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Trípoli, la noche rebelde

Lluvia sobre Trípoli. Suelo mojado y anarquía en las calles cuando cae la noche. Se han levantado la inmensa mayoría de puestos de control rebeldes y los milicianos se juntan ahora en la antigua Plaza Verde para disparar al aire –cada vez menos- y hacer trompos con sus coches. “¡Dios es grande!”, es el principal grito de ánimo para los conductores que aprovechan el piso mojado para mostrar su habilidad. El tradicional saludo musulmán de ‘Salam aleikun’ ha sido sustituido por el grito de guerra rebelde que hora se utiliza para todo.

TRIPOLI. Noches rebeldes from mikel ayestaran on Vimeo.

La conexión libia del 11-M

El culebrón Belhadj, ex emir del Grupo de Combatientes Islámico Libio, sigue ocupando gran parte de mi tiempo en Libia. Por un lado me da pena porque me impide centrarme en esa transformación que vive el país y que día a día va profundizando en el proceso de desgadafización. Por otro lado, es muy interesante profundizar en las cloacas de esa guerra contra el terror lanzada tras el 11-S y que en su último capítulo ha llegado hasta los atentados de Madrid del 11-M. No es la primera vez que me siento frente a un hombre como Belhadj, en Derna (este de Libia) también tuve la oportunidad de encontrarme con ex yihadistas en febrero, en Yemen son legión y en Irak o Pakistán uno puede entrevistarse también con ellos sin excesivos problemas, pero Belhadj no es un ex yihadista man. Alcanzó el grado de emir y uno siente esa mezcla de respeto y fervor de todos los que le rodean.
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Apenas puede abrir los ojos porque pasó seis años en una celda de aislamiento en Abu Salim con una venda en los ojos. Denuncia torturas por parte de la CIA y el régimen libio y es el líder indiscutible de los rebeldes en el campo de batalla. Encabezó la toma de Bab Al Aziziya y ahora es la persona clave en la búsqueda y captura de Gadafi, así que no se trata de uno más de los miles de yihadistas que viajaron a Afganistán, es una autoridad religiosa y moral entre los suyos y eso se nota.

Tras una primera entrevista el pasado viernes ayer volví a llamarle para hacerle unas preguntas sobre su presunta vinculación con el 11-M que desveló un informe policial al que tuvo acceso El Confidencial Digital. Pese a estar en plena revolución, con Bani Walid a punto de caer y con la pista de Gadafi cada vez más clara, Belhadj quiso hacer un paréntesis para aclarar que no tuvo nada que ver con el 11-M y que así se los explicó a los agentes de la inteligencia española que se desplazaron a Trípoli para interrogarle tras la masacre.

Belhadj habló claro, pero no quiso entrar en detalles. Esta revolución es su nueva yihad y no está dispuesto a que el pasado se mezcle con el éxito presente.