El viaje es aprendizaje

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 Viaje. Siempre metáfora de iniciación, de búsqueda, de transformación, ¿qué queda en nosotros cuando regresamos de un viaje? ¿qué nos traemos en la mochila que va a acompañarnos en nuestro día a día?

Atardecer desde Uskudar, Estambul.

Atardecer desde Uskudar, Estambul.

Siempre me ha gustado fijarme en las palabras, detenerme a pensar en su significado, como cuando salimos de casa con “prejuicios”, es decir prejuzgamos, nos adelantamos, vemos lo que esperamos ver. Es muy fácil caer en la tentación de juicios apresurados y nos cuesta darnos cuenta de que nuestra forma de ver el mundo viene dada por nuestra formación, nuestra experiencia, nuestro estado de ánimo, las expectativas con las que partimos… ¿Qué esperábamos de este viaje?

Como nos explica Olaia en el post anterior ¿y si pudiéramos ver a través de los ojos del otro?

El cerebro busca siempre conexiones con lo conocido y de ahí que continuamente estemos comparando lo que vemos nuevo con algo que guardamos en nuestra memoria. El viaje nos cambia si tenemos predisposición, si queremos, o si las emociones son lo suficientemente intensas para grabar páginas en nuestro libro de recuerdos. Y esto cuesta más si lo identificamos como “otro más”, “igual que”…

En El Guisante Verde Project tenemos estas reflexiones a menudo, ¿de verdad hemos visitado estos destinos increíbles?¿han dejado huella en nosotros? Nos gusta pensar que si, y en muchas ocasiones nos sorprendemos reparando en una costumbre, una receta, una manera de ver “importada” de uno de nuestros viajes. Son muchas las ocasiones en las que una imagen acude con fuerza a la memoria sin haberla llamado.

El viaje es aprendizaje, eso sí, si salimos con la curiosidad puesta, con la mirada atenta a los detalles, con la humildad suficiente para comprobar cuánto pueden enseñarnos otras miradas, otras culturas diferentes a la nuestra. Y de ahí que siempre hablamos de los destinos como viejos amigos, a los que nos gusta volver a visitar y de los que nunca sabes lo suficiente. Conocer un nuevo destino es a veces enamorarse, querer saberlo todo de él, identificarlo enseguida en cualquier contexto, preocuparte por lo que todo lo que le sucede. (Comprobar por ejemplo este año la deriva de Turquía nos entristece, mucho más después de haber conocido un país donde la mujer tenía más libertades que hoy, ver que bellísimas ciudades se transforman en escaparates y dejan de ser un lugar amable para sus residentes. )

Conocer un nuevo destino y a sus gentes nos cambia, nos transforma, nos provoca, nos conmueve. Igual que con las personas a las que queremos, a veces uno desea, egoístamente, que ese destino se mantenga “auténtico”, que no cambie, aferrándonos a nuestros recuerdos.

He dado muchas vueltas a estas reflexiones de Amalio Rey sobre las contradicciones del turista viajero

¿Conectamos de verdad con las personas en nuestro camino? Sigue leyendo

Si pudiéramos ver a través de los ojos del otro…

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Por Olaia Agirre

Solemos tener la falsa ilusión de que la realidad es tal y como la concebimos cada uno de nosotros. Pensamos que las situaciones son como las vemos, pensamos y sentimos en un momento dado. Sin tener en cuenta que incluso nosotros mismos, reaccionamos de diferente manera ante una misma situación en función del momento personal en el que nos encontremos.

No nos afecta lo mismo un comentario de un compañero si ese día has conseguido cerrar el acuerdo que tanto tiempo llevabas persiguiendo, que si te encontrabas de bajón por algún problema familiar o laboral. El comentario, la intencionalidad, la persona es la misma… pero nosotros no somos los mismos.

Por tanto, ¿cuál es la realidad? ¿Es una realidad única y objetiva, o hay “tantas realidades como personas y momentos”? Hay contextos en los que esa realidad es objetiva: mi teléfono funciona o no funciona,  cuando ponemos una proporción de 250 gramos de harina por cada litro de leche en la receta de la amona aquello sale riquísimo, estoy o no estoy embarazada…  Pero normalmente las objetividades se dan en terrenos más técnicos. Cuando incluimos a las personas en la ecuación…. ¡ay, no existen las ciencias exactas!

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Lo que a una persona le gusta a otra no, lo que a uno le motiva al otro para nada, lo que funciona para conseguir compromiso por parte de un grupo de personas con otro se queda corto,…¡Pero precisamente en esa subjetividad diferencial es donde radica la magia y la grandeza de las personas! Pues siendo todas diferentes, son todas valiosas y aportan su toque de color a la paleta de colores que es la vida.

Pero se nos suele olvidar… y cuando en el día a día vamos a la carrera, ocupados en las miles de cosas que llevamos en la cabeza (la lista de temas pendientes, la reunión que no llego, el informe que todavía no he preparado, la llamada a Jesús que no se me olvide,  que se me hace tarde y todavía no he preparado la oferta para mañana,… ¡ah! y que cuando salga de trabajar tengo que pasar por la farmacia…), y nos vamos “cruzando” con las personas de manera “cuasi-atropellada”, sin tomarnos el mínimo tiempo necesario para elaborar la forma (ni a veces el contenido) ni  el momento en la que nos comunicamos con ellos, y con nuestras orejeras puestas e inmersos en nuestra realidad,  les soltamos aquello que para nosotros es claro… clarísimo… ¡cristalino!… ¿cómo es que no nos han entendido?

O cuando alguien nos comunica algo que para esa persona es importante, y nos atrevemos a aportar nuestra visión del tema, y con nuestra vara de medir soltamos a bocajarro nuestros juicios de valor, lo que está bien y no, lo que es posible o no… ¡para nosotros!!!

Pequeños roces, más o menos importantes, que generan más o menos dolor y malestar… que se podrían evitar fácilmente si entrenáramos nuestros niveles de empatía.  La empatía, que como la define Brené Brown (Doctora en Psicología e investigadora en la Universidad de Houston) es la habilidad que alimenta la conexión entre las personas.

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Emociones del Emocionario: dí lo que sientes

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Uno de los obstáculos que nos impide alcanzar mayores cotas de bienestar subjetivo –entre otros-  es lo que llaman “noria hedónica”. ¿En qué consiste? En cuanto conseguimos lo que deseamos en la feria de la vida, disfrutamos un instante fugaz de nuestro logro, nos alegramos, para volver inmediatamente después a niveles de felicidad/infelicidad previas. “Cuán presto se va el placer…” que decía J. Manrique.

emocionarioA su favor, diremos que nos impide quedarnos dormidos en los laureles, disfrutando el éxito; que nos anima a mejorar incluso cuando lo hecho está bien hecho. En su contra, que es germen del “consumismo compulsivo” (nada es bastante) y que nos priva de mayor bienestar. Nos hace eternamente insatisfechos. La necesidad que no cesa.

Conocer el funcionamiento de esta noria nos previene de frustraciones, de pérdidas de motivación, desilusiones… Y nos ayuda a conocernos mejor.

Viene esto a cuento de un libro “Emocionario: di lo que sientes” Cristina Nuñez y Ramón R. Valcárcel (Ed. Palabras Aladas 2013) cuya lectura me he regalado y del que te quiero hablar.

Dirigido a un público infantil, y escrito en un tono didáctico, atractivo, e ilustrado, se trata –en mi opinión- de una publicación recomendable para los adultos que queremos avanzar en nuestra alfabetización emocional.

“Emocionario …” nos propone un recorrido emocional donde lo importante es conocerse a sí mismo desde el verbo sentir. ¡Tan verbalizado como escasamente empleado!

Es un paseo por 42 emociones, desde la gratitud, amor, entusiasmo, deseo o ilusión, hasta el miedo, odio, celos o frustración. 42 emociones que nos llevan de un extremo al otro tanto en la dimensión “excitación” (+ o – activación) y “evaluación/afecto” (agradable/desagradable).

Si bien el orden de los factores no altera el producto, y la lectura puede iniciarse por la emoción que consideres oportuna, se propone un itinerario encadenado que se inicia por la ternura y el amor. No me parece una elección azarosa. Sigue leyendo

¿Sienten las sociedades?

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2 JAVI BAREZCon esta pregunta cerraba mi post anterior. Yo pienso que sí.

La sociedad supone vida en común, si las consecuencias de lo que ocurre en el mundo exterior, tanto buenas como malas, nos resultaran indiferentes, no podríamos decir que estamos vivos….

¿Sienten las sociedades? En palabras de Eduardo Bericat (Corazones Inteligentes), sienten a través de los individuos que forman la comunidad, pero también sienten a través de las comunicaciones y relaciones que (re)producen y mantienen una sociedad.

Pero claro está, son estructuras que hemos creado y legitimamos en el devenir cotidiano. Cada sociedad tiene su propio universo emocional. Las personas realizamos grandes esfuerzos para ajustar emociones y sentimiento a las normas emocionales de carácter social.

La estructura social y las normas derivadas de ella, supone una distribución desigualitaria de posiciones de poder y estatus. No se trata de algo etéreo, son posiciones ocupadas por personas con sus propias emociones y emociones que desde el  poder hacen sentir al resto.

Si la modernidad se encargó de reprimir y suprimir las expresiones emocionales,  esta época posmoderna que nos ha tocado vivir se sirve de ellas. Vivimos en un volcán emocional en permanente convulsión.

Las sociedades disponen de mecanismos cuyo objetivo es provocar una conmoción ante hechos traumáticos, violentos y muertes.  Ante el terrorismo, ante la delincuencia, el miedo se instala. La intensidad de la indignación, la rabia y la tristeza que estos acontecimientos provocan depende del valor social de la víctima, o de la cantidad de víctimas.

La sociedad también siente miedo, ansiedad e incertidumbre ante esta profunda crisis.

Miedo que el aparato del poder se encarga de transmitir, y ¿qué diremos de la culpa y la resignación?. “Todos tenemos la culpa y ahora toca resignarse y padecer por nuestros excesos”. Emociones que paralizan. Recordemos que tanto la culpa como la vergüenza aparecen ante la transgresión de unos estándares morales, o cuando fallamos ante los demás.

Y aquí traigo –me parece oportuno – las buenas reflexiones que Arantza hacía en su comentario al post; ojalá las sociedades sintieran más vergüenza para erradicar conductas reprobables y más compasión para estar más cerca de los que sufren.

Desde la teoría de las emociones de J.Scheff, la vergüenza es la emoción social más significativa.

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Inteligencia Social

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Por Iñaki Pérez

inteligencia socialAprovechando aquello del verano y el descanso y buscando lecturas más “ligeras” para estos pasados días de relax, me despertó la curiosidad un libro que a la postre me ha parecido muy interesante y del que os quiero hacer alguna referencia en estas líneas, al menos para que tal vez la lectura de este post os motive a echarle un vistazo.

Probablemente muchas/os de vosotras/os ya lo conoceréis o tenéis referencias de él: Es “Inteligencia Social” de Karl Albrecht.

A pesar de ser un “best seller” y probablemente estar escrito para serlo (no en vano subtitula el autor su trabajo como “La nueva ciencia del éxito”) y más allá de otro tipo de consideraciones respecto al rigor de sus postulados, quiero traerlo a este espacio porque puede ayudar a reflexionar sobre la parte “social” de la Inteligencia Emocional y aporta, en mi opinión, claves interesantes para esta reflexión.

Parte el autor de la afirmación de la dudosa fiabilidad del Cociente Intelectual como predictor de éxito de las personas – según su opinión – tanto desde el punto de vista personal como social, para adoptar el punto de vista de las Inteligencias Múltiples de H. Gardner  y planteando una distinción clara entre lo que es Inteligencia Emocional e Inteligencia Social, separando desde un primer momento ambas, dando mayor peso a la individualidad de la Inteligencia Emocional y separando la parte colectiva de esta en una entidad diferenciada: La Inteligencia Social.

En cualquier caso, considera a ambas complementarias e inseparables y asimiladas a las postuladas por Gardner, separadas en Intra e Inter-personales.

Plantea un modelo doble de “habilidades” de interacción social y de “estilos” de interacción, tal vez algo semejante a los diferentes enfoques de Competencias y Habilidades de Inteligencia Emocional.

Su modelo de Habilidades, lo describe con el acrónimo S.P.A.C.E., que corresponde a los conceptos: Conciencia Situacional, Presencia, Autenticidad, Claridad y Empatía que a continuación os describiré de forma somera:

Conciencia Situacional:

Se trata de la capacidad de comprender y “leer” las situaciones, los patrones y paradigmas de las situaciones sociales en las que nos movemos. Ser capaz de algún modo de salir de nosotros mismos para hacer una lectura del lugar en el que estamos. Saber leer el contexto social, en qué fijarnos, la Proxémica y los contextos conductuales y semánticos en los que interactuamos.

Presencia:

Se refiere al modo en que afectamos a otros, a través de lo que manifestamos externamente como personas, la apariencia física, el talante, la actitud, el lenguaje corporal, en definitiva, que sensaciones transmitimos a los demás en el contexto social. Ahonda además en temas como el Carisma, la Apariencia, la diversidad cultural, etc.

Muy interesante en cualquier caso para calibrar el impacto que tenemos en las personas y grupos con los que nos relacionamos.

Autenticidad:

Aquí nos habla de sinceridad, de congruencia, de actuar en concordancia con necesidades, prioridades, valores,… En definitiva es la diferencia entre ser genuino o ser artificial, entre ser sincera/o o no y en este apartado además, hace una interesante distinción entre habilidades emocionales y sociales, pudiendo según el autor (Pone algún interesante ejemplo) encontrarnos con personas hábiles socialmente pero con problemas individuales en las relaciones o conexiones personales. Sigue leyendo

Para qué sirve la ética

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Por Arantza Echaniz Barrondo

Cuando doy clases de ética, o una charla sobre el tema, me suele gustar terminar mostrando dos imágenes (un candado y una llave) y preguntando a la audiencia por qué piensan que he elegido dichas imágenes. Las respuestas suelen ser de lo más variopintas… La razón que suelo dar es que estamos acostumbrados a ver la ética como una serie de principios que suponen una carga, una mochila que no nos deja correr tan rápido como desearíamos… Pero se nos olvida una parte fundamental, la ética, los principios, son la llave para la felicidad, para construir la vida que queremos, para convertirnos en las personas que aspiramos a ser.

Acabo de terminar un libro de una gran experta en ética, a quien es una verdadera delicia escuchar en persona, Adela Cortina.  Se titula “¿Para qué sirve realmente la ética?” (Barcelona: Paidós, 2013). A continuación compartiré las ideas principales que he extraído de la lectura. LA ÉTICA SIRVE PARA:

  • “Abaratar costes en dinero y sufrimiento en todo aquello que depende de nosotros, e invertirlo en lo que vale la pena, sabiendo priorizar” (p.26). La crisis que todavía nos azota ha tenido mucho que ver con la falta de ética en muchos sectores, estamentos y niveles. Cuando la confianza y la integridad están en la base de las relaciones, de todo tipo, éstas son más sólidas y duraderas, además de ser el germen de un mundo diferente.
  • “Intentar forjarse un buen carácter, que aumenta la probabilidad de ser felices y justos, al ayudar a estimar los mejores valores y optar por ellos” (p.46). Forjarse un buen carácter es la opción más inteligente en la búsqueda de la felicidad, y esto es válido también para las organizaciones y los pueblos. Cada uno vamos formando nuestro carácter (que tenderá hacia el bien o hacia el mal) acto a acto, decisión a decisión. Cada vez que en clase debatimos sobre un caso o situación suele haber un comentario bastante habitual: “Total… eso no hace daño a nadie”. A mí me suele gustar decir: “Cuidado con esa afirmación porque muchas veces nos olvidamos de la persona más importante… nosotros mismos. Eso que hago, he hecho o voy a hacer ¿me acerca o me aleja de la persona que quiero ser?”.
  • “Para recordar que los seres humanos necesitamos ser cuidados para sobrevivir y que estamos hechos para cuidar a los cercanos, pero también para recordar que tenemos la capacidad de llegar hasta los lejanos, creando vecindarios nuevos. Para eso hace falta no sólo poder, sino también querer hacerlo” (p.72). La propensión a cuidar está inserta en nuestra naturaleza, es básica para mantener y reproducir la vida, y no es sólo cosa de mujeres. Exige, además, respeto por lo valioso y vulnerable, la Tierra y todos los seres vivos. Somos corresponsables del bienestar y bienser de otros, no sólo de nuestros cercanos. Sigue leyendo

Emociones en el ser humano: su utilidad

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Las emociones favorecen nuestra adaptación al entorno natural y social e inciden en todos nuestros procesos mentales y físicos. Las funciones de las emociones, funciones filogenéticas que nos constituyen como especie son, siguiendo a Robert Plutchik, dos: la adaptación al medio y las relaciones sociales.

Sin embargo, sus efectos son múltiples y variados. Influyendo, por ejemplo, en la salud, la memoria, la percepción, la atención, la motivación, el aprendizaje, la autoestima, la comunicación, en nuestras expectativas, en nuestros juicios respecto a objetos o personas, en cómo interpretamos la propia conducta y la de los demás, y en cómo percibimos e interpretamos la realidad entre otras.

En cuanto a su componente relacional, a su función social, las expresiones emocionales comunican cómo nos sentimos a los demás,  regulan la manera en que los demás reaccionan ante nosotros y facilitan las interacciones sociales

Como función adaptativa, y como les decía siguiendo a Plutchik, las emociones en respuesta a estímulos relevantes favorecen la protección, la destrucción, la reproducción, la reintegración, la afiliación, el rechazo, la exploración y la orientación genarando conductas de fora automática.

En este sentido, y por ejemplificar lo dicho anteriormente,  si el estímulo es entendido como una amenaza, la conducta emocional será la de huida con la función de protección. Si nos encontramos con un obstáculo,  nuestra conducta instintiva estará orientada a la lucha para conseguir destruirlo. Cuando observamos que una persona se puede convertir en nuestra pareja, la función presente será la reproducción y la conducta resultante, en el mejor de los casos, será la cópula (lo siento por los que pensaban que era el amor sentimental…). Sigue leyendo

Sobre el futuro de la inteligencia emocional.

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El futuro de la inteligencia emocional

Llevo tiempo interesado en la inteligencia emocional como parte de un concepto que siempre me ha perecido revolucionario, el de las inteligencias múltiples. Por ello he seguido con atención el desarrollo de la psicología positiva, así como del de la psicología de la motivación y de la emoción. Desde casi hace cuatro años estoy desarrollando un método de entrenamiento emocional desde las artes y, además, desde hace unos meses estoy involucrado en el proyecto de la asociación consorcio de inteligencia emocional. Esta es una parte del contexto desde el que me acerco al ejercicio de compartir mi visión sobre las líneas de avance que se nos abren en un futuro cercano.

Formación de profesionales en todos los sectores de la sociedad.

Muchas conversaciones en los últimos tiempos me indican dos cuestiones fundamentales. La primera es que hay muchas personas que compartimos la idea de que la aplicación de la inteligencia emocional tendría un efecto muy beneficioso para nuestra sociedad. La segunda es que las personas con conocimientos suficientes entienden que es hora de transferirlos a la comunidad, posiblemente como parte del procomún .

Es decir, existe un convencimiento de que este es el momento de compartir los conocimientos sobre inteligencia emocional, sobre inteligencias múltiples, sobre inteligencia colectiva a otros ámbitos ajenos al de la formación, la consultoría o al de la intervención psicológica. Me refiero a formar a personas en general y profesionales en particular de ámbitos como el sanitario, el social, el organizacional o el educativo entre otros. Me refiero a acometer acciones que generen profesionales formados en inteligencia emocional en suficiente número para generar cambios sectoriales. Se trataría de capacitar a estos agentes estratégicos en conocimientos teóricos y prácticos suficientes para que acometieran cambios personales y que facilitaran cambios en otros de forma que originen o contribuyan a originar cambios organizacionales y sociales.

Desarrollo e investigación de nuevas metodologías.

Las principales novedades es razonable pensar que provengan de espacios no explorados suficientemente hasta la fecha. En ese sentido pese a que existen líneas de avance en el marco teórico de la inteligencia emocional como el de las emociones autoconscientes o como los avances en el estudio del cerebro, por ejemplo, entiendo que las metodologías de trabajo en inteligencia emocional serán áreas de avance rápido en los próximos años.

Además de que se trata de un espacio de crecimiento para el sector hay otro aspecto importante que me gustaría añadir. La legitimación de este conocimiento, como cualquiera otro, pasa por obtener pruebas empíricas de su utilidad en investigaciones aplicadas. La propia dinámica del desarrollo de los conocimientos sobre estas cuestiones ha venido dado porque se ha dado primero un marco teórico al que le ha seguido la investigación que ha dado soporte científico a la misma. En ese sentido las intuiciones o las impresiones sobre la utilidad de estos conocimientos debe ser definitivamente contrastado con la investigación aplicada que incida sobre todo en la validación de las metodologías con las que trabajar las competencias emocionales.

Las metodologías de intervención es uno de los primeros aspectos en los que urge trabajar. Uno de los primeros sectores demandante es el educativo puesto que se ha dado cuenta de la importancia de abordar de manera trasversal contenidos y habilidades de inteligencia emocional que complementen las actuaciones que ya contienen sus curriculums educativos. El ámbito social, que siempre ha sido puntero en nuestro país, está interesándose cada vez más en la capacitación de sus agentes tanto profesionales como voluntarios y en la adaptación de sus intervenciones con personas en riesgo de exclusión en materia de inteligencia emocional. La lista sería interminable pero me gustaría señalar dos más, el de las empresas interesadas en modelos de gestión basados en personas y el de un sistema sanitario en el que la intervención sobre factores socioemocionales parece que comienza a ser una prioridad.

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La emoción de emprender viaje

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La emoción de emprender viaje

Cada vez que nos enfrentamos a un problema en la empresa, en el ámbito educativo, en lo personal, nos vamos a buscar respuestas en los “especialistas”, los que tienen experiencia probada en ese terreno. ¿Y si a veces la respuesta estuviera fuera?¿y si fuera necesario salir para volver a mirar desde otra perspectiva?

Cuantos más años cumplo más me doy cuenta de que no soy especialista, si acaso rastreadora, exploradora, inquieta, curiosa. Me gusta lo que sucede en los bordes, en los límites, me gusta ver que pasa en los cruces de caminos, allí donde convergen las ideas.

Soñando New York City desde el Sombrero de Chasna (Tenerife)

Entro en este blog como un elefante a una cacharrería, afortunadamente hay muchos especialistas que me acompañan, así que no temo al estropicio. Hoy llego aquí para hablar de viaje y emociones, innovación, cambio…, el viaje como aprendizaje es el hilo conductor de mi discurso hace ya unos años, podeis comprobar por qué en El Guisante Verde Project.

He encontrado en el viaje una suerte de entrenamiento, me gusta manejar mapas, notas, guías, planes, lecturas, sueños… el resultado ofrece un mapeo de emociones encontradas. El viaje se convierte en el contexto propicio, una suerte de iniciación para observar y enfrentarse a emociones propias y colectivas, de las que tenéis mucha más información en conociendo las emociones.

¿Cuántas emociones nos depara un viaje? ¿salimos predispuestos a disfrutar? ¿conectamos la wifi emocional? ¿contagiamos cuando hablamos de viajes? ¿es una huida o un reencuentro? ¿viajar nos prepara para el cambio? ¿Viajar incrementa nuestra inteligencia emocional? Sigue leyendo

Conociendo las emociones

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Tan importante como ser capaces de identificar y tomar conciencia de las emociones que sentimos ante cualquier estímulo o situación, es saber identificar de qué tipo son esas emociones y qué función cumplen (a las funciones le dedicaremos un futuro post). Y es importante porque de ello dependerá la estrategia y la manera de afrontarlas y gestionarlas, así como las consecuencias que tienen para nuestra vida y la de los demás.

Ya se han escrito en este mismo blog algunos post sobre la clasificación y clases de emociones, sin embargo y con objeto de complementar este conocimiento, me gustaría aportar mi perspectiva sociológica de las emociones que se fundamenta en el extraordinario trabajo de Eduardo Baricat (podéis consultar mi blog personal).

 Las emociones se contemplan como experiencias internas del ser humano y que hacen que nos comportemos de una u otra manera, a veces para bien, a veces para mal, dependiendo del tipo de emoción que sintamos y de la intensidad de la misma. Sin duda las emociones pertenecen a la realidad de nuestro cuerpo, pero sólo pueden entenderse por las relaciones que los individuos mantienen con su entorno. Según Humberto Maturana, el emocionar sólo puede comprenderse como un fenómeno biológico relacional.

La Sociología de las emociones (estudia la relación entre la dimensión social y la dimensión emocional del ser humano) nos permite entender que nuestros estados emocionales, lo que cada cual pueda llegar a sentir, está en gran medida socialmente condicionado y determinado a través de los intensos procesos de socialización (conscientes e inconscientes) de las estructuras sociales, de las normas y convenciones sociales y de los sistemas culturales Existen normas emocionales que definen cuáles son las emociones que debemos sentir en determinadas situaciones.De aquí la importancia de conocer cuáles son los diversos tipos de emociones y qué funciones cumplen. Sigue leyendo