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Entradas Etiquetadas ‘dolor’

¿Odias a alguien? Seguro que no te lo mereces…

Jueves, 6 de Agosto de 2009 Jose Antonio Gonzalez 3 comentarios

La persona que en su corazón guarda odio esta incapacitada para ser feliz hasta que dentro de su corazón no se produzca el milagro del perdón“. Esta emoción debe cambiar, no solo pensando en la persona que te la ha producido, sino pensando egoístamente por ti mismo. Tienes derecho a ser feliz y no te mereces sentirte triste y asqueado a causa de alguien.

Te aconsejo que escribas una carta a la persona que te ha producido ese sentimiento y le expreses todo el dolor, el sentimiento  que te ha ocasionado.

Una vez que la escribas, imagínate que esa personas a recibido de verdad esa carta. Dite a ti mismo el odio que sentía lo he sacado fuera y se va a quedar en ese papel, nunca jamás va a volver a entrar dentro de mí“.

Quema la carta y observa como se consume, el odio se convierte en humo y observa como la llama viva de ese papel se va convirtiendo en perdón y en amor hacia ti mismo.

No olvides nunca que a partir de ese instante has perdonado, y gasta energía en ello, cultivando en tu vida emociones como ilusión, esperanza, alegría, humor… te las mereces, te pertenecen y te están esperando desde hace mucho tiempo. ¡DISFRUTALAS!

¿Crees que el sentimiento de odio puede afectar a tus emociones?

Ante el dolor y la muerte.

Lunes, 27 de Abril de 2009 Arantza Echaniz Barrondo 3 comentarios

Creo que en la vida no hay apenas certezas, salvo la de que igual que nacemos, un día moriremos, nuestro paso por la vida tiene fecha de caducidad. Y si esto es así ¿por qué tenemos una relación tan mala con el dolor y la muerte? Esta claro que nadie quiere sufrir (todos funcionamos con la máxima de “buscar el placer y evitar el dolor”) y que pensar en la muerte asusta porque no sabemos qué nos espera (aunque en esto quienes tienen fe llevan ventaja).

Acabo de vivir la agonía de mi tío Antonio, enfermo de cáncer que ha luchado contra distintos “brotes” durante más de treinta años. A pesar de una vida superando el dolor y la incertidumbre siempre le han acompañado un arrojo y fortaleza envidiables (y también bastante genio, para ser fiel a la verdad). Por eso, los últimos momentos en los que la enfermedad, literalmente, le ha consumido han sido muy duros. Costaba reconocerle en esa imagen distorsionada postrada en una cama de hospital. Durante todos estos años, tuvo el primer “brote” cuando llevaban pocos años de casados, le ha acompañado mi tía Montse (hermana de mi padre). Mi tía pertenece a la misma generación que mi madre, el de esas mujeres que no han trabajado mucho de forma remunerada, que nunca cobran una pensión, pero que han hecho del cuidado una profesión/vocación y un ejemplo. Había que verle en el hospital atendiendo a mi tío en todo momento y hasta el último suspiro. Sin reproches y con constantes gestos amables y de cariño. El personal sanitario le decía que no estaban acostumbrados a ver lo que ella hacía, que normalmente la gente quiere tener al enfermo o enferma fuera de casa. Si mi tía no se llevó a mi tío a casa fue porque los médicos se lo desaconsejaron debido al gran deterioro que tenía y para asegurarle un final sin dolor, que era lo que más temía. Leer más…

Las Emociones de la Muerte

Viernes, 6 de Marzo de 2009 Ígor Fernández 1 comentario

Si hay algo de lo que podemos tener certeza en esta vida es de que vamos a morir. Parece una frase lapidaria, que puede sonar dura y un puntito desagradable. No nos gusta especialmente conectar con esa característica inherente a nuestra condición de seres finitos. Y afortunadamente. Si tuviéramos que sentir a cada instante el paso irreversible del tiempo, la angustia no nos dejaría avanzar.

Sin embargo, lo que nuestra sociedad ha hecho con este hecho innegable, va más allá de la mera compasión. Hemos encerrado a la muerte en los hospitales, en la televisión. La hemos hecho prisionera de un sueño de omnipotencia, de hedonismo y eterna juventud. Vemos muertos virtuales de otros países, colores, ropajes, los vemos a través del cristal de los velatorios o los intuimos en las noticias de sucesos o las estadísticas de tráfico. Hemos sacado la muerte de la calle, de la vida del grupo. A pesar de que se trate de costumbres más o menos aceptadas, el luto ha desaparecido, los velatorios en casa han desaparecido, el féretro ya no recorre el pueblo y, por supuesto, los niños son apartados del “horror” de la muerte. La ilusión de haber vencido a la muerte es tal que hasta se escriben manuales de Resucitación Cardio-Pulmonar. ¿Realmente pensamos que escaparemos de ella si no la miramos a la cara?

No podemos negarle a nadie sus mecanismos de defensa, su forma de afrontar aquello que resulta apabullante, tan impactante que crea una indefensión insoportable, y por supuesto que la muerte de un ser querido es una de esas situaciones en las que necesitamos algo más que simplemente “superarlo”. Entonces negamos o buscamos culpables, y nos querellamos contra el hospital, o pedimos a gritos la cadena perpetua. Son maneras de no conectar con un profundo dolor, que claro que nos pertenecen legítimamente como personas. Sin embargo, cuando como grupo apartamos la mirada de la muerte de verdad, la que sucede alrededor, nos lo ponemos más difícil para seguir adelante.

¿Es el dolor es necesario para crecer?