Inteligencia emocional

La vergüenza es injusta

Hoy, viene a visitarnos de nuevo la vergüenza. Ya la hemos invitado en ocasiones anteriores para analizarla, y también para elogiarla, porque tiene sus cosas buenas, como todas las emociones.

¡Vaya emoción! Es fascinante, porque a la vez de ser una de las emociones más comunes, es una de las más complejas, y cuenta con una especial característica, es silenciosa.

La gente prefiere no hablar sobre la vergüenza, sobre su vergüenza, y esto en sí, ya es un síntoma.

Pero a pesar de todo, hay que reivindicar la necesidad de la vergüenza. Lo podemos constatar a raíz de todos los acontecimientos, económicos, políticos y sociales a los que estamos asistiendo en los últimos tiempos. Cada día descubrimos, aún con estupor y cada día con más indignación, al menos por mi parte, ¿nuevos? casos de corrupción y todo tipo de delitos, incluso los de acoso y violencia sexual. Demuestran una absoluta falta de ética, de moral y de falta de vergüenza. Porque ésta, es una emoción social que tiene una función de control social y moral. Es necesaria porque marca algunos límites, que como vemos, en algunos casos se sobrepasan porque evidentemente, existen algunas fuerzas que empujan a ello, quizás otras emociones como la codicia, la avaricia, y sobre todo, las ansias de disfrutar de la vanidosa sensación de poder.

Pero en esta ocasión, no me quiero extender en estas cuestiones, éste será un breve encuentro con la vergüenza, con una de sus múltiples dimensiones y manifestaciones, la vergüenza relacionada con la desigualdad social, con la pobreza y con la exclusión social. La vergüenza de sentirse y saberse pobre, o en situación de exclusión social.

Es en estos ámbitos, quizás, donde más demuestra su poder, su capacidad de generar sufrimiento, tristeza, e invalidación social y personal, que se plasma en la anulación de la autoestima y en el aislamiento. Porque además, la vergüenza tiene un gran aliado, el miedo. Existen vasos comunicantes entre ambas emociones, que tienen un efecto desvastador en los individuos.

Nos encontramos con dos vertientes, la primera es en la que estas cuestiones son vergonzosas e indecentes. No es comprensible que un país que se tilda de democrático y con un nivel económico alto como España, tenga un índice de riesgo de pobreza infantil del 37%, según  Unicef.

La otra, la del sufrimiento personal, la de sentir en las propias carnes la vergüenza por vivir en la pobreza o en exclusión social, o con algún problema de adicciones, o con percepción de fracaso personal por no tener, o perder el trabajo. Y esta vergüenza yo la he conocido de muy cerca, en un tiempo en el que estando en paro, a diario me cuestionaba si no valía para nada, a pesar de mis estudios y conocimientos.

Para mí está clara la necesidad del análisis sociológico de las emociones en general, y en concreto, de la vergüenza, porque no podemos obviar que en los fenómenos sociales no existe disociación entre el individuo y sociedad.

Esta vergüenza de la que hablo, está determinada por la estructura y normas sociales y culturales, por tanto, estudiaremos la vergüenza como valor ideológico por sus efectos en la dominación, en la exclusión e invalidación, por eso es una emoción, al igual que el miedo, de gran interés político.

Se trata de una representación mental que surge cuando sentimos que hemos faltado a alguna convención moral, pero también cuando pensamos que nuestra identidad, nuestro estatus, está en entredicho. Cuando pensamos y nos preguntamos sobre qué dirán, que pensarán los demás de mí. Una representación mental, cognitiva, que tiene sus propios correlatos particulares, fisiológicos (turbación, ahogo, etc.) y sociales porque condiciona las relaciones y la eficacia personal.

Ye he comentado en alguna otra ocasión que en las teorías emocionales de Thomas Scheff, la vergüenza es la emoción social más significativa , y tiene estrecha relación con las posiciones de poder y estatus.

Esta es una vergüenza que me estoy encontrando cada vez más en las actividades del trabajo de campo (entrevistas, grupos de discusión y talleres) de la investigación que realizo para la elaboración de la Tesis Doctoral. 

Una vergüenza relacionada con la falta de dinero, con el sentido identitario de ser persona inmigrante, o refugiada (non grata para otros sujetos o grupos) por problemas de guerra, de miseria, etc.

Vergüenza que se traslada a los hijos e hijas, que no tienen dinero para pagar el comedor del colegio, para comprarse ropa, o libros, o material escolar. Y callan y sufren.

He conocido casos concretos, a personas que no salen de casa por sentir vergüenza por los problemas causados por hijos e hijas. Ahí lo dejo.

No querer hablar sobre abusos y agresiones de todo tipo, por vergüenza.

Personas y familias que no piden la ayuda que necesitan por vergüenza, o no ir a una entrevista de trabajo por vergüenza sentida por una deficiente dentadura. ¡Cómo me voy a presentar así delante de nadie!

Es razonable, porque pedir y ser asistido, además de representar una inmensa sensación de vulnerabilidad, es humillante. Ataca el imaginario de identidad, la autoestima. El SER.

Y es muy respetable porque el silencio, el aislamiento, son funcionales,  sirven de autocuidado, de protección.

En este sentido se expresan Vincent de Gaulejac en Las fuentes de la vergüenza, y Boris Cyrulnik en Morirse de vergüenza dos buenos libros que he descubierto en mis estudios sobre esta emoción.

Todos y todas estamos dispuestos y dispuestas a pasar vergüenza, depende del valor otorgado a las circunstancias, algunas personas están dispuestas a verse retratadas como corruptas ante toda la sociedad, e ir a la cárcel, otras a plantarse delante de quien sea a pedir, para dar de comer a sus familias.

Por eso, la vergüenza, es injusta.

Y tú, ¿Cuál es el motivo que te llevaría a pasar vergüenza?

En otro momento seguiremos hablando sobre cómo podemos manejar la vergüenza, de manera que no nos haga sufrir. de

antídotos disponibles como son la ambición, el orgullo, la autoestima, el cambio del imaginario de identidad, o incluso,  el humor. A mí éste último me ha ayudado mucho con mis vergüenzas.

Enlace a la imagen de cabecera.

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Un pensamiento sobre “La vergüenza es injusta

  1. Arantza Echaniz Barrondo

    Estupenda y necesaria emoción que es imprescindible para actuar de forma correcta, para acabar con graves problemas sociales que afectan a la humanidad en su conjunto. Me ha hecho recordar una entrada de este blog de hace unos años que se titulaba “Breve elogio de la vergüenza” y estaba escrita por un amigo que ya no está entre nosotros.

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