Quiero contar algo que le ha sucedido recientemente a un buen amigo mío. Me referiré a él como Ander. Yo lo definiría como un tipo amable y generoso, jovial y respetuoso; afable; cuyo corazón no alberga rencor ni venganza.
A Ander una madrugada le despertaron unos ruidos. Cuando se despejó del aturdimiento inicial pudo comprobar que provenían del piso de arriba, que los escuchaba justo sobre su cabeza. Los pudo definir como “arrastrar sillas” o “golpear muebles”. No eran ruidos continuos, sino que se reproducían a intervalos breves, de pocos minutos. Trató de volver a conciliar el sueño, la machacona y pertinaz cadencia se lo impidió. Finalmente, los ruidos cesaron y se durmió, aunque por poco tiempo, pues esta vez una melodía, la del despertador, le devolvió a la vigilia.
La vivienda de arriba estaba ocupada por estudiantes. Ander, con su talante comprensivo, recordó la época universitaria en la que él también había vivido en un piso compartido y alquilado, y que seguramente en más de una ocasión sus vecinos pudieron haberse sentido molestados. No le dio más vueltas, por lo demás, estos chicos no eran escandalosos ni montaban juergas.
A los pocos días se repitió la misma situación. Llegó al trabajo cansado, somnoliento y cabreado. Por la tarde subió a hablar con sus vecinos, por lo visto dos chicos en último curso de carrera. La conversación en todo momento tuvo un tono amable y distendido y los estudiantes pidieron disculpas por las molestias. Para Ander dormir volvió a ser sólo una rutina inconsciente. Leer más…
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La persona que en su corazón guarda “odio“ esta incapacitada para ser feliz hasta que dentro de su corazón no se produzca el milagro del “perdón“. Esta emoción debe cambiar, no solo pensando en la persona que te la ha producido, sino pensando egoístamente por ti mismo. Tienes derecho a ser feliz y no te mereces sentirte triste y asqueado a causa de alguien.
Te aconsejo que escribas una carta a la persona que te ha producido ese sentimiento y le expreses todo el dolor, el sentimiento que te ha ocasionado.
Una vez que la escribas, imagínate que esa personas a recibido de verdad esa carta. Dite a ti mismo “el odio que sentía lo he sacado fuera y se va a quedar en ese papel, nunca jamás va a volver a entrar dentro de mí“.
Quema la carta y observa como se consume, el odio se convierte en humo y observa como la llama viva de ese papel se va convirtiendo en perdón y en amor hacia ti mismo.
No olvides nunca que a partir de ese instante has perdonado, y gasta energía en ello, cultivando en tu vida emociones como ilusión, esperanza, alegría, humor… te las mereces, te pertenecen y te están esperando desde hace mucho tiempo. ¡DISFRUTALAS!
¿Crees que el sentimiento de odio puede afectar a tus emociones?
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En las relaciones interpersonales y sociales surgen conflictos que de no ser solucionados y cicatrizados suelen provocar heridas emocionales abiertas. Estas heridas sin cicatrizar a veces adoptan la forma de resentimiento, indignación crónica, odio… una emoción fuerte que nos atenaza y bloquea poniendo en serio riesgo nuestra salud y bienestar.
Las personas en ciertas circustancias, nos podemos sentir profundamente heridas o afectadas emocionalmente a causa de acontecimientos diversos, sobre todo los relacionados con la familia y el trabajo.
Por ejemplo, un despido laboral, una ruptura familiar, una discusión con un compañero de trabajo, un conflicto con tu pareja no resuelto de manera satisfactoria, una enfermedad grave, una crisis familiar financiera,… estas ocasiones extremas son vividas por las personas afectadas como una herida que aunque pase el tiempo no logra cicatrizar y por consiguiente no logra vencer ese estado emocional negativo en el que se encuentra envuelta. Leer más…
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