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Aprendiendo a lograr un sano reconocimiento

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Por Olaia Agirre

¡Basta ya! ¡Hasta aquí hemos llegado! 

¿Has sentido alguna vez la impotencia, la rabia y esa sensación de que no te queda ni una gota de sangre ni paciencia en alguna situación?

¿Y qué más?

Me encuentro con muchas personas que se han visto enredados en situaciones en los que se les pedía más y más, en los que se crean una serie de obligaciones y servidumbres que les llevan a sentirse agotados emocionalmente (y físicamente), con resentimiento, sintiendo ¿y qué más?, pero al mismo tiempo sintiéndose que “no son suficientes” porque a pesar de dar y dar, parece que no es suficiente.

Son relaciones tóxicas en las que se ha perdido la paridad, el equilibrio en la relación. No hablo de situaciones extremas (con patologías de por medio), sino de relaciones en los que la cosa ha ido derivando a “te doy la mano y me coges el brazo”.

Desde fuera podríamos ver la situación como víctima y “aprovechón”, pero tampoco creo que hay buenos y malos en estas historias, sino más bien me encuentro con problemas a la hora de fijar de una manera sana los límites personales, y ciertos grados de inconsciencia, y comodidad, y por qué no, egoismo, por parte de la otra persona. ¿A quién le amarga un dulce?

En este tipo de situaciones, normalmente una de las partes tiene una creencia inconsciente de que “siendo un niño bueno” , es decir, haciendo cosas por los demás, estando disponible para ellos, haciendo favores, diciendo más si que no,… le van a aceptar mejor. Va a ser merecedor de su cariño, de aceptación. Se siente valorado y reconocido por esa predisposición que tiene.

Pero es un juego que tiene un alto precio para la persona...

Porque al principio lo consigue, y le ven con muy buenos ojos, e incluso se lo reconocen. Pero a lo bueno todos nos acostumbramos, y resulta que lo empezamos a ver como algo normal y dejamos de reconocer el esfuerzo. 

Pero la otra persona sigue estando necesitada de aceptación y reconocimiento, y cuando le piden algo más, no quiere decir que no, aunque es lo que en realidad querría decir, y accede. Y poco a poco, se encuentra con que su entorno espera de él una serie de comportamientos, se sienten con derecho a pedirlos, porque la experiencia les dice que “esa relación funciona así”, y además, está muy cómodo en esa posición. Pero ese y más y más, que es un juego en el que esa persona también participa (no hay buenos y malos), le empieza a generar resentimiento a causa de todos los no-es no dichos, de todo ese esfuerzo no reconocido,… y hace que cada vez se sienta más pequeño, más “no soy suficiente”.

Y un día, como consecuencia de ese resentimiento acumulado, esa persona explota. Se decide a decir NO, a pedir su espacio, a cambiar los límites que le habían arrinconado,… y crea un terromoto a su alrededor. ¿Pero qué le ha pasado a éste? ¿Qué mosca le ha picado?

Hay que entender que en esa situación que se ha creado, el entorno estaba muy cómodo, y la verdad, no se habían parado a pensar que esa relación no funcionara bien. ¡Pero si nos llevábamos muy bien!!!

Y hablan, y se entienden (aunque sea un poco), y deciden cambiar algunos comportamientos, algunas reglas de juego,… pero como todo cambio, genera incomodidad, y los hábitos adquiridos (y los beneficios que ello suponía para una de las partes) tienden a querer restablecer la situación como estaba. Consciente o inconscientemente… los hábitos son difíciles de cambiar.

Una reafirmación de una sana autoestima, sabiendo lo que estamos dispuestos a admitir y qué no, de comunicarlo de manera positiva, y sobre todo, actuando de manera coherente, sin bajar la guardia, es la única salida a esa situación.

respetándote a ti mismo inspiras a los demás para que te respeten - Dovstoyesky - Consorcio Inteligencia Emocional

Porque si lo consigue, al final, se da cuenta que cuando consigue ponerse en su sitio, empieza a recibir la aceptación y el reconocimiento que estaba buscando, pero no ya ahora por ser “el niño bueno que me hacía favores”, sino porque es una persona que muestra fortaleza de carácter (que no agresividad), y sabe defender sus intereses, a la par que respetar la de los demás.

¿Te has encontrado con este tipo de situaciones?

 ¿Cómo los has superado?

En Babia

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imageVoy a aprovechar un despiste personal para traer a estas líneas un curioso fenómeno que no pocas veces nos trae de cabeza. El título de este artículo sirva para orientar por dónde van los tiros. Sabemos que la memoria es caprichosa, aunque más preciso sería describirla como un mecanismo de construcción de recuerdos. Recordar algo con precisión no es sólo fruto de una buena capacidad de recuperación de la información aprendida, sino que también tiene que ver con la manera en que dicha información se graba en nuestro cerebro. No me voy a dedicar ahora a describir este proceso francamente complejo, pero sí quiero hacer hincapié en un par de características de la memoria. Por un lado, nuestros recuerdos son una construcción creativa de la memoria que asocia, condensa y procesa la realidad para extraer su esencia en función de la relevancia que esa realidad concreta, tiene para esa persona concreta que graba y recuerda la información. Por otro lado, nuestra memoria es, pues eso, nuestra, y lejos de ser una cámara de vídeo o una grabadora de sonido, está profundamente influenciada por nuestras circunstancias personales, nuestras necesidades y nuestro estado emocional. Tomando estas dos características, podemos entender que lo que recordamos sea tan subjetivo como todo lo demás que nos sucede a los individuos, y que está íntimamente integrado con nuestra conciencia y nuestra manera de entender el mundo.

Las emociones, por lo tanto, influyen en la memoria, tanto en la fijación de aprendizajes como en la, digamos, emisión o puesta en práctica de lo aprendido. Sabemos que emociones como el miedo o el enfado, y los sentimientos asociados, modifican nuestra atención estrechándola, limitándola, y por tanto, la energía “focalizadora” de nuestra percepción la limita a aspectos concretos y muy básicos de dicha información con una relación geométrica, a mayor miedo o enfado, mayor focalización y fragmentación. De modo que la preocupación, el nerviosismo, la incertidumbre o la irritación también estrecharán nuestra atención y capacidad de asociación entre los elementos de la realidad ante la que sentimos esto, y otras informaciones relevantes, propias o del entorno.

Somos limitados, limitadas, eso es un hecho, y esta variación en nuestra atención es una muestra de ello, sin embargo, más que entenderlo como un “déficit”, podemos observar este fenómeno como una regulación de los recursos mentales en un momento dado. La atención focalizada en las situaciones en las que sentimos miedo o enfado, limitará una visión más global, periférica, más holística o integrada, sin embargo, nos asegurará la fijación de los aspectos que tengan que ver con nuestra supervivencia, sin pedirnos permiso, o dicho de otro modo, sin que podamos pensar demasiado en ello. No solamente hablo de cuando tuvimos que enfrentarnos a aquél perro que nos atacó un día y del que solo recordamos sus dientes (ni el color, ni la raza, por ejemplo), sino de algo más sofisticado, de la memoria implícita. Más allá de los detalles, de las características descriptibles de una situación o una persona, a veces, esa atención mediada por la emoción, hace que grabemos procedimientos. Por ejemplo, todos podemos recordar una relación de la que podríamos decir algo así como “sólo pensar en esa persona me genera una sensación de rechazo” y quizá no podríamos despiezar en recuerdo en eventos concretos que salieron mal, sino que en sí, esa sensación, es el recuerdo. Y, teniendo en cuenta la esencia primitiva de nuestro sistema emocional, quizá no haya nada más importante en una relación en la que sentimos miedo o enfado de forma sistemática que recordar cómo afrontarla, recordar el procedimiento de la emoción, y revivir en la actualidad esa perturbación fisiológica que nos predispone a una respuesta organizada (basada en la que funcionó en el pasado). En estas ocasiones la emoción, más que las imágenes o los vídeos mentales, es en sí el recuerdo más relevante.

Sobre la inteligencia

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Estaba escribiendo un post referido a las diferencias entre la mente del ser humano y la mente animal y he querido pararlo para empezar este otro.

La información me había llegado por un amigo que había cursado un posgrado en Inteligencia Emocional. En su primer tomo de apuntes, aparecía un escrito citando a Marc Hauser como autor. La información me pareció relevante y con ella quise comunicarla, compartirla con otras personas, siempre a partir del texto que estaba en mis manos. No obstante, cuando empecé a escribir o, mejor dicho, a transcribir lo ya escrito, entré en Internet para ver si encontraba la fuente original… y no solo la encontré sino que también hallé otras muchas entradas que decían prácticamente lo mismo que quería contar yo, y que había dicho Hauser en el 2009… en ese momento me pregunté qué es lo que estaba haciendo, y sobre todo qué iba a hacer a partir de este momento en relación a mis escritos: parar, divulgar, opinar, reflexionar???

Lo que me ha venido a la mente en ese momento es que de no ser que sea un generador de contenidos, y no siendo por el momento un buen investigador que aporte nuevo conocimiento científico relevante, solo veo el espacio de la difusión… y no sé si me eso me agrada en exceso, por lo menos una divulgación casi rayana con el “copy paste” de los estudiantes (¡y otros que ya están licenciados, no se crean!) o, Dios no lo quiera, lindante con el plagio, por mucho que citemos el texto y al autor.

Como les decía, eso no me agrada, pero mi inquietud venía dada también por el deseo de compartir la información que, insisto, a mí, que la desconocía, me parecía relevante para entender un poco más a ese ente tan complicado denominado ser humano. Y como tal, como ser humano, no tengo la respuesta todavía, aunque intuyo que voy a intentar hacer las dos cosas en este momento: trasmitirles la información muy resumida y pasarles algunos de los enlaces donde se desarrolla para que puedan profundizar más y tomar por este camino en próximos escritos.

Son cuatro los rasgos que diferencian la mente del ser humano de la de otros mamíferos: la computación generativa, la combinación promiscua de ideas, los símbolos mentales y el pensamiento abstracto.

La mene del ser humano tiene la facultad e generar de forma casi ilimitada concepto y palabras y cosas; es lo que se entiende por computación generativa. Lo pude hacer de forma recurrente, es decir, aplicando una misma regla para crear expresiones nuevas o lo puede hacer mediante la operación combinatoria, que implica unir distintos elementos para generar otros nuevos.

También está la combinación promiscua de ideas o generación de leyes, relaciones y técnicas mediante la utilización de diferentes áreas de conocimiento. La codificación de ideas, imágenes, experiencias, reales o no, mediante la combinación de símbolos mentales, bien para nosotros mismos o para los demás, lo que genera un sistema de comunicación único. Finalmente el pensamiento abstracto, la capacidad de trascender lo real, configuran los cuatro rasgos distintivos de nuestra mente.

Fundamentado en Marc Hauser (citado por innumerables páginas).

Dicho y hecho. Sin embargo no quiero dejarles sin otro comentario. Mientras buscaba información en Internet sobre Hauser, también encontré un cotilleo. Resulta que poco después de publicar esta investigación le acusaron de malas prácticas en la aplicación del sistema científico y años más tarde dejó Harvard.

Con esto les dejo, sin saber muy bien lo que he hecho pero esperando haberles dejado alguna reflexión y algo de información. Lo que iré escribiendo en el futuro, de la orientación que vaya tomando, espero que lo vayan viendo conmigo.

 

Bases neurológicas de la empatía

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¿Empatizando?

Estos meses atrás hemos hablado mucho en este foro acerca de la empatía. Recientemente Arantza Echaniz relacionaba la empatía en acción con la compasión. Y unos pocos meses antes Roberto López compartía con nosotros una extensa e interesante argumentación sobre la importancia de la empatía así como de algunas claves para potenciarla.

Yo también he estado inmerso en el concepto de empatía a cuenta de mi interés por su utilidad a la hora del contagio de emociones positivas. Hoy quería compartir con vosotros los avances que se han dado en neurociencia y que explican los mecanismos cerebrales por los que se produce la empatía.

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G. Rizzolatti

Todo nace de una casualidad. Giacommo Rizzolatti estudiaba la función motora en el área prefrontal del cerebro de unos monos cuando se tropezó, como sin querer, con el descubriento de las neuronas espejo. En un momento en el que no estaban experimentando pero los monos si estaban monitorizados se observó una reacción extraña. Pese a que los monos estaban quietos, la señal de su actividad cerebral indicaba que había una activación equivalente a la que se produce cuando hay un movimiento voluntario. Vamos ,que había actividad en el lóbulo prefrontal encargado de dar las órdenes de tipo motriz pero no había movimiento. Profundizando en la cuestión se dieron cuenta que en ese momento había una persona reponiendo los plátanos del laboratorio y los monos no le quitaban la vista de encima. ¡¡¡¡Sí!!!!, los monos estaban activando la actividad cerebral que controla  el movimiento de su brazo observando el movimiento de una persona.

Este primer descubrimiento rápidamente fue interpretado como el primer paso para demostrar las bases neurológicas de la empatía pero el resultado tan solo hacía referencia a la capacidad motora. Recientemente, en 2005, la investigación ha hecho otro avance demostrando que las neuronas espejo tienen la capacidad de interpretar las intenciones de las otras personas. Es decir, no solo sabemos que son capaces de reaccionar ante conductas motoras de otros sino que además pueden interpretar, es decir atribuir información sobre pensamientos y emociones de la otra persona. Este es el escenario de la empatía. Si queréis acceder al artículo original en inglés pinchad aquí.

¿De qué nos sirven estos descubrimientos en torno a las neuronas espejo? Básicamente para entender que hay un soporte neurológico que lo sostiene y que por lo tanto en una capacidad que tenemos todas las personas. Por otra parte abre claramente la puerta a la posibilidad de mejorar la capacidad de ser empáticos a través de la educación y a través del entrenamiento.

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Educar la empatía

 

¿Cómo trabajas tu empatía?

¿Cómo haces para educar la empatía de tus hijos? Te propongo este cuento de Begoña Ibarrola para hacerlo.

Lo que mueve el mundo

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¿Cómo nos contamos nuestra historia? ¿Cómo unimos los puntos de las cosas que nos han sucedido? ¿Por qué entre toda la información a nuestro alcance es “esa” la que capta nuestra atención?

 Tirar del hilo, como diría Carmen Martin Gaite, encontrar el hilo conductor es algo que, tal vez, todos nosotros hacemos al contarnos la novela de nuestra vida.

 Me apasiona leer, ficción, ensayo…, encuentro que la literatura es un gran laboratorio de emociones, un lugar donde existe un acuerdo tácito entre lector y escritor, un espacio donde todo es posible. Mientras leemos vivimos inmersos en lo que imaginamos.

 Siempre he sentido curiosidad extrema por los traductores, ese puente, “todas las lenguas son un puente”, ese nexo de unión que nos permite acercarnos a la obra, a la visión, a las intenciones de otra persona. En el fondo siento que siempre estamos traduciendo, ya que nunca tenemos la garantía de interpretar correctamente lo que el otro quiere decir.

Me doy cuenta de que cuando me gusta la forma de escribir, de transmitir ideas de alguien, termino leyendo todo cuanto puedo, y veo en sus obras ese hilo conductor, los sueños y las obsesiones recurrentes que se repiten una y otra vez. Es más, cuánto más lees a alguien, más tienes la sensación de acercarte a su forma de pensar, a aquello que de verdad le mueve, nos mueve, ¿o siguen siendo aproximaciones más o menos acertadas, que dependen de mis experiencias y mi estado de ánimo?

Auschwitz Birkenau

Auschwitz Birkenau

 En parte siento que todos los viajes también son un ejercicio de traducción, un intento de vivir en otras épocas y culturas, y un fogonazo que en muchas ocasiones me llevan a unir los puntos. Es algo que por ejemplo me ha sucedido con la visita a Auschwitz. No es sólo que estar allí despierte en mi memoria la información acumulada durante años, también la emoción, el impacto que provoca en mi esta visita, me vuelve más atenta a detectar, a buscar, a indagar en otras historias relacionadas. Leo “28 días” sobre los últimos días del Getto en Polonia, vuelvo al texto de Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido”, recuerdo a Primo Levi…, hasta que un libro que tenía pendiente hacía tiempo, “Lo que mueve el mundo” de Kirmen Uribe, de pronto, me sirve para unir de manera inesperada los puntos.

 Había evitado leer este pequeño texto que se inicia con el exilio de los niños en plena guerra civil desde el puerto de Bilbao, creyendo que el recuerdo de mi padre, que fue uno de esos niños de ida y vuelta, iba a ser demasiado intenso y dificultar la lectura, y sin embargo, a medida que avanzo en sus páginas descubro la historia de una persona integra, de un héroe anónimo, de esas personas que sueñan con un mundo mejor y que son coherentes en sus decisiones para lograr esos cambios: Robert Mussche, un belga que acoge a una de esas niñas exiliadas de Bilbao, que será parte activa de la resistencia en la segunda guerra y que vivirá la experiencia de un campo de concentración con la estrella roja de los comunistas cosida a su pijama de rayas. Una lectura que sin duda me conmueve como no esperaba y abre un puente a recuerdos que creía olvidados.

 En una de las sesiones de Cocreación que llevamos a cabo en el Consorcio de Inteligencia Emocional nos preguntábamos ¿Qué te mueve? Y hubo una respuesta que me llegó de forma especial: “Lo que me conmueve”

 ¿Qué te conmueve?

¿Qué es para ti importante, qué es lo que mueve el mundo?

Emoción: la compleja relación entre individuo y entorno

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Hace unos días, en este mismo foro, Pablo traía a colación en su post “Qué es una emoción” un asunto clave en la construcción de una disciplina: la definición de su objeto de estudio. A continuación, resumía diferentes teorías explicativas de la emoción.

Hoy, me gustaría contribuir a su inacabado post convencido de que la ausencia de otras definiciones no fue resultado del olvido motivado de mi amigo (por lo menos, no en el sentido freudiano del término).

Me gustaría aportar otra visión de las emociones: el interconductismo de J.R.Kantor. No es una definición nueva. Hablamos de 1.921. No sé si es mejor que otras aproximaciones científicas. Aunque estoy convencido de que sí es diferente. El interconductismo también existe. O –mejor dicho- se comporta. No goza de amplio reconocimiento, no es fashion. Pero este enfermo goza de muy buena salud.

La emoción es conducta. “La conducta es un tipo de interacción entre un organismo y su entorno, y sólo la interacción completa, con ambos polos expuestos, puede ser tenida y analizada como tal” (Análisis funcional de la conducta: un modelo explicativo. M. Segura, P. Sánchez, P. Barbado Universidad de Granada, 1995).

La tentación de reducir el comportamiento humano a sus correlatos biológicos en el cerebro es tan grande como sus limitaciones. No basta con referirnos a la respuesta fisiológica. No es suficiente con registrar cambios organísmicos e inferir emociones; tampoco las cogniciones explican el 100% de la conducta emocional. Unos y otros contribuyen, son parte pero debemos analizar la conducta emocional como un todo.

Persona y entorno. Siempre tendremos una descripción incompleta a menos que relacionemos los hechos relativos a ambos extremos, y a las condiciones bajo las que estos interactúan.

Un ejemplo tomado del citado libro nos puede ayudar en la definición de la conducta emocional. Si tomáramos como ejemplo este símil: “Un coche corre a 100 kilómetros / hora por una determinada carretera” la conducta es todo el campo o evento incluyendo sus componentes. En este caso, la conducta a analizar es: “El coche X que corre a 100 Km./hora por la carretera Y”. Ni coche ni sólo carretera. Coche – velocidad – carretera.

Si de la conducta emocional hablamos, deberemos hacer referencia, asimismo, a las variables tanto de la persona como de su entorno. Lo habitual es quedarse en la respuesta, desde una perspectiva habitualmente morfológica, y mononivel: fisiológica o –como mucho- cognitiva.

En su momento, Kantor definió una emoción como respuesta compleja evocada y ocasionada por determinadas condiciones ambientales, compuesta tanto de operantes como de respondientes. Y apuntó algunas cuestiones sobre las que creo debiéramos trabajar:

  1. a) Su carácter histórico y aprendido a partir de un repertorio de conductas inacabado con el que nacemos.
  2. b) Su especificidad e individualización. Todos lloramos al cortar cebolla, no todos en las mismas situaciones.
  3. c) Involucran a la totalidad del organismo. No es cuestión sólo de una glándula o área cerebral.
  4. d) Variabilidad y modificabilidad: un estímulo puede producir diferentes respuestas en el mismo organismo, y diferentes organismos.
  5. e) Demorabilidad: Se puede llorar recordando un suceso de la infancia y ese suceso es, psicológicamente, presente.
  6. h) Flexibilidad temporal: La venganza puede ser inmediata, pero también un plato que se sirve frío.

¿QUÉ OPINAS DE LA VISIÓN INTERCONDUCTISTA DE LA EMOCIÓN?

El Día de la Mujer,… ¿Hasta cuándo?

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Dia-Mujer-TrabajadoraY que conste que no soy yo de “días de” y no me gustan las arengas, muchas veces demagógicas para tirar con bala al “contrario” para defender lo mío,… no lo veo. Se construye sumando y no restando a los demás.

Pero en este tema, más allá de la preocupación de todos los días, el “día de” me trae cada año una inquietud que no sé muy bien a dónde me lleva.

Discuto con frecuencia las “cuotas”, los “Institutos de Defensa de” y otras medidas que en muchas ocasiones me parecen una buena coartada para los que no quieren cambiar en realidad el status quo en esta historia y a quienes se la ofrecemos en bandeja y con envoltorio de oro. Ya cumplo la cuota, no me pidas más.

Mucho más definitivo que todo esto, me parece la educación de nuestra sociedad, educación, profunda, desde lo emocional, desde la persona completa y libre, desde la potenciación de la diferencia como riqueza en todos los aspectos no solo en lo cultural como muy acertadamente comenta nuestra compañera Isabel en su post, como oportunidad y entre interlocutores iguales en la diferencia, no “formación” sino “educación”, que no entraré a distinguir en detalle pero creo que todas/os entendéis que es diferente.

Y es aquí dónde me asusto mucho,… pero mucho. Porque por lo que se ve, las/os adolescentes en un alto porcentaje, siguen creyendo que controlar el WhtsApp de tu novia o un empujón, o que te diga en todo momento lo que hace y dónde está,… parece ser normal para ellos y para ellas y no lo consideran un maltrato,… ¿Qué sociedad estamos creando?, ¿A dónde vamos?, porque ellos son el futuro que nosotros estamos creando.

Y yo lo siento de verdad por las/os partidarios del “Día de”, los “Institutos de” o las “Arrobas” en la escritura a quienes respeto mucho por sus intenciones y su trabajo,… pero no estamos consiguiendo cambiar esto, por mucha gente de buena voluntad y muchos medios que pongamos en juego en el tema.

Tengo la sensación de que esto va a peor y vamos para atrás como el cangrejo y me pregunto aunque sé que estas preguntas no son para todas las personas y hay muchas que tienen clara la necesidad de cambiar el modelo, pero:

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta que con lo que hemos hecho y hacemos no cambiamos nada?

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que el tema es más profundo y tiene que ver con cambios personales y culturales y transformaciones más profundas?

¿Hasta cuándo vamos a tener que celebrar un día propio de una sociedad enferma?

 

(Imagen de www.memeadicts.com)

 

“Tener mucha psicología”

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file000342017850Es frecuente encontrar en la calle expresiones de uso popular que tienen gran significado. Una de las que siempre me ha impactado más, porque lo he vivido en primera persona como psicólogo, es aquella en la que se dice que para alguna cosa “Hay que tener mucha psicología”.

Si nos fijamos en el significado de esta frase, vemos que el hecho de tener mucha psicología es una atribución de una competencia a una persona, es decir, que vemos en esa persona una serie de habilidades y comportamientos que nos hacen atribuirle esa capacidad. “Yo tengo mucha psicología”, o “fulanito tiene mucha psicología”.

En general está, relacionada con la destreza en las relaciones interpersonales, es decir, que es una persona que puede “saber tratar” a la gente. Y en este caso, cuando hablamos de saber tratar a las personas hablamos de tener habilidades para las relaciones interpersonales. Esto se puede traducir en:

  • Capacidad de escucha
  • Tener paciencia
  • Detectar las necesidades de las personas
  • Saber dar una respuesta adecuada (Habilidades de comunicación)
  • Darle a cada uno lo que necesita
  • Capacidad de regular nuestras propias emociones
  • Respeto

Si nos fijamos en las competencias emocionales definidas por Rafael Bisquerra, (Conciencia Emocional, Regulación emocional, Autonomía Emocional, Competencia Social y Competencias para la vida y el Bienestar) encontramos una competencia denominada Competencia Social que es definida el siguiente modo:

La competencia social es la capacidad para mantener buenas relaciones con otras personas. Esto implica dominar las habilidades sociales básicas, capacidad para la comunicación efectiva, respeto, actitudes prosociales, asertividad, etc. Las microcompetencias que incluye la competencia social son las siguientes.

  • Dominar las habilidades sociales básicas
  • Respeto por los demás
  • Practicar la comunicación receptiva
  • Practicar la comunicación expresiva
  • Comportamiento prosocial y cooperación
  • Asertividad
  • Prevención y solución de conflictos.
  • Capacidad para gestionar situaciones emocionales

Por lo tanto, desde hace muchos años se han puesto en valor este tipo de competencias, sobre todo en profesiones donde el trato con las personas es importante, y en este momento existe una conceptualización teórica que nos ayuda a desarrollar y potenciar las mismas, a través de programas formativos.

Y tú ¿tienes mucha psicología?

 

Y tú, ¿qué tipo de juez eres?: Modelo de comunicación asertivo

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A pesar de ser un término acuñado hace muchos años, todavía me encuentro en las charlas que realizo habitualmente sobre comunicación e Inteligencia Emocional, con personas que no tienen claro que es exactamente la asertividad o por el contario ni siquiera han oído hablar de ella.  Esto hace pensar que si desconocemos el concepto sobre algo difícilmente podemos actuar sobre él, es decir, no podemos ser asertivos en nuestras relaciones.

Entonces, ¿se puede ser Asertivo sin saberlo? En mi parecer si, se puede haber aprendido una cualidad por imitación sin conocer el concepto en sí. Desde mi experiencia lo que he podido observar es que, se practica parte de las cualidades de ser asertivo sin desarrollar toda la esencia de la asertividad por lo que se es asertivo a medias o solo en los momentos más propicios.

Lo que me lleva a otra reflexión, ¿soy asertivo como parte integrante de mi conducta o practico la asertividad? Lo que indicaría que no siempre me comunico de una manera eficaz. Si soy asertivo practicaría la asertividad en cualquier situación independientemente de mi estado emocional, lo cual, a mi entender debería de tener una correcta gestión emocional aunque por otro lado se pudiera dar el caso de encontrarme en una situación que chocara frontalmente con alguno de mis valores o peligrara mi vida y se disparara la amígdala, como dijo Goleman, y seria sujeto de un secuestro emocional. ¿Podría ser asertivo con una pistola en la sien? O más bien, ¿una conducta inhibida podría ser más conveniente?

Personalmente, la asertividad la defino como yo tengo derechos y los reconozco, tus tienes derechos y acepto que los tengas. Pero, ¿qué derechos son estos? Si buscas acabaras encontrando multitud de derechos asertivos, sin embargo, yo suelo trabajar con los que define Smith. El primero del que derivan los demás es “tienes derecho a ser tu propio juez”.

Ser tu propio juez implica que tienes tus propias normas con las que te juzgas y juzgas a los demás, estas normas son tus valores y creencias.  Teniendo en cuenta que cada uno tiene las suyas es difícil, a mi entender, poder “dictaminar” que está bien o que está mal. Ya que el juicio se da bajo tus normas o creencias y este podrá ser considerado de otra manera por otro juez o persona.

Aceptar que las personas actúan bajo sus propios criterios y que son ellas las únicas que se pueden juzgar implica no solo aceptar “lo diferente” sino que aumenta en un grado exponencial la inteligencia emocional de la persona al disociarse del juicio vago y banal por el que nos distanciamos y vemos como “raros” a los otros.

Integrar en tu vida este derecho asertivo “ser tu propio juez” implica, en mi opinión, avanzar en el camino hacia la paz interior que proporciona librarse de la dictadura del juicio, encontrando más puntos en común que nos unan y menos diferencias que nos separen.

Un abrazo a todos y todas.

Sentimientos de justicia

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La primera práctica que suelo realizar en mis clases de Ética cívica y profesional es la de comentar una serie de definiciones bajo el epígrafe “Para mí lo ético es sobre todo…” del profesor Eduardo Schmidt sj. La última de dichas definiciones, que es una de las más elegidas por el alumnado, dice “…lo que está de acuerdo con mis sentimientos de justicia”.  Cuando comentamos esta definición suelo señalar que sería una buena definición de ética si elimináramos “mis sentimientos”, ya que éstos son subjetivos (varían mucho de una persona a otra) y variables (incluso la misma persona puede reaccionar de forma diferente ante un estímulo similar según las circunstancias o el momento). La ética tiene mucho que ver con la Justicia, entendiéndola como “dar a cada uno lo suyo”, que no necesariamente con el sistema judicial y la aplicación que se hace de las leyes. Uno de los sentimientos de justicia más extendido, y ampliamente aceptado, es el de la venganza. En nuestro refranero hay muchas alusiones… “Ojo por ojo, diente por diente”; “El que la hace la paga”; “La venganza es un plato que se sirve frío”… También los hay sobre la vacuidad de la misma, pero ya llegaremos ahí…

Recientemente he visto una película que me ha dado qué pensar, El secreto de sus ojos. Se puede analizar esta película desde muchos puntos de vista (el de la comunicación, por ejemplo) pero me voy a detener en un punto que tiene que ver con la ética.  No quiero desvelar completamente el argumento de la película. Simplemente diré que el protagonista masculino, Espósito,  un agente judicial que se acaba de retirar quiere escribir una novela inspirada en unos hechos ocurridos 25 años atrás que le han perseguido durante todo ese tiempo. Como dice la sinopsis de la página oficial de la película: “los recuerdos no son una mansa superficie sobre la que yace la verdad para que Espósito la recoja. Son caminos oscuros y sinuosos. Y la verdad que se oculta detrás de ellos es mucho menos sencilla que lo que Espósito ha imaginado”.

La investigación de un terrible crimen, el asesinato y violación de una joven, marca la vida de Espósito por todo lo que de ahí se deriva. Gracias a él y a su compañero (que morirá después trágicamente) se detiene al asesino; pero al de unos meses es puesto en libertad para trabajar como sicario (Argentina vive en ese tiempo un periodo muy convulso).

Transcurridos 25 años Espósito va a visitar al marido de la joven (Morales) a quien en su día él le había dicho que el asesino (Gómez) cumpliría cadena perpetua, pero no fue así. Vive en una granja alejada. Espósito le pregunta cómo ha podido sobrevivir viendo libre al asesino confeso de su esposa. Después de un rato de conversación Morales explota y le dice que al final le secuestró y le mató. Espósito le cree y se marcha pero algo le hace volver a la granja a escondidas. Descubre que en realidad Morales secuestró al asesino y lo mantiene preso en la granja. Le da de comer, pero no tiene ningún trato con él. La escena (se puede ver más abajo) es desgarradora… Gómez se acerca a Espósito como quien ve un fantasma (es la primera persona a parte de Morales que ve en 25 años), le intenta tocar y con un hilo de voz le dice: “Por favor, por favor… pídale que aunque sea me hable… Por favor”.  Y las palabras de Morales: “Usted dijo perpetua”.

Podríamos plantearnos que Morales tuvo un dilema ético al ver al asesino confeso de su mujer en libertad. No obstante, racionalmente no podemos considerar legítima su actuación. ¿Gómez era un asesino? Sí, confesó y fue condenado por sus acciones ¿Actuó bien el sistema? Por supuesto que no, los sistemas judiciales no son perfectos y en ocasiones están influidos por intereses políticos o económicos.  Pero… “El bien es bien aunque nadie lo haga, el mal es mal aunque todos lo practiquen”. La Declaración Universal de Derechos Humanos, que nació “como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse” – y podríamos añadir individuos-,  señala en su artículo 5: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”. Morales era víctima de su resentimiento, alimentado a lo largo de los años. Su indignación era razonable, también su ira inicial, pero su decisión lejos de reparar su pérdida le hizo alejarse de su humanidad. Seguramente, el perdón y la compasión hubieran ayudado mejor a sanar su herida y a vivir una vida plena. Una de las razones que Adela Cortina da en su libro Para qué sirve la ética es para “intentar forjarse un buen carácter, que aumenta la probabilidad de ser felices y justos, al ayudar a estimar los mejores valores y optar por ellos” (p.46).

El paradigma de la Inteligencia Emocional habla de la “unión de razón y emoción en todos los procesos mentales”. Que la justicia guíe nuestras decisiones y acciones, pero discernamos siempre qué sentimientos están de fondo…