Inteligencia emocional

Asco moral

Hoy nos visita nuevamente el Asco, pero en esta ocasión en su faceta de Asco Moral. Como en el post anterior, lo haré a partir de la narración de Aurel Kolnai y presentaré algunas de las múltiples versiones que presenta el asco.

Pero antes de proseguir plantearé la siguiente pregunta que se incluye en El Blog de FOROTOC, Un espacio para tratar el Trastorno Obsesivo Compulsivo. ¿Por qué se ha tardado tanto en poner la atención al Asco? Es curioso, porque del análisis exhaustivo que hicieron B. Olatunji y D. McKay (en su libro El asco y sus trastornos), no ha existido ningún artículo de referencia hasta los años 90 hablando específicamente sobre el asco; mientras que otras variedades de emoción, como la ansiedad, la felicidad o la ira, se pueden contar a centenas.

Ellos plantean 4 razones básicas:

  1. Porque nunca se le ha visto interés alguno y el tiempo se ha dedicado en otros temas más destacables y perturbadores (como el miedo).
  2. Porque se veía difícil de observar y estudiar en laboratorio.
  3. Porque siempre se ha asociado a unos comportamientos demasiado específicos (como el comer) y precisamente el tema de la comida ha estado muy apartado hasta hace relativamente poco tiempo.
  4. Quizá la más interesante de todas las razones: Porque a los investigadores les da asco tratar sobre el asco. Una conducta evitativa a gran escala.

 

En esta línea de emoción evitada y olvidada, se expresaba con acierto nuestro amigo Iñaki Pérez, allá por 2015 en un post  de este mismo blog  “Me tenéis olvidada, …”

Por otra parte, parece ser que el primer libro tratando sobre el asco específicamente, fue creado por William Ian Miller en 1997: Anatomía del Asco.  William Miller se embarca en un viaje fascinante al mundo de la repugnancia, mostrando cómo aporta orden y significado a nuestras vidas, incluso cuando nos horroriza y nos rebela nuestra noción del yo, íntimamente dependiente de nuestra respuesta a las excreciones y secreciones de nuestros cuerpos.

Y es precisamente en el cuerpo donde residen algunos ascos, como el asco al “hombre musculoso”, a la brutalidad, esa energía corporal de carácter agresivo, violentador e incitador, que son cualidades indispensables para la producción del asco. Muchas personas considerarán estas imágenes como asquerosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Colin MacGinn (El significado del asco), al sentir asco hacia nosotros mismos como especie, nos situamos ante un tenso dilema emocional: nos admiramos por nuestros logros, pero también experimentamos un sentimiento de repulsión hacia nuestra necesaria naturaleza orgánica.

Y qué diremos del asco a la sexualidad desordenada, en palabras de Kolnai, se trata de una vitalidad que hierve y arde en sí misma, tanto como irrefrenable impulso sexual, como asquerosa atracción y excitación sexual.

Y de esta manera, fruto de la cultura, algo de carácter natural, lo convertimos en asquerosidad moral. Cuántas veces habremos oído en palabras de personas allegadas ante la visión de pornografía, o en cualquier charla o explicación sobre sexo, aquello de ¡qué asco, por favor!

Esta perspectiva cultural de las emociones, que está presente en las corrientes teóricas de la sociología de las emociones (véase Arlie R. Hochschild), aboga porque unos de los orígenes de las emociones está en la cultura y socialización de los sujetos.

En este línea, Iñaki Pérez en “Me tenéis olvidada”, cita a Rozin y Fallon quienes califican al asco como “la emoción de la civilización”, por la adquisición de emociones y valores motivados por la cultura y la historia social.

También es cultural un asco mayor y específico que sentimos hacia el incesto entre hermanos. Y aquí, Kolnai introduce un elemento clave, la cuestión ética de cuándo debe ser concebido un comportamiento como moralmente malo, o al menos desordenado, ante el que se siente asco, la sexualidad perversa, poligámica, que se presenta como hostil a la vida con presencia de amoralidad sexual. Se trata de un exceso de vida desordenada, algo sucio, húmedo, espumoso, insano.

De aquí la aparición del asco ante la inmoralidad en tanto que ésta se nos presenta como ensuciamiento de la vida y de los valores. En esta suciedad asquerosa de los valores, aparece otra de las facetas del asco, la mentira.

Asco, aversión que nos estremece al comprobar algo mentiroso. La mentira es hostil. Cuando sabemos, escuchamos alguna declaración que percibimos como deliberadamente falsa, entra en juego la asquerosidad de la mentira, que contempla agresividad oculta, escurridiza. Metafóricamente, aquel que miente es etiquetado como culebra, gusano, lombriz.

 Mentir es asqueroso, sí, pero más asqueroso es engañar mediante la falsa presentación de verdaderos valores, los cuáles sirven de máscaras para encubrir el interés del dinero, u otros intereses partidistas. Un hecho con una especial suciedad que presenta una Imagen pastosa, podrida, que se introduce corrosivamente.

De este modo, damos entrada a un hecho social de especial asquerosidad a la que parece que nos estamos acostumbrando. La mentira da paso a la corrupción.

 En estos tiempos que nos ha tocado vivir no podría faltar en una conversación asquerosa. La corrupción no sólo es algo que la humanidad considera sucio, por tanto, asqueroso, porque falsea los valores más altos. La corrupción también tiene connotaciones de infidelidad y de traición, algo que es realmente asqueroso.

Un aspecto especial de la corrupción es que desaloja, sustituye altos valores como la honradez, la honestidad, el bien público, la confianza y la convicción y muestra un característico brillo de putrefacción.

En este sentido, para Kolnai es digno de mencionar a la falta de nobleza, a la “vitalidad de la grosería” sin límites ni ideales. En la corrupción el único ideal es el dinero, fruto de la avaricia y la codicia, emociones que también presentan rasgos asquerosos.

Unida a la asquerosidad moral de la mentira y la corrupción, aparece la asquerosidad de la blandura moral, de la flaqueza de carácter, de la incapacidad de voluntad firme, de perseverancia o de tomar posición ante las injusticias. Todo lo cual puede ser fruto de la indolencia y de todo aquello que muestra falta de solidez moral.

Kolnai nos habla de la función ética del asco, el papel del asco en la repulsa moral, el asco alude a lo malo, señala la presencia de una cualidad especial, lo inmoral, lo pútrido moral.  La putrefacción moral ataca a lo más íntimo, a lo más valioso de la persona y lo hace brillar en un moho espumoso, un brillo especial del que se suelen envolver aquellos que tienen algo de encantador y atrayente y con el cual son capaces de engañar asquerosamente.

Otro aspecto interesante que subraya Kolnai es que el asco no debe fundamentar ninguna intención de destrucción contra el objeto (o sujeto) asqueroso, el asco no debe decir: eso hay que destruirlo. Eso sería que el asco por sí solo determina nuestra postura frente al objeto, el asco no debe apagar el amor hacia una persona o hacia los objetos de representación cultural, lo cual indicaría la estupidez naturalista inmoral, prejuicios, fanatismos, etc.

El asco moral tiene que ver con un asco invisible, un asco diseñado a medida por nuestros pensamientos, creencias y convenciones sociales. El ejemplo más clásico es el rechazo que provoca a la mayoría de la gente vestirse voluntariamente una prenda de una persona odiada. En este caso, ya no solo es un problema de contagio por riesgo de contaminación de gérmenes, sino de contagio de “valores morales”. Unos ¿valores? de los que no queremos contagiarnos por pútridos.

Ahora bien, ni el olor a carroña se transforma de repente en olor agradable, ni se transforma lo asqueroso en algo atractivo. Por eso, el asco no debe considerarse como un extravío de la vida humana, es una emoción legítima, útil, llena de sentido, pero no debemos darle paso libre de forma incontrolada, porque puede obstruir el camino a muchas cosas de valor en la vida e impedirnos hacer cosas nobles, el asco, en palabras de Kolnai, necesita examen y pulimento.

Con ello, Kolnai nos quiere decir que el asco hay que aceptarlo como a todas las emociones, puesto que también nos ayuda, pero regulado, manejado de manera adecuada e inteligente.

Termino esta serie asquerosa con fragmentos de un poema de Franz Werfel, que Kolnai incluye en el texto, muy apropiado, que sirve de metáfora a tanta y tanta putrefacción moral a la que asistimos en los últimos tiempos.

Espantosa, enmarañada, delante de nosotros, fluía

una corriente de carroña, sobre la cual brillaba el sol.

Me llamé amor, y ahora me ataca también

este vómito ante la ley más asquerosa

Se inclinó furioso y hundió

Las manos en los insectos de la corrupción;

y, ¡ay!, de rosas un olor, un profundo olor,

se levantó de la blancura.

MÁS Y MEJORES “NUDGES”

El 20 de abril (¿recuerdos de Celtas Cortos?) tenemos una cita con nuestra tertulia emocional. En esta ocasión, girará sobre un clásico de la economía conductual y la política de las últimas décadas: “Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad” de Cass R. Sunstein & Richars H. Thaler (Taurus 2017). Pretencioso título incluso para el Nobel de Economía 2017.

Dos son -en esencia- las ideas principales de este libro.

La primera es que características en apariencia insignificantes de las situaciones sociales pueden tener un efecto decisivo en la conducta de las personas. Por todas las partes hay “nudges”aunque no los veamos.

Nudge es un término inglés que significa “empujar suavemente a fin de avisar, recordar o amonestar suavemente a otro”. Es decir, estimular, incentivar o encaminar en la toma de decisiones.

La creencia de que es posible evitar influir en las decisiones de la gente es una equivocación. No existe el diseño neutral. Organicemos como organicemos el contexto condicionamos las decisiones de los demás. Un ejemplo de nudge tan escatológico como efectivo citado en el libro: ese moscardón que habita en los urinarios de muchos lugares públicos y que según Aas Kieboom mejora la punteríareduciendo en un 80% las salpicaduras.

La arquitectura de las decisiones es ubicua e inevitable y afecta a nuestra conducta. Nos condiciona, queriendo y sin querer.

Según Sunstein y Thaler, la creencia de que las personas elegimos lo que es mejor para nosotras o -al menos- mejor que si eligieran otras en nuestro lugar, es falsa. Tomamos buenas decisiones en contextos en los que tenemos experiencia, cuando disponemos de buena información y obtenemos un feed back rápido. Sin embargo, cuando tenemos escasa experiencia, insuficiente información en un contexto de feed back lento las decisiones son menos buenas. Imaginemos el resultado de jugar al paddle -por primera vez- con tapones en los oídos y antifaz. Un desastre. Sin feed back (informativo, motivacional, reforzante) es difícil mejorar y aprender.

En estos contextos no familiares y complejos, el “paternalismo libertario” adquiere sentido –según sus autores-. No se trata de un oxímoron. Paternalismo -para ellos- no es sinónimo de coerción. Las arquitectas y arquitectos de las decisiones pueden mantener la libertad de elección al tiempo que encaminan a las personas en direcciones que mejorarán su vida.

Paternalismo libertario, es un tipo de paternalismo relativamente débil y blando, y que no supone una intromisión porque las opciones no se bloquean ni se eliminan. Se trata de facilitar a las personas que sigan su propio camino. Orientar sus decisiones en direcciones que mejoren sus vidas.

Quienes rechazan el paternalismo sostienen que los seres humanos adoptamos magníficas y no magníficas decisiones, desde luego mejores que las que tomaría cualquier otro por nosotros. Muchas personas parecen suscribir el concepto de “homo economicus” (econs): la idea de que cada uno de nosotros siempre piensa y escoge bien. Pero la gente que conocemos -conjuguemos en primera persona del plural- no somos así. Somos simplemente humanos por lo que quienes diseñan deberían hacer las cosas tan fáciles como fuera posible.

Si influimos en las decisiones de los demás, si formamos parte de la arquitectura de sus decisiones, conviene que comprendamos su conducta. Podemos estimular para modificar la conducta de manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos, mejorando su bienestar. Pongamos más nudges en nuestra compleja aquitectura decisional.

Tres cuentos

He de admitir, y no me duelen prendas en decirlo, que a mi edad me siguen gustando los cuentos. La fantasía es algo mágico que activa poderosamente la imaginación y la hace volar hasta horizontes desconocidos. Me siento afortunado al constatar que aún reconozco y dejo hacer al niño que vive en mí y la lectura y disfrute de cuentos y aventuras nutren y mantienen vivo a ese niño. Sin embargo, la realidad circundante, próxima y lejana, a veces – demasiadas –  ensombrece la alegría de ese perenne infante haciendo que su ingenuidad y credulidad se tambaleen. Es el momento en el que el adulto debe poner pie en tierra y, sin renunciar a sus ideales, ponerse manos a la obra y trabajar en y por aquello en lo que cree.

Desde que se tiene conocimiento de su existencia, los cuentos de nuestra cultura occidental, primero transmitidos oralmente y posteriormente recogidos de forma escrita, pretendieron dar cuenta de la explicación de los mitos del mundo grecolatino y las tribus “bárbaras” (las minorías que no pertenecían al “sistema”) del continente europeo, sus habitantes, su historia y la de la sociedad en la que vivían, los distintos grupos sociales, sus viajes, sus trabajos, sus anhelos, etc. En Asia, Oceanía, África y América, con distintos enfoques pero de manera análoga, los cuentos comparten históricamente este carácter didáctico y mágico. Han sido y son, por tanto, una constante en el desarrollo cultural de la humanidad.

Traigo hoy aquí tres cuentos contemporáneos: uno de finales del siglo XX y dos de principios del XXI:

  • ¿Quién se ha llevado mi queso?: una Manera Sorprendente de Afrontar el Cambio en el Trabajo y en la Vida Privada, Johnson, Spencer. Empresa XXI, 1998 [(Título original: Who Moved My Cheese?: an Amazing Way to Deal with Change in Your Work and in Your Life, Johnson, Spencer. Putnam Adult, 1998). El autor falleció a los 78 años el 3 de julio de 2017. 28 millones de copias vendidas desde su publicación en 1998].
  • La Buena Suerte. Claves de la prosperidad. Rovira Celma, Álex; Trías de Bes Mingot, Fernando. Empresa Activa, 2004; Ediciones Urano S. A., 2016. (Traducido a 45 idiomas y cerca de cuatro millones de ejemplares vendidos en todo el mundo desde su publicación en 2004) y
  • Los siete poderes. Un viaje a la tierra del destino (Un relato sobre las actitudes clave para la buena suerte). Rovira Celma, Álex. Empresa Activa, 2006; Álex Rovira, 2016. (Más de 400.000 ejemplares vendidos desde su aparición en 2006).

Enmarcados en lo que ha venido en llamarse “libros de autoayuda” y promovidos inicialmente para el desarrollo empresarial, están sin embargo en plena sintonía con la teoría y terapia psicológicas del Dr. Viktor Frankl a partir de su obra El hombre en busca de sentido: la logoterapia (ver entrevista al Dr. Frankl: El sentido de la vida). En estos cuentos, como en los clásicos, encontramos seres humanos que interactúan con personajes extrahumanos y que enfrentan distintas situaciones: cómo encarar el cambio, cuál es la diferencia entre la suerte y la Buena Suerte y, finalmente, qué actitudes ayudan a afrontar la vida y sus circunstancias. El común denominador de los tres lo expresa Frankl magistralmente ya en 1959:

“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino” (Frankl, Viktor. El hombre en busca de sentido. Ed. Herder, 1991, p. 42). (Ver también las entradas de Maribel Navascués, Adriana Gabriela Racca, parte Iparte II, y Arantza Echaniz Barrondo).

Siempre podemos dar un sentido a nuestra vida, independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos, y esta búsqueda de significado se convertirá en nuestra principal motivación vital. Además, siempre podremos decidir con qué actitud enfrentarnos a la adversidad y ejercer de este modo ese cierto grado de libertad que nos diferencia de otros seres vivos.

En la fábula ¿Quién se ha llevado mi queso? se plantea la irrefutable realidad de que el cambio es un hecho y sucederá nos pongamos como nos pongamos. La actitud que adoptemos frente al mismo es lo que determinará nuestro presente y nuestro futuro. Johnson da algunas orientaciones: preverlo, controlarlo, adaptarnos a él rápidamente, cambiar con él, disfrutar con él… y saber que, inexorablemente, volverá a presentarse tarde o temprano, por lo que habrá que volver a empezar. Los cuatro protagonistas, dos ratones y dos liliputienses, personificarán otras tantas formas de afrontar el cambio, otras tantas actitudes vitales, y las consecuencias que sus acciones tendrán para cada uno.

Rovira y Trías de Bes narran la aventura de dos caballeros en el Bosque Encantado en busca del Trébol Mágico, un trébol de cuatro hojas que dará a su poseedor un poder único: la suerte sin límites. Ambos personajes persiguen lo mismo e interactúan uno tras otro con los mismos mágicos habitantes del bosque. Sin embargo, lo que marcará la diferencia entre ellos será su actitud. Los corolarios que nos van dejando a lo largo del texto los autores hacen referencia a que la Buena Suerte no depende del azar, no es una lotería, hay que crearla. Pero antes, hay que ser resolutivos y proactivos, es decir, estar decididos y querer ir a buscarla. Para ello, no se puede hacer lo que se ha hecho siempre, sino crear nuevas circunstancias: “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes” [frase erróneamente atribuida a Albert Einstein, posiblemente de Rita Mae Brown]. Y crearlas también para otros, no solamente para el propio beneficio. ¿Cuándo? ¡Hoy mismo, ya! Pero sin prisas, sin pretender resultados inminentes. Es una carrera de fondo, en la que la confianza, la resistencia, la perseverancia y la fe se hacen imprescindibles. Permanecer en esta carrera y llegar hasta la meta dependerán fundamentalmente de la actitud individual.

Los siete poderes presenta la travesía de un joven caballero hacia la Tierra del Destino, para cumplir una misión que por propia decisión ha prometido a su Rey, enfrentando desafíos que pondrán a prueba todas y cada una de sus capacidades y descubriendo que solamente usando la fuerza de su actitud podrá superarlos.

Rovira teje de manera extraordinaria el tapiz de la narración subrayando los siete nudos que lo configuran: El coraje, que no anula el miedo, sino que anima la conciencia de que hay algo por lo que merece la pena correr riesgos. La responsabilidad, que es esa capacidad para hacer lo que hay que hacer independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos. El propósito, que es voluntad y entrega. La humildad, del latín “humilitas”, que significa “pegado a la tierra”: una virtud del ser humano para reconocer sus limitaciones y sus fortalezas y ponerlas al servicio del bien de los demás sin jactarse de ello. La confianza que nos permite asumir retos aparentemente imposibles y superarlos. El amor, el mayor de los poderes (… y del que) nacen todos los demás, que se manifiesta en la acción conjunta de las personas que combinan sus talentos para hacer que los sueños individuales y colectivos se hagan realidad en pos del bien común. Y la unión (que “hace la fuerza”) y la cooperación (que promueve el progreso y la prosperidad).

Al comienzo de esta entrada hablaba de cómo la realidad circundante, próxima y lejana, desmotiva y desmorona al niño que llevo dentro. Para demasiadas personas, lamentablemente, este derrumbamiento no es de su niño interior, sino el día a día de su existencia: personas desempleadas, víctimas de todo tipo de violencia, enfermas, separadas, migrantes, explotadas; hombres y mujeres de todas las edades huyendo de la guerra y de la miseria. Espero y deseo poder aportar un granito de arena para afrontar individualmente esa compleja aventura que es vivir. Recomiendo encarecidamente para ello la lectura de las cuatro obras citadas: los tres cuentos y la obra del Dr. Frankl.

¡Ánimo!

Y para terminar con una sonrisa, pero con una gran dosis de realismo: ¿Cómo cambiar tu vida? – Odin Dupeyron- A vivir [Extracto. Entrevista completa (merece la pena): https://youtu.be/uHVAuQ9jXJc]

¿Ángeles? ¿Demonios?

Me gusta mucho la obra de Escher que abre esta entrada. Encierra un gran simbolismo ¿Son ángeles o demonios? ¿Qué veo con mayor facilidad? Todo el espacio está cubierto tanto con unos como con otros; el límite de unos define los otros. Hay un tema al que le doy muchas vueltas, el de la maldad. Aparece de forma recurrente en las clases de Ética cívica y profesional que imparto. Recientemente he visto, por recomendación de una alumna, la serie de cuatro episodios del programa Tabú de Jon Sistiaga sobre la maldad. Se muestran sucesos de gran crueldad y se entrevistan a algunos de sus protagonistas. Son muy recomendables aunque he de reconocer que me han dejado un sabor de boca amargo… El ser humano es capaz de los mayores actos de bondad pero también de grandes maldades, y en ocasiones sin ningún atisbo de culpa. Y eso es inquietante…

Reproduzco aquí parte del testimonio de Miriam Lewin, superviviente de la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada, que funcionó durante la última dictadura cívico-militar argentina –entre 1976 y 1983- como centro clandestino de detención, tortura y exterminio):

Jon Sistiaga – “¿Para ti la maldad es algo en lo que cualquiera de nosotros puede caer? Y peor ¿Es algo de lo que cualquiera de nosotros puede salir?

Miriam Lewin –  “A mí me pasó algo tremendo cuando fui liberada. Y digo liberada porque mucho tiempo después recién pude, como decía una compañera sobreviviente,  sacarme la capucha, ser realmente libre. Estar en el subterráneo en Buenos Aires mirar a los ojos a la gente y decir: ¿quién de todos estos será capaz de torturar? Y si me preguntás yo creo sinceramente que una buena parte de nosotros puede”.

Resulta perturbador pensar que cualquiera puede hacer daño. Pero eso no puede hacernos pensar que existe un gen de la maldad, que hay un determinismo. Existen perfiles de personalidad que parecen más proclives a actos de maldad y crueldad, como puede ser el que viene determinado por la triada oscura (o personalidad Tríope), aquel que combina maquiavelismo (visión calculadora, utilitarista de las relaciones), narcisismo (“personas egoístas, con un sentido egocéntrico del derecho y con una autoimagen positiva, aunque poco realista”) y psicopatía (personas hábiles para meterse en la piel de los demás, lo que hacen para sus propios intereses sin ninguna conciencia). Personas con esta triada oscura en su versión más extrema pueden llegar a convertirse en despiadados criminales; pero también se puede dar en versiones subclínicas, personas integradas que no cometen crímenes pero pueden causar mucho dolor.

Hace diez años escribí una entrada sobre este tema que titulé ¿Héroes o villanos?. Mantengo y me reafirmo en lo que allí decía. “Hay que trabajar desde todos los ámbitos en dos vías: 1) la capacidad de empatía y 2) la sensibilidad ética. Si perdemos o no tenemos suficientemente desarrollada la capacidad de empatía no podemos descubrir el rostro del otro, no vamos a ser capaces de ver en el otro una persona merecedora de respeto y acreedora de dignidad. Si yo descubro el rostro del otro difícilmente me voy a poder abstraer de su dolor y sufrimiento. Yo no puedo maltratar al otro si le veo como una persona que sufre y siente como yo. Y en cuanto a la sensibilidad ética, creo que es fundamental trabajar este aspecto para que a la hora de tomar decisiones y actuar nos preguntemos por la bondad o maldad de nuestras acciones, por cuál es la acción correcta. Muchas veces ni siquiera caemos en la cuenta de que algo está mal porque ni siquiera nos lo hemos planteado”.  A día de hoy añadiría un ingrediente: generar entornos, sociedades, en los que predominen valores positivos: el cumplimiento de las normas, la cooperación, la ciudadanía… Adolf Tobeña, Catedrático de Psiquiatría, habla de que en una sociedad entorno a un 5% de personas se dedican a hacer el mal sistemáticamente; entorno a un 20% no necesitan normas ni ojos que les vigilen; y el 75% restante hace en función de lo que ve, de lo que predomina [para ver el testimonio de este autor y otros expertos en el extracto que he realizado del programa de Jon Sistiaga, pincha aquí]. La educación emocional puede ayudar a desarrollar estos entornos positivos y hacer que las personas elijan teniendo en cuenta tanto la parte emocional como la racional.

Me resisto a quedarme con la banalidad del mal, frase acuñada por la filósofa Hannah Arendt. Prefiero cantar con Rozalén por todos los hombres y mujeres buenos… Me hace mantener la esperanza saber que hay personas que eligen ser ángeles porque no me vale el pseudoargumento, la difusión de la responsabilidad, “todos lo hacen, es lo normal”…

“Y el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos.

Así que le canto a los valientes.

Que llevan por bandera la verdad.

A quienes son capaces de sentirse en la piel de los demás.

Los que no participan de las injusticias.

No miran a otro lado.

(…)

No le dedicaré más tiempo pues el mundo está lleno de mujeres y hombres buenos.

Así que le canto a los coherentes.

A los humildes que buscan la paz.

A los seres sensibles que cuidan de otros seres y saben amar.”

 

 

Viajar es bueno para la salud

Son numerosos los artículos que en la red defienden las ventajas y beneficios de viajar:  libera endorfinas, reduce el estrés, rebaja las posibilidades de caer en una depresión… Internet está repleto de razones “científicas” que aseguran que el cerebro y el corazón funcionan mejor cuando viajamos. En nuestras conversaciones diarias muchas veces afirmamos que el médico debería prescribir viajes como receta, que el viaje cura.

Durante años la experiencia de salir de nuestro entorno habitual, exponernos a otras culturas y a otras formas de vivir, dejar que nuestro cuerpo se adapte a nuevas condiciones de temperatura, humedad, escuchar sonidos que nada tienen que ver con nuestro día a día, olores a los que no estamos habituados, sabores y texturas diferentes… se ha convertido en un hábito, o como dice Kapucinsky nos hemos contagiado del virus viajero. Me gusta pensar que el viaje nos vuelve más sabios y tolerantes, que mejora nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación, nos entrena para situaciones no previstas y reduce nuestro miedo a enfrentarnos a lo desconocido.

Tal vez por todo ello me ha llegado de forma especial la campaña de Médicos sin fronteras con este mismo título, viajar es bueno para la salud, que nos invita a “viajar” para ayudar, en concreto para que no seamos nosotros, sino nuestra ayuda la que viaje, la que mejore la salud de otros. Una campaña que nos muestra la otra cara del mundo, la que en nuestros viajes no siempre queremos fotografiar, la que a veces no sabemos ver y que no aparece en los folletos y las campañas publicitarias. “Destinos a los que nadie querría ir, porque no necesitan turistas, sino ayuda urgente. No te pedimos que vengas, te pedimos que nos lleves. El primer portal de viajes en el que tu no viajas, tu ayuda sí”

 

Viajar para mi significa ser permeable, escuchar con los cinco sentidos aquello que transcurre ante nosotros, admirar a las personas con las que nos encontramos, no perder la capacidad de asombro.

Cuando se habla de viajes casi nunca aparece la palabra aburrimiento, todo parece prepararnos para vivir experiencias extraordinarias, increíbles, espectaculares, dramáticos paisajes, extensas ofertas gastronómicas, diversión y placer. En un mundo con exceso de información las expectativas creadas por los destinos son elevadas, y eso puede llevar a muchas personas a la frustración. ¿Para qué viajamos, que esperamos del viaje?

¿Qué nos incita a viajar, cual es el motor de nuestro viaje? ¿Es una motivación interna o una motivación externa? ¿viajamos para conocer o para perdernos? ¿es el viaje una búsqueda o un reencuentro?

El viaje a ese destino largamente soñado y preparado, el viaje como huida, el viaje como espacio en blanco, el viaje como espacio de recuperación, el viaje como vagabundeo; el viaje con una mirada curiosa, abierta a encontrar lo inesperado entre lo cotidiano.

Antonio Muñoz Molina en su último libro Un andar solitario entre la gente invita, a través de su narrador, a inventar nuevas ciencias como la Arqueología instantánea,  la Topobiografía,  la Historia del Arte Accidental o la Deambulología :

 

“Las nuevas aplicaciones de geolocalización habrán permitido a la Deambulología dar un salto de gigante, equiparable al que la técnica de la imagen magnética ha aportado a la neurociencia, si bien con la limitación de que por ahora no puede aplicarse retrospectivamente, es decir, al estudio de las caminatas del pasado. Como su propio nombre indica, la Deambulología es el estudio de los itinerarios seguidos por escritores, artistas, científicos, visionarios, indigentes y lunáticos: bien los habituales y mantenidos a lo largo de una vida entera -los paseos de Kant son un ejemplo clásico- , bien los irregulares, los repentinos, los que nunca han tenido regreso. Hay dudas sobre si la Deambulología es un saber autosuficiente o una rama de la Topobiografía, cuya adivinable finalidad es el estudio de los domicilios distintos en los que han vivido o viven estos mismos personajes, procurando establecer, con mapas detallados, los posibles patrones psicoespaciales o sociovitales.”

Es una lectura que nos propone caminar atento a todos esos estímulos que nos reclaman incesantemente, los letreros, los anuncios, las conversaciones entre los viandantes, los cafés, el azar; caminar como turistas, como impostores en nuestra propia ciudad…

De ahí que el viaje puede ser también un estado de ánimo, tanto puede durar unos minutos en los que nos hemos ido muy lejos con nuestra imaginación, como días, meses, años; no importa el tiempo, puesto que algunos no se dejan asombrar por el mundo que recorren y viajan enlatados en su mundo interior, otros sin embargo viajan continuamente y viven no sólo una vida sino muchas. Nuestra memoria también está sufriendo cambios y ahora no es sólo nuestra evocación, nuestro relato oral el que da forma y modifica nuestros recuerdos, también las redes sociales contribuyen a fijar algunas imágenes, algunos lugares, al “seleccionar y mostrarnos” momentos de nuestros viajes que tal vez habíamos olvidado.

Por todo ello en muchas ocasiones rememorando viajes me pregunto ¿Cómo nos ha transformado el viaje?

Nuevos hombres buenos

Portada: “Nuevos hombres buenos” de Ritxar Bacete

¿Qué misterio esconderá el título de este post? “Nuevos hombres buenos” es el libro que me ha acompañado estos días festivos. Se trata del trabajo de un compañero del CIE, Ritxar Bacete, que ha tenido muy buena acogida, al menos entre los medios de comunicación. El subtítulo del libro aclara bastante más sobre el contenido del mismo: “La masculinidad en la era del feminismo

Lo primero que tengo que reconocer es que este tema no es de los que me entusiasman, me siento incómodo en el papel de un hombre en la era de la lucha por la conquista de la igualdad por parte de las mujeres. Supongo que he simpatizado con los esfuerzos de las mujeres por alcanzar una equiparación de derechos, pero siempre he entendido que mi papel era el de dar apoyo desde la retaguardia. Leyendo el libro he entendido mucho más de mi incomodidad y eso es algo que, además de agradecérselo a Ritxar, me hace invitar a todos los hombres que lean este post a bucear entre sus más de 350 páginas.

Los “nuevos hombres buenos” son, somos, aquellos que buscamos una nueva masculinidad que se ajuste a los tiempos de la igualdad, una sin privilegios. Y, claro, a diferencia del proceso de emancipación de las mujeres los hombres vamos tarde, a remolque, y perdidos en esta batalla. La clave radica en el papel que la nueva masculinidad tenga en el ámbito de los cuidados, en el que las emociones juegan un papel básico. Ritxar invierte mucho tiempo en hablar del papel de la paternidad en la nueva masculinidad. Pero esta transformación va más allá de ello puesto que tiene que ver con el cuidado de la casa o de nuestros progenitores. Soy padre y tengo tres hijos. Esto ha hecho que desde hace más de 20 años me enfrente a múltiples situaciones relacionadas con este nuevo papel. He disfrutado mucho de mi paternidad y ésta me ha significado meterme de lleno en el mundo de los cuidados para el que nadie me preparó. También he mantenido espacios de desconexión de mi labor como padre y he observado la diferencia entre mis derechos y los de las mujeres en este sentido. Como pareja, como compañero de proyectos, he tenido que aprender a golpes y lo he hecho pero siempre con la sensación de no llegar a lo que yo mismo querría poder aportar.

Otra clave vinculada al mundo de los cuidados tiene que ver con saber perder el privilegio de la individualidad, vista como libertad, que ha pertenecido históricamente a los hombres. El vínculo del cuidado exige responsabilidad y presencia. No es cuestión de perder tu identidad para adoptar exclusivamente la del cuidador. En ese sentido las mujeres también reivindican su derecho a la desconexión en movimientos como “el club de las malas madres“. Se trata de construir una masculinidad en la que la autonomía pivote sobre la responsabilidad del cuidado.

Para acabar este post comentaré la importancia que en el libro se da a la renuncia de la violencia por parte de los “nuevos hombres buenos“. Posiblemente la violencia ha estado mucho más vinculada a la cultura masculina, machista diríamos, puesto que durante una parte importante de nuestra historia era una función del hombre usarla para el beneficio de la comunidad. Las mujeres, por contra, y por su labor cuidadora han estado mucho más alejadas, culturalmente, del uso de la violencia, que no de sufrirla de primera mano. La sociedad del siglo XXI exige la sustitución de la violencia física por la entrega, la conexión y el vínculo cuidador. Un nuevo nombre bueno preocupado por empatizar, cuidar y educar mucho más que de hacer su propia vida usando las violencias que sean necesarias en cada caso.

Pronto tendremos la ocasión de entrevistar a Ritxar sobre este y otros temas en EnWorking un programa sobre psicología positiva de CuacFM.

 

domingo de ramos en Rodalquilar

salimos de “el polvorín”, la casa rural en la que nos alojamos en Rodalquilar,  después de haber desayunado con infinita pachorra, en esa actitud “noraezean” (nora – a dónde, ez – no, ean – en), una especie de “sin rumbo fijo”,

y nos montamos en el coche, doblamos la esquina, y nos encontramos con un mogollón de coches aparcados, donde anoche había sitio por los cuatro costados, se podía aparcar aquí y allá, ahora está todo lleno, tan apretadito,

y estamos a punto de salir del pueblo, pero damos marcha atrás, quién sabe por qué el ser humano se mueve entre dos tendencias, centrípeta y centrífuga, hacia dentro (y hacia el mogollón) y hacia fuera (y los límites),

y hoy vamos a explorar qué se cuece entre los coches y la gente, todo parece indicar que hay mercadillo en el pueblo, aparcamos tras recorrer menos de 100 metros sobre las cuatro ruedas, en este domingo abierto a la exploración y a la sorpresa,

está claro que Silvia y yo llevamos el niño natural prendido, no vamos a tardar mucho en darnos cuenta de que todo nos gusta, parece como si hubiesen hecho un paseíllo a nuestro alrededor con todo lo que nos da vida,

artesanos que trabajan las piedras, el barro, el dibujo, el cuero, gente libre que ha explorado un poco más allá de lo que un trabajo normal les ofrece en la gran ciudad, ese entorno de oportunidades y de alienación,

artesanos, qué bonita palabra, arte sano, que han hecho ese proceso tan duro, muchas veces, tan interesante, siempre, de buscar esa vida en la que su yo soy está de nuevo presente, al aire libre,

muchas gracias por vuestro ejemplo, y por vuestra vida, por vuestras aficiones convertida en forma de vida, por vuestro cariño y vuestro arte, en este domingo de ramos, qué bueno que nosotras simplemente pasábamos por acá.

   así lo vimos…

el mercadillo de Rodalquilar se celebra un domingo de cada mes, y nuestro niño se asombra de este mundo tan rico en “causualidades”, que florecen en cada rincón, como la primavera, que ya está despertando, aquí y allá.

después de haber volatilizado 3 billetes que nos sobraban, compra que te compra, un colgante de conchas y otro de pececitos para la casa, un jersey de huecos para Silvia, un tocado para Maitane, 3 aguamarinas para repartir quién sabe a quién,

un grabado de Jon nieve sobre madera y una camiseta para Mikel, unos pendientes para Paula, unas runas para acompañar nuestras preguntas de cada día, unos imanes, unas piedritas, otro colgante, … la lista es más larga,

nos paramos a preguntar si hemos fumigado 3 o 4 billetes, pero no nos cabe la menor duda de que el dinero que ya no tenemos está ahora en buenas manos, es la maravilla de la compra local en los mercadillos, cuando compramos directamente al artesano.

soltar carrete es una de las propuestas para el desarrollo de una comunicación emocional, empática, una propuesta tan sencilla como abrir una pregunta a una persona de cuya actividad disfrutas, una conversación tan fácil y tan bonita,

en la que nos abrimos a lo que la otra persona nos tenga que decir, una conversación que empieza con una frase sincera, con un regalo, “qué bonito”, y con una pregunta, abierta al viento, “¿lo has hecho tú?” 

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional creative commons  inspirado por la teoría del color de Goethe y la teoría U de Otto Scharmer que compartimos desde este enlace.

El Asco, emoción misteriosa

Hoy presento un post asqueroso, no porque el texto sea asqueroso, sino porque hablaré sobre el asco. Es curioso, pero creo que en este blog aún no hemos hablado de esta emoción.

Para redactarlo me he inspirado en la lectura de Asco, Soberbia y Odio, de Aurel Kolnail y hago referencia a algunos de los conceptos que desarrolla. Kolnai fue un polifacético e ingenioso filósofo que desarrolló su obra durante las primeras décadas del pasado siglo con una perspectiva fenomenológica de la vida emocional. Según Kolnai todo aquello que debemos hacer no viene determinado por normas, sino por valores, unos valores que conocemos por medio de actos afectivos. Kolnai fundamenta su obra en la ética de los valores.

Lo cierto es que este libro da mucho juego porque desarrolla tres emociones poco analizadas, de tal manera que este post constituye el primero de una serie que escribiré sobre ellas. En cuestión del asco, este post será la primera parte, que tendrá un aspecto más escatológico que la segunda, que versará sobre el asco moral.

El asco, la soberbia y el odio, a pesar de ser muy dispares, tienen un elemento en común; las tres son respuestas de defensa o de rechazo frente al entorno, en las que se pone de manifiesto la posibilidad del ser humano de romper los lazos positivos que lo unen al mundo.

En esta obra, Kolnai hace una llamativa comparación entre el asco y la angustia, a las dos emociones les otorga intencionalidad, ambas emociones precisan de una base cognitiva para tener lugar, las dos cuentan con fuertes reacciones corporales, y se diferencian en que la angustia se dirige a lo peligroso, cualidad diferente a lo asqueroso. La angustia huye de lo peligroso, el asco se aleja del objeto asqueroso, pero paradójicamente permanece atado a él impregnándolo.

El estudio del asco resulta muy interesante porque se extiende a un amplio abanico de opciones. Es una de las emociones que pertenecen a las llamadas reacciones de defensa.

Una característica específica del asco es que no se relaciona nunca con lo inorgánico, todo asco, incluso el moral, es fisiológico, incluso más que la cólera. El asco tiene una estrecha relación con el cuerpo. Ahora bien, no debemos relacionar al asco con una simple corporalidad, por ejemplo, “ganas de vomitar”, porque se puede vomitar por causas que nada tienen que ver con el asco. El asco también es una experiencia psíquica, que abarca todo el cuerpo, pero a pesar de ello, la intención del asco se dirige hacia fuera y se adhiere al objeto que lo produce.

Otro aspecto característico de asco es la proximidad, se produce en la cercanía. Ante lo asqueroso también experimentamos angustia, una angustia relacionada con lo peligroso, es una reacción de defensa hacia algo que afecta al individuo. A este respecto, los objetos asquerosos son alimentos podridos o insectos malignos, sabandijas, alimañas, la colorida y viscosa salamandra que se protege con su aspecto asqueroso. Esta es una consideración del asco ante lo oculto, lo sospechoso. Todo lo asqueroso tiene algo de misterioso y chocante, por ejemplo, esa baya roja que llama poderosamente la atención, ¡pero es venenosa! la amanita muscaria, que mantiene una peculiar interacción con los insectos.

Los conductores principales del asco son el olfato – unido al paladar-, el tacto y la vista. Pero curiosamente, también dispone de poder auditivo al presuponer una serie de relaciones asociadas al objeto productor del asco. Produce asco una voz aguardentosa, porque representa el carácter moralmente asqueroso de la borrachera, el aliento de un borracho. Si alguien chasquea los labios, hace ruidos con la boca al comer, se sorbe los mocos, etc.

Pero es el olfato el verdadero asiento del asco. El olfato se relaciona con la putrefacción, con la ruina, la degradación de la vida, de los alimentos. El asco a los olores corporales, al sudor de las axilas, a los a veces graciosos pedos, aquel intenso olor a los “pies muertos” que habitaba en un vestuario de trabajo y que se impregnaba hasta en la ropa.

El tacto ocupa el segundo lugar en la producción del asco. Pensemos en que lo asqueroso tiene tendencia a “pegarse”, con esa sensación de lo blanducho, lo pastoso. Lo prototípico de lo asqueroso es lo podrido, imaginemos el asco que sentimos al tocar supuraciones, pus, carne fétida, pútrida y descompuesta, todo ello acompañado con el olor a putrefacción específico.

Pero también el asco tiene sus colores, cualidades visibles de la putrefacción que dirá Kolnai. La decoloración o el brillo de lo podrido. Como el asqueroso brillante color oscuro y olor de la putrefacta charca mezcla de barro y de mierda de vaca en la que me caí al resbalar con la bici, el fétido olor que tuve que aguantar durante los 15 kilómetros que me restaban para llegar a casa, mientras percibía cómo aquella pastosa mierda se iba secando y pegando a mi ropa y mi cuerpo.

Kolnai está brillante al recomendar que no nos olvidemos de las heces. Este asco lo utilizamos habitualmente como metáfora; “no revuelvas la mierda” cuando no queremos tratar un tema concreto que nos produce asco, algo que “huele mal”.

Las heces representan la descomposición (término recurrente para designar la diarrea) de un cuerpo viviente. El asco surge con la corrupción, la desintegración, el olor cadavérico, el tránsito de la materia viva al estado de materia muerta. Es la asquerosidad de los excrementos como productos de descomposición de la vida expelidos por el cuerpo viviente.

Uniremos este asco a las secreciones corporales. Aquellas que se pegan en lugares indebidos, por ejemplo, lo mostrado en la imagen de cabecera. A este respecto, contaré otra anécdota asquerosa. Cuando me encontré con un excompañero en plena calle y vi que cómo se quitó con la mano una espesa, abultada y verdosa masa de mocos de la nariz, conglomerado que acabó pegado en la espalda de mi chaqueta, aún recuerdo el intenso asco que sentí, y el asco que vi en la cara de mi mujer que me acompañaba.

En su tratado del asco, Kolnai no se olvida de la porquería, de la mugre, de la basura. Quizás los únicos objetos asquerosos que no se refieren directamente a la vida. Mi mano está mugrienta, sucia y repugna tocarla, o tocar con ella la comida, ¡o la cara de otra persona! El asco protege de tener malas consecuencias para la salud por comer con las manos sucias.

Aquí aparece también el asco a determinados alimentos, repugnancia a lo extraño, asco simplemente porque no estamos acostumbrados a comerlos. Tengamos en mente la asquerosidad de los huevos podridos, determinados quesos, con sus propios gusanos o mohosidad. La llamada “casquería”, sesos, mollejas, callos, huevadas de pescado. Son alimentos asquerosos para mucha gente, por aquello de su origen y su textura gelatinosa, inconsistente y pegajosa.

En cuanto a lo gastronómico, también se produce asco por saciedad, sobre todo con lo dulce, por abundancia. Otro asco metafórico, la molestia de la saciedad, cuando lo utilizamos para expresar que estamos hartos de cuestiones que nada tienen que ver con el asco; “basta ya”, “estoy harto”, “esto ya no lo quiero tragar”. Kolnai con agudeza dijo que la sensación del asco le impide a uno ahogarse en un placer.

 El propio cuerpo humano, su proximidad puede mover al asco. Aunque en algunos casos, este sea un asco patológico. ¿Cuánta gente siente asco en las aglomeraciones del tranvía, o al sentarse en una silla “caliente”? Asco que se extiende también a lo sexual, de lo cual hablaremos en la próxima visita.

De momento ya hemos tragado suficiente asco, y como habréis podido comprobar, el asco también se manifiesta en la lejanía y en diferente secuencia temporal.

Os dejo con la música que contiene la imagen de cabecera https://chesterton.bandcamp.com/track/rata-mojada, portada del cd de Chesterton tu casa que asco

¿Cuál es vuestra experiencia con el asco?

 

Conversaciones sabatinas

He de reconocer que el fútbol no se encuentra entre mis pasiones. Sin embargo, me proporciona algunas de las conversaciones más interesantes que he vivido. Muchas, además, divertidas. Desde que los chavales comenzaron a jugar en benjamines, muchos sábados por la mañana -casi todos de octubre a junio-, tras una sesión vespertina de deporte escolar -ahora federado, que los años no pasan en balde- una especie de ágora ateniense despierta en la 28 del Ortzi. Independientemente del resultado de la contienda (me temo que en el deporte cada vez se impone más el uso de términos relativos a “pelea, riña …”).

Esta tradición dialógica continúa y apuesto por que lo hará mucho tiempo. Crea adicción. Con y sin fútbol.

No es un banquete platónico. Sócrates no está ni se le espera. Lo admito, no tenemos su talento. Pero mostramos -imagino- su misma intensidad en la conversación, similar pasión por debatir, parecido calor al argumentar. También compartimos el “solo sé que nada sé” y algunos productos de la tierra. No hay temas no conversables. Tampoco un “hablar por hablar”.

Vamos abriendo melones, de uno en uno, de muchos en demasiados. Generalmente, inabarcables en el estrecho margen del aperitivo. A veces, promiscuos, otras lenguaraces. Las más, locuaces.

Durante una temporada nos dio por Gracián y sus aforismos sobre la prudencia (aunque hay materia para muchas más). Y supuso un triple disfrute. Como cuando juegas un partido, entre el imaginado, el practicado y el recordado, media un abismo. Pero -de los tres partidos- el tercero siempre es el más jugoso.

Tras un descanso, hace unos días aterrizó en la mesa 28 el tan manido -desde la física y la tª de la información al mundo de la empresa- segundo principio de la termodinámica. Si todo lo que vemos en el mundo es una combinación de protones, neutrones y electrones. Si, como decía Severo Ochoa, hasta el amor es pura física y química… También todo lo demás. ¿Por qué no termodinámica?

Haciendo gala de la paciencia del Santo Job, Luis -mi contertulio- me explicó en qué consistía, pero -sobre todo- consiguió que entendiera su “por qué”, donde reside la clave.

Recurro a Wikipedia “La entropía figura dentro de la termodinámica como una especie de desorden de todo aquello que es sistematizado, es decir, como la referencia o la demostración de que cuando algo no es controlado puede transformarse y desordenarse. La entropía, además, supone que de ese caos o desorden existente en un sistema surja una situación de equilibrio u homogeneidad que, a pesar de ser diferente a la condición inicial, suponga que las partes se hallan ahora igualadas o equilibradas”

“La cantidad de entropía del universo tiende a incrementarse con el tiempo”.

En definitiva, todos los sistemas tienden al desorden. ¿Por qué? ¿Se aburren los sistemas de tanto orden? ¿Es el aburrimiento, el hartazgo, una tendencia innata a la disrupción la causante del caos?

Al parecer, no. No se trata de aburrimiento sino de “energía mínima”: porque con parámetros externos constantes y entropía, la energía interna disminuirá y se acercará a un valor mínimo en el equilibrio. Vamos, que requiere un menor consumo de energía. Parece sensato.

Ocurre en los equipos -qué decir del fútbol cuando los resultados no acompañan-, que fluctúan entre la disciplina más rígida y la anarquía. Y en las empresas que haciendo gala de un modelo pendular pasean entre las 5S, las ISOs y el caos. En las personas y en las organizaciones. En la comunicación y en este blog y sus posts. Y cómo no, también en nuestras interminables conversaciones sabatinas.

¿De quién depende?

Fragmento del poema atribuido a Walt Whitman “Carpe diem. Seize the day!”.
Seguir leyendo (más que recomendado) en el blog de Álex Rovira, Do not let, No te detengas.

Hace un tiempo me regalaron una cajita de cartón, blanca, del tamaño de un porta tarjetas. En  el lateral que hace de tapa reza: si va a ser, depende de mí. Al abrirla, movido por la curiosidad que siempre provoca tener entre las manos algo desconocido, cerrado pero que permite ser abierto sin forzarlo, me encuentro con otra máxima: las palabras son poderosas; pueden destruir y lastimar, así como instruir y alentar.

Sobre el poder de las palabras se ha escrito mucho y desde múltiples y variadas perspectivas: Noam Chomsky, Edgar Allan Poe, Vicente Huidobro, Terry Mahony, Dwight Wright, Winston Chrurchill, James Asante,… y tantas y tantos otros.

El Zorro le advierte al Principito sobre los riesgos del lenguaje: Je te regarderai du coin de l’oeil et tu ne diras rien. Le langage est source de malentendus. [(Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos). Le Petit Prince, Capítulo XXI. Antoine de Saint-Exupéry].

Sin embargo, aprendemos a comunicarnos con palabras, primero escuchando y hablando y, más tarde, escribiendo y leyendo. Pero ¿nos han enseñado a reflexionar sobre qué nos dicen – o quieren transmitirnos – las palabras? ¿Nos han enseñado a reflejar con palabras lo que llevamos dentro? ¿Nos han enseñado a cuidar qué y cómo decimos lo que decimos? ¿Nos han enseñado a escuchar a quien nos habla? ¿Aprendemos a escucharnos dentro, muy dentro, a nosotros mismos?

En el interior, a modo de baraja, veinte tarjetas en cuyos anversos encuentro otros tantos lemas. Y en los respectivos reversos, entre cuatro y seis cortas reflexiones relacionadas con cada uno: Bendiciones; Perdón; Gracias; Te amo; Compasión; Escucha; ¿qué es lo que sí quieres?; Creer para ver; Creer es crear; Yo soy feliz; Sonríe; Recuerda y ríe; Regala abrazos; Despierta; Vive; Mi mundo es pacífico; Dar es recibir; Ánimo; Cambiando yo, cambia mi mundo; Todos somos uno. (Ver presentación del tarjetero).

 He reordenado intencionadamente las tarjetas. En la India, el saludo habitual es Namaste!: “Te saludo” o “te reverencio”, “lo divino dentro de mí saluda a lo divino dentro de ti”, “el Espíritu dentro de mí honra y respeta al tuyo” o “la mejor parte de mí le desea lo mejor a lo más profundo de la tuya”. Por tanto, te bendigo en el sentido literal del término. Cuando me encuentro contigo, mi auténtico ser le desea lo mejor a tu auténtico ser…

El mantra de la meditación hawaiana Ho’oponopono (Arantza Echaniz Barrondo) invoca reiteradamente cuatro de estos lemas: lo siento, perdóname, gracias, te amo… Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, inicia así su oración de Acción de Gracias: Jesús, Te adoro, Te amo, Te doy gracias, Te pido perdón, te pido Gracias… Y, cual si fuera un mantra, lo reitera al iniciar cada una de sus peticiones posteriores: para su organización, la iglesia, otras iglesias cristianas, otros credos, no creyentes y toda la humanidad.

El catálogo de palabras me estimula a combinarlas en un único párrafo:

Bendiciones, amiga, amigo. Perdón por olvidar que eres parte de mí. Gracias por seguir esperando, por estar ahí. Te amo y deseo que por compasión, por empatía recíproca, podamos amarnos, podamos crecer juntos. Escucha, ¿qué es lo que sí quieres? Podemos creer para ver, creer que es posible, creer que podemos, creer que no estamos solos. Creer es crear, crear para ver que era posible, que podíamos, que no estábamos solos. ¡Yo soy feliz!, no porque todo vaya bien, sino porque no necesito de nada ni de nadie para serlo. Dicen de Buda que decía que el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Sonríe, recuerda y ríe, hay tantas cosas que nos han hecho reír a lo largo de nuestras vidas que merece la pena rememorarlas de tanto en tanto. Regala abrazos, no cuestan nada y dan mucho a cambio. ¡Despierta, vive! Mi mundo es pacífico, dar es recibir, solamente si tengo paz puedo darla. ¡Ánimo, cambiando yo, cambia mi mundo! No podemos olvidar que todos somos uno.

Hoy he intentado sin éxito acceder a su página web. En su cuenta de Facebook, en el apartado de información, encuentro:

Misión: Empecemos a crear el mundo que nos merecemos. Empecemos a crear conciencia.

Es evidente que el mundo está pasando por un momento de grandes cambios, en algunos países más que otros. También creo que es un proceso el cual requiere pasar para que la gente se acerque los unos a los otros. Con este proyecto la intención no es interrumpir el proceso natural por el cual tenemos que pasar, sino el cómo elegimos que pase.

Historia: Un proyecto (que comenzó el 29 de marzo de 2010 en Monterrey, México) hecho con el corazón y una intención pura de amor. La visión de este proyecto es llegar a la mayor cantidad de seres humanos. Es crear unión en nuestra familia, sociedad y el mundo. Generar la conciencia de “todos somos uno”. En el cual por medio de un regalo inesperado acercarnos y entrar en contacto con el otro, brindar alegría, amor, paz y recordar todo aquello que ya sabemos. A vivir en el presente sin cargar con el pasado, mas aprender de él.

Guardo este pequeño tesoro en la mesa de la oficina donde trabajo. Cada mañana, nada más llegar, extraigo una tarjeta, leo sus mensajes en poco menos de un minuto y paro un momento para reflexionar. Sustituyo la del día anterior con la que acabo de leer y la introduzco en un identificador de plástico, rescatado de algún evento en el que participé en el pasado, y la cuelgo de un pequeño porta lápices, recuerdo de Costa Rica,  sobre mi mesa con el anverso hacia afuera.

La última entrada del Facebook se remonta al 11 de mayo de 2016. Esta interrupción – que desearía fuera momentánea – me hace reflexionar una vez más: ¿Será que si va a ser, ahora depende de mí?

 

Michael Jackson
Man in the Mirror (Siedah Garrett / Glen Ballard; © Universal Music Publishing Group)
Hombre en el Espejo
(…)
Empiezo con el hombre en el espejo
Le pido que cambie su forma de ser
Y ningún mensaje podría ser más claro
Si quieres hacer del mundo un lugar mejor
Mírate y haz un cambio
(…)
¡Mírate y haz ese Cambio!

Man in the Mirror
(…)
I’m starting with the man in the mirror
I’m asking him to change his ways
And no message could have been any clearer
If you want to make the world a better place
Take a look at yourself, and then make a change
(…)
Take a look at yourself and then make that Change!