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Ebadi, enemiga del pueblo

Shirin Ebadi es persona non grata para las autoridades islámicas que recibieron con gusto la noticia de su salida del país tras las elecciones de 2009. Ahora algunos jóvenes ligados al régimen se dedican a publicar biografías ‘verdaderas’ sobre la abogada y Premio Nobel de la Paz 2003. La última se ha presentado esta semana y se titula algo así como ‘Caballería de mujeres’. Hoosein Alavi es el autor del libro de ‘investigación’ para el que ‘no ha sido necesario una entrevista cara a cara con Ebadi porque todos sabemos quién es’.

La primera mujer musulmana en recibir un galardón tan importante es ‘una figura intrascendente dentro del país’, teoría que Alavi basa en que ‘nadie fue a esperarle al aeropuerto después de recibir tan sonado galardón, nadie’. La definición de Ebadi para el ala dura del régimen responde a una mujer ‘aristócrata, fiel seguidora del Shá, al servicio del sionismo y, por lo tanto, una enemiga del pueblo en toda regla’.ebadi

Pero lo que más molesta a Alavi de la abogada es que ‘mientras alardeaba de tener una organización de derechos humanos en Teherán, nunca soltó una lágrima por los niños masacrados en Gaza por las bombas de Israel, ni tampoco muchos antes cuando nos caían los misiles de Sadam‘. Ejemplos sobre los que nunca ha preguntado a Ebadi, pero que presenta como verdades absolutas.

La ciberrepública islámica

Sí, el rial está por los suelos y no hay otro tema de conversación, pero hay vida más allá de la economía. El sentimiento de vivir en eterna crisis que se vive en España se respira en Irán multiplicado por diez mil y con la incertidumbre que generan los tambores de guerra que suenan en el estrecho de Ormuz.

Las condiciones de trabajo de los ‘periodistas temporales’ que llegamos con cuentagotas al país ha cambiado en los últimos meses. Hasta ahora había que pasar por el filtro de una ‘agencia de guía’ al informador extranjero y cerrar con ella los temas que se pensaban hacer, ahora hay que sumarle el ‘ok’ definitivo del ministerio de Cultura y Guía Islámica a cada punto del programa con lo que los plazos se alargan de tal forma que para cuando llega alguna autorización la visa ha expirado (son de 7 días) y hay que volver a ponerse a la cola para un nuevo permiso.

Pero no hay que desanimarse, aunque no salgan las historias previstas siempre hay algo que hacer. En los cibercafés están que echan humo con la nueva legislación que las autoridades quieren poner en marcha de forma ‘urgente’. Irán no pierde de vista lo sucedido en los vecinos árabes y sobre todo no olvida el papel de las redes sociales en la ‘revolución verde’ que estalló tras las elecciones de 2009. A menos de dos meses de los comicios parlamentarios todas las alarmas están encendidas y se quiere poner en marcha una nueva intranet (Irannet) y unas normas que obliguen a los lugares públicos donde se conecta la gente a Internet a ejercer un control directo sobre los usuarios. Las autoridades planean pedir a los dueños de los cibercafés que exijan a sus clientes el documento de identidad antes de conectarse, que guarden durante seis meses las páginas consultadas y que instalen cámaras de seguridad las 24 horas del día. “Un primer paso antes de la orden de cierre”, comentaban algunos propietarios frustrados de este sector que está bajo continua sospecha y que es vigilado desde las alturas por una ciberpolicía que cuenta con 250.000 agentes. Cada persona conectada a un ordenador es sospechosa de cometer un delito hasta que el ‘Historial’ de su navegador diga lo contrario.

El ‘gran juego’ iraní

El rial está en caída libre y en las casas de cambio de la calle Ferdosi lo celebran cada día con una orgía de dólares. Miles de personas se juntan en esta céntrica calle de Teherán para vender sus riales al mejor postor y hacerse con divisas. El negocio no es nuevo, pero ni los más antiguos de la zona habían visto semejante fluctuación en la moneda en tan corto espacio de tiempo. Es la economía paralela, el poder del bazar sobre los mercados oficiales, el poder de la gente que maneja el dinero en efectivo, que cuenta los billetes uno a uno, los huele y guarda en cajas hasta llenar almacenes enteros.

Es el único tema de conversación. La caída del rial desde la firma de Barack Obama a favor de las sanciones al Banco Central ha eclipsado todo lo demás. “Es como si el régimen hubiera provocado esto para que nadie tenga preocupaciones políticas”, sugería un cambista que se frotaba literalmente las manos ante el futuro próximo en el que seguirá amasando una fortuna con la venta de moneda extranjera. A falta de mes y medio para las elecciones parlamentarias el clima en Teherán es extraño, la gente dice no preocuparse por la política, pero todos tienen un ojo puesto en la pelea entre ultraconservadores que mantiene enfrentada a la cúpula del sistema como nunca había ocurrido desde el triunfo de la revolución.

De los reformistas no hay noticias
. Los dos líderes de las elecciones de 2009 –Mir Husein Musavi y Mehdi Kerrubi– permanecen en arresto domiciliario y sus más estrechos colaboradores están encerrados en Evin. Su ausencia, sin embargo, no resta emoción a unos comicios en los que el presidente Mahmoud Ahmadineyad y los suyos luchan por hacerse con el control del parlamento, ahora en manos de los fieles al Líder Supremo. La lucha por el poder está más al rojo vivo que nunca, una partida que se juega en las alturas, detrás de las cortinas y usando las calles de una Teherán vestida de invierno con las montañas teñidas de blanco hasta muy abajo como tablero donde se resolverá el control del sistema.

Bagdad-Teherán

Noor tiene prisa. La joven azafata jordana se desespera por la lentitud del embarque. Forma parte de la tripulación del vuelo IA (Iraqi Airways) 111 con destino Teherán, línea operada por una compañía de Amman llamada Royal Falcon. La compañía bandera iraquí no está preparada para cubrir de momento demasiados destinos y es el vecino jordano quien realiza el servicio a través de subcontratas. La conexión con Teherán es diaria y por eso tanto Noor como el resto de la tripulación viven en el Bagdad International Hotel próximo al aeropuerto. Se pasan un mes en Irak, pero tienen prohibido salir del hotel. De la habitación al avión y del avión a la habitación.

El Boeing 767 empieza a llenarse. El pasaje está compuesto por peregrinos iraníes que regresan a casa después de visitar las tumbas de los Imames y vivir la ashura en Irak. De negro riguroso, barba y gestos muy cansados, parecen las fichas negras del ajedrez frente a las camisas rosas muy claritas de unas azafatas bien preparadas que les dan la bienvenida con un look absolutamente occidental que nunca superaría el código de vestimenta que impone la república islámica. No importa, ellos miran y ellas tratan de parecer naturales. “En Teherán ni bajamos del avión, estamos el tiempo justo para volver a embarcar el pasaje y vuelta a Irak”, dice Noor antes de perderse en la panza del 767.

El paso de los años y la mejora en la situación de seguridad han ido haciendo más humano el aeropuerto bagdadí. Ahora se puede llegar hasta el acceso principal en vehículo privado y de allí hay que coger un taxi colectivo -normalmente pequeñas furgonetas o vehículos GMC- que por 10.000 dinares (unos 6 euros), te llevan a la terminal tras superar dos puestos de control. En el primero sólo hay que bajarse del coche, el conductor abre puertas y maletero, y hay que esperar a que un perro inspeccione el vehículo. En el segundo hay que bajarse de nuevo y someterse a una revisión completa del equipaje mientras que otro perro olisquea el vehículo por segunda vez en busca de explosivos. Superado el trámite -que nadie olvide llevar su billete impreso, aquí no funciona decir que tienes billete electrónico- el último paso consiste en apearse del coche y volver a dejar las maletas en el suelo para que otro perro las huela a fondo. Si todo está correcto es momento de acceder a la terminal -hay dos abiertas, una para vuelos de Iraqi Airways y otra para el resto- y tras pasar las maletas de nuevo por dos escáneres y someterse a dos cacheos uno puede hacer cola para retirar su tarjeta de embarque. Aquí no acaban las medidas de la compañía G4S -responsable de la seguridad en el aeropuerto- ya que después del control de pasaportes hay que volver a pasar el equipaje de mano por otro escáner y finalmente un último escáner nos espera en el momento de embarcar.

Aunque parezca complejo, no es nada comparado con lo que ocurría años anteriores, cuando a esto había que añadir el estrés de tener americanos en los puestos de control y una última revisión de las maletas facturadas a pie de pista antes de meterlas en la bodega. La situación en el interior de las terminales también va mejorando. La limpieza de suelos y servicios, las etiquetas para las maletas facturadas o, por primera vez desde que viajo a Bagdad, tarjetas de embarque impresas desde un ordenador y no escritas a mano son algunos de los avances que va experimentando el principal aeropuerto del país.