Inteligencia emocional

LOS NIÑOS ROBOTS

Hace un tiempo estuve viendo un reportaje sobre la Expo que se celebró en Madrid en Noviembre del 2017 sobre la Inteligencia Artificial y donde se decía que ésta se iba a convertir en la nueva revolución, incluso, se atrevían a vaticinar, superior a la que supuso el descubrimiento del fuego. Mientras escuchaba esto, vino a mi memoria la película I.A. Inteligencia Artificial, que dirigió  Steven Spielberg en 2001 y que estaba basada en un relato de ciencia ficción que llevaba por título: Los Superjuguetes duran todo el verano, del autor Brian Aldiss,

De forma resumida, el argumento trata de que en un momento futuro los humanos convivimos con una clase de robots llamados Mecas, humanoides avanzados capaces de emular pensamientos y emociones. Una familia, que tiene a su hijo enfermo y que se encuentra en una especie de coma inducido hasta encontrar una cura para su enfermedad, adquiere un niño robot llamado David, que está diseñado para parecerse a un niño y mostrar amor para sus poseedores humanos.

Hace poco he estado dando una formación sobre el tema de los padres y madres, a los que yo llamo, conseguidores (hable de ello en un post anterior para este blog) que se refiere a  aquellos progenitores que para sus hijos solo son proporcionadores de cosas. Uniendo estas ideas reflexioné sobre los padres y madres del futuro y de que ocurriría sobre si se pudiese elegir entre una crianza con niños y niñas, llamémosles de toda la vida, o se pudiesen adquirir estos hijos e hijas humanoides, en una sociedad visualizada como evolución de la actual, hiperconsumista.

Me imaginaba a estos niños de padres y madres criados en una sociedad del bien estar exagerado, donde llegando a ese momento en  el que se ilusionan con dar sucesión a su código genético y que vienen de una sociedad que les ha facilitado mucho las cosas, que la frustración la han manejado de forma ineficaz y penosa. Que no han tenido que esperar en una cola o su consumo se ha basado en la rapidez y comodidad de las nuevas aplicaciones y servicios en la red. Como digo, me los imagino en ese momento futuro donde se les dé la posibilidad de elegir tener un hijo natural o un hijo robot. Que esta segunda opción les permite solo disfrutar de su paternidad-maternidad artificial. Que no tienen que cambiar pañales, ni han estado practicando la paciencia para que sus hijos se coman las verduras y que estos hijos robots solo les permitan disfrutar de los momentos bonitos y agradables de ser padre o madre.

Que me apetece en este momento ser padre o madre, enciendo a mi hijo, que llego cansado de trabajar y solo me apetece sentarme y no hacer nada, pues lo apago hasta el siguiente momento que me apetezca, ¿Cuántos padres y madres de ese mundo futuro no se plantearían comprar uno? Quizás nos pudiera sorprender la respuesta o…no sé si es peor pensar que igual no nos sorprendería la respuesta. Cuantos padres y madres no han pensado alguna vez: “si tuviesen un botón para desconectarles ahora, que tranquilo estaría”.

Un paseo por la Viena freudiana

Hace unos meses tuve la oportunidad de volver a Viena. En esta ocasión, el motivo fue una reunión de VIRTUS http://virtus-project.eu/es/ proyecto europeo que nos ha permitido crear en cooperación un Centro Virtual de Formación Profesional en Emprendimiento Social, Turismo y Servicios de Hospedaje.

Sin demasiado tiempo para disfrutar de la ciudad, se imponía una decisión rápida. Demasiadas opciones. Necesitaba “un pequeño empujón”. ¿El palacio de Schonbrunn? ¿Recordar a Francisco José y Sisí escuchando al espíritu del pequeño Mozart interpretar sus piezas? ¿La Musikverein y su eterno concierto de Año Nuevo?

Acabé en el 19 de Berggasse Strasse, donde se encuentra la casa que habitó Sigmund junto con su familia entre 1891 y 1938, donde instaló su gabinete, y nació el psicoanálisis. Museo en la actualidad. Un comentario crítico leído por ahí (“interesante pero no imprescindible”) avivó mi curiosidad y me acabó por convencer.

Como ya anticipara otro vienés, Stefan Zweig (“La curación por el espíritu”) Freud es un personaje imprescindible para interpretar el SXX y la actualidad. Junto con Copérnico (la tierra no es el centro del universo) y Darwin (de “divinos” a “animales”), acabó de apuntillar el orgullo y narcisismo humano: no somos ni tan dueños de nosotros mismos, ni tan racionales, ni tan divinos …

Este verano leí algunos de sus textos, correspondencia, artículos … y pude “revivir” parte del itinerario vital y científico del Doctor Freud. (“La hipnosis: textos 1886-1893” Ed. Ariel). Sus veladas con Breuer, y su noviazgo con Martha; la historia de Bertha que parece hipnotizarse a sí misma y sus acertados comentarios sobre la talking cure (cura a través del habla) y chimney sweeping (deshollinar la chimenea). Narraciones y conversaciones depurativas para el alma.

El joven Freud que quiere convertirse en Médico de los Nervios. Su aprendizaje con Charcot, el “Napoleón de las neurosis” en el Hospital de la Salpetriere; el laboratorio de la hipnosis, el eje Paris-Viena y la maldición de los Gomperz como familia neuropática -la gomperzitis-.

Su colaboración en Nancy con Bernheim, la sugestión y sus aplicaciones terapeúticas … El nacimiento del psicoanálisis en la búsqueda de los traumas infantiles en la memoria de Anna Von Lieben. El esfuerzo de la represión que provoca el estado histérico, la división de la conciencia. Cuanto más queremos ignorar, borrar, olvidar una idea desagradable, más se convierte esa idea en autónoma, más se escapa a la voluntad consciente y se traduce en movimientos y sensaciones incontrolables. El psicoanálisis como “hipnosis en estado de vigilia”

Una lectura tan interesante como intensa. Desde el desacuerdo.

Me llevo algunas perlas de este compendio de textos traducidos y publicados un siglo después de su nacimiento. Déjame compartir contigo estas dos.

“Confío en que mantengas tu espíritu escéptico y que no te olvides de que maravilloso es una exclamación de ignorancia y no el reconocimiento de un milagro

“Un fenómeno no puede explicarse por sí mismo. Es como si en la Santa Adivinanza,  San Cristobal llevara al niño Jesús y éste lleva al mundo ¿Dónde ponía lo pies San Cristobal?”

 

Civismo: educación y emociones

Por Juan Carlos Duque Ametxazurra

Según la segunda acepción que da el Diccionario de la lengua española, civismo  (Del fr. civisme, y este del lat. civis ‘ciudadano’ y el fr. –isme ‘-ismo’) es el comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública. En esta definición encontramos los dos elementos que acompañan al concepto y encabezan estas líneas. Un comportamiento respetuoso implica una actitud, una emoción, y las normas de convivencia pública presuponen un conocimiento de las mismas, por tanto, una formación -educación- que contribuya a que la ciudadanía primero conozca y luego sepa qué y cómo se puede, o debe, hacer y qué no.

No ha mucho tiempo, estos diecinueve puntos, y bastantes más, eran reglas que se aprendían en casa, en familia, y se reforzaban insistentemente en los centros educativos. Nadie nace aprendido. Un fotógrafo, una bailarina, un enfermero, una ejecutiva, un carpintero, una escritora profesionales pasan muchas horas aprendiendo y practicando para poder cumplir satisfactoriamente con su quehacer. Educar las emociones supone también un proceso de aprendizaje y práctica. Y todo aprendizaje y práctica suponen una metodología y un esfuerzo. Emocionarse con la buena educación no es algo que surja espontáneamente en el ser humano. Las reglas básicas de convivencia (=civismo) son el compendio de lo que siempre se ha conocido como buena educación.

La sociedad moderna y contemporánea, la de las declaraciones de derechos universales, adolece de dos graves carencias: ausencia de límites y falta de coherencia. Mis derechos terminan –exactamente- donde comienzan los de los demás. Derechos: ¡sí! Obligaciones: ¡también! Esto no quiere decir que los derechos, stricto sensu, terminen. Pero además de los míos, no debo olvidar que quienes y todo lo que me rodean tienen también los suyos.

Las declaraciones tienen que ser cumplidas.

“Otro mundo es necesario, no sólo posible (…). Y es necesario porque el que tenemos no está a la altura de lo que los seres humanos merecen; no está a la altura de las grandes declaraciones que hemos hecho (Declaración Universal de los Derechos Humanos, Objetivos del Milenio, Objetivos del Desarrollo sostenible, etc.)… tenemos que proteger y respetar los derechos de todos sin exclusiones.

El lenguaje nos compromete (‘le tomo a usted la palabra’)… cuando decimos “Declaramos”, es más que soñar o una utopía, supone un compromiso. Y nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones…” (Arantza Echaniz Barrondo, sobre la ponencia de Adela Cortina Nuevo Modelo Social: ¿razones para la esperanza?).

La mala educación evidencia una profunda falta de civismo, por tanto, un profundo desconocimiento y uso de las reglas básicas de convivencia con uno mismo, con los demás y con su entorno.

Sin entrar en la manida discusión respecto de las reformas educativas en el Estado Español y el consabido tira y afloja respecto de la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (presente en el último ciclo de la Educación Primaria y en toda la Secundaria en el período 2006 – 2016), se aprecia el carácter optativo, por tanto no troncal, que en la formación preuniversitaria estatal actual (regida por la LOMCE – Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa) tienen los valores sociales y cívicos ( El currículo en Primaria, ESO y Bachillerato).

Luís María Cifuentes, en su artículo Fundamentos filosóficos de le educación cívica intercultural, cuya lectura recomiendo, introduce una breve historia del concepto de virtud cívica y sus derivadas virtud individual y virtud cívica; reseña cómo la idea de las virtudes cívicas ha estado asociada a las ideologías políticas dominantes a lo largo del siglo XX –comunismo y capitalismo- y termina subrayando la necesidad social de una educación en los valores cívicos y la toma de conciencia de que ésta no puede obviar el componente intercultural que caracteriza las sociedades del ya mayor de edad siglo XXI.

Una clara manifestación de falta de civismo, diría casi generalizada, es la que padece nuestra ciudadanía en las fiestas populares, y recientemente, en la cada vez más recurrente celebración del botellón, durante las que parece abrirse la veda del esparcimiento de restos y desperdicios de todo tipo en cualquier lugar y hora, amén de la evacuación de aguas menores – a veces incluso mayores – por parte de especímenes humanos de todo género en los sitios más insospechados y frente a los públicos más variados, sin vergüenza ni pudor. Afortunadamente, al menos en la capital vizcaína, el servicio de limpieza urbana suple con creces las carencias de una gran multitud de mal llamados ciudadanos y palía los estragos causados.

En este sentido, desde febrero de 2017, el Ayuntamiento de Bilbao ha lanzado una campaña para promover los valores cívicos de convivencia pública en materia de limpieza y usos del espacio público, y ha habilitado una página web a tal efecto: Bilbao es tu casa. Reconozco que, aunque sensible a estos asuntos, inquieto buscador de temas de interés, atento receptor de informaciones por todos los medios a mi alcance, he venido a tener conocimiento de esta campaña un año después de su lanzamiento. Sin embargo, rompo una lanza en favor de mi municipio por su esfuerzo por contribuir a una educación cívica y quiero aportar mi granito de arena para su difusión.

Incluyo a continuación un interesante vídeo que recoge una experiencia educativa japonesa. Me temo, muy a mi pesar, que algo similar en nuestros centros educativos – en nuestra sociedad occidental -, sería, por el momento, impensable…

El hecho de que ordenen sus propias cosas significa prepararlos para toda la vida.

 

Sanar las heridas

Autora: Agustina Guerrero

Recientemente recibí la propuesta para formar parte del primer núcleo de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) que la Compañía de Jesús quiere iniciar en el Loiola Zentroa del Santuario de Loiola. La primera acción consiste en cuatro días de formación en Loiola. Como decía el correo: “Dicha formación comienza partiendo de la propia experiencia, por tanto trabajarás una herida personal, tanto personalmente como en pequeños grupos de 3 personas (a ser posible que no sean conocidas) en línea de curarla: perdonarse uno mismo-a y reconciliarse de un modo u otro. Se hará con total confidencialidad”.  Me atrajo la idea desde el primer momento. Llevo mucho tiempo dándole vueltas al tema del perdón. Cuando escribo esto he pasado la primera parte de la formación que se centra en el perdón y que abre la puerta a la reconciliación. Voy a compartir aquí algunas de las ideas que me llevo.

Algo que me ha costado es pensar qué herida quiero trabajar. Tengo ya muchas cicatrices en el cuerpo y en el alma. Quiero creer que ya están cerradas. No las olvido pero ya no duelen. Me da un poco de respeto hurgar en algunas de ellas. Sin embargo, es un reto que estoy dispuesta a asumir en este momento. Hace mucho escuché a un profesor, y se ha convertido en un lema para mí, “nadie da lo que no tiene”. En la medida en la que me quiera bien a mi misma, podré querer mejor a los demás.

Resuena en mí de forma especial en este momento este poema de Piedad Bonnett:

LAS CICATRICES (del libro Explicaciones no pedidas)

No hay cicatriz, por brutal que parezca,

que no encierre belleza.

Una historia puntual se cuenta en ella,

algún dolor. Pero también su fin.

Las cicatrices, pues, son  las costuras

de la memoria,

un remate imperfecto que nos sana

dañándonos. La forma

que el tiempo encuentra

de que nunca olvidemos las heridas.

Nos acompañan en la formación dos animadoras de ESPERE (Perú), Vanessa Custodio y Eva Boyle. La metodología del programa ESPERE fue premiada en el año 2006 por la UNESCO. “Las Escuelas de Perdón y Reconciliación ESPERE, son un proceso pedagógico en donde los participantes reinterpretan un acontecimiento doloroso de su pasado, inmediato o remoto, para superar el dolor y los sentimientos de rencor y venganza que limitan el goce de la vida. Esta propuesta permite superar la memoria ingrata del pasado, realizar procesos de justicia restaurativa y establecer pactos que garanticen la no repetición de las ofensas”.

La violencia (sea del tipo que sea) tiene unos efectos que en ESPERE se les llama, las Heridas de las tres “S”:

Cualquier ofensa o agresión  que recibimos (o infringimos) tiene repercusiones en nuestras emociones (lo que sentimos: tristeza, dolor, rabia, ganas de llorar, etc.), en nuestros pensamientos (lo que entendemos: “es injusto”, “me las va a pagar”, etc.) y en nuestras conductas (lo que hacemos: poner mala cara, castigar, agredir, contestar mal, ignorar, etc.). [Véase el ABC emocional del Albert Ellis]. En ESPERE se busca propiciar la educación emocional, aprender a decodificar correctamente teniendo en cuenta que hay emociones que facilitan la sanación y las relaciones (alegría, reconocimiento, compasión, etc.) y otras que las dificultan (rencor, ira, tristeza, etc.).

Si tuviera que dar mi propia definición de lo que es el perdón diría que es “un proceso de liberación y sanación que parte de una decisión personal”. Es muy importante entender que es un proceso. No es necesariamente un fin. Puedo empezar el proceso pero puedo no llegar. Es un proceso único, cada uno tiene sus tiempos y su recorrido. Es un regalo para mí que sana, libera y transforma. Me ayuda a restaurar el daño que me han causado, mitiga mi dolor. Es un proceso que se vive mejor  en un grupo que me apoye y me acompañe, en un grupo en el que cada uno vaya siguiendo su propio proceso. El perdón es una decisión, una actitud, una forma de vivir. Es una nueva forma de ver personas y hechos. Es un proceso de autosanación que hay que vivir. El perdón transforma nuestra mirada, busca una nueva narrativa que ayude a construir un nuevo relato. El perdón no está reñido con emprender acciones incluso legales, si fuera necesario.

El perdón y la reconciliación son dos procesos diferentes. El perdón es un proceso necesario para la reconciliación. En ESPERE se habla de tres tipos de reconciliación:

  • De coexistencia (a distancia, o con prudente distancia).
  • De convivencia (o próxima, en ella la cooperación y la solidaridad son posibles).
  • De comunión (en la que el amor renace y se profundiza la fraternidad).

No siempre es posible la reconciliación. Puede que la persona que cometió la ofensa muriera, que no se sepa dónde está, o que no quiera la reconciliación. En algunos casos no es aconsejable (porque no se dan las condiciones necesarias). En algunos casos quedará sólo la coexistencia.

Quiero acabar con una frase de los materiales que hemos recibido: “el objetivo del perdón es arrojar luz sobre los engaños, temores, juicios y críticas que nos han mantenido cautivos en el papel de nuestro propio carcelero”. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo y es posible, incluso en las circunstancias más duras, como muestra el siguiente vídeo.

“Yo controlo”: reflexiones sobre el autocontrol emocional

El autocontrol emocional es una de las principales competencias emocionales.

Autocontrol versus descontrol

Visto lo visto en nuestra sociedad parece urgente volver la mirada sobre la importancia de trabajarla más y mejor.  Dedicaré este post a reflexionar sobre la relación entre la frustración, el descontrol y el poder en el proceso de adquisición de la competencia. Veremos a dónde llegamos…

 

 

¿Cómo aprender autocontrol con sobreprotección y sin responsabilidades?

La primera dificultad consiste en que la mezcla de la falta de autonomía vinculada a la sobreprotección y, por ende, de la falta de responsabilidad ante obligaciones ocasiona una falta de experiencia de gestión de la frustración. Nuestros hijos están viviendo en entornos con presencia adulta permanente que se responsabiliza de tareas y cuestiones diarias que supone protección, seguridad y comodidad para los menores, pero también falta de oportunidad de asumir responsabilidades y conocer la frustración.

El autocontrol supone saber gestionar la intensidad de la emocionalidad y, para ello, es imprescindible saber hacer un balance entre la utilidad de dejarse llevar por la emoción y las consecuencias de hacerlo. Para ello resulta necesario acumular experiencia de afrontamiento de situaciones de complejidad emocional, así como de responsabilidad adecuada a las capacidades de cada menor. Y esto se consigue acompañando a los menores en sus procesos de adquisición de mayores niveles de autonomía.

 

¿Cómo entrenarse en autocontrol con invitaciones al descontrol?

Autocontrol emocional

Nuestra sociedad es la de la hiperconectividad y la de los contenidos audiovisuales. Todos sabemos de la capacidad de captar la atención de estas nuevas herramientas tecnológicas. De hecho se ha demostrado, por ejemplo, la capacidad de la inmersión en escenarios 3D para disminuir la percepción del dolor. Los nativos digitales son a opinión de algunos expertos huérfanos digitales. Y esto es debido a que no reciben información sobre cómo usar la tecnología de forma saludable. Los adultos hemos convivido con la tecnología desde hace pocas décadas y, por ello, nos resulta más complejo acompañar a las nuevas generaciones en el uso adecuado de tabletas, smartphones y ordenadores.

El ocio es cada vez más tecnológico y las redes sociales son parte de la interacción natural de los más jóvenes. El escenario de descontrol tiene mucho más que ver con la falta de acompañamiento y de formación sobre el uso saludable de las nuevas tecnologías que con cualquier otra cuestión. Pero va siendo hora de empezar, no?

 

El control del poder.

De alguna forma, desde mi punto de vista, todas estas cuestiones están muy relacionadas con nuestra relación como sociedad con la ética del poder. El descontrol está vinculado con el poder de la misma forma que el autocontrol está unido a la ética. Vivimos tiempos extraños en los que cada vez resulta más difícil confiar a la vez que depositamos cada vez más confianza. No confiamos en las leyes, en la justicia, en los políticos o en la bondad del ser humano. Y, paralelamente, damos por buena la información, los medios que la generan y la difunden. Descontrolarse está facilitado por contextos laxos en las que las acciones no tienen consecuencias. El que se descontrola puede hacerlo, tiene la posibilidad, su contexto lo posibilita y lo permite. El autocontrol, por contra, requiere una conciencia de conexión con los demás y de las responsabilidades que conlleva. La tendencia a la búsqueda de la comodidad, al individualismo, al consumismo posibilita contextos sociales y personales con menos recursos para aprender autocontrol. Todo esto tiene relación con la “doctrina del shock” de forma que una población desmovilizada y con problemas de autocontrol junto con una desconfianza creciente en la posibilidad de que las cosas cambien permiten mantener el estatus quo.

 

para ti, ¿qué es amar?

Maitane, mi hija pequeña, que debe rondar los 4 años, quizás tiene alguno más, 1, 2, incluso 3 más, tal vez tiene ya 7, y Gorka, su hermano mayor, que le lleva 3 años y medio, vuelven de casa de mi madre con un comentario, que me va a hacer pensar,

  • Aita (papá), amama Pily (la abuela) dice una cosa bien rara, que no entendemos,
  • No sé, ¿qué es eso tan raro que dice la abuela, Maitane?
  • Amama (la abuela) dice que obedecer es amar.

Y me quedo pensando en esta frase, obedecer es amar, una frase que ha impregnado mi infancia, y seguramente toda mi educación. Es más, es una frase que debo haber oído repetida tantas veces que ni siquiera me suena rara.

Obedecer es amar es uno de los mantras de mi madre que de tanto oír ya ni siquiera me doy cuenta, ni siquiera cuestiono, y opera en mí de forma inconsciente, quién sabe cómo me haya condicionado en mi desarrollo personal.

Obedecer es amar, ¿no te parece terrible?

Si me obedeces, hijo mío, me quieres, y si no me obedeces… pues va a ser que no.

Si te parece bien, voy a cerrar estas líneas, que se saltan el curso de la historia y de los acontecimientos, algunos anteriores y otros posteriores a esta anécdota, anteriores en cualquier caso al proyecto que van a desencadenar muchos años después,

un proyecto que tiene todo que ver con esta definición que hace mi madre de qué es amar, en mi fuero interno está claro que amar no es esto, y que sirve para abrir este ejercicio de ver lo que tenemos delante de las narices con una pregunta,

tú, en una sola palabra, ¿cómo definirías qué es amar?,

para ti, en una sola palabra, ¿qué es amar?

   así lo vimos…

y me quedo pensando, medio sonriente medio meditabundo, con el rótulo que encabeza este capítulo con el que empiezo este nuevo proyecto, cuyo título tiene que ver con la respuesta a esta pregunta, que no vamos a desvelar por ahora,

un rótulo que empieza con el doble cero, 00, quién sabe por qué,

tal vez el doble cero hace referencia a este regalo que me hacen mis hijos y mi madre, 00 empiezo a desentrañar un mantra de la casa de mi madre con la inestimable ayuda de mis hijos, Maitane y Gorka.

doble cero que va antes del cero simple, con el que introducimos en escena a mi madre bebé, una vida antes de la mía, que tiene tanta influencia en lo que va a venir, nos pasa a muchas personas con nuestras madres y nuestro padres,

y conecto con la biografía, esa curiosa actividad que nos permite volver a mirar la historia de nuestra vida, y ver significados en las cosas con el pasar del tiempo, porque hace unos años, cuando ocurrió, este evento no parecía tener mayor significado,

¿por qué será tan importante hoy?

con el paso del tiempo, en ello estamos, integramos en 7 emociones fundamentos de responsabilidad emocional con fundamentos del campo de la atención (un poquito de teoría U) y del buen trato (un poco de análisis transaccional),

y abrimos procesos de auto-conciencia, en los que observamos cómo afectan los mandatos de mamá y de papá, convertidos en creencias, que nos va a costar tanto identificar y des-hacer,

obedecer es amar, acuérdate,

cómo integramos el juicio y la crítica, en contacto con nuestros padres críticos, y la figura del perseguidor, cómo afecta en nuestra vida la culpa, qué bueno, ya se ha instalado en nosotros el juez, que nos castiga, ya no hace falta un juez exterior,

un ejercicio tan divertido como la vida misma, muchas gracias, mamá y papá, por las posibilidades para vivir y desarrollarme, muchas gracias, Gorka y Maitane, por los sofocones, convertidos en apreHendizajes, va por vosotros.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons inspirado por la teoría U de Otto Scharmer y la teoría del color de Goethe que compartimos contigo por medio de este enlace.

Emocionario de Tesis.

Hoy vengo al blog a hablar de mí, de mis estados emocionales, de las emociones que últimamente estoy sintiendo en relación al proceso de elaboración de la tesis doctoral.

Y lo hago porque he constatado que son emociones que comparto con otras personas de mi edad que también están estudiando. El pasado sábado coincidí haciendo la compra con un compañero de trabajo, también estudiante, me confesó estar contrariado porque estaba tardando más de lo previsto en “llenar el carro” y tenía ganas de terminar e irse a la biblioteca a estudiar. Mientras esperábamos el turno en la pescadería fuimos hablando y compartiendo nuestro sentir en el proceso de estudio. Por un lado está la alta motivación que tenemos, las ganas e ilusión por aprender, por adquirir conocimiento y disfrutar del estudio y del proceso de investigación.

Pero por otra parte, como él, siento rabia cuando tiendo a pensar que mi prioridad es sentarme a solas con la tesis y no encuentro tiempo porque surgen otras cosas, y no es así, hay otras prioridades que atender, tareas, atenciones y responsabilidades del hogar y la familia, lo que me lleva a mantener un permanente esfuerzo de gestión emocional. Se me está haciendo difícil. Siento rabia cuando me cuesta organizarme y preparar la bibliografía y el material necesario para sentarme a escribir, porque por diversas circunstancias familiares no cuento con un sitio fijo para estudiar y escribir. Algunas tardes las paso enteras en la biblioteca.

Se está convirtiendo en una obsesión, y esto no es bueno, así lo siento, eso me genera una contradicción interior y lo confieso, también algo de rechazo, por eso a veces viene el pensamiento de dejarlo todo y vivir cómodamente. Pero el compromiso conmigo mismo en este reto es muy fuerte y el convencimiento de que estoy haciendo algo valioso me mantiene firme.

Y también viene el miedo, al que nadie llama, pero se presenta. Miedo a no cumplir con el nivel deseado, a no cumplir los plazos planificados y previstos, miedo a desvincularme emocionalmente de la tesis. Y qué decir de la tristeza. Son muchas las noches que me siento triste porque veo que finaliza el día y no he podido dedicarle tiempo. Quizás por eso muchos días me siento cansado, con ganas de tumbarme en la cama. O tal vez porque mi energía física y mental es más alta durante la mañana.

Bueno, también aparecen emociones agradables que me producen bienestar y una gran satisfacción, como la sorpresa y alegría cuando descubro algo nuevo, alguna nueva conexión de pensamiento, de ideas, de posibles nuevas líneas de investigación, algo nuevo que incorporar.

La ilusión cuando avanzo, cuando al cerrar el ordenador y guardar los libros, me siento satisfecho con lo realizado y presiento que a pesar de todo, haré una gran tesis, estoy convencido de ello. Queda aún mucho trabajo, y sobre todo me queda mucha gestión emocional, pero eso es la vida ¿no?.

Una Secretaría de Estado contra la Soledad

El pasado miércoles, una noticia en los medios de comunicación me cautivó: la Primera Ministra del Reino Unido anunciaba la creación de una Secretaría de Estado para luchar contra la soledad que será dirigida por Tracey Crouch. https://elpais.com/internacional/2018/01/17/mundo_global/1516217665_881811.html

Theresa May, la misma persona que hace unos meses se mostró fría y distante con las víctimas del incendio de la londinense Torre Grenfell https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/23/actualidad/1498211257_235698.html nos daba con el nuevo año una lección de sagacidad en sus “new year resolutions”

Las cifras son contundentes: nueve millones de personas en el Reino Unido sufren esta epidemia; 200.000 personas mayores no han tenido una conversación con un amigo o un familiar en más de un mes. Dramático. Inhumano.

Parece mentira. Cada vez disponemos de más medios para relacionarnos. Sin embargo, paradójicamente, a mayor capacidad tecnológica de interconexión, más lejanía, menos interacción, más soledad. “… la existencia de unos medios inimaginables hace unos años, corren parejos, pero en proporción inversa, con la incomunicación fáctica” (Castilla del Pino, La Incomunicación. 1970).

El debilitamiento de una cultura y unas comunidades que antes nos conectaban se encuentra entre sus causas. Así lo señalaba la Comisión creada al efecto que fue presidida por Jo Cox víctima de la intolerancia extremista.

 

La soledad nos está matando. Cada vez se reconocen más sus nefastas consecuencias a nivel físico, mental y emocional equiparables a la obesidad y el tabaquismo.

También a nivel económico: según la London School of Economics, diez años de soledad de una persona mayor, suponen un sobrecosto de 6.800 euros en sanidad y presión a los servicios públicos locales.

La soledad tiene que ser asunto de todas y todos. Es un reto social, y sólo desde este campo podemos abordarlo: sociedad civil, organizaciones, personas, instituciones, empresas … La creación de una Secretaria de Estado me parece una iniciativa interesante, atrevida, oportuna. También insuficiente: instalar una nueva aplicación está bien pero no basta cuando necesitamos actualizar todo el sistema operativo. En lo tecnológico y en lo social.

Así lo apuntaba recientemente O. Scharmer “Las dificultades que tenemos para enfrentar los desafíos globales de hoy en día no se deben a una brecha de conocimiento. El problema es una brecha de saber- hacer: una desconexión entre nuestra conciencia colectiva y nuestras acciones colectivas.

En la mayoría de los sistemas sociales, colectivamente creamos resultados que (casi) nadie quiere (las brechas ecológica, social y espiritual son ejemplos). Estas lagunas y divisiones se amplifican por la estructura de silos de nuestras instituciones clave y la mentalidad de los responsables de la toma de decisiones que operan dentro de ellas. Para abordar estos problemas desde su raíz, se requieren dos cosas: nuevas plataformas para la co-creación intersectorial y una actualización en el sistema operativo que las personas utilizan para colaborar, prácticas que facilitan un cambio de conciencia de un sistema que gira en torno al ego (ego — sistema) a un ecosistema” https://medium.com/@hborgesg/la-educación-es-el-encendido-de-una-llama-cómo-reinventar-la-universidad-del-siglo-xxi-883af5cb1503

Un problema social, de salud pública. Que requiere de la contribución de la sociedad civil organizada, de las personas, de voluntariado. De todas y todos. También de Secretarías de Estado de nueva creación ¿Tomaremos nota?

Una nueva iniciativa que coincide en el tiempo con el debate de futuros en el Consorcio de Inteligencia Emocional. http://www.consorciointeligenciaemocional.org Más razones para seguir apostando por esta plataforma.

La apuesta por el corazón

Recientemente he visto una película que me ha dado mucho qué pensar. Coco es una deliciosa película de Pixar que trata sobre el Día de Muertos (en 2008 la UNESCO inscribió estas celebraciones en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad).    Es imprescindible para quienes nos fascina la cultura mexicana, la música, el colorido, las costumbres… Me quedo con una frase que un personaje le dice a Miguel en el mundo de los muertos… “Si no queda nadie que te recuerda en el mundo de los vivos desapareces de este mundo”. Al principio pensé titular esta entrada “El miedo al olvido”, ya que es un tema que ha salido en varias conversaciones que he mantenido últimamente. Este año, por primera vez, me ha pasado al cumplir años (hace ya unos meses) que he tenido la certeza de que seguramente he vivido más que lo que me queda por vivir. Además, me he hecho plenamente consciente de que mis capacidades físicas empiezan a ir cuesta abajo. Se empieza a hacer realidad algo que me dijo hace tiempo una gran amiga, mi “tercera madre”: “Aran, cuando a partir de los 40 te aparece un dolor ya no se quita”. Y junto a todo esto aparece una gran pregunta que a todos nos surge en algún momento: “¿Qué he hecho en mi vida? ¿Alguien me recordará cuando ya no esté?”.

Tim Urban, en una magnífica charla TED titulada “En la mente de un maestro procrastinador”, explica cómo funciona la mente de una persona procrastinadora. En la charla dice que todos y todas somos procratinadores en algunos aspectos o en alguna medida. El problema es cuando no hay fechas límite, ya que entonces no aparece un personaje fundamental: el Monstruo del Pánico (remito a la charla). Hay muchas cosas fundamentales en la vida como la familia, hacer ejercicio, cuidar de la salud física y psicológica, empezar/acabar una relación, etc. que no tienen plazo y en las que postergar las decisiones o acciones tienen un alto impacto negativo en nuestra felicidad.

Esto me recuerda los cinco grandes arrepentimientos al final de la vida que señala Bronnie Ware, enfermera australiana especializada en trabajo con personas moribundas:

  1. “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera;
  2. Ojalá no hubiera trabajado tanto;
  3. Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía;
  4. Habría querido volver a tener contacto con mis amigos;
  5. Me hubiera gustado ser más feliz”.

 

Una amiga me recomendó un documental “ULU: Un Latido Universal”, que durante un tiempo se puede ver en internet. Como dice la página web del mismo “La película muestra en las pantallas un viaje, una experiencia, que permite ver y sentir algunas claves para los momentos de cambio y transformación de la actualidad. Desde una actitud creativa, en confianza, para transformar esta crisis, esta búsqueda de valor, en una historia de AMOR; tejida a través del guion inverso, donde todo transcurre a través de un hilo conductor”.  Es muy enriquecedor escuchar el testimonio de personas muy diversas, todas con un cierto recorrido vital, hablando de lo que significa y lo que implica vivir de acuerdo con lo que su corazón les dice. Hace tiempo escribí sobre la inteligencia intuitiva del corazón, y de cómo llegar a la coherencia global desde la coherencia individual.

A veces me pregunto qué supone trascender a la propia vida. La respuesta es cada vez más clara para mí. Supone dejar un mundo mejor, una huella positiva, realizar actos de amor concreto, transformarme y transformar mi mundo. Más que tener miedo al olvido debemos elegir el amor, que el amor guíe nuestras acciones y decisiones porque, parafraseando a S. Juan de la Cruz, “al atardecer de la vida me examinarán del amor “.

Deseo de año nuevo: Reinventar las organizaciones.

Ahora que el año está terminando, quiero recuperar aquí algunas reflexiones que me han resonado, acompañado y que me ofrecen impulso para el año que llega. Reflexiones que conecto con los proyectos en los que estoy trabajando y que me ayudan a decidir en que nuevos proyectos quiero poner mi tiempo y mi energía. Proyectos que hablan de crear conocimiento compartido, de Equipos de Innovación, de ser capaces de encontrar nuevas formas de trabajar y de aprender, en definitiva, reinventar las organizaciones.

“…Hablar de lo que nos pasa, lo importante, lo único en lo que de verdad somos expertos, que conocemos y que parece quedarse en un segundo plano cuando llegamos a la universidad, al trabajo, cuando preparamos un proyecto.

(…)Tener la capacidad de incorporar los movimientos sociales, la inteligencia colectiva, el procomún al mundo académico, entender la importancia de todo ese conocimiento invisible, de todas esas personas consideradas amateurs, que tienen una sed de conocimiento, y que “desde fuera” son capaces de aportar respuestas…Los necesitamos para construir conocimiento compartido”…. Antonio Lafuente.

Desarrollar la autogestión, la oportunidad de las comunidades de aprendizaje.

Este artículo de Manel Muntada aconseja utilizar las comunidades de práctica como laboratorio para llegar a equipos autogestionados.

“La Comunidad de Práctica es una fórmula de trabajo colaborativo que debe su éxito al grado en que sus miembros son propietarios del objetivo que centra su atención, se adscriben voluntariamente a participar y no sólo deciden qué hacer sino también cómo y cúando hacerlo.”

Me interesa como Manel plantea esta posibilidad para transformar equipos y organizaciones en un momento en el que aún conviven viejos y nuevos paradigmas. Estas ideas que traslado las estamos poniendo en práctica en el proyecto Equipos de Innovación, y conocer otras experiencias con equipos autogestionados es un aliciente para continuar.

Reinventar las organizaciones, un libro del belga Frederic Laloux que me recomendaron a finales del 2016. Habla de un conjunto de empresas y practicas pioneras, fundadores y lideres, en definitiva, personas que se lanzaron a explorar nuevos métodos en respuesta a:

“¿Podemos crear organizaciones libres de las patologías que suelen surgir en los lugares de trabajo?¿ Libres de politiqueos, de burocracia o de disputas internas; libres de estrés y de fatiga; de resignación, resentimientos o apatía; libres de las poses de los directivos y de la monotonía que experimentan los que están en la base de la pirámide?¿ Es posible reinventar las organizaciones, concebir un nuevo modelo que transforme el trabajo en algo productivo, satisfactorio y significativo?¿Y crear lugares de trabajo llenos de vida (escuelas, hospitales, empresas y organizaciones sin ánimo de lucro), en los que puedan florecer nuestros talentos y honremos nuestras vocaciones?

“Dejé de creer que debemos diseñar y dar forma a las organizaciones del mismo modo en que diseñamos máquinas y edificios: objetivamente, desde fuera. Lo que si podemos hacer es buscar inspiración en estos pioneros para evocar nuevas formas de ser, nuevas formas de operar, desde dentro de una organización.” Frederic Laloux.

“Soy testigo directo de que es posible cambiar este mundo”

Vicente Ferrer