Inteligencia emocional

Pasión como forma de vida

El tiempo tiene una cosa curiosa, es que avanza, no se detiene, y ya estamos transitando por el año 2016, un año en el que se atisban cambios de ciclo en lo político, social y cultural y mi anhelo es que que también se den en lo personal, siempre a mejor naturalmente.

 mrwonderful_lamina_hagas-lo-que-hagas-pasion_01Quiero aprovechar la ocasión para desearte, a ti, que estás leyendo estas líneas, que, a tu manera, disfrutes de la vida y que consigas todo aquello que te propongas durante este nuevo año.

Al comienzo de cada año, las personas hacemos propósitos para el nuevo año, sin embargo, según un estudio del psicólogo Richard Wiseman, sólo un 12% de las personas consigue lo que se propone al inicio del año. ¡Sorprendente!

 Podríamos enumerar multitud de variables que pueden influir en que lo logremos o no, pero una de ellas afecta de manera significativa y muy positiva por tener un poder especial, es la PASIÓN.

Si bien el término dispone de diversas definiciones y usos, en este post nos quedaremos con: inclinación muy fuerte de alguien hacia otra persona (te amo apasionadamente) o hacia algo, afición vehemente (la montaña es mi pasión).

Esta pasión que traigo aquí, ya nos visitó hace algún tiempo, Jon Barastegi nos la presentaba como motor de vida, y está asociada a un estado emocional agradable y profundo que conecta con el fluir.

Hace referencia a la necesidad de hacer algo porque existe una fuerza interna que mueve al individuo a hacerlo. Pero no brota de la nada(¿o sí?), hay que poner voluntad y deseo en ello.

 Se trata de una palabra corta, sólo seis letras, pero con un enorme potencial porque esconde, nada más, ni nada menos, que energía, actitud, impulso, motivación, disposición. Además, forma parte de un trío que ha dejado grandes transformaciones en el mundo: ilusión, entusiasmo y pasión. Un trío que ya ha pasado por este blog invitado por Pablo Cueva como energía emocional que nos impulsa a luchar por nuestros sueños.

 Por tanto, parece ser un factor clave del éxito de todo aquello que se emprende. Si esto es así, ¡pongamos pasión! en lo que hacemos porque es un buen camino hacia la transformación personal y colectiva.

 Vivir de manera apasionada es un estilo de vida, ante lo que nos pasa, ante lo que hacemos, podemos decidir si sufrir, o vivir y sentir. La pasión nos ayuda a sentirnos vivos.

 En mi caso, abordo el año con ilusión y con la pasión orientada a varios proyectos. Por un lado los profesionales, el ámbito laboral se presenta apasionante, con mucha y variada actividad, así como en las redes en las que estoy comprometido; Q-epea,  CIE y Ulab Gasteiz. Por otro lado, están los retos personales, como el doctorado sobre análisis de tendencias y problemas sociales. Mi investigación se orienta, desde la perspectiva de la sociología de las emociones, hacia la interacción entre las estructuras sociales y culturales y las emociones.

Sí, necesitaré mucha motivación y ¡mucha pasión!, pero que no cunda el pánico que éstas las pongo yo.

 EMOCIONES-COMPARTIDAS-CIE-2015-04-01-16-212x300Y otra de las actividades apasionantes será la de seguir con la escritura en este blog, animado aún más por la reciente publicación del libro Emociones compartidas que ha sido impulsado y coordinado por Arantza Echaniz y Rogelio Fernández (mil gracias por ello)en el que se recoge una selección de post escritos en este blog por un equipo de personas absolutamente apasionadas con los temas relacionados con la inteligencia emocional y escribir sobre ellos.

 Y es que también hemos de poner pasión en la escritura, escribir con pasión, que lo escrito contenga pasión, que las palabras por sí solas transmitan emoción.

Es todo un reto en el que estamos empeñados, porque desde este espacio en el que escribimos y conversamos sobre las emociones, también pretendemos transmitir y contagiar emociones positivas, agradables, placenteras, o como queráis llamarlas.

 Esta cuestión de la escritura apasionada la recogen muy bien Ann Game y Andrew Metcalfe en su libro Sociología Apasionada.

En sus páginas nos proponen no sólo una práxis de sociología apasionada y con emoción, sino además un escribir sociológico con pasión, porque las emociones dan sentido a nuestra vida, como experiencias nítidas de la vida contribuyen a construir nuestra identidad, así nos lo recuerda Robert Solomon en Ética emocional, apuntando a que constituyen una estrategia para andar por el mundo, transforman nuestra manera de pensar y ver el mundo.

Desde la perspectiva sociológica podemos establecer que las emociones surgen de y en la interacción e intercambio entre personas. Emociones y pasión están en la base de nuestra cultura, una cultura que no es desapasionada, y la vida apasionada suele ser vulnerable porque nos exponemos a la desesperación, he aquí la importancia de contar con capacidad de resiliencia porque, como nos apuntan Game y Macalfe, la pasión es brutal, nos lleva a los límites de nuestra existencia.

 Para vivir de manera apasionada necesitamos mucha energía por eso es importante saber qué queremos hacer o lograr en nuestra vida para dosificar el gasto energético a lo largo del año. Es importante elegir bien en qué vas a dedicar tu energía, tus emociones, en qué vas a implicar tu pasión.

Pero pienso que la pasión es una energía ilimitada, es sostenible y es renovable. Sólo necesitamos, después del esfuerzo, descansar y recuperarnos para renovar nuestra pasión, nuestras fuerzas.

Valga como metáfora una de mis pasiones, la montaña. Cuando llego a la cima, además de un bello paisaje, veo un montón de montañas a las que subir, un montón de desafíos. Ese es el momento de descender para celebrar el reto conseguido, descansar, disfrutar con el recuerdo de la experiencia vivida y reiniciar para subir a otra. Para vivir, para sentir mis emociones y mi pasión.

Los antiguos griegos no hacían notas necrológicas, ante la muerte de alguien sólo preguntaban: ¿tenía pasión?

Y tú ¿vives con pasión?

 

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