Carencias emocionales: Llamadas de atención

por Aitziber Barrutia Leonardo
En ocasiones vemos a los niños (y no tan niños), provocar escenas que rápidamente calificamos como “llamadas de atención”, que ignoramos con intención de evitar reforzarlas.
En estas situaciones los niños gritan, patalean, se hacen daño, adoptan actitudes regresivas, incluso pueden llegar a fingir discapacidades o enfermedades. Como vemos, no es tarea fácil mantener esta actitud que a veces se prolonga en el tiempo. Sin embargo, las ganancias deben de ser superiores a los perjuicios cuando ésta es una opción recurrente.
Si bien comentamos en un artículo anterior (Frustración en la infancia) la importancia de aprender a gestionar la frustración, no debemos tampoco obviar la causa de dicha “llamada de atención”. ¿Qué la provoca?
A menudo este proceso está causado por carencias emocionales (no materiales). Y por muy nocivo que resulte, ésta es la mejor, y en ocasiones única, opción de la que el niño/a dispone en ese momento para satisfacer dichas necesidades. Si queremos poner fin a esa conducta, tendremos que identificar las carencias individuales de base y dotar de recursos alternativos, que le permitan al niño/a obtener esas mismas ganancias de una forma más adaptativa.
Para determinar las carencias tendremos que prestar atención a los antecedentes de dicho comportamiento. ¿Sucede principalmente ante la presencia de una misma emoción (celos, miedo, tristeza, etc.)? ¿Podríamos identificar algún desencadenante destacable como una separación, el nacimiento de un nuevo hermano/a, cambio de colegio, etc. tras el que se haya adquirido dicha actitud?¿Suele darse con la misma persona? ¿En qué situaciones (al levantarse, al volver del colegio, fuera de casa, al acostarse, etc.)?
Puede resultar de ayuda también reconocer las excepciones en las que sería previsible esperar dicha conducta y, sin embargo, ésta no tiene lugar. ¿De qué forma se suplen esas carencias en ese momento? E incluso, analizar en qué momento finaliza el comportamiento. ¿Creemos que su necesidad ha sido satisfecha o intuimos cierto grado de resignación ante la incapacidad de lograr su objetivo?
Para facilitar este proceso sería recomendable ubicarnos el pensamiento mágico y absolutista del niño/a y deducir consecuentemente posibles interpretaciones. Ej. Mis padres no juegan conmigo, será que no me quieren.
Una vez identificadas las carencias, tendremos que proporcionarle herramientas concretas para poder hacer frente a la necesidad de forma saludable. Junto con la saciedad de dicha demanda, las técnicas de expresión y regulación emocional pueden ser muy favorecedoras para la prevención de situaciones futuras.
¿Creéis que otorgamos a la gestión de las carencias emocionales la importancia suficiente en el proceso educativo de nuestros hijos/as?




Me ha hecho gracia, por decirlo así, el apunte en primera linea “y no tan niños” porque tengo la sensación de que nos ocurre a los adultos también como a los niños, siendo que disponemos de otros recursos para reivindicarnos…
Ayer, mismamente, asistí a una de esas pataletas de adulto en una reunión. Alguien se sintió herido en su corazoncito y reaccionó montando una escena de película, como un niño grande.
Afortunadamente, ayer todos entendimos la desmesura que no venía a cuento, nos explicamos con claridad, y la reunión no descarriló.
Voy a pensar en las carencias, y permitidme que nos felicitemos porque no consiguió sacarnos de quicio.
Estoy de acuerdo con Gotzon en esto de que también ocurre con los “no tan niños”. En cuanto a la atención de las carencias emocionales pienso que muchas veces acudimos más a la razón que a la emoción, que necesita mucho más tiempo para ser tratada. Y tiempo es algo que lo que carecemos cada vez más las familias para tratar los temas que importan. Por lo tanto, acudiendo a la racionalildad, a lo objetivo, pretendemos dar respuesta a una serie de comportamientos, de actitides, de “llamadas de atención” que de esa manera no se ven reueltas. Los niños necestian atención, tiempo de dedicación, cariño para realizar una educación integral que aúne la parte emocional y la racional como elementos indispensables para la construcción de una buena personalidad.
Detrás de cada pataleta hay en mensaje! Adivinar ese mensaje será la clave para poder conectar con nuestro hijo, alumno o vecino, he intentar calmarle y ofrecerle herramientas para que él o ella misma aprenda a autoregularse. Mientras leía me estaba acordando del anuncio de l niño que va con su padre al supermercado y se agarra una que casi acaba con el super.
No se si me henamoro o me iluciono de los hombre, pero no me siento seguro de ellos, tengo 30 años y aveses me siento sola, creo que me ase farta carencias emocionales.