¿Qué pasa con la Inteligencia Emocional?

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¿Qué pasa con la Inteligencia Emocional?

Hace ahora un año Eduardo Punset en su blog hablaba del lado oscuro de la Inteligencia Emocional. Hace casi 20 años que Daniel Goleman puso de moda el término y desde entonces han pasado muchas cosas.

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De desdeñar las emociones a encontrarlas hasta en la sopa. Artículos en los suplementos dominicales, las jugueterías ofrecen libros para ayudar a los padres con la Inteligencia Emocional, las empresas cursos para ayudarnos a gestionar nuestras emociones, el mismo Goleman y Boyatzis escriben, dan conferencias y cursos sobre liderazgo con Inteligencia Emocional. Hay incluso un MOOC, curso masivo gratuito on line, en Coursera . ¿Qué es lo que ha pasado?

Si buscamos en Google desde España aparecen casi 6.000.000 de entradas y entre los artículos académicos son Daniel Goleman, asociado a Inteligencia Emocional, y Howard Gardner, a Inteligencia Reformulada, los más citados por terceros. No es extraño si comprobamos que las tres primeras entradas de Google Scholar para Inteligencia Emocional corresponden a estos dos autores.

Si leemos la entrada de la Wikipedia con atención vemos que en las fuentes de autores españoles se citan a Rafael Bisquerra y Begoña Ibarrola.

¿Estamos ya alfabetizados en emociones? ¿Es sólo ruido de fondo? ¿Vamos avanzando en competencia emocional o no? ¿Se armonizan e integran los modelos o compiten entre sí?

En una entrada anterior Rogelio nos habla de  “trascender la Inteligencia Emocional”.

Lo cierto es que entre las características de la Inteligencia Emocional en la Wikipedia se mencionan las siguientes (voy a intercalarlas en cursiva y dejar que vosotros mismos elaboréis mentalmente la lista).

Voy a probar con esta entrada. Lo cierto es que no tengo ganas de escribir sobre Inteligencia Emocional, pero he establecido un acuerdo con todos los editores de este blog y no es cosa de empezar el nuevo año incumpliendo, ¿no?. Motivarnos a nosotros mismos.

 Si, estoy expuesta a la frustración ya que todo lo que contemos aquí parece alimentar a los que ya están asociados a la Inteligencia Emocional en la mente de los lectores. A pesar de las frustraciones.

 ¿Sigo mi impulso? ¿Me pongo a hablar de Jose Antonio Marina y la Inteligencia Ejecutiva? ¿Cuento mi último viaje y las emociones suscitadas por la visita al campo de concentración de Auschwitch, la relectura de El hombre en busca de Sentido de Vicktor Frankl y…?. Controlar los impulsos.

Regular nuestros propios estados de ánimo. ¿Y si pruebo con el humor? He intentado encontrar un monólogo del Club de la Comedia que hable sobre Inteligencia Emocional y me he reído un rato con lo que Eva Hache denomina “pura Inteligencia Emocional” parodiando las relaciones de pareja…, vale, vale, ya puedo volver…, jejeje,

evitar que la angustia no interfiera con nuestras facultades racionales.

 ¿Os habéis hecho preguntas similares al enfrentaros a una tarea? Espero que de alguna forma la respuesta sea positiva, si no es así tal vez no ha funcionado mi capacidad de empatizar y confiar en los demás.

 De nuevo vuelvo al inicio, hace ahora un año muchos medios y blogueros hablaban del lado oscuro de la Inteligencia Emocional; un estudio de un profesor estadounidense Adam Grant es la munición necesaria para la polémica, se hace eco del debate Juan Carlos Cubeiro, la suya es una argumentación informada. Puedes leerla aquí.

¿Estamos de nuevo en un punto de inflexión? ¿Ha canibalizado ya el mercado todas las posibilidades del término y hace falta uno nuevo? Rafael Bisquerra, uno de los que más y mejor ha trabajado en esta área nos habla en su web de Educación Emocional y Bienestar.

 ¿Tu que opinas?

 

Consejos vendo para mi no tengo…

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Por Olaia Agirre

¿Habéis sentido alguna vez que en un minuto, una persona, ha hecho una radiografía de tu persona, de una situación,…  y te han diseccionado de arriba abajo, poniéndote de vuelta y media, causando en ti un terremoto interno?

Me explico…

Ana* lleva una temporada complicada, con un gran estrés laboral que se va alargando en el tiempo. La situación en su empresa es complicada,  el estrés en su jefe va haciendo mella y a veces, ya demasiadas veces, incluso pierde las formas. Entre los compañeros de trabajo tampoco la cosa está mejor. Habían sido un departamento bien avenido, pero últimamente, “el eso no me corresponde a mi”, las indecisiones a la hora de coger responsabilidades y el pasar la pelota de unos a otros es el pan nuestro de cada día.

En este entorno, Ana,  que siempre se ha caracterizado por intentar arrimar el hombro, tiene la sensación de que demasiados asuntos acaban cayendo en su mesa (¡necesitaría días de 48 horas!) y siente que no puede dar respuesta como a ella le gustaría. El estrés empieza a hacer mella también en ella, hace tiempo que no duerme todo lo bien que solía,  su carácter se ha agriado, salta con más facilidad,  y es consciente que acaba pagándolo con los que tiene más cerca (donde hay confianza…), se siente nerviosa… y un tanto deprimida.

Pues en este contexto, Ana se reunió con una amiga, y entorno a un café, empezó a contarle cómo se sentía, lo angustiada que estaba, … buscando un momento de desahogo en lo que ella pensaba era un “terreno seguro”.

En ese momento, lo que escuchó por parte de la otra persona fue algo como “Ana, es que eres demasiado buena. Siempre acaban aprovechándose de ti, tu jefe piiiiiiiiiiiiiii y tus compañeros piiiiiiiiii y tú, ¡ala!, calladita y acabas comiéndote todos los marrones. Es que siempre haces lo mismo. Porque acuérdate lo que pasó con Rosa* también, que al final acabó aprovechándose de ti, y ni un gracias. Ya te dije yo que no era de fiar… Así que luego no te quejes. Además, no es para tanto, que mi jefe, ese sí que es un horror, porque el otro día piiiiiiiii. Bla, bla, bla, bla…..”

 juicioEn ese momento, Ana se quedó helada. Sintió una puñalada en la espalda que le atravesaba de lado a lado. Ella se había sincerado, buscando una persona que le escuchara, que simplemente estuviera ahí para compartir, aunque sólo fuera durante esa conversación, el peso que sentía que arrastraba encima y que tan exhausta le dejaba… sin embargo, no sólo no pudo sentir que compartía ese peso, sino que además como consecuencia de los juicios de valor que recibía, ese peso se multiplicó con culpabilidad y malestar.  Resulta que ella era un desastre, se lo tenía merecido, y encima no era para tanto, ¡porque había situaciones peores!!!

No quiero entrar a valorar si Ana tenía razón o no, si actúa bien o no en su trabajo, con su jefe, con sus compañeros o su marido, ni si hizo la lectura correcta o no de lo que su amiga le dijo. Tampoco si la otra persona tenía razón o no… Pero sí que me gustaría comentar algunas conclusiones que entre Ana y yo hemos sacado como aprendizaje de esta historia:

  • Por mucho que creamos conocer a una persona, o su situación, nunca llantes de juzgarme… ponte mis zapatos, recorre mi camino, vive mis penas, mis dudas, mis risas, alegrías… y después… juzgaegaremos a conocer las heridas internas que tiene. Por tanto, “antes de juzgarme… ponte mis zapatos, recorre mi camino, vive mis penas, mis dudas, mis risas, alegrías… y después… juzga”.
  • Antes de dar tu opinión, pide permiso. Por muy bienintencionadas que sean, si yo no estoy preparado para recibirlas, me puede hacer más mal que bien.
  • Cuando damos una opinión, dejemos claro que es nuestra particular visión de la situación, y no lo convirtamos en cátedra. Es decir, mi opinión no tiene por qué ser la realidad absoluta.
  • No olvidemos que la vida es cuestión de matices, ¡entre elpaleta colores blanco y el negro existen los grises, y el arco iris!! Huyamos del bien o mal, del todo o nada…
  • El hacer todo de la parte es, cuanto menos, injusto. Puede que no siempre haya acertado en mi comportamiento, pero de ahí a decir que SIEMPRE me comporto de tal o cual manera… Aprendamos a relativizar y moderar en nuestras apreciaciones. Me ayuda más que me indiques situaciones o comportamientos concretos que generalices.
  • Cuando alguien está compartiendo con nosotros sus problemas, muchas veces la mejor ayuda es simplemente ESCUCHAR. Escuchar de verdad, sin buscar soluciones, sin compararnos ni buscar situaciones parecidas que hayamos vivido, ni aprovechar para sacar a relucir otras situaciones,… Simplemente estar ahí, hombro con hombro, y escuchar. Ayudar a que, aunque sea durante ese breve momento, la mochila sea compartida.
  • No filtres por el tamiz de tus valores mi vida o mi persona. Cada uno hemos elegido unos valores, lo que para ti es muy importante, tal vez para mi no sea tanto… por favor, cuando te estoy hablando de mi, no me radiografíes según tu escala de valores, y acepta que yo puedo tener una escala diferente. Ni mejor ni peor… simplemente he decidido que mis prioridades sean esas, y simplemente, respétalas.
  • Hay que tener mucho cuidado en manos de quien ponemos nuestra autoestima. Los demás podrán decir lo que quieran, pero que les otorguemos el poder de ponernos patas-arriba emocionalmente es nuestra responsabilidad ¿por qué le hemos dado tanto poder a esa persona?
  • Y ay, ¡qué fácil es opinar sobre los demás!!!!!

 ¿Te gustaría aportar alguna reflexión más?

Por último, te dejo este pequeño fragmento del Indomable Will Hunting, donde precisamente Robin Williams le cuenta a Matt Damon de las consecuencias de sus críticas y juicios de valor. Que lo disfrutéis….

 

*Ni Ana ni Rosa son nombres reales, pero la situación aunque disfrazada, es real como la vida misma.

Dilemas y propuestas

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Si tienes oportunidad, pégale un vistazo al “Dilema de España” de Luis Garicano

Mi amigo Pablo me lo recomendó en el tramo final del verano 2014 (¡qué lejos queda!) y me ayudó a entender la entrada del otoño. Vaya por delante que no comparto muchas de las propuestas de Garicano, pero me encanta disfrutar de esa discrepancia cuando leo un libro. Inquietantes reflexiones las suyas. Para muestra, un botón.

[…]La sociedad resultante será una de mayores, discutiendo ideas antiguas, en casas viejas, que han consumido gran parte de la riqueza que generaremos en el futuro.

Sugerentes algunas de sus observaciones. En particular, ésta:

La respuesta al crecimiento está en las nuevas ideas. Son las nuevas ideas las que nos permiten hacer más con los mismos recursos. Como una receta que permite cambiar los mismos ingredientes para preparar nuevos platos, las ideas permiten crear más con menos. Y se pueden hacer copias infinitas. No tienen rendimientos decrecientes.

Y para nuevas recetas, necesitamos nuevos modelos mentales. Y, por ende, nuevos modelos de aprendizaje a lo largo y –sobre todo- ancho de la vida.

En su rescate, me encuentro “Armonizar educación con empleo en España: un reto a 5 años” (IESE 2014) que plantea las siguientes demandas a los anteriores retos:

  • Personas flexibles, con facilidad para integrarse en equipos y nuevos entornos.
  • Conductas y espíritu emprendedor.
  • Gran capacidad para compartir resultados, objetivos y planteamientos tanto a nivel individual como colectivo.
  • Personas activas emocionalmente con un fuerte componente de automotivación y una visión muy activa para generar motivación en los demás.
  • Personas que sean capaces de mirar al futuro, a lo desconocido, sin miedo; es más, personas que prefieren desenvolverse en entornos sin referencias. La sociedad y la empresa “líquida” demandan no anclarse ni en el pasado ni en lo aprendido.

Mientras el sistema, primero educativo y luego formativo, no enfoque el desarrollo humano de una manera integral, conocimientos y conductas, las empresas se verán abocadas a invertir en un tipo de formación cada vez más conductual.

Que un documento titulado “Armonizar educación y empleo” dedique 1 de sus 4 capítulos a “La formación emocional: el papel de las actitudes” es llamativo. ¿Premonitorio?

Y además ¡Sorpresa! Volvemos a la centralidad de las “habilidades blandas” en la profesionalidad: flexibilidad, equipos, adaptación, automotivación, emprendimiento, generosidad, “activas emocionalmente”; capaces de mirar al futuro, a lo desconocido, sin miedo…

Son las competencias personales la clave para responder a los desafíos actuales y futuros. Son éstas, las competencias llave para responder al dilema. Si las nuevas ideas son la respuesta al crecimiento, son las competencias personales la materia prima.

¿Acabaremos por entenderlo?

¿Qué opinas?

¿Se pueden medir las emociones?

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¿Se pueden medir las emociones?

“Las emociones no existen” decía el consultor y bloguero Asier Gallastegi hace pocos días. Hacía una reflexión provocadora sobre su naturaleza líquida o gaseosa, poco amiga de presentarse en formato sólido. Pero el hecho es que, no solamente hay una creciente preocupación general sobre la temática emocional, sino que desde el mundo de la investigación y desde el del desarrollo de nuevas tecnologías hay avances que seguir muy de cerca.

Llevo tiempo adentrado en la exploración de cómo los avances tecnológicos pueden ayudar a las personas a ser más inteligentes emocionalmente. Ayer, de hecho, viendo con mis hijos la película de “Hero 6” me encontraba delante de una versión amable (y otra no tanto) sobre los usos de la robótica. Por un momento las sonrisas me han hecho relajar cierta inquietud que me acompaña cuando observo el Sigue leyendo

Los fantasmas se retiran…

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Parece que ya han vuelto los fantasmas a sus armarios.

Las fiestas pasadas suelen ser principalmente momentos en los que la emotividad es alta y es cuando los fantasmas, nuestros fantasmas del pasado y del futuro suelen aprovechar para salir de sus rincones, de sus espacios mentales. Además, y a pesar de las buenas intenciones culturales, institucionales y personales, suelen tomar presencia en mil formas, desde la melancolía y tristeza por hechos pasados, por personas que ya no están, por alguien que no quiere estar con nosotros o que no queremos estar con ellas o simplemente por hechos que todavía no han sucedido pero que barruntamos pasarán.

Asimismo, aprovechan a salir en cualquier sitio y a cualquier hora. Las primeras horas de Sigue leyendo

Ya están aquí…

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Ya están aquí… las Navidades… Ésta es una época que despierta emociones y sentimientos encontrados. A unos les produce alegría, a otros nostalgia… A unos les satisface reunirse con la familia, otros lo viven como un suplicio… Hay a quien le encanta comprar regalos para sus seres queridos, hay quienes darían cualquier cosa por evitar ese ‘trago’… Y puede que en uno mismo se produzcan todos estos debates…

No sé si será una cuestión de la edad, pero mucha gente a mi alrededor vive con cierto desencanto estas fechas. Y no creo que sea sólo porque se han convertido en el festival del consumismo y de los excesos en el comer y el beber… En última instancia eso depende de cada uno… Es cierto que no vives con la inocencia y la ilusión de cuando eras niño… Yo soñaba con que nevara y en cazar al Olentzero o a los Reyes en plena entrega) como en las películas… Y también es relevante el hecho de que a medida que creces y vas sufriendo pérdidas de seres queridos, éstas se hacen más notorias en los encuentros de familiares y amigos. No obstante…

Hoy quiero reivindicar los valores de la Navidad: la familia, el encuentro, el amor, la donación, la entrega, la Sigue leyendo

Por el momento, véndame humo

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vender-humo… Que yo se lo compro. No sé si en otros países de habla hispana se utiliza esta expresión, pero creo que habla por sí misma. Venderle humo a alguien viene a ser algo así como convencerle de que compre algo que se escurre entre los dedos, que es intangible, y que en definitiva no sirve para lo que supuestamente sirve. Y dentro de un par de párrafos entenderá el lector por qué empiezo con esta expresión.

Muchos de nosotros estamos involucrados en promover y acompañar en procesos de cambio personal, grupal y/o profesional y no son pocas las veces que nos encontramos con la ya manida declaración de intenciones que después encuentra en la práctica dificultades importantes en su ejecución. Cambiar es algo complicado de hacer porque, como también sabemos, implica implantar una conducta diferente, pero también un sentir diferente, una actitud diferente, unos valores distintos, y a menudo decisiones difíciles de afrontar. En la teoría parece buena idea, pero el abismo parece insalvable para algunas personas y grupos, y nuestra tarea pasa por ayudar a acortar ese salto.

Una de mis preocupaciones como Sigue leyendo

Gracias…

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El 25 de julio de este mismo año comenzaba una nueva etapa en este blog con el post La ilusión y la esperanza de un proyecto y hoy, casi a finales de año, queremos dar las gracias desde el Consorcio de Inteligencia Emocional.

En un principio, y siguiendo un orden para poder gestionar bien la gratitud, gracias a todas y a todos los que están ahí detrás. Gracias a todas las personas que leen este post, que nos siguen por Internet, que comparten y comentan los escritos que aquí se presentan y que son el fundamento de nuestro trabajo, de nuestra ilusión y nuestra esperanza en que lo que escribimos contribuya a una mejora social, a un incremento del bienestar subjetivo de personas y colectivos.

Gracias también a Javier Bárez, Javier Riaño, Olaya Agirre, Maribel Navascués, Pablo Cueva, Yovanni Castro, Rogelio Fernández, Ígor Fernández, Arantza Echaniz, Iñaki Pérez, Roberto López y a Tomás Elorriaga por Sigue leyendo

Trabajo disciplinado en equipo: El juego del “Ajedrez Emocional”

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La concepción de la creatividad, la innovación y la competitividad dentro de la organización, en muchos casos depende de una buena y flexible relación de las personas. Ya existen algunos cuantos modelos de organizaciones que les proponen a sus trabajadores un trabajo común a desarrollar donde la sugerencia más insistente es la integración con el objetivo de incentivar la generación de ideas creativas e innovadoras valiéndose de la disciplina, la coordinación y el compromiso de equipo. Las perspectivas, la resistencia habitual a la evaluación de competencias, la variedad de pensamientos, la individual forma de actuar, y la humildad para aceptar la disciplina de trabajar en equipo puede producir conflicto, generando un verdadero desacuerdo dentro de la organización.

A juicio de Sigue leyendo

¿Tenemos ya nuevos paradigmas?

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Todo está cambiando muy rápido, el mercado de trabajo y la complejidad de nuestro entorno exigen competencias nuevas. Aprender a focalizar nuestra atención, mejorar los sistemas de búsqueda de la información al tener un acceso casi ilimitado a la misma, y ser capaces de gestionar nuestras emociones aparecen en las listas de las demandas de los nuevos profesionales y ciudadanos.

La interculturalidad, sentirse cómodo en la diversidad, trabajar en equipo, en red, van a resultar decisivos para todos nosotros. Aprender a tomar decisiones, como explica muy bien Pablo en la entrada anterior : la inteligencia emocional en busca de sentido.

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Durante los últimos años el desarrollo de las habilidades sociales, interpersonales e intrapersonales han supuesto una parte muy importante del tiempo de formación en las empresas, no siempre con resultados adecuados, ya que en muchas ocasiones sólo se centraban en la asertividad o la empatía, sin tener en cuenta un modelo integrador que sirva de referencia para el desarrollo integral, el de la persona completa.

El no tener mecanismos de comparación para comprobar los logros de aquellas personas formadas en competencias socioemocionales y las que no habían sido formadas, la falta de acompañamiento y revisión al cabo de un tiempo, y por que no decirlo, también las malas prácticas nos han dejado un poso de escepticismo.

Hay una gran brecha entre los descubrimientos en neurología, funcionamiento del cerebro, inteligencia emocional y la divulgación de los mismos más allá de los ámbitos académicos.

Hay que remontarse a Howard Gardner y su Módelo de Inteligencias Múltiples en 1983 que ha tenido mucho más desarrollo en el ámbito de la educación y apenas aplicación en empresas y organizaciones. Gardner ya establecía una clasificación entre inteligencia Inter e intrapersonal y el mismo afirma que el éxito de su modelo fue no hablar de talentos sino de inteligencias, retando así a una sociedad que usaba el coeficiente de inteligencia casi como único indicador.

Aunque no fue el primero, Daniel Goleman, llegó en el momento oportuno con su libro “Inteligencia Emocional” y desde entonces el concepto se ha hecho popular. El término no encuentra el consenso adecuado, y actualmente se habla más de competencias socioemocionales.

Más allá de las controversias, parece que ha llegado el momento de dar la importancia que merece a la persona dentro de la organizaciones y entender la importancia de formarnos para percibir, identificar, regular y gestionar nuestras emociones.

Los numerosos estudios y trabajos de neurólogos y otros científicos sobre la sutil frontera entre razón y emoción, entre conocimiento intuitivo y racional, junto con los descubrimientos relacionados con la plasticidad del cerebro, aunque incipientes, muestran un mensaje optimista que parece haber coincidido con un momento en que la sociedad demanda mayores dosis de colaboración, creatividad e incluso de “ felicidad”.

Primatólogos, psicólogos, educadores formulan nuevas teorías y modelos.

Hay muchas formas de mirar el mundo que nos rodea, me gusta cuando Pablo Herreros nos habla de la colaboración, altruismo, solidaridad, generosidad, tomando como ejemplo el comportamiento de los bonobos y primates en www.somosprimates.com) sus nuevos modelos encuentran aplicación en las empresas, la política o en la educación.

Estamos por tanto en una era en la que los paradigmas anteriores no nos sirven ¿tenemos ya nuevos paradigmas? ¿influyen estos en las relaciones profesionales? ¿disponemos de las herramientas para responder a estos cambios? ¿estamos listos para el cambio?