Cuando la inteligencia es emocional

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IE

El 22 de octubre asistí al evento “Conversaciones en ikasHUB: Cuando la Inteligencia es Emocional”, que tenía como invitada a Sonsoles Castrillo, psicóloga y socia co-fundadora de la Asociación Consorcio de Inteligencia Emocional (CIE), asociación en la que yo formo parte de la Junta Directiva. El evento estaba organizado por ikasHUB, un co-learning lab y un co-working café que animo a visitar; está situado en Barrainkua 9 (Bilbao). Voy a compartir aquí algunas reflexiones a partir de la charla, ya que llevo mucho tiempo interesada en el tema de la Inteligencia Emocional (IE). 


Sonsoles presentó una definición que solemos manejar habitualmente en los cursos Rogelio y yo y que es de Pablo Fernández-Berrocal: “habilidad para percibir, comprender, asimilar y regular las emociones propias y la de los demás“. La IE tiene que ver con la inteligencia intrapersonal y la interpersonal, en términos de la teoría de las inteligencias múltiples (Howard Gardner). Nosotros también solemos utilizar otra definición: “unión de razón y emoción en todos los procesos mentales“. Recientemente he leído una frase firmada por Ona Daurada que decía: “por la razón, dejamos de ser animales; por la emoción, dejamos de ser máquinas“. Se trata de pensar, decidir y actuar escuchando a nuestra cabeza y a nuestro corazón. Habrá momentos en que tengamos que seguir más a uno o a otro pero no vamos a poder ‘amordazar’ ni a una ni a otro. Una de las personas asistentes al evento comentaba que tenía un trabajo muy creativo y que daba rienda suelta a sus emociones pero que su espontaneidad e impulsividad le causaban muchos problemas y a ver qué debía hacer… En mi opinión, lo único que puede hacer es aprender a unir razón y emoción sin dejar que una ‘voz’ tape a la otra, discerniendo qué debe primar en cada momento y situación para que sea bueno para ella y para los demás. ¿Cómo? Por el autoconocimiento, observándose y analizando su vida, sus acciones y sus decisiones; y observando y analizando lo que éstas provocan en los demás.

Una de las grandes ventajas de trabajar el tema de la IE es que sirve tanto para la vida personal como para la profesional. Una buena IE ayuda a superar problemas y dificultades y a tener un mejor estado de salud. Como señalaba Antonio Cano Vindel, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la SEAS (Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés) en una entrevista a Infocop, “se sabe que las personas con una mejor inteligencia emocional tienen mejor salud, menos síntomas y desórdenes emocionales. Por lo tanto, la inteligencia emocional puede ayudar a prevenir y reducir la prevalencia de los desórdenes emocionales de manera más eficaz y eficiente que el tratamiento farmacológico habitual de Atención Primaria”.

Una de las preguntas de los asistentes, que es habitual cuando se habla de estos temas, fue cómo se puede desarrollar la IE, qué herramientas se pueden utilizar. En mi opinión, el desarrollo de la IE no es una cuestión de técnicas o herramientas sino un proceso, el de conocerse y desarrollarse uno mismo para así llegar a otros. Por supuesto que hay ejercicios o técnicas que podemos utilizar para separar la respuesta del estímulo que para nosotros es relevante; pero es algo que vamos a desarrollar únicamente con la práctica y la reflexión. La sabiduría popular, por ejemplo, nos da una recomendación muy buena para no dejarnos llevar por la ira… “Cuenta hasta diez” antes de reaccionar,,, o cien o mil… Sonsoles contó una anécdota de un profesor suyo que se ponía muy nervioso y decía en alto: “1, 2, 3 yo me calmaré… 4, 5, 6 todos lo veréis”. Reconocer es un paso fundamental… Normalmente, verbalizar la emoción que sentimos ayuda a regularla. Hay un ejercicio que solemos sugerir en los cursos que sirve para desarrollar la IE. Es muy bueno llevar un diario emocional que consiste en apuntar a diario, al menos durante 21 días seguidos que es el tiempo mínimo para adquirir/cambiar un hábito, dos emociones agradables y la situación que las provoca. Es muy importante llevar por escrito el diario. Deben ser emociones agradables porque se trata de desarrollar la sensibilidad, cambiar la mirada y enfocarnos en aquello que nos ayuda. Al pricipio nos puede costar definir la emoción sentida. Eso se debe a que por lo general no tenemos desarrollado un lenguaje emocional, pero con el tiempo vamos atinando mejor. Puede ocurrir que algún día no encontremos dos emociones agradables. En ese caso viene bien revisar lo anotado.

En la charla tomé nota sobre un libro de Roberto Aguado (Es emocionante saber emocionarse, Madrid, Editorial EOS, 2014) que será una de mis próximas lecturas. Me intrigó que añade 4 emociones básicas: culpa, curiosidad, admiración y seguridad. Ya lo comentaré en otra entrada. 

Para terminar… un cuento zen sobre el cielo y el infierno

Estabilidad y cambio por Richard Erskine PhD

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Hace ya tres años, en 2011, tuve el placer de traducir el discurso de apertura del psicólogo Richard Erskine en el 36º Congreso Internacional de Análisis Transaccional. El título del congreso era El Desafío de Crecer. En esta escuela se trabaja tanto en psicoterapia como en contextos como el empresarial o el educativo, y en todos ellos, crecer es un desafío. Hoy me gustaría compartir con ustedes las reflexiones del Dr. Erskine sobre esta paradoja, sobre el deseo de crecer y la necesidad de continuidad.

Sabemos que las personas necesitamos estructuras, no podemos vivir sin ellas, principalmente porque nos ofrecen seguridad, nos ofrecen la capacidad de predecir el mundo. Nuestra relaciones, nuestros hábitos, nuestros viejos modos nos ofrecen esa estructura y crecer se convierte en algo desagradable porque casi se convierten en una segunda naturaleza para nosotros. Los seres humanos nos esforzamos en mantener un sentido de estructura psicológica y anhelamos la sensación de consistencia que provoca en nosotros, hasta el punto de ser una de las motivaciones principales que determinan nuestras respuestas a cualquier situación vital. Crecer es desafiante porque se resume en el incómodo proceso de desafiar el equilibrio, y de dejar de confiar en que los comportamientos, actitudes, y emociones a las que estamos acostumbrados nos sirvan para seguir prediciendo el mundo.

A un nivel biológico hablaríamos de la homeostasis como esa tendencia de un organismo vivo a mantener su estabilidad. Cuando las fuerzas externas estimulan un cambio demasiado rápido, hay una reacción innata que contrarresta las presiones para cambiar. Crecer se convierte en un desafío porque de nosotros tiran dos fuerzas opuestas en todo momento, la tendencia a la homeostasis y la physis. El cambio siempre sucede, estamos constantemente cambiando, incluso aunque no queramos, no podemos evitarlo.

Aunque nos resistamos o aunque suframos con el cambio, al mismo tiempo tenemos un impulso innato para hacerlo, como cualquier organismo vivo. Physis es una palabra griega que describe la fuente de nuestro empuje innato, se refiere a la vitalidad y a la energía física que invertimos en la salud, la creatividad y la expansión de nuestros horizontes personales. Es un impulso hacia lo nuevo, lo diferente, lo que alberga el potencial de ayudarnos a ser nosotros mismos de forma plena. Debido a la physis, la educación y los procesos de cambio personales y empresariales son posibles, y gracias a la homeostasis la educación y los procesos de cambio personales y empresariales son necesarios. Sin homeostasis, creceríamos sin control más allá de nuestra capacidad para mantener el equilibrio, y sin la physis nos quedaríamos con lo familiar, con los viejos patrones y nos estancaríamos.  

La capacidad de los profesionales para asistir en el cambio personal y grupal reside en el balance interno de dos posturas o actitudes principales: por un lado la capacidad de respetar la manera en la que esas personas, bien sea en psicoterapia, en educación o en las organizaciones, dan sentido a su mundo, como organizan su experiencia, cómo hacen para estabilizarse y cómo sus elecciones parecen ser las mejores posibles en una situación dada; al mismo tiempo, también reside en la capacidad para espolear su vitalidad, su espontaneidad, su creatividad y aspiraciones. 

Sé que éste es un tema manido en este espacio, pero ya que nosotros cambiamos, quizá es interesante evaluar de vez en cuando las actitudes importantes. El último párrafo es el que habla del arte de aunar dos capacidades que los profesionales a veces olvidamos en pos de una técnica, una fórmula o una estrategia concreta.

¿Cómo elegir hasta dónde es suficiente estabilidad y llega la hora de cambiar? ¿Cuándo decidir que ha habido suficientes cambios y llega el momento de la estabilidad?

¿No es tiempo de trascender la Inteligencia Emocional?

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“Ya es tiempo de trascender la Inteligencia Emocional.” Esta frase, este pensamiento se lo oí hace unos días a David Alvear, de Baraka, en una clase de meditación, me dio mucho que pensar y concluyo que estoy completamente de acuerdo con él.

Llevo años tratando el tema de la Inteligencia Emocional, que surge como tal allá por los albores de los noventa gracias a Mayer, Salovey, Goleman, Bar-On y otros muchos, destacando a Rafael Bisquerra en el Estado. Desde los noventa que se define como tal pero que no ha trascendido mucho de la identificación, del etiquetaje, lo ha hecho poco en cuanto a los avaneces en metodologías para la comprensión y considero que ha hecho menos aún en cuanto a la regulación. Muchas de las investigaciones que se han realizado seguro que han mejorado la forma de medir el constructo, sin duda, pero, y lo digo con la humildad de un ignorante, creo que no se ha avanzado demasiado, que no se ha ido más allá en su desarrollo para beneficio del bienestar humano.

Trascender, en algunas de sus acepciones significa ir más allá o comprender mejor. Imprescindibles sigue siendo la labor de sensibilización y formación en este ámbito de la IE, sobre todo la labor que se está haciendo en la educación primaria, de eso no dudo y felicito a organizaciones como el Consorcio de Inteligencia Emocional – CIE por la labor que están realizando… sin embargo hay que dar un paso más y ese paso pude ser la meditación, el mindfulness o cualquier de los nombres que se les pasen por la cabeza, desde el taichí hasta la oración en cualquier confesión. Sin embargo, es el mindfulness el que está incrementando con más fuerza las investigaciones sobre sus efectos en la salud y en la salud mental concretamente, con lo que es momento de prestarle una atención relevante.

La atención al momento presente, la presencia, el poder del ahora y tantas otras frases por el estilo se están empezando a oír y a leer en muchos espacios rigurosos y científicos. Ya Boyatzis y McKee hablaban de ello en su libro del como teoría necesaria para el desarrollo del liderazgo personal y en actualidad la Universidad de Massachusetts tiene un plan de reducción de estrés mediante la atención plena, creado por Jon Kabat-Zinn, con pleno reconocimiento internacional. Este es camino que considero que hay que recorrer en estos momentos.

Prestar especial atención a todo este tipo de técnicas, que están corroborando su pertinencia a través de los estudios que se están haciendo en el ámbito neurocientífico, es lo que debemos hacer ahora. Debemos ir avanzado en el desarrollo de su práctica personal primero, y en la sensibilización social después para poder realizar programas piloto que potencien su conocimiento y su práctica, sobre todo su práctica, el gran secreto de todas estas técnicas…

Este creo que va a ser uno de los polos de avance en el ámbito de la Inteligencia Emocional. Un tipo de inteligencia esta que necesita sus metodologías, sus didácticas para desarrollarla, y el mindfulness, la meditación o cualquier otra disciplina similar van a servir de mucho para trascender el propio concepto.

¿Están ustedes de acuerdo?

¿Qué opina?

Cómo me duele tu amor: emociones sanas para querernos bien

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El amor, a veces, duele. Bueno, en realidad, duele casi siempre. De lo que trata este post es de dar un paso más del que en su día avanzó Arantza Echaniz en este mismo blog con su post “Te amo…pero soy feliz sin ti” cuya lectura recomiendo.

Amarte duele

Amarte duele

¿Cual es la línea de dolor que no debemos atravesar?

¿Cuando hay que decir no al amor porque daña?

¿Cómo se quiere de manera sana?

Pronto se celebra el Día Internacional contra la Violencia de Género en la cual el CIE se suma al Foro por la Igualdad de Emakunde con una jornada de reflexión participativa con este mismo título: “Cómo me duele tu amor: emociones sanas para querernos bien”. Si quereis participar pinchad aquí, es gratuita.

La vinculación del amor nos une a otra persona. Y así nuestra soledad se ve acompañada, se enriquece porque el espacio personal crece para incluir a las personas amadas en el círculo de nuestra intimidad y, por ende, de nuestra seguridad. Y esto, amigos, significa también quedar en las manos de otra persona. Amar es, entre otras cosas, dar, mejor dicho darse. Amar es confiar y es compartir nuestras vulnerabilidades. Tal vez suene a desventaja pero la verdad es que posiblemente las experiencias más felices de la vida tienen que ver con el amor que damos y recibimos.

¿Dónde está la línea roja que no se debe pasar nunca?

Ya decía en el párrafo anterior que al amar uno se abre al otro, a la persona amada. Esto significa que mi intimidad está siendo compartida con otra persona y ésta tiene la capacidad de operar con ella desde la confianza que genera el amor. En principio todos comenzamos las relaciones con la intención de que nuestro bienestar mejore por el intercambio que supone el amor correspondido. Esa atracción, la admiración, el deseo, el amor en general nos llevan a la experiencia de que la vida con la persona amada mejora la propia por este flujo denso de intensidad que se genera en pareja. Es decir, cada uno de los “amantes” se esfuerza por dar de lo mejor de sí para la persona amada, y esto genera complicidad, mejora de la autoestima, placer hedónico y eudemónico, en definitiva felicidad inmensa. Pero claro, las relaciones evolucionan, aunque a veces no hace falta esperar si se construyen mal desde el principio a través de la necesidad y el interés, sin honestidad por alguna de las partes. A veces nos olvidamos de fortalecer el amor. Pero si hay que identificar una línea roja Sigue leyendo

La búsqueda, el mapa como paradigma

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Sigo divagando sobre mapas, en pleno auge de la filosofía Design Thinking”, me gusta la forma en la que un dibujo más o menos elaborado es capaz de captar y reflejar las relaciones en un determinado espacio geográfico o de cualquier otro tipo, una instantánea que tiene el poder de detener el tiempo y servirnos de referencia para imaginar y completar lo que acontece entre sus líneas, sus márgenes. Ya os hablaba de ello en ¿De verdad necesitamos un mapa?

La idea de fondo es que el mapa crea la realidad, determina el rumbo, la búsqueda. De igual forma que los paradigmas, las hipótesis en el método científico, las teorías y creencias clave que tenemos sobre la realidad que nos rodea, son las que nos hacen movernos en una o en otra dirección, el mapa nos guía en ese camino. Las preguntas que nos hacemos condicionan la forma en la que buscamos la respuesta a un problema, el mapa nos sirve de marco.

Hayedo Balgerri

Hayedo Balgerri

Lo sugerente de ese mapa que vemos, de esas ideas que nos transmite, que leemos en él, es que son el detonante para nuestro viaje, y la posibilidad de descubrir tesoros en el camino es en parte lo que nos permite mantener un esfuerzo continuado.

Le daba vuelta a todas estas ideas cuando ha llegado a mis manos un libro “Historia del Mundo en 12 mapas”, que desarrolla la fuerza que tienen los mapas para definir el mundo, para crear en los otros imágenes duraderas.

“Durante siglos, el único modo de aprehender el mundo fue por medio de la imaginación, y los mapas del mundo mostraban, imaginativamente, qué aspecto podría tener ese mundo físicamente incognoscible.

Los cartógrafos no solo reproducen el mundo, sino que lo construyen”

Nuestros mapas mentales, la capacidad de aprendizaje que hemos desarrollado para movernos con facilidad en los mapas creados, diseñados e inventados por otros, nos sitúan al nivel del viajero, del aventurero. En ocasiones las dificultades de acceder a un “nuevo universo” o la falta de correspondencia entre lo que encontramos y nuestras expectativas nos alejan del mismo, tenemos, en algunos casos que dibujar el mapa a partir de cero.

Es desde luego una aventura, un reto, conversar de un mapa a otro, nuestro cerebro en base a la experiencia ha ido modelando, dibujando, grabando un mapa propio que ha de competir con los de otros. Es en esa interacción donde se pone a prueba todo lo que hemos planificado. Nosotros elegimos el foco de atención, ponemos el énfasis, escuchamos o vemos de forma selectiva, de manera que en ese mapa antiguo es el colorido, el nivel de detalle, lo exótico de los lugares… lo que nos captura, o es esa cordillera la que marca una frontera que invita a ser cruzada.

Cuando el mapa, el plan, el diseño del recorrido tiene que incluir la visión de varios de nosotros es cuando se pone a prueba la capacidad del mapa, de proponer, de ilusionar, de tener referencias claras. Comprobar que al ser distintos, unos van a necesitar certezas y paradas claras y otros tal vez prefieren merodear, experimentar durante el camino es clave para elegir un mapa a gusto de todos.

Un mapa que no ha dado lugar a un viaje, un plan que no se ha convertido en proyecto es una geografía que no ha conquistado aún nuestro cerebro, que no ha ocupado su espacio, es sólo un sueño. Aquel mapa que utilizamos, el que nos traslada a todos esos increíbles momentos, el que nos permite situar, ubicar y comprobar avances y retrasos, emociones y momentos es el que cobra valor, el que nos da confianza para empezar otro y otro mapa y otro viaje y otro proyecto.

¿Te gustan los mapas?

¿Has dibujado alguna vez tu mapa, tu recorrido, tu meta?

¿Te han sido útiles los mapas de otros?

¿Lo has hecho de forma colaborativa, en equipo, sorprendido con las visiones y versiones de otros?

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Respuestas correctas ¿a preguntas erróneas?

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Hemos hablado ya en este foro en contadas ocasiones sobre el concepto subjetivo que tenemos de la realidad. Esta semana, a raíz de algunas conversaciones que me han llevado a cuestionar (y a cuestionarme) esa idea de realidad que cada uno tenemos,  y en base al cual nos comportamos, y de un vídeo que adjunto al término de este post, que encarecidamente te animo a que lo veas, me apetece volver a bucear en esta idea.

¿Me acompañas?

Te anticipo la conclusión en estado beta (es decir, en construcción, abierto a aportaciones, y por tanto a cualquier tipo de cambio constructivo):

“Si las preguntas determinan el marco de atención y definición de nuestra realidad, y teniendo en cuenta que las respuestas son importantes… Tener respuestas correctas a preguntas o marcos de realidad erróneos difícilmente mejorará nuestra realidad”.

Partimos de la premisa de que la realidad no es ni una, ni única, ni objetiva. Sino que básicamente, depende de cómo se mire, de dónde se mire, y qué nos empeñemos en ver. (Puedes ver pinchando aquí un post anterior en el que abordé esta idea). Como bien dice la sabiduría popular, “No hay mayor ciego que el que no quiere ver, ni mayor sordo que el que no quiere oir”.

Rara vez nos cuestionamos si lo que estamos “viendo” e “interpretando” es la forma correcta de enfocar la situación. De esta manera,

HECHO -> INTERPRETAMOS -> REACCIONAMOS

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La curación por el espíritu: el enfoque positivo de S. Zweig

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Leer a Stefan Zweig me sigue emocionando. “Momentos estelares de la humanidad” es uno de mis libros favoritos, imprescindible para conocer y entender la historia del ser humano a través de unos pocos hitos. La biografía de Fouché me parece un magnífico relato sobre un dieciochesco animal político que sacrificó todo en el altar del poder. Ni el dinero ni el estatus eran sus principales motivaciones, sino algo mucho más simple: la ambición de Poder, el Poder por el poder.

Este verano (que lejos queda…) tuve la oportunidad de volver a Zweig. En este caso, “La curación por el espíritu”, libro que dedicó a Einstein en 1.931, en el que expone el pensamiento y la evolución de tres personalidades que desarrollaron métodos de “curación psíquica”: Franz Anton Mesmer (sugestión y refuerzo de la voluntad de sanar), Mary Baker-Eddy (Christian Science) y el psicoanálisis de Sigmund Freud. También –como no podía ser de otra forma- nos deja entrever su posición en estos asuntos del alma y la psique.

Con un aire positivo, que no cándido, y un planteamiento visionario para la época, desde su atalaya a principios del XX, he hallado en su análisis de salud y enfermedad algunos términos tan extendidos en el XXI como empowerment, resiliencia, enfoque usuario, y positivismo. Intentaré recogerlos en los siguientes párrafos empleando su propia descripción de los mismos.

Zweig parte de la consideración de la salud como “estado natural” del ser humano y de la enfermedad como “antinatural”. En la evolución de ambos conceptos distingue varias etapas:

1) En origen, la enfermedad está ligada al sentimiento religioso. Toda persona atormentada por la enfermedad busca siempre a ésta un sentido. En su búsqueda, la enfermedad se le aparece como enviada por alguien; un alguien que debe tener algún motivo para infligirle este mal: por rencor, por odio, como castigo por alguna culpa…  Este “alguien” es un dios omnipotente: él envía la enfermedad y solo él puede alejarla. Oración y sacrificio serán los únicos antídotos en esta desigual pelea. ¿Cómo darle muestras de arrepentimiento, de sumisión a ese dios para alejar la enfermedad por él enviada? La persona desconcertada, resignada y torpe quiere pero ni sabe ni puede hacerlo. No está cualificada. Necesita un especialista que medie entre ella y Dios: el sacerdote. Fe y ciencia comparten un mismo templo.

2) Pronto se rompe esta unidad ya que la ciencia -para nacer- necesita despojar a la enfermedad de su origen divino y excluir el enfoque religioso. Con esta ruptura, la enfermedad se desintegra en innumerables enfermedades particulares; ya no significa “algo que afecta al hombre entero” sino solo a “alguno de sus órganos”. Surge el médico cuya primitiva misión consiste en localizar las causas de cada dolencia, asignarlas a grupos de enfermedades clasificados y a su tratamiento. La curación pierde su halo milagroso para traducirse en puro y calculado tratamiento por parte del médico. Donde los antiguos métodos curativos exigían una suprema tensión anímica (oración y sacrificio), el método y rigor científico exigen lo contrario: un espíritu claro y sangre fría, una absoluta objetividad y un ánimo sereno.

3) Esta objetivación y profesionalización científicas contribuyen a una mayor despersonalización y desespiritualización. Contra este proceso surge un amplio rechazo que nace del anhelo de un médico natural, vinculado al universo; Sigue leyendo

Prospectiva de las emociones

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emociones-durante-el-embarazo2En este post quiero compartir y soltar una idea que me da vueltas en la cabeza desde algún tiempo, es un pensar en alto, un borrador inicial que someto a vuestro juicio y opinión para ver si tiene sentido y si lo tiene, cómo puede tomar forma, por eso tal vez éste no sea un post muy estructurado.

Tal como indica el título se trata de la posibilidad de hacer prospectiva de las emociones.

Si la prospectiva consiste en una investigación sobre el futuro, estudiar y predecir futuros posibles, probables y preferidos, ¿cómo podemos usar el pensamiento sobre el futuro para predecir qué tipo de emociones se experimentarán y regirán la vida de nuestra sociedad futura?.

Pero quizás antes haya que responder a la pregunta ¿en qué tipo de sociedad queremos vivir el futuro?. Cada sociedad tiene, establece sus propios tipos y marcos emocionales; ya hablábamos de ello en “¿Sienten las sociedades?”;  

A través de nuestro sistema cultural mediterráneo consideramos el porvenir como algo predeterminado y ajeno a nuestra voluntad, una visión del futuro castrada de inicio desde un punto de vista creativo.

Vivimos años convulsos y de gran incertidumbre, una época que ha generado su propio marco de estados emocionales.  El aumento sin freno de la pobreza, la vulnerabilidad, la desigualdad y la exclusión social (ver el Informe de la Fundación FOESSA y Cáritas) está generando un enorme sufrimiento y un déficit ético y democrático que está secuestrando emocionalmente el futuro de varias generaciones.

Lo que parece confirmar la reflexión de Michel Godet: “El mundo cambia y los problemas permanecen, la historia no se repite pero los comportamientos se reproducen”.

Por una parte la riqueza de unos pocos aumentan exponencialmente, pero lo más grave es el continuo discurso desde todos los estamentos de poder que está inoculando el virus del miedo, frustración, decepción y culpabilidad, emociones sociales que desmotivan y paralizan.

Los últimos acontecimientos sobre corrupción son expresión de una época que ha generado un sistema sin vergüenza, de avaricia y codicia.

Desde este contexto existen previsiones de futuro muy diferentes y por tanto, asociadas a emociones muy diferentes.

Por una parte, están las teorías y tendencias que nos alumbran un futuro incierto, muy negro, desde todos los estamentos, sean sociales, políticos, económicos, empresariales o académicos, las previsiones de futuro se presentan con múltiples amenazas y peligros. No dejan de ser mensajes de miedo.

Es una época en la que todo está en cambio, pero a diferentes ritmos, acelerado en los económico, en lo tecnológico, pero menos en el ámbito social y menos en lo cultural y psicológico y emocional.

Sin embargo, afortunadamente, existen las previsiones que nos muestran otra cara bien diferente, la indignación, la ilusión, la esperanza, la solidaridad, la compasión como emociones colectivas, que indican un profundo cambio cultural y de valores.

Es importante analizar esta diferencia porque la actitud hacia el futuro es determinante para el éxito de la toma de decisiones.

El futuro está abierto a nuestra capacidad de imaginación creativa, a nuestra capacidad de innovar y y generar cosas nuevas, generar emociones nuevas, nuevo carácter humano, nuevas formas de vida y nuevos valores. Que ayuden a diseñar y darle forma al futuro.

Según nos exponen Enric Bas y Mario Guilló: “debe imperar el ideal de trabajar por un futuro mejor para la comunidad, incluir la prospectiva en el análisis como herramienta de transformación, conexión multidisciplinar e intergeneracional”.

La prospectiva aumenta el grado de conocimiento del presente, aporta referencias válidas sobre cómo puede ser el futuro, permite identificar oportunidades y peligros potenciales, provee probabilidades de que ocurra cada uno de los escenarios, ayuda al análisis de políticas y acciones alternativas, mejora la gestión de las decisiones.

Pero, ¿cómo podemos construir un mundo en el que todos salgamos ganando? . La respuesta es el fruto de una mayor visión de futuro acerca de las verdaderas consecuencias de nuestras acciones.

En los últimos y más recientes movimientos sociales y mareas cívicas y de solidaridad ciudadana podemos apreciar una esperanzadora expresión de emociones colectivas que representan “semillas del cambio”. Trabajar por un futuro en el que se haya configurado una sociedad de la conciencia, donde las personas vivirán en pos de la satisfacción y bienestar de los demás.

En este sentido la Prospectiva participativa, comprende procesos de reflexión colectiva y comprometida para lograr un fin.  Un cambio que quizás, las personas de mi generación no veremos, pero como dice la canción de Labordeta, “Canto a la libertad”;

ni tú, ni yo, ni el otro 
la lleguemos a ver;
pero habrá que forzarla
para que pueda ser.

La visión del futuro es el estímulo para cambiar el presente.  Un presente en el que vivimos una excitante combinación de fenómenos y acontecimientos sociales que no dejan de transformarse, pero también emociones y reacciones humanas.

Las imágenes mentales del futuro ayudan a las personas a escoger entre distintas opciones, con una mezcla de creencias, deseos, emociones que afectan a las decisiones. Las imágenes del futuro son flexibles se pueden cambiar, a través de los sentidos percibimos estímulos emocionales, se busca la satisfacción emocional..

Por muy mal que vayan las cosas, siempre habrá personas de bien que seguirán trabajando por el bien y la paz, siempre habrá esperanza, alegría y amor.

Si observar el futuro, lo transforma, imaginarlo conjuntamente significa vivir el presente de otro modo y darle más sentido a la acción (Gaston Berger).

¿Cuáles serán las emociones del futuro?, ¿Cómo podemos desarrollar una prospectiva de las emociones?

Este post está inspirado en:  Prospectiva. Cómo usar el pensamiento sobre el futuro. Enric Bas. Prospectiva e Innovación, Enric Bas y Mario Guilló.  Prospectiva estratégica: problemas y métodos. Michel Godet.

La imagen de cabecera corresponde ahttp://www.reproduccionasistida.org/emociones-del-futuro-padre/

La gestión de las emociones negativas

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No es algo nuevo decir que el estrés y la ansiedad, las llamadas enfermedades del s.XXI, afectan a cada vez más personas y van a seguir afectando, desgraciadamente en los próximos años. No file1801281015946es difícil conocer a alguien en nuestro entorno cercano que ha sufrido alguna de ellas. Las causas de este incremento son múltiples y no me voy a detener en ellas, sino en los mecanismos que nos pueden ayudar a hacer frente a dichas patologías.

El estudio de las emociones y la inteligencia emocional han demostrado científicamente que son herramientas muy válidas para la mejora de los diferentes dominios del funcionamiento personal, social y laboral de las personas. Más concretamente la regulación emocional es una habilidad que correlaciona muy positivamente con la mejor calidad en las relaciones sociales y el bienestar subjetivo (Extremera, Fernández-Berrocal y Durán, 2003; Gross, Richards y John, 2006; John y Gross, 2004; Lieble y Snell, 2004; Salovey, 2001).

Pero la regulación emocional, no tiene que ver única o exclusivamente con la regulación de la impulsividad (ira, violencia….), sino que también incluye la capacidad de expresar emociones, y hacerlo adecuadamente. Y es aquí donde encuentro cada vez más personas a mi alrededor con problemas para poder expresar sus emociones, para poder sacar eso que llevan dentro, para poder comunicar de forma adecuada como se están sintiendo o como les gustaría que las cosas sucedieran para poder sentirse mejor.

Este proceso, en ocasiones implica reflexionar sobre lo que se está sintiendo y mirar esta emoción “sin juicio”, como un observador. Analizar cómo es esa emoción, como se manifiesta en mí, cómo reacciono ante ella….vivir el aquí y ahora desde un punto reflexivo. En ocasiones deseamos huir de esa emoción (sobre todo si es negativa), la negamos (“¡¡No, no,…no estoy enfadado!!”), y la evitamos, pero frecuentemente aquello que negamos vuelve. Es como el dicho aquel que dice: “Aquello a lo que te resistes persiste”. Si es un sentimiento negativo del que quieres liberarte, el hecho de pelearte con él, de no aceptarlo, de no aceptarte a ti mismo con aquel sentimiento que no te gusta, hace que el mismo crezca y subsista.

Vivir la emoción además, también implica hacerla presente, a través de la reflexión, a través de la palabra o a través de la escritura. Y es aquí donde nos empezamos a mover en el terreno de la expresión emocional. Desde la reflexión somos más capaces de conocer cómo nos sentimos y por lo tanto tenemos más información que poder expresar. Por otro lado, el terreno de la palabra es el utilizamos cuando contamos a un familiar o amigo como nos sentimos, a modo de desahogo. Más allá del hecho de contarlo, si queremos entender mejor y trabajar de un modo más profundo sobre el tema, podemos tratarlo en el ámbito de un proceso de terapia o un proceso de coaching. Y por último, el terreno de la escritura, también nos proporciona un medio a través del cual expresar como nos sentimos de una manera más intima y sin restricciones.

En todos los casos tratamos de “sacar” esos sentimientos y emociones para poder gestionarlos de un modo más inteligente.

¿Y a ti cual es el que mejor te funciona?

Desarrollismo Personal

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En los últimos tiempos y en diversos ambientes e incluso en diversos lugares geográficos, asisto con cierta preocupación a una moda que se esta instalando en nuestra manera de pensar y en nuestra cultura, sobre todo en ambientes de personas entre los 30 y los 50 años de edad (Esto es mas una apreciación que un estudio riguroso) y que yo llamo “desarrollismo personal“.

imageNo se si se trata de instaurar un nuevo negocio, de “desarrollo rápido” estilo a las  multinacionales de comida que todos conocemos o responde más a a un problema de “foco” de nuestra existencia,… o tal vez las dos cosas.

Parece que no eres una persona “normal” si no pasas por un curso de Coaching, Mindfulness para gestionar tu estrés, inteligencia emocional en un finde, experiencias cercanas a la muerte, biodanza para equilibrar energéticamente tu cuerpo o no practicas yoga o meditación o aprendes a hipnotizar en seis sencillos pasos un fin de semana. No digamos nada de las constelaciones familiares, nadie que se precie debería dejar de pasar por una constelación, a poder ser facilitada por alguien a quien nadie supervisa y que se supone que lo hace muy bien después de un par de fines de semana de formación a cambio de una “aportación” (Palabra muy en boga hoy en día en este ámbito y que merecería la pena estudiar detenidamente)

No se trata en este artículo de echar por tierra a nadie ni a nada, evidentemente todo tiene su valor en su justa medida y todo sirve cuando sirve. Estoy ironizando y no seré yo quien juzgue a nadie por practicar lo que sea, por mucho que a mi me pueda parecer lejano o extraño o antinatural.

Lo que me preocupa es que gracias a personas con pocos escrúpulos y usando la necesidad de la gente de buena voluntad, que tal vez están buscando un Norte al que dirigirse, estas personas que de un modo u otro son vulnerables, acaben siendo “carne de cañón” de pseudo profesionales en mi opinión, poco fiables.

Independientemente de que cualquiera de las técnicas o metodologías que he nombrado antes pueda ser más o menos útiles, juicio en el que no entraré en este post, creo humildemente que en general estamos equivocando el camino. Si pensamos, todos conoceremos a personas que llevan en sus espaldas varios cursos, retiros, certificaciones, etc. de algunas de las cosas nombradas e incluso otras nuevas o diferentes y que en realidad, no hemos visto que el efecto producido sea manifiesto más allá de un par de semanas después de hacer el ultimo curso, con suerte.

Esto puede crear una especie de aprendizaje en bucle, que hace que las personas sigan “necesitando” hacer esos cursos, ya como un fin más que como un medio. Se convierten en “yonquisdel desarrollo personal y en muchos casos y como ocurre con cualquier cosa que crea adicción, en realidad no suele servir a la larga para mejorar demasiado, puesto que si todas la técnicas, cursos, metodologías o filosofías sirvieran realmente para lo que dicen servir, cada vez necesitaríamos menos y no más, ¿no?

Para mi la clave está en donde ponemos el protagonismo del cambio o de la mejora, donde está la responsabilidad de conseguir lo que queremos y quién es el responsable de lo que me pasa y realmente creo que sin duda, si yo delego en otros soluciones mágicas para mi vida,….

 ¿No me estaré haciendo un yonqui del “Desarrollo Personal”?

 Y por otro lado, ¿Por qué hay personas que piensan que el hecho de que a ellas/os les haya servido un curso, una técnica, etc., inmediatamente les capacita para impartirla ellas/os mismas/os?

 Creo que jugamos con lo mas sagrado, que es la vida de la gente y esta se merece mucho respeto, ¿No creéis?