Inteligencia emocional

¿Qué competencias son importantes?

Era finales de mayo y estábamos terminando el curso académico, concretamente era la última sesión del taller de innovación. El cansancio se había ido acumulando a lo largo de los meses; el estrés estaba muy alto debido a las entregas finales de los múltiples trabajos académicos, acumulación de café y poco descanso; las hormonas empezaban a hacer estragos debido al incremento de la temperatura y la presencia cada vez más profusa de espacios libres de ropa en los cuerpos; se acercaban los exámenes y había que empezar a sacar tiempo de todos los sitios para estudiar y, por si faltase algo se acercaba la fecha de preparar la salida de Erasmus con todos el papeleo que ello conlleva y los nervios y fantasías que concita… y ese fue precisamente el momento en el que iban a tener que ponerse en práctica las habilidades blandas, las mal llamadas, en varios sentidos, las habilidades soft, ya que las personas que participaban en el taller, y que formaban parte de un programa de emprendimiento e innovación me pidieron no cumplir con un compromiso adquirido al comienzo del mismo.

La primera vez que oí hablar de ellas fue en la carrera, Humanidades:Empresa; a Miguel Ayerbe y nunca entendí el adjetivo de “blandas” (peor me parecía cuando las llamaban soft con ese deje “business” que tanto gusta en determinados ambientes) con el que se acompañaba a este tipo de competencias. La capacidad de afrontamiento, las habilidades sociales, el autoconocimiento, la orientación al logro, la orientación a los resultados, la empatía, el trabajo en equipo, la creatividad, el liderazgo, la innovación y el emprendimiento, entre muchas otras, no pueden ser consideradas ni nombradas, en ningún caso como blandas, ya que en muchas ocasiones marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre conseguir tus objetivos o renunciar tus ilusiones, entre seguir o abandonar. Habilidades, además, que hoy en día orientan el reclutamiento y selección de trabajadores y trabajadoras a la vez que marcan la diferencia en el desarrollo de sus carreras profesionales.

Pero, quizás, donde tengan especial relevancia es en los procesos de emprendimiento e innovación tan demandados en la actualidad y es en ellos donde quiero poner el acento en estos momentos. Lejos de ser el emprendimiento un proceso lineal, racional, objetivo, “cuantitativo”, predecible y tranquilo, emprender tiene mucho de iterativo, irracional, emocional, subjetivo, “cualitativo”, impredecible y estresante, con lo que la puesta el valor, la formación en este tipo de competencias se hace más que necesaria para que estos impulsos, tan valorados y promovidos en la economía actual, lleguen a buen término respetando, por añadidura, la salud de los emprendedores y emprendedoras así como el de sus círculos más cercanos. Habilidades que en muchas ocasiones las dejamos al albur del desarrollo personal y no las incluimos como parte indispensable en la formación de todos los profesionales como la parte “dura” (hard para los que comentábamos antes), como competencias habilitantes, constituyentes del carácter emprendedor: como habilidades socio-emocionales que son.

Habilidades socio-emocionales que, tengo que concluir con honestidad, pusieron en funcionamiento todas las personas que participaban en el taller y que, a pesar de todos los estresores que he comentado al principio de este post, fueron capaces de terminar con calidad y generosidad todos los compromisos adquiridos, lo que demostró que la actitud a la hora de afrontar los avatares de la vida no es algo que podamos considerar como blando.

¡Gracias a todas y todos ello!

 

 

 

De vacaciones todo el año

Hola gente del mundo

Llegan las vacaciones y nos disponemos a disfrutar de unos días de vacaciones, bueno… los que tenemos esa suerte…

Y es verdad que después de 50 semanas esperando llegan las consabidas 2 semanas de vacaciones…

  • Me da que la proporción no es la más adecuada….

Supongo que cada cual se organizara las otras 2 en función de sus necesidades, vacaciones de la pareja, hijos, obligaciones para con la empresa, disponibilidad en general…

En fin… el número de semanas que separan las vacaciones me hizo reflexionar en cuál era la mejor manera de poder disfrutar del resto del tiempo que por ende, es el 90% de nuestro tiempo.

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Si tienes trabajo, trabajando y si no, buscando trabajo que ya de por sí es un trabajo. Entonces me vino a la mente una pregunta:

  • ¿Cómo podría estar de vacaciones el resto del año cumpliendo con mis obligaciones diarias…?

La respuesta la encontré en la forma en la que tenemos de ver las cosas. Quiero decir que si para nosotros ir al trabajo es un suplicio, difícilmente podemos disfrutar de esas 10 horas  al día…

  • Quiero decir 8 horas de jornada laboral.

Por lo tanto la clave para invertir ese pensamiento es invertir la etiqueta que le hayamos puesto a lo que nos provoca una disminución de nuestro bienestar, en este caso el trabajo.

  • ¿Cómo?

Puede ser que tu trabajo sea aburrido o que el clima sea estresante o que tu jefe no tenga ninguna habilidad social ni emocional…  eso formaría parte de tu zona excluida de influencia.

Sin embargo existe una zona privada, donde tú tienes la capacidad de influenciar tu estado anímico, y esa es tu mente.

Una técnica seria cambiar la perspectiva del trabajo, encontrando que función cumple en tu vida, como por ejemplo el de pagar tus facturas.

Otra sería observar lo que ocurre en tu trabajo desde otro punto de vista, como dejar de preocuparte por tu jefe, aceptando que es así y que afortunadamente son solo unas horas al día y que el trabajo forma parte del proceso de crecimiento profesional.

También puedes pensar que las cosas que te pasan con tus compañeros no van contigo al fin y al cabo están en la misma situación que tú y quizás ellos no tengan la capacidad que tienes tu para abstraerse del mundo.

  • Empatiza con ellos, lo mal que lo están pasando…no todo el mundo sabe qué hacer con la frustración…

En definitiva el color de las gafas con las que observamos el mundo nos van a brindar la oportunidad de vivir la vida con una perspectiva más optimista.

Tú en tu zona de influencia eres el director y allí nadie te puede molestar si no quieres, si todavía no te has dado cuenta, toma posesión de ese espacio y haz de él  un templo de paz y armonía donde puedas cuando quieras refugiarte de las hostilidades del entorno en el que vives.

Si no te gustan las gafas que llevas puestas puedes cambiarlas, créeme…

  • No he dicho que sea un proceso fácil, sino factible…

Ese caso pedir ayuda es una solución, los beneficios son enormes y pones a tu disposición la posibilidad de trasladar tus vacaciones al resto del año.

Un abrazo, felices vacaciones o lo que deseéis hacer durante este tiempo.

 

Recordando a Aristóteles

Desde que Dionisiomi profe de filosofía en el Instituto de Rekalde- me inoculó el virus de la filosofía, nunca he perdido su pista. Kantor, con su interconductismo, me ayudó a recordarle. Imanol -en el curso del Clúster sobre Inteligencia Emocional -, solía traer su Ética a Nicómaco. Además, convivo con él en mi día a día desde que Asier -hace ya bastantes años- me trajo de Grecia su busto.

El 26 de mayo, escondida entre un montón de noticias en “El País”, leí la siguiente: “Arqueólogos griegos creen haber hallado la tumba de Aristóteles. Aunque todavía no tenemos pruebas definitorias, si tenemos indicios muy potentes qué rozan la certeza, afirmó sobre el hallazgo el director de las excavaciones, Konstandinos Sismanidis

¡Guau! ¡Estupenda excusa para recordarle!

Discípulo rebelde de la academia platónica (al idealismo opuso su empirismo entusiasta), nacido en la nueva Macedonia griega en el 384 A.C. Aristóteles fue un eterno indagador del ser de cada cosa. También fundador del Liceo, la metafísica y la lógica. Apasionado del conocimiento (“Soy amigo de Platón –también discípulo- pero aún más amigo de la verdad”), y mentor de Alejandro Magno.

¿Por qué traer al “estagirita” a nuestro blog? ¿Qué aporta al universo de las emociones este filósofo nacido hace 23 siglos? ¿No resulta algo anacrónico, “demodé”?

Dos son los motivos/excusas los que me animan a recordarle, además del “presunto descubrimiento de sus huesos”,

Por un lado, su visión de la felicidad. Como relata M. Csikszentmihalyi (“Fluir: una psicología de la felicidad”) Aristóteles llegó a la conclusión –ya hace 23 siglos- que lo que buscan las personas, mujeres y hombres en su diversidad, es la felicidad. Mientras que deseamos la felicidad por sí misma, cualquier otra meta (salud, belleza, poder …) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices.

Mucho hemos aprendido desde entonces en las diferentes áreas del conocimiento. Y sin embargo, sobre este tema tan importante que nos lleva la vida, poco ha cambiado nuestro saber en 2.400 años. Hoy no sabemos más acerca de la felicidad de lo que él sabía. Al menos, desde un punto de vista de un saber aplicado. Un dato ilustrativo: según la OMS, en el año 2000 hubo el doble de muertes por suicidios que por guerras (“Liderar desde el futuro emergente” Scharmer&Käufer).

Aristóteles nos habla del valor instrumental de la ética para vivir bien. Una especie de “egoísmo ilustrado”: ser ético, alcanzar la virtud como medio para vivir bien, para alcanzar la felicidad. Y de la razón y la lógica como herramientas para alcanzar la felicidad.

En su opinión, en tanto que somos seres activos, tenemos que elegir lo que queremos hacer con nuestra vida (a diferencia del resto de los animales quienes nacen completos y programados). Por tanto lo mejor que podemos hacer es adquirir la costumbre de actuar “como es debido”, por hábito. Al parecer, los valores son un valor rentable.

Por otro lado, sus aportaciones a una definición de conducta que reivindico. A pesar de las torticeras interpretaciones que se han hecho de su legado, para Aristóteles el alma se encuentra dentro de la física: no se da sin cuerpo y –por consiguiente- no es independiente de la materia.

Nada más lejos del mundo de las ideas platónicas. Ni del dualismo cartesiano. Nada más lejos del mito del fantasma de la máquina, donde la mente (alma interna, maquinista) es la causa de todo comportamiento o acción (el tren en movimiento).

Años más tarde S. Ochoa decía “El amor es física y química… Pero una física y química muy sofisticadas, ¿eh? Yo creo que somos eso, y nada más física y química”. También Joaquín Sabina.

Conducta, interacción entre un organismo y su entorno. Especial, sí. Interacción. Organismo. Entorno. Poco fashion cuando la enfrentamos a interpretaciones más poéticas de la conducta.

 

 

Querido profesor

Hola profesor*:

Me apetece encontrarme contigo entre líneas escritas de mi puño y letra. Hoy me apetece hacerte este pequeño regalo, porque te lo mereces, pero también porque lo creo necesario después de tres años, de una manera o de otras, acompañándome.

Antes de nada, decirte que esta no es ninguna carta de peloteo, no es una carta para que me subas nota en el examen de mañana ni para conseguir nada a cambio. Esta carta está por encima de todo eso. Esta carta es incondicional, y te la hago porque me apetece y me parece justo que sepas cómo me he sentido estos tres años contigo, ya no solo como profesor, sino como maestro de vida. Además, como tú bien dices o me enseñaste, es un buen ejercicio de inteligencia emocional ¿no? De todas formas, sabes de sobra que esto de las emociones es un tanto complejo, por lo que seguramente me quede corta en palabras.

Yo te “compré” en primero. No te voy a decir que el primer día de clase, porque, para qué engañarnos […]. Pero a medida que pasaban los días te empecé a coger un cariño especial, porque me demostraste que eras más que un profesor, mucho más. Me demostraste que te preocupabas por nosotras, porque creciésemos, en lo académico, pero también en lo espiritual. Nos agitaste, nos abofeteaste (con cariño siempre) en su debido y pertinente momento, nos dijiste que no, pero también que sí, nos presionaste, pero también nos motivaste. En definitiva, contigo hemos vivido una auténtica montaña rusa de emociones de la que yo he salido más viva que nunca. Y todo ello lo hiciste porque te importamos, porque querías lo mejor para nosotras. Y puede que nosotras, por nuestra parte, no supimos valorarlo en su momento; pero no nos culpes por ello, pues a día de hoy estoy segura de que la mayoría te lo agradecemos (y, si no, no te preocupes que nos daremos cuenta de ello muy pronto).

Yo, personalmente quería mostrarte mi gratitud por todo lo que me has enseñado este tiempo, pero sobre todo por lo que me he convertido. Por te te puedo asegurar que después de estos tres años, soy una persona distinta, soy una versión mejorada de mí. Y tú, mi querido [profesor], has contribuido a ese proceso de crecimiento personal, con tus consejos, empujoncitos y sonrisas que lo decían todo. No sabría explicarlo, pero digamos que de todas las piezas del puzle de lo que me compongo, alguna que otra lleva tu nombre.

Para mí, tus clases eran un auténtico chute de adrenalina. Nunca sabía lo que me iba a encontrar, pero sabía que de ellas saldría habiendo aprendido algo nuevo cada día. Cada día contigo era un reto nuevo, que me ponía la vida delante y del que sacar provecho y aprender y crecer. Pero lo bonito de todo esto es que tú también has crecido con nosotras, […], de la mano, poquito a poquito, y que nosotras también hemos dado y enseñado cosas con todo nuestro cariño y amor. Porque por mentira que te parezca, eres muy querido, y eso se palpa. A mí me enamoraste en muy poco tiempo, y al igual que yo, seguro que a muchas más también.

Me da mucha pena que nuestros caminos se separen, pero espero que tampoco lo hagan demasiado y podamos seguir compartiendo y viviendo por mucho más tiempo. Estamos en un espacio y en un momento en el universo en el que, por algún motivo, coincidimos, y estoy muy agradecida por ello. Has sido una persona que, de un modo u otro, ha marcado mi vida. Por eso, de todo corazón quería decirte que significas mucho para mí y que te deseo lo mejor del mundo en esta vida. Y que, si fuiste tú, como bien dices, “quien me descubriste” fue porque solo tú supiste sacar lo mejor de mí y renacer a la verdadera [persona que soy].

Cuídate mucho y espero que nos veamos pronto entre algún que otro café o cerveza. por qué no.

Te adora… tu pequeño gran descubrimiento.

*Esta carta me la enseño un profesor mío cuando empecé a dar clases en la Universidad. Siempre he querido recibir una parecida… y por trasmitir lo que hay detrás de ella trabajo.

Los libros no sólo son para el verano

En parte muchos estamos pensando ya en vacaciones, luz, sol, agua… y en libros.

Libros que me esperan en las estanterías o que ya he leído y a los cuales les debo unas notas para comprobar dentro de un tiempo que saque algo en claro. Libros ¿ de verdad son para el verano?.

Os voy a contar algunos con los que yo he disfrutado y también algunos pendientes por si queréis adelantarme y contarlo.

En la lectura buscamos argumentos que reafirmen nuestras ideas, el cerebro localiza lo que más le interesa de la ingente cantidad de información recibida. No es ningún secreto para quienes me conocen lo mucho que me interesa la Hibridación.

libros verano

Si hace unos años un libro llamado El Efecto Medici  sirvió para difundir esta corriente de mezcla, mix de ideas, de conexiones improbables, otro libro, de Jorge Wagensberg, pone de nuevo el foco en las intersecciones:

El pensamiento intruso, el espíritu interdisciplinario en el mapa del conocimiento.

Este es desde luego un libro denso, para reflexionar, no apto en cualquier caso para horas de piscina. Y nos deja frases como esta:

“Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución”

Hace ahora casi un año me preguntaba en este blog por el espíritu de frontera, cruzar fronteras es un reto que siempre me tienta, asomarme a los límites, encontrar conexiones imposibles.

“El espíritu de la frontera invita a revolotear en torno a un tema antes de profundizar en él.”

El viaje es para mi el mejor entrenamiento para esta manera de pensar, Wagensberg titula: “Jules Verne, viajar, viajar, viajar…vivió su tiempo mientras soñaba el tiempo siguiente.”

Moverse entre la dispersión y la concentración es un ejercicio habitual de la mente, y creo que la lectura estimula esta capacidad.

Durante muchos años se mantiene el debate sobre lo que es ciencia, lo que es arte y las diferencias y similitudes. ¿De verdad que tenemos que elegir entre nuestro lado científico y nuestro lado artístico? ¿no se reproduce el debate cuando hablamos de nuestro lado racional y nuestro lado emocional?

Vuelvo a mis días de instituto y recuerdo que me apasionaba la física, a la vez que podía pasarme horas pintando, leyendo sobre movimientos artísticos. Me debatía entre quienes me recomendaban la carrera de física y la libertad que intuía en la facultad de bellas artes. En este libro se habla de células eucariotas y de museografía, de ciencia, de arte, de método científico.

Hibridación, mezcla o serendipia, caminos que se cruzan. Como se cruzan unos libros con otros, y ellos tejen una red y un itinerario paralelo al mío.

Lo cierto es que a mi los libros me acompañan todo el año, en todo caso noto que a veces cambia el género, divulgación, ensayo, novela… Se que en un año convulso como este, con la crisis de los que huyen de la barbarie perdiendo fuerza en los informativos, con los mal llamados refugiados llamando a nuestras fronteras, volveré de nuevo mi mirada hacia el trabajo de Petros Markaris, que tan bien ha descrito las dificultades de la sociedad griega a través de su comisario Jaritos.

Afortunadamente en este blog, Javier Barez recuerda una y otra vez a todas esas personas obligadas a abandonar sus hogares y que hasta hace muy poco estaban a las puertas de Grecia.

En verano vuelvo a ciudades como Venecia, que revisito gracias al Comisario Brunetti, el personaje de Donna Leon, que en todos estos años tiene el poder de mantener una familia modelo en una ciudad invadida por los cruceros y los turistas. Es un descanso acercarme a Guido Brunetti y encontrarle leyendo a los clásicos, disfrutando de largos paseos por los barrios menos conocidos de la SerenÍsima.

Me confieso seguidora de Ian McEwan, un autor que cambia de registro en cada obra y que consigue convertir en un ejercicio osado leer “La ley del menor”, una reflexión novelada sobre la moral y la ética de nuestra sociedad supuestamente civilizada, una sociedad, en la novela la londinense, donde muchas de las decisiones más importantes de la vida quedan en manos de terceros, de extraños. Y esta lectura cuya protagonista es una jueza del tribunal supremo que tiene que justificar de forma cuidadosa y fundamentada todas sus sentencias en el tribunal de familia, me lleva a pensar en Victoria Camps, de la que leí hace tiempo “Paradojas del individualismo”, y en que tengo que leer su “Breve historia de la ética”, un autora que logró el premio nacional de ensayo en 2012 con “El gobierno de las emociones”, esto es tirar del hilo…

Cualquier formato es interesante, desde el gráfico en Enseñar, un viaje en comic, de William Ayers y Ryan Alexander Tanner, hasta el que parece llamado a revolucionar nuestra forma de afrontar las crisis, de la mano de un experto en proyectos de cambio sistémico a largo plazo, Otto Scharmer, y su libro Teoría U, que ya está traducido al castellano.

Libros para divagar, para reflexionar, para consolidar aprendizajes, para evadirnos…

¿Cuál es vuestra lectura favorita en verano?

Indagación Apreciativa y Emociones Positivas

 

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en un taller sobre Indagación Apreciativa, FullSizeRendercon Miriam Subirana, organizado por el Consorcio de Inteligencia Emocional. De un modo pausado, pero sin perder detalle, se fue avanzando en la descripción de conceptos e ideas que están detrás de este enfoque de intervención para el cambio y la transformación.

La Indagación Apreciativa nos hace situarnos en un plano completamente distinto al que estamos acostumbrados a la hora de afrontar este tipo de procesos  a nivel individual, de equipos u organizativos, ya que no saca de la situación actual o de los problemas a resolver y nos hace ir mucho más allá.

 

La Indagación Apreciativa nos aleja de los debates en donde el foco está en lo que debemos mejorar, de lo que está mal, de los problemas. ¿Cómo? Haciéndonos reflexionar sobre las fortalezas, sobre lo que sí funciona, sobre lo que nos motiva, lo que nos ilusiona, sobre lo que nos ha traído hasta aquí. Moviliza la energía positiva de lo que nos hace sentir bien, para construir a partir de ahí.  Se trata de sentir, de conectar con emociones, sentimientos, momentos donde hemos  sentido que las cosas fluían, que todo iba bien…y es necesario sentirlo de verdad, hacer el ejercicio de conectar con esos momentos, relajarse, dejarse ir…. y a partir de ahí, empezar a dialogar e indagar sobre lo que está presente en esos momentos, y hacen que tengan sentido para nosotros.   La palabra indagación, hace referencia a la búsqueda, a la  búsqueda de lo mejor de las personas y las organizaciones, y es importante tomar conciencia de lo que da sentido a nuestra vida, lo que es importante para nosotros, lo que nos conecta con lo mejor de nosotros mismos.

 

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Además, este enfoque conecta con otro elemento poco valorado en la cultura actual, como es la inspiración. La inspiración es el fundamento para la creatividad, la motivación, la alegría y todas las emociones que permiten avanzar y
desarrollarse. Implica que nos trasladamos y nos movemos hacia algo mejor, gracias a una visión que hace abrir puertas en nuestra mente.

La indagación apreciativa se basa en cinco principios originales:

 

  1. Principio construccionista, es decir, que con las palabras creamos mundos, y creamos nuestros destino según el enfoque de nuestros pensamientos.
  2. Principio de simultaneidad. Hace referencia a que a la vez que vamos preguntando e indagando, vamos generando un cambio. Son procesos simultáneos, no secuenciales.
  3. Principio Poético. Las organizaciones son como libros abiertos y aquello que busquemos será aquello que encontremos.
  4. Principio de la anticipación. Viene a decirnos que es más fácil avanzar movidos por una visión positiva del futuro, que por el miedo a lo que pudiera suceder. La imagen inspira la acción.
  5. Principio positivo. Ser conscientes de la utilidad de los sentimientos positivos. Las emociones positivas amplían los repertorios de pensamiento y acción de las personas y construyen recursos verdaderos.

 

Por último, otro de los aspectos centrales de la metodología radica en descubrir el núcleo positivo de los sistemas, ya que es lo que les de vida, su verdadera esencia positiva. Para ello, se trabaja da través de cinco fases que no son lineales, sino cíclicas.

  1. Definir. Seleccionar y definir el tema que se abordará a lo largo del proceso, planteado siempre en forma positiva.
  2. Descubrir. Identificar lo que da vida y apreciar lo mejor de “lo que es”. Par ello, se pueden identificar los momentos cumbre a nivel personal o de la organización, lo que posibilitó ese momento cumbre…etc.
  3. Soñar. Identificar “lo que podría ser”. En esta etapa se crea una visión compartida que marcará la dirección hacia la que dirigirse. Es una visión inspiradora que que invita a dar lo mejor de sí mismos y a ilusionarse con la misma.
  4. Diseño. En esta fase se define la estructura básica que permitirá que la visión se haga realidad. Se inicia el proceso necesario para concretar el ideal.
  5. Destino. Por último, en esta fase se establecen las bases de “lo que la organización será”, y cada cual asume responsabilidades específicas y compromisos concretos para realizar acciones.

 

Se trata en definitiva, de incorporar una mirada positiva e inspiradora que nos hace conectar con lo mejor de nosotros mismos o de las organizaciones, y que moviliza la energía, y nos conecta con las emociones que nos ayuden a impulsar los procesos que permitirá que las ideas se lleven a la acción.  

 

Y he de decir que realmente funciona!!!  ¿os atrevéis a probar?

 

Personas, bien común y competitividad

En un contexto competitivo global, en el marco de la Sociedad del Conocimiento, el valor de la persona se presenta como un elemento central para el progreso de países y territorios tanto por tu componente ético como por su relación con la competitividad de los mismos. Entender la lógica económica y la lógica social como elementos indispensables de la realidad humana hace que la persona cobre un nuevo valor en el ámbito organizativo relacionando el necesario incremento de la productividad por un lado y la orientación al bien común por el otro, marcando un nuevo marco de desarrollo competitivo.

Incremento de la productividad que deberá estar fundamentado, como nunca lo ha estado hasta ahora, en el conjunto de personas que trabajan en organizaciones y empresas debido a la necesidad de que aporten no ya su fuerza, ni tan siquiera una buena calidad en productos, servicios y procesos, sino también y, sobre todo, conocimiento y el deseo de compartirlo.

Esta exigencia viene dada por el cambio que se está dando en escenario mundial donde los costes de mano de obra directa y la facilidad de acceso por parte de las empresas a los países donde éstos son más bajos están haciendo que la deslocalización industrial sea una realidad doliente para muchos territorios que a su vez necesitan imperiosamente una apuesta de progreso basada en una competitividad centrada en la innovación y el conocimiento. Una nueva forma competitiva que debe enraizar tanto en los valores de directivos y políticos como de mandos intermedios y trabajadoras y trabajadores de las bases operativas de todas las organizaciones. Valores que deben arraigar en la propia sociedad posmoderna.

Para conseguir que este nuevo protagonismo que deben tener las personas deje de estar en el ámbito del discurso y pase a conformar una de las presunciones básicas de la cultura competitiva y social de organizaciones y territorios, para impulsar la participación de todas las personas, de todos los satakeholders, se hace necesaria una nueva forma de entender la organización, un nuevo estilo de gestión, un estilo de liderazgo colaborativo que permita y potencie la participación de las personas en las organizaciones, en definitiva una nueva filosofía de empresa.

Una nueva filosofía que deberá tener presente que la principal fuente de ventaja competitiva se traslada a cada una de las personas que componen su organización.  Personas complejas, racionales, emocionales, interesadas, altruistas y todos los calificativos que se puedan añadir pero que tienen dentro el embrión de la nueva competitividad: el conocimiento. Un conocimiento, además, que de por sí no será suficiente, sino que deberá aflorar, ser compartido y fertilizado con las ideas de otras personas lo que hará que se vaya generando el proceso de innovación orientado a la generación de valor, un valor compartido. Conocimiento que no podrá ser exigido, sino entregado y compartido a través del deseo de participación y trabajo por un bien común.

En este contexto, consideramos que los gobiernos deben contemplar y potenciar la competitividad de forma inteligente a través de la puesta en valor de su valor fundamental: las personas. El modo será el planteamiento, difusión, formación y evaluación de un liderazgo colaborativo que marque la filosofía y estilo de gestión que generará un proceso de innovación social que potenciará el progreso de personas, organizaciones y territorios.

 

 

Emoción para innovar: el caso del CIE

 

IMG_3280En este blog hablamos de lo que leemos, hablamos de lo que pensamos, incluso hablamos de lo que otros leen y piensan… Otras veces hablamos de nuestras emociones. Hoy será una de estas:
n post escrito desde la experiencia, desde la mirada de la emoción y que lleva a compartir reflexiones.

Espero que los lectores conozcan que esta iniciativa del blog de inteligencia emocional está alimentada por un equipo de personas que formamos parte de una asociación llamada Consorcio de Inteligencia Emocional, CIE para los amigos. Hablar de nosotros tiene sentido porque voy a intentar reflejar como es el espacio en el que se cruza la emoción con la innovación. Un tema del que estoy ocupándome puesto que es el título de un taller que dinamizaremos en el Global Innovation Day este próximo 14 de Junio en Bilbao.

El CIE es una comunidad abierta de innovación en cooperación para contribuir
al bienestar y transformación social mediante el desarrollo de personas, equipos, organizaciones y entornos emocionalmente inteligentes. Es decir, nos asociamos para innovar. ¿Cómo es nuestro modelo? Pues uno muy líquido y en el que la emoción prevalece sobre la razón. Os pondré algunos ejemplos:

  • Decidimos nacer cuando nuestro impulso de crecer pudo más que los límites del vientre que nos acogía (INNOBASQUE). Lo hicimos sin saber muy bien cómo era el mundo al que llegábamos y sin saber tampoco muy bien qué papel queríamos jugar en él. Nacimos por entusiasmo, por puro deseo de seguir creciendo, como un ansia de la propia vida.
  • Pronto nos tropezamos con la frustración de no ser quienes queríamos ser, de tener que definir quienes éramos y qué queríamos. Crisis que ayudan a reorientar y permiten avanzar.
  • Por último hemos llegado a convivir con la incertidumbre y el temor. Vemos cómo se acercan escenarios deseados pero peligrosos a la vez. Surgen los miedos de crecer demasiado, de llevar orientaciones equivocadas, de entrar en conflictos de intereses en el marco de la colaboración entre distintos… Y en la dificultad aparece la incertidumbre, la de no saber qué pasará.

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Pero nuestro modelo no es esa descripción que os he hecho. Nuestro modelo está construido con las herramientas emocionales que permiten generar energía suficiente p
ara acometer la búsqueda de soluciones a los problemas. Nuestro modelo no es un modelo, es la improvisación de un modelo que nos ha permitido vivir casi dos años y medio de utopía, y nos ha hecho llegar a generar una comunidad de casi 100 miembros entre personas y organizaciones. Nuestro modelo es generar espacios de colaboración que nos permitan vivir y crecer siempre que este crecimiento sea bajo el paraguas de nuestra identidad. Nuestro modelo no es exportable solo vivible, tal vez explicable…

 

Pensando en eso último se me ocurren algunas claves que pueden explicar que hayamos llegado hasta aquí:

Conexión. El gran valor de esta comunidad es la conexión entre sus miembros. Las personas compartimos lazos de relación pero también de afición, de deseo de aprender, de la importancia de la difusión de la aplicación de la inteligencia emocional en los distintos áreas de la sociedad. Esto nos une y hace que sea el magma desde lo que nace todo lo demás, desde lo que todo adquiere sentido.

Entusiasmo. El segundo elemento es también emocional. La energía para hacer por encima del cómo hacerlo e incluso del qué hacer. La comunidad es acción y desde ésta la conexión
regula las actividades, las propuestas.

Aprecio. Por último creo que las tormentas solo se superan valorando lo que somos, a los compañeros de viaje. No siempre se entiende así. Hay veces que los problemas dejan heridas y personas abandonan el proyecto. Pero equivocarse es un precio bajo que pagar si el aprecio es la moneda principal que rige las conexiones dentro de la organización.

 

No se si estoy pecando de partidismo, tampoco me importa mucho. Honestamente puedo decir que he participado en organizaciones con entusiasmo pero sin conexión, entidades con conexión pero sin aprecio, organizaciones con entusiasmo y conexión. Conozco otras organizaciones en las que habitan estos ingredientes, algunos de ellos, pero ninguna como el CIE en la que convivan con armonioso vaivén lo tres.

El buen amor y la buena vida

El pasado 3 de junio, a las 19.00, organizado por el Consorcio de Inteligencia Emocional y con el apoyo de DeustoBide – Escuela de ciudadanía, tuvo lugar el Conversatorio con Joan Garriga, psicólogo Humanista, experto en constelaciones familiares y Socio Fundador del Institut Gestalt (Barcelona). El conversatorio versó sobre dos de sus libros, La llave de la buena vida y El buen amor en la pareja.  La sala, con capacidad para 200 personas, estaba llena a pesar de ser un viernes por la tarde en un día de sol, algo no muy habitual en Bilbao…

El amor es un tema que ha llenado cientos, miles, de libros, canciones, poemas… No es lo mismo transitar en la vida solo que en pareja… Anhelamos el amor, pero no siempre sabemos amar bien… Joan habla de que para formar una pareja hace falta el amor, pero no sólo amor. Por eso habla del  buen amor; así que comenzamos preguntándole qué es el buen amor y qué es el mal amor.

En su respuesta nos explicó que las condiciones del buen amor tienen que ver con respetar los órdenes del amor [desarrollado por Bert Hellinger], concepto central en las constelaciones familiares:

  1. Todos. “Todos sin excepción, con independencia de si se les juzga positiva o negativamente, tienen el mismo derecho a pertenecer y a ser incluidos y dignificados, permitiendo y exigiendo que asuman su destino y sus culpas y las consecuencias de las mismas, cuando así fuera el caso” (Garriga, 2013b). En el alma colectiva, en la ley del corazón profundo, todos deben ocupar un buen lugar. En muchas familias por miedo, por vergüenza o porque su recuerdo es doloroso, se niega su lugar a quienes murieron pronto, se suicidaron, cometieron actos deshonestos, etc. El buen amor se sostiene en lo bueno del pasado y en que no se repita aquello que no es tan bueno. En nuestra sociedad el perdón se practica mucho de boquilla (el poder del perdón es el poder del juicio, yo soy buena/o y tú malo/a). Tenemos que abrir nuestro corazón a lo que fue y de la forma que fue.
  2. Cada quien en el lugar que le corresponde. “Demasiados padres se comportan como pequeños y demasiados hijos se comportan como grandes y especiales, transgrediendo la regla del bienestar en las familias: cada quien en el lugar que le corresponde. Y esto significa también que los posteriores se apoyan en los anteriores y orientan su mirada hacia el futuro. Es lo que en sociedades más tribales se vive como apoyo en los ancestros, a los cuales se honra y venera” (Garriga, 2013b).
  3. Reglas de intercambio entre el dar y el recibir. “En lo que respecta al vínculo con los padres, por ejemplo, no podemos devolver lo mucho recibido y lo compensamos y equilibramos dando a nuestros hijos o sirviendo y cuidando a la vida con nuestros dones. (…)Respecto a los iguales, la regla del intercambio es mantenerlo equilibrado, para asegurar la paridad y la igualdad de rango” (Garriga, 2013b). Un pasaporte para la legitimidad de la pareja es ponerse en paz con los padres, que representan la vida dentro de nosotros. Dentro de cada uno hay un niño, una niña, que vive leal a sus padres. “Si estamos en paz con ellos, estamos en paz con la vida; cuando los tomamos a ellos, podemos tomar la vida en todas sus dimensiones” (Garriga, 2013a, p.115).

 

Introdujo un concepto que a priori chirría un poco, la venganza amorosa, que como nos dijo es un arte y exige creatividad.  “Vengarse con amor significa devolver el daño pero en una cantidad suficientemente menor. Si el perjudicado se limita a perdonar, de alguna manera queda en una posición de superioridad moral, mientras que si devuelve el daño procurando que sea un poco menor, reestablece el equilibrio y la igualdad; aunque pueda parecer lo contrario, cuida también del amor en la relación, sobre todo al devolver en menor medida” (Garriga, 2013a, p.67). Si se devuelve en mayor medida o con ensañamiento se da una escalada en el conflicto [acordémonos de la película La guerra de los Rose].

El buen amor se reconoce porque estamos en paz con la persona que nos acompaña, porque no queremos transformarla, porque estamos dispuestos a crecer juntos, a desarrollarnos; esto exige que superemos los juegos estereotipados, el estancamiento en unos roles prefijados. En la pareja se tienen que dar unas danzas ricas de relación. “La relación de pareja no es una relación de ayuda, pero es una relación que ayuda. Ayuda al desarrollo personal, a veces a través de la alegría, pero otras a través del sufrimiento y la desazón conscientemente aceptadas” (Garriga, 2013a, p.45). Schopenhauer decía que el peor castigo sería ser invisibles y eternos. La pareja no es que nos complete, rellena nuestras sombras, nos tranquiliza porque responde a nuestra necesidad de pertenencia a un grupo. En toda pareja hay un pacto implícito: “Yo me hago cargo de tus sombras”. Pero  si eso se mantiene igual durante 50 años… mantenemos vivas las sombras… Aunque, como señaló de su experiencia como terapeuta, todo el que quiere cambiar quiere hacerlo con dos condiciones: 1) sin cambiar; y 2) manteniendo la razón…

Y del buen amor pasamos al buen vivir que es el tema esencial de la vida. La llave de la buena vida es un libro escrito después de años de acompañamiento a personas en sus tránsitos vitales (tanto en las alegrías como en las lágrimas). En la dedicatoria del mismo se ve que está publicado pensando en su hijo Tomás, como regalo de la mayoría de edad. Le pedimos que nos contara cómo surgió  y el sentido del título… la llave… de oro y con tres dientes…

El libro comienza con un cuento, cuya semilla le contó su gran amigo Ramón Resino, padrino de su hijo Tomás, y que con el tiempo ha fermentado y es la base del libro. La llave abre todas las puertas, incluso la última (la de la muerte, que ojalá nos pille desapegados…). Unas puertas son de ganar y otras de perder (véase el subtítulo del libro Saber ganar sin perderse a uno mismo y saber perder ganándose a uno mismo). “La llave representa el legado que los padres entregan a los hijos en forma de aprendizaje útil para el viaje de la vida (…) tiene tres dientes [el número tres encierra gran simbolismo], que como explican los padres simbolizan los tres dones, actitudes o recursos más importantes que un ser humano necesita para tener una buena vida (…) su cara opuesta, las tres amenazas que se ciernen sobre la buena vida, los tres grandes pecados [entendidos como falta de respeto hacia la vida y hacia uno mismo] en que podemos incurrir”. Veamos los ‘pecados’ y los recursos a desarrollar:

  1. No dar a la vida lo que tenemos para darle, no desarrollar nuestros dones. Pecado de miedo. Recurso a desarrollar: coraje, valentía, confianza.
  2. Tratar de dar a la vida lo que no tenemos o lo que no somos, vivir a través del personaje que hemos creado. Pecado de artificio, impostura. Recurso a desarrollar: veracidad. No hay mayor felicidad que hacer y estar en lo que uno siente; aunque algunos movimientos interiores importantes pueden estar movidos por nuestras heridas… [por ejemplo, quien se dedica a ayudar a víctimas de cualquier tipo porque lo conoce en primera persona].
  3. No tomarse el espacio y la atención para reconocer lo que nos mueve y lo que no nos mueve. Pecado de falta de contacto con uno mismo. Recurso a desarrollar: atención, conciencia. Esto se puede trabajar a través de la meditación, escuchando nuestros sueños, conectando con nuestra respiración, etc.

 

Y un dato importante… la llave es de oro… alude al componente trascendente, simboliza la respiración, el aliento vital… Es la vida viviendo en nosotros. La vida tiene sentido a pesar de los pesares. La vida está en todo. Todo tiene su derecho legítimo a ser como es. Hay algo que nos ampara, acoge y guía… independientemente del nombre que le demos…

Quiero acabar esta entrada con la cita que abre La llave de la buena vida y el deseo de que tengáis una buena vida y un buen amor…

El día que la muerte llame a tu puerta,

¿qué le ofrecerás?

Yo depositaré delante de mi invitada

la jarra llena de mi vida.

Yo jamás la dejaré partir con las manos vacías.

Rabindranath Tagore

Bibliografía

  • Garriga, Joan (2013a): El buen amor en la pareja: Cuando uno y uno suman más que dos. Barcelona: Destino.
  • Garriga, Joan (2013b): “El arte del buen amor. Constelaciones familiares”, La Vanguardia, 12 de junio. Disponible en: http://www.lavanguardia.com/cultura/20130612/54375903295/constelaciones-familiares-arte-amor.html [Consulta 5 de junio de 2016]
  • Garriga, Joan (2014): La llave de la buena vida: Saber ganar sin perderse a uno mismo y saber perder ganándose a uno mismo. Barcelona: Destino.

Enmascarando las emociones

Es fácil para cualquiera de nosotros identificar situaciones con ciertas personas, en las que nosotros mismos o nuestro interlocutor, parece estar más enfadado, triste, o inquieto de lo que sería esperable dadas las circunstancias. Incluso a veces parece que la reacción emocional no tiene sentido. He aquí un ejemplo de la cotidiana aparición de lo que llamamos emociones enmascaradas. Nos referimos a aquellas emociones que:

  • Duran mucho y se repiten una y otra vez.
  • Su grado de intensidad no guarda relación con la causa que la produce.
  • No es contagiosa y provoca en los demás una emoción distinta a la que esperamos.
  • La emoción exteriorizada es distinta a la que sentimos.

Si pensamos en una de esas discusiones que todos hemos tenido alguna vez, en la que por ejemplo, hemos terminado a gritos con nuestra pareja, por discutir si le echamos más sal o no a lo que estamos cocinando, nos podemos hacer una idea de lo que describimos más arriba. Pero ¿por qué sucede esto? ¿Por qué rápidamente nos resbalamos hacia ciertas reacciones emocionales incoherentes?…

O por lo menos aparentemente incoherentes…

Supongamos que esta situación no es nueva, sino que hace mucho tiempo, cuando nos enamoramos por primera vez de esa persona, obnubilados decidimos “ceder”, no sólo en cuanto a la cantidad de sal, sino en cuanto a adónde nos vamos de vacaciones, o quién tiene que hacer según qué cosas en casa, qué tipo de cosas se pueden decir y cuáles no son bien recibidas. Supongamos también que el resultado de mostrarle a nuestra pareja nuestra disconformidad lleva consigo una agria discusión o un entristecimiento, o una manipulación por parte del otro. Entonces, una decisión habitual, y normal, dadas las necesidades de cada uno, es simplemente, dejar de hacerlo. ¿Significa esto que hemos dejado de necesitar decidir, que nos escuchen, o simplemente expresarnos? No.

Se trata de una decisión estratégica para evitar lo que creemos que son males mayores. Pero hay más, en nuestras mentes damos a veces un paso más allá: llega un momento, en el que nos decimos a nosotros mismos: “¡Bah! No merece la pena, no es tan importante.”. Con esta simple frase rompemos el contacto con esa necesidad tan lícita que tenemos y nos convencemos de que realmente no necesitamos decir lo que estamos pensando o pedir aquello que lícitamente nos pertenece. Esta decisión, a pesar de no hacer que desaparezca la necesidad, nos hace sentir mejor, ya que no nos sentimos tan agobiados. Por esta razón, lo más probable es que la próxima vez que emerja esa necesidad tan incómoda, volvamos a decirnos “¡Bah! No es tan importante” 

Sin embargo, como podéis imaginar, retener la energía que genera una necesidad no cubierta, cuesta mucho. Es difícil, a medida que pasa el tiempo, aguantarnos la inquietud o la urgencia y muchas veces pagamos por ello el precio de las contracturas, o el insomnio. Por esta razón, de vez en cuando, en situaciones aparentemente neutras, nuestro malestar emerge e incluso a veces con quien no tiene nada que ver.

¿Soy demasiado insistente si reincido en que mantenernos en contacto con nuestras necesidades es un paso indispensable para regular nuestras emociones?

¿Os suena de lo que estamos hablando? 

* Este post fue publicado en este blog en mayo de 2007