De nuevo desde las tripas

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Igor FernándezHacía tiempo que no frecuentaba estas líneas… Años, y no voy a negar cierta ilusión por el reencuentro. Hoy la ocasión lo merece o mejor dicho, la invitación lo merece. Me llamo Igor y soy uno de los autores que contribuyó al inicio de este espacio allá por 2007, junto con Rogelio, Xurdana, Jon, Yovanni, y otras personas que trataban de poner un foco de atención sobre esa compleja y apasionante faceta en nosotros que son las emociones y el lugar que ocupan en nuestra vida.
Me gustaría contaros que soy psicólogo, que ejerzo como psicoterapeuta y que quiero traeros mi perspectiva particular sobre estos temas, fundamentalmente sobre las relaciones humanas per sé.
Lo que me ha movido a volver a escribir aquí, aparte de la calidez de Rogelio al proponérmelo, es contribuir a un escenario de generación creativa, que cada vez involucra a más personas en muchas partes del mundo. Es una ventana a otras subjetividades que merece la pena aprovechar. Y para empezar, ésta es una palabra que me gustaría reivindicar hoy: subjetividad.

Cuando miro, desde mi perspectiva como profesional de la salud mental, al entorno que me rodea, a los escenarios en los que se desarrolla la vida, me resulta llamativo ver cuánto esfuerzo ponemos en tratar de controlarla y predecirla. Y aún más en tratar de hacer encajar la espontaneidad en las casillas producto de esos cálculos. Ponemos muchos recursos para intentar desarrollar una tecnología aplicada a los asuntos humanos: depuramos protocolos y procedimientos, afianzamos fórmulas y proposiciones para que nos lleven a los resultados que nos hemos propuesto, independientemente de las circunstancias y las particularidades. Realmente nos esforzamos mucho en utilizar nuestra capacidad de análisis para decantar lo esencial de las cosas que nos pasan, al tiempo que, paradójicamente, relegamos nuestras impresiones, sensaciones, fantasías o asociaciones libres a la denostada categoría de “apreciaciones subjetivas”, como si fueran poco menos que conexiones marginales con el mundo, invenciones aleatorias, o ruido que entorpece la escucha nítida de “la” realidad.

Lo que me gusta de este foro es que siempre ha tenido una vocación artística, tal y como yo lo veo. Esa vocación de invitar a los lectores a pensar más allá del pensamiento, a bucear con la sensibilidad de lo intangible (aunque evidente) propia de la subjetividad. No somos seres modulares, ni siquiera físicamente. Nuestro aparato locomotor no es independiente del circulatorio ni éste a su vez tampoco del endocrino. Somos organismos, seres formados por órganos que desempeñan las funciones en que consiste la vida, y por tanto un sistema. A ningún médico (cuerdo) le oiremos decir nunca algo como “¡No, hombre! Usted olvídese de los ganglios, son bolitas que no valen para nada, usted ocúpese con dedicación a su hígado…” ¿Por qué la creencia popular ha troceado entonces nuestra mente y se ha dejado piezas en el proceso?

Creo que hoy más que nunca es una responsabilidad de los profesionales que trabajamos con personas hacerlo de forma integral, y devolver al ser humano la oportunidad de serlo plenamente en todos los lugares y momentos en los que desempeñe las funciones en que consiste la vida, y también de devolver, ahora con otro sentido, ese “vale” un tanto siniestro y claramente interesado que nos han regalado a todos en el mundo occidental y que nos invita a convertirnos en una pieza, en un rol, en un cliché de lo que significa ser una persona libre. La subjetividad es para mí como el tejido conectivo del organismo, el que mantiene los “órganos” unidos: la motivación, las emociones, las funciones ejecutivas, la memoria, etc. Nuestra identidad única, plenamente exclusiva como construcción particular, da cohesión a todo lo que hacemos, continuidad, estabilidad… y dirección.
Así que, sumo la mía a este foro, después de tanto tiempo.

Y aún así vivimos juntos…¿cómo creas tú, o cómo crea usted un espacio en el que quepan tu/su subjetividad y la del otro?

Olga Gómez Gerbolés: el soul de CIE

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foto OlgaSirva este post para un reconocimiento, para un homenaje a la persona cuyo empuje y determinación condujeron a la creación del CIE, a la creación de este blog: Olga Gómez Gerbolés.

Conocí a Olga ya hace unos 10 años y lo que nos unió fue, cómo no, la Inteligencia Emocional. Yo estaba en los cursos de doctorado en la Universidad de Deusto y ella trabajaba en el ya extinto, Clúster del Conocimiento. Desde un principio me asombró de ella su dinamismo, su amplitud de miras, su orientación a los modelos de gestión basados en personas, su capacidad de generar proyectos de la nada y sacarlos adelante, su convencimiento de la necesidad de participación, su espíritu innovador, su orientación al logro pero, sobre todo, lo que más me impactó fue su calidad humana, su generosidad y su capacidad de servicio.

Ya desde el Clúster del Conocimiento, y mientras se “entretenía” en otras actividades como ser madre, tuvo claro la necesidad de difundir, de desarrollar en todos los ámbitos los componentes socio-emocionales de personas, organizaciones y entornos, incluyendo el acuerdo con EITB para la creación de este blog dedicado a la emocionalidad. Cuando se creó Innobasque, y ya bajo su paraguas, siguió espoleando, liderando el proceso de construcción del CIE (Consorcio de Inteligencia Emocional de Euskadi) concitando en torno a una idea, a un proyecto basado los principios de Inteligencia Emocional, a personas y organizaciones que desde la voluntariedad, desde la participación y puesta en común del conocimiento fue creciendo hasta tener “la edad”, el tamaño suficiente como para tener vida propia, como para emanciparse, que no separarse, de su organización matriz: Innobasque.

Y fue Olga precisamente la que preparó dicha emancipación, la que lideró la creación de un Equipo Tractor que durante dos años, y bajo su amparo, trabajó duramente y de forma altruista para dar al CIE una nueva dimensión, una personalidad propia, la Asociación CIE. Decir que lo hizo con la misma generosidad con la que trabajó durante todo este tiempo, porque para que el CIE pudiese crecer, Olga dejó el proyecto en manos de la nueva Junta para que la nueva organización pudiese volar ya sin tutela.www.plaxislgconsultores.es.com

Pero no nos equivoquemos que, como os decía al principio, este poste es de homenaje, de reconcomiendo que no de despedida. Como no podía ser menos, Olga sigue pendiente desde la distancia de “su creación”, de cómo vamos, de qué hacemos apoyando con su gran capital social todo lo que planteamos. Sin embargo, se le echa de menos y a veces los que seguimos en la faena comentamos… ¿qué haría Olga?, ¡¡¡dónde está Olga por favor!!!!… pero Olga está, como no podía ser menos, creando ya nuevos proyectos, con otras personas, con otras organizaciones, trabajando como siempre en Innobasque y creando entornos innovadores que van orientados a la mejora de la sociedad en general.

Es por todo esto, que os agradeceríamos encarecidamente que si le conocéis, que si habéis tenido el placer de conocerla y haber trabajado con ella comentéis este post para para que el reconocimiento sea colectivo y le sirva a Olga como acicate para ver que su esfuerzo, que su generosidad es recompensada con todo nuestro agradecimiento que nosotros iniciamos desde aquí: Gracias Olga… ¡te echamos de menos!

¿Dejas un comenario para Olga?

¡¡¡¡Gracias!!!!

 

Sobre la mentira y la honestidad

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Mentira_Pinocho

He leído recientemente un artículo publicado en  UNIVERSIA KNOWLEDGE@WHARTON que lleva por título “¿Toda mentira es ‘pecado’? Tal vez, no” y me ha suscitado varias reflexiones. El artículo presenta una versión editada de la entrevista concedida por Maurice Schweitzer y Emma E. Levine autores de la monografía “¿Los mentirosos son éticos? Sobre la tensión entre benevolencia y honestidad” [Are Liars Ethical?: On the Tension between Benevolence and Honesty].

Lo primero que me ha llamado la atención es el título del artículo. Menciona la palabra ‘pecado’ que tiene claras connotaciones religiosas [según el diccionario de la RAE: 1. m. Transgresión voluntaria de preceptos religiosos. 2. m. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido]. Ciertamente es un título que puede tener gancho pero cuando se habla de cuestiones de ética y moral puede dar lugar a confusiones, ya que ética no es lo mismo que religión (aunque las religiones llevan asociadas una ética). Además, el tono del mismo puede suscitar la idea de que “todo depende” y esta cuestión es muy discutible y tiene muchos matices.

En un momento de la entrevista Emma Levine señala que “En general, el consejo que se daba era el siguiente: ‘Sea siempre honesto. La honestidad es la mejor política’. Lo que estamos diciendo es que tal vez debiéramos revisar ese consejo y proponer el siguiente: ‘Mienta, a veces’”. Como profesora de ética me cuesta aceptar este enunciado tal cual. Para empezar, no es lo mismo mentir que no decir la verdad. En clase suelo presentar el siguiente principio: “se debe comunicar la verdad en forma oportuna a las personas que tienen derecho a saberla, y que están en condiciones de asimilarla”. Comunicar la verdad no es lo mismo que decir la verdad; implica mucho más. A veces nos podemos esconder detrás de palabras que son ciertas pero cuya intención no es la de que nuestros  interlocutores compartan la información. Comunicar la verdad no es utilizarla como arma arrojadiza… Además, hay que transmitirla de forma oportuna;  hay que buscar el modo para que le llegue a la otra parte. No podemos retrasar sin motivo una información o compartir sólo una parte (teniendo siempre en cuenta que rara vez conocemos toda la verdad)… No se puede comunicar la verdad a cualquiera. Que algo sea cierto no nos da derecho a difundirlo de forma indiscriminada. Aunque en ocasiones puede que quien tenga derecho a conocer la verdad sea un grupo, un pueblo o incluso la humanidad entera… Y también debemos valorar que la persona esté en condiciones de asimilar la verdad. Un ejemplo claro podría ser cuando ocurre un accidente y una de las dos personas que va en el vehículo muere. Si la otra pregunta por su acompañante cuando va camino del quirófano no es el momento para decirle que ha fallecido; no está en condiciones de asimilarlo. Me gusta la idea de Javier Bárez de que “cuando se ve la verdad, se producen emociones que favorecen el cambio” (ver-sentir-cambiar). Es difícil ver la verdad si no se cumple el principio…

Me parece muy sugerente la propuesta de equilibrar la honestidad y la benevolencia y la apelación a tratar a los demás como nos gustaría ser tratados (la conocida regla de oro); está en sintonía con el principio que acabo de presentar. Pero eso no quiere decir que haya que “percibir el momento acertado para mentir”.

En el artículo se señala que en ocasiones el engaño puede promover la confianza. Me gustaría presentar algunos apuntes sobre la confianza, basados en Guarnieri y Ortiz de Zárate (2010). Intervenimos en el mundo según el grado de confianza que tengamos tanto en nosotros mismos, como en otros y en el propio mundo que habitamos. La confianza es una conversación. En la medida que nos decimos a nosotros mismos ‘yo confío’ o ‘yo no confío’ estamos emitiendo un juicio que va a condicionar nuestra intervención en el mundo y nuestras relaciones con otros. Además, es una emoción que predispone para unas acciones u otras. La falta de confianza genera miedo. La confianza se alimenta de tres juicios: sinceridad (desconfiamos de quien miente y viceversa; este juicio no siempre se basa en evidencias), competencia (confiamos en la medida que creemos que la persona va a ser capaz de cumplir lo prometido) y credibilidad (las experiencias pasadas influyen en nuestros juicios sobre la sinceridad y la competencia de los otros). La confianza no significa ingenuidad, cerrar los ojos a las evidencias, sino que debe ir de la mano de la prudencia que supone observar y tomar medidas dando oportunidades pero sin desentendernos de los hechos. En una entrada anterior de este blog se presentaba una bonita historia sobre la confianza.

Recientemente escribía sobre para qué sirve la ética y citando a Cortina (p.93) decía que servía “para recordar que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual, caiga quien caiga, buscar aliados más que enemigos. Y que esto vale para las personas, para las organizaciones, para los pueblos y los países”.

Y me pregunto: ¿se puede cooperar sin actuar con honestidad?

Bibliografía:

  • Cortina, Adela (2013): ¿Para qué sirve realmente la ética?. Barcelona: Paidós.
  • Guarnieri, Silvia Ruth y Ortiz de Zárate, Miriam (2010): No es lo mismo. Madrid, etc.: LID, pp.59-69.

Confianza

¿Una “Buena Persona” es ser un líder? o ¿Un líder es ser una “buena persona”?

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Por Yovanni Castro Nieto

 Cuando se habla de competitividad e innovación empresarial, son conceptos que obligan a tratar en la actualidad a un tercer concepto como es el liderazgo. Aunque para muchos es un tema de moda, yo diría que es un argumento tratado desde las teorías clásicas de la administración y que no pierde importancia con le paso del tiempo. En la actualidad, podemos comprobar el papel fundamental que tiene el liderazgo para lograr organizaciones “competitivas e innovadoras” adaptadas a los cambios que demandan los entornos “glocalizados”.

 También es cierto que muchos de los fracasos en organizaciones se han originado por la influencia del liderazgo inadecuado, tradicional y autoritario. Desarrollado por personas carentes de visión, de inteligencia emocional, de confianza, de integridad, entre otros elementos, por lo que es importante analizarlos a la hora de hablar de liderazgo.

 Un buen líder debe ir asociado a ser “una buena persona”, con carácter, optimismo, esperanza, dignidad y un alto valor sobre la adaptación entre personas y seguidores.

 Pero también, un buen líder requiere ir más allá de la voluntad de ser “buena persona”, para volverse real y tangible. Como lo indica Guillermo Otálora, al referirse a la persona que ejerce el liderazgo, existen una serie de habilidades y características que determinan el éxito tangible de un líder y que le permiten enfrentar todo tipo de situaciones, confiado en obtener el mejor resultado.

 De acuerdo con estudios realizados por diferentes organizaciones y consultores, quienes logran alcanzar niveles de excelencia en su desempeño al frente de un equipo de trabajo, las “buenas personas” tienen un alto nivel de conocimiento de sí mismos, pero no solamente como un proceso de introspección en el cual evalúan sus fortalezas y debilidades, sino también como referencia de la opinión que tienen los demás. Este tipo de personas no temen preguntar a otros cómo los perciben y pueden establecer metas personales para mejorar esos aspectos.

En esa línea,  la evidencia encontrada demuestra que los líderes de verdad procuran cultivar otros intereses personales, practicar algún deporte, dedicar tiempo de calidad para su familia y cultivar su mundo espiritual con procesos de reflexión personal.  A continuación presentamos algunas de las características identificadas en este grupo de personas excepcionales: Sigue leyendo

Hacia una escuela emocionalmente inteligente.

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¿Cómo sería una educación que incluyera el trabajo en competencias emocionales?

Me preocupa la educación. Se trata de un sentimiento que se me ha presentado de manera constante en el tiempo pero cuya intensidad ha ido variando. Desde los 18 años he cultivado mi faceta como educador en distintos ámbitos, todos ellos fuera del marco escolar. Entonces la educación me despertó interés al descubrir su potencial trasformador. Me he dedicado también a la formación y a la psicoterapia, y a través de esa experiencia mi preocupación sobre la educación se trasladó a la importancia de la gestión del cambio. Luego la vida me dió la oportunidad de ser padre por tres veces y, por ello, he estado en contacto con la comunidad escolar. Es en este campo en el que mi preocupación se ha tornado más plomiza, más pesada, menos esperanzada. Y es que la experiencia me ha llevado a conocer el sistema educativo cargado de lastres y de rigideces hasta el punto de que la preocupación se me ha convertido en alarma que me mantiene atento hacia los diferentes peligros que amenzan la felicidad de mis hijos, las oportunidades de que crezcan como personas con capacidad para gestionar su bienestar subjetivo.

Si me pongo a pensar en una escuela que eduque emocionalmente veo que no esniños-aprendiendo-colegio la que yo conozco. Los padres, la mayor parte de las veces, estamos más preocupados en que nuestros hijos salgan del proceso educativo con muchos conocimientos que con competencias, y menos si hablamos de las emocionales. Los debates en los corrillos de padres sobre las extraescolares parecen la toma de posiciones en una carrera de fondo hacia el pretendido exito profesional. Niños que después de las horas de clase siguen sumando carga lectiva para estar mejor posicionados en un futuro escenario que en realidad nadie conoce cómo será. Siendo lícita esta orientación de los padres no es tan frecuente que las conversaciones de esos foros improvisados en las orillas de los centros educativos giren hacia la importancia del juego, del cultivo de los talentos de los niños, de la exploración de diferentes actividades de todo tipo, o sobre la necesidad de la educación emocional. En este sentido este verano lei con tristeza como una inciativa del Gobierno de Canarias para la implantación de la asignatura de educación emocional este curso se tropezaba con las protestas de las asociaciones de padres porque “quitaban una hora de matemáticas”.

La escuela que quiero yo se parece mucho más a la que se presentó recientemente en el Martes de Innobasque dedicado a la innovación a través de la gestión emocional. Os recomiendo el visionado del video en el que la directora de Lauaxeta Ikastola resume en ocho minutos la trayectoria del centro con la inteligencia emocional. Creo que la escuela debe ser un espacio en el prioritariamente se trabajen las competencias emocionales de los alumnos de manera trasversal, incluso por encima de los contenidos de las asignaturas clásicas. Una escuela que integre la cultura de la colaboración entre todos sus agentes como máximo exponente de la utilidad colectiva de las competencias emocionales. Debemos hacer el esfuerzo todos los miembros de las comunidades educativas por aportar nuestro granito de arena para conseguir una trasformación que haga niños y jovenes más preparados, no sólo para la vida laboral, sino sobre todo para la vida con mayúsculas. Una escuela que eduque para el bienestar a traves de la inteligencia emocional y a través de una cultura de colaboración.

¿Te apuntas a este modelo de escuela?

¿Qué podemos hacer padres y profesores para avanzar hacia un nuevo modelos educativo más inteligente emocionalmente?

 

 

¿De verdad necesitamos un mapa?

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Cada vez que preparamos un viaje son muchas las lecturas, recuerdos e influencias que aparecen en nuestro mapa mental y nos ayudan a dar forma al recorrido.

Y por supuesto en el proceso, antes o después llega el mapa. ¿Por qué nos gustan tanto los mapas?

El mapa es una representación siempre incompleta, una convención de códigos y símbolos que de pronto  cobran vida y nos invitan a movernos,  a soñar.  Es una llamada a la acción.

Lo sugerente es lo que los mapas esconden

Lo sugerente es lo que los mapas esconden

 Hoja de Ruta, Cuaderno de Bitácora, Carta de Navegación…, el mapa es en sí mismo una metáfora de aventura, uno se siente explorador al enfrentarse a un nuevo mapa. Sea el que representa un país o una ciudad, sea recorriendo los accidentes geográficos o los monumentos señalados, nosotros ya nos hemos puesto en camino y vemos que son muchas las posibilidades e itinerarios.

 Cada mapa nos muestra una forma de mirar y  de entender el mundo. Queremos clasificar, organizar, describir el mundo físico que nos rodea. Y la evolución de los mapas y la cartografía es también la de nuestra propia evolución. Viajeros, curiosos, aventureros y científicos  dibujaban para nosotros los limites del mundo conocido, y nos han dejado mapas de antiguas civilizaciones que son más sugerentes ya que exaltan nuestra imaginación. La representación de lugares exóticos, de tierras lejanas, las anotaciones al margen, la arbitrariedad de las fronteras, topografías, toponimias, muchos significados que aparecen ante nosotros como enigmas, como el laberinto del Minotauro.

 ¿Cuál es el mejor mapa? ¿Siempre necesitamos mapa? ¿Cuál es el nivel de detalle necesario?

Desde Ptolomeo a Google Earth estamos cumpliendo el sueño de nuestros antepasados que erigían monumentos para mostrar el mejor lugar para detenerse. Señalaban el lugar en el que encontrar agua, refugio, cobijo, las bifurcaciones correctas y las peligrosas. Hoy creamos nuestro propio mapa, queremos dejar constancia de aquellos detalles que nos han emocionado, poner fotos, notas, videos que amplíen el espacio físico y que como un gran zoom nos muestren ese pequeño restaurante, aquel bullicioso café, ese sendero donde las hojas y ramas caídas crujen a nuestro paso, ese rincón donde “escuchar el silencio”…

Siempre que nos embarcamos en un nuevo proyecto sentimos la necesidad de un mapa que nos sirva de orientación. De dibujar un itinerario sobre un plano creado por otros, con la escala de otros, con significados y niveles de importancia atribuidos por otros. Necesitamos tener información que nos ayude a llegar a nuestra meta, pequeños montones de piedras, “hitos”, señalan en montaña que vamos por el buen camino. Tenemos la necesidad de hacer nuestro el mapa, de comprobar por nosotros mismos las distancias, los tiempos.  El mapa no contiene los olores  que nos hacen volver sobre nuestros pasos aunque no teníamos previsto comer,  ni ese viento gélido que nos hace ir mucho más rápido. Lo cierto es que en el viaje la escala real, la geografía mental se construye con nuestras elecciones, con las veces en las que nos hemos perdido y aún así hemos encontrado nuestro objetivo, que en muchos casos es mejor que el previsto.

Tener un mapa es sólo el inicio, completar el viaje es el reto.

¿Por qué necesitamos un mapa? ¿Siempre necesitamos mapa?

¿Cuál es el nivel de detalle que necesitas?

Tener suerte o crear tu suerte, he ahí la cuestión…

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Por Olaia Agirre

¿Te suena este tipo de escena? Personas que su conversación son un relato de quejas e  Image courtesy of Gualberto107 at FreeDigitalPhotos.netinfortunios, que parece que “les ha mirado un tuerto”, porque parece que nada les sale bien…

Pues hace un par de días, fui testigo de uno de ellos, un cuarto de hora durante las cuales las incesantes “quejas” se sucedían una detrás de otra, con comentarios de “… y no me quejo, ¿eh?”… Sus palabras denotaban rabia y  enfado con la vida, porque parecía que “la diosa fortuna no le había agraciado con su presencia”.

Parece ser que en el trabajo siempre le tocaba atender “los marrones”; cuando surgía una oportunidad, siempre parecía que no estaba en el puesto adecuado en el momento adecuado, y la oportunidad se la daban a otro; en su familia, la relación entre la pareja era también bastante delicada,…

Además, para más inri, parece que su hermano era todo lo contrario, como el día y la noche, el ying y el yang. ¡Qué mal repartido está el mundo!! Una persona que era “la alegría de la fiesta” y “con mucha suerte en la vida”… Le acababan de promocionar en su trabajo (claro, es que esa empresa sí que hace bien las cosas… no como la nuestra), estaba a punto de ser aita y su pareja sí que sabía entenderle, no como…. “Vamos, que así yo también estaría feliz y contento…”

Escuchando este discurso, me surge… “El optimista, el que es feliz, el “suertudo” ¿lo es por azar y fortuna, porque por un golpe del destino la vida le sonríe, o porque es optimista, proactivo,… genera las condiciones necesarias para “tener suerte” en la vida?

No voy a negar que las condiciones o entornos para algunos pueden ser a priori mejores que los de otros… pero no es menos cierto que a igualdad de condiciones, los hay quienes ven oportunidades y los aprovechan, y los que no. Así, que de entrada, vamos a dejar esta variable de lado…

Por tanto, ¿cuál puede ser la diferencia entre estos dos hermanos? De entrada, la actitud con la que afrontan la vida y las circunstancias que se le presentan.

Mientras uno cree que la “vida le debe algo”, y por tanto espera a que llegue, el otro resulta que está abierto a las oportunidades que se le presentan, está “metido en mil historias”, conecta con la gente, se interesa por ellas y lo que les ocurre, propone… básicamente está abierto a lo que pueda surgir, e incluso provoca que sucedan las cosas.

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Las “habilidades blandas”: núcleo duro de la profesionalidad en el SXXI

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Leo con interés los resultados del X Estudio ADECCOQué quieres ser de mayor”. Conclusión: las niñas y niños encuestados (1.900 en total) nos dan una lección de sentido común a las personas adultas de este país. Desde su visión de las soluciones a la crisis (entre otras, cambiar los actuales por mejores políticos) a sus distintas propuestas sobre diferentes ámbitos sociales.

Entre éstas, me ha parecido especialmente interesante la respuesta a “qué aspectos destacarían en su Curriculum Vitae para optar a un trabajo y cómo

Sobre los datos más importantes que deben incluirse en un CV para optar a un empleo, consideran que los rasgos de personalidad son esenciales para ello. Así lo afirma el 38,2%. Dentro de esta descripción, características como la responsabilidad, la simpatía o la puntualidad son las más importantes para los jóvenes. Aunque también destacan el ser buena persona, ser amable o ser divertido.

En segundo lugar, es imprescindible incluir en su currículum las habilidades personales que tienen (11,5%) y que son de lo más variopintas: entre otras, que aprenden rápido, que saben leer y escribir; aunque también, que juegan bien a fútbol, que cantan y bailan bien …

Obviedad, moda, casualidad … En cualquier caso me gustaría señalar la coincidencia –en tiempo y conclusiones- de las percepciones de niñas/os y jóvenes, con los resultados del reciente informe “Identificación de competencias transversales de la excelencia profesional en Bizkaia” realizado por la Red de Colegios Profesionales BasquePro Elkargoak, y promovida por Bilbao Metropoli-30. Ambos estudios vuelven a incidir en la centralidad de las competencias transversales en la profesionalidad.

En esta investigación, se han buscado respuestas a qué competencias transversales son necesarias para “hacer las cosas bien ejerciendo la actividad con relevante capacidad y aplicación”, independientemente del sector de actividad en el que se actúe. Se ha trabajado sobre campos del conocimiento como medicina, ciencias económicas, ciencias jurídicas, ingeniería técnica industrial, ingeniería industrial, psicología, ingeniería técnica de minas, ingeniería de caminos canales y puertos, trabajo social, biología, física y topografía.

Basándose en los resultados de la investigación, avanzan la siguiente definición de “profesional”

Una persona íntegra que transmite confianza respeta la confidencialidad, las personas, su trabajo y su tiempo; es responsable, coherente y consecuente en sus decisiones tomadas; sabe comunicarse de forma eficaz y eficiente organizando, priorizando y planificando su tarea y la del equipo, a la vez que aplica y comparte sus conocimientos”. Sigue leyendo

La verdad, el camino del cambio

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¡¡Toca Mudanza!!. Nos trasladamos de edificio.

Estas situaciones y procesos de cambio son algunos de los retos a los que se enfrentan algunas organizaciones como ocurre en la actualidad con la organización en la que yo trabajo.

5c7c93bdc0ead1d6daaa9e5827e9ae8aDesde hace ya algunos meses estamos inmersos en los preparativos de un gran proceso de traslado de unas 450 personas de diversos servicios y departamentos a un nuevo edificio para lo que se cuenta con un equipo interdepartamental con nueve líneas de trabajo y un órgano coordinador.

Este acontecimiento quiere utilizarse como algo más que un mero traslado puesto que lo que se pretende es conseguir un cambio conceptual, un cambio en la cultura de la organización, por lo que el edificio está diseñando para que sus espacios y recursos sean compartidos en un intento de romper la cultura de departamentos estancos e inconexos.

Sin embargo, esta idea choca con algunas paradojas y contradicciones en aspectos de participación, información y comunicación.

Entran en juego las emociones, en este caso colectivas, como (des)confianza, (in)seguridad, ansiedad, miedo e incertidumbre y hasta cierta indignación.

Para evitar todo esto John P.Kotter en su obra “Las claves del cambio” nos propone una sencilla e ilustrante teoría; se trata de transmitir y recibir la VERDAD.

El cambio se produce a través de conocer la verdad. Una verdad que puede influir en los pensamientos y por tanto en las emociones.

El cambio se consigue si este aspecto de la verdad se gestiona bien, sobre todo en épocas turbulentas.

Kotter propone que se evitan riesgos cuando se sabe hacer frente a los “anticuerpos” que rechazan todo cambio, rechazan lo nuevo. Sigue leyendo

El camino de la plenitud

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En las últimas semanas han sido varios los momentos en los que me he encontrado con una pregunta y una reflexión, de una profundidad asombrosa. ¿Qué te mueve? ¿Qué te ilusiona?

Recientemente Pablo Cueva publicaba en este blog una entrada sobre la ilusión que me hizo reflexionar sobre la capacidad de movilizar energía de esta emoción.  Esta misma semana Cristina Zurita en la Jornada organizada por Innobasque y el Consorcio de Inteligencia Emocional dentro de los Martes de Innobasque, volvía a lanzar la pregunta: ¿Qué te mueve? y añadía otro matiz importante, ¿Qué te conmueve?  Llevándonos a un terreno más vinculado al sentir emocional.

Estas preguntas nos trasladan directamente a bucear en nosotros mismos, y tratar de encontrar los elementos que nos motivan y nos dan esa energía que necesitaandrée et playmobil 003mos diariamente para afrontar los retos del día a día.  Esos elementos que sirven de motor, de impulso;  que hacen que creamos que merece la pena; que al imaginarlos se nos dibuja una sonrisa en la cara y se nos active el cuerpo; esos momentos en los que las personas Resuenan.  Desde el  enfoque del coaching cuando a una persona le “Resuena” algo quiere decir que le llega, significa algo para él/ella, tiene importancia, le hace vibrar.

Pero en muchas ocasiones renunciamos a alcanzar eso que nos gustaría por diferentes motivos. Buscamos justificaciones racionales para acallar ese impulso emocional,  que cuando lo contrastamos con la realidad y la racionalidad de los hechos, hace que se diluya y se convierta en imposible.  En muchas ocasiones tomamos decisiones basándonos en lo  que otros quieren, o en lo que  será más sencillo, o en lo que cause menos incomodidad en ese momento. Nos han enseñado a vivir dentro de una caja de aquello que creemos que podemos tener y de aquello que ya sabemos. Nos conformamos con lo que  tenemos y renunciamos a nuestros sueños

Es necesario hacer un acto de valentía para poder recorrer ese camino orientado a nuestros sueños. Elegir vivir nuestra vida, con coherencia, integridad, con plenitud. Recientemente leía una entrevista a  Pablo d’Ors , sacerdote y escritor que decía “ Creo que es un error buscar la felicidad, y ello porque la solemos identificar con el bienestar. Lo que más bien deberíamos buscar –al menos, es lo que yo busco– es la plenitud, que es distinto, y que significa vivir intensamente aquello que te toca vivir”

La plenitud, es vivir en coherencia con tus valores, con lo que es importante para ti, con lo que tú deseas alcanzar, pese a las dificultades o circunstancias. La plenitud es conectar con eso que te mueve, que te ilusiona.

Permitámonos soñar, ilusionarnos,  creer que es posible, sintámoslo y veréis como encontramos  la energía necesaria para transitar el camino.

 ¿Creéis que es posible transitar por el camino de los sueños y las ilusiones? ¿Os atrevéis a hacerlo?