Inteligencia emocional

El arte del enfado

Hace unas semanas mis hijos me llevaron al cine. Vimos la película Angry Birds (que se podría traducir como pájaros enfadados). Ya hace un tiempo que las películas infantiles traSV62yNzYtan temas emocionales y por eso ya publiqué un post
sobre Disney y la educación emocional hablando de ello. Angry birds me hizo pensar en reflexionar sobre el enfado. Recordé la cita de Aristóteles que usamos en anverso de las tarjetas de visita del CIE y que dice: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo“.

En realidad Aristóteles en su cita hace referencia a la inteligencia emocional en tanto que habilidad, capacidad o arte de gestionar las emociones de forma que sea beneficioso para la convivencia. Todos nos enfadamos, pero pocas veces lo hacemos cómo, dónde y con quien sería inteligente hacerlo. Vayamos por partes analizando esta última frase

 

Cómo enfadarse.

Partimos de la base que las emociones surgen como una reacción espontánea a un cambio que se produce en nuestro entorno. Es decir, no podemos (ni debemos añadiría yo) no enfadarnos si se da una circunstancia que supone un obstáculo para nuestros planes o nuestros deseos. La cuestión es cómo expresar el enfado. Hay personas que estallan, que no miden, que o no pueden o no quieren controlar la manifestación del enfado. Otros toman la estrategia de comérselo, de dejarlo dentro y no expresarlo, justo el polo opuesto al primer ejemplo. Un criterio que me parece interesante es el de la utilidad. Preguntarse qué consecuencias puede tener expresar el enfado de una manera u otra nos puede ayudar a gestionarlo más inteligentemente.

 

Dónde enfadarse.

Supongamos que estamos enfadados, ¿qué papel juega el lugar en el que estemos? Muchas veces tenemos razones más que suficientes para enfadarnos pero hacerlo en un contexto que no corresponde hace que perdamos eficacia. ¿Qué sentido tiene entrar al trabajo soltando improperios porque alguien ha golpeado mi coche y no ha dejado una nota con sus datos? Tener razón para estar enfadado no significa tener derecho a invadir o trasladarlo a lugares que nada tienen que ver con lo que me lo ha causado. Es mejor darse una vuelta hasta que baje la intensidad antes de perder el control en un lugar donde las consecuencias pueden ser negativas.

 

Con quien enfadarse.

Este suele ser el principal de los errores de la mayoría de las personas que conozco. Solemos expresaaafe8c8d3a4c00b54a3174be9b5f0fd4-enojados01r nuestro enfado, o incluso dirigirlo a las personas que más cercanas son, o con las que más confianza tenemos. El enfado solo tiene sentido con la persona que nos origina el contratiempo o el daño. A veces nos enfadamos con nosotros mismos pero se lo hacemos pagar a otros. No solo no es justo sino que es muy perjudicial para tu propio aprendizaje sobre inteligencia emocional, además del riesgo de deteriorar relaciones significativas.

 

El enfado es necesario pero aprendamos a enfadarnos mejor.

Al igual que en “Intensa-mente” se hace una defensa a la utilidad de la tristeza en “Angry birds” se pone en valor el enfado. Enfadarse es lo natural cuando algo o alguien obstaculiza nuestro camino hacia nuestros objetivos. En ese caso conviene expresar de manera asertiva nuestra emoción, así como adoptar las decisiones que entendamos que están acordes a la situación. Gracias al enfado los pájaros de la película lograron recuperar lo que les habían robado. La cuestión es hacer del enfado una oportunidad. A veces se trata de usar la energía emocional como impulsora de nuevas acciones, otras se trata de aprender con quien es mejor no asociarse. En cualquier caso el arte de enfardarte consiste en salir fortalecido de ello.

 

¿Te enfadas mucho? ¿De todas las veces que te enfadas alguna sales fortalecido?

Un pensamiento sobre “El arte del enfado

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