Inteligencia emocional

De círculos y proyectos

Llega el periodo estival por estas tierras y es tiempo de cierres de ciclo, de descanso, de reflexión y, por qué no, de imaginar, pensar, planificar y emprender nuevos proyectos para el siguiente curso.

Hace unas semanas, un buen amigo me recordó un video muy interesante de Simon Sinek sobre el Círculo de Oro. Un planteamiento muy enriquecedor, donde se explica desde dónde surgen los negocios exitosos, aquellos que marcan una diferencia. En esa charla, S. Sinek expone  que para ello se debe responder a tres preguntas básicas: Why? – How? – What? Y en este caso el orden sí altera el producto: desde el conocimiento y la convicción del para qué voy a desarrollar éste o aquel proyecto, encontraré las respuestas a cómo llegar y finalmente qué ofrecer.

Si te pones a pensar, para pasar por estos círculos, la inteligencia emocional es un soporte clave. Ya sea pensando en el modelo de competencias de Goleman (autoconciencia, autogestión, conciencia social, gestión de las relaciones) o el de habilidades de Salovey y Mayer (identificar, usar, comprender y manejar las emociones), ser emocionalmente inteligentes marcará una diferencia a la hora de llevar adelante y con éxito un proyecto.

Y si este verano estáis pensando en ello, aquí os dejo una serie de reflexiones nacidas desde las vivencias, conocimientos y experiencias profesionales acompañando a otra/os emprendedore/as:

  • La mochila: Es importante conocer los recursos con los que contamos (externos e internos) para utilizarlos de la mejor manera posible en pos de los objetivos propuestos. Conocer nuestros recursos nos permite tomar decisiones y generar ideas.
  • Dejar espacio para lo nuevo: El aprendizaje continuo es fundamental para alcanzar nuestras metas y adaptarnos con mayor facilidad a los cambios constantes del entorno y el mercado.
  • Paso a paso para alcanzar la meta: Procuremos visualizar la meta y tomar cada pequeño logro como un escalón que nos permite llegar hacia ella. A medida que el negocio evolucione, las metas pueden evolucionar y modificarse.
  •  Salir de la noria: Si bien es importante conocernos y reflexionar sobre la situación en la que nos encontramos. Ese proceso debe servirnos para generar acciones que lleven al cumplimiento de las metas propuestas.  Centrarnos en un problema y dar vueltas sobre él sin ver otras perspectivas nos impide obtener soluciones creativas y eficaces.
  • Puentes que construyen: Construir alianzas con otros emprendedores potencia la generación de ideas y posibilita la obtención de resultados sinérgicos favoreciendo el crecimiento y reduciendo esfuerzos individuales.
  • Equilibrio: Emprender implica tiempo y esfuerzo, implica responsabilizarse de cada acción o inacción que se produzca (es ser tu propio jefe). Sin embargo, debemos recordar la importancia de las relaciones personales (la familia, los amigos) y trabajar en pos de un equilibrio entre el negocio y la vida personal.
  • La voz de la experiencia: Son muchos quienes han pasado por este proceso, que han tenido aciertos y errores. Pedir opiniones, escuchar experiencias nos permite aprender. Contactar y pedir consejo a personas que admiramos o creemos que nos pueden aportar conocimientos es un recurso que debe estar siempre presente (“el no ya lo tenemos”).

Que tengáis un estupendo y fructífero verano, del que puedan nacer nuevos e ilusionantes proyectos para el próximo ciclo.

Sobre la asertividad y la comunicación interpersonal  

 Autoras: Ilaria Depari, Haizea Furones, Inés Gortari, Ane Piñeiro, Patricia Puértolas

El objetivo de este post es presentar la información básica sobre el concepto de asertividad. Se dará una definición del término y se indicará la manera de desarrollarlo en varios pasos, para terminar con una serie de conclusiones.

La RAE define la asertividad como: “dicho de una persona que expresa su opinión de manera firme”. Se puede decir que se trata de la habilidad que tiene una persona para expresar lo que siente o desea sin perjudicar a los demás.

La asertividad es el estado de equilibrio entre la actitud pasiva y la agresiva. Entendemos pasiva como la actitud que tiene una persona que se somete a las órdenes de los demás; y la agresiva como la actitud que tiene una persona que intenta aprovecharse de la otra persona y dejarla en ridículo.

Técnicas para la comunicación asertiva

Existen una serie de técnicas establecidas para saber cómo desarrollar la asertividad. Se trata de recomendaciones de actuación que permite a la persona que las aplica comportarse de manera asertiva en diferentes situaciones. Tenemos por ejemplo la técnica del disco rayado o del banco de niebla.

Aconseja a la persona cómo posponer una conversación cuando la otra persona está alterada, cómo mantenerse firme en una decisión sin ofender al otro ni que se sienta menospreciado, a poner lidiar con una actitud agresiva del contrario y a admitir nuestros errores para que la gente no los vea como parte de nuestra personalidad, entre otras cosas.

Ventajas de la comunicación asertiva

La principal ventaja de la comunicación asertiva es que facilita la comunicación en muchas diversas situaciones. La asertividad permite que una persona sea capaz de expresar lo que siente o desea sin que sus emociones se interpongan. Así puede decir lo que no le gusta o con lo que no está de acuerdo, sin sentirse culpable; se puede equivocar sin sentirse culpable; si tiene que aceptar un cumplido, no se sentirá incómodo.

Esta habilidad permite a la persona expresarse sin alterarse. A su vez, este comportamiento supondrá actitud de respeto y de escucha por parte de los demás y que lo tengan en cuenta. Ayuda a la autoestima, aumenta la confianza y la seguridad en uno mismo, y la empatía con los demás.

Emociones que dificultan la comunicación asertiva

Así como la asertividad nos genera autoconfianza y buena autoestima, si no tenemos estas emociones controladas, es decir, si no nos valoramos adecuadamente, pueden suponer una dificultad a la hora de desarrollar nuestra asertividad.

Nuestro ambiente en el que nos movemos, nuestra situación también puede ser un impedimento para un buen desarrollo de la asertividad, así como el ambiente en el que hemos crecido. Si todos a nuestro alrededor tienen una conducta pasiva, será eso lo que aprendamos y si son agresivos, también.

A modo de conclusión diremos que la asertividad es una parte fundamental del proceso de comunicación y sobretodo de la comunicación interpersonal porque nos permite dar nuestra opinión y hablar sobre cualquier cosa sin perder la educación y el respeto. Permite a su vez mantener un buen clima en el lugar en el que se aplica y que las personas que participan en un proceso comunicativo se sientan cómodas. Actuar de manera asertiva no significa no tener emociones, sino saber controlarlas para que la comunicación fluya y no haya ruido que se interponga.

 

La puerta 50

Puerta 13

Si la vida fuera un paseo por un largo pasillo lleno de puertas cada una de ellas podrían ser las opciones que se abren o se cierran para nosotros. Unas serían señales del trecho recorrido, otras las de las personas o las de los proyectos con los que nos vinculamos o no. Hoy abro una nueva puerta, la 50. Y es que hoy cumplo 50 años. Estoy en Montignac, en Francia, disfrutando de unos días de vacaciones. Aprovechando el “suceso” y la casualidad de tener que escribir en este espacio me lanzaré a compartir algunas de las cosas que veo desde esta atalaya en este momento. Advierto que se trata de reflexiones derivadas de observaciones totalmente personales que no estoy completamente seguro de que tengan que ver con la meta volante que cruzo hoy. Pero, de alguna manera, espero que, en cualquier caso, puedan ser útiles a otras personas que vivan en estas u otras circunstancias parecidas.

Los hitos

Puerta 6

Seguir vivo es un hito que se renueva cada día. Posiblemente damos por hecho que la vida nos pertenece y, por tanto, lo natural es tenerla. Ahora, al pasar los 50, veo nítidamente la conveniencia de dedicar tiempo a ser conscientes de lo vivido cada día. Imagino que esa es una de las principales causas de las míticas crisis que algunas personas sufren al cambiar de década. Es un momento de balance consecuencia de cierta reflexión. Llegar es un logro al igual que lo es disfrutarlo. También soy capaz de identificar momentos que me han permitido ser quien soy: acompañar en la vida a mis tres hijos, haberme dedicado a la psicología, haber amado intensamente, haber corrido 7 maratones… Acumulo hitos, muchos, y siento el hambre de sumar muchos otros más.

 

 

El tiempo no es ilimitado.

¿Puerta 50?

No se si es exactamente ahora pero desde no hace mucho tiempo me he dado cuenta de que la vida que se nos da no es ilimitada en el tiempo. Y, por ello, resulta importante decidir a qué dedicarnos, con qué personas compartirlo. Siempre hemos sabido que un día la vida acaba pero, tal vez por la percepción de que nos queda mucho por delante, gastamos nuestro tiempo como si no fuera a acabarse nunca. Hacerme consciente de ello me ha ayudado a dar importancia a mis elecciones y a decidir más en función de ello. Además, por si no lo hiciera antes lo suficiente, encuentro muchas más razones para vivir lo más intensamente posible cada instante. Y con ello la capacidad de saborear todos los instantes que me sea posible.

Capacidades e incapacidades.

A medida que pasan los años he experimentado un aumento de mis capacidades. Algo así como la cristalización de las potencialidades que percibía de joven, junto con el hallazgo de otras que no sospeché nunca poseer. Es agradable ver que tareas complejas se me hacen fáciles. Pero también comienzo a vivir un proceso opuesto: el de las cosas que antes hacía y ahora me cuestan o, sencillamente, no puedo hacer. Envejecer incluye un apartado de aceptar que no eres quien fuiste. Esto suele doler puesto que se trata, en muchas ocasiones, elementos que has perdido de entre lo que valoras de ti. Para mi, afortunadamente, aun la balanza parece inclinarse del lado de las capacidades pero creo que mi miopía no me impide darme cuenta que poco a poco girará hacia el otro lado.

 

Puerta de la vulnerabilidad

Más vulnerable.

El peligro o el riesgo siempre está presente en la vida pero cuando uno es joven se acepta de forma mucho más natural. También es cierto que la falta de experiencia hace que no siempre seamos conocedores de las consecuencias reales de los peligros que afrontamos y, de una forma u otra, esa ignorancia nos ayuda a enfrentarlos sin demasiado temor. Hoy esta sensación ha cambiado. Puedo darme cuenta del valor de lo que tengo, de lo que disfruto, de lo que hace que mi vida sea digna de ser vivida. Tal vez eso o la toma de conciencia de los riesgos reales hacen que me vea más fácilmente alcanzable que en otras etapas de la vida. El hecho es que vivo la paradoja de poder enfrentarme a problemas como nunca pero pagando un coste emocional mayor que nunca también. Siento mucha fuerza personal exterior pero mucha más fragilidad en mi intimidad.

Necesito de mi gente mucho más que nunca antes.

Siempre he sido muy independiente y supongo que sigo siéndolo. Pero algo ha cambiado en la manera de vivirlo. Se trata del papel de las personas de mi vida en mi propio bienestar. Me veo mucho más necesitado de ellos, de compartir tiempo, de sus caricias o cualquier otro tipo de demostración de afecto. Afortunadamente, hoy por hoy, tengo la suerte de estar muy bien rodeado. Me veo menos dispuesto a abrirme a nuevas personas y a la vez más demandante de mi entorno actual.

Agradecimiento.

Pese a los claros y oscuros que dibujo a mis recién cumplidos 50 el resabor que queda es dulce. Puedo verme más limitado y gastando la segunda parte de mi vida, puedo encontrarme más frágil pero creo que el conjunto es armónico, bello. Veo con optimismo el futuro desde un sentimiento de agradecimiento por lo pasado. ¡¡¡Un secreto!!! He de reconoceros que la idea de la muerte ha comenzado a rondarme. Pero, hoy por hoy, bien por creerla lejana, bien por la sensación de haber disfrutado intensamente del camino recorrido, no me resulta molesta. Un día tras una de las puertas mi vida se apagará pero, de mientras, seguiré abriendo y cerrando puertas en el siempre interesante y, a veces, divertido camino del vivir.

Cómo prevenir el Acoso Escolar en los centros escolares

El pasado 31 de mayo el Dr. Iñaki Piñuel, reconocido experto en Acoso y Violencia Escolar, impartió una conferencia en la Universidad de Deusto con el título que lleva esta entrada (que se corresponde con el de uno de sus libros). El acto estaba organizado por Deusto Alumni. Voy a recoger aquí algunas de las ideas presentadas.

El acoso escolar es un problema muy serio al que recientemente se le ha empezado a dar la importancia que tiene. Una actitud muy habitual es la que se refleja en comentarios como: “son cosas de niños”, “es algo que siempre ha habido”, etc., que pueden provenir tanto del alumnado, como del profesorado, las familias o de los responsables educativos. En el sistema educativo hay una especie de ‘síndrome de negación’. Cuando evaluaron (Estudio Cisneros) en 2005 y 2007 se encontraron que el acoso y violencia escolar (AVE) superaba el 23%, frente a la incidencia ‘oficial’ que hablaba de entre un 2 y un 4%. Además, cerca del 11% de los afectados tenían daño severo (que podría incluso llevar al suicidio). Sorprendidos por el dato buscaron otras fuentes y vieron que en el informe Bullying among Irish schoolchildren (HBSC IRELAND, 2002), la cifra para España era del 24%.  Véase también Unesco (2017).

Si se actúa pronto el proceso puede ser detenido. Cuando interviene la inspección educativa ya suele ser demasiado tarde y no queda otra solución que la salida de la víctima. El bullying no es un mal necesario, no es una situación ante la que resignarnos. Es una verdad incómoda, porque es molesto intervenir y romper el proceso. Para ello el primer paso es medir, enfrentarse a la realidad de que, según su experiencia, en todas las aulas se da.

Uno de los problemas radica en que no se tiene una buena definición de lo que es al AVE y habitualmente se reduce a los casos más graves, a aquellos en los que la violencia se ve porque ha ocurrido una agresión física (aquí es donde se suele avisar a la inspección).

Según el Dr. Piñuel estos son los elementos presentes en el acoso escolar:

  • Una o más conductas de hostigamiento.
  • Maltrato repetido.
  • Proceso continuado en el tiempo (lo que hace posible que se pueda anticipar y prevenir).
  • Estigmatización de la víctima, fragilidad social y aislamiento.
  • Sensación de impunidad del agresor y refuerzo social (obtienen reconocimiento, éxito y poder). Si no se les frena a tiempo llegan a la edad adulta repitiendo conductas, ejerciendo algún tipo de violencia sobre otras personas.

Como consecuencia de lo anterior se acaba dando en la víctima la ansiedad anticipatoria. Gota a gota van siendo destruidos psicológicamente y su salud física también se ve afectada.  Desarrollan un relato culpable, no entienden lo que les pasa y empiezan a creer que han tenido que hacer algo muy grave.

Es importante entender que el AVE es un proceso. En el mismo se pueden diferenciar cuatro fases.

Fase I: Incidentes críticos. A lo largo de nuestra evolución como especie hemos aprendido que la forma más rápida de unirnos y cooperar es ir contra un chivo expiatorio, un enemigo común, que funciona como pararrayos de nuestra violencia. En esta primera fase la violencia es indiferenciada, de todos contra todos. En este momento va a ocurrir el efecto señal; algo que se va a interpretar como negativo va a servir para estigmatizar: algún rasgo, la forma de ser, la conducta, tener las mejores/peores notas, etc. Es importante insistir en que no hay perfiles previos. Cualquiera puede ser victimizado por razones banales, frívolas, e incluso aleatorias. Algunas personas tienen más probabilidades de sufrirlo: quienes vienen de situaciones en las que han sido victimizadas, ya que su capacidad de resistencia es menor y suelen carecer de redes de apoyo. Es como si los grupos ‘olfatearan’ esa vulnerabilidad.

Fase II: Repetición. Se han dado los primeros incidentes y hay impunidad hacia los agresores; no hay sanción (ingenuamente algunas personas piensan que es retrógrado poner sanciones); no se protege a la víctima; se frivolizan los hechos (“a ver si se arreglan entre ellos”); se refuerza la conducta del agresor (hostigar hace que otros le sigan en lugar de defender al débil); y al final se acaba normalizando (“es lo que hay”, “el mundo es una selva”, “tienen que hacerse fuertes”, “algo habrá hecho”, etc.). Las víctimas sufren miedo, terror, somatización. No se inventan enfermedades, no exageran, sus males tiene origen psicológico. A partir de este punto, si se pasa de esta fase, ya no hay prevención posible, la única posibilidad es la salida de la víctima del centro.

Fase III: Chivo expiatorio. Empiezan a agregarse personas al gang de agresores en un proceso más mimético que deliberado. Van todos contra uno (unanimidad persecutoria). Se da un error básico de atribución en los orientadores, psicólogos, familias, etc.: se empieza a justificar lo que le pasa a la víctima por alguna característica, conducta u otro motivo; se carga la responsabilidad sobre la víctima. Quienes defienden a la víctima son atacados (victimización secundaria). En la víctima empiezan a aparecer daños psicológicos similares a los producidos por un estrés postraumático.

Fase IV: Victimización. En esta fase la víctima internaliza la culpabilidad. Ya está completamente excluida del grupo. Es aquí donde algunas personas empiezan a pensar en el suicidio como la única forma de terminar con el problema, “si yo soy el error…”. Hay muchas personas que creen que es aquí cuando se produce el acoso, pero ésta es la última fase. Cuando se llega aquí no hay otra solución que apartar a la víctima, que sale a otro centro. Cuando llega a ese centro puede repetirse el patrón, no porque haya un perfil previo, sino porque es más vulnerable, tiene menor resistencia y eso es percibido por el grupo. Además, una persona recién llegada no cuenta con apoyos.

La OMS (2016), en una Nota descriptiva sobre la violencia juvenil, señala como programas prometedores, entre otros: a) “programas de aptitudes para la vida y desarrollo social concebidos para ayudar a niños y adolescentes a controlar su agresividad, resolver conflictos y a adquirir las aptitudes sociales necesarias para resolver problemas”; b) “programas de prevención contra la intimidación en las escuelas”.

El Dr. Piñuel lidera un equipo de experto que ha desarrollado el programa AVE© de Prevención del Acoso y la Violencia Escolar, que se caracteriza por parar el proceso en las fases 1 y 2. Para esto no hay más remedio que medir.  Lo que no se mide no se puede gestionar. Cuentan con una herramienta psicométrica que es el TEBAE© (Test de Evaluación Breve del Acoso Escolar). En la mayoría de los protocolos que tienen los centros y las comunidades autónomas se empieza a actuar cuando hay una queja o una denuncia, pero, como ya hemos visto, eso es demasiado tarde. Existe un ‘pacto de silencio’ ante la realidad del acoso, es más conveniente “no enterarnos”.

Trivializar y banalizar el acoso escolar significa extender y propagar el problema. Actuemos para que no haya niños y niñas que sufran daños severos y para evitar que haya niños y niñas que lleguen a la edad adulta comportándose como auténticos psicópatas.

BIbliografía

que tus sueños sean más grandes que tus miedos

hay días en la vida en los que sentimos que nada avanza, que todo se ha parado, es más, no somos capaces de salir de esa sensación de fracaso, es un regusto que nos ha dejado un acontecimiento en la vida,

un regusto extremadamente presente, cierto, ocurrió hace ya unos cuantos años, pero la sensación me embarga, no es vieja, me acompaña en tiempo absolutamente presente, no lo puedo evitar,

es como si intentase conducir mi vida con el espejo retrovisor,

y si lo pienso, es lo que estoy haciendo desde hace unos días, en los que me he centrado en intentar ser bueno en lo que demostré ser malo, en hacer las cosas que no me gustan y que no me mueven,

días en los que de alguna forma conecto con el pasado y la adversidad, con el NO tan grande que encierra el pasado, y des-conecto de mis ilusiones y mis sueños presentes, de ese proyecto que me da la vida, la alegría, la energía de hacer ese algo,

diferente, fresco, nuevo,

hasta que soy consciente y desatasco ese gesto del cuello, y dejo de mirar al espejo retrovisor, al pasado, y al no, y me sacudo ligeramente, para empezar, esa sensación de miedo, y el regusto que ya no es tan fuerte,

empezando por una acción, pequeñita, sólo una acción, sólo una curva, a la que a buen seguro va a seguir una segunda, y cuando la segunda está hecha la tercera es cierta, volvemos a estar en la senda de nuestros sueños,

con la carretera por medio.

   así lo vimos…

y busco una foto en internet relacionada con el retrovisor, no, es mentira, la intento sacar en el coche, pero estando aparcado como está, frente a una valla negra, vaya, vaya, no consigo la imagen que busco,

por lo que busco en internet una imagen que ilustre la idea de los sueños, sí, mejor si giramos el miedo al positivo, hoy he vuelto a re-contactar, por medio de pequeñas acciones, con mi sueño más grande,

y observo una frase que se repite aquí y allá, “que tus sueños sean más grandes que tus miedos”, creo que puede ser, y elijo una que no tiene forma de póster, más bien tiene forma de edificio con ojos,

unos ojos que parecen decir “te veo”,

como los ojos de Mario Benedetti, tan tiernos, o el ojo de la imaginación de Pablo Picasso.

Que tus sueños sean mas grandes que tus miedos

intento describir la sensación de miedo, esa sensación que personalmente he negado tanto, qué difícil se me hace convivir con el miedo, mi mamá lo tenía cuando yo era bebé, qué le voy a hacer,

y pienso cómo sería una vida sin miedo.

la energía del miedo es fundamental, es una energía que nos ata a la vida, que nos pemite estar vivos, la primera de 7 emociones fundamentales, sobre las que puedes leer más cuando tengas un rato, 7 emociones, creative commons, miedo y mucho más.

 

 

Coaching de Equipos. La despedida.

Con este post finaliza la serie sobre el Coaching de Equipos, porque todo tiene su final, todas las relaciones, todas las experiencias, todas las situaciones de la vida, e incluso la propia vida, tiene su final y despedida.

Los equipos tienen su ciclo de vida, y también un final. Por eso, desde nuestro papel de Coach de equipos podemos ayudar a que se entienda la importancia de la fase de cierre y despedida, y que se atienda con sensibilidad, porque los finales, las despedidas y consecuentes duelos, pueden hacer sufrir a las personas.

Por tanto, daremos importancia a cómo orientar estos procesos de cierre. De cómo se lleve a cabo la fase de despedida y duelo, puede depender la manera en que se afronten nuevos retos e incluso del éxito de futuros proyectos.

Ya sea que se trate de una relación, una vida humana, una vida de un proyecto o equipo, podemos identificar diferentes tipos de finales, de despedidas; deseados, no deseados, previstos, no previstos, naturales, forzados o en paz.

Cada despedida, cada final, cada cierre, tiene su propio campo emocional específico. El cerrar ayuda a dar por completado un proceso, un ciclo, una vida, ayuda a seguir adelante, avanzar.

En cuanto a los equipos, si somos capaces de cerrar bien, nos llevamos algo bueno de esa etapa y de las personas con las que se ha compartido la experiencia.

Desde una mirada apreciativa, se trata de una fase del respeto por lo realizado, de hacer balance, de evaluar el cumplimiento de un objetivo. Y también de agradecer, reconocer, y sobre todo, cuidar el bienestar, tanto de quien se queda, como de quien se marcha.

El cierre y despedida, supone  dar espacio y tiempo para expresar lo que ha significado la vivencia compartida.

Tendremos en cuenta que algo de lo ocurrido permanece  en cada persona, un impacto, un aprendizaje, una conexión con otras personas.

Toda despedida, todo final, conlleva un proceso de duelo. El duelo supone una adaptación emocional que acontece ante cualquier tipo de pérdida. Sea un empleo, una relación, una amistad, o la vida de un ser querido.

Se trata de una respuesta emocional que por tanto, también conlleva su dimensión física, cognitiva, fisiológica y de la conducta vital.

Un duelo, a pesar de la profunda tristeza y sufrimiento que produce la pérdida, nos abre un proceso de aprendizaje mediante el cual comprenderemos que es posible (con)vivir con esta pérdida y continuar en una realidad diferente a la que perdemos, sean las personas con las que hemos compartido equipo y objetivos, o sea un familiar que ya no estará.

Es famosa la propuesta y teoría de Elisabeth Kübler-Ross, sobre las 5 etapas de los duelos por personas queridas.

NEGACIÓN: Consiste en el rechazo consciente o inconsciente de los hechos, o la realidad de la situación. Este mecanismo de defensa busca amortiguar el shock que produce la nueva realidad para dejar entrar en los individuos, sólo el dolor que estamos preparados para soportar.

Los estados emocionales de esta etapa protegen a nuestro cuerpo y mente con un determinado tiempo para adaptarse a esta nueva realidad sin la persona fallecida. Permite amortiguar el choque y aplazar el dolor.

Pero si dejamos que la tristeza y rabia que se producen, perduren mucho tiempo, puede llegar a ser perjudicial al no aceptar lo que ha ocurrido.

En los equipos de trabajo, esta fase de negación suele dar paso a un estado de apatía, y a reacciones “como si no pasara nada”.

Desde nuestro rol de coach, podemos ayudar mediante algunas preguntas que ayuden a reponer el clima emocional; ¿De todo este proceso con qué os quedáis?, ¿Qué rescatamos que nos sirve? ¿Qué necesitamos que no hemos tenido? ¿Qué hay que dejar?.

IRA: Si bien la ira estará presente con distinta intensidad durante todo el proceso de duelo, es en esta etapa donde la ira toma el protagonismo dirigiéndose hacia al ser querido fallecido, a nosotros mismos, a amigos, familiares, objetos inanimados e inclusive a personas extrañas. Incluso puede aparecer con alta intensidad, la culpabilidad.

En los equipos, en esta fase suele aparecer el boicot. El ataque a compañeros, el aislamiento del equipo, la frustración y el resentimiento.

¿Por qué yo? ¡Esto no es justo! ¿Cómo puede sucederme esto a mí?

Esta comprensión del “por qué” de las cosas, puede ayudarte a encontrar una cierta paz. Por tanto, hay que dejar que las personas inmersas en esta fase, expresen libremente su ira, sin juzgarlas.  Deberemos entender que esta ira, no sólo es temporal sino que, principalmente, es necesaria.

Debajo de esta ira se encuentra el dolor producido por esta pérdida. Si somos capaces de identificarla y expresarla sin temores, podremos comprender que ella forma parte del proceso de curación.

En esta fase de ira, pueden aparecer expresiones de labilidad emocional. Una vivencia que se da cuando aparecen estados emocionales que cambian bruscamente. Aunque cierto grado está presenten en todas las personas, puede ser síntoma de un problema mayor.

NEGOCIACIÓN: Es el momento de la búsqueda, evitar lo no deseado, distraer la atención hacia otros problemas. Surge un deseo de que aquello que se ha perdido vuelva, que el ser querido fallecido, regrese. Es un tiempo de profunda tristeza al constatar que la pérdida es irreversible.

Esta fase sirve de defensa para protegerse de la dolorosa realidad, pero como no ofrece una solución sostenible en el tiempo, puede conducir al remordimiento y a la culpa, interfiriendo y retrasando la curación.

Por otra parte, se desea volver a la vida que se tenía antes. Se concentran las energías y gran parte del tiempo en lo que se podría haber hecho diferente para evitar esta muerte. Nos quedamos en el pasado.

Como coach, podemos ayudar haciendo ver lo que es posible y lo que no lo es, evitar falsas expectativas, y con una pregunta para la reflexión; ¿Qué te aporta seguir intentándolo?

Son etapas por las que no necesariamente pasan todas las personas.

DEPRESIÓN. TRISTEZA: Se siente tristeza, miedo e incertidumbre ante lo que vendrá. Sentimos que nos preocupamos mucho por cosas que no tienen demasiada importancia, mientras que levantarse cada día de la cama se siente como una tarea realmente complicada. Estos sentimientos muestran que se ha comenzado a aceptar la situación.

Surge la impaciencia ante tanto sufrimiento, sintiendo un agotamiento físico y mental.

Es por eso que en el ámbito de los equipos, ante la inestabilidad que produce un final, se aprecia bajo rendimiento en las personas, por ejemplo, se refleja en una ausencia en las reuniones.

Como coach de equipos, ayudaremos a que se permita la expresión emocional, y que se dé valor a la presencia de los que están.

ACEPTACIÓN: Este es el momento en que el equipo se involucra activamente en la transición y se inicia la búsqueda de nuevos proyectos y aparece la pregunta: ¿Qué hacemos ahora?

En el contexto de la pérdida de un ser querido es cuando comenzamos a hacer las paces con la pérdida, nos permitimos la oportunidad de vivir a pesar de la dolorosa ausencia del esa persona.

Esta es una fase en la que se concreta la necesidad de un buen autoconocimiento, porque es un proceso que nos permite reflexionar sobre el sentido de la vida, así como lo que queremos de la vida a partir de ahora. La frase que resume la esencia de esta etapa es “Todo va a estar bien”.

Es tiempo de aceptar la realidad de que nuestro ser querido se ha ido físicamente, por lo que debemos comprender que esta nueva realidad que vivimos sin esa persona, será nuestra realidad permanente de ahora en adelante. La introspección permitirá realizar una evaluación de la vida y analizar cuál es el crecimiento obtenido durante este proceso.

Tanto en estos casos, como en la vida de los equipo, sirve de gran ayuda contar algo positivo del proceso, algo con lo que me quedo, se trata de honrar el camino recorrido y experiencias positivas vividas.

Agradecer las cosas que ha ofrecido, esa persona, esa experiencia, esa relación, ese compartir en equipo, aunque no sean las que se esperaba recibir. Este uno de los secretos que ayudan a resistir las dificultadas, y también las despedidas.

Pero, ¿cómo son mis propias despedidas, mis cierres y mis duelos?

Lo cierto es que me ha tocado vivir muchos cierres, muchas despedidas, finales y duelos, bien de carácter personal, familiar, de amistad y por supuesto laborales y con equipos de trabajo.

En esto me ha ayudado mi afición a la fotografía, dicen que un buen fotógrafo debe llegar el primero a los sitios y marchar el último, de esa forma puede captar detalles que se producen durante de todo el tiempo que dure el evento que se quiere fotografiar. Algo así también se recomienda ante una presentación que vaya a hacerse.

Esta reflexión me trae a la memoria el libro Offshore, en él Petros Márkaris, a través de la voz de su detective Kostas Jaristos, dice que algunas veces cuando vas a abandonar un sitio que has llegado a amar, das una última vuelta por allí antes de marcharte para siempre, el pretexto es asegurarte de no olvidar nada pero, en realidad, lo que ocurre es que resulta difícil renunciar a ese lugar.

Algo así, me ocurre a mí, pero también es algo que hago porque en realidad, no quiero perderme nada, quiero vivir todo lo que suceda hasta el final, e incluso quedarme el último, experimentarlo para tener pleno conocimiento de qué ocurre y de cómo me comporto yo ante ese proceso. Al final, esta forma de afrontar los finales me ha aportado el tomarlos con naturalidad.

En el caso de pérdida de seres queridos, mi mente viaja a momentos felices y divertidos vividos con esa persona, momentos en los que le he admirado y me he sentido querido por él o ella.

Y siempre, siempre, cuando me separo o despido de alguien, en la medida de lo posible, me gusta dar abrazos de despedida. Me ayuda a dar el paso de la separación.

Ha llegado el momento, ahora toca despedirse de esta serie de escrituras, el proceso de formación y certificación en Coaching de Equipos ha finalizado y todos y todas quienes hemos formado parte de él, ya nos hemos despedido. A algunas de las personas, les seguiré viendo, a otras menos y a otras, es posible que no vuelva a verlas. Aceptado queda.

¿Cómo son tus cierres, tus despedidas y tus duelos? Si nos lo quieres contar, te esperamos en la sección de comentarios.

Muchas gracias por vuestro interés y lectura. Un abrazo.

 

Entre emociones, tertulias y física cuántica.

Iker, amigo y compañero de tertulia emocional, es una de las personas más inquietas y curiosas que conozco. No sólo porque es de los pocos que no caen en la rutina de seguir siempre la misma senda para ir al trabajo. También, porque su curiosidad nos empuja constantemente fuera de nuestra zona de confort lectora. La última vez el motivo fue la elección de un nuevo libro y su original propuesta.

“¿Por qué no leemos algo de física cuántica?”

Incredulidad. Inquietud. Además de sueños y tertulias, compartimos tantas ganas de aprender que nos impiden huir de retos como éste. Así que acabamos en nuestra librería de cabecera, buscando consejo, sin el título del libro por leer, y con algunas dudas… Afortunadamente, nos encontramos con dos interlocutores amantes de la lectura dispuestos a compartir la búsqueda. Y también quiso la casualidad que el apartado “física cuántica” compartiera planta con “psicología”, “autoayuda”, “economía” y “sociología”.

  • “Buscamos algo que conecte emociones y física cuántica” les dijimos a nuestros libreros.
  • Imposible ” nos contestaron cargados de razón.

No somos gente que se amilane así que -después de intercambiar algunos argumentos- por fin llegamos al ansiado libro cuyo título no recordábamos. Resultó ser “Cómo explicar física cuántica con un gato zombi: la ciencia más loca explicada de forma sencilla” (Varios autores. Alfaguara 2016). Interesante, curioso.

Sé que los fenómenos cuánticos no se aplican a seres macroscópicos como nosotros. Lo he aprendido con este libro. Pero también creo en el poder inspirador de las analogías, de las similitudes para generar nuevas ideas y espacios a explorar.

Así que me quedo con algunas ideas que creo tienen ese poder de “sugerir” otras tantas nuevas.

  • Todo lo que vemos en el mundo es una combinación de protones, neutrones y electrones. Ya lo decía Severo Ochoa, el amor es pura física y química… También todo lo demás.
  • La luz es onda y partícula a la vez. Posee la propiedad de aparecer como dos cosas a la vez (dualidad). ¿Le encuentras equivalencias en el universo emocional? ¿Poseen las emociones esta propiedad?
  • Una onda es una vibración que se transmite en el espacio que transporta energía sin tener que transportar materia. ¿Funcionan las emociones como ondas provocando contagio emocional? Las ondas se distribuyen por todo el espacio. Rebotan, cuando se encuentran con un obstáculo reflexionan (cambian de dirección) y refraccionan. ¿Autos de choque en las autopistas de la emoción?
  • Las partículas pueden poseer a la vez varias propiedades que de entrada pueden parecer contradictorias (Superposición cuántica). En el mundo cuántico la superposición es real. ¿Y en nuestra vida emocional? ¿Puede ser vivenciada una emoción y su opuesta simultáneamente? ¿Es posible una y su contraria?
  • Cuando la partícula deja de estar en todos los estados de la superposición a la vez y se queda en uno solo, colapsa en uno de los estados posibles que tiene. El observador destruye la función de onda con solo mirar. ¡Mira por donde! También aquí el observador interfiere en lo observado …
  • Una acción no tiene una única consecuencia directa sino que puede llevar a varios efectos, cada uno de ellos con distinta probabilidad (Ondas de probabilidad) ¡Guau! ¿Sentenciadas las relaciones causa-efecto lineales?
  • No existe la medida perfecta ni el valor correcto y único. Lo máximo que podemos conseguir es un valor aproximado. No podemos saber con precisión absoluta la velocidad y posición de algo. Energía y tiempo. (Principio de incertidumbre). ¿Asumiremos que nuestro conocimiento siempre es parcial, provisional, no verificado, vamos, que ninguna teoría es absolutamente verdadera?

Aunque no se aplican a seres macroscópicos como nosotros, los fenómenos cuánticos pueden ser inspiradores. Hace unos días los degusté en nuestra tertulia. Veremos donde nos llevan.

El valor del tiempo

Cuánto cuesta a veces sentarse a escribir, a hilvanar palabras que tienes dentro, hacerlas salir desde el alma…
Llevo un mes dando vueltas con este post, sabiendo lo que quiero escribir pero a falta de hilo y agujas para armar el relato, con la intención de vencer a la procrastinación.
Curiosamente, irónicamente, el tema que me trae hasta aquí es una reflexión sobre el valor del tiempo… ¿Será que las palabras juegan a las escondidas? ¿Qué debemos cazarlas y luego montar el puzzle?

EL TIEMPO, cuán valioso, cuán efímero, muchas veces tan ignorado. Cuántas veces enfocamos nuestra vida a tener por tener, a acumular por acumular…  Pero, ¿qué pasaría si tuvieras todo lo que deseas en esta vida (amor, salud, dinero…) y no tuvieras tiempo para disfrutarlo, saborearlo? ¿Realmente valdría la pena?…

Cuando tus raíces se extienden más allá de los mares y el amor se expande, cuando tu vida necesita lentes bifocales, para ver aquí y también un poco más allá,  el tiempo adquiere un mayor valor.
Ya ha pasado casi un mes de haber vivido tres intensas semanas en compañía de personas a quienes amo y, que a cuentagotas puedo disfrutar en el mismo espacio porque, físicamente, diez mil kilómetros nos separan a diario.
Será por eso, que cada año que pasa valoro más el tiempo.
Porque mientras tú no estás el reloj sigue corriendo y te pierdes detalles que durante el día a día son casi imperceptibles.
De repente los juegos e intereses de tus sobrin@s ya no son los mismos que hace un año atrás, que la más pequeña ha pasado de apenas mantenerse sentada a caminar y escabullirse para subir escaleras…
Y aprendes a valorar los minutos compartidos.
Te das cuenta también, de lo importante que es atender y escuchar lo que tienen que contar tus mayores, saborear sus palabras, mimarlos, quererlos… porque no podemos congelar el tiempo.
Y te ríes, te emocionas, conversas, compartes, escuchas, disfrutas, valoras, VIVES cada minuto como si fuera el último…

Pero no importa hasta donde extiendas tus raíces, el valor que otorgues al tiempo puede incrementar tu bienestar y plenitud. Así que comparto contigo una serie de actividades que Sonja Liubomirsky (**) propone para “Saborear las alegrías de la vida”:

  • Saborea las experiencias comunes. Aprende a apreciar y obtener placer de las experiencias cotidianas, de tu rutina diaria.
  • Disfruta y rememora con familiares y amigos. El compartir recuerdos con otras personas (reminiscencia mutua) va acompañado de muchas emociones positivas.
  • Transpórtate a ti mismo. Viaja hacia un destino mental, trayendo a la memoria imágenes y recuerdos positivos.
  • Revive los días felices. Para prolongar y reforzar las emociones positivas y hacerte más feliz.
  • Festeja las buenas noticias. Transmitir buenas noticias y regocijarte en ellas te ayuda a disfrutar del presente y embeberte en él además de fomentar las conexiones con los demás.
  • Permanece abierto a la belleza y la excelencia. Tienes más probabilidades de descubrir alegría, sentido y conexiones profundas en tu vida.
  • Sé consciente. Despeja tu mente y conecta con el presente.
  • Disfruta de los sentidos. Presta mucha atención y disfruta con los placeres momentáneos con tus cinco sentidos.
  • Crea un álbum de recuerdos gratificantes.
  • Disfruta con tu cámara fotográfica.
  • Busca experiencias agridulces. Cuando somos plenamente conscientes de la fugacidad de las cosas es más probable que apreciemos y disfrutemos del tiempo que tenemos.
  • Incrementa la nostalgia. Las experiencias nostálgicas generan sentimientos positivos, refuerzan nuestra sensación de ser queridos y estar protegidos y aumenta nuestra autoestima.

Ayer, buscando aguja e hilo para hilvanar estas líneas me puse a ver algunas fotos de esos pequeños GRANDES momentos vividos durante esas semanas. La nostalgia toca a la puerta en esos momentos pero la gratitud me embarga porque esas pequeñas dosis de amor concentrado enriquecen el alma y dan sentido a la vida.
Porque al fin de cuentas, el tiempo se escurre en nuestras manos, como un reloj de arena al que no podemos dar vuelta. Podemos resignarnos y ser meros espectadores o vivir intensamente. Exprimir cada grano de arena hasta convertirlo en cristales de aumento que nos permitan ver los detalles y el valor de las experiencias vividas. Y por qué no, salar nuestra vida con aquellos granos que vienen acompañados del salitre de los momentos más duros, sabiendo que, como dice el cuento “El anillo del rey”, “esto también pasará”.

Y tú, ¿cómo valoras el tiempo?

(**) Lyubomirsky, S. (2008). La ciencia de la felicidad. Un método probado para conseguir el bienestar. Barcelona: Ediciones Urano S.A.