¿Existe la envidia sana?
En nuestra sociedad no estamos acostumbrados a hablar de las emociones. Esto hace, entre otras cosas, que tengamos un pobre diccionario emocional. Pero es más, ¿hacemos un buen uso de las palabras que conocemos?
El desconocimiento de palabras para designar las emociones hace que a veces la identificación de las mismas no sea la correcta. A veces incluso podemos llegar a tergiversar las palabras para cambiar su significado. Además, este mal uso se puede extender de forma que una amplia mayoría entienda lo mismo con la misma palabra, sin que esta sea la adecuada. Pero también puede crear malentendidos.
Es lo que sucede con la emoción de la envidia. Para algunos es una emoción desagradable, sin lugar a dudas. Para otros, puede ser desagradable o agradable, según la situación. Esta última sería lo que conocemos como “envidia sana”, muy al uso hoy en día. La describiríamos como el sentimiento de alegrarnos por lo que el otro tiene y que nosotros también deseamos. ¿Es esto realmente envidia? ¿O es otra emoción?
En su libro “Diccionario de los sentimientos“, J.A. Marina y M. López Pernas incluyen la palabra envidia, junto con los celos, dentro de las representaciones básicas en las que el bien de una persona provoca el malestar en otra. Así definen la envidia: “la percepción del bien de una persona provoca un sentimiento negativo de malestar, rabia o tristeza. Con frecuencia se considera a la otra persona culpable de ese malestar, humillación o desdicha“. Como antónimos de la envidia se presentan el amor, la congratulación y la generosidad. Leer más…



Vuestra opinión