Inteligencia emocional

MÁS Y MEJORES “NUDGES”

El 20 de abril (¿recuerdos de Celtas Cortos?) tenemos una cita con nuestra tertulia emocional. En esta ocasión, girará sobre un clásico de la economía conductual y la política de las últimas décadas: “Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad” de Cass R. Sunstein & Richars H. Thaler (Taurus 2017). Pretencioso título incluso para el Nobel de Economía 2017.

Dos son -en esencia- las ideas principales de este libro.

La primera es que características en apariencia insignificantes de las situaciones sociales pueden tener un efecto decisivo en la conducta de las personas. Por todas las partes hay “nudges”aunque no los veamos.

Nudge es un término inglés que significa “empujar suavemente a fin de avisar, recordar o amonestar suavemente a otro”. Es decir, estimular, incentivar o encaminar en la toma de decisiones.

La creencia de que es posible evitar influir en las decisiones de la gente es una equivocación. No existe el diseño neutral. Organicemos como organicemos el contexto condicionamos las decisiones de los demás. Un ejemplo de nudge tan escatológico como efectivo citado en el libro: ese moscardón que habita en los urinarios de muchos lugares públicos y que según Aas Kieboom mejora la punteríareduciendo en un 80% las salpicaduras.

La arquitectura de las decisiones es ubicua e inevitable y afecta a nuestra conducta. Nos condiciona, queriendo y sin querer.

Según Sunstein y Thaler, la creencia de que las personas elegimos lo que es mejor para nosotras o -al menos- mejor que si eligieran otras en nuestro lugar, es falsa. Tomamos buenas decisiones en contextos en los que tenemos experiencia, cuando disponemos de buena información y obtenemos un feed back rápido. Sin embargo, cuando tenemos escasa experiencia, insuficiente información en un contexto de feed back lento las decisiones son menos buenas. Imaginemos el resultado de jugar al paddle -por primera vez- con tapones en los oídos y antifaz. Un desastre. Sin feed back (informativo, motivacional, reforzante) es difícil mejorar y aprender.

En estos contextos no familiares y complejos, el “paternalismo libertario” adquiere sentido –según sus autores-. No se trata de un oxímoron. Paternalismo -para ellos- no es sinónimo de coerción. Las arquitectas y arquitectos de las decisiones pueden mantener la libertad de elección al tiempo que encaminan a las personas en direcciones que mejorarán su vida.

Paternalismo libertario, es un tipo de paternalismo relativamente débil y blando, y que no supone una intromisión porque las opciones no se bloquean ni se eliminan. Se trata de facilitar a las personas que sigan su propio camino. Orientar sus decisiones en direcciones que mejoren sus vidas.

Quienes rechazan el paternalismo sostienen que los seres humanos adoptamos magníficas y no magníficas decisiones, desde luego mejores que las que tomaría cualquier otro por nosotros. Muchas personas parecen suscribir el concepto de “homo economicus” (econs): la idea de que cada uno de nosotros siempre piensa y escoge bien. Pero la gente que conocemos -conjuguemos en primera persona del plural- no somos así. Somos simplemente humanos por lo que quienes diseñan deberían hacer las cosas tan fáciles como fuera posible.

Si influimos en las decisiones de los demás, si formamos parte de la arquitectura de sus decisiones, conviene que comprendamos su conducta. Podemos estimular para modificar la conducta de manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos, mejorando su bienestar. Pongamos más nudges en nuestra compleja aquitectura decisional.

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