Inteligencia emocional

Reconciliación: Análisis de la realidad desde la fuente de vida

Tengo la suerte de haber estado del 26 al 29 de abril en Loiola en una formación que se enmarca en un plan que dura cuatro años. El segundo día trabajamos el tema de la reconciliación con Elías López sj, consultor del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en el ámbito de la reconciliación. Le acompañaba Manu Arrue sj, responsable de Paz y Reconciliación de la Diócesis de Bilbao. Realizamos un trabajo colaborativo en el que vimos qué se aporta a los procesos de paz y reconciliación desde la espiritualidad ignaciana (espíritu ≡ aliento vital). Que nadie se asuste por el término… “La espiritualidad ignaciana intenta ayudar a vivir la vida de una forma integrada”, a la manera de Ignacio de Loiola.

Empezamos la mañana con el ejercicio de Mindfulness (atención plena) que aquí sintetizo:

El lugar… inmejorable, el jardín que está detrás de la Basílica de Loiola. En un corro hicimos unos ejercicios para trabajar la lateralidad y relajarnos. Después recibimos la invitación de cerrar los ojos y dejarnos llevar para trabajar la atención plena, realizando el siguiente recorrido:

Cada uno realiza tres inspiraciones profundas con la invitación de soltar, relajarse y sentir el cuerpo (las sensaciones que percibe).

Después cada uno respira a su ritmo llevando la atención a la respiración. Si llega una distracción practicamos las 2 R: no me Resisto; no Retengo (esta pauta se mantiene durante todo el ejercicio).

Empezamos a respirar diciendo mentalmente DENTRO al inspirar, FUERA al espirar. Así estamos un rato (de fondo siempre las 2 R).

Después llevamos la atención al silencio entre el DENTRO – FUERA y el silencio entre FUERA-DENTRO. Lo repetimos varias veces para luego llevar la atención al silencio que SOY.

Dirigimos nuestra atención al centro del silencio que SOY. Allí me encuentro una puerta. Me acerco, la miro y la abro. Me lleva a mi jardín interior. Me fijo atentamente cómo es mi jardín, qué veo, qué escucho… Me percato de que se oye el rumor de un riachuelo. Me acerco y lentamente lo remonto hasta llegar al origen. Ahí está la FUENTE QUE ME DA VIDA. Disfruto de la fuente, la observo, conecto con ella. Después de disfrutar esa conexión voy abandonando poco a poco mi jardín interior…

Es difícil describir lo sentido durante el ejercicio… Me faltan las palabras… Me sorprende mi jardín interior. Me siento muy a gusto en él. Percibo mucha fuerza, mucha energía. Según remonto el riachuelo veo rostros de personas, las personas de mi vida. Al llegar a mi fuente de vida no puedo reprimir el llanto. Me embarga la emoción…

Al acabar el ejercicio y volver a la sala, dejando atrás la naturaleza, hacemos nuestro primer registro del día (examen, que diremos más adelante):

¿Qué siento aquí y ahora? La sensación corporal es liviandad, me siento ligera; y el sentimiento es de gratitud.

¿A qué me mueve? Aparecen sin pensarlo tres verbos: amar, abrazar, sonreír

Ese simple registro es de una gran profundidad y ayuda. Doy un paso atrás (conecto con mi fuente de vida) para dar un paso adelante (a qué me mueve, desde la positividad). Para superar conflictos es fundamental hacer un análisis contemplativo de la realidad, un análisis desde la fuente de vida. [Esta es la vía para ganar en libertad interior, indiferencia, dirá Ignacio: da un paso atrás; respira; haz silencio; conecta con tu fuente de vida; entrega; agradece; da un paso adelante; transforma].

Una frase nos acompaña durante todo el día: “la inteligencia no está entre las orejas, sino entre narices”. La inteligencia es comunicativa, es fundamental incluir la voz del otro. A continuación reproduzco el mapa que construimos de forma colaborativa todas las personas asistentes después de responder a cuál es la primera palabra que relacionamos con reconciliación:

Reconciliacion_mapeo

El contexto desde el que hablamos es el de la violencia que existe a distintos niveles: personal, educativo, social, religioso, político, ecológico, generacional, de género, etc. Hay que constatar, además, que las redes de violencia son muy complejas.  “RE-CON-CILIAR ≡ Volver – juntar – llamada”. Ha habido una ruptura porque ha habido una injusticia que atenta contra la dignidad. Algo muy importante es discernir la reconciliación según tiempos, lugares y personas, para dar modo y orden (éste es un concepto muy ignaciano y se refiere al cómo y al cuándo; al procedimiento, la metodología, que debe de ser siempre personalizada y acompañada). En los procesos de reconciliación siempre hay que poner una silla vacía, hay que pensar en quién queda excluido. Hay que ‘interrumpir’ para que la narrativa no sea totalizante, sino abierta y dialogada. El espacio es fundamental. Hay una vieja máxima inglesa que dice “Where you stand, depends on where you sit”. Dónde tenemos puestos los pies determina; defendemos dependiendo de dónde estamos sentados. Elías nos contó un testimonio conmovedor. Doña Socorro, una mujer a la que conoció en Cúcuta (Colombia), era una desplazada interna del proceso de reconciliación. Ella quería justicia pero no confiaba en la humana. En el conflicto mataron a su marido, su hijo, su nieto, un hijo estaba encarcelado y otro hijo desaparecido desde 2006. Elle veía que a cambio de verdad se podía reducir la responsabilidad penal (así sucedió con el asesino de su hijo). Y decía algo como: “¿Quién soy yo para perdonar? ¿Acaso puedo perdonar un dolor tan grande? Lo pongo en las manos de Dios. Así se alivia algo el dolor y yo algo también perdono…”. Doña Socorro es el ejemplo de que la reconciliación es posible. Su hijo desaparecido apareció muerto. Le dio sepultura y ahora vuelve a sonreír…

Cuando nos encontramos ante un conflicto, que no es otra cosa que la percepción de una incompatibilidad (es relacional), podemos abordarlo desde tres perspectivas: 1) Resolución de conflictos (tienen solución); 2) Gestión de conflictos (podemos dominarlo a través de técnicas); y 3) transformación de conflictos (partimos de que nunca se resuelven del todo, pero suponen una oportunidad de crecimiento). La reconciliación es una forma de transformar conflictos. “Para no vivir alienado, alinéate”.

Reconciliacion_propuesta

La reconciliación es un proceso relacional colaborativo, en el que hace falta mucha creatividad; se necesita cambiar de perspectiva ¿Y qué se necesita para trabajar el estilo colaborativo? Escucha, empatía, verdad, etc.

Reconciliacion_estilo colaborativo

Para Ignacio el deseo es lo que marca a la persona. Una vez se ha conectado con la fuente de vida hay que redefinir todo lo anterior. Una persona que está en contacto con la fuente de vida gana en libertad interior. En este proceso Ignacio da una gran importancia al Examen del día (es lo único que marca como obligatorio para los jesuitas). Se trata de al final del día dar un paso atrás para conectar con la fuente de vida y preparar el día siguiente.

Para transitar entre víctima y victimario hace falta una pedagogía del perdón que Elías López propone como la resultante de dos modelos en diálogo: 1) la justicia transicional (TARR, por su siglas en inglés) y 2) el sacramento del perdón (no voy a profundizar aquí; dejo para quien quiera este artículo de Elías).

Reconciliacion_modelo TARR

Para terminar, una frase que me dio qué pensar… “Lo importante no es si estoy herida o no, sino cómo toco la herida, desde dónde toco la herida”… Conectemos con nuestra fuente de vida y desde ahí analicemos la realidad y sanemos las heridas…

Sobre la culpa y otras cuestiones

*Hace unos días presencié en un espacio público la parte final de una conversación –si se le puede llamar así- entre dos personas adultas. No sé cuál era el tema que se traían, pero el tono iba adquiriendo un matiz agrio y de lo que pude escuchar (no tenía posibilidad de escapatoria) se deducían reproches y justificaciones. Aunque intentaban disimular o, al menos, no llamar mucho la atención sus gestos y expresiones eran elocuentes. Una de las personas denotaba enojo y casi furia, la otra expresaba cierto bochorno y azoramiento. Trataban de hablar bajo, pero los picos de tensión emocional nos telegrafiaban a los demás los mensajes más comprometidos. En una de estas, la persona que llevaba la parte más activa de la discusión le espetó con desprecio a la otra: “¡Allá tu con tu conciencia!”. Y ahí se terminó la conversación. Mi mirada sorprendida se cruzó con la mirada turbada de la persona despreciada.

Yo terminé mis asuntos y salí a la calle. Una vez que ordené mentalmente las gestiones que acababa de realizar me vino a la cabeza, de pronto, esa lapidaria frase. Seguramente, la intención de quien la dijo era reprobar un acto de la otra persona, tratando de que esta lo sometiera al juicio de su propia conciencia y se sintiera culpable de algo. Esta explicación me dejó satisfecho pues era coherente con el proceso de la culpa adaptativa.

Sin embargo, algo me resultaba inquietante: la frase en sí misma, la expresión de las caras de los protagonistas, la situación en la que la escuché… o tal vez todo ello. Automáticamente, tratando de darme una respuesta, me puse a repasar mis conocimientos sobre la culpa:

La culpa es una emoción compleja, de carácter social, de origen y desarrollo cognitivo y que está muy influenciada, en su génesis y mantenimiento, por factores sociales, religiosos, culturales, familiares y de personalidad.

…Sentimos culpa o nos sentimos culpables cuando somos conscientes de que hemos contravenido un acuerdo o una norma con nosotros mismos, con alguien cercano, de un grupo al que pertenecemos y en general, de la sociedad.

…La capacidad para sentir culpa surge ya en nuestra infancia, a la par de nuestra maduración psico-afectiva y del proceso de socialización. Todos los humanos tenemos esta capacidad (incluso algunos especialistas dicen que es innata) y está mediada por el mecanismo de la empatía, por lo que cualquier eventualidad en su desarrollo le afectará de manera determinante (los psicópatas parece que no desarrollan la empatía y, por lo tanto, no se sienten culpables de sus actos).

…Podemos distinguir por su origen una culpa social y otra interna. La culpa social está basada en una “autoridad externa” a nosotros (una persona de referencia, nuestro grupo, la sociedad, etc.) que tiene el poder de castigarnos (privarnos de un bien o de afecto), y que implica vergüenza y miedo. La culpa interna proviene de un “malestar interno” generado por nuestra conciencia, la cual nos castiga emocionalmente creándonos intranquilidad, angustia y ansiedad.

Pensé sobre cuál sería la razón por la que aquella persona se debería sentir culpable y el pensamiento se me fue hacia mí mismo. ¡Anda que en más de una ocasión no habré hecho méritos para sentirme culpable! Sobre todo cuando se ha tratado de los sentimientos de otras personas. Esta es un tipo de culpa adaptativa, porque nos ayuda a mantener en la memoria un repertorio de expresiones, cosas, actitudes o situaciones que pueden herir a otra persona, de tal manera que cuando lo utilizamos y percibimos su efecto, el sentirnos culpables nos ayuda a saber qué es lo que hemos hecho mal y tratar de enmendarlo.

Pero yo seguía sin estar tranquilo. La dichosa frase “¡Allá tú con tu conciencia!” repiqueteaba en mi cabeza y veía la expresión afligida y sumisa de quien la recibió como si hubiera escuchado la sentencia inapelable de un juez.

¿Cómo se estaría sintiendo esa persona? Parecía inquieta, abatida, avergonzada y angustiada. Realmente se estaba sintiendo culpable de algo, la frase había surtido efecto en su conciencia. Porque es la conciencia de cada uno quien nos juzga verdaderamente. El origen de la culpa es social, pero está integrada en los valores propios, y su experiencia es íntima, subjetiva y personal. Aunque no queramos compartir con otras personas nuestro sentimiento de culpa y el hecho que lo genera, no nos lo podemos ocultar a nosotros mismos, es imposible escapar a nuestra propia conciencia. Y también es la propia conciencia quien nos castiga, ya que por lo general no necesitamos que la “autoridad externa” lo haga.

Cada individuo tiene un umbral de tolerancia a la culpa, y de remordimiento y arrepentimiento, que son los otros sentimientos asociados al proceso. Recuerdo un compañero de trabajo al que si se le peguntaba con gesto inquisidor y reprobatorio “¿dónde estabas cuando mataron al presidente Kennedy?”, se ponía a temblar y a dar todo tipo de excusas. Esto, dado su carácter, se lo hacían en broma. Pero el hombre lo pasaba mal, porque hay personas cuyo umbral de tolerancia es muy bajo. Sin embargo hay otras que no lo tienen tanto; pensemos en un malhechor que comete un robo: sabe que lo que hace está mal, pero ha aprendido seguramente a dejar de sentir culpa y, mucho menos, remordimiento y arrepentimiento.

Sentía pena por aquella persona de gesto doliente. ¿Qué habría hecho? ¿Qué norma o convención habría quebrantado? Y de repente comencé a notar cómo mi cuerpo se alteraba, empecé a sentirme airado y vi delante de mí el gesto amenazante y en tensión del que lanzó la frase como si arrojara una piedra sobre el otro. “¡Allá tú con tu conciencia!” era, desde luego, una sentencia condenatoria en toda regla: “Yo, por el poder que a mí mismo me otorgo, te condeno a que sientas el cruel martirio de la culpa y te desposeo de tu paz interior. Que la angustia te corroa y no encuentres calma ni sosiego”.

Este individuo se arrogaba el derecho de juzgar al otro con un afán desmedido,  por medio de sus reproches pretendía que se sintiera culpable sin darle ninguna opción a la defensa, sus comentarios eran perversos y pretendían desvalorizar a su acompañante. Era sin duda un manipulador, un elemento peligroso y tóxico.

“¡Vaya escenita me ha tocado ver!” pensé. Es como si la ley de la atracción hubiera funcionado: no hay manipulador sin elemento susceptible de ser manipulado y viceversa. Seguramente el manipulado habría crecido en un ambiente muy rígido, donde cualquier hecho poco relevante o apenas trasgresor tenía un castigo asegurado; podría sentir también una falta de control sobre su manera de asumir responsabilidades que le provocara una baja autoestima. También el manipulador podría haber crecido en un entorno similar o en uno en el que la distinción entre el bien y el mal era una línea fina y difusa, y seguro que tenía una auto-percepción y una auto-valoración desmesuradas; podría ser una persona rígida y autoritaria, con miedo a perder el control y a tener que enfrentarse a los propios errores.

Como estudioso de las emociones creo que la culpa tiene un sentido adaptativo y que es un regulador de las relaciones interpersonales. Nos informa y pronostica las consecuencias adecuadas o inadecuadas de nuestros actos, otorgándonos un sentido de lo que es correcto o incorrecto. Nos ayuda a definir e integrar valores propios y a asumir las pautas y convenciones sociales. Nos lleva a tener en cuenta los sentimientos de los demás y por lo tanto a valorar el alcance de nuestras relaciones. Está anclada en nuestra conciencia, de tal manera que gracias a esta podemos regular nuestros actos sin pensar únicamente en que vamos a ser reprendidos, o en que vamos a sentir miedo y vergüenza por sus consecuencias.

Nuestra sociedad o nuestro grupo de referencia han fijado unas normas y unos parámetros de conducta que regulan nuestras relaciones y nuestra estructura social. Cuando alguien las contraviene o las transgrede –sobre todo si causa un mal- el grupo le castiga por medio del rechazo o de apartarle. Esta circunstancia provoca tristeza (se vive como una pérdida), la cual lleva al individuo a la introspección. Este proceso reflexivo provoca la asunción de la culpa, que se experimenta como pesar (con o sin remordimiento), y pone en marcha el mecanismo del arrepentimiento (pena que se siente por el acto cometido y deseo explícito de reparación). A su vez, este arrepentimiento es comprendido y aceptado por el grupo, que a través del perdón, promueve la reintegración. Este perdón –que también tiene que ser auto-perdón- provoca en la persona un gran alivio y una sensación de bienestar. La percepción del dolor sincero de quien sufre su culpa también genera en el promotor del castigo otro sentimiento importante: la compasión.

Podemos ver que la empatía está detrás de todo el proceso: si yo no me pongo en el lugar del otro no puedo comprender el daño cometido y la necesidad de reparación, y si el otro no se pone en mi piel no puede sentir mi arrepentimiento y mi necesidad de perdón.

El problema gordo viene cuando asumimos una culpa que no obedece a un hecho real, cuando aceptamos la propiedad de un acto erróneo que no nos corresponde. También cuando nuestra conciencia actúa reactivamente castigándonos con dureza ante cualquier situación buscando culpables y no responsables, e incluso cuando pone un límite severo a nuestros propios pensamientos. En estos casos la culpa no tiene ninguna función constructiva, es una culpa falsa y no nos ayuda a crecer, por así decirlo, el mecanismo regulador de nuestra conciencia se ha averiado.

Cuando esto ocurre, ¿qué podemos hacer para intentar corregir dicho mecanismo? ¿Cómo nos podemos proteger de los tremendos y perniciosos efectos de la frasecita “¡Allá tú con tu conciencia!”? ¿Qué debemos hacer cuando nos enfrentamos a un manipulador? Desarrollar la capacidad de reflexionar sinceramente, propiciar nuestro autoconocimiento, mejorar las habilidades para resolver conflictos, aprender a relativizar y a desarrollar el pensamiento positivo, darnos permiso para equivocarnos sin juzgarnos, emplear técnicas para proteger nuestra autoestima y, sobre todo, aprender a perdonar a los demás y a uno mismo son parte de una caja de herramientas que todos deberíamos llevar integrada. No olvidemos que la culpa falsa nos ata con cadenas al pasado, condiciona y manipula nuestro presente y nos roba la energía, la ilusión y la esperanza por el futuro.

*Post publicado en agosto de 2011

El sesgo negativo

La semana pasada participé en el III Congreso Estatal de Psicología Positiva organizado por la SEPP, entidad a la que pertenezco y en la que coordino el grupo de Sesgotrabajo de aplicaciones en el ámbito de la psicología clínica. Se presentaron, como suele ser en estos espacios, muchos estudios y avances especialmente en el ámbito de la salud, la educación y las organizaciones. La verdad es que daría mucho que hablar. Pero me he traído una reflexión que me ha dejado mucho más poso que todo lo demás. Se trata del sesgo negativo.

 

La historia de un gazapo cultural.

En una de las actividades del congreso varios ponentes debatían sobre la situación actual de la Psicología Positiva. En un tono autocrítico se mencionaba a los “happiologos” como aquellos profesionales que venden la positividad como si fuera el bálsamo de fierabrás, es decir, un ungüento milagroso. Se expresaba la dificultad de introducir planteamientos derivados de las investigaciones que compartíamos por chocar contra ciertas ideas arraigadas en nuestra cultura y en nuestras costumbres. Me hizo pensar en las razones por las que algo tan razonable, desde mi punto de vista, como aplicar conocimientos sobre el funcionamiento óptimo de las personas y las organizaciones, se encontraba tanta resistencia.
Empecé a pensar en cómo el miedo es la herramienta de control social que asumimos como normal. El miedo amplifica la percepción de peligro. Pero seguí el hilo argumental y me di cuenta de otros sesgos que aceptamos. A los niños debemos corregirlos, decirles lo que hacen mal para que aprendan. Claro que si, pero el problema es que, principalmente, solo hacemos eso. Las sociedades conducen a sus ciudadanos a través de las las normas, es decir, al temor al castigo, lo cual genera la impresión de que la sociedad es una selva. Otra vez solo una cara de la realidad. Hemos conseguido bajar la tasa de mortandad en las carreteras por las multas que han conseguido que conduzcamos más lento y se ha logrado vía legislación que no fumemos en espacios públicos. Funciona, esta claro. Pero aceptar estas visiones como las únicas nos supone tener que pagar el precio de interiorizar el axioma de que el hombre es un lobo para sus congéneres. Efectivamente es conveniente andar con tiento, aunque la mayoría de las veces esa prudencia es solo temor generado por un sesgo con efectos negativos.

 

El sesgo negativo.

Un sesgo en psicología es un efecto derivado de un error en el procesamiento de lo que percibimos, es decir, es una orientación equivocada que nos lleva a conclusiones erróneas sobre la realidad que nos rodea. Por lo tanto el sesgo negativo es una tendencia, un
a facilidad para observar primero los aspectos negativos de lo que nos rodea. Y este efecto nos resulta tan natural que no nos detenemos un instante a valorar las consecuencias que tiene. Las creencias irracionales, las distorsiones cognitiva, los prejuicios, los estereotipos y emociones desagradables son algunos de sus efectos Image26798

En psicoterapia observo continuamente personas que sufren graves consecuencias derivadas de vivir con las gafas puestas de sesgos negativos en sus historias personales. Muchas personas adoptan como absolutas, percepciones parciales de la realidad que a veces son impuestas por visiones de otros. Y esto genera una espiral de pensamientos y emociones autolimitantes que acaba en problemas serios. El proceso de cambio, exige en muchas ocasiones, combatir este sesgo desde una exploración amplia de la realidad. Esta búsqueda, la mayoría de las veces, termina encontrando elementos que entran en contradicción con los pensamientos y emociones vinculados con el sesgo negativo.

¿Quien nos previene sobre el sesgo negativo? ¿Qué herramientas tenemos para combatirlo eficazmente? 

 

Sesgo positivo.

Si aceptamos que tenemos una capacidad limitada de percibir la realidad sería conveniente conocer la intensidad y la dirección al que nos arrastran los sesgos con los que vivimos. Aprendamos, pues, a conocer con detalle los nuestros, a cuestionarnos la razón de nuestras primeras impresiones o de nuestras intuiciones. Dediquemos un tiempo (pero no todo el día, ¿eh?) a reflexionar y a preguntarnos por nuestras emociones y por nuestros pensamientos. No solo descubriremos algunos gazapos que nos influyen, sino que además es un ejercicio fundamental para ser feliz. Posiblemente la habilidad, o el arte, de navegar más entre sesgos positivos nos acerque a mayores cotas de bienestar. La investigación ya nos ha demostrado que cultivar nuestras fortalezas personales, así como disfrutar de experiencias que nos generen emociones positivas nos ponen en el camino de la felicidad. Yo lo tengo claro, si no hay más remedio que equivocarse prefiero que mi sesgo sea positivo.

 

cuando esas personas enfermas de por si acaso te dicen que tú no puedes

tunopuedesenganchado como estoy a la semana del miedo, tras releer qué es el miedo en “7 emociones y 3 dinámicas en el cole”, youtube me regala un video que no busco, que cuenta así …

a veces, otros tratan de oprimirlo a uno, menospreciar sus esperanzas y sueños, su futuro, y a uno mismo, por medio del ridículo,

y de muchas otras maneras alguien que tiene malas intenciones hacia uno puede tratar de causar su caída,

por la razón que sea, los esfuerzos para mejorar, para ser más feliz en la vida, pueden volverse el blanco de ataques,

algunas veces es necesario manejar esto directamente, pero existe un manejo a largo plazo que rara vez falla,

¿qué están tratando exactamente estas personas de hacerle a uno?

están tratando de reducirle a uno hacia abajo,

deben de considerar que uno es peligroso para ellas de alguna manera,

que si uno lograra prosperar en el mundo podría ser una amenaza para ellas,

así pues, de diversas maneras tratan de rebajar los talentos y capacidades de uno, …,

si quieres te dejamos con el video, y con una pregunta.

… el verdadero manejo de esa situación y esa gente, la verdadera manera de vencerlos es florecer y prosperar, …

y crea un paralelismo, que existe, real, en la vida de un niño en el cole (aparentemente en clases particulares, o extraescolares) y en el trabajo, ya de mayor, y aquí tenemos que pensar cómo en muchos casos en el cole nos preparan para lo malo por venir,

el cole como mundo de aprendizaje del trabajo (que tiene su origen etimológico en tripalium),

en un trato que tenemos que revisar, cuando especialmente los padres y las maestras, las mamás y los profes, utilizamos el miedo como herramienta para convencer a esa persona pequeña (en estatura),

no sé por qué creemos que les motivamos así,

porque el miedo no se encuentra únicamente en esa frase tan bonita, “la letra con sangre entra”, el miedo se encuentra en todos esos ejercicios sutiles en los que el aprehendizaje se convierte en acoso del sistema, deberes, notas, repeticiones sin fin,

repeticiones de curso, descalificaciones y ninguneo,

esfuerzo y competición en vez de cultura de responsabilidad y colaboracíón entre iguales, niños y mayores,

no sé por qué me da por pensar que si el miedo sirve para crear entornos seguros nuestros pequeños tienen 2 problemas con los que a veces no deberían lidiar, sus mayores, en forma de papá y madre, en casa,

en forma de la profe o el maestro en el cole, porque somos nosotros, muchas veces, los que amenazamos con el miedo, cuando no toca, y ahí llega la pregunta, ¿acaso toca alguna vez?, o simplemente estamos enfermos de miedo,

y de por si acaso.

tunopuedesmon   así lo vimos…

me paro un momento, echo la mirada atrás, y veo que alguna vez mis mayores y mis iguales me dijeron que yo no puedo, echo la mirada adentro y veo las veces que les he copiado, y he hecho otro tanto yo, diciéndomelo yo mismo, yo solito,

y observo lo bien que he apreHendido algo que tal vez no era estrictamente necesario incorporar, tal vez no es necesario aplicarse una y otra vez en el miedo, espero que no sea tarde para cambiar,

y des-apreHender esta forma de caminar, temeroso de lo que la vida me pueda aportar, y de lo que puedo aportar yo.

¿Qué emociones necesitamos para viajar al futuro?

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Viernes 22 de abril, estoy tecleando en el ordenador para ultimar el post del lunes (por hoy). A las siete de la tarde, salgo a buscar un libro que quiero comprar, en la tercera librería en la que pregunto, lo tendrán el próximo lunes. Mientras espero a que conformen el pedido, entre diversos libros que descansan sobre una mesa, un título llama la atención de mi vista: “El explorador del futuro” de Albert Bosch. Lo ojeo rápida y brevemente, habla sobre los cambios radicales que el mundo nos depara y sobre que tendremos que adoptar una actitud de exploración y atrevernos a protagonizar una expedición extrema, compleja, incierta y arriesgada, pero llena de oportunidades que nos llevará a descubrir y trazar el mapa de nuestro futuro.

No lo pienso más, está claro, habla de inteligencia emocional, de las emociones que necesitaremos para llevar a cabo la exploración. Me inspira y decido cambiar el post.

Porque Albert Bosch nos habla de la actitud ante la vida, ante las dificultades, ante las incertidumbres. Y nos propone que ha llegado la hora de los exploradores, de los aventureros del futuro. Una reflexión que comparto y con la que me identifico. Esta idea y concepto del ser explorador y aventurero, me apasiona.

Sin duda estamos a punto de protagonizar el momento más importante de la historia de los humanos, según multitud de análisis de tendencias, este será el siglo más radical, por la velocidad y magnitud de los cambios, por su capacidad de impacto en nuestra manera de vivir y de relacionarnos con el mundo. El mundo a final de siglo no se parecerá en nada a lo que conocemos como humanidad.

Ante esto surgen muchas preguntas: ¿Cómo va a ser el futuro?, ¿cómo queremos que sea el futuro?, ¿cómo necesitamos que sea el futuro?, ¿qué papel vamos a desempeñar en el futuro?.

Hay tantas variables de cambio que, a su vez, están generando nuevas alternativas de forma exponencial, que no es fácil aportar respuestas, sin embargo, para el autor una cuestión está clara, podemos observar a los exploradores como metáfora para identificar la actitud y comportamiento y manera de entender el futuro.

Debemos cambiar nuestra forma de hacer las cosas y asumir el papel de cartógrafos de los mapas de nuestro futuro, siendo conscientes de que tanto a nivel individual como a nivel de la sociedad, tenemos el poder de influir en lo que va a pasar.

De manera optimista, como los grandes exploradores de la historia, optimistas realistas que persiguen sus sueños, sus objetivos, sin ser ilusos y sin dejarse vencer por el nagativismo y sin necesidad de creer que todo será magnífico y maravilloso.

El secreto está en la ilusión, (de la que tanto nos habla Pablo) en la pasión y en el entusiasmo y coraje.

Habrá que reflexionar y tomar decisiones sobre lo que pasa en nuestra existencia individual y en nuestra vida en sociedad, sobre cómo nos sentimos y qué nivel de bienestar y felicidad queremos alcanzar.

Nos hacen falta personas dispuestas a aprender nuevas habilidades y capacidades que exigen emprender una aventura, y ponerlas en práctica en un entorno imprevisible y desconocido, para ello hace falta fortaleza emocional, porque aprender a explorar nuevas realidades es altamente difícil.

Preparar una viaje tiene sus complicaciones, más aún se presentan a la hora de preparar un viaje de exploración, una aventura. Podemos identificar tres momentos; el antes, el durante y el después.

En el antes, aparte de los propios preparativos logísticos y de intendencia, habrá que gestionar las ansiedades y los miedos, las preocupaciones y las tristezas por las despedidas. Para eso disponemos de la ilusión, de la esperanza, de la confianza, del entusiasmo que nos ayuda a canalizar nuestros sueños, nuestras fantasías.

En el durante, debemos evitar vivir angustiados, sumidos en el miedo, atendiendo a todo lo que ocurre con actitud de sorpresa y curiosidad, de admiración.

En el después hay que emplearse con sosiego, porque tras explorar el futuro, tendremos que contar, que narrar lo visto y descubierto, y elaborar el mapa del futuro para alumbrar nuevas expediciones. Esta es una bonita fase porque los viajes tienen un acto consustancial y necesario, el de la escritura.

Albert Bosch, nos apunta a la primera gran transformación radical en la forma de vida de la humanidad, a través de la revolución cognitiva y la capacidad de comunicarse usando el lenguaje, cuestión que supuso un salto evolutivo.

Hoy somos reticentes a perder lo que tenemos, de tal manera que no hacemos el menor esfuerzo por atisbar cómo pueden ir las cosas, pero mientras, se está gestando un gran sistema, una suma de revoluciones, que suponen una situación de gran estrés.

La enorme actividad de cambio representa una gran oportunidad de disfrutar del entorno , de aprender a superarse, de mejorar y cuidarse físicamente, y de tener pasión.

Albert, aventurero y corredor de maratones, dice que para correr una maratón, se necesita una importante infraestructura y preparación, pero también esfuerzo, perseverancia, disciplina y saber sufrir, pues bien, la vida de hoy y menos el futuro, no es una carrera organizada, no es una maratón,  es una aventura, no hay nada organizado ni preparado, no hay línea de salida ni de llegada, estamos en la época de la aventura, una aventura en la que cada uno deberá liderar su rumbo, tomar riesgos y organizar sus circunstancias, adaptarse constantemente a los cambios para encontrar oportunidades en el entorno y en las posibles alianzas. Requerirá convicción, seguridad interior, fortaleza.

Podemos encontrar nutrientes en los valores, en los seres queridos, en nuestros propósitos y en el compromiso con los demás. Y sobre todo, recurriendo al ancestral espíritu de exploración constante de nuestra especie.

Necesitamos el cambio de la mentalidad de homo explotador a homo explorador.

Sin embargo, tenemos un gran temor que nos frena, es el perder lo que se ha conseguido a nivel individual y de sociedad. Al parecer, el miedo será la emoción dominante en nuestra vida.

Por eso, quien tenga mentalidad exploradora, de constructores de  futuro para enfrentar situaciones y problemas, tomará el control de su vida. Aquí aparece la capacidad de resiliencia, de autonomía emocional, dejarse llevar por la curiosidad, ver la oportunidad de desarrollo personal y mejora social.

Al igual que Shackleton, que a pesar de no conseguir su propósito aventurero, su triunfo fue la supervivencia de toda la tripulación, gracias al enorme coraje y confianza en sus posibilidades, demostrando una enorme capacidad de lucha, de resiliencia, de adaptación humana a los cambios y exigencias requeridas por las circunstancias.

A primeros de mes acudí al Foro sobre Tendencias Sociales, en esta ocasión denominado Encuentro sobre Tendencias Científico-Tecnológicas. Retos, Potencialidades y Problemas Sociales

En él, se expuso que nos encontramos en una época de enormes frustraciones, y que desde ellas nos enfrentamos a grandes avances y revoluciones que presentan tres vectores tecnológicos: la informática, la robótica y la biotecnología. El futuro pasa por la interacción y confluencia entre las tres.

Las tres posibilitan algo desconocido hasta ahora, la enorme hiperconectividad entre miles de millones de personas, algo que también generan un gran estrés.

Pero como aquí hablamos de emociones, algo que también se expuso, es que, si bien, las revoluciones científico-tecnológicas a las que estamos asistiendo cambiarán nuestra relación con la vida y con el empleo, existen una serie de profesiones en las que la máquina, la tecnología, no podrá sustituir a la persona, estos son las relacionadas con la manipulación de objetos en entornos desordenados (por ejemplo, en la industria más robotizada como la de automoción, las fases de ensamblaje y montaje las tienen que realizar los humanos), por otro lado están las profesiones relacionadas con la creatividad y la imaginación, y por supuesto, las relacionadas con las Emociones, con la inteligencia socioemocional ( por ejemplo, la atención a la persona).

Dejaré aquí este post, el libro de Albert Bosch da para varios, con la idea y cuestión de que en esta exploración del futuro, cómo nos pueden ayudar las infinitas posibilidades que nos ofrece la plasticidad del cerebro para transformar las emociones, por tanto las personas y sus relaciones, y por tanto, la sociedad.

Baudelaire escribió en su Le Voyage (El Viaje); “¡Saber amargo, aquel que se aprende del viaje!”, Un saber que nos devuelve nuestra propia imagen como especie, a modo de espejo inmisericorde —sincero— que refleja las cosas que hemos hecho y que no queremos ver; y las grandezas que muchas veces olvidamos.

Pero el viajero también inventa y reinventa los lugares que otros recorrieron previamente, redescubriéndolos con nuevos ojos. En realidad, el viajero “nos hace ver nuestra propia imagen” con cada paso que da, con cada observación y opinión que nos brinda. Las huellas que dejan, profundas y perennes, no son más que la improntas de su propia cultura.

Termino con este poema de Tibor Sekelj,

Por Tierras de los indios

Allí, donde terminan los caminos y rastros aislados;

donde la palabra muere para dar cabida al susurro misterioso

de las selvas y tierras vírgenes; donde todos los horizontes

se esfuman, sin saber nadie por qué ni cómo, allí están los

límites del país en que tan bien me encuentro.

Se llama “La Aventura”.

Ocupar tu lugar

Hay un lugar que cada uno de nosotros debe ocupar
y que ninguna otra persona puede ocupar por nosotros.
Hay una tarea por hacer que ninguna otra persona puede cumplir.

Florence Scovel

Ocupar tu lugar, estar en la vida de una manera sana y positiva, implica, desde mi punto de vista, la capacidad de reconocer lo que uno mismo es y tiene para ofrecer a la vida, a si mismo, a los que tiene a su alrededor… y tomar las riendas de la responsabilidad que ello implica.

Ocupar tu lugar sin sentirte ni más ni menos de lo que te corresponde. Sin ponernos galones de más… pero tampoco de menos… reconociendo en la justa medida nuestras luces y nuestras sombras… y ser capaz de apreciarlo… de apreciarme.

Implica reconocer lo que somos, lo que como personas valemos (como valor intrínseco, diferente al valor-precio que tendemos a calcular).

kandinsky

Implica reconocer  nuestra calidad humana, nuestras capacidades, lo que muchas veces a nuestro alrededor ven… y nosotros no somos capaces de ver…

Implica reconocer que nuestra experiencia, el camino recorrido (con sus altos y sus bajos), nos ha aportado una forma de ser, de comportarnos, de hacer, de estar,…. el camino recorrido nunca es banal ni despreciable… es un camino de aprendizaje, de errores y aciertos, de demostrar de lo que somos capaces, de lo que somos,…

Implica reconocer esas cualidades que expresamos o que tenemos de manera natural, eso que somos y hacemos de manera natural… aquello que aunque intentemos tapar grita… pero que como no supone esfuerzo por nuestra parte, menospreciamos (muchas veces inconscientemente) frente a otras áreas en las que tenemos que realizar mayor esfuerzo.

Implica reconocer el esfuerzo, la capacidad de poner energía, fuerzas, interés, concentración,… en sacar adelante algo… y en definitiva, de asumir retos y tratar de mejorar.

Implica reconocer la diversidad… que no todos somos iguales ni tenemos lo mismo que ofrecer… pero que precisamente ahí, en esa diversidad, en esa diferencia… radica la belleza. Eres tú y no otra persona la que puede aportar eso que tienes que aportar, en la manera que tú lo puedes hacer. Ni mejor, ni peor… a tu manera, personal, diferente,… especial.

Implica reconocer el efecto que provocamos nosotros en nuestro entorno… en las personas con las que nos relacionamos… en los proyectos en los que nos embarcamos…

Implica reconocer que en algunas situaciones brillamos con luz propia…. y en otras provocamos rayos y truenos…

Implica reconocer que esa capacidad… implica una responsabilidad… y que si no ocupamos nuestro lugar, no estamos siendo fieles a nosotros mismos… y esa falta de lealtad con uno mismo va a provocar fricciones y malestar en nosotros… pero también a nuestro alrededor.

Y  implica asumir nuestra responsabilidad, porque como decía Emma Watson…

Y si no soy yo, ¿quién?

Y si no es ahora, ¿cuándo?

Innovación social y sus protagonistas

Mucho se habla –y hablamos- de innovación social. Bastante menos de quienes la hacen posible. De sus protagonistas. De sus inquietudes.

Aunque algunos la consideren un “cuasi-concepto” por sus múltiples significados, es lógico que busquemos nuevas respuestas. En pleno siglo XXI seguimos creando colectivamente resultados que nadie quiere y que no encuentran solución en fórmulas del pasado. Respuestas aún más necesarias en el imperio de “Austeristan”, del más por menos.

La semana pasada tuve la ocasión de conversar sobre esta cuestión con las socias y socios del proyecto ERASMUS + “European Expert in Social Innovation Incubation”. Diferentes visiones, variedad de puntos de partida, diversidad.

Durante 24 meses (2015/2017) con este proyecto nos proponemos crear una cualificación para facilitar la incubación de proyectos de innovación y emprendimiento social en la UE.

Durante el mes de febrero, y con un enfoque usuario, hemos consultado a más de 130  protagonistas de la innovación social y cerca de 100 agentes que facilitan proyectos de estas características. Queríamos conocerles, comprender sus intereses.

Preguntados por sus necesidades, los protagonistas de la innovación social se inclinan por las siguientes:

  • Desarrollo de redes (networking).
  • Personas con las que trabajar.
  • Relación con clientes y mercados.
  • Acceso a financiación.

 

Principalmente intangibles; también tangibles. Resultados coherentes con los registrados por proyectos como TRANSITION (Transnational Network for Social Innovation Incubation recogiendo las necesidades de 300 proyectos (también planteaban la necesidad
de redes y conexiones). Y con los reportados por la aceleradora BETHNAL GREEN VENTURES  en su informe “Good Incubation” (personas, clientes, conexiones).

Resulta interesante contrastar la “visión usuario/a” con las respuestas aportadas po
r agentes
que facilitan proyectos de IS
, para quienes las necesidades más importantes son el Acceso a financiación y la Conexión con los mercados.

Capital relacional y capital humano son las necesidades más sentidas por quienes hacen innovación social. Lógico: se trata no sólo de hacer algo nuevo y diferente, sino también de crear nuevas relaciones.

Desarrollar nuevas ideas (productos, servicios y modelos) para satisfacer las necesidades sociales; también crear nuevas relaciones sociales y ofrecer mejores resultados.

Relaciones, emociones. No es la primera vez que tratamos en este post la conexión emoción e innovación social. Emocionalidad, relaciones, como motor de la transformación, como energía de la innovación. Una visión al parecer coincidente con la de sus protagonistas.

 

 

 

Y compartimos una barra de pintxos… emocionales

Ayer he estado pintxos por Donosti… pero no de esos que deleitan el paladar y alimentan el estómago. He estado de “pintxos emocionales” de esos que deleitan el alma y alimentan el corazón.
Ayer he tenido la fortuna de poder participar en la presentación de nuestro libro “50 Emociones Compartidas”, un libro que surge de este blog, del trabajo y la ilusión puesta por cada uno de los autores: Olaia Agirre, Javier Bárez, Yovanni Castro, Pablo Cueva, Arantza Echaniz, Igor Fernández, Rogelio Fernández, Roberto López, Maribel Navascués, Iñaki Pérez, Raúl Rodríguez, Itziar Urquijo y quien escribe estas líneas. Un libro que surge gracias al esfuerzo y dedicación de Rogelio y Arantza, que fueron capaces de recopilar, coordinar y editar este libro.
50pintxos
Ayer pudimos probar una variedad de pintxos muy interesantes. En esta ocasión hemos podido apreciar distintos matices y sabores de la mano de Rogelio, Pablo, Olaia, Roberto y quien les escribe. Hemos intentado ofrecer una pequeña degustación de algunos de nuestros platos preferidos (nuestros posts). En esta ocasión el menú fue bastante variado:

Ya veis, las emociones nos permiten poner sabor a nuestra vida. Aceptamos los miedos para superarlos y crecer. Nos ilusionamos con el futuro, descubriendo lo que queremos. Podemos sentir a quien está a nuestro lado e intentar ponernos en sus zapatos para desarrollar nuestra empatía. Somos seres sociales y emocionales que desarrollamos emociones compartidas. Y desde ese compartir buscamos un sentido que trascienda y transforme nuestras realidades.

Tomen estas líneas como un breve menú de lo que pueden encontrar en las páginas de nuestro libro, y en los posts de este, nuestro blog.

Contamos en nuestra carta con una amplia variedad de sabores y platos. Y lo más importante, contamos con personas maravillosas que con estilos muy distintos intentan sorprendernos y deleitarnos en cada post.

Aprovecho la ocasión para agradecerles a cada una de ellas por la generosidad, esfuerzo y ganas de llevar adelante este blog. Personalmente, aprendo y disfruto de cada una de sus creaciones y espero seguir nutriéndome de sus platos para seguir mejorando los míos.

Y si desean presenciar una nueva degustación, estaremos este miércoles 20 de abril en Vitoria-Gasteiz, para continuar compartiendo, saboreando y descubriendo nuevas emociones.

On Egin!! A seguir compartiendo y degustando emociones.

La Ira. ¿Perdemos los papeles?

Notamos como el ritmo cardiaco se acelera, la respiración es más rápida, la presión sanguínea aumenta, aumentan los niveles de adrenalina y noradrenalina…..nuestra mente no piensa, ¡¡¡¡ solo reacciona!!! Son los síntomas físicos de una emoción universal que puede condicionar nuestras relaciones y bienestar emocional. Hablamos de la Ira.

La ira puede tener diferentes intensidades, desde una leve irritación, hasta la furia o rabia intensa,  y también diferentes expresiones, desde un comportamiento pasivo (o hacia dentro) hasta un comportamiento agresivo (hacia fuera). En cualquiera de los casos, es percibida por la gran mayoría de las personas como una emoción que está muy presente en nuestras vidas y que todo el mundo considera clave, su necesidad de regulación adecuada.

Ira

La ira puede no ser negativa, siempre que no caigamos en lo que se ha venido denominando “secuestro emocional”. Una reacción de nuestro cerebro emocional, o sistema límbico de nuestro cerebro (nuestra parte más instintiva), el cual nos lleva a reaccionar y comportarnos de un modo puramente irracional y que puede tener consecuencias muy negativas para nosotros y para los demás. La manera instintiva de expresar ira es agresivamente, ya que es una respuesta natural que nos ayuda a luchar y defendernos cuando nos sentimos  atacados. Pero no podemos atacar atacar físicamente a todo lo que nos molesta.

Por otro lado, también podemos canalizar la energía de la ira o la rabia, en actividades más constructivas, orientado nuestras conductas hacia el logro de los objetivos propuestos. Por ejemplo, aprovechar la ira o indignación que nos puede causar la actual clase política, para formar un nuevo partido que pretenda transformar el panorama político actual.

Por lo tanto, en este punto, es importante diferenciar entre dos aspectos:

  • Ser conscientes de cómo nos afecta a cada uno de nosotros la ira; y hablamos aquí de la frecuencia, intensidad y/o duración de dicha emoción y las reacciones fisiológicas que van asociadas; que es un aspecto muy importante, y que es clave en los procesos de regulación.
  • Ser consciente de “que hacemos con ella”, es decir, como la expresamos de modo habitual. Y hablamos aquí de la respuesta que damos a esos estímulos ambientales y los tipos de estilos de afrontamiento que utilizamos.

En este sentido cabe  mencionar tres estilos (Johnson, 1990)

  • Ira interna: la persona experimenta un intenso sentimiento de irritación, furia y/o enojo que tienden a suprimir más que a expresarlos verbal o físicamente. Es decir, se sufren los síntomas pero no se dice o hace nada.
  • Ira externa: la persona experimenta intensos sentimientos de enfado y los manifiesta a través de conductas agresivas verbales o físicas dirigidas hacia otras personas.
  • Control de la ira: ante la experiencia intensa de enfado o furia, el individuo tiende a buscar y poner en marcha estrategias cuya finalidad es reducir la intensidad y duración de esos sentimientos así como resolver el problema que los ha provocado. Es decir trata de tomar medidas de modo activo y voluntario para no actuar de modo impulsivo.

Y es aquí donde debemos incorporar medidas que nos ayuden a frenar ese impulso irracional. Algunos de los elementos que más pueden ayudar a la hora de incorporar mecanismos de regulación emocional son los siguientes:

  • Prestar más atención a las señales físicas que nos indican que estamos muy enfadados.
  • Identificar los estímulos más significativos que hacen que se desencadene en nosotros la ira
  • Detener el impulso que pone en marcha la respuesta agresiva, mediante autoinstrucciones
  • Tomarte un tiempo para calmarte física y emocionalmente.
  • Desarrollar habilidades sociales, como la comunicación asertiva, que permitan manejar situaciones problemática de un modo más adaptativo.

 

¿Y tú, que haces para manejar tu ira?

 

 

Tu opinión es importante, tú eres importante para este blog

Este viernes se celebraba la Asamblea anual del Consorcio de Inteligencia Emocional – CIE, que como sabes es el que se encarga, junto con eitb.eus, de la dinamización de este blog, que como línea editorial “está orientado al blog es acercar la inteligencia emocional a través de una herramienta participativa”.

Este blog, que tienen sus primeras entradas en el 2007, concretamente el 25 de enero de ese año con un escueto post de bienvenida al que han seguido un total de 790, tres páginas y más de 3.350 comentarios y tres libros publicados  manteniendo una afluencia media de unas 1.000 personas diarias que nos visitan compartiendo su conocimiento, sus emociones, su tiempo y su interés por el tema que os ocupa: la emocionalidad y su gestión inteligente… sin embargo lo  que más nos interesa sois vosotros y vosotras y por eso queremos saber qué queréis de este espacio participativo.

Como os decía al comienzo, estamos de asamblea y cuanto nos juntamos algunos miembros de la junta el otro día para prepararla, surgió la cuestión del blog y de la orientación que teníaunos decían que era demasiado serio, otras que no era todo lo serio y académico que requería el espacio, otros y otras que deberíamos poner secciones temáticas, otras y otros que lo mejor es que no hubiese ningunainteligencia emocional línea editorial para el mismo y que escribiese en el él todo el que quisiera, otros que solo podrían escribir los entendidos “del tema”, otras que todos viven las emociones por lo tanto todo el mundo podría escribir, la mayoría quería que siguiese, la minoría quería dejar ya de escribir… y hablando en todo este batiburrillo de opiniones nos dimos cuenta que faltaban las vuestras, que faltaba la tuya¿Qué quieres leer y ver en este blog? ¿Qué te gustaría encontrarte? ¿Qué temas son los que más te preocupan en el ámbito emocional? ¿Qué quieres decirnos para que podamos mejorar y que nos visitéis más y te quedes más tiempo con nosotros? ¿Qué cambiarías? ¿Qué dejarías?

Como ves queremos saber para poder cambiar, para mejorar pero contando con tu opinión y con tu participación, que incluso puede ser una participación real a través de que nos puedas mandar tu  propios post para que te lo publiquemos… De momento, y a la espera de tus opiniones y sugerencias, vamos a crear 5 secciones para que de una forma a otra tengamos a  algunos de los bloggers que están con nosotros especializados en ellas. Estas secciones serán las dedicadas a lo social, a educación,  familias, salud, desarrollo personal,  empresa y transformación general…. ¿Qué te parece?… ¿falta alguna?… ¿¿sobra??

Y como vamos a estar a la espera de tus cometarios, de tus noticias, y ya que ha quedado claro que el protagonista eres tú, que sois todas las personas a las que va destinado este blog, sí que me gustaría terminar este post de consulta haciendo de  él un post de reconocimiento a toda esta gran cuadrilla de mujeres y hombres entregados y entregadas a la causa de difundir la necesidad de contemplar nuestro mundo emocional en todos los ámbitos de la vida: nuestros bloggers. Personas que ponen su tiempo, su conocimiento, sus ilusiones y muchas veces sus desilusiones al servicio de la comunidad, de esta comunidad para que todos podamos desarrollar eso tan quimérico, tan utópico llamado saber vivir, llamado sabiduría.

Reconocimiento y petición… con eso nos quedamos a la espera de tener noticias tuyas… de no ser así intentaremos seguir haciéndolo de la mejor forma posible, como siempre lo hemos hecho. De todas formas, y sabiendo que quieres colaborar, te vuelvo a dejar aquí  algunas de las preguntas que te he hecho antes y que quieres recordar y contestar… ¡¡¡gracias por ello!!!!

¿Qué quieres leer y ver en este blog? ¿Qué te gustaría encontrarte? ¿Qué temas son los que más te preocupan en el ámbito emocional? ¿Qué quieres decirnos para que podamos mejorar y que nos visitéis más y te quedes más tiempo con nosotros? ¿Qué cambiarías? ¿Qué dejarías?