El blog: “Horario de verano”

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Señoras y señores…. no cerramos por vacaciones, ustedes se merecen lo mejor, pero entramos en el horario de verano, o lo que sería lo mismo, les proponemos la programación estival que comprende los meses de julio, agosto y la primera mitad de septiembre. Como les decía ustedes se merecen lo mejor ¡y nuestros bloggers también!

Llevamos muchos años juntos, compartiendo este espacio dedicado a la Inteligencia Emocional, entiéndala cada persona como desee, ¡no faltaría más!, pero no tantos meses desde que el Consorcio de Inteligencia Emocional se comprometió de nuevo con eitb para contribuir con sus socios y amigos, con sus bloggers a dinamizar este espacio. Han sido meses de generosidad, de compromiso, de vértigo muchas veces ante la hoja de Word en blanco, vacía aunque siempre con la mirada puesta en “el otro lado” donde están ustedes, los oyentes, los “leyentes”, las personas cómplices necesarias para esta aventura. Por todo esto y por mucho más, a ellos y a ellas y también a ti, a usted, a ustedes… muchas gracias y feliz verano.

Y como en verano es tiempo de holganza, la programación veraniega va a reducirse a dos días a la semana, más un extra que será, como hacen en las televisiones, una reposición de post ya publicados en este año y pico del CIE y que han tenido el beneplácito del público: los lunes será el día reservado estas reposiciones. Los viernes los dejaremos para los post originales, nuevos, escritos por nuestro elenco habitual de bloggers… ¡gracias de nuevo compañeros y compañeras! (disculpen tantas gracias pero a estas fechas ya andan con mucho cansancio y necesitan ánimos y reconocimiento… ¡como usted y como yo ¿no?!). Los miércoles quedan reservados para la serie IBeti.

Esta serie está dedicada a Iñaki Beti, que fue profesor de la Universidad de Deusto, y que murió hace unos años. Desde entonces, el alumnado del Grado en Comunicación, que era en el que el dictaba clases, realiza un esfuerzo por escribir todos los años un post relacionado con aspectos de la inteligencia emocional y la comunicación interpersonal y con ello le rinden un pequeño homenaje. Homenaje al que nos sumamos desde este blog, más aún cuanto Iñaki era amigo personal de algunos de sus bloggers, yo entre ellos.

Resumiendo… los lunes reposiciones, los miércoles Serie IBeti por alumnos de Deusto, y los viernes la primicia, los originales de nuestros bloggers…. Como ven solo faltan ustedes, que aunque estén también de vacaciones estamos en el convencimiento que no van a dejarnos… o sí… en cualquier caso…

¡¡¡¡¡FELIZ VERANO!!!!!

¡¡¡¡¡BUENAS VACACIONES A TODA ESTA COMUNIDAD!!!!!

 

Reflexiones sobre los valores de la inteligencia emocional.

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Durante mi propio desarrollo personal me he planteado en ocasiones que podría hacer con todos los conocimientos que estoy adquiriendo y voy a adquirir a lo largo de mi vida personal y profesional…

Lo digo principalmente porque en el mercado existen incontables cursos, talleres, formaciones… que te habilitan tanto en las habilidades relacionadas con la inteligencia emocional como para el coaching, PNL, entre otros…

Varias de las capacidades que se adquieren son, una autoestima sana, liderazgo, comunicación efectiva, escucha activa, resolución de conflictos, negociación, capacidad de indagación, empatía, asertividad, manejo efectivo de la emociones…

Pero, ¿qué pasa con las emociones en particular?

¿Cuál es la diferencia entre manejar la ira o vivirla como parte de una expresión vhappy-286152_640ital?

Las emociones sean estas cuales sean, más o menos agradables, están ahí para hacernos sentir que estamos vivos. Sin ellas seriamos “maquinas” que reaccionaríamos a través de la lógica aplastante de la cognición.

La ira, rabia, el odio, emociones de carácter negativo desde su perspectiva adaptativa son indicadores de que algo dentro de nosotros es incongruente, incoherente. Sin embargo, sin estas emociones no sabríamos, con la debida toma de conciencia, que algo dentro de nosotros está librando una batalla por encontrar el equilibrio.

Ya que todo sistema tiende al equilibrio, los desajustes que ese desequilibrio produce, se transforman en tormentas emocionales.

Vivir las emociones desde  su naturaleza, implica la aceptación de que estas emociones están ahí para servirnos. La ira, la rabia tan necesarias en determinados momentos y tan poco eficaces en otros.

Agradecer que sean los semáforos emocionales, implica nutrirnos del aprendizaje de sentir en su máximo esplendor la experiencia de está que es la vida.

Una vida sin emociones es para mí, una vida sin un PARA QUE.

Me levanto cada mañana con la intención de vivir… de vivir ¿qué…?

Emociones.

Disfrutar de mi familia, empatizar con las personas que me rodean, resolver conflictos, conseguir metas, ayudar a los demás… todas, absolutamente todas estas acciones están relacionadas con las emociones que quiero sentir.

Felicidad, satisfacción, reconocimiento, tristeza o rabia compartida…, procesos de transformación interna para poder SENTIR.

Pero ¿qué ocurre con los valores?…

Los valores me indican cuales son las preferencias de conducta que quiero desempeñar para satisfacer mi realización. Actúan como indicadores subconscientes de mí realidad deseada. Establecen los límites de actuación frente a los sucesos externos.

Sin embargo, de esto no se suele hablar  en estos cursos que mencionaba antes, la preparación va dirigida a asimilar conceptos y ponerlos en práctica y no el que hacer con ellos en nuestras vidas.

Los valores, pilares de nuestras vidas, deben ir acompañados de unas capacidades que nos faciliten la práctica de los mismos evitando así el sufrimiento que provoca el conflicto entre lo que quiero y lo que estoy consiguiendo por la carencia de las habilidades necesarias para ello.

Trabajar nuevas capacidades desde la perspectiva de los valores de cada uno facilita la asimilación de los mismos y da un sentido personal a la formación.

¿Ya sabes cuáles son tus valores?

 

Un abrazo

 

 

 

¿Eres tú o soy yo?

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mirar-espejoSi hay algo que a estas alturas cualquier lector o lectora de estas líneas ya habrá podido comprobar, es que los que escribimos, estamos habituados a darle alguna que otra vuelta mental a aquello que tratamos de transmitir. A veces escribimos desde una teoría que hemos estudiado en profundidad, otras desde la experiencia, y la mayor parte de las veces, desde ambas. Y aún así es claro que los estilos son diferentes, no sólo en lo que a la narración se refiere, sino en cuanto a todo el proceso cognitivo que da como resultado estos artículos. Aquí mismo, podemos encontrar un ejemplo de las diferencias en lo que llamamos estilo cognitivo, esa manera particular que cada uno tenemos de pensar y utilizar el pensamiento en nuestro mundo. Es curioso como a pesar de las similitudes entre personas en el “cómo” elaboramos argumentos, con la lógica que solemos seguir, al mismo tiempo lo hacemos de forma tan diferente. Gran parte del uso que hacemos de nuestra capacidad para pensar, está enraizada en nuestra visión de nosotros mismos como seres pensantes. A lo largo de nuestra vida hemos construido conclusiones y creencias sobre ésta y otras facetas de nuestro desempeño y constitución. Es decir, sobre quiénes somos y qué somos capaces de hacer, e incluso quiénes no somos y qué no somos capaces de hacer. Nos impulsamos y nos retraemos por dentro, a menudo no conscientemente, no como un acto de motivación o restricción voluntario, con esos mensajes (a menudo idealizados) como Tú puedes hacerlo si te lo propones, o Eres lo que quieras ser, o No vales para nada. A menudo estas visiones interiores, este concepto propio, funciona más sutilmente, más silentemente y para la mayoría de nosotros hacen referencia a algunos aspectos esenciales y también a otros aspectos de la interacción con los demás o el mundo en general.

Estas coordenadas internas se forman con el tiempo, a lo largo de toda la vida, pero siempre en interacción, como decía más arriba. Prueba de ello es que, si nos paramos a pensar un momento, veremos que algunas de estas ideas parecen no estar actualizadas con quién somos hoy en día, parecen venir de otro tiempo, y aún así las seguimos escuchando y utilizando para explicar nuestras reacciones y manejar el mundo actual. Este tipo de ideas funcionan como definiciones, y como tales a menudo las damos por ciertas e inmutables, sin prestarle mucha atención a las circunstancias, en particular, las restrictivas. Por ejemplo, siempre he pensado que No se puede confiar en la gente, o que Soy un exagerado cuando hablo de mí, o que Tengo que esforzarme más que los demás. Estas conclusiones, sin duda estarán basadas en la experiencia, en una serie de comprobaciones, pero muchas de ellas no soportarían un ejercicio de estadística experimental. No se sustentarían a la luz de los acontecimientos aquí y ahora, y sin embargo, podemos comprobar cómo no son fáciles de cambiar y nos aferramos a ellas con lealtad. Y es que esta palabra, lealtad, explica algunas cosas ya que muchos de los lemas que escribía más arriba, a menudo se apoyan en la visión de alguna figura significativa en nuestra vida. Alguna persona importante que consideraba que La vida es esfuerzo, y nos presionaba para hacer las cosas perfectas, nos ayudó a sacar la conclusión Tengo que esforzarme más que los demás, o en aquella época en la que todavía no habíamos salido al mundo, esa persona que estaba esperando continuamente sospechando de la buena voluntad de la gente, y nos alertaba sobre la decepción, puso su parte (con la mejor intención, probablemente) para hacer propia la frase No se puede confiar en la gente.

Espero no ponerme muy críptico, pero quiero poner la atención en que aplicar nuestra inteligencia a las reacciones emocionales que provocan nuestras creencias sobre nosotros y el mundo, pasa por reconocer su origen, su compleja construcción, sus influencias, su utilidad y valor en un momento de la vida, ya que nos han permitido predecir, tener una consistencia y seguridad y cierta identidad. Eso sí, también nos merecemos comprobar si la vida sigue siendo así en la actualidad.

¿Cuáles son las conclusiones que te visitan hoy y te entorpecen? Si te remontas en tu historia, ¿cuándo crees que empezaste a darles forma? ¿Son palabras prestadas de alguien a tu alrededor?

Felicidad en el trabajo

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fet2015Hay dos invitaciones en este título.

La primera es la de reflexionar si podemos generar espacios laborales en los que el bienestar de los trabajadores sea un objetivo. La segunda es conectar la inquietud por la inteligencia emocional con los avances de la psicología positiva. ¿Lo intentamos?

La semana pasada viajé hasta A Coruña para asistir a #FET2015, la V Conferencia Internacional sobre Felicidad en el Trabajo organizada por AEDIPE Galicia. Esta era ya la quinta edición, toda una declaración de principios. Además de dar publicidad a la experiencia a través de los resúmenes hechos por otros participantes como el de Alberto Ortega del equipo WONT o el de Tony Corredera o Carmen Soler, quería compartir mis impresiones y conclusiones:

  • Este movimiento internacional no ha llegado a Euskadi. Las ponencias y los ponentes, las empresas vinculadas no procedían de nuestra tierra.
  • La presencia de investigadores de la talla de Robert VallerandMihály Csikszentmihalyi o Marisa Salanova dejan claro que la Psicología Positiva ha generado base científica desde la que plantearse el reto de la felicidad en el trabajo.
  • Hay empresas de distinto tamaño como Mahou o Chiesi que están apostando por implantar sistemas de medición y de mejora tendentes a obtener avances en el bienestar de las personas que trabajan en sus organizaciones.
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Cuadro 1

Por otra parte, la segunda invitación aludía a la conexión entre inteligencia emocional y felicidad. En este sentido habría que hablar de los estudios sobre las consecuencias de la aplicación de la inteligencia emocional en ciertos ámbitos. Parece que queda claro que en el ámbito de la salud, de la educación y, al menos, de las organizaciones hay una vinculación entre inteligencia emocional y bienestar, eficiencia y clima positivo. Por una parte una referencia es Rafael Bisquerra y, por ejemplo, su trabajo “Cuestiones de bienestar“, por otra parte los estudios sobre la tasa de abandono de tratamientos (ver cuadro 1), o las investigaciones del grupo WONT el modelo HERO de organizaciones saludables y resilientes. Desde hace tiempo el CIE ha estado colaborando con el equipo de la UPV dirigido por Sabino Ayestarán sobre los equipos de innovación. Siempre desde la intuición de que ser inteligente emocionalmente en el contexto de las organizaciones lleva a la colaboración y a la innovación.

B.J. Fogg y el asistente para el cambio de comportamiento

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Hace unas semanas traíamos a este blog algunas ideas de B.J. Fogg “A Behavior Model for Persuasive Design” Recordábamos con el director del Persuasive Technology Lab de la Universidad de Stanford algunos elementos centrales de la simplicidad aplicada al diseño de comportamiento.

Hoy me gustaría compartir contigo su “asistente para el cambio de comportamiento”, una herramienta práctica, sencilla y útil para facilitar el cambio conducta que puedes encontrar aquí.

A pesar de su nombre, no es una aplicación de software; es una forma sistemática de pensar sobre el cambio de comportamiento que nos ayuda a simplificar y a concretar. Primero clasifica los objetivos de cambio de comportamiento en diferentes tipos (aumentar, reducir, implementar …). Después se centra en el tipo de señales a emplear así como en las técnicas pertinentes para alcanzar las conductas meta.

 Vayamos por partes. En primer lugar es preciso aclarar cuál es la conducta objetivo y distinguirla de las demás. Se trata de aislar e identificar la conducta objetivo, lo que queremos cambiar. Siendo lo más concreto y preciso posible.

Una vez seleccionada la conducta el asistente te propone las siguientes Riaño fogg 1preguntas:

a) ¿Qué Tipo de Cambio buscas? ¿Una nueva conducta? ¿Restaurar una conducta que antes formaba parte de tu repertorio y ahora no? ¿Incrementar la frecuencia o intensidad de una conducta ya existente?

b) ¿Por cuánto tiempo quieres cambiarla? ¿por una sola vez? ¿por un periodo de tiempo determinado? ¿de ahora en adelante?

De la respuesta a estas preguntas podemos clasificar la conducta. Fogg nos propone diferentes colores, que nos ayudarán a recordar nuestra clasificación:

Un comportamiento verde es un comportamiento nuevo para esa persona. Diseñar para lograr comportamientos verdes requiere una consideración especial. Por ejemplo, hacer el comportamiento más simple (lo que reduce la ansiedad), proporcionando apoyo social, etc.

Un comportamiento azul es una conducta familiar para esa persona. Los diseños para lograr comportamientos azules pueden recurrir a la experiencia pasada ya que es algo que la persona hacía y ha dejado de hacer.

Un comportamiento púrpura pretende aumentar un comportamiento familiar. Algo que ya hace. Aumentar de alguna manera: más tiempo, mayor intensidad, más esfuerzo. Por ejemplo, caminar un km al ritmo normal sería un comportamiento azul. Pero caminar más rápido de lo habitual 1 km sería un comportamiento púrpura. También caminar más lejos de un km, más rápido o caminar cuesta arriba.

Un comportamiento gris pretende reducir un comportamiento habitual. Puede disminuir en intensidad, duración o frecuencia. A veces un cambio de comportamiento puede ser visto tanto como un comportamiento gris y púrpura, como las dos caras de una misma moneda.

Un comportamiento negro designa el cese de un comportamiento existente. Por ejemplo, dejar de fumar.

Una vez clasificado, debemos plantearnos por cuánto tiempo queremos ese cambio: ¿por una sola vez? (Dot) ¿por un periodo de tiempo determinado? (span) o ¿de ahora en adelante? (path)

 Analizar cómo se desencadena una conducta es lo suficientemente importante que merece una fase separada en el Asistente de comportamiento.

Para que una conducta se produzca deben darse EN EL MISMO MOMENTO los tres factores clave: SEÑAL – HABILIDAD – MOTIVADOR.

Finalmente, FOGG nos aporta algunas técnicas y herramientas para producir el cambio.

Las puedes encontrar en su web www.behaviorwizard.com

 

¿Qué te parece “behaviorwizard”?

 

 

 

 

 

Hablando de ansiedad y cómo reducirla

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Uno de los mayores males de nuestro tiempo transmoderno, que atenaza y genera un profundo malestar en las personas, es la ansiedad. Una emoción que se asocia al estrés y a la depresión. De hecho los ansiolíticos e hipnóticos están entre los grupos farmacológicos más prescritos en la mayoría de los países desarrollados. En concreto, en España, el consumo de ansiolíticos e hipnóticos, aumentó un 57.4% en el período 2000-2012. Los sedantes aumentaron un 81,8% y los ansiolíticos un 46,8%.

En Euskadi, contamos con una prevalencia del 20,0% en los síntomas de ansiedad y depresión. Estos son datos que ponen de manifiesto que una gran parte de la población lucha constantemente contra la ansiedad.

En el post anterior, Adriana nos hablaba de la incapacidad para conducir las emociones. Pero ¿cómo podemos conducir la ansiedad?

Para responder a esta pregunta me inspiro en un interesante libro, Ecuaciones emocionales que desde hace algún tiempo utilizo en mis talleres porque contiene unas prácticas indicaciones sobre cómo manejar algunas ecuaciones matemáticas para gestionar de manera creativa las emociones complejas.

222404__cold-winter_pLa ansiedad, forma parte de las emociones complejas, que se materializan en una mezcla de diversas emociones, todas dirigidas hacia algo concreto, pero despertadas por varios y a menudo contradictorios aspectos del objeto o la situación.

Como emoción compleja y socialmente construida, en contextos de dificultad e incertidumbre, la ansiedad (que vuelve a visitar este blog) se contagia y se generaliza.

La ecuación de la ansiedad tiene dos variables; lo que no sabemos (incertidumbre), y lo que no podemos controlar (impotencia), que paraliza y genera malestar, lleva a la tristeza, a la desilusión , baja las expectativas personales y abre la puerta a la depresión. 

Aparece cuando nos anticipamos a los acontecimientos, no importa cual sea la causa, bien por una experiencia que aún no se ha vivido, algo que no ha ocurrido y que posiblemente no llegue a ocurrir, o bien por sobreestimar la percepción de peligro, de una amenaza. Por ejemplo, perder el trabajo, o la casa, que un familiar tenga un accidente, que nuestros hijos tengan un difícil futuro, o que no seremos capaces de realizar un trabajo, una tarea.

Lo cierto, es que ante esta percepción de peligro, menospreciamos nuestra capacidad para enfrentarnos a él, dando paso a la ansiedad. Como emoción que se anticipa al hecho, su dimensión temporal es el futuro, pero vivida en el presente. Por tanto, podemos ver que la ansiedad está alimentada por el miedo a lo desconocido y a la creencia de que no tenemos ningún control, pero también se alimenta de la vergüenza (que es una emoción social paralizante).

En una sociedad y cultura como la nuestra, en la que no se tolera la angustia de la espera, estamos acostumbrados a disponer de todo ¡para ya!, vivimos en una cultura de la prisa, de la inmediatez, de las respuestas para todo en un exceso de racionalidad. Todo tiene que ser perfecto, sin errores, promoviendo una alta autoexigencia por contentar e impresionar a los demás.

Nuestra cultura penaliza, al igual que el error, el mostrar las carencias, las limitaciones personales. Cuestión que genera sufrimiento, y miedo al dolor del mismo. Así mismo, puede promover conductas prepotentes como medida de autodefensa, para ocultar las limitaciones propias. Pero eso, también produce mucha ansiedad y alto estrés, como consecuencia de la resistencia psicológica a lo que sucede, o peor aún , a lo que aún no ha ocurrido.

Al fin y al cabo, la ansiedad es una señal, una alarma de que algo marcha mal en nuestra vida. De echo, he de confesaros, que este post está escrito en un momento y contexto de ansiedad. Por tanto, también me ha servido como estrategia de conciencia y regulación emocional.

Pero ¿cómo podemos (re)conducir la ansiedad?

Echando mano de la ecuación emocional de la ansiedad. Podemos empezar por vivir con humildad, mostrando nuestra vulnerabilidad – al fin y al cabo es una condición humana – porque cuando los demás nos ven vulnerables, siempre hay alguien dispuesto ayudarnos. Siempre hay alguien que nos ofrece su generosidad.

En esta ecuación también entran en juego las expectativas, las cuales debemos ajustar a la realidad en la que nos vemos inmersos, como estrategia “antídoto”, aceptando las limitaciones propias con serenidad, y autovalorando las fortalezas propias.

A lo largo de la vida es imposible controlar absolutamente todo, cuyo intento es comprensible porque las personas necesitamos seguridad, sin embargo, existen variables externas que no podemos controlar, por eso puede ser bueno, a veces al menos, dejar que fluya el caos, que ya lo ordenaremos.

Para combatir la ansiedad también contamos con la relajación, mediante la respiración, muscular y mental. Así como con la visualización positiva y creativa., que ayuda a hacer crecer la autoconfianza y la autoestima. Como parte de esta estrategia contra la ansiedad, una buena medida está en reducir la velocidad de la propia vida, practicar la lentitud.

Y por supuesto, será bueno también darse un tiempo para (pre)ocuparse, eso permite buscar, visualizar alternativas, soluciones, ideas y salidas a las dificultades de la vida.

Y siempre podemos buscar respuestas a grandes preguntas:

¿No estaré sobreestimando el peligro que percibo?

¿De qué recursos personales dispongo para enfrentarme a esa experiencia?

¿Dónde, o en qué puedo, o no puedo influir?, ¿puedo, o no puedo controlar?

 

Conductores de emociones

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Iba a ser otra noche0003_Conductores más de trabajo recorriendo la carretera. Sin embargo, ya se percibía, en su cara y en un intercambio de palabras con otros pasajeros, cierto malestar.
El viaje se había iniciado. De repente, unos gritos alteraron el sueño de quienes dormían…
 
La ira floreció dentro de quien mostraba su enfado al inicio del viaje. A los gritos pedía a un pasajero sentado en la primera fila que apagara su Tablet o se cambiara de sitio, ya que el reflejo que generaba en la luna del autobús lo distraía para conducir. Sin embargo sus gritos eran ignorados por completo, lo que generaba más ira y más enfado.
Ante la impotencia de la situación, pidió angustiado al pasaje que lo apoyara en su reclamo, pero la respuesta fue un profundo silencio de radio…
 
Volvieron a acallarse las voces en el autobús mientras el reflejo de la Tablet continuaba percibiéndose en el cristal y el enfado y la ira se iba contagiando como un virus silencioso.
 
Poco tiempo pasó cuando se realizó una parada para recoger más pasajeros.
Fue entonces cuando la escena volvió a repetirse. El tiempo en silencio le había permitido intentar controlar su estado emocional y si bien se percibía su irritación, también se notaba cierto esfuerzo por dejar al lado su ira. Pero el brote había germinado, y el pasajero comenzó a responderle de muy mala manera.
 
Llegó un momento en que la situación se convirtió en una conversación de sordos, donde los dos gritaban y ninguno se escuchaba, y lo que es peor… otros se sumaron a la discusión y se oían comentarios como –“Pues llama a la policía y que resuelva el problema”, o, – “Arranca de una vez que queremos llegar a destino”…
El enfado y la ira se respiraban en el ambiente y seguían floreciendo. Tal es así, que a poco de reiniciar el viaje, una señora comenzó a quejarse en voz alta de otras pasajeras porque con su charla no la dejaban dormir…
 
Era curioso, el conductor no podía conducir sus emociones y a su vez las reconducía y contagiaba al resto del pasaje…

Historias como estas se repiten a menudo.

No poder regular nuestra ira nos conduce a un secuestro emocional que nos moviliza hacia comportamientos sobre los que no tenemos control.
La buena noticia es que podemos aprender a regular estas emociones y llegar a buen puerto, capeando el temporal con los menores daños posibles. Técnicas de respiración o, por ejemplo, la técnica del semáforo pueden ayudarnos.

Pero esta historia tiene también otro componente. Vemos como la emoción se contagia y esta es otra realidad con la que convivimos diariamente. Al fin de cuentas somos seres sociales y empáticos y no sólo podemos transmitir emociones negativas. La riqueza de la empatía y el contagio emocional radica en la posibilidad de ver al otro con nuevos ojos y, como cuenta Jeremy Rifkin, construir juntos una civilización empática.

Te propongo entonces, un desafío, uno pequeñito, nuestro pequeño grano de arena…¿Y si a partir de ahora nos proponemos contagiar todos los días una sonrisa?
Una sonrisa o una palabra amable, que como en este corto, valide lo importante que cada uno de nosotros es en este mundo.
¡Seamos entonces conductores de emociones constructivas!

¿Cómo conduces tus emociones? ¿Qué otras emociones podemos contagiar?

¿Cómo contagias emociones constructivas?

¿Es posible ser feliz?

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¿Cuál es tu objetivo en la vida? Ser feliz. Esta es la respuesta que di yo, hace ya unos cuantos años cuando descubría el mundo del coaching de la mano de CTI. Ya lo decía Aristóteles “La felicidad es el sentido y la finalidad de la vida, el objetivo y fin de la existencia humana”. Pero, ¿se puede ser feliz? ¿De qué depende la felicidad? ¿Qué hago para ser feliz?

La ciencia de la felicidad

La ciencia de la felicidad

A raíz de dichas preguntas, descubrí algunas respuestas en las miles de páginas que se han escrito sobre la felicidad, tanto en los medios físicos como digitales. Uno de ellos es el excelente libro de Sonja Lyubomirsky, “La ciencia de la Felicidad”.

Sonja nos dice que la felicidad no hay que buscarla, hay que construirla. No se encuentra en ningún sitio. Además, no hay una definición de felicidad universal, para unas personas es una cosa, y para otras otra. Es cuestión de perspectiva y comportamientos.

La felicidad tiene dos componentes

  • La experiencia de las emociones positivas como la alegría, la curiosidad, el interés, el afecto, el entusiasmo, la tranquilidad….

Pero esto no es suficiente, puedes experimentar muchas emociones positivas y no ser verdaderamente feliz. Por lo que es necesario tener en cuenta otros elementos, como son:

  • La sensación de satisfacción con la propia vida. Estar contento con como progresas hacia tus objetivos vitales.

¿Pero, se puede ser más feliz? Claro que sí. Al parecer, la felicidad depende en gran medida de nuestra herencia genética (un 50%), otro 10% es atribuible a nuestras circunstancias, y por último existiría un 40% que podemos considerar de “libre disposición”. Es decir, este porcentaje es el que puede hacernos más o menos felices, en función de nuestra intención de serlo. Es lo que se denomina actividad intencional o deliberada, es decir, aquello que podemos hacer para mejorar nuestra felicidad, mediante nuestra forma de actuar y pensar en nuestras actividades.

El perfil de las personas más felices no está constituido por rasgos personales, si no por un conjunto de comportamientos que realizan con frecuencia. Lo que hacemos o pensamos ejerce un tremendo impacto en nuestro bienestar.

Sonja nos propone hasta doce actividades para mejorar nuestra felicidad:

  1. Expresar gratitud: sentirse a gradecido y mostrar dicho agradecimiento a las personas.
  2. Cultivar el optimismo: fijarnos más en lo bueno que en lo malo, cambiar de perspectiva.
  3. Evitar pensar demasiado y la comparación social: Darle demasiadas vueltas a las cosas puede llevarnos a tener un enfoque distorsionado y pesimista de nuestra vida.
  4. Practicar la amabilidad: Ser amable es bueno para el que recibe, pero también para el que practica.
  5. Cuidar las relaciones sociales: Las personas felices son extraordinariamente buenas en sus amistades, su familia y sus relaciones íntimas.
  6. Desarrollar estrategias para afrontar: Es lo que hacemos para aliviar el dolor, el estrés o el sufrimiento provocado por un acontecimiento. Se puede entender como resiliencia o aguante.
  7. Aprender a perdonar: Perdonar implica cambiar tu manera de pensar de tal modo que tu deseo de perjudicar a esa persona ha disminuido y tu deseo de favorecerla (o de beneficiar vuestra relación) ha aumentado. No implica reconciliación, indulto, negar el daño o el olvido.
  8. “Fluir” más: Si alguna vez has estado tan absorto en lo que hacías que has olvidado la noción del tiempo, entonces has experimentado el estado de “fluir” acuñado por Mihaly Csikszentmihalyi.
  9. Saborear las alegrías de la vida: Disfrutar de la vida son aquellos pensamientos o comportamientos capaces de generar, intensificar y prolongar el placer. Se trata de vivir el aquí y el ahora. Los pequeños detalles.
  10. Comprometerte con tus objetivos: las personas que se esfuerzan por conseguir algo que es importante, son mucho más felices que las que no tienen sueños ni aspiraciones firmes. Si encuentras una persona feliz, encontrarás un proyecto.
  11. Practicar la religión y la espiritualidad: las personas religiosas son más felices, más sanas y se recuperan mejor de un trauma que las personas sin creencias.
  12. Ocuparte de tu cuerpo: contempla tres aspectos la meditación, la actividad física y actuar como una persona feliz.

 

Y a ti, ¿Qué te hace feliz?

El miedo y la innovación

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Miedo 8El pasado 26 de mayo asistí a una jornada organizada por APD que llevaba por título “¿Quién mato la innovación? Pistas clave para descubrirlo”. Me gustó mucho la primera parte de la misma en la que Nerea Sesumaga y Gonzalo Alonso-Alegre Díez, de Coneklab, nos dieron las claves sobre quiénes son los asesinos de la innovación; es decir, “los culpables de que en las empresas no se innove o no se haga de la manera adecuada”. Voy a resaltar las ideas que me llevé de la charla y al final haré una pequeña aportación personal.

Cuando uno mira a las empresas u organizaciones innovadoras y se pregunta qué es lo que tienen en común la respuesta no es ni la situación económica, ni el tamaño, ni el sector… La respuesta es que tienen personas innovadoras, personas que tienen ideas, personas que arriesgan… ¿Y eso cómo se consigue? Partiendo de lo básico, asumiendo que a la única persona que podemos cambiar es a la que nos mira en el espejo.  Es bueno plantearse ¿qué he hecho diferente hoy, esta semana? ¿qué sitios o personas nuevas he conocido? ¿qué he probado a hacer de distinta manera?… La buena noticia es que el cambio está en nuestras manos. Además, el coste de no hacerlo no es asumible… El mundo cambia muy deprisa y nosotras y nosotros debemos hacerlo con él.

“Entre todos la mataron y ella sola se murió”… Hagamos un repaso de cuáles son los asesinos de la innovación, que la van matando poco a poco con actitudes como las siguientes:

Los JEFES:

  • “Mi puerta siempre está abierta”… pero no hay quién se atreva a cruzarla.
  • Cuando no practican lo que dicen, o incluso hacen lo contrario de lo que dicen. [Como cuando decimos a nuestros hijos que no hay que mentir, suena el teléfono y nos dicen: “Es amama”; a lo que respondemos: “Ahhh… dile que no estoy”].
  • Cuando “invitan” a estar de acuerdo… “No sé qué más hacer para convencerte”; todo requiere autorización; hay obsesión por el control; se critica en público; la información no fluye (muchas veces tienen personas que actúan de filtro; o se rodean de personas “quedabien”).

Algunas cosas que podrían hacer para fomentar la innovación: solucionar problemas; tener una auténtica política de puertas abiertas que se pueden cruzar; permitir el error y que se hagan las cosas de diferente manera; potenciar la colaboración.

Los COMPAÑEROS:

  • Con el miedo al cambio y las resistencias: ¿Va a suponer más trabajo? ¿Van a ser necesarios conocimientos que no tengo? ¿Perderé el estatus?…
  • Suele haber muchos “envenenadores de pozos”, que siempre sacan pegas y matan las ilusiones de otros…
  • El pensamiento grupal es muy homogeneizador; pensar distinto puede hacer que uno sea excluido del grupo o que tenga problemas.
  • Cuando no se participa o se participa con “agenda propia”; cuando no se comparte (información, recursos, etc.)

Algunas cosas que podrían hacer para fomentar la innovación: meter la innovación en la agenda (haciendo algo nuevo todos los días/semanas); fomentar y animar a quienes son innovadores.

Los DIRECTORES DE RECURSOS HUMANOS:

  • Cuando contratan principalmente gente de su estilo (del mismo colegio, universidad, club, etc.).
  • Establecen normas y horarios estrictos.
  • Ofrecen cursos con los de siempre y sobre los mismos temas.
  • No habilitan ni lugares ni espacios para que la gente se relacione.
  • Cuando no participan en el negocio, sólo en su área, siendo los que más conocen la empresa porque conocen a las personas.

Algunas cosas que podrían hacer para fomentar la innovación: contratar personas diferentes con nuevos punto de vista (sabiendo que va a suponer una cierta dificultad); potenciar el trabajo en equipo; ofrecer cursos diferentes a los habituales; dar autonomía (señalar retos y objetivos y dejar que las personas se organicen).

:

  • Dejas pasar oportunidades (por miedo, vergüenza, etc.).
  • Te falta de tiempo, siempre estás muy ocupado para cambiar algo.
  • Haces lo mismo de siempre (mismo lugares, rutinas, personas, etc.). No pruebas nada nuevo.
  • No ayudas (escuchando, atendiendo) a los jóvenes.
  • Las propias creencias y limitaciones, lo que uno opina de sí mismo… que unido al miedo al fracaso y a la crítica pública…

Algunas cosas que podrías hacer para fomentar la innovación: hacer cosas diferentes; introducir pequeños cambios; ponerte retos; empezar YA.

El SISTEMA EDUCATIVO (Universidades, colegios, escuelas, etc… que algunos consideran “arma de destrucción masiva”):

  • Hay una pregunta que nos debemos hacer… ¿Qué tipo de seres humanos queremos que sean nuestros hijos e hijas? La educación no es sólo, ni principalmente diría yo, cuestión de conocimientos.
  • Se da primacía a lo técnico descuidando aspectos fundamentales en la educación como son el trabajo en equipo, la colaboración, la inteligencia emocional, etc.
  • Tiende a igualar en lugar de potenciar a quienes son diferentes.

Algunas cosas que podría hacer para fomentar la innovación: organizar las aulas y las clases de diferente manera; inspirar; ilusionar; compartir (que no es lo mismo que impartir).

La SOCIEDAD y la CULTURA:

  • El mundo está ‘hiperconectado’ y no siempre somos conscientes de lo que eso implica…
  • Hay una actitud bastante generalizada de… “¿Crisis? ¿Qué crisis?”… “Esto pasará”.
  • “Cultura del listo”, que produce otra actitud… “No voy a aportar ideas porque igual me las roban…”.
  • “El ganador se lleva todo”… Y al oponente (ya sea en política, en la empresa, el deporte…) se le ningunea, se le ignora. ¿Acaso no tiene también buenas ideas o aptitudes?
  • “No queremos problemas”… A ver quién discrepa o encuentra problemas en un entorno así…
  • “Siempre se ha hecho así”; “Aquí no va a encajar”; “Ya sabemos lo que hay que hacer”; “Es mejor que sigamos haciendo como hasta ahora”; “No te fíes…”.
  • Tenemos unas relaciones laborales del siglo pasado… Hoy en día el empleo y sus condiciones no están aseguradas.

Algunas cosas que podría hacer para fomentar la innovación: trabajar la colaboración y la aportación.

Las EMPRESAS:

  • Cuando se vive de éxitos del pasado.
  • Cuando crean un departamento de innovación y se olvidan de trabajar ésta de forma transversal.
  • El exceso de burocracia paraliza cualquier intento de cambio.
  • Cuando se planea mucho y se ejecuta poco… “Parálisis por análisis”.

Me pareció muy sugerente la aportación que hizo Ángel Jareño Goikoetxea, Subdirector General del Grupo Uvesco (“una de las empresas líder en la distribución alimenticia de la zona norte de la península”), de cómo se plantean ellos la innovación. La entienden como la suma de creatividad más implantación y asumen claramente que pivota sobre las personas. Por eso desarrollan cuatro puntos: 1) autoconfianza, las personas tienen que sentirse capaces; 2) conocimientos técnicos, parte del empoderamiento pasa por la capacitación; 3) querer cambiar, las personas tienen que querer cambiar; 4) expectativas de que el cambio es bueno para mí; los cambios cuestan, por lo que hay que estar convencidos de que merece la pena.

En la Jornada también participaron Oscar Terol y Asier Hormaza que escenificaron situaciones comunes y nos hicieron reír con algunos tópicos. En el diálogo Oscar Terol señaló que para él “innovar es no rendirse”, es una cuestión de actitud, y para ilustrarlo contó los avatares que habían sufrido hasta el estreno de “Allí abajo”. Cuando tenían comprometida una serie con Antena 3, con el visto bueno económico, tuvieron que cambiar la idea inicial por una serie que se había estrenado en Tele 5. Se reunieron y decidieron no darse por vencidos…

De todo lo que escuché saqué una conclusión… El mayor asesino de la innovación es el MIEDO, que está presente en las personas, los grupos, la sociedad, las organizaciones… y como dice mi amigo Rogelio, “es una de las emociones que, fuera de su función puramente adaptativa para nuestra supervivencia, más nociva resulta en nuestra sociedad actual”. El miedo produce parálisis, estancamiento, letargo, statu quo, etc. Por tanto, lo primero que debemos hacer para desarrollar la creatividad y aplicarla es detectar el miedo, saber cómo funciona y enfrentarlo…Y generar o promover entornos libres de él.

¡Decídete, hazlo! ¡Atrévete a cambiar!

Fluir o los momentos placenteros del desarrollo

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Te voy a pedir que pienses en la última vez en que te hayas sentido…

- Estás totalmente concentrado en alguna actividad… ¡y lo que estás disfrutando!

- Has perdido la noción del tiempo… y del mundo… ¡parece que nada más existe!

- Estás ante un reto…complejo… ¡pero ves clarísimo qué es lo que tienes que hacer para seguir adelante, y claro que te sientes capaz de dar esos pasos!

- En ese estado de concentración y claridad máxima… te sientes que todo tiene sentido… más allá de ti, de la tarea… como si fueras parte de algo mayor a ti mismo

- Y lo que estás haciendo, ¡ya lo creo que vale la alegría de hacerlo!…No por lo que vas a conseguir, ni por el qué dirán… sino por la actividad en si misma.

¿Te acuerdas? ¿Te acuerdas de la emoción, la sensación de pleno disfrute que te embargaba? Puede ser un momento relacionado con alguna actividad de ocio, alguna actividad en tu trabajo,… y seguramente estará relacionado con alguna habilidad personal que tengas.

Fuente: wikipedia

Fuente: wikipedia

Pues a ese estado en el que te sientes que lo que estás haciendo tiene todo el sentido del mundo, que implica ponerte a prueba pero en el que te sientes que estás aportando lo mejor de ti mismo, dando “un poquito más”, convirtiéndose en un reto personal, y en el que estás experimentando el disfrute máximo,  Mihaly Csikszentmihalyi lo bautizó como “Fluir” o estado de flujo.

Un estado de fluidez que se asocia a esa “experiencia óptima”, que ha escapado a la ansiedad (demasiado complejo) y al aburrimiento (demasiado fácil), y que te ha permitido ordenar, con una claridad extraordinaria, el caos reinante en tu mente. Un estado que te lleva al disfrute y que te sirve como estímulo adecuado para buscar nuevos desafíos y hacer que tú crezcas como persona.

Tras más de doce años de estudios, en los que se han analizado personas y situaciones tan diversas como un estudiante en Asia, a un joven escalador en Norteamérica, a un ajedrecista soviético, a una abuela en las montañas de Los Alpes o a un director de empresa, se han encontrado en todos ellos, una serie de puntos que confluyen en situaciones que propician ese estado de fluidez.

1- Desafío que requiere de nuestras habilidades. Se trata del “más difícil todavía”, un desafío que pone a prueba nuestras habilidades, que pide de nosotros un poquito más… lo suficiente para retarnos sin abrumarnos.  Gracias a ese “un poquito más”, las actividades de flujo conducen al crecimiento y al descubrimiento.

2- Concentración y enfoque. Perdemos el límite entre nosotros mismos y la actividad, nos sentimos uno con nuestro entorno, con la actividad. En ese estado, nuestra mente discurre libre y armónicamente.

3- Metas claras. En ese estado, tenemos claro a dónde queremos llegar, o aunque no veamos la meta final, sí cuál es la siguiente etapa. La claridad en la percepción de esta meta se nos presenta como un motor que nos impulsa hacia ese “un poquito más”.

4- Directa e inmediato feedback. Somos capaces de observar indicios de que lo que estamos haciendo va por buen camino, lo que nos ayuda en nuestro desarrollo.

5- No hay espacio para otras informaciones. En los momentos de flujo sólo existe ese momento, ese lugar, esa situación. Es como si desconectáramos de cualquier hecho ajeno, y nuestra mente se ordena para dar respuesta a esa situación.

6- Sentimiento de control personal sobre la situación o actividad. A pesar de que existen aspectos que dependen de nosotros y otros ajenos, en los estados de flujo tenemos la sensación subjetiva de poder controlar esa situación. Nos sentimos plenamente capaces.

7- Pérdida del sentimiento de autoconciencia. Nos olvidamos de nuestra propia personalidad, y como las demandas del “yo” consumen continuamente una elevada cantidad de energía, el liberarse de ellas, liberamos una gran energía que podemos dedicar a otros fines. Paradójicamente, cuando logramos olvidarnos de quién o de qué somos, podemos expandir aquello que somos, al emerger tras la experiencia vivida con más fuerza.

8- Distorsión del sentido del tiempo.  La dimensión objetiva del mundo externo se vuelve irrelevante, y la percepción subjetiva de la experiencia temporal se ve alterada, por lo que las horas nos parecen ¡minutos!

 

No se trata de actividades extraordinarias, sino experiencias subjetivamente agradables, que tienen relación con mis habilidades y capacidades. Se trata de lograr un propósito que trasciende de uno mismo, que tiene pleno sentido para mi en si mismo, y que implica autoretarme al requerir de mi “un poquito más”, poniendo a prueba mis límites, pero encontrando en mis habilidades y capacidades la fuerza suficiente para superar el miedo y emplearlo como fuerza impulsora y motriz.

 ¿Qué tipo de situaciones son las que hacen que vuelen tus horas?

¿Haces algo para fomentarlas?