Inteligencia emocional

¿Sienten las sociedades?

2 JAVI BAREZCon esta pregunta cerraba mi post anterior. Yo pienso que sí.

La sociedad supone vida en común, si las consecuencias de lo que ocurre en el mundo exterior, tanto buenas como malas, nos resultaran indiferentes, no podríamos decir que estamos vivos….

¿Sienten las sociedades? En palabras de Eduardo Bericat (Corazones Inteligentes), sienten a través de los individuos que forman la comunidad, pero también sienten a través de las comunicaciones y relaciones que (re)producen y mantienen una sociedad.

Pero claro está, son estructuras que hemos creado y legitimamos en el devenir cotidiano. Cada sociedad tiene su propio universo emocional. Las personas realizamos grandes esfuerzos para ajustar emociones y sentimiento a las normas emocionales de carácter social.

La estructura social y las normas derivadas de ella, supone una distribución desigualitaria de posiciones de poder y estatus. No se trata de algo etéreo, son posiciones ocupadas por personas con sus propias emociones y emociones que desde el  poder hacen sentir al resto.

Si la modernidad se encargó de reprimir y suprimir las expresiones emocionales,  esta época posmoderna que nos ha tocado vivir se sirve de ellas. Vivimos en un volcán emocional en permanente convulsión.

Las sociedades disponen de mecanismos cuyo objetivo es provocar una conmoción ante hechos traumáticos, violentos y muertes.  Ante el terrorismo, ante la delincuencia, el miedo se instala. La intensidad de la indignación, la rabia y la tristeza que estos acontecimientos provocan depende del valor social de la víctima, o de la cantidad de víctimas.

La sociedad también siente miedo, ansiedad e incertidumbre ante esta profunda crisis.

Miedo que el aparato del poder se encarga de transmitir, y ¿qué diremos de la culpa y la resignación?. “Todos tenemos la culpa y ahora toca resignarse y padecer por nuestros excesos”. Emociones que paralizan. Recordemos que tanto la culpa como la vergüenza aparecen ante la transgresión de unos estándares morales, o cuando fallamos ante los demás.

Y aquí traigo –me parece oportuno – las buenas reflexiones que Arantza hacía en su comentario al post; ojalá las sociedades sintieran más vergüenza para erradicar conductas reprobables y más compasión para estar más cerca de los que sufren.

Desde la teoría de las emociones de J.Scheff, la vergüenza es la emoción social más significativa.

En interesante la reflexión de Arantza porque parece que quienes adoptan esas conductas vergonzantes activan mecanismos de regulación – atenuar la emoción – que les permite cometer todo tipo de tropelías, o ¿son más fuertes la avaricia y la codicia?. ¡Ahhh! pero son conductas que a nivel social hemos estado admitiendo y legitimando.

Son conductas que afortunadamente provocan rabia, rechazo e indignación, emociones colectivas que movilizan, recordemos las mareas ciudadanas y los movimientos sociales que son capaces de superar el miedo y movilizan el compañerismo, la solidaridad y la compasión, un verdadero ejercicio de empatía.

Permitirme recordar a Manuel Castells; “para que se forma un movimiento social, la activación emocional de los individuos debe conectar con otros individuos.”

Recordaré que Javier Riaño en su comentario hacía alusión a un enfoque holístico y en él tenemos que dar importancia biológica de las neuronas espejo y la amígdala por aquello del contagio emocional que permite generar emociones de sociedad, emociones sociales y colectivas, diferenciación a la que Iñaki otorgaba suma importancia.

¿Sienten las sociedades?. También lo hacen a través de los ritos. En ellos llegamos a sentir las emociones de la sociedad, y uno de los ritos más populares de hoy día es el fútbol. El fútbol es una máquina de provocar orgullo, identidad, pertenencia…

Síííí traeré también el comentario de Rogelio; las sociedades claro que sienten, pero algunos estados emocionales no son los suficientemente intensos para hacernos reaccionar socialmente, a no ser de que se trate de fútbol. ¿A quién puede interesarle que el fútbol tenga más difusión que otras actividades de expresión de indignación, etc.?

En fin, las sociedades de hoy cuentan con un complejo universo de normas emocionales que se han ido construyendo en el tránsito desde la revolución industrial y la modernidad a una sociedad capitalista de profundo individualismo  e individuación de los problemas.

Bericat nos recuerda a Marx: “En una sociedad sin corazón, como la industrial, insensible al dolor y sufrimiento de la clase trabajadora, las promesas de felicidad celestial de la religión sólo causaban efectos sedantes”. “No sólo las personas tienen corazón, sino también las sociedades. Para ser felices necesitamos sociedades con corazón”.

Concluimos que las sociedades sientes, pero….¿Somos una sociedad con corazón?

3 pensamientos sobre “¿Sienten las sociedades?

  1. Rogelio

    Muy bueno.. apota conocimiento, sintetiza conceptos, es riguroso, buenos enclaces… en fin Javi.. he aprendido con tu reflexión y ademas me ha generado curiosidad por las emociones en la Sociología… te seguiré!!!!

  2. Francisco Javier Bárez Cambronero Autor del artículo

    Gracias a ambos por vuestros comentarios, en cuanto a la relación de la sociología con las emociones, es muy interesante y podemos abordarla desde tres vertientes, sociología de las emociones, sociología con emociones y emociones en la sociología. Un gran campo de investigación,…

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