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EGIPTO. Acampados en Tahrir

VIDEOBLOG. La protesta en Tahrir vive su tercer día y los manifestantes ya han empezado a colocar tiendas de campaña, así que el tema puede ir para largo. La mayoría son seguidores de los Hermanos Musulmanes que alzan su voz ante el riesgo de pucherazo en el recuento electoral. La Comisión Electoral no dará los resuktados definitivos hasta el sábado.

Primavera árabe, invierno islamista

“Tengo mucho miedo. Van a ganar seguro y pronto empezarán los problemas”, Issa es cristiano. Su taxi luce una cruz que cuelga del retrovisor desde el que mira a los ojos de su pasajero para confesar sus temores. Nos dirigimos al cuartel general de los Hermanos Musulmanes. Después de toda una vida en la clandestinidad, la hermandad ocupa ahora un edificio de seis alturas en el barrio de Al Muqatam, a las afueras de la capital. En la puerta de acceso un cartel reza “Nosotros llevamos el bien a toda la gente”, no hay seguridad ni vigilancia de ningún tipo. Una vez dentro un portero regordete me estrecha la mano y me señala a las fotos de los nueve líderes que ha tenido el grupo en su historia que cuelgan de la pared. Desde el fundador, Hasán Al Banna, hasta Mohamed Badia.

Hay que esperar unos minutos. Llega el obligado té y tomamos asiento en unos tresillos versallescos herencia del anterior inquilino, el mobiliario no pega con el carácter austero de la hermandad. Mahmoud Ghozlan hace acto de presencia a la hora pactada. El portavoz de los Hermanos Musulmanes y miembro del Comité Ejecutivo es profesor de Bioquímica en la Facultad de Agricultura de la Universidad de Zagazig. Con traje oscuro, pero sin corbata, repasa sus años en la cárcel durante la época de Hosni Mubarak antes de abordar el futuro próximo del país.

Pese a los años de persecución, el partido creado por la hermandad es el mejor organizado y el máximo favorito en los comicios. Ghozlan lo sabe y pide “respeto a la democracia”. Su propuesta para Egipto pasa por la “aplicación de la sharia, pero solo para la población musulmana, su entrada en vigor no afectará a las minorías a las que no solo respeteramos, sino que protegeremos con especial énfasis” y a nivel internacional piensan “revisar los términos del acuerdo de paz con Israel porque es injusto. El nuevo parlamento que salga de las urnas debe revisar el texto”. Dos mensajes claros que provocan desconfianza entre la población no musulmana del país y encienden todas las alarmas en el vecino estado judío.

De confirmarse la victoria de la hermandad, Egipto se sumaría al camino abierto por Túnez y que pronto puede seguir Libia. Los tres países del norte de África donde han triunfado los procesos revolucionarios están ahora en pleno proceso de transformación política hacia una especie de democracias islámicas dirigidas por la hermandad. “El caso de Egipto es especial porque es aquí donde está la sede central, la madre de todo el movimiento. Compartimos idearios y hemos compartido durante años torturas, exilios forzados y clandestinidad. Cada país es independiente, no se puede aplicar la misma forma de gobierno aquí o en Túnez, lo importante es responder a las necesidades de la población”, asegura Ghozlan que explica su éxito en “el conservadurismo de la población en todo el mundo árabe, es muy complicado que Occidente trate de imponer su modelo porque aquí la mayor parte del pueblo vive en base a tradición y religión”.

La nueva cara del mundo árabe ya se ha dejado notar también en la Liga Árabe que después de toda una vida sin capacidad ejecutiva ha adoptado unas sanciones sin precedentes contra el régimen sirio. “Las revoluciones han sacudido al antiguo pensamiento, ahora ya no tenemos que callarnos ante los crímenes”, piensa Ghozlan que muestra su solidaridad con los miembros de la hermandad activos en territorio sirio en estos momentos a los que el presidente Bashar Al Assad señaló como “terroristas”.

Costa de Marfil: es necesario el exterior para construir

El régimen de Laurent Gbagbo ha caído como un castillo de naipes. Blé Goudé continúa en paradero desconocido aunque hay muchos rumores de que ha sido detenido, también hay rumores de que se encuentra en un “lugar seguro”. Hoy los militares franceses ceden el control del aeropuerto Felix Houphouët-Boigny a los marfileños.

Yao N`Dré, el presidente del Consejo Constitucional, ¿ha jurado obediencia al presidente Ouattara? ¿Reconoce la prevaricación en aquella sentencia constitucional que dejó al país bloqueado tras las elecciones del 28 de Noviembre?

Laurent Gbagbo, detenido por las fuerzas de Alasane Ouattara.

La fidelidad a Gbagbo de la que se alardeaba en la opinión pública de Abidjan a finales de diciembre del año pasado no era mayoritaria. ¿Cabe pensar que muchos de quienes se declaraban partidarios de Gbagbo miraban más a su interés y conveniencia? Quienes ahora llaman a Gbagbo “carnicero de Africa” callaban entonces por miedo a las represalias de las fuerzas policiales y ciertamente la crispación alcanzó tales niveles que, como las mujeres de Abobo acabaron demostrando, había motivos para el terror. La operación militar apoyada por Francia y los gobiernos del resto del mundo, menos Angola y Uganda, han dejado a Gbagbo sólo (rodeado de los suyos). Además le han acusado de ser el mayor xenófobo de la historia de Africa, por haber amenazado la vida de los residentes de otros países de la CEDEAO como Burkina o Mali, sólo porque los gobiernos de sus países de origen habían reconocido la victoria electoral de Ouattara y no la suya. Todo estaba tan mal que las autoridades sospechaban sistemáticamente de los extranjeros, como el policía que me condujo a mi hotel para asegurarse de que no tenía armas escondidas en la habitación, el cual creía que los vendedores ambulantes de los semáforos eran soldados rebeldes disfrazados de indigentes que esperaban el inicio del ataque. En su cabeza no entraba admitir que la rebelión hubiera llegado a través de las urnas.

El jefe del estado mayor General Mangou todavía reconocía como presidente a Laurent Gbagbo, dada la sentencia del Consejo Constitucional. Los cambios de lealtad se han ido produciendo de forma espontánea durante la intensa campaña diplomática en favor de la validez de los resultados electorales certificados por la ONUCI. Los principales combates de artillería se produjeron en las inmediaciones de la radio-televisión RTI y el palacio presidencial de Cocody. Ocurrió tal y como dijo Patrick Achi, el ministro portavoz de Ouattara. Dijo que la intervención militar era necesaria pero que no provocaría una guerra. Guerra es seguro lo que nadie quiere en Costa de Marfil. Aún hay muchos misterios sin resolver, por ejemplo surgen cuando nos interrogamos hasta qué punto la dictadura de Gbagbo no se fue endureciendo por causa del golpe de estado y posterior rebelión del 2002 que dividió el territorio del país hasta la víspera post-electoral. O tal vez haya que entender la rebelión como consecuencia de la exclusión practicada en las elecciones del 2000 que dieron el poder a Gbagbo. En cualquier caso es seguro que pesa más la ilusión de despertar con un nuevo gobierno que abra el edén de Costa de Marfil al mundo exterior, después de un bloqueo que ha durado más de 10 años. Los ideólogos vienen asumiendo la interdependencia del mundo global y dicen cosas como “el exterior es necesario para poder construir”. El punto número uno de la agenda es la reconciliación, ¿tal vez hasta preceda a la justicia? Aunque el presidente ADO siga en su mansión cerca del hotel Golf dado que su predecesor le ha dejado el palacio presidencial casi en ruinas, instalado el gobierno, llama a los funcionarios a empezar a trabajar a partir del lunes.

…Desde el lunes todavía se han oído disparos en Youpougon. Los rebeldes que reclaman el poder legítimo, así como la prensa internacional, le llamamos ofensiva militar contra los últimas fuerzas pro-Gbagbo. Ouattara ha declarado a una agencia de información que aún hay mercenarios armados que no han entregado las armas y ha mencionado Youpougon como lugar en el que se han refugiado. Entiendo que es preciso explicar el punto de vista y la perspectiva de las conversaciones de Youpougon especialmente cuando el gobierno propone la ofensiva militar como la solución más sensata y razonable. De lo que se trataba en Youpogon era de defender la nación cuando se encontrara en peligro porque quisieran imponer desde el exterior un jefe de estado que represente los intereses de los dominadores. Escuche este corte del testimonio de Patrice, abanderado a L. Gbagbo, en la navidad del 2010. Tal vez habría reconocido este licenciado por la universidad de Cocody que estaba en guerra, pero era “una guerra de comunicación” habría apostillado, y no creo que fuera justo decir que es también un mercenario.

Paul Yao N`Dré el presidente del Consejo Constitucional ha reconocido que la victoria legítima corresponde al presidente Alassane Ouattara, haciendo click en link le veréis  estrechando la mano del nuevo presidente el día 21 de abril. No sabemos en qué posición coloca esta noticia los argumentos previos de quienes seguían reconociendo a Gbagbo como presidente. Creían éstos defender la ley, la soberanía, las libertades etc. de la Cote d’Ivoire y lo hacían todo en base a la sentencia del tribunal constitucional presidido por Yao N`Dré. El Comité Electoral Independiente o su presidente, después de vividos múltiples conflictos en el recuento de votos dio primero la victoria a Alassane Ouattara, pero después el Tribunal Constitucional de Yao N`Dré anuló votos en algunas circunscripciones electorales del norte de forma suficiente para dar la mayoría al ahora derrocado Laurent Gbagbo. Este habría sido conducido a una cárcel de Korhogo, aquí otra vez en link nos muestran la expresión de silencio con la que afrontaría en los tiempos venideros la defensa de su no-culpabilidad. Se ha publicado también un rumor según el cual una vez allí habría tratado de poner fin a su vida.

Antes de zanjar este resumen, quisiera aportar el testimonio de un profesor de literatura de la universidad de Cocody, llamado M. Koffi Kouakou. Nos concedió una entrevista por quiénes éramos y a pesar de que era un momento muy delicado, las navidades del 2011, y ho hizo además en un escenario muy sensible, la universidad de Abiyan de Cocody, uno de los principales bastiones del partido en el poder (que por aquel entonces controlaba el ejército y la RTI). El profesor se rebela porque la información que se libra de la crisis es información dirigida desde una toma de posición en el conflicto. Por contra propone la lectura neutra de un intelectual que ha presenciado los acontecimientos de los últimos 20 años desde la universidad de Abiyan. Siendo joven participó activamente en las manifestaciones estudiantiles de los 90 exigiendo el multipartidismo, aunque la perspectiva que ha alcanzado ahora le permite criticar la mentalidad que tenía entonces, el porqué y el cómo de lo que hacían y las consecuencias que tuvo. Tras la caída del muro de Berlín el gobierno de Francia obligó a sus ex-colonias africanas a instaurar el multipartidismo y así, apoyando ora a una facción ora a otra, contribuyó a desestabilizar la cohesión interna de los países para preservar su dominio en toda la región. Houphouët-Boigny no había aceptado la devaluación del franco CFA que exigía el gobierno francés a inicios de los 90 y rechazaba también el multipartidismo argumentando que los ciudadanos marfileños era todavía tan pobre que vendería sus votos a cambio de dinero. No faltaron agitadores y revolucionarios como Gbagbo, el cual salió de la misma universidad de Cocody y que buscó el exilió en Francia donde capitalizó los contactos necesarios para derrumbar la paz de Houphouët-Boigny y alcanzar el poder. El profesor Kouakou sintetiza su análisis afirmando que el conflicto que el país vive hoy (referido a diciembre del 2011) se explica por la lucha de ambiciones entre Laurent Gbagbo y Alassane Ouattara; “ambos de conocen, son viejos amigos, se aliaron en la defensa del golpe de estado de Gueï Robert en 1999 y formaron gobierno juntos. Ya habían conformado anteriormente una coalición de partidos para lanzar un boicot activo contra las elecciones de Henri Konan Bédié (…) Después tras el golpe de estado se separaron porque ya no estaban de acuerdo, dado que lo que ambos querían era acaparar el poder”.

La guerra de las pickup

El Ejército rebelde se mueve gracias a las furgonetas pickup que Muamar Gadafi guardaba con celo en el puerto de Bengasi para entregarlas como regalo de cumpleaños a aquellos libios nacidos el 1 de septiembre, aniversario de su llegada al poder. Una excentricidad más de la larga lista de caprichos de un líder que intentaba ganarse el favor de los ciudadanos a base de promesas. Más de cuatro mil vehículos de color blanco cayeron en manos de la revolución tras el 17 de febrero y ahora forman la auténtica caballería de unas fuerzas que han adaptado los coches a las necesidades de la guerra. Yaser Abdulaziz nació el 9 de septiembre de 1977, así que por ocho días no estaba entre los afortunados a los que les correspondía una pickup, sin embargo la revuelta hizo que cayera en sus manos un ‘Grand Hiland Delux’, modelo de este vehículo de fabricación china cuya marca nadie conoce y que responde al nombre de Zhongxing. Desde entonces conduce “al servicio de la guerra, en cuanto todo termine lo devolveré a las autoridades revolucionarias para que hagan lo que estimen oportuno”. Como el resto de conductores, Yaser no tiene llaves y ha puenteado el arranque, también ha camuflado el coche echando aceite sobre la chapa para que la arena del desierto se le pegue “y así somos invisibles ante los ojos del enemigo”. El último toque rebelde consiste en hacer pintadas a ambos lados del vehículo para distinguirse como “defensores de la revolución del 17”.

Yaser lleva la parte trasera cargada de bidones de gasolina, comida y colchones de espuma, pero su auténtico objeto de deseo es una metralleta para la que ya ha preparado una estructura metálica que ha soldado en la batea, “en cuanto tenga la oportunidad coloco el arma y me voy a la primera línea”, asegura este miliciano al que las nuevas reglas de combate, que impiden el acceso al frente a aquellos que no dispongan de armamento de gran alcance, le obligan a permanecer en retaguardia. Antes de este intento de poner orden en las filas rebeldes sí llegó a estar cara a cara con los hombres de Gadafi y pudo comprobar la potencia del motor al que puso “a 190 kilómetros por hora para huir de la lluvia de cohetes“.

Con la gasolina casi regalada, a nadie le preocupa el consumo. Pero los rebeldes se quejan de los problemas mecánicos que empiezan a sufrir los vehículos chinos tras cinco semanas en el desierto. “No tienen nada que ver con las ‘Fox’ (zorro, nombre que dan los libios a la mítica pickup de la marca Toyota que emplearon los talibanes en la toma de Kabul en los noventa y que aquí se usa en el desierto), son mucho más frágiles y tenemos problemas con los radiadores”, lamentan algunos rebeldes que tienen que detenerse en la cuneta cada cierto tiempo para echar jabón en los radiadores y así hacer que la arena se pegue en la parte frontal.

Un argentino entre los rebeldes

23 años, gorra y camisa verde oliva y una chapa con la foto de Ernesto Guevara al cuello. José Piaggesi está a miles de kilómetros de su San Rafael natal y ha recorrido esta distancia para estar en la primera fila de la revolución libia contra Muamar Gadafi. Tras su paso por Palestina (6 meses), decidió acudir al país norteafricano como voluntario y vive empotrado con las unidades rebeldes ayudando a evacuar heridos y muertos de la primera línea de combate. Sobre el cuello le cuelga una acreditación de prensa a nombre de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), para cuyo periódico quincenal envía colaboraciones. “No soy periodista, pero voy anotando todo lo que vivo en mi diario”, confiesa este profesor de secundaria al que no le ha temblado el pulso para “coger un fusil y disparar al enemigo cuando ha hecho falta”.

Llegó hace más de diez días a la guerra y lo que más le ha sorprendido es “la felicidad con la que afrontan la contienda y la vida los libios, pese a los 42 años de dictadura sobre sus cabezas. Esto me hace pensar que la felicidad está muy despegada de lo material”. En un casco que se encontró hace unos días escribió la palabra ‘press’, se entiende con sus compañeros gracias al árabe aprendido en Palestina y tiene fuerzas para seguir en el frente.

País rico, gente pobre

“Por favor, ponga en el pie de foto: el país más rico del mundo, donde vive la gente más pobre“. El vendedor ambulante de tabaco posa ante la cámara mientras su ayudante saca las cajetillas del cartón para ponerlas a la venta. La economía de guerra ha duplicado el precio del Marlboro egipcio (ahora a 6 dinares, unos 3 euros al cambio) y muchas de las marcas locales se han agotado. Los fumadores pasan momentos difíciles ya que es en estas situaciones de nerviosismo es cuando más nicotina demanda el cerebro. Menos mal que hace tiempo me quité del vicio.

Bengasi no recupera la normalidad. Anuncios en las vallas publicitarias piden a los comerciantes que vuelvan a la actividad habitual, pero aquí nadie se fía. El espíritu revolucionario es incapaz de hacer frente a las fuerzas terrestres de Gadafi y todos miran al cielo esperando el misil liberador que doblegue la resistencia gadafista.

El caos militar es trasladable a la nueva vida política -donde anuncian la formación de un gobierno y lo desmienten en menos de cuatro horas- y a cualquier actividad cotidiana. Sólo los cafés se mantienen ajenos al desmadre general y allí se sigue sirviendo con mimo cada macciato, cada capuchino. Los teléfonos llevan cortados desde hace una semana. La compañía Al Madar del todo, y Libyana opera de forma aleatoria para desesperación de unos usuarios que tienen que marcar y marcar a la espera de que entren sus llamadas. Imposible llamar o recibir llamadas del exterior, así que el satélite es la única opción para estar en contacto con el mundo exterior.

La épica de la II Guerra Mundial contempla a los rebeldes

Datos del viaje: Coche alquilado (20 dinares día, 10 euros al cambio), Comida: Arroz con alubias y pollo (40 dinares, 4 personas 20 euros). Duración 3 horas. Hotel: Al Masira (90 dinares noche, 45 euros al cambio)

TOBRUK. Judíos, musulmanes y cristianos descansan juntos en los cuatro cementerios de la II Guerra Mundial que se encuentran a las afueras de Tobruk, que dista 150 kilómetros de la frontera con Egipto. No hay que alejarse demasiado, basta con tomar dirección al puesto fronterizo y mirar a los lados para divisar las miles de lápidas perfectamente ordenadas de los cementerios de Acroma, Commonwealth, francés  y alemán. “Esto lo paga la Embajada francesa y cada año muchas personas realizan una visita el día 11 de noviembre”, confiesa un niño asomado a la puerta de la casa del portero del camposanto donde descansan más de 300 franceses caídos en la batalla de Bin Hakim en la primavera de 1942. Su madre quiere hablar y dar explicaciones, pero al faltar su marido no puede atender a los recién llegados. Las visitas anuales rinden tributo a los miles de soldados que perdieron la vida en esta ciudad (los restos que no fueron identificados descansan bajo lápidas de mármol en las que se lee ‘conocido por Dios’), uno de los puntos estratégicos por el que más duro combatieron alemanes e italianos contra las fuerzas aliadas.

Aunque Libia está en guerra, sólo la presencia de un puñado de milicianos armados en los cruces de carretera recuerda que a 380 kilómetros las fuerzas de Gadafi bombardean Ajdabiya, la ciudad que tiene la llave de la conquista del este del país, la conocida como ‘Libia liberada’. “No hay problema, todo está seguro y no se atreverán a acercarse, este es un lugar de luchadores y saben que les recibiremos peleando”, aseguran los guerrilleros que vigilan la estratégica carretera que va al sur a través del desierto. Una recta interminable que desemboca en la actual primera línea de combate. No parecen un rival temible para los aviones del régimen que en pocos minutos podrían sobrevolar Tobruk. Los vigilantes del búnker del general Erwin Rommel, mando supremo del Afrika Corps y el más célebre mariscal de campo del Fuhrer,  lo saben “pero no pensamos escondernos en el refugio en caso de ataque”, aseguran con valentía mientras muestran a los visitantes las once salas del búnker y el puesto de control desde el que el ‘Zorro del desierto’ dirigía los movimientos de sus tropas. Una veintena de fotografías en blanco y negro se sujetan a duras penas en unas paredes comidas por la humedad. Maniquíes uniformados tirados por el suelo, sillones rotos y mucho polvo completan la instantánea de un lugar que hasta el 17 de febrero era competencia del ministerio de Turismo y ahora está en manos del Ejército rebelde.

Subimos los diez escalones que nos devuelven a la superficie y allí espera despanzurrado el esqueleto de un bombardero B-24 americano ‘Lady Bijot’ que “de forma inexplicable desapareció del radar en 1942 y no fue encontrado hasta 1963 en mitad del desierto con los restos de la tripulación esparcidos en un radio de 12 kilómetros”, según destaca la guía de viaje de Libia de la editorial Lonely Planet.

Dejamos este museo de la II Guerra Mundial en horas bajas entre los saludos de los seis vigilantes que piden ser fotografiados. Uno de ellos lleva puestos unos cascos de aviador y descansa a la sombra, lejos de la furgoneta ‘pick up’ que porta la ametralladora de gran calibre que le ha reventado los tímpanos en el último mes. Muy cerca, Tobruk es una ciudad de apenas 140.000 habitantes cuyo centro urbano es caminable, uno de los pocos restaurantes abiertos ofrece pollo asado, arroz, alubias y macarrones. En la televisión del local la cadena Al Jazeera informa del avance de los hombres de Gadafi que atacan con fuerza Ajdabiya. Los clientes miran con preocupación la pantalla y comen en silencio. Tras la explosión de alegría y esperanza de los primeros días, el frente militar rebelde se ha venido abajo y ahora apelan a la épica para mantenerse firmes. La misma épica a la que apelaron las ‘ratas del desierto’ australianas en el cerco de Tobruk por parte de los alemanes en el año 41, la misma épica que se respira en los cementerios de las afueras de la ciudad. Una épica de hace setenta años que aun se respira en las calles de este lugar. (FOTO: LUIS DE VEGA)

Bengasi: huída de presos, éxodo de periodistas

Coches y furgonetas entran hasta la cocina. Vecinos de Bengasi peregrinan hasta la prisión central de la ciudad para llevarse todo lo que pueda tener alguna utilidad. Poca cosa queda después de dos semanas de revolución y el incendio de rigor. Como todos los edificios del antiguo régimen, la prisión fue pasto de las llamas y los calabozos están calcinados. Una cabeza de camello en avanzado estado de putrefacción preside el campo de fútbol de los reclusos. Abdul Hafiz pasó “varios años” entre estos muros y ahora está de visita con su familia. Le encerraron “por tráfico de drogas, la única solución que encontré para salir de la miseria absoluta y alimentar a los míos”, se justifica mientras recuerda su salida del penal. “Fue increíble, la revolución en las calles se contagió al interior de las celdas y toda la prisión se alzó contra los guardias. En apenas 48 horas nos abrieron las puertas y todos quedamos libres después de una batalla campal en la que destrozamos el lugar”, relata antes de subirse a su furgoneta y poner rumbo a casa.

La huida de los presos en 48 horas recuerda a la espantada de la prensa internacional de Bengasi. Hay varios factores que explican este adiós. Primero el tsunami de Japón que ha relegado a Libia a un segundo plano informativo; segundo el estancamiento de la situación en el plano militar, aunque el avance militar de Gadafi hacia Bengasi parece imparable y, tercero, precisamente este avance que puede provocar la toma de Ajdabiya, la antesala a Bengasi y una ciudad desde la que en tres horas -por una carretera directa-  los fieles a Gadafi se pueden plantar en Tobruk y cerrar el paso hacia la frontera.

República Democrática del Congo, ¿caos controlado?

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Aquí a Bukavu no llegan más que rumores del supuesto golpe de estado del pasado domingo. Porque a la versión oficial, después de tantos años de guerra, nadie le hace ni caso. De hecho es dudoso que ni siquiera los kinois presten atención a las explicaciones que se publican en los periódicos y en la televisión, y la verdad, tienen motivos de sobra para estar hartos de las intrigas de estado; muchos acaban pensando si acaso no tratan de distraerles, o peor, de aterrorizarles con golpes de efecto militares.

Al otro lado de la frontera, en Kigali, alguien lanza esporádicamente granadas contra los taxis matando gente inocente. La última vez fue ocurrió el pasado sábado en Nyamirambo. La versión del gobierno ruandés es que el responsable de los ataques es el FDLR e incluso han mostrado en la televisión única a una serie de individuos que confiesan haber perpetrado los ataques y que dicen ser del FDLR, pero entre tanto circulan otros rumores sobre la corrupción que hay en la base de esas declaraciones, y rumores que apuntan como responsable de los ataques a la propia autoridad militar de la República de Ruanda.

La riqueza mineral

Uno de los rumores que escuché ayer en Nyamirambo sobre lo que hay detrás del supuesto golpe de estado contra Joseph Kabila es que el aparato político ruandés no está de acuerdo con la voluntad expresada por el gobierno de Joseph Kabila de racionalizar la extracción, el comercio y la exportación de los minerales de Kivu y que por esa razón han tratado de eliminarlo. Lo que hace más dudosa está versión es el hecho de que el gobierno ruandés pueda no estar contento con el modo en que se adjudican las licencias o se sacan los minerales de Kivu.

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Viendo el lujo aislado de las mansiones de la frontera ruando-congolesa es bastante evidente que hay gente que en todo este caos organizado continúa haciéndose rica, y no sólo ruandeses, pensemos por ejemplo en Banro, una multinacional implicada en el pasado en la guerra contra Laurent Desiré Kabila, que ahora está siendo indemnizada y recompensada con licencias de extracción y exportación de oro. Hoy me decía un sacerdote de Bukavu que han desplazado poblados enteros en el territorio de Mwenga para que Banro tenga acceso libre al oro del subterritorio. Ah y se me olvida otro rumor según el cual en este mismo momento hay un avión nigeriano en el aeropuerto de Goma con 18 millones de dólares para comprar oro con la autorización del general Bosco Ntaganda, jefe del CNDP. ¿Habladurías? Un agente de OFIDA me ha confesado que el gobierno de Kinshasa acaba de levantar la suspensión de las actividades mineras de Kivu, una suspensión que durante 3 meses habría mantenido parados los caudales de los hombres de negocio y oficiales militares que se han apropiado de las colinas mineras o que controlan o tasan el comercio de los minerales. En realidad el CNDP ya no existe, los milicianos se “mezclaron” en el ejército regular de la RDC a través de los acuerdos acelerados entre John Numbi y James Kabarebe (a la vez que apartaron al general Laurent Nkunda del teatro de operaciones). Los militares del CNDP se integraron en las FARDC conservando los grados y la misma mentalidad que tenían antes. La cadena de mando del CNDP se ha transformado en un partido político que acaba de coligarse con la Alianza para la Mayoría Presidencial de Joseph Kabila (después de todos los muertos que se provocaron para deshacerse de él supuestamente).

De todas formas, si miramos a la base de la población y no a las estructuras militares como el CNDP que sirven no a la población sino a un puñado de intereses que tratan de imponer así sus políticas de gestión de recursos y manejo de la población, al servicio de formas de documentación y poder al servicio de los grandes poderes de occidente, observamos que la Alianza por la Mayoría Presidencial se enfrenta a grandes problemas este año de elecciones (en teoría en noviembre), porque Vital Karmerhe y Etiene Tshisekedi continúan manteniendo reuniones para ver si consiguen ponerse de acuerdo en sacar una candidatura unitaria como alternativa a los que hoy tienen el poder, y porque lo que venimos viendo en los últimos meses es que el Kivu, que votó en masa por Joseph Kabila en el 2006, ya no le apoya como antes. Presumiendo la buena fe del todavía joven presidente, sin hacer caso de las narrativas locales que le vinculan con el poder exterior, esto es, en el mejor de las casos, el sistema que constantemente reproduce el conflicto en el este, mantiene a Kabila rehén de una política permisiva, para conservar su poder y guardar el equilibrio de una paz injusta, frente a unos señores de la guerra que amenazan con llevar al este del Congo, otra vez, el caos.  Le ha pasado al pueblo un poco lo que a Vital Kamerhe que de escribir un libro sobre por qué eligió a Joseph Kabila ha pasado a explicar por qué ahora aspira a alcanzar el poder (tras ser forzado a abandonar su puesto de presidente de la Asamblea Nacional). La gente de Kivu ya no apoya en masa a Joseph Kabila porque la situación en que viven no ha mejorado pese a las promesas. Siguen sin construirse las infraestructuras económicas, las necesidades básicas siguen sin estar cubiertas y lo peor de todo, la inseguridad, continúan produciéndose desplazamientos pendulares de la población y el puro terror psico-social. Las ofensivas militares de las FARDC (Ex-CNDP) contra las supuestas fuerzas negativas no han dado otro fruto que el de dispersarlas, desmovilizarlas y removilizarlas otra vez, y convertirlas en más negativas todavía, porque viven de lo que saquean a la población.

Violaciones sexuales

Quienes más sufren todo este desastre son las mujeres porque son tratadas como ciudadanas de segunda categoría, no sólo por las costumbres locales y los hombres (militares o ex-militares) producto de la guerra, sino también, me dice una congolesa de la Marcha Mundial, por las agencias humanitarias internacionales, que parecen competir con las organizaciones de mujeres locales y con las propias mujeres y que en sus modos de saber convierten a las mujeres en beneficiarias de grandes proyectos, seleccionando y creando estructuras “operacionales” que compiten con las organizaciones de base (tratando de apoderarse de su lenguaje y ocultando las verdaderas razones de los proyectos gestionados con los fondos internacionales: conservar puestos de trabajo, gestión de capital etc).

Un dato que me ha dado Madame Adele, de la Marcha Mundial de las Mujeres: el año 2010 hubo 5.283 violaciones sexuales registradas en los distintos territorios de Kivu Sur. Habría que sumar todas las que no han sido registradas, y las sufridas por los hombres también (como durante la llamada operación jabón de un grupo armado burundés en Fizzi). Las mujeres que han sido violadas muchas veces prefieren guardar silencio, primero porque la mayoría de las veces no conocen a sus violadores y segundo porque las malas costumbres imponen a la mujer violada la obligación de sufrir en silencio, y por el estigma, el miedo al repudio o porque son tan pobres y tienen tan pocos recursos que no tienen esperanza de conseguir una respuesta que les proteja por parte del “sistema político-judicial”. Un puro dato: de esas 5.283 violaciones sexuales que se registraron en el 2010 en la provincia de Sur Kivu, sólo 10 casos llegaron a oídos del sistema judicial. Pero las cosas se están moviendo, las organizaciones locales de mujeres, pese a que son ignoradas por las grandes organizaciones internacionales, se están organizando en las colinas, no para mostrarse como víctimas, para seguir siendo estigmatizadas, marginadas y convertidas en grupos de últimas beneficiarias, sino para ayudarse entre ellas y reivindicar sus derechos políticos; para ser productoras, de dentro a fuera, de los modos de hacer de la realidad actual.