Inteligencia emocional

Encuentros transformadores

Recientemente me he reunido con una amiga a la que hacía casi 20 años que no veía. Fue un encuentro muy agradable y enriquecedor. Parecía que habíamos estado juntas el día anterior. Nos pusimos al tanto de nuestras vidas con gran naturalidad. La conversación fluía con facilidad. En este tiempo ambas hemos sufrido algunas sacudidas importantes. Yo he tenido dos hijos (con todos los sobresaltos que eso conlleva), he sufrido la pérdida de personas importantes, me he separado, he tenido altibajos en el campo profesional… Ella dejó su país, se casó, ha tenido un hijo, ha cambiado de residencia varias veces, ha vivido en algunos entornos poco acogedores, ha sufrido la peor cara del mundo universitario…

Al día siguiente nos volvimos a encontrar y noté desde el primer momento que ella no estaba bien. Me dijo que nuestra conversación del día anterior le había venido muy bien aunque le había hecho darse cuenta de lo mal que estaba, de la gran frustración que vivía, de lo alejada que estaba su mente de sus emociones… Se sentía inmersa en la  “noche oscura del alma”. Racionalmente se sentía agradecida por muchos motivos pero vitalmente se sentía muy frustrada en varios ámbitos. Verbalizó que se había hecho consciente de que necesitaba ayuda para volver a conectarse consigo misma. Compartió conmigo este precioso poema:

“Despiértate, alma mía.

No sé dónde estás,

dónde te has escondido,

pero te lo pido, despiértate,

aún estamos juntas,

aún tenemos un camino por delante,

nuestra estrella será

el claro velo del alba” (Adam Zagajewski)

El poeta polaco Adam Zagajewski al recoger el Premio Princesa de Asturias 2017 de las Letras dijo:  “En el mundo actual todos quieren hablar sólo de la comunidad y de la política, y es cierto que esto es importante. Pero también existe el alma particular con sus preocupaciones, con su alegría, con sus rituales, con su esperanza, su fe, su iluminación que a veces experimentamos. Debatimos sobre las clases y las capas sociales, pero en el día a día no vivimos en la colectividad sino en la soledad. No sabemos qué hacer con un momento epifánico, no sabemos cómo preservarlo”. ¡Qué cierto! En el día a día vivimos a solas con nosotros mismos aunque tengamos muchas personas a nuestro alrededor. Nuestra alma está ahí aunque no siempre estamos en conexión con ella. Pugna por hacerse oír y a veces  experimentamos momentos especiales de una gran revelación que pueden cambiar el curso de nuestra vida o la actitud que adoptamos ante la misma.

No es necesario hacer grandes esfuerzos para escuchar nuestra alma. Es muy sencillo de entender y no tan fácil de practicar… Como dicen estos hermosos versos… Todo está en el corazón:

“Renueva el corazón a cada hora

y aprende a renacer cada mañana (…)

¿Qué importa adónde vas, de dónde vienes?

No busques nada fuera de ti mismo:

todo en tu propio corazón lo tienes” (Ricardo León y Román)

Es importante que nuestros pensamientos, emociones y acciones vayan al unísono. Es vital para pasar de la coherencia individual a la coherencia social y de ésta a la global.

Ahora que soy plenamente consciente de que, probablemente, he pasado ya el ecuador de mi vida a veces tengo la tentación de pensar “qué hubiera pasado si…”. A veces siento que he errado mi camino, que la vida no es lo que hubiera deseado… En esos momentos lo que me ha hecho reconectar es mirar hacia dentro con amor, sin juicios.  En esas ocasiones puede resultar muy útil el discernimiento, que como he dicho en otra entrada, “es la herramienta del amor; el medio para hacer del amor el centro de nuestras decisiones”. El amor es la medida de todo y la cura de muchos males. Llegado el momento me gustaría responder como Pedro Casaldáliga:

“Al final del camino me dirán:

—¿Has vivido? ¿Has amado?

Y yo, sin decir nada,

abriré el corazón lleno de nombres”.

 ¡Gracias amiga por tan bello encuentro! Para terminar una preciosa canción de Loreena McKennitt , The Dark Night Of The Soul, inspirada en las palabras de San Juan de la Cruz.

 

 

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