Dando un poquito de bola
Ante los contantes ataques que estamos recibiendo durante los últimos días, y ya que parece que el cambio político en la CAV sólo pasa por lo que se haga en esta casa, en EiTB, quisiera compartir con vosotros un artículo escrito por Íñigo Herce, compañero de ETB, molesto como la inmensa mayoría de trabajadores de EiTB, por las cosas que está diciendo el Presidente del tercer partido en las últimas elecciones, y que representa al 14% de los votantes, Antonio Basagoiti. Ya lo hemos comentado antes: que si damos bola a ETA y que si aquí se justifica el asesinato.
Fumigar EiTB
No es fácil ser periodista en Euskadi. Las ramificaciones de la convulsa actualidad vasca llegan hasta las redacciones y, a menudo, introducen dosis añadidas de tensión y dramatismo a la tarea de los profesionales. Ejercer esta labor en un medio público como EiTB no es ni más ni menos complicado que en otras empresas: es, simplemente, diferente.
En los últimos días estamos siendo testigos de cómo distintos actores políticos, creadores de opinión y compañeros de profesión vienen hablando sobre el futuro de la radiotelevisión pública, ahora que parecen vislumbrarse cambios en su horizonte. Entre las cosas que se han leído y escuchado en boca de quienes pronto pueden tener encomendada la responsabilidad de dirigir este país figuran acusaciones como la de hacer “proselitismo de la violencia” o de “dar bola a ETA”. Hemos visto cómo desde determinadas tribunas se aconseja impulsar cambios en su seno porque, ante lo inicuo de sus contenidos, se hace necesario “fumigar la ETB”. Y se asegura con rotundidad que, con un cambio en su dirección, se profundizará en el “compromiso de los medios públicos con los valores democráticos”. Como si en la actualidad quienes hacen la radio y la tele tuvieran un compromiso con otros valores, se entiende que antidemocráticos. Todos los entrecomillados, y otros que no recojo en pos de la brevedad, se han publicado en diferentes medios en apenas una semana.
Trabajar en un medio público implica estar sometido a un escrutinio del que se exonera con más facilidad a las empresas de capital privado. Es un principio ya asentado que los medios públicos tienen el deber y la obligación de recoger la pluralidad social y política (y así debe ser), mientras que a los medios de comunicación privados se les otorga cierto derecho a tener una línea editorial y una libertad de actuación que les exime en cierto modo de la responsabilidad que sí se traslada al medio público. Quien defiende esto olvida que un medio de comunicación, sea éste de capital privado o no, es un actor público que interactúa en la sociedad y que, como tal, tiene una alta dosis de responsabilidad, muy pareja al medio financiado con capital institucional.
En los últimos días, EiTB ha sido acusada de dar voz a ETA por informar sobre las actividades de D3M durante la campaña, mientras que esa misma información, recogida en términos similares y dentro del epígrafe correspondiente a la cobertura electoral, no ha levantado ningún sarpullido cuando se ha visto impresa en otros medios de línea muy diversa. En estos últimos casos se trata de derecho a la información, se sobreentiende, mientras que en el primer caso siempre pesa una cierta presunción de culpabilidad.
Simultáneamente, los portavoces de la formación ilegalizada, acusaban un día sí y otro también a EiTB de practicar el apartheid informativo, de silenciar sus actos públicos y de asumir la decisión judicial poniendo en práctica la exclusión de los espacios informativos.
¿Alguien puede explicar cómo es posible dar voz a ETA y practicar el apartheid informativo al mismo tiempo? A mí sólo se me ocurre una explicación plausible: el compromiso con la información y la decisión de dar voz a todos los sectores políticos, a pesar de que no siempre concuerde con el discurso político del momento y el interés de unos y de otros.
Todo ello no sería más que una mera cuestión subjetiva y opinable, si no fuera porque las acusaciones de “hacer el caldo gordo a los violentos” y “dar voz a ETA” llegan nada menos que dos meses después de que esa misma organización terrorista tuviera la gentileza de respaldar públicamente nuestra línea informativa haciendo estallar 100 kilos de explosivo junto a nuestra sede (y las de otros medios), poniendo en peligro la vida y los puestos de trabajo de cientos de personas. Y tan sólo un mes después de que ese mismo grupo dedicara siete párrafos de su penúltimo comunicado a EiTB, en el que entre otras lindezas acusaba a nuestro grupo de ser “una herramienta contra la izquierda abertzale” y advertía muy seriamente a sus responsables si decidían seguir por este camino. Y esto, como colofón a otros muchos episodios que no han tenido la trascendencia pública de los aquí citados (agresiones a cámaras, cartas personales a periodistas, etc.)
EiTB es una empresa con cerca de un millar de profesionales y, como todo colectivo de este tamaño, tiene la misma variedad ideológica que la propia sociedad en la que está incardinada. Pero al margen de esta diversidad, que muchas veces se pasa alevosamente por alto buscando homogeneizar al grupo con una determinada ideología, tiene un rasgo que destaca por encima de todo: la profesionalidad de sus trabajadoras y trabajadores, que ha logrado que hoy por hoy sus cuatro canales de televisión, sus cinco emisoras de radio y su división de Internet, constituyan el principal grupo de referencia multimedia en su entorno tanto en euskara como en castellano.
Por ello, por su atractivo como plataforma eficaz con resultados contrastados en un mercado libre, es por lo que los diferentes agentes políticos –todos sin excepción–, aspiran a controlarlo. Para eso, se disfraza de conceptos elevados lo que no es sino un mero intento de controlar un instrumento de difusión pública respaldado por la audiencia.
Y esto último, no hay que olvidarlo, es el resultado del esfuerzo de muchas mujeres y hombres que, al margen de presiones, invectivas e infundios, consiguen día a día que los contenidos que llenan las ondas y los bites que ocupa este medio respondan a un único fin: informar y entretener a la sociedad a la que se debe. Poniendo cámaras y micrófonos allá donde haya algo que merezca ser contado. Aunque lo que haya que contar no sea del gusto de algunos, no concuerde con la visión del país de otros, choque con el discurso político del momento o, por supuesto, sea merecedor de la crítica o la denuncia de cualquiera. Están en su derecho, cómo no. Aunque eso no sea obstáculo para reivindicar honestidad y respeto a la hora de hacerlo.
Iñigo Herce
Periodista de EiTB
Ayer en Ganbara estuvimos hablando de las acusaciones que determinados sectores no están lanzando, sin que nadie se escandalice, desde el PP y desde algunos grupos mediáticos, especialmente Prisa y Vocento. Una de las preguntas fue: ¿Cuál es el modelo que debe servirnos de ejemplo?

Este lunes ha surgido una controversia en el programa a raíz de la 

