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Ibon Villelabeitia. 20 meses contándonos la vida desde Irak

Martes, 29 de Mayo de 2007 Daniel Alvarez

No es peloteo gratuito y corporativista: creo que la entrevista que tuve la oportunidad de hacerle a Ibon Villelabeitia, periodista vasco que trabaja para la Agencia Reuters, en su último día en la corresponsalía de Bagdad, fue una de las más interesantes y enriquecedoras que he hecho desde que dirijo Ganbara. Pasarse en Irak casi dos años en diferentes etapas desde el 2004 es algo digno de elogio. Primero, por el simple riesgo que corre tu vida en una ciudad como Bagdad, donde casi es una heroicidad sobrevivir; y segundo, porque como experiencia profesional ha debido de ser fascinante. Nunca se me olvidarán cosas que nos contó: "En mi habitación estoy rodeado de sacos terreros y hay alambradas. Tengo el casco debajo de la cama, a la espera del mortero nocturno, que siempre llega puntual".

  

"Cada vez que venía aquí, sentía que metía mi vida en la nevera, y cuando volvía a encontrarme por unos días con mi familia, era como si la volviera a meter en el microondas". Ibon es un chico de Getxo que ha trabajado ya en una veintena de países, cubriendo conflictos como el de Guatemala, y se decidió a pasar una larga temporada en Irak sólo por amor a su profesión. Ahora está esperando su segundo hijo. Fueron 17 minutos de charla que me sirvieron para reencontrarme con nuestra profesión, ahora que está comúnmente aceptado que el periodismo no pasa por su mejor momento debido a la actitud de muchos profesionales.

No sé si yo me atrevería a llevar la vida que ha llevado Ibon desde el 2004, pero sí le tengo que agradecer que, a pesar de las enormes dificultades con las que contaba, siempre nos haya atendido cuando se lo hemos reclamado. Este tipo de periodistas son de otra pasta: recuerdo que un día un suicida metió un camión bomba en la llamada zona verde de Bagdad, la presuntamente más segura, para estrellarlo contra el hotel donde estaban muchos de los periodistas extranjeros. La explosión fue captada por las cámaras de seguridad y los muertos, decenas. La sede de Reuters está a 500 metros de allí. Ibon se había zafado de los escoltas para subir a la azotea a fumar un pitillo (¿Ley del tabaco en Irak con la que cae?) y fue testigo de todo. Casi sin inmutarse nos lo relató en un testimonio impagable.

Por cierto, debo aprovechar para agradecerle a la oyente anónima que nos puso en la pista de Ibon. Fue una noche del invierno de 2004, cuando comenzó la oleada de secuestros y asesinatos a oocidentales y la inmensa mayoría de los informadores decidió plegar velas. Nos llamó una señora a la radio para decirnos que no, que estábamos equivocados: que todos los periodistas europeos no se habían ido. Quedaba uno y era vasco. Y nos dio su e-mail. Gracias, de verdad.

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