Educación Emocional en la distancia
En la sociedad occidental actual quienes estamos dedicados a la Educación Emocional nos enfrentamos, como muchas otras personas en el ámbito educativo, a una situación paradójica, por un lado esperanzadora y por otro preocupante. La proliferación de recursos educativos hace posible llegar a personas que en otras circunstancias, bien por su localización geográfica, bien por su disponibilidad temporal, no podrían acceder a una formación emocional de calidad. Ésta es la parte esperanzadora. Por otro lado, los receptores últimos de nuestros esfuerzos educativos, las nuevas generaciones, crecen y se desarrollan en un contexto caracterizado por lo individual, por una nueva manera de entender las relaciones con los iguales, que les coloca en una posición de tener que hacer muchas más cosas por sí mismos que en épocas anteriores. Esta es la parte que puede llegar a preocuparnos. Las condiciones laborales de muchas familias, que nos obligan a hacer un gran esfuerzo en cuanto a tiempo y dedicación, puede hacernos mucho más difícil la implicación en la educación de nuestros hijos.
Es algo que yo he podido comprobar en los centros educativos y los grupos de padres en cuya formación emocional he tenido el privilegio de participar. Es una frase repetida: “no tenemos tiempo”. Y digo que puede llegar a ser preocupante porque el resultado de la rutina puede ser el que nuestros hijos se sientan más solos y tengan que aprender a manejar sus emociones sin la presencia consistente de un progenitor. Las consecuencias de esto pueden ser lamentadas a corto plazo aunque hoy no las veamos, aunque nos dé la sensación de que todo “va tirando”. Leer más…









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