Trabajadores estresados, deprimidos e insatisfechos
Aunque desde hace tiempo se estudian estos conceptos y su impacto laboral; el estrés, la depresión y la insatisfacción siguen siendo un gran problema en las organizaciones. Posiblemente las causas se deban al desconocimiento de sus consecuencias emocionales en las personas dentro del mundo labora/organizacional.
Con crisis mundiales como la que actualmente estamos viviendo, con economías desaceleradas y tasas de desempleo crecientes, se reducen las posibilidades de negociar mejores condiciones de trabajo, lo que se convierte en una debilidad o desventaja tanto para el trabajador como para las organizaciones. Estas circunstancias hacen que la delegación de autoridad aumente y en consecuencia, se incrementa la responsabilidad sobre las personas, se pueden aumentar las horas de trabajo y reducirse los salarios y beneficios sociales.
Esta realidadhace que los empleados estén estresados, deprimidos e insatisfechos, produciendo con demasiada frecuencia alteraciones en la salud.
Hay cuatro preguntas relacionadas con el tema, que deberíamos considerar a la hora de evaluar la situación actual de estrés, depresión e insatisfacción laboral, como son: ¿Está satisfecho con su trabajo?, ¿Están sus aptitudes naturales en consonancia con el trabajo que se le pide que haga?, ¿Su jefe inmediato le trata como un socio?, ¿Su jefe crea en la organización un ambiente confiado y abierto?
Si las respuestas a estas preguntas son negativas, indica que NO están a gusto en su trabajo. Cada día, esta situación puede ir en incremento alterando emocionalmente a las personas y en consecuencia generando mayor conflicto organizacional.La directora del área Práctica Clínica y Medicina Laboral en el Hospital de la Universidad de Pennsylvania (Judith McKenzie) en un estudio realizado en EE UU, señala que ha evidenciado dos tendencias: en primer lugar, los empleados que sufren accidentes laborales están dando largas para buscar atención médica. Y segundo, que a menudo insisten en volver a trabajar antes de lo aconsejado para proteger sus puestos de trabajo.
Por otro lado, los trabajadores ahora se muestran más preocupados ya que si pierden su trabajo no encontrarán otro fácilmente y prefieren no llamar la atención con enfermedades o accidentes laborales, pues en caso de una reducción de personal ninguno quiere estar en el “tablero de anuncios”.
Otras investigaciones que analizan la salud de los trabajadores en el terreno laboral, muestran que los empleados padecen mayores riesgos de enfermedades por estrés que los jefes. Uno de los ejemplos más conocidos es el que reflejó otro estudio de la Fundación Whitehall, llevado a cabo durante más de 10 años a partir de 1967, que analizó las enfermedades del corazón y las tasas de mortalidad entre 18.000 funcionarios británicos varones.
Estas investigaciones encontraron que entre los hombres del nivel de empleo más bajo: mensajeros, porteros, etc, existía una tasa de mortalidad tres veces mayor que la de los hombres del nivel de empleo más alto (los administradores y gerentes). En definitiva, “son más susceptibles a enfermarse aquellas personas que ocupan una jerarquía más baja dentro de cualquier empresa”.
Nancy Hanrahan, profesora de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Pensilvania y especialista en ambientes de trabajo saludables, asegura que “actualmente la magnitud de los problemas por estrés laboral es mucho peor que antes.” Se evidencian nuevas enfermedades extremas generadas en el trabajo y producto de la insatisfacción laboral. Las enfermedades físicas y mentales son cada vez más comunes y van desde la presión arterial alta y enfermedades del corazón a la depresión, las úlceras y los casos de Alzheimer.
En situaciones de crisis como lo comenta Peter Cappelli, director del Wharton Center for Human Resources, no es fácil comunicar el descontento aunque se sienta sobrecarga de trabajo. En economías en recesión observamos como las personas a nuestro alrededor están siendo despedidas y no encontramos la manera de plantear nuestro “descontento”.
Las organizaciones deben garantizar que los directores, administradores y gerentes estén entrenados y sean formados para afrontar situaciones complejas a la hora de tratar el “Capital Humano”. Si no están preparados para ejercer el trato con sus subalternos y las situaciones de conflicto en las organizaciones, se transforman en personas insociables y desapacibles, generando mayor estrés y depresión del acostumbrado en el entorno.
Además, los expertos apuntan que la clave de los líderes está en la confianza que generen en sus empleados y lograr que se sientan a gusto con sus funciones, que aprovechen al máximo las herramientas que se tienen y se sientan afortunados de contar con medios para sobrellevar la crisis.
¿Usted qué opina al respecto? Y ¿Ha respondido a las cuatro preguntas que hemos mencionado en el texto a la hora de evaluar su situación laboral?

Considero que una parte muy importante en el desarrollo de enfermedades derivadas del stress laboral no están sujetas a variables externas. Sería simplista no considerar variables “internas”. La vulnerabilidad a la frustración es mucho mayor en los últimos tiempos. Se nos prepara para el estado de bienestar, pero cuando en la “lotería social” y “laboral” toca “pérdida”, las variables de afrontamiento o coping activo juegan un papel muy importante como protectoras de la salud.
Últimamente hablamos de un concepto que no es tan nuevo como el Mindfulness. El diálogo y la focalización en lo que hacemos y tenemos delante es más beneficioso que la “preocupación” por la siguiente tarea o la tarea de mañana. Nunca estamos en lo que estamos y la espiral cognitiva de pensamientos distorsionados empieza a multiplicarse hasta elegir un órgano diana.
Abogo por una adecuada formación en autorregulación, pensamiento reflexivo y PNL más que por una queja continua de “qué mal me va en el trabajo”.
Soluciones y estrategias activas de manejo de stress laboral más que reivindicaciones de clima laboral ideal. En la inadecuación de falsas expectativas autocreadas podría también, según mi opinión originarse la percepción distorsionada de nuestra valía. De ahí a la falta de confanza y baja autoestima hay un paso muy pequeño y de ahí a la medida de enfermedad, una cuestión de tiempo.
Salud-os !!!!
Eduardo Castillo
Esto me recuerda una comunicación presentada en un reciente Congreso de radio que llevaba por título: Teoría y práctica de las voces comunicantes. La radio, una profesión de riesgo.
Llamaba la atención sobre la estética del riesgo -directo,improvisado, emocionante- con la que juegan los comunicadores para cautivar la atención de los oyentes.
Se advertía que siendo una situación estresante típica la de hablar en público, todo el mundo padece altas cotas de estrés, pero se llevan de tapadillo, a escondidas, como si fuera en desdoro de la seguridad que muestran en público, o un problema personal y nada pudiera hacerse para evitarlo.
Nada de riesgo personal, ni planes de prevención, ni de manejo del estrés. Una muestra más del grado de improvisación con el que vive este oficio autodidacta
Es muy interesante lo que escribe. Creo que actualmente se agudiza la situación de stress laboral porque ya no podemos “dejar los problemas en casa” como decíamos antes sino que ellos estan presentes en todas las actividades cotidianas justamente por la crisis económica en que vivimos. Por muy a gusto que te sientas en el trabajo siempre tendrás presente que si no rindes y satisfaces estas despedido, así como que habrán 100 personas esperando tu vacante. Por ello se entiende que el trabajador se sobrecargue de trabajo, stress y los más fragiles lleguen a enfermarse.