
Un conocido llega a nuestra ciudad a trabajar y después de pasear el fin de semana por las calles, nos pregunta por la dirección del lugar al que tiene que ir.
-
Entonces mañana, ¿cómo puedo hacer para llegar a esta dirección lo antes posible?
-
Pues al salir de casa puedes ir caminando, según sales a la derecha y cuando llegues a una plaza, la segunda calle hacia arriba. Estarás allí en un momento.
-
Ya pero igual me pierdo y no me gustaría llegar tarde.
-
Bueno, también puedes coger el autobús enfrente de casa, pero pasa cada diez minutos.
-
Hombre, si está cerca, ir en autobús… Además no sé la parada.
-
Puedes preguntar.
-
Si voy justo de tiempo no sé yo…
-
Si es por tiempo y estás apurado, puedes coger un taxi.
-
No voy a pagar un dineral para ir ahí al lado.
-
Pues haz lo que quieras. Yo ya te he dicho lo que puedes hacer.
-
Jolín, chico, no te enfades.
Ésta es una escena conocida que nos ha sucedido a todos de una u otra manera. Parece que por mucho que nos empeñemos en dar solución o alternativa a un problema que nos plantean, quien tenemos enfrente encuentra siempre una excusa para no tomar nuestras opciones en serio, o como la respuesta perfecta. A veces es como si nos tendieran una trampa en la que saben de antemano que no vamos a poder encontrar la solución.
Trasladado al ámbito de educación, empresa o de relaciones interpersonales en general, éste es un mecanismo que ciertas personas encuentran francamente desesperante, y genera normalmente cierto resquemor que hace que la próxima vez no tratemos siquiera de ayudar en una situación similar.
Parece como si dentro de su cabeza hubiera un filtro con la etiqueta “sí, pero…”. Este mecanismo puede tener distintas manifestaciones, que van desde el desprestigio directo como “para decirme eso no me digas nada”, a la broma, más aceptada y socialmente menos agria pero igual de desesperante a la larga “sí, hombre, como haga eso los tengo a todos colgados de una lámpara, ja, ja, ja”. (more…)

Cada día tengo más claro en mi cabeza qué es lo que la Inteligencia Emocional puede aportar a las organizaciones y esto ha sido resultado fundamentalmente del Curso de Especialización para Innovadores en Gestión (CEIG) que se está dictando en la Universidad de Deusto y que está auspiciado, subvencionado, por el Departamento de Innovación y Sociedad del Conocimiento de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
La inteligencia emocional puede ayudar a transformar a las organizaciones actuales mediante la profundización en la parte más importante del nuevo paradigma empresarial: la persona, y de esa forma ir generando una nueva cultura, una nueva idea de responsabilidad social corporativa interna que ahonde en el derecho a las persona a estar bien dirigidos. Cultura y Ética que junto con las nuevas orientaciones en la gestión organizacional que ven a los trabajadores como personas y no como medios de producción permitirá, como decía antes, la transformación de la empresa, su cambio.
Y hablo de transformación empresarial a través de la transformación personal que consigue el desarrollo de las competencias emocionales para que esa transformación consiga ir calando en la cultura organizacional y se incorpore en todos los procesos empresariales en los que se debe fundamentar la transformación, como pueden el Liderazgo, la Innovación, el Emprendizaje y el Cambio Organizativo.
En el CEIG, la transformación ya se está produciendo y eso es visible en todas las personas que estamos en el curso, pero especialmente en sus participantes. Sé que no les gusta de hable de ellos pero es el principal activo del curso, su alma, ya que lo son todo… alumnos, profesores, dinamizadores… y sobre todo un grupo de profesionales de empresa que están decididos a plantear la transformación organizacional y qué mejor forma de hacerlo que cambiando primero uno mismo. (more…)
A lo largo de la vida me he encontrado tanto con personas que decían tener buena suerte como con otras que permanentemente se quejaban de su mala suerte y de lo mal que les ha tratado la vida, a la par que negaban cualquier responsabilidad por su parte (aunque no fuera de forma explícita). Yo, ciertamente, me encuentro en el primer grupo. Soy feliz con la vida que tengo, que en parte me la he labrado y en parte ha estado condicionada por múltiples factores, uno de ellos la suerte.
Acabo de leer el libro El mito de la diosa fortuna de Jorge Bucay (Barcelona, RBA, 2006) y me ha gustado mucho el enfoque que hace del tema de la suerte. “En principio, hablamos de suerte cuando alguien se ve afectado significativamente por un acontecimiento inesperado” (p. 30). Ante este tema se pueden encontrar tres posturas que se basan en las tres ideas que presento a continuación:
- La suerte no existe, postura de los cientificistas que afirman que todo tiene una causa, una razón de ser.
- La suerte existe y no depende ni de nuestros deseos ni de nuestras acciones, esta postura está emparentada con supersticiones o antiguas costumbres de origen incierto cuyo objetivo es explicar por qué ocurren las cosas.
- La suerte existe y nos afecta pero se puede incidir sobre ella. Yo me inclino por la última, reconociendo que no basta con una buena actitud y un cúmulo de méritos y virtudes para que la suerte nos sonría. (more…)
Una nueva emoción ha nacido en mí, a la cual hoy por hoy soy incapaz de darle un nombre. Quizás porque es la primera vez que siento algo parecido o quizás porque sea una emoción que todavía no comprendo. Esa es la emoción de ser un futuro aita.
Muchas veces había hablado con mi mujer de la ilusión que nos haría ser padres y a su vez lo precioso que sería compartir nuestro amor con nuestro hijo…Hablábamos del futuro como una familia y nos sentíamos felices, pero nada comparable a la pura emoción que sentimos el día que supimos de veras que íbamos a ser padres.
Antes de ese día hablamos de ello desde un punto de vista racional, es decir, nos imaginábamos lo que íbamos a sentir por todo lo que habíamos escuchado y asimilado de las personas de nuestro alrededor y de los medios audiovisuales. (more…)

La normalidad es un concepto muy útil que nos permite, rápidamente saber si tenemos que preocuparnos por algo o no. En principio la preocupación puede ser sólo inquietud si se trata de algo que se aparte levemente de lo habitual, o altamente perturbador si desafía nuestros esquemas sobre las cosas.
Supongo que esta idea no es nueva para los lectores de este blog, pero nos gusta recordarla de vez en cuando. Si hay algo que necesitamos las personas en las relaciones humanas y en la vida en general, es estructura. Es más importante tener una estructura que nos guíe que el hecho de que ésta pueda ser errónea. Por esta razón el concepto normalidad nos facilita mucho las cosas. No vamos a hacer demagogia, y trataremos de no ser extremistas o demasiado relativistas al decir que un poco de normalidad nos ayuda, pero demasiada hace que nos volvamos rígidos.
Estadísticamente lo normal nos ofrece un tipo de información que hace referencia al conjunto y no sólo hace referencia sino que nos da la referencia. Un grupo de iguales hace rápidamente norma una característica que, después de un tiempo en uso, ninguno de los miembros de ese grupo cumple, y no sólo eso: hacemos normas sobre los grupos que no son los nuestros, en los que no vivimos ni conocemos, y los comparamos con una visión que nos pertenece sólo a nosotros. Ejemplo de esto son los prejuicios sobre otras razas, religiones, apetencias sexuales e inclinaciones, inmigrantes, adolescentes, la gente mayor, los funcionarios, los seguidores de un estilo de música, los hombre y las mujeres. Es decir, lo que comienzan siendo minorías (por diferentes) termina siendo la globalidad de lo que llamamos “gente” y ¿qué hay más normal que la gente? (more…)

“Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”.
Antoine de Saint-Exupéry, El principito.
Hace unos días mandaba desde aquí un abrazo y todo mi apoyo a un amigo que lo estaba pasando mal. Hoy ese abrazo y ese apoyo son para un amigo que se casa.
Alfonso significa mucho para mí. Fue mi alumno y con el tiempo se ha convertido en un buen amigo. Yo le suelo decir que es mi hermano pequeño (su hermano tiene mi edad...). Hemos compartido muchas cosas y experiencias. No sé si lo sabe pero admiro de él su gran generosidad y disponibilidad. Nunca olvidaré que cuando murió mi padre él se ofreció, y así lo hizo, a traer a mi hermana a Bilbao desde Pamplona… son cosas que sólo hacen los buenos amigos…
Pero no sólo se casa, que ya de por sí es una aventura, sino que en su caso coinciden varias decisiones de gran envergadura. Se casa con una mexicana, deja su trabajo, se va a vivir a Monterrey (Mexico) y a su nueva familia se suman los dos hijos preadolescentes de su prometida, Betty. ¡Es un valiente!… y lo digo como hermana mayor, madre y esposa. Creo que es consciente de las dificultades que entrañan tantos cambios y de tanto calado, sabe que el camino no será fácil… pero es lo que ha elegido. Y lo ha hecho por amor y desde el amor. ¡Bonita tarea! ¡Gran responsabilidad! (more…)
15 Junio, 2009 por Rogelio Fernández Ortea
Filtro » Empresa> General
Etiquetas
No sé si esto que voy a escribir tiene mucho que ver con la Inteligencia Emocional pero para mí está siendo una forma de regular mis emociones que en este momento se acercan a las familia de la ira y una buena forma de regularlas, según los cientos de post que se han publicado en este blog, es escribir. Y sobre lo que quiero escribir es sobre el Conocimiento sobre todo de un gran “bluf” que es la llamada Sociedad del Conocimiento.
Digo esto por dos motivos: el conocimiento no se paga y el conocimiento no se reconoce. Cada vez está aumentando más el número de personas más que suficientemente preparadas a las que las empresas están explotando con contratos basura, con contratos de becarios y que forman este colectivo llamado “mileuristas”. Además, no solo están generando conocimiento nuevo sino que están manteniendo a bajo coste la especulación que muchas empresas están creando con sus horas de trabajo. Creo que este colectivo, o gran parte de él, están generando parte del beneficio que se está generando en nuestras organizaciones. Y hablo de organizaciones de todo tipo.
Por otro lado, el conocimiento no se reconoce. Existe un gran número de personas, de docentes, catedráticos, titulares, doctores, investigadores que llevan toda su vida dedicada a generar nuevo conocimiento y a trasmitirlo a otras personas, que han perdido por completo su estatus social. Ya no es socialmente relevante ser un sabio… solo es socialmente relevante tener dinero. El tener el título de doctor, el pertenecer a la Academia ha perdido, en cierta manera, el respeto social. Como también lo ha perdido el conocimiento generado por la experiencia y que atesoran gran número de las personas que trabajan en nuestras industrias y a los que se considera fácilmente reemplazable en aras de una jubilación anticipada. Las relaciones maestro - aprendiz o la de maestro - alumno han perdido su valor por la obcecación de un utilitarismo desmedido. (more…)
En las relaciones interpersonales y sociales surgen conflictos que de no ser solucionados y cicatrizados suelen provocar heridas emocionales abiertas. Estas heridas sin cicatrizar a veces adoptan la forma de resentimiento, indignación crónica, odio… una emoción fuerte que nos atenaza y bloquea poniendo en serio riesgo nuestra salud y bienestar.
Las personas en ciertas circustancias, nos podemos sentir profundamente heridas o afectadas emocionalmente a causa de acontecimientos diversos, sobre todo los relacionados con la familia y el trabajo.
Por ejemplo, un despido laboral, una ruptura familiar, una discusión con un compañero de trabajo, un conflicto con tu pareja no resuelto de manera satisfactoria, una enfermedad grave, una crisis familiar financiera,… estas ocasiones extremas son vividas por las personas afectadas como una herida que aunque pase el tiempo no logra cicatrizar y por consiguiente no logra vencer ese estado emocional negativo en el que se encuentra envuelta. (more…)

En los últimos tiempos muchos han sido los esfuerzos para dar explicación científica a los fenómenos emocionales. Sabemos que las emociones tienen una repercusión directa en el cuerpo, e incluso hay quien afirma que la emoción no va más allá de esa perturbación fisiológica, que el cambio en los músculos, la piel, los órganos y el torrente hormonal es en sí la emoción. Sea como fuere, más allá de esta sutil disquisición, hoy me gustaría prestar atención a lo que algunos autores definen como “la interfaz entre la biología y la cultura”. Aquello que Descartes situaba, hace ya cuatro siglos, en la glándula pineal, el punto de encuentro entre el cuerpo y el alma, hoy de forma menos poética y con mucho más rigor científico, podemos situarlo en la emoción. Es decir, el mundo interno, incomunicable sin el lenguaje del sujeto, se encuentra con toda la cultura en la emoción, y ésta la cambia. Lo trataré de explicar con detenimiento.
En nuestra experiencia cotidiana, mientras leemos por ejemplo este post, nuestro cuerpo, de manera autónoma está procesando miles de estímulos sin que siquiera nos percatemos. Desde el oxígeno que estamos respirando, a la comida o bebida que podamos haber ingerido hace unas horas, pasando por la temperatura, las formas de las letras o el sonido ambiente. Y como consecuencia de esta vivencia, tenemos sensaciones. Sentimos dentro de nuestro cuerpo cosas, a las cuales hemos aprendido a darle un sentido a lo largo de la vida. ¿cómo puede un niño interpretar como “vértigo” lo que le sucede en el estómago cuando mira hacia abajo desde una altura? Sólo a través de alguien que le acompañe en esa experiencia y le ayude a dar significado, podrá ir formando una idea clara de un concepto que represente en su cabeza esa sensación y por tanto le permita hacer algo con ella.
Con las emociones pasa algo similar. El niño tiene que aprender a identificar, a sacar del maremagnum de sensaciones físicas, aquellas que implican emoción, para poder manejarlas desde el pensamiento, desde la voluntad. Para poder ser dueño de sus reacciones y mediar conscientemente entre el estímulo y la respuesta. Para que un niño pueda autorregularse, es preciso que antes pueda identificar lo que siente, lo cual es imposible sin la tutoría de una persona adulta que le ayude a dar sentido. (more…)

Hoy quiero, con estas letras, mandar un gran abrazo y un mensaje de ánimo a un amigo que lo está pasando mal.
Yo hace no mucho tiempo viví una situación parecida a la que está viviendo él. No sé si el origen, porque no creo que haya factores únicos, pero la gran fuente del problema fue el trabajo. El trabajo, para mí, es una gran fuente de satisfacciones que contribuye a la autorrealización, pero reconozco que es un arma de “doble filo”. Asumí, sin demasiado convencimiento, una tarea de gestión y responsabilidad que suponía un esfuerzo y dedicación desmedida. No soy persona a la que le asuste trabajar, es más, a veces asumo muchas cosas aunque no tengan recompensa alguna. Tampoco me asustan las responsabilidades. Sin embargo, aquella tarea me minó física y psicológicamente. Lo que me resultó más duro fue la soledad y la falta de apoyo (hay quien lo llama la “soledad del cargo”‘). Lo que nunca me hubiera imaginado es que la organización no iba a apoyar mis decisiones y que me iban a dejar sola. No entiendo el que se den responsabilidades pero no se den recursos, que se pidan resultados pero se pongan cortapisas. Nunca pensé que con quien más iba a tener que pelear fuera los de dentro. Además, se sumó un problema en el que se mezclaba lo personal y lo profesional. Una compañera, y amiga, no se sentía valorada y lanzó un “órdago” diciendo que se iba si no se le mejoraban las condiciones, que ciertamente no respondían a su contribución a la organización. Al final se fue y descargó en mí, su jefa, toda su furia, frustración o qué se yo. Decía que no le había dado el respaldo suficiente y que no había sabido distinguir lo personal y lo profesional. Para mí aquello fue el detonante. En aquel instante decidí que iba a dejar aquella responsabilidad, que no estaba dispuesta a sufrir más por el trabajo, que no iba a dejar que afectara a mi vida. Y para entonces ya afectaba, y mucho. Tenía problemas para dormir, el carácter se me había agriado, estaba irritable… Recuerdo un día que mi hijo mayor me dijo: “Ama, ¿por qué siempre estás enfadada?”. (more…)