas. Esa gente sólo merece el insulto”.

Una bandera del Ché adorna un estudio donde instrumentos tradicionales se mezclan con guitarras eléctricas y un ordenador de sobremesa. Por aquí pasa la flor y nata del artisteo local y todos son colegas más o menos cercanos de Slim Amamou, que en una semana ha pasado de ser un rebelde blogger y twittero antisistema a secretario de Estado de Juventud y Deportes. “Yo no podría ser ministro porque me gustan las dictaduras. Echo de menos a Ben Ali. Era tan guapo, y su mujer tan sexy…”, repite entre las carcajadas de los colegas que poco a poco van reuniéndose en el local de ensayo. Buena parte de ellos, al estilo Bendirman, con las cabezas cubiertas por gorras y los vaqueros rasgados.

Caída la dictadura no piensa que le falten temas para componer nuevas canciones ya que “los problemas no han desaparecido”. Con la ayuda de un guitarra comienza a improvisar. Todo lo que ha visto estos días en la calle le ha marcado ya que “nadie esperaba unas protestas tan pacíficas. No hay violencia, esta es la revolución de la paz y el amor. Hay momentos en que parece que somos protagonistas de una película de Kusturica, he visto a gente organizando protestas hasta para pedir cambios en la selección nacional de fútbol”.

Bendirman canta y todos callan. Un hilo de voz a lo Manu Chao se apodera del lugar y se escapa más allá de la sala para recorrer la avenida Burghiba y la plaza de la Kasbah. Bendirman es libre y su arte también. Nuevos peligros acechan a su planeta “como la posible llegada al poder de los islamistas, esto es Túnez y aquí cualquier persona respetable bebe alcohol. Esperemos que se sepa mantener la diferencia entra las vidas privadas y públicas”.

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