Contra la exclusión, buena emoción.
Uno de los aspectos que más me interesan sobre la Inteligencia Emocional, de una Inteligencia Emocional Aplicada, es la que se relaciona con los aspectos sociales
Los individuos, las personas, no imputamos el bienestar del que gozamos – o del que no gozamos- a los grandes vaivenes de la sociedad en que vivimos. Sin embargo, el desarrollo de las inquietudes, vivencias y experiencias personales de cada individuo se produce en el ámbito de sus relaciones inmediatas con otros individuos, con otras personas; es decir, en un ámbito social directamente abierto a sus experiencias.
Por ejemplo, mientras la economía esté organizada de manera que haya crisis, el problema del desempleo no admite una solución personal.
El nuestro es un tiempo de “malestar emocional“ e indiferencia, que además, no se formulan explícitamente. No son expresadas de manera que permitan el uso de la razón en su relación con la sensibilidad, ni propia ni ajena. Sensibilidad que aflora de los valores comunes establecidos.
Para que exista una adhesión a estos valores comunes ha de haber motivación, que los individuos como agentes sociales que solo tengamos “sentimientos”-”emociones comunes” que de alguna manera, apoyen los diferentes valores. (C. Wright Mills, “La imaginación sociológica“) Leer más…


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