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La fuerza del contacto físico

Jueves, 4 de Marzo de 2010 Karmele Gurrutxaga 2 comentarios

www.clown-ministry.comA estas alturas está totalmente probado el valor especial que, a nivel afectivo proporciona el contacto físico entre las personas, animales, etc. No se trata de emitir un alegato al contacto físico porque sí, sino que reflexionemos acerca del valor que adquiere en determinados momentos, y por ello lo tengamos en cuenta también en nuestra vida diaria con las personas más cercanas. Ciertamente, hay momentos en los que ese contacto se da más bien por inercia o formalismo; dejamos para otra ocasión la validez o importancia de estos casos, y centrémonos en ese contacto físico real, sentido y dirigido.

Observemos unos segundos con atención la imagen que se presenta. Hay quien puede pensar que se trata de una imagen “manipulada”, bien gráficamente, o porque alguien haya movido el brazo de uno de los bebés, pero no, es real. Sucedió en un centro hospitalario de Masachussets, donde tras el parto de dos gemelas con 12 semanas de antelación, una de ellas, pesando 910 gms, presentaba dificultades cardiorrespiratorias y de oxigenación en sangre –la de la izquierda-. Con el paso de los días, mientras su hermana se recuperaba bien, la pequeña Brielle entró en fase crítica: apenas ganaba peso y presentaba taquicardia y jadeo al respirar. La enfermera que las asistía hizo lo que pudo por estabilizarla: aumentó el oxígeno, despejó sus vías respiratorias… pero el fallecimiento parecía inminente. En ese momento, pasándose por alto las normas hospitalarias, la enfermera  juntó en la misma incubadora a ambas gemelas. A partir de ese re-encuentro, una vez cerrado el cubículo y reunidas ambas gemelas, la hermana recién llegada se acurrucó frente a Brielle, quien en minutos comenzó a calmarse, se incrementó su oxigenación en sangre, y mientras ambas dormían, al rato pudo verse cómo el bebé que evolucionaba positivamente, el más fuerte diríamos, pasó espontáneamente su brazo por el cuello de su hermana en crisis, tranquilizándose e iniciándose la recuperación. Leer más…

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Amar lo que hacemos

Viernes, 12 de Febrero de 2010 Karmele Gurrutxaga 6 comentarios

www.uakix.com

Semanas atrás recibí un e-mail de una buena  amiga, donde nos sugería un trabajado personal para “dejar de quejarnos”. Inicialmente, era la típica propuesta de estar 21 días sin quejarse, para que nuestra mente, o nuestro sistema de pensamientos fuera integrando esa nueva actitud; para ello, sugería ayudarnos de una pulsera en la muñeca a modo de recordatorio, y en el momento en el que nos sorprendíamos habiendo roto la promesa –“¡vaya semana que llevamos lloviendo todos los días, dan ganas de ni siquiera levantarse!”, por ejemplo-, cambiábamos la pulsera de muñeca, e iniciáramos un nuevo ciclo de 21 días. La propuesta podría sonar un tanto vana, superficial, y lo que se quiera añadir. La idea sí es interesante e incluso, necesaria. Porque, ¿realmente necesitamos quejarnos tanto como acostumbramos hacerlo?

Imaginemos a esta típica persona que acostumbra quejarse de las cosas que no están a su gusto; incluso, puede seguir quejándose del tiempo –como comentaba anteriormente, de lo mal que está el tráfico, del estrés que llevamos encima, de cómo nos está afectando la crisis … En principio, aspectos todos, reales y, quizá, justificados -¿?-. Y, ¿qué impacto, ambiente o sensación deja a su alrededor esa persona experta en la queja? Normalmente, desagradable, y a ser posible, si la vemos venir, incluso, intentaremos salir huyendo. Si en el espacio se genera ese ambiente desagradable, amargo o rancio, ¿No será que también, esa persona instalada en la queja está generando en su interior ese ambiente?. Leer más…

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Del propósito al Objetivo (II)

Jueves, 14 de Enero de 2010 Karmele Gurrutxaga Sin comentarios

www.hermanastrinitarias.net

Días atrás comentábamos en este mismo blog aquel plan de convertir aquellos deseos o propósitos en firmes objetivos – o proyectos según su dimensión-; ¿cómo va la cosa, habéis seleccionado ya cual va a ser el destino?. Suponiendo que ya hemos fijado el punto de partida y el de llegada, hablábamos de formular el objetivo a modo de logro, enunciando qué es eso que queremos conseguir; seguidamente, recordábamos que dicho objetivo debía de ser auto-mantenido, es decir, que aunque indudablemente nos afecta lo que sucede a nuestro alrededor, el objetivo depende en gran medida de nuestra actitud y de nuestros actos –compromiso y responsabilidad-.

El siguiente paso corresponde al proceso mismo de las tareas a realizar: tanto si hablamos de ir al gimnasio por lo menos tres veces por semana, como de no perder los papeles al estar en desacuerdo con nuestra hija, se trata de fijar qué haremos y en qué circunstancias. Ciertamente, los desacuerdos o conversaciones en familia no son, por lo general planificados, pero sí podemos establecer qué postura adoptar o qué hacer cuando sucedan. O prepararnos para tomar alguna decisión complicada con ella.

Ese punto debe responder a preguntas como qué hacer, cómo, cuántas veces, y si fuera posible, incluso en qué horarios. Cuando, en grupos de formación hemos hablado de planteamiento eficaz de objetivos, hay personas que consideran este punto como “excesivamente formal, como si fuera de trabajo”. Ciertamente, no es necesario redactar un proyecto sobre ello, pero si es fundamental planificar estos puntos ahora citados; bastantes imprevistos hay ya, además de los altibajos de los ciclos de motivación, para que dejemos ese propósito u objetivo a merced de la improvisación. Es como si esa planificación nos ayudara a tomárnoslo más en serio. Leer más…

Del propósito al Objetivo (I)

Jueves, 7 de Enero de 2010 Karmele Gurrutxaga Sin comentarios

bligoo.com

Estamos en temporada alta en cuanto a propósitos para un nuevo año, o nueva fase o como queramos verlo. Independientemente de hemos celebrado la navidad o lo que signifique para cada cual, lo que es indiscutiblemente es que estamos en un momento de transición de un año a otro; que, dicho sea de paso, no hacemos sino escuchar vaticinios sobre el próximo año, que parece presentarse peor. Volviendo al tema de los propósitos, ¿Cuál es el tuyo? ¿El tabaco quizá, la dieta, ordenar el trastero, el gimnasio, el inglés … por nombrar los más tópicos?

El caso es que muchos propósitos no dejan de serlo con el paso de los meses, e incluso años; las razones pueden ser variadas: desde la baja motivación o escaso convencimiento hasta la falta de planificación. Y es que, ya bastantes imprevistos nos surgen, para que estos propósitos tan necesarios e importantes para nosotros  –cuando así lo son por lo menos- los dejemos a merced de la improvisación. En mi opinión, a riesgo de estar confesando una debilidad personal, la mayoría de estos propósitos fracasan o no se convierten en realidad por falta de planificación.

¿Cómo empezar por tanto a planificar? Convirtiendo eso que queremos conseguir en objetivo, como si habláramos de organizar una tarea compleja. Leer más…

Conversaciones de ascensor

Miércoles, 2 de Diciembre de 2009 Karmele Gurrutxaga 3 comentarios

http://2.bp.blogspot.com/_6abPFsxcR3c/SAOVqC1o9SI/AAAAAAAAAKE/55tmSBQJpeM/s200/ascensor2.jpg

Aunque, posiblemente ésta no sea una expresión recogida por la RAE, estoy casi segura de que quienes lo habéis leído, habéis comprendido inmediatamente a qué tipo de interacciones me estoy refiriendo.

Respecto a este tema, hay una pregunta que acostumbro formular a los grupos de formación de Inteligencia emocional; la pregunta es, “¿Tienen utilidad las conversaciones de ascensor?”, “¿Merece la pena desarrollar una conversación, o incluso hacer un esfuerzo?”. Las respuestas que obtengo de los grupos son variadas.

Hay, desde quien se encoge de hombros, por que ciertamente, no le ve ninguna utilidad a quien indica que claro que son válidas. Por mi parte,  me uno también a esta última opinión. Y surge una nueva pregunta: “¿Válidas para qué?”. Leer más…

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Cerebro Emocional

Jueves, 17 de Septiembre de 2009 Karmele Gurrutxaga 2 comentarios

Días atrás, una noche que caminaba hacia casa casi inconscientemente, entre cansada y absorta en mis cavilaciones, sentí repentinamente un sobresalto al ver pasar junto a mí a una persona. Durante milésimas de segundo intenté ubicarlo: quién era, por qué se generaba eso en mí, pero no lo lograba inicialmente; me llegaba una sensación de tensión, no sé si de rechazo, pero sí de desear evitar al individuo en cuestión. Durante milésimas de segundo, repito; por que de repente, sentí una carcajada interior al descubrir quién era; se trataba de un actor de televisión que interpreta a un personaje cruel y siniestro.

Por un breve instante, la sensación emocional fue tal, que desconectó mi razón y activó la alarma interior; algo así como “¡peligro!”. En aquellos momentos en los que mi nivel de consciencia estaba un tanto ausente, el denominado “cerebro emocional” se permitió tomar la iniciativa y dar la voz de alarma por un instante. A su vez, el cerebro racional también estaba alerta, consciente, y se encargó de calmar las aguas; decía “¡Karmele, que es de la tele!”. Afortunadamente, razón y emoción, una vez cumplida su función por su parte, ambas, divertidas con mi confusión se reían interiormente, e incluso deseaban compartirlo con alguien más; y así hice, contárselo seguidamente a una persona muy cercana, que también acostumbra seguir la serie de televisión. 

Una de las grandes aportaciones de las Neurociencias ha sido la de poder comprobar y afirmar de modo contrastado la existencia de estructuras cerebrales que intervienen en la activación, regulación de las emociones; e incluso en los procesos de toma decisiones, aparentemente de escaso de contenido emocional. Hablamos esencialmente del Sistema límbico, y en el mismo de la activación de la amígdala. Leer más…

Comunicación-incomunicación

Jueves, 16 de Julio de 2009 Karmele Gurrutxaga 1 comentario

Nuestra supervivencia físico-fisiológica depende totalmente de la ingesta de alimentos que nos aporten energía y nutrientes a la sangre. Además, dependemos del oxígeno para respirar y permitir que nuestro organismo funcione; lo mismo del agua … Y, ¿dependemos de algo más para sobrevivir en buenas condiciones? ¿Puede decirse quizá, que dependemos también de las personas que nos rodean, de mantener una relación con ellas?

Ya en la época griega recogemos la valoración de Aristóteles, quien nos definía como “zoos politikon“, es decir, animales sociales. Desde su punto de vista, nos diferenciábamos de los animales entre otras cosas, porque nos vamos haciendo, desarrollando, por medio de las relaciones con los demás. Ese grado de dependencia o de necesidad de contacto con los demás, va, desde cubrir nuestras necesidades de cuidado y atención más básicas, hasta desarrollar otros procesos emocionales más complejos como la autoestima, la socialización, la pertenencia … Y todo ello, no sólo en los primeros años, sino a lo largo de toda la vida.

Resulta paradójico ver cómo, en nuestras sociedades desarrolladas nuestros hábitos y ritmo de vida, van dejando al margen nuestras oportunidades o hábitos de comunicación espontánea y natural. Hoy por hoy, podemos mantener una conversación en tiempo real con el otro extremo del mundo; los medios de comunicación parecen no tener límite. Y sin embargo, la cantidad, y por supuesto calidad de nuestra comunicación, no van acorde a todas esas facilidades. El mundo de la comunicación sin límites, nos lleva a su vez a la incomunicación. Leer más…