Inteligencia emocional

Mi esperanza lleva tu nombre

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Pido perdón por ser reiterativo, porque en esta ocasión también voy a escribir sobre todas esas personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares, sus lugares de origen, sus raíces, y correr todo tipo de peligros para conseguir el triste estatus de refugiadas, con el sueño de conseguir una mejor vida. Miles de personas que han dejado atrás sus vidas, sus amistades, sus familiares muertos.

Son seres humanos extremadamente vulnerables, desnudos de todo, menos de su esperanza, de su tesón en lograr un futuro para sus familias.

Ya he escrito sobre esta cuestión en otras ocasiones, en mi blog personal, El Faro de las emociones  cuando presentaba el libro de Pati Blasco, La piel desnuda, allá en el año 2011, y en éste mismo blog, el pasado mes, en el post titulado Vomitona emocional.

Y escribo de nuevo sobre ellas porque creo que tenemos un compromiso moral y ético de velar por los ideales de libertad, igualdad y justicia, y denunciar, al menos, con nuestras palabras, una situación que hoy sigue agravándose, porque nos estamos olvidando de todas estas miles de personas, las estamos haciendo invisibles.

Mi intención ahora, con un mensaje más sereno, reflexivo y sin dramatismo, es la de provocaros, a vosotros y vosotras quienes leías estas líneas, algunas emociones, porque cada uno y cada una de nosotros y nosotras, somos también extranjeros, quizás lo fuimos, quizás lo seamos.

Recordando algunas de los pasajes del libro de Pati, tal vez, si fuésemos capaces de arrancarnos el miedo, la ignorancia, la violencia y mirarnos con el alma despierta y ver más allá de este indecente fenómeno de la inmigración y de los refugiados, de ver más allá del color de la piel o de la tierra de origen, más allá de las fronteras, nos encontraríamos cara a cara con seres humanos sufriendo.

Por qué a tanta gente le molesta, ¿o le asusta? que el mundo sea de todos y todas, al fin y al cabo, ¿qué es una frontera?, ¿qué finalidad tiene?, ¿qué culpa tiene nadie de haber nacido a un lado u otro de cualquier frontera?

Y quienes se llevan la peor parte, si podemos decirlo así, son los niños y niñas. En realidad este post está inspirado por un tremendo reportaje fotográfico publicado en el suplemento Semanal de El Correo, sobre dónde y cómo duermen, mejor dicho, intentan dormir, los niños y niñas en los campos de refugiados. Una manera de darles visibilidad.

Son niños y niñas que han tenido que dejar allá, de dónde huyeron, sus juguetes, rotos por las bombas;

El reportaje muestra a Shed, 7 años, le encanta dibujar, al huir tuvo que dejar sus papeles y sus lápices de colores, ahora su única preocupación es qué comerá mañana.

Amir, con veinte meses de vida, nació ya como refugiado. Lamar, de cinco años, duerme en el bosque. Radia de siete años y su hermano Rahaf de trece, duermen con su padre entre cartones, soñando con su madre asesinada.

Abdullah, está enfermo, pero su madre un puede comprar las medicinas que necesita, todas las noches tiene pesadillas. Ahmed, seis años, su cama es la hierba, salió de Siria con su tío cuando asesinaros a sus padres. ¡Sólo llora por las tardes!. Fara de dos añitos, sólo tiene un balón de trapo. Mahdi, también dos añitos, no ha conocido otra vida que la guerra, en las fotos aparece dormido, agotado, tras un día en el que la policía húngara había usado gas lacrimógeno contra ellos. Fátima de nueve años, tardaron dos años en llegar de Libia a Suecia, donde viven ahora, pero no puede dormir.

A pesar de todo, ellos y ellas han tenido suerte, porque entre toda esta enorme cantidad de personas refugiadas, según Europol, más de 10.000 mil niños y niñas han desaparecido. Y esta cuestión, no nos es lejana, en España, entre la población inmigrante y refugiada, desaparecen 100 niños y niñas al año.

Son personas, de diferentes culturas, diferentes costumbres, otras vidas, ahora desnudas. Algunas de las pieles que más sufren son las de esos cientos de miles pieles infantiles, pieles inocentes. Pieles a las que nadie tiene derecho a negar sus opciones de futuro, pieles ahora desnudas, rasgadas, ensangrentadas por tantas vallas dañinas y excluyentes.

Vallas y muros impunes, reflejo vergonzoso de la intolerancia, del miedo a los diferentes, recordando a Zigmun Bauman en su obra La postmodernidad y sus descontentos, a los considerados, por algunos y algunas, como suciedad en nuestra “limpia sociedad”.

Perversos discursos que buscan la construcción de determinadas emociones sociales contra los inmigrantes, contra los refugiados, contra personas que huyen del horror.

En el mismo sentido de denuncia Francesc Serés en su libro “La piel de la frontera”, nos muestra diversos relatos sobre la realidad de precaria supervivencia de individuos que huyendo del hambre, de la miseria, de las guerras, intentan sobrevivir mientras se enfrentan al rechazo la xenofobia y la incomprensión.

Y yo me pregunto, y os pregunto, ¿Dónde están los valores de solidaridad, igualdad y altruismo?, ¿Dónde está la ética?, más allá de en vacías palabras de las peroratas políticas.

A pesar de todo, quiero acogerme al mensaje de esperanza e ilusión, de tener presente el amor como refugio para el dolor (por eso la imagen de cabecera).

Propongo seguir soñando con que todo irá bien, es demasiado terrible pensar que no será así, con esperanza, con confianza en que ocurra, en que todos estos niños y niñas puedan lograr sus sueños y deseos. Las pieles desnudas, son todas iguales, desnudas.

Mi esperanza lleva tu nombre, el nombre de todos y todas esos y esas niñas.

 

 

 

 

 

 

¿Y a ti qué te parece?

¡¡¡¡Hola gente del mundo!!!!

En el momento que sentimos la inquietud de ir más allá de nuestras propias limitaciones y entregarnos en cuerpo y alma al descubrimiento de nuestras propias capacidades, una llama de energía y esperanza se enciende dentro de nosotros.

El proceso ya ha empezado, aquello que nos hace mover se ha abierto paso entre las tinieblas de las rutinas sombrías de la vida cotidiana.

Parece, en ese momento que ya está claro hacia dónde queremos dirigir nuestras vidas. Clarificar cuál o cuáles son las metas es el paso siguiente antes de comenzar el viaje.

La meta es un objetivo que nos planteamos nosotros con el fin de satisfacer alguna necesidad o como consecuencia de mejorar una situación desagradable en nuestras vidas. En todo momento y en cualquier situación estamos constantemente cumpliendo metas, satisfaciendo necesidades sean estas más o menos básicas, como comer, beber o relacionarnos tanto como más complejas o de identidad superior como podrían ser el desarrollo personal o la búsqueda de alguna manera de trascender en el tiempo.

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Estas metas u objetivos se transforman en los faros que iluminan el camino por donde vamos a transitar. Cuando las metas son de escaso recorrido como las más básicas y en el supuesto que vivamos en una situación de fácil adquisición de las mismas, no suponen en principio un esfuerzo mayor ni físico ni intelectual, sin embargo cuando las metas suponen superar ciertos retos, las estrategias, esquemas, criterios y el conjunto de nuestras capacidades se van a poner a prueba para conocer si vamos a poder conseguir estas mismas metas.

La puesta a punto, todos de alguna manera hemos realizado un viaje que en el que hemos tenido que hacer ciertos preparativos, pues en la realización de nuestras metas ocurre igual.

Antes de lanzarse a realizar las acciones necesarias para la consecución con éxito de nuestras metas, debemos preguntarnos qué necesito para conseguirlo.

Aunque hay multitud de factores que pueden influir en llevar a cabo una meta, nos vamos a fijar exclusivamente en las facultades propias.

En el conjunto de capacidades, habilidades, destrezas y competencias de una persona a la hora de llevar a buen término una acción.

Dentro de este conjunto está entre otras, la motivación, el liderazgo, la resiliencia, la capacidad de frustración, la disciplina… todas ellas están basadas en un conglomerado de creencias que tenemos sobre las mismas y sobre nosotros mismos.

Así la asunción de un reto, supone la creencia de que estamos capacitados para superar dicho reto con solvencia, pero no siempre es así. Uno de los enemigos del éxito puede ser la sobrevaloración de nuestras capacidades, que a su vez puede esconder un cierto grado de optimismo irreal.

Aunque muchas de las metas que nos planteemos dependen de nosotros, otras el éxito o no dependerá de la voluntad de otras personas ajenas a nuestras metas, con intereses diferentes y con motivaciones privadas.

El futuro un camino incierto es. Yoda.

Parece que hemos descubierto una de las múltiples posibilidades que existen antes de llegar a la meta. Los problemas son una de las condiciones inherentes a la consecución de cualquier objetivo planteado. Ya que está demostrado estadísticamente que no hay nada que salga a la primera o que aun saliendo se pueda repetir de continuo. Por lo que asumir que existen estos problemas y transformarlos en retos, nos ayudara a la hora de establecer cuál va a ser nuestra actitud frente ellos.

Esta actitud está relacionada íntimamente con el aprendizaje, nadie sabe de todo en todo momento. Por lo que cuando iniciamos el camino hacia estas nuevas metas, también iniciamos un camino de aprendizaje.

Esto nos va a suponer un esfuerzo mayor no solo de tiempo sino también intelectual ya que con toda seguridad se va a dar una confrontación de paradigmas, entre los que ya tenemos y los que debemos asimilar para continuar el camino con éxito.

La no asimilación de estos nuevos paradigmas podría provocar la no consecución de las propias metas. Fíjese que no utilizo la palabra fracaso.

Fracasar es no tener éxito u obtener un  resultado adverso, sin embargo a esta palabra se le ha dado otra atribución que no tiene por qué ir aparejada de continuo. Frustración.

La emoción de estar frustrado conlleva asociados pensamientos de minusvaloración sobre la persona y sus acciones. Transformar estos pensamientos es clave fundamental para continuar en el camino.

Nuestra capacidad para estar frustrados será un indicativo de nuestra capacidad de esfuerzo ya que como hemos visto anteriormente los problemas forman parte de viaje.

Mayor es el éxito cuanto mayor es la adversidad a la que te enfrentas.

Unido a esta serie de dificultades están las propias de pensar de una determinada manera. Albert Ellis estableció un serie de pensamientos irracionales sobre la base de cómo observamos el mundo, como nos vemos a nosotros y como vemos a los demás. Todas ellas tras una apariencia de obligaciones de cómo deberían de ser las cosas.

Ser conscientes de estos tipos de pensamientos y transformarlos si es necesario, posibilitaran  el alcance de los objetivos.

En el apartado de competencias habrá que poner especial interés aquellas que tengamos que adquirir o aquellas que tengamos que transformar. Para ello tendremos que poner atención en aquellos resultados que no están  acorde con lo esperado. Teniendo en cuenta dos aspectos, lo que depende de nosotros, lo que no, y la capacidad de influencia que tengamos en el entorno.

Si la consecución de una meta depende de la aceptación o no por parte de terceras personas esta meta es solo posible si los otros la aceptan por lo tanto ya no depende de nosotros y así debe ser visto.

La limitación se encuentra en la capacidad de la persona de aceptar los fracasos como éxitos transitorios con el aprendizaje que acarrean.

Un fracaso es una forma menos de errar en el camino hacia el éxito.

El otro aspecto es aprender nuevas formas de influencia como medio para conseguir nuestros objetivos.

El liderazgo… es la capacidad de influenciar en los demás y en uno mismo para que llevar a cabo una determinada conducta.

La influencia en los demás requiere de aprender cuales son las motivaciones internas del grupo o personas y eso implica desarrollar nuevas competencias asociadas al grupo o persona objetivo.

Sin embargo a nivel personal la influencia está dirigida hacia la motivación, persistencia y resiliencia que uno es capaz de mantener en el tiempo.

Mantenernos en  un estado motivado nos hará tomar una perspectiva más favorable de nuestras acciones, persistir firme en la ejecución de las tareas y superar las adversidades saliendo fortalecido de las mismas son cualidades necesarias para desarrollo de las acciones inherentes a la consecución de objetivos.

De todas las causas por la que una persona puede tirar la toalla, el miedo es la principal

El miedo es una emoción que lleva con nosotros desde los inicios de la especie humana y es la responsable de que hoy estemos aquí, ya que sin él, probablemente seríamos una especie extinta de la tierra.

La función del miedo es la de protegernos frente cualquier amenaza relacionada con nuestro bienestar, integridad física o psicológica.

Pues bien… la sola consideración de un resultado adverso dentro del proceso de acciones para el desarrollo de las metas puede activar de forma involuntaria esta emoción, ya que este resultado interpretado de una manera específica – si sale mal va a dañar mi ego, autoestima… – conlleva la activación de la protección de nuestra persona en todos sus aspectos.

En algunos casos la mal interpretación de los resultados como algo que supera las capacidades del individuo puede generar ansiedad anticipatoria, lo que comporta el cese de las acciones necesarias.

Como hemos dicho anteriormente, son las creencias sobre la persona las que posibilitan las técnicas de afrontamiento de las diferentes situaciones que se van extendiendo a lo largo del camino.

No hay mayor enemigo que el que está dentro de ti.

Como superar el miedo… difícil pregunta… si nos atenemos a la función que tiene el miedo, la solución para evitarlo sería retarlo, observar las consecuencias e interpretar los pensamientos y por ende las emociones que han producido este miedo.

De no ser “para tanto” habremos eliminado unos de los miedos que hayamos tenido sobre ese  hecho en particular. Tan fácil y tan difícil.

Normalmente no es tan fácil, si recordamos cuales la función del miedo, la de protegernos de amenazas sobre nuestra persona, podremos actuar sobre otro de los elementos que configuran el miedo, la protección.

Como cualquier animal y vegetal de la tierra tenemos un instinto muy desarrollado de supervivencia, hasta ahí todo correcto pero además como especie evolucionada, añadimos a ese desarrollo la consciencia de existir.

Y es la propia consciencia sobre la existencia la que por  otro lado la que nos provoca un cierto malestar, existir si pero como. De ahí la preocupación por el bienestar.

La definición de bienestar, se podría explicar como un estado de equilibrio donde las necesidades particulares de cada uno están satisfechas. Que cada cual le ponga características individuales. Homeostasis.

Recordamos que el bienestar esta relacionado con aspectos físicos- nutrición, salud…- aspectos psicológicos como la felicidad, el concepto que tengamos de nosotros y la autoestima, entre otros. Pero es este último el que más influencia puede  tener sobre nuestra conducta y actitud, ya que es la valoración que tenemos de nosotros. Así sea la valoración que tengamos así será  nuestra conducta.

Por lo tanto y en relación de las amenazas de las que nos protege le miedo, la autoestima que tengamos sobre nosotros y el cómo interpretemos los resultados en función de la repercusión que tengan en todos los aspectos que nos configuran así será nuestras acciones.

Por ello dependiendo donde pongas el foco de atención, esta podrá ser inhabilitante o no. El foco es la presunción que lo que nos va a pasar es algo catastrófico e insoportable para nuestras vidas y además va a ser un carácter permanente e inmutable. Visto desde esa perspectiva nadie se atrevería a poner en juego su autoestima, sin embargo como la autoestima estriba en la valoración que nosotros hagamos de los hechos que nos acontecen, esa valoración si puede ser objeto de cambio.

Identificar cuáles son las pérdidas que derivan de los resultados obtenidos por nuestras acciones, qué emociones van acompañadas, sobre qué reglas actúan o cuales pueden ser vulneradas.

Este proceso introspectivo nos lleva a un autoconocimiento de nuestras capacidades y limitaciones, nos lleva a entender cuáles son las motivaciones internas, conocer los porqués de nuestra vida y cuáles son las acciones que hay tomar para tomar un rumbo diferente.

Para ello la posición “estar abierto a…” es la más aconsejada para poder realizar cualquier cambio. Estar abierto a, significa abrir la posibilidad a poner en duda cualquiera de las cualidades que nos configuran y con ello cuestionar bases, creencias, valores y rasgos de nuestra personalidad que puedan ser el objeto de los obstáculos que impidan nuestros objetivos.

¿y a ti qué te parece?

 

“Abre tu consciencia: relatos breves basados en inteligencia emocional”

Como la mayoría de los sucesos importantes a lo largo y ancho de nuestra vida, también éste fue producto de la casualidad. Estaba de voluntario con Baltistan Fundazioa en el Valle de Hushé (Pakistan) cooperando en un proyecto educativo. Fue el primer email que leí cuando –por fin- tuvimos acceso a internet. Me anunciaba: “el próximo viernes comienzas un curso organizado por el Cluster del Conocimiento en el edificio barco de Zamudio para formarte como consultor de Inteligencia Emocional en Empresas y Organizaciones.”

A 3.000 m de altura y a 9.000 km. de casa sentí un amasijo de emociones: sorpresa por la nominación, alegría por la oportunidad, e ilusión por el reto; también un cierto temor, algo de enojo al hipotecar el primer fin de semana tras un mes fuera y un buen número de viernes y sábados más.

Fue un suceso casual y afortunado. Este curso me permitió descubrir a un montón de personas interesantes, emocionantes, de esas que hacen de este mundo un lugar más atractivo, más humano. Y compartir tiempo y espacio con ellas. Y aprender de un grupo de profesionales con el que cultivé emociones. Allí conocí y aprendí de Roge, Igor … Y me encontré con todas y todos los contertulios con quienes comparto tertulia, libros, emociones, amistad y conversación.

También conocí a José Antonio González Suárez, coautor con David González, del libro “Abre tu consciencia” con quien hace unos días tuve la suerte de compartir reflexiones cerca de dónde nos conocimos (Innobasque, Zamudio) y una vez más en un afortunado encuentro convocado por el Consorcio de Inteligencia Emocional.

Escuchamos a José Antonio en estado químicamente puro. Nos contó andanzas, proyectos, su reinvención como escritor. “Le colgamos al tiempo un interrogante”. Lecciones de sensatez y compromiso, rigor, sencillez, profundidad… Disfruté, disfrutamos de la conversación.

“Abre tu consciencia” es un libro que ayuda a descubrir las claves del bienestar. A base de relatos cortos, cuentos e historias, con un lenguaje fácil, sencillo, te facilita explorar y descubrir en tu interior. No te deja indiferente.

Las personas conscientes son quienes han logrado comprenderse a sí mismas, asumen la responsabilidad de su vida y viven un vida de plenitud”

Inteligencia emocional es la capacidad de elegir la emoción más adecuada en cada situación de la vida dentro de las posibles”

Útil para el crecimiento personal nos ofrece una hoja de ruta con diferentes hitos:

  • Escucha y comprende el leguaje de tu cuerpo.
  • Siéntete dueño de tus emociones.
  • Aprende a liderar tu interior.
  • Abre tu mente y corazón a los demás.
  • Fortalece tu red de relaciones interpersonales.
  • Desarrolla tu proyecto vital.
  • Tu antídoto ante la muerte: vive con intensidad aquí y ahora.

Hablamos con él de sus planes. De su intención de completar una trilogía sobre inteligencia emocional en la que completar “Abre tu consciencia” con otros dos libros de próxima publicación: “Recupera tu Autonomía y Bienestar Personal” y “Desarrolla tu proyecto vital”. También de otros proyectos vitales a largo plazo.

Eskerrik asko, Jose Antonio!

Unas vacaciones conmigo

Hoy he querido utilizar este espacio para compartir con vosotros una experiencia que, quizás, pueda servirles de inspiración durante esta época del año, en la que apetece cambiar de aires y las palabras ocio y vacaciones suenan más a menudo. Además, durante este relato, te invito a descubrir conceptos y profundizar en distintos temas mediante los diferentes enlaces que aquí aparecen.

0011PostIE_EiTB_TiempoEl paisaje va mutando por estas fechas, los colores ocres y grises se transforman en una paleta multicolor de verdes fascinantes; en algunas zonas puedes ver incluso el amarillo intenso de las flores de canola. Y si bien por estas tierras del norte, las nubes y la lluvia nos visitan más a menudo, también podemos asombrarnos con mayor frecuencia ante preciosos arcoíris que surgen de tormentas pasajeras (**apreciación de la belleza).
Es tiempo de cambiar abrigos por ropa más ligera, ya es primavera y con ella llegan las ganas de ocio y vacaciones, de planificar nuestro tiempo libre.

Personalmente, este año está siendo muy intenso, de crecimiento y mucho aprendizaje. Un año en el que casi no he parado, en el que el tiempo se me ha pasado volando. Y en ese transcurrir, que por cierto he estado disfrutando, mi yo interior me estaba pidiendo un descanso, me susurraba al oído que tenía que hacer foco en otras cosas importantes para mí. Es así que decidí escucharme y hace unas semanas, aprovechando el puente de finales de abril, decidí tomarme unas vacaciones conmigo.

Me tomé un tiempo para volver a conectar con aquellas otras cosas que me hacen feliz. Me tomé tiempo para cultivar y cuidar mis relaciones sociales: mi pequeño jardín, mi paraíso.
En esos días no hice un gran viaje, no descubrí nuevos lugares, no me lancé a grandes aventuras, ni tampoco me retiré del mundo para hacer meditación. Simplemente, volví a conectar con mis valores, con aquello que verdaderamente me importa, sin planes. Y es entonces cuando me di cuenta que mi jardín necesitaba un poco más de cariño… que quería ver más flores en esta primavera un poco lluviosa.

En primer lugar, decidí disfrutar más del tiempo con mi compañero de vida. Con esos pequeños GRANDES momentos en los que el tiempo vuela en tan buena compañía, conversando, dando un paseo por el monte, cocinando algo rico… Sintiendo la presencia del otro y compartiendo.

Y mientras me dejaba llevar y reconectaba con lo que me importa, me sentí agradecida por mi familia y mis amigos, aquellos que a la distancia siempre están cerca. Tenía que mimarlos un poco, y buscando el cómo encontré un medio que me permitió mimarme a mí también. Puse en marcha mi lado creativo y me sumergí en el dibujo y la escritura (**flow), escribí unas cartas y dibujé unas cuantas tarjetas para sus hij@s (mis sobrinos de sangre y de corazón).

Realmente fueron unas estupendas vacaciones conmigo para disfrutar con ellos, con quienes me importan y dan a mi vida significado.

Como comenta Miriam Subirana en su post, “Claves para aprovechar nuestro tiempo”, realmente vale la pena tener una cita con uno mismo. Desde aquellos días, me he sentido con más energía, más creativa, comparto más tiempo de calidad con mi pareja y como guinda del pastel, las cartas que he enviado me están dando grandes dosis de cariño y afecto de las personas que más quiero.
Ya veis, no hacen falta grandes cosas (ni siquiera planes), para tener momentos sentidos y con sentido0011PostIE_EiTB_Tiempo2, de esos que hacen de tu vida un jardín florido.

Y tú, ¿ya has tenido una cita contigo? ¿A qué esperas?

Emociones compartidas está de gira

Los autores de este blog hemos estado de gira, ya que la presentación del libro Emociones Compartidas que recoge algunos de los artículos del 2015 escritos en este blog ya ha recorrido Bilbao, Donostia y por último, y de ello quiero hablaros hoy, Vitoria-Gazteiz.

Decir desde aquí que es un salto interesante contar en directo las reflexiones que hacemos cada mes desde esta ventana al mundo.

Como nos encontrábamos en el local de Hub Gazteiz, nos dejamos contagiar por el espíritu de sus anfitriones y el resultado fue un coloquio sobre las motivaciones de cada uno al escribir en el blog, el interés y el respeto que sentimos por los temas tratados por los demás compañeros de andanzas y la manera en la que van tomando forma los artículos.

Presentación libro CIE en Vitoria-Gazteiz

Estábamos entre amigos y nos acompañaban algunos socios del Consorcio de Inteligencia Emocional, así que entrar en materia era sencillo.

Pensando en la magia que tiene tener un texto en las manos, sentir la otra vida de las palabras impresas en el papel, fueron muchas las emociones que nos acompañaron en esta tertulia.

Adriana Racca nos recordó la importancia de tener cerca a los que queremos, y reconozco que me sentí aún más emocionada que la primera vez que le había escuchado reflexionar sobre “El hombre en busca de sentido” y la forma en la que el viaje para ver a su familia en Buenos Aires había condicionado su lectura antes y después de la visita.

Siempre me sorprende la simpatía y la sencillez con la que ella se asoma a este blog, y en directo conecta de inmediato con la audiencia como demuestra en su resumen de la presentación en Donostia que ella ha titulado compartimos una barra de pintxos  emocionales.

En mi caso, son literatura y los viajes el detonante para poner en marcha el tiovivo de las emociones. La lectura es un trabajo de dos, cada tándem de lector y escritor ofrece una experiencia diferente. Cuanto más convencida estaba yo de que leía con mis cinco sentidos un libro, que apreciaba todos sus secretos, de pronto descubría al escuchar a mi hermano en que yo no había reparado en esos detalles que el destacaba. Eso reforzó mi curiosidad y el interés por conocer otras formas de mirar el mundo, otras maneras de interpretar, cada uno desde su foco, desde su formación e intereses. Tal vez el viaje ya estaba ahí. Asomarme a los bordes, encontrar las intersecciones, los espacios en común con otros es algo que me sigue apasionando y por ello insisto en que el viaje es aprendizaje.

Javi Barez reforzó la labor divulgativa de este blog, recordando que su foco está puesto en las emociones sociales, y preguntando de nuevo ¿sienten las sociedades?

Habló de la vergüenza, el miedo, destacó la labor de varios de sus referentes en la sociología de las emociones, y desde luego, volvió a insistir en la necesidad del tacto y la ternura para transformar el mundo.

Este recorrido por las tres capitales vascas nos ha permitido acercarnos a vosotros a través de otras vías, recoger vuestros intereses, y también, eso espero, nos ha servido a muchos de los que aquí escribimos para acercarnos a la forma de trabajar y de escribir del resto, lo que aumenta mi admiración por este equipo y por el todo el trabajo previo a esta segunda vida del blog, no vaya a ser que los que llevamos menos tiempo pensemos que estamos descubriendo tierras ignotas. Os invito a los que estáis leyendo estas líneas a leer Retazos Emocionalesel anterior libro nacido de la colaboración en este blog.

Libro Emociones Compartidas

El libro en el escaparate del Hub-Gazteiz

Todas estas intervenciones nos han servido para reforzar lazos y  lograr que esa trama cobre vida nueva aquí, quién sabe…. tal vez estamos redactando ya para un próximo libro, en cualquier no está de más recordar que el objetivo de este blog es acercar la Inteligencia Emocional con una herramienta participativa, así que, ¿nos ayudas con tus opiniones?¿conoces alguno de los dos libros? ¿te parecen útiles?

 

 

Equipos y confianza

Construir un equipo cohesionado y eficiente no es una tarea fácil. No es suficiente con juntar a un grupo de personas a trabajar juntas, para que éstos se conviertan en un verdadero equipo de trabajo.

El entrenamiento y la formación son dos aspectos que se han visto necesarios y eficaces (ver investigación)para avanzar hacia un equipo eficiente o de alto rendimiento, ya que son herramientas que permiten reflexionar sobre los aspectos que deberían de tenerse en cuenta a la hora de formar un equipo, y también sobre lo que está pasando en un equipo de trabajo en un momento dado. En primer lugar es necesario ser consciente, sobre todo desde el punto de vista de un facilitador o coach de equipos en qué situación se encuentra el mismo y cuáles son los retos a los que se enfrenta.cubierta CINCO DISFUNCIONES DE UN EQUIPO, LAS-3 ed

En este sentido, Patrick Lencioni nos habla en su libro “Las cinco disfunciones de un equipo” de cuales son algunos de los problemas principales que impiden avanzar a los equipos, los cuales están íntimamente relacionados unos con otros.

  1. Ausencia de confianza: las personas del equipo se muestran protectoras y no muestran sus debilidades o áreas de mejora. Es decir, no se muestra la vulnerabilidad de cada uno, y por lo tanto se actúa con mucha cautela. Cuando los miembros del equipo se sienten verdaderamente cómodos y confiados, empiezan a actuar sin preocuparse de sí mismos.

 

  1. Temor al conflicto: Al construir confianza, las personas no vacilan en debatir y opinar abiertamente, pese a que las ideas sean diferentes o puedan entrar en un conflicto. Los conflictos ayudan a avanzar y son necesarios en los equipos y en la vida. Un equipo temeroso de los conflictos no avanzará, y se quedará en una interacción superficial y poco sincera que no llevará a grandes resultados.

 

  1. Falta de compromiso: Si se acepta el conflicto productivo y todo el mundo ha dado su opinión es más fácil avanzar hacia el compromiso. Un equipo que no se compromete, es ambiguo, la gente no es clara. La falta de compromiso en los equipos viene derivada de dos aspectos: el deseo de consenso y la necesidad de certidumbre.
    • Consenso: los grandes equipos saben que a veces nos es posible llegar a un consenso y hallan la forma de llegar aceptar una decisión aunque el acuerdo completo sea imposible. Si las opiniones de todo el mundo son consideradas genuinamente, se produce una mayor disposición la decisión del equipo.
    • Certidumbre: Tener la certeza de que se va a cumplir lo que se ha decidido en el equipo y todo el mundo lo va a apoyar. Además el equipo toma decisiones aunque no tenga todos los datos suficientes para sentirse seguros de que adoptan la decisión correcta.
  1. Evitación de responsabilidades: la responsabilidad hace referencia a la disposición de los miembros del equipo a pedir cuentas a sus compañeros sobre desempeños y conductas que pueden perjudicar al equipo.La esencia de esta disfunción es la falta de disposición de los miembros de un equipo para tolerar la incomodidad interpersonal que implica pedir cuentas a un compañero sobre su conducta y la tendencia general a evitar conversaciones difíciles. Los miembros de equipos excelentes superan estas inclinaciones naturales y prefieren entrar en zonas de peligro entre ellos.

 

  1. Falta de atención a los resultados: Si a los compañeros de equipo no se les hace responsables por su contribución, es más probable que atiendan a sus propias necesidades y al progreso de ellos mismos y sus departamentos. Una ausencia de responsabilidad mutua constituye una invitación a que los miembros del equipo desplacen su atención a áreas diferentes a los resultados colectivos. Centrarse continuamente en objetivos específicos y en resultados claramente definidos es un requisito de todo el equipo que se juzgue a sí mismo por su rendimiento.

 

¿Identificas alguna de estas disfunciones en tu equipo de trabajo?

El efecto emocional al hablar de fracaso en los jóvenes emprendedores: Emprendimiento desde la Universidad

Estamos viviendo una época curiosa: Atravesamos una profunda crisis global que está poniendo en duda muchos modelos de negocio tradicionales, y que ha producido un grave empobrecimiento a la sociedad y sin embargo, desde diversos medios se motiva a iniciar nuevos negocios, e insisten que fracasar es algo bueno. ¿Afecta emocionalmente el fracaso a la persona?

Pues sí y no. Fracasar no gusta para nada a nadie. Pero posiblemente los precursores del fracaso y el impacto cultural de este cambio tendencia sí que son positivos. En el mundo en general, tradicionalmente se ha estigmatizado el fracaso en la sociedad. La propia palabra fracaso implica que uno es un fracasado, y es lo peor que te pueden llamar.

 Esta forma de entender el fracaso tiene perversos efectos en la sociedad, ya que genera miedo. Miedo a intentarlo y fracasar. Miedo a no intentarlo. Miedo a que se rían de ti por equivocarte. Pero no sólo está el miedo escénico. Hay un componente real y económico que sin duda nos inhibe, y es que es muy caro y arriesgado económicamente.

Creo que las raíces del problema son más profundas, y comienza en la educación, y en los
héroes que pretendemos emular. Algo está muy gastado en una sociedad cuando la mayor aspiración de una gran parte de los jóvenes es ser funcionario, ejecutivos de grandes empresas y trabajar para otros… Los funcionarios, los grandes ejecutivos, los CIO y trabajar para otros, son necesarios, hay muchísimos grandes profesionales e incluso muchos funcionarios emprendedores. Pero la variable que un chico de 18 años debería buscar en su vida otras experiencias, no es bajo ningún concepto la seguridad y la continuación del “status quo”, sino más bien el cambiar el mundo y hacerse exitoso por el camino con su propia empresa, emprendiendo con base de descubrir una oportunidad.

Sin embargo, parece que vivimos un cambio de ciclo, una época donde comienza a transmitirse el mensaje de que si uno quiere algo debe “ser impertinentico”, y de que no pasa nada por equivocarse y fracasar… Positivo sin duda, pero creo que ese no es el mensaje correcto:

Lo positivo no es fracasar, lo importante es arriesgarse y entender que se ha equivocado y que en una segunda oportunidad seguro que no pasará lo mismo que en la primera.

En mi opinión, llamar a una equivocación: fracaso,  no es algo positivo, pero habitualmente la primera aventura (el Plan A) no va a funcionar por diversos problemas (desconocimiento de las necesidades reales del cliente, de la operativa del negocio, dimensionamiento de recursos, etc.)… así que teóricamente habremos fracasado.

Pero realmente habremos conseguido 2 cosas: demostrarnos que somos capaces de levantar un negocio (importante, aunque no lo parezca), y sobre todo, la más importante – aprender de verdad qué necesita el cliente (habitualmente algo bastante distinto a lo previsto en nuestro flamante plan de negocio), cómo debemos llegar a él, cuál es el “punto débil” de la industria, empresa, los productos o servicios…etc.

Realmente creo que en la Universidad no estamos para hablar del fracaso, es una palabra que en un estudiante en edad temprana, no acepta, de echo es la edad del soñador en todo; su primer romance, su primera experiencia, su primer impacto ante el mundo real, sus primeras opiniones con base a lo que cree y a lo que siente y sus primeros momentos en estar en desacuerdo o de acuerdo con otras personas porque sus valores y principio traídos de casa, comienzan a perturbar y aceptar o rechazar lo que otros dicen y hacen. Es el primer encuentro real con la realidad.

En la Universidad enseñamos a comprender que todo eso es necesario al lado de pensar en una idea diferente, crear e innovar sobre su ideal y conformar una propuesta de valor diferenciadora, es muy importante, para poder hablar de una buena experiencia y de una menos buena experiencia. Pero nunca hablar de fracaso.

Por último, fracasar no es algo bueno ni deseable, en absoluto… pero suele ser la condición previa para conseguir el éxito, por lo que debemos quitarnos el miedo a fracasar, ser extremadamente hábil en el uso de recursos hasta que hayamos encontrado el encaje producto-servicio-mercado y sobre todo, abrazar la máxima del emprendimiento ágil: Fracasa rápido, fracasa pronto, y sobre todo… fracasa barato. 

¿Usted qué opina al respecto?

Mindfulness y  sociedad

*Nuestra mente es un sistema complejo y, diríamos, arbitrario, que genera de una forma abrupta, ininterrumpida, involuntaria, descontrolada un torrente interminable de pensamientos, deseos, emociones y que apenas ha evolucionado en los últimos años. Si a esto añadimos una sociedad híper-estimulada, híper-conectada, con un desarrollo exponencial del conocimiento, de la tecnología, con revoluciones científicas que se encabalgan unas con otras y con una rapidez inusitada en los cambios que la gestión de nuestra mente, la gestión de la atención plena se hace indispensable en nuestras sociedades posmodernas.

En este contexto, ser capaces de gestionar nuestra mente, en concreto de “negociar” con nosotros mismos dónde dirigimos nuestra atención se presenta como un elemento diferencial a la hora de reparar nuestros estados físicos y psicológicos, mejorando así nuestra vida personal, familiar, social y también profesional

La atención es un proceso psicológico limitado que nos proporciona la capacidad de seleccionar aquellos estímulos a los que dirigimos nuestro interés. Ser capaces, por lo tanto, de poder gestionar ese recurso escaso, nos permitirá estar más focalizados en aquello que queremos, en lo que nos interesa en cada momento, en el momento presente, en el ahora, en lugar de vagar por los tiempos psicológicos mentales que hacen que vivamos en un ir y venir constante entre el pasado y el futuro, tiempos que curiosamente no existen más que en nuestra mente.

Hace ya unos cuantos años, allá por el 2000, en un encuentro de científicos occidentales y monjes, doctores budistas en India, el Dalai Lama se preguntaba qué podía aportar la tradición budista por un Occidente que padecía tanto sufrimiento. La respuesta venía dada por el aporte que desde las tradiciones meditativas orientales podían ayudar a gestionar la mente en aras de vivir con conciencia plena, con presencia, en lugar de funcionar de forma automatizada, en “piloto automático” como se dice coloquialmente, orientados por una mente muy excitada por el crecimiento exponencial de estímulos a los que está sometida.

La mejora de la atención plena, vivir con altos niveles de presencia, va a conseguir que vivamos más focalizados, más conscientes del aquí y el ahora, con mayores niveles de salud mental y física, con más recursos para recuperarnos de esa lacra de nuestros días llamada depresión, con más paz, con una mejor comunicación con nosotros mismos, pero también con una mejor comunicación con los demás. Además, los beneficios de la práctica continuada del mindfulness, o de los diferentes tipos de meditaciones, sean orientales u occidentales, van a mejorar nuestra vida laboral, nuestro sentido en el trabajo, la reducción de estrés, la focalización y la fluidez en el mismo. No es de extrañar que unas de las teorías de gestión más extendidas en la actualidad, el Liderazgo Emocional, postulado por Boyatzis y McKee, esté fundamentado en el trabajo de Jon Kabat-Zinn.

Personas relevantes de nuestra sociedad, desde Martin Seligman a Daniel Goleman, pasando por el padre Pedro Arrupe SJ eran y son confesos meditadores. Aprovechemos pues la sabiduría del mindfulness para vivir plenamente el momento presente, para vivir mejor.

*Este post ha sido publicado en La Tribuna, el blog de Manager Focus

Reconciliación: Análisis de la realidad desde la fuente de vida

Tengo la suerte de haber estado del 26 al 29 de abril en Loiola en una formación que se enmarca en un plan que dura cuatro años. El segundo día trabajamos el tema de la reconciliación con Elías López sj, consultor del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en el ámbito de la reconciliación. Le acompañaba Manu Arrue sj, responsable de Paz y Reconciliación de la Diócesis de Bilbao. Realizamos un trabajo colaborativo en el que vimos qué se aporta a los procesos de paz y reconciliación desde la espiritualidad ignaciana (espíritu ≡ aliento vital). Que nadie se asuste por el término… “La espiritualidad ignaciana intenta ayudar a vivir la vida de una forma integrada”, a la manera de Ignacio de Loiola.

Empezamos la mañana con el ejercicio de Mindfulness (atención plena) que aquí sintetizo:

El lugar… inmejorable, el jardín que está detrás de la Basílica de Loiola. En un corro hicimos unos ejercicios para trabajar la lateralidad y relajarnos. Después recibimos la invitación de cerrar los ojos y dejarnos llevar para trabajar la atención plena, realizando el siguiente recorrido:

Cada uno realiza tres inspiraciones profundas con la invitación de soltar, relajarse y sentir el cuerpo (las sensaciones que percibe).

Después cada uno respira a su ritmo llevando la atención a la respiración. Si llega una distracción practicamos las 2 R: no me Resisto; no Retengo (esta pauta se mantiene durante todo el ejercicio).

Empezamos a respirar diciendo mentalmente DENTRO al inspirar, FUERA al espirar. Así estamos un rato (de fondo siempre las 2 R).

Después llevamos la atención al silencio entre el DENTRO – FUERA y el silencio entre FUERA-DENTRO. Lo repetimos varias veces para luego llevar la atención al silencio que SOY.

Dirigimos nuestra atención al centro del silencio que SOY. Allí me encuentro una puerta. Me acerco, la miro y la abro. Me lleva a mi jardín interior. Me fijo atentamente cómo es mi jardín, qué veo, qué escucho… Me percato de que se oye el rumor de un riachuelo. Me acerco y lentamente lo remonto hasta llegar al origen. Ahí está la FUENTE QUE ME DA VIDA. Disfruto de la fuente, la observo, conecto con ella. Después de disfrutar esa conexión voy abandonando poco a poco mi jardín interior…

Es difícil describir lo sentido durante el ejercicio… Me faltan las palabras… Me sorprende mi jardín interior. Me siento muy a gusto en él. Percibo mucha fuerza, mucha energía. Según remonto el riachuelo veo rostros de personas, las personas de mi vida. Al llegar a mi fuente de vida no puedo reprimir el llanto. Me embarga la emoción…

Al acabar el ejercicio y volver a la sala, dejando atrás la naturaleza, hacemos nuestro primer registro del día (examen, que diremos más adelante):

¿Qué siento aquí y ahora? La sensación corporal es liviandad, me siento ligera; y el sentimiento es de gratitud.

¿A qué me mueve? Aparecen sin pensarlo tres verbos: amar, abrazar, sonreír

Ese simple registro es de una gran profundidad y ayuda. Doy un paso atrás (conecto con mi fuente de vida) para dar un paso adelante (a qué me mueve, desde la positividad). Para superar conflictos es fundamental hacer un análisis contemplativo de la realidad, un análisis desde la fuente de vida. [Esta es la vía para ganar en libertad interior, indiferencia, dirá Ignacio: da un paso atrás; respira; haz silencio; conecta con tu fuente de vida; entrega; agradece; da un paso adelante; transforma].

Una frase nos acompaña durante todo el día: “la inteligencia no está entre las orejas, sino entre narices”. La inteligencia es comunicativa, es fundamental incluir la voz del otro. A continuación reproduzco el mapa que construimos de forma colaborativa todas las personas asistentes después de responder a cuál es la primera palabra que relacionamos con reconciliación:

Reconciliacion_mapeo

El contexto desde el que hablamos es el de la violencia que existe a distintos niveles: personal, educativo, social, religioso, político, ecológico, generacional, de género, etc. Hay que constatar, además, que las redes de violencia son muy complejas.  “RE-CON-CILIAR ≡ Volver – juntar – llamada”. Ha habido una ruptura porque ha habido una injusticia que atenta contra la dignidad. Algo muy importante es discernir la reconciliación según tiempos, lugares y personas, para dar modo y orden (éste es un concepto muy ignaciano y se refiere al cómo y al cuándo; al procedimiento, la metodología, que debe de ser siempre personalizada y acompañada). En los procesos de reconciliación siempre hay que poner una silla vacía, hay que pensar en quién queda excluido. Hay que ‘interrumpir’ para que la narrativa no sea totalizante, sino abierta y dialogada. El espacio es fundamental. Hay una vieja máxima inglesa que dice “Where you stand, depends on where you sit”. Dónde tenemos puestos los pies determina; defendemos dependiendo de dónde estamos sentados. Elías nos contó un testimonio conmovedor. Doña Socorro, una mujer a la que conoció en Cúcuta (Colombia), era una desplazada interna del proceso de reconciliación. Ella quería justicia pero no confiaba en la humana. En el conflicto mataron a su marido, su hijo, su nieto, un hijo estaba encarcelado y otro hijo desaparecido desde 2006. Elle veía que a cambio de verdad se podía reducir la responsabilidad penal (así sucedió con el asesino de su hijo). Y decía algo como: “¿Quién soy yo para perdonar? ¿Acaso puedo perdonar un dolor tan grande? Lo pongo en las manos de Dios. Así se alivia algo el dolor y yo algo también perdono…”. Doña Socorro es el ejemplo de que la reconciliación es posible. Su hijo desaparecido apareció muerto. Le dio sepultura y ahora vuelve a sonreír…

Cuando nos encontramos ante un conflicto, que no es otra cosa que la percepción de una incompatibilidad (es relacional), podemos abordarlo desde tres perspectivas: 1) Resolución de conflictos (tienen solución); 2) Gestión de conflictos (podemos dominarlo a través de técnicas); y 3) transformación de conflictos (partimos de que nunca se resuelven del todo, pero suponen una oportunidad de crecimiento). La reconciliación es una forma de transformar conflictos. “Para no vivir alienado, alinéate”.

Reconciliacion_propuesta

La reconciliación es un proceso relacional colaborativo, en el que hace falta mucha creatividad; se necesita cambiar de perspectiva ¿Y qué se necesita para trabajar el estilo colaborativo? Escucha, empatía, verdad, etc.

Reconciliacion_estilo colaborativo

Para Ignacio el deseo es lo que marca a la persona. Una vez se ha conectado con la fuente de vida hay que redefinir todo lo anterior. Una persona que está en contacto con la fuente de vida gana en libertad interior. En este proceso Ignacio da una gran importancia al Examen del día (es lo único que marca como obligatorio para los jesuitas). Se trata de al final del día dar un paso atrás para conectar con la fuente de vida y preparar el día siguiente.

Para transitar entre víctima y victimario hace falta una pedagogía del perdón que Elías López propone como la resultante de dos modelos en diálogo: 1) la justicia transicional (TARR, por su siglas en inglés) y 2) el sacramento del perdón (no voy a profundizar aquí; dejo para quien quiera este artículo de Elías).

Reconciliacion_modelo TARR

Para terminar, una frase que me dio qué pensar… “Lo importante no es si estoy herida o no, sino cómo toco la herida, desde dónde toco la herida”… Conectemos con nuestra fuente de vida y desde ahí analicemos la realidad y sanemos las heridas…

Sobre la culpa y otras cuestiones

*Hace unos días presencié en un espacio público la parte final de una conversación –si se le puede llamar así- entre dos personas adultas. No sé cuál era el tema que se traían, pero el tono iba adquiriendo un matiz agrio y de lo que pude escuchar (no tenía posibilidad de escapatoria) se deducían reproches y justificaciones. Aunque intentaban disimular o, al menos, no llamar mucho la atención sus gestos y expresiones eran elocuentes. Una de las personas denotaba enojo y casi furia, la otra expresaba cierto bochorno y azoramiento. Trataban de hablar bajo, pero los picos de tensión emocional nos telegrafiaban a los demás los mensajes más comprometidos. En una de estas, la persona que llevaba la parte más activa de la discusión le espetó con desprecio a la otra: “¡Allá tu con tu conciencia!”. Y ahí se terminó la conversación. Mi mirada sorprendida se cruzó con la mirada turbada de la persona despreciada.

Yo terminé mis asuntos y salí a la calle. Una vez que ordené mentalmente las gestiones que acababa de realizar me vino a la cabeza, de pronto, esa lapidaria frase. Seguramente, la intención de quien la dijo era reprobar un acto de la otra persona, tratando de que esta lo sometiera al juicio de su propia conciencia y se sintiera culpable de algo. Esta explicación me dejó satisfecho pues era coherente con el proceso de la culpa adaptativa.

Sin embargo, algo me resultaba inquietante: la frase en sí misma, la expresión de las caras de los protagonistas, la situación en la que la escuché… o tal vez todo ello. Automáticamente, tratando de darme una respuesta, me puse a repasar mis conocimientos sobre la culpa:

La culpa es una emoción compleja, de carácter social, de origen y desarrollo cognitivo y que está muy influenciada, en su génesis y mantenimiento, por factores sociales, religiosos, culturales, familiares y de personalidad.

…Sentimos culpa o nos sentimos culpables cuando somos conscientes de que hemos contravenido un acuerdo o una norma con nosotros mismos, con alguien cercano, de un grupo al que pertenecemos y en general, de la sociedad.

…La capacidad para sentir culpa surge ya en nuestra infancia, a la par de nuestra maduración psico-afectiva y del proceso de socialización. Todos los humanos tenemos esta capacidad (incluso algunos especialistas dicen que es innata) y está mediada por el mecanismo de la empatía, por lo que cualquier eventualidad en su desarrollo le afectará de manera determinante (los psicópatas parece que no desarrollan la empatía y, por lo tanto, no se sienten culpables de sus actos).

…Podemos distinguir por su origen una culpa social y otra interna. La culpa social está basada en una “autoridad externa” a nosotros (una persona de referencia, nuestro grupo, la sociedad, etc.) que tiene el poder de castigarnos (privarnos de un bien o de afecto), y que implica vergüenza y miedo. La culpa interna proviene de un “malestar interno” generado por nuestra conciencia, la cual nos castiga emocionalmente creándonos intranquilidad, angustia y ansiedad.

Pensé sobre cuál sería la razón por la que aquella persona se debería sentir culpable y el pensamiento se me fue hacia mí mismo. ¡Anda que en más de una ocasión no habré hecho méritos para sentirme culpable! Sobre todo cuando se ha tratado de los sentimientos de otras personas. Esta es un tipo de culpa adaptativa, porque nos ayuda a mantener en la memoria un repertorio de expresiones, cosas, actitudes o situaciones que pueden herir a otra persona, de tal manera que cuando lo utilizamos y percibimos su efecto, el sentirnos culpables nos ayuda a saber qué es lo que hemos hecho mal y tratar de enmendarlo.

Pero yo seguía sin estar tranquilo. La dichosa frase “¡Allá tú con tu conciencia!” repiqueteaba en mi cabeza y veía la expresión afligida y sumisa de quien la recibió como si hubiera escuchado la sentencia inapelable de un juez.

¿Cómo se estaría sintiendo esa persona? Parecía inquieta, abatida, avergonzada y angustiada. Realmente se estaba sintiendo culpable de algo, la frase había surtido efecto en su conciencia. Porque es la conciencia de cada uno quien nos juzga verdaderamente. El origen de la culpa es social, pero está integrada en los valores propios, y su experiencia es íntima, subjetiva y personal. Aunque no queramos compartir con otras personas nuestro sentimiento de culpa y el hecho que lo genera, no nos lo podemos ocultar a nosotros mismos, es imposible escapar a nuestra propia conciencia. Y también es la propia conciencia quien nos castiga, ya que por lo general no necesitamos que la “autoridad externa” lo haga.

Cada individuo tiene un umbral de tolerancia a la culpa, y de remordimiento y arrepentimiento, que son los otros sentimientos asociados al proceso. Recuerdo un compañero de trabajo al que si se le peguntaba con gesto inquisidor y reprobatorio “¿dónde estabas cuando mataron al presidente Kennedy?”, se ponía a temblar y a dar todo tipo de excusas. Esto, dado su carácter, se lo hacían en broma. Pero el hombre lo pasaba mal, porque hay personas cuyo umbral de tolerancia es muy bajo. Sin embargo hay otras que no lo tienen tanto; pensemos en un malhechor que comete un robo: sabe que lo que hace está mal, pero ha aprendido seguramente a dejar de sentir culpa y, mucho menos, remordimiento y arrepentimiento.

Sentía pena por aquella persona de gesto doliente. ¿Qué habría hecho? ¿Qué norma o convención habría quebrantado? Y de repente comencé a notar cómo mi cuerpo se alteraba, empecé a sentirme airado y vi delante de mí el gesto amenazante y en tensión del que lanzó la frase como si arrojara una piedra sobre el otro. “¡Allá tú con tu conciencia!” era, desde luego, una sentencia condenatoria en toda regla: “Yo, por el poder que a mí mismo me otorgo, te condeno a que sientas el cruel martirio de la culpa y te desposeo de tu paz interior. Que la angustia te corroa y no encuentres calma ni sosiego”.

Este individuo se arrogaba el derecho de juzgar al otro con un afán desmedido,  por medio de sus reproches pretendía que se sintiera culpable sin darle ninguna opción a la defensa, sus comentarios eran perversos y pretendían desvalorizar a su acompañante. Era sin duda un manipulador, un elemento peligroso y tóxico.

“¡Vaya escenita me ha tocado ver!” pensé. Es como si la ley de la atracción hubiera funcionado: no hay manipulador sin elemento susceptible de ser manipulado y viceversa. Seguramente el manipulado habría crecido en un ambiente muy rígido, donde cualquier hecho poco relevante o apenas trasgresor tenía un castigo asegurado; podría sentir también una falta de control sobre su manera de asumir responsabilidades que le provocara una baja autoestima. También el manipulador podría haber crecido en un entorno similar o en uno en el que la distinción entre el bien y el mal era una línea fina y difusa, y seguro que tenía una auto-percepción y una auto-valoración desmesuradas; podría ser una persona rígida y autoritaria, con miedo a perder el control y a tener que enfrentarse a los propios errores.

Como estudioso de las emociones creo que la culpa tiene un sentido adaptativo y que es un regulador de las relaciones interpersonales. Nos informa y pronostica las consecuencias adecuadas o inadecuadas de nuestros actos, otorgándonos un sentido de lo que es correcto o incorrecto. Nos ayuda a definir e integrar valores propios y a asumir las pautas y convenciones sociales. Nos lleva a tener en cuenta los sentimientos de los demás y por lo tanto a valorar el alcance de nuestras relaciones. Está anclada en nuestra conciencia, de tal manera que gracias a esta podemos regular nuestros actos sin pensar únicamente en que vamos a ser reprendidos, o en que vamos a sentir miedo y vergüenza por sus consecuencias.

Nuestra sociedad o nuestro grupo de referencia han fijado unas normas y unos parámetros de conducta que regulan nuestras relaciones y nuestra estructura social. Cuando alguien las contraviene o las transgrede –sobre todo si causa un mal- el grupo le castiga por medio del rechazo o de apartarle. Esta circunstancia provoca tristeza (se vive como una pérdida), la cual lleva al individuo a la introspección. Este proceso reflexivo provoca la asunción de la culpa, que se experimenta como pesar (con o sin remordimiento), y pone en marcha el mecanismo del arrepentimiento (pena que se siente por el acto cometido y deseo explícito de reparación). A su vez, este arrepentimiento es comprendido y aceptado por el grupo, que a través del perdón, promueve la reintegración. Este perdón –que también tiene que ser auto-perdón- provoca en la persona un gran alivio y una sensación de bienestar. La percepción del dolor sincero de quien sufre su culpa también genera en el promotor del castigo otro sentimiento importante: la compasión.

Podemos ver que la empatía está detrás de todo el proceso: si yo no me pongo en el lugar del otro no puedo comprender el daño cometido y la necesidad de reparación, y si el otro no se pone en mi piel no puede sentir mi arrepentimiento y mi necesidad de perdón.

El problema gordo viene cuando asumimos una culpa que no obedece a un hecho real, cuando aceptamos la propiedad de un acto erróneo que no nos corresponde. También cuando nuestra conciencia actúa reactivamente castigándonos con dureza ante cualquier situación buscando culpables y no responsables, e incluso cuando pone un límite severo a nuestros propios pensamientos. En estos casos la culpa no tiene ninguna función constructiva, es una culpa falsa y no nos ayuda a crecer, por así decirlo, el mecanismo regulador de nuestra conciencia se ha averiado.

Cuando esto ocurre, ¿qué podemos hacer para intentar corregir dicho mecanismo? ¿Cómo nos podemos proteger de los tremendos y perniciosos efectos de la frasecita “¡Allá tú con tu conciencia!”? ¿Qué debemos hacer cuando nos enfrentamos a un manipulador? Desarrollar la capacidad de reflexionar sinceramente, propiciar nuestro autoconocimiento, mejorar las habilidades para resolver conflictos, aprender a relativizar y a desarrollar el pensamiento positivo, darnos permiso para equivocarnos sin juzgarnos, emplear técnicas para proteger nuestra autoestima y, sobre todo, aprender a perdonar a los demás y a uno mismo son parte de una caja de herramientas que todos deberíamos llevar integrada. No olvidemos que la culpa falsa nos ata con cadenas al pasado, condiciona y manipula nuestro presente y nos roba la energía, la ilusión y la esperanza por el futuro.

*Post publicado en agosto de 2011