Inteligencia emocional

Emociones ante el despido, cómo convertir un despido en una oportunidad.

El martes pasado recibí una noticia que inicialmente yo juzgué como negativa, una desagradable sorpresa.

Pilar, una buena amiga y compañera de doctorado. anunciaba en linkedin que tras 27 años trabajando en una buena empresa de actividad tecnológica, ha sido despedida. ¡ a sus 53 años !

De inmediato le llamé por teléfono para hablar con ella y que me contara qué había sucedido.

Algo ya nos había contado unos meses atrás, existía la posibilidad de “limpieza de plantilla” en la empresa, al haber sido absorbida por un “gigante tecnológico” (INDRA).

Con su habitual alegría y dinamismo, me dice que no pasa nada, que es un buen momento en su vida para hacer un cambio. Es decir, una oportunidad.

¡Esa es mi Pilar!, positividad a la enésima potencia. Me contagió su entusiasmo en un “pispas”.  Una virtud de ella que admiro.

Tras el choque inicial de una noticia así, que apenas duró un par de días, fijó su pensamiento en las muchas cosas y vicisitudes que ha tenido que pasar en su vida, que no han sido pocas, como para que esto le hiciera daño.

Cuando nos preguntamos sobre cuáles son las cualidades de una persona emocionalmente inteligente, solemos hacer alusión a la capacidad de resiliencia y en cómo afronta las contingencias que le sobrevienen en la vida.

En mi opinión Pilar es un ejemplo de ese tipo de personas.

En primer lugar, se ha posicionado de manera positiva y optimista ante un acontecimiento altamente estresante, analizándolo y observándolo como una buena oportunidad para hacer “otras cosas” que le apetecen en esta etapa de su vida.

Hace unos meses ha terminado unas oposiciones a un plaza de Socióloga, ¡quedando en segundo lugar!, cuestión que tiene reclamada por un defecto de forma en la valoración de sus méritos. A buen seguro, ganará esta reclamación, haciéndose con dicha plaza. Aquí tiene un buen motivo para estar tranquila, a la par que orgullosa.

Pero tampoco le preocupa mucho, tiene pensado dedicarse al ejercicio sociológico, a la sociología, de “manera diferente”. Está sopesando trabajar en alguna ONG u organización de vocación social.

De momento, se dará un tiempo para descansar y reflexionar y reorientar su vida, y disfrutar de su nieto.

Su decisión de publicar la noticia en las redes y medios sociales está basada en una de las recomendaciones que siempre se hacen a las personas en desempleo, apertura y refuerzo de la presencia en las redes y medios sociales, además de los contactos personales.

En pocos días ha tenido miles de visitas en sus páginas Linkedin y Faceboock y numerosos comentarios, también de empresas y personas que ha tenido como clientes, y sobre todo de solidaridad.

Con ello refuerza su autoestima, y se rebaja la “importancia cultural” del artificial estatus social que nos creamos alrededor de nuestra actividad profesional.

Es una buena estrategia emocional, puesto que de esta manera se supera la humillación, la vergüenza, la culpa y el miedo ante la situación. ¿Cuántas personas terminan con sus vidas truncadas, vencidas por estas emociones sociales?

Recordaremos que son emociones sociales porque se producen y proyectan mediante la estructura social y las normas culturales, en las interacciones sociales.

Como después de 27 de años de trabajo, se ha llevado una buena indemnización, de momento, está cubierta económicamente. Esto también da seguridad, obviamente.

Su marido trabaja, su hijo y su hija están ya acomodados, espera un nieto. ¡Está feliz!

Y sobre todo, podrá dedicarse a trabajar, desarrollar y escribir la tesis doctoral que queremos presentar en el próximo verano.

Curiosamente, el día anterior a su noticia, yo había leído esto en internet:

5 formas de despedir con inteligencia emocional.

Una posición desgarradora, en la que se debe hablar con el corazón hacia una persona que va a sufrir un escarnio personal y público, comunicándole una decisión que afectará notablemente a su vida privada (hipotecas, préstamos, familia, etc.) y que le supondrá un cambio de orientación respecto a lo que espera de su carrera profesional.

Y, en muchos casos, los despidos no se deben a una mala actitud o incapacidad del trabajador, sino que se deben únicamente a causas financieras o de estrategia corporativa.

¿Cómo podemos minimizar la incomodidad y el dolor que sentirá la persona despedida, el directivo que se encargue de comunicar la noticia y el resto de compañeros? Resumimos cinco consejos procedentes de la inteligencia emocional para despedir a alguien.

 

  • Escoger el momento y lugar ideal

 

Por supuesto, la primera norma a la hora de hacerle llegar la mala noticia a un trabajador es escoger el momento y lugar ideal o, si se prefiere, menos negativo.

Por supuesto, esta clase de comunicaciones deben hacerse cara a cara, nada de enviar un mísero correo electrónico o una llamada, incluso aunque sean profesionales que trabajan en otras localizaciones o que se comunican habitualmente por estos cauces.

En cuanto al momento, lo mejor es evitar que la reunión se produzca ante toda la oficina, por lo que deberemos escoger momentos en que la mayoría del personal está ausente o se ha ido ya a casa (por ejemplo, a última hora del día o a la hora de comer).

¿La razón? Ante un despido, las emociones pueden aflorar y producirse ataques de ira o humillaciones públicas. No queremos que toda la plantilla asista a ese espectáculo ni que se contaminen con los comentarios dolidos del despedido.

 

  • Llevar un guión

 

En un encuentro para despedir a una persona, hay que ser empático y lo más natural posible, sin que ello signifique renunciar a la máxima planificación.

Y es que, la espontaneidad puede ser una auténtica condena a la hora de entender las necesidades emocionales de un trabajador, por lo que llevar un guión de las ideas que queremos transmitir es esencial para evitar imprevistos.

También es recomendable, en opinión de los expertos, ensayar esta clase de conversaciones (preferiblemente con los responsables de RRHH de la propia compañía) hasta que sea relativamente natural.

 

  • Paciencia y templanza

 

A ambos lados de la mesa se van a experimentar emociones fuertes que obligarán a las dos partes (al menos, a lo que corresponde al directivo a cargo de la decisión) a controlar esas sensaciones, darse tiempo, paciencia y no dejarse llevar por la ansiedad.

No es nada negativo esperar un poco antes de hablar con el fin de estar lo más tranquilo posible e, incluso, aplicar técnicas de relajación mental para evitar que los nervios y el estrés se apoderen de nosotros.

 

  • Firmeza y dignidad

 

A la hora de despedir a alguien, el ejecutivo debe mantenerse firme en todo momento, explicando los puntos fundamentales que han llevado a esta difícil decisión, sin profundizar en historias o malos rollos anteriores que reabran viejas heridas o generen nuevas áreas de discusión.

Asimismo, el directivo debe ser capaz de asegurar la máxima dignidad de los trabajadores, independientemente de cómo éstos reaccionen en un contexto tan controvertido para ellos.

 

  • Todo atado y bien atado

 

Al margen de la empatía y el respeto por el despedido, el ejecutivo no debe olvidar que debe explicar todos los detalles relacionados con el fin de la relación profesional, incluyendo las especificaciones de la indemnización por despido, los días de vacaciones que le corresponden, las políticas de devolución de bienes de la empresa (como el móvil o coche), la fecha del fin de los beneficios que le correspondan (como seguro médico privado) o las restricciones futuras que puedan tener para buscar empleo en la competencia.

De momento, desconozco todos los detalles sobre cómo ha sido el despido de Pilar, y si se han cumplido estas premisas con ella, por lo que me ha contado, creo que no del todo.

Pero de lo que sí estoy seguro, es que a mí, no me gustaría tener que despedir a nadie, ni de manera emocionalmente inteligente, ni de ninguna manera porque se hace sufrir.

Con mis mejores deseos y cariño para Pilar y para todos y todas las personas que hayáis sufrido el momento de un despido. Porque sí, en esos momentos, se sufre y mucho (yo también lo sufrí varias veces hace algunos años).

La cuestión es,  ¿qué hacemos después con ese sufrimiento?

Imagen de cabecera: http://www.gmconsulting.pro/blogdeactualidadjuridica/formas-de-pago-de-una-indemnizacion-por-despido/

Un pensamiento sobre “Emociones ante el despido, cómo convertir un despido en una oportunidad.

  1. Conchi Cañete

    Me siento identificada con el artículo ya que me despidieron después de 17 años de trabajo y con 53 años.
    Al principio patalee, me indigne pero después he agradecido que se produjese ese echo, soy mucho más feliz, más tranquila y he dado un giro a mi vida profesional.He terminado un curso de RRHH y me a proporcionado conocimiento sobre la salud y bienestar del trabajador que más tarde se refleja en su trabajo.

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