Conspiranoicos
Mañana jueves comienza en la Audiencia Nacional española el juicio por los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. En una cadena de explosiones causadas en trenes murieron 192 personas, lo que significó el atentado más trágico de la historia de España y, a nivel internacional, un paso más en las "operaciones de venganza" que el islamismo de carácter violento ha emprendido contra Occidente por su comportamiento en conflictos como el de Afganistán, Irak o el palestino-israelí (algún día habrá que hablar de organizaciones como AlQaeda y regímenes como el de Arabia Saudí para poner en contexto el verdadero carácter de esas expresiones y de quienes las alientan y alimentan), y que habían comenzado en 11-S en los Estados Unidos.
Pero mire usted por donde que en el caso español, con esa democracia de anteayer que sirve para ir repartiendo carnés de demócrata por el mundo adelante, ni se habla de los muertos y heridos, ni de cómo evitar que eso vuelva a pasar, ni de quiénes fueron los culpables de que eso ocurriera -y en este caso no hablamos de los autores materiales, bien definidos en el sumario mal que les pese a algunos-. En Madrid y algunos en Euskadi pretenden hablar de "agujeros negros", que no son los agujeros que dejaron sin tapar las fuerzas policiales y de inteligencia españolas en las semanas previas al atentado, sino de las llamadas "Teorías de la conspiración", con las que, quien más quien menos se ha echado unas risas alguna vez, se intenta desviar la atención de este juicio que dejará a la luz las vergüenzas de muchos.
Esas teorías ya no sabemos muy bien en qué consisten: un día implican a ETA, otro a la vieja guardia del PSOE (Vera y Rodríguez Ibarra), y al siguiente a servicios secretos marroquíes. Nos perdemos cuando nos hablan de Lavandera, el Chino, su primo y Manolón.
En el juicio hay varias cosas llamativas a priori: 1- Van a declarar tres integrantes de ETA para satisfacer las ansias de quienes dicen que ETA estaba detrás de todo, fumándose un pitillo mientras pringaban una docena de personas que no llegaban ni al calificativo de activistas; sin embargo, no declarará ningún miembro del aquel Gobierno español, ni Aznar ni Acebes. 2- Lo que para El País y ABC son las pruebas definitivas de que los explosivos salieron de la mina de Asturias, para El Mundo significa algo, pero sabemos qué; en el juicio parece que no habrá mandos policiales que expliquen cómo dos trapicheros pudieron sacar cientos de kilos de dinamita de allí. Hay otras que iremos detallando a lo largo del proceso. Mientras, les ofrecemos el Top Five de las joyas acerca de las Teorías. Quizás no hay mejor cosa que desdramatizar a 24 horas del inicio del juicio. Hay que combatir con sus mismos argumentos:
5- Viaje con nosotros: La furgoneta del 11-M tenía una tarjeta del Grupo Mondragón en el salpicadero
El Mundo 3-5-2006. El primer policía de paisano que la descubrió informó inmediatamente a la central a través de su transmisor portátil Alrededor de 40 agentes de las dotaciones ‘Lepantos’, ‘Ecos’, ‘Prismas’ o ‘Polos’ escucharon esa información que apuntaba a ETA
FERNANDO MUGICA
MADRID.- Los primeros policías que llegaron hasta la furgoneta Renault Kangoo, la que se encontraba en la mañana del 11-M junto a la estación de tren de Alcalá de Henares, observaron algo en su interior que les llamó la atención. Aparentemente, no había nada que pudiera tener trascendencia policial, excepto aquella tarjeta de visita del Grupo Mondragón que estaba situada en el salpicadero, perfectamente visible, colocada justo encima de la parte del volante (…) Es evidente que el Grupo Mondragón y ETA son absolutamente diferentes.El primero es un grupo empresarial de extraordinaria importancia a nivel internacional. La segunda es una banda terrorista. El Grupo Mondragón cambió su nombre en 2005 para convertirse en MCC, una Corporación Cooperativa con plantas en 38 países y más de 70.000 empleados.
Pero hecha esta aclaración, hay que dejar además bien claro que, para los policías que habían trabajado en la lucha contra ETA, gentes cercanas a empresas del Grupo Mondragón estaban situadas en el entorno del mundo abertzale. En esas circunstancias, la tarjeta encontrada en la furgoneta, aunque no tuviera nada que ver con ETA, desviaba la atención hacia el norte lo mismo que la cinta con los versos coránicos desviaría la atención hacia el sur. El ministro del Interior en aquel momento, Angel Acebes, nunca fue informado, sin embargo, del hallazgo de esa tarjeta.
Menos mal!!
4- Veo veo, en la Kangoo no lo ves: Policías de Alcalá que examinaron la furgoneta encontrada el 11-M aseguran que estaba vacía
El Mundo 25-4-2006. La furgoneta Renault Kangoo que se encontró en la mañana del 11 de marzo de 2004 aparcada junto a la estación de tren de Alcalá de Henares (Madrid) tenía su espacio de carga vacío, según atestiguan dos policías de las dos dotaciones que llegaron primero al lugar de los hechos. Sin embargo, el auto de procesamiento establece que contenía "61 evidencias".
En realidad, sus declaraciones sólo vienen a corroborar las afirmaciones repetidas una y otra vez ante la Comisión de Investigación del 11-M en el Congreso de los Diputados por Luis Martín Gómez, jefe del Grupo Local de la Policía Científica de Alcalá de Henares, encargado en aquellas primeras horas de la investigación. "Allí dentro no había nada", dijo.
A las 7.30 horas de la mañana del 11 de Marzo de 2004, la comisaría de Alcalá de Henares estaba en plena ebullición, puesto que comenzaban a llegar las primeras noticias de las explosiones de los trenes. Todos se ofrecían voluntarios para ayudar en lo que hiciera falta, según informa Fernando Múgica.
Se recibió una llamada, poco antes de las 9.00 horas, en la que se explicaba que el portero de una finca de la calle del Infantado de Alcalá, Luis Garrudo, había visto a tres individuos con atuendos sospechosos al lado de una furgoneta Renault Kangoo aparcada enfrente, muy cerca de la estación de tren. Alrededor de las 9.00 horas, llegaron a la vez junto a la furgoneta, aparcada en batería, las dotaciones de un coche K, de los camuflados y con agentes de paisano, y la dotación, de uniforme, de un coche Z. El K se adelantó unos metros y aparcó su morro delante del Z.
Observaron la furgoneta con la precaución debida. Tiraron de la manilla de la puerta del conductor. El coche estaba cerrado y no tenía ningún signo de haber sido violentado. Observaron desde los cristales delanteros el interior y se sintieron algo más tranquilos. Sólo vieron una tarjeta de visita encima del salpicadero, una cinta de casete gris transparente sin ninguna rotulación encima del asiento del pasajero y un chaleco reflectante amarillo debajo del asiento del copiloto.
La zona de carga estaba separada de los dos únicos asientos tan sólo por una rejilla de agujeros amplios, a través de la cual se veía perfectamente el interior. En la zona de carga no había nada. La furgoneta estaba vacía, pero el responsable del coche Z consideró que seguía siendo un peligro potencial, así que se decidió evacuar un colegio cercano.
3- Casio patrocina a ETA: El misterio del reloj del 11-M
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO. El Mundo 10-4-2006. Eran dos individuos «de aspecto occidental, piel blanca, que hablaban entre sí un extraño idioma -dijeron hablar en búlgaro-». Así definió Rakesh Kumar, encargado de la tienda de distribución sita en la calle Real de Pinto número 42, a los dos hombres que el 4 de marzo de 2004 le compraron siete teléfonos Trium T-110, entre los que se encontraba el que hacía de temporizador en la bolsa que contenía la bomba desactivada en Vallecas. Más de dos años después del atentado y a punto de que el juez Del Olmo haga público su auto de procesamiento, todavía no sabemos nada de esos dos individuos y en ningún informe policial se explica por qué adquirieron, junto a los elementos relacionados con la matanza, un reloj despertador. ¿Acaso es que no tenían con qué despertarse hasta tres días antes de perpetrar el atentado?
Fuentes de la investigación, sin embargo, dan a estos dos individuos y al reloj Casio una importancia que no reflejan los documentos elaborados para el juez que constan en el sumario. No hay ninguna duda de que esos dos individuos «de aspecto occidental y piel blanca», es decir, que nada tenían que ver con los moritos de Lavapiés, fueron los que hicieron el trabajo fino de convertir los teléfonos móviles en temporizadores para hacer saltar por los aires los trenes de cercanías el 11-M.
Esa tesis se sostiene sobre evidencias incuestionables. La primera de ellas es que los moritos de Lavapiés (incluyendo en este grupo a los detenidos y a los terroristas muertos en Leganés el 3 de abril de 2004) no tenían conocimientos suficientes como para transformar un teléfono en un temporizador. La segunda es que es inaudito que los mismos individuos que soldaron los cables al zumbador del móvil no hicieran la misma operación para unir dichos cables a las rabizas del detonador (con lo que se hubiera evitado que se soltaran como presuntamente ocurrió con los de la bolsa de Vallecas).
Por otro lado, la Policía no ha encontrado ni entre los restos del piso de Leganés, ni en la casucha de Morata donde se activaron los siete teléfonos móviles que presuntamente iban en otras tantas mochilas el 11-M, ningún soldador, ni restos de estaño. Sin embargo, sí se han encontrado clavos, casquillos de bala, restos de dinamita, envoltorios de cartuchos, etc.
Los que montaron los móviles, señalan las fuentes, les dieron a los moritos el temporizador ya montado, listo para ser utilizado.Los moritos sólo tuvieron que unir los cables, meter el detonador entre la dinamita amasada y programar la hora para que las bombas hicieran explosión. Hasta ahora, de forma un tanto incomprensible, los informes de la Policía siguen manteniendo que en las 13 mochilas o bolsas que se emplearon para la masacre del 11-M (de las cuales 10 hicieron explosión) el temporizador estaba compuesto por un móvil.
Sin embargo, las evidencias apuntan a que no en todas las bolsas había teléfonos. En primer lugar, sólo existe constancia de que se activaran siete tarjetas el día 10 de marzo. Siete tarjetas, el mismo número de teléfonos liberados que los dos «individuos de aspecto occidental y piel blanca» compraron en la tienda de la calle Real de Pinto. Pero hay más. Según un informe fechado el 12 de marzo de 2004 y firmado por el comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, de los tres artefactos que no hicieron explosión (el que fue desactivado en el Parque Azorín de Vallecas, otro encontrado en la estación de El Pozo y que los artificieros hicieron estallar y otro más que fue encontrado en la estación de Atocha y que corrió la misma suerte que este último), sólo había teléfonos móviles en los dos que se encontraron en la estación de El Pozo.Es decir, que el de Atocha contenía un temporizador distinto.¿Acaso un reloj?
Por sorprendente que parezca, ese dato tan relevante no aparece en el citado informe. Lo que sí se puede afirmar sin duda es que no todos los artefactos fueron activados con teléfonos móviles.
Ahora volvamos a la tienda de la calle Real de Pinto. Los expertos sostienen que el reloj digital marca Casio no era otra cosa que un temporizador. Y, curiosamente, ese reloj, esa misma marca, ha sido el temporizador más utilizado por ETA en sus atentados con bombas. ¿Por qué ni siquiera se hace mención a ese dato en los informes policiales? Esa información la conocen todos los tedax y, por tanto, lo lógico es que se hubiese apuntado como una posibilidad.
Por lo que se sabe, es mucho más probable que las bombas hubiesen sido accionadas con dos tipos de temporizadores: teléfonos y relojes. Y ello implica también que los terroristas planificadores del atentado no sólo eran expertos en la fabricación de explosivos, sino que quisieron asegurarse de que la «acción armada» (así calificó ETA el atentado del 11-M en un comunicado) tuviera la máxima efectividad.
Otro dato que curiosamente la Policía ha olvidado apuntar en sus numerosos informes al juez Del Olmo es que ETA ha utilizado ya para sus atentados los dos elementos (teléfonos y relojes) al mismo tiempo.
Y lo hizo el 11 de noviembre de 2000, cuando colocó unos lanzagranadas apuntando al cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo (San Sebastián). Se trataba de un dispositivo trampa. Una de las granadas hizo explosión cerca del cuartel. Cuando agentes de la Ertzaintza, miembros de la Policía y artificieros de la Guardia Civil se aprestaban a desmontar los lanzagranadas, un terrorista activó mediante un teléfono móvil una bomba que iba adosada en su parte inferior, provocando heridas graves a un total de 10 agentes. Era la primera vez que ETA utilizaba teléfonos móviles como activadores de un artefacto. Curiosamente, los lanzagranadas estaban activados por dos temporizadores que consistían en sendos relojes digitales de la marca Casio.
ETA se obsesionó por los móviles y volvió a atentar en enero de 2001 contra la cúpula del PP en el cementerio de Zarautz. En octubre de ese mismo año la Policía desmanteló el comando Donosti. Entre el material incautado se encontraba un teléfono móvil listo para ser usado como temporizador. A mediados de 2003, el responsable de electrónica de ETA, Tomás Elgorriaga Kunze, desarrolló un sistema similar al utilizado el 11-M. Todos esos datos han sido obviados en los informes al juez.
2- Be ácido bórico, my friend: Interior falsificó un documento para ocultar al juez lazos entre el 11-M y ETA
CASIMIRO GARCIA-ABADILLO. El Mundo 21-9-2006. El documento manipulado le fue remitido al magistrado de la Audiencia Nacional que instruye el sumario 20/04 por el atentado del 11-M por parte de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) el 29 de marzo de 2005, según consta en el sumario.
El informe había sido solicitado a la Policía Científica por la UCIE -especializada en terrorismo islamista- en el curso de las diligencias practicadas tras la detención en Lanzarote de Hasan Haski, que se produjo el 17 de diciembre de 2004.
El marroquí Hasan Haski fue calificado ayer mismo por la fiscal del caso, Olga Sánchez, como el principal instigador del atentado del 11-M junto a Rabei Osman, conocido como El Egipcio.
La Unidad Central de Información Exterior remitió el 18 de marzo de 2005 unas muestras de una sustancia hallada en el domicilio de Haski (calle Papagayo, 9, de la Playa Blanca-Yaiza en Lanzarote) al Servicio de Análisis Científicos del Laboratorio Químico-Toxicológico de la Policía Científica para su análisis.
El día 21 de marzo, tres peritos de dicha Unidad (dos facultativos, con carné profesional números 9 y 11 licenciados en Farmacia y Ciencias Químicas, respectivamente, y un técnico con carné profesional número 155, también licenciado en Ciencias Químicas) firmaron un informe en el que reflejan sus conclusiones tras analizar cinco muestras de la citada sustancia. Sin ninguna duda, se estipuló que se trataba de «ácido bórico».
En el apartado de Observaciones, los citados tres peritos hicieron constar:
«1.- El Acido Bórico, en relación con hechos terroristas, fue identificado en este Laboratorio en los siguientes Informes Periciales:
- Informe Pericial 868-Q1-01, emitido el 5-12-2001, procedente del Grupo de Terrorismo de Inspecciones Oculares del Servicio Central de Investigación Técnica, de la Comisaría General de Policía Científica. Asunto 263-IT-01, en relación con el registro efectuado el 6-11-2001 en el piso franco de ETA, sito en la Plaza Castrotorace, 9-11, 2º D, de Salamanca, por cuyo hecho se tramitaron diligencias 10.401 de la Brigada Provincial de Información de Madrid, elevadas al Juzgado Central de Instrucción nº 4 de la Audiencia Nacional, que instruye Diligencias Previas 1588/2001».
Recordemos. El día 6 de noviembre de 2001, dos miembros del entonces comando Madrid de ETA, Ana Belén Egües Gurruchaga y Aitor García Aliaga, alias Karpetas, hicieron estallar un coche bomba al paso del vehículo del que era en esos momentos secretario general de Policía Científica, Juan Junquera. El mando policial salió milagrosamente ileso del atentado, que causó heridas a unas 90 personas.
Los dos etarras fueron detenidos gracias a la colaboración de un ciudadano que llamó por teléfono a la Policía Municipal cuando vio la explosión y que siguió en su coche a los terroristas, e informó de todos sus movimientos a los agentes.
El citado comando tenía alquilado un piso en Salamanca que utilizaba como centro de operaciones y base para la preparación de artefactos. Allí, la Policía encontró 40 kilos de explosivo, un subfusil, un Cetme, varias pistolas, detonadores y abundante documentación, incluyendo el señalamiento de objetivos.
Los terroristas llevaban operando en Madrid desde cuatro meses antes de que concluyera la anterior tregua de ETA y su objetivo era provocar un gran atentado. Según confesó a la Policía Ana Belén Egües (ex concejal de HB y ex compañera de Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, ex jefe militar de ETA condenado, entre otros, por el asesinato de Miguel Angel Blanco), uno de sus planes inmediatos era provocar una gran explosión en Torre Picasso (uno de los edificios emblemáticos de la city financiera madrileña).
Pues bien, el citado informe de la Policía Científica ponía en relación directa al 11-M y a ETA a través una sustancia extraña («ácido bórico») que se había localizado en el piso franco en Salamanca y en el domicilio del teórico instigador máximo del comando islamista que llevó a cabo el atentado de los trenes en Madrid.
Pero, es más, el informe realizado por los tres peritos de la Policía Científica señala en el punto 3 del apartado de «Observaciones»:
«Que dado lo poco frecuente en que esta sustancia ha sido intervenida en hechos terroristas y a que nosotros ignoramos su verdadera aplicación en relación con estos hechos, existen varias posibilidades, tales como: conservante de los explosivos de tipo orgánico, enmascarar el explosivo para no ser detectado por los perros especialistas en detección de explosivos, etc., nos lleva a la posibilidad de que el autor/autores de estos hechos estén relacionados entre sí y/o hayan tenido un mismo tipo de formación y/o sean el/los mismo/s autor/es».
El nexo establecido en este informe por los peritos de la Policía Científica entre ETA y el 11-M es absolutamente nítido.
Sin embargo, la Comisaría General de Información (al frente de la cual se encontraba en esas fechas Telesforo Rubio) no remitió el citado informe al juez Del Olmo, sino otro mutilado y falso.
En el informe que consta en el sumario 20/04 se ha eliminado el apartado de «Observaciones», en el que se vincula explícitamente el 11-M con la banda terrorista ETA. Pero no sólo eso. En lugar de las firmas de los tres peritos que llevaron a cabo el análisis en el laboratorio, el documento remitido a la Audiencia Nacional lleva la firma de Francisco Ramírez, jefe del Servicio Central de Análisis Científico de la Policía Científica.
Es curioso observar que ambos informes, el verdadero y el falso, llevan los mismos números de referencia:
«N/Ref: 48-Q3-05
S/Ref.: Comisaría General de Información-Secretaría General.
R.S. 6684 de 14-3-2005».
Sin embargo, hay una diferencia importante (al margen, claro está, de la eliminación de las referencias a ETA y del cambio de nombre de los que llevaron a cabo el análisis), y es el hecho de que el informe auténtico se firmó el 21 de marzo de 2005, mientras que el falso se dató el 22 de marzo de 2005.
Sin embargo, ese no fue el rastro que puso sobre la pista de la falsificación a los autores del mismo.
Tuvieron que pasar 16 meses para que se dieran cuenta de la increíble manipulación de que había sido objeto su trabajo profesional.
En efecto, el día 11 de julio de 2006, el ministro del Interior, en esos momentos ya Alfredo Pérez Rubalcaba, pidió a las unidades dependientes de la Comisaría General de Información que le remitieran todos los informes realizados sobre sustancias explosivas en relación con los atentados de Madrid.
Ese mismo día, EL MUNDO había publicado en su portada que el comisario jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, había declarado en su comparecencia parlamentaria ante la Comisión de Investigación del 11-M que en los focos de las explosiones en los trenes se había encontrado «nitroglicerina», compuesto que no forma parte de la dinamita Goma 2 ECO, que, según la versión oficial, fue utilizada para la comisión de los atentados de Madrid.
Ante el requerimiento del ministro, los altos mandos policiales se pusieron manos a la obra. Telesforo Rubio ordenó la remisión de los informes a Angel Santano (comisario jefe de la Policía Científica), y éste, a su vez, los solicitó a José Andradas Heranz, jefe de la Unidad Central de Analítica de la Policía Científica.
Andradas reclamó los informes precisamente a uno de los inspectores jefes que había actuado como perito del informe auténtico realizado el 21 de marzo de 2005. Cuando éste solicitó al servicio de documentación de la Policía Científica que le entregase el sobre conteniendo todos los informes realizados por él, se dio cuenta de que en el mismo no figuraba el documento auténtico (es decir, el que mencionaba explícitamente a ETA), sino el falso, que había sido firmado por su jefe inmediato, Francisco Ramírez.
Es de suponer que Andradas, ante la gravedad de los hechos de que tuvo conocimiento (un posible delito de falsedad en documento oficial y otro de ocultación de pruebas al juez), informara de ello a su jefe directo, Angel Santano y, que éste por su parte hiciera lo propio con el ministro Pérez Rubalcaba.
Si eso se hizo así, Rubalcaba habría mentido en sede parlamentaria, al afirmar, en su comparecencia del pasado miércoles 13 de septiembre, que nunca hubo ningún informe policial en el que se ligara a ETA con el atentado del 11-M.
Ante lo delicado de la situación, EL MUNDO decidió ayer entregar en la Audiencia Nacional los dos documentos (el auténtico y el falso) para que la Justicia actúe en consecuencia.
MADRID.- El Ministerio del Interior entregó al juez Juan del Olmo un informe falso de la Policía Científica para ocultarle la referencia explícita a ETA que sus peritos hacían en el auténtico.
1- Traca final, si no quieren caldo… Gentileza de Javier Vizcaíno y Cocidito Producciones




Muy bueno Dani, pero esperemos que no tengan razón, porque yo de tanto leer El Mundo y escuchar la COPE creo que soy víctima del sindrome de Estocolmo.