Comunicación-incomunicación
Nuestra supervivencia físico-fisiológica depende totalmente de la ingesta de alimentos que nos aporten energía y nutrientes a la sangre. Además, dependemos del oxígeno para respirar y permitir que nuestro organismo funcione; lo mismo del agua … Y, ¿dependemos de algo más para sobrevivir en buenas condiciones? ¿Puede decirse quizá, que dependemos también de las personas que nos rodean, de mantener una relación con ellas?
Ya en la época griega recogemos la valoración de Aristóteles, quien nos definía como “zoos politikon“, es decir, animales sociales. Desde su punto de vista, nos diferenciábamos de los animales entre otras cosas, porque nos vamos haciendo, desarrollando, por medio de las relaciones con los demás. Ese grado de dependencia o de necesidad de contacto con los demás, va, desde cubrir nuestras necesidades de cuidado y atención más básicas, hasta desarrollar otros procesos emocionales más complejos como la autoestima, la socialización, la pertenencia … Y todo ello, no sólo en los primeros años, sino a lo largo de toda la vida.
Resulta paradójico ver cómo, en nuestras sociedades desarrolladas nuestros hábitos y ritmo de vida, van dejando al margen nuestras oportunidades o hábitos de comunicación espontánea y natural. Hoy por hoy, podemos mantener una conversación en tiempo real con el otro extremo del mundo; los medios de comunicación parecen no tener límite. Y sin embargo, la cantidad, y por supuesto calidad de nuestra comunicación, no van acorde a todas esas facilidades. El mundo de la comunicación sin límites, nos lleva a su vez a la incomunicación. Leer más…




Vuestra opinión