¡Señores: aquiescencia!
Fue como si los palos, los golpes, las patadas, lo puñetazos me los dieran a mí. Sentí como si los sufriera directamente en mis carnes y en mis huesos. Un duro y frío escalofrío me recorrió el cuerpo al mismo tiempo que un enorme desasosiego me invadía. Mis ojos negándose a seguir viendo aquella barbarie miraron para otro lado buscando algo agradable y hermoso.
Esto me ocurría viendo un reportaje televisivo, real, muy real, tan real como la vida misma. La brutal paliza que un grupo de personas estaba dando a un hombre, solo, indefenso. Paliza hasta la muerte en las calles de Chicago.
Pero bien pudiera tratarse de cualquier punto del planeta. La violencia, la agresión, la brutalidad, la más absoluta falta de respeto a la vida no tiene fronteras.
No tenemos más que ver los telediarios, leer la prensa diaria para constatar la permanente violencia humana. Guerras, asesinatos, terrorismo, matanzas y todo tipo de agresiones y violencia, incluida la de género que nos trae desgraciadas noticias a diario.
Hoy sin ir más lejos la prensa publica esta noticia: “El ejército baña en sangre Guinea Conakry”. Pero es una más de las muchas que acontecen diariamente en un continuo despliegue de cólera, ira, rabia, amenaza, miedo y vergüenza. Leer más…



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