Quiero contar algo que le ha sucedido recientemente a un buen amigo mío. Me referiré a él como Ander. Yo lo definiría como un tipo amable y generoso, jovial y respetuoso; afable; cuyo corazón no alberga rencor ni venganza.
A Ander una madrugada le despertaron unos ruidos. Cuando se despejó del aturdimiento inicial pudo comprobar que provenían del piso de arriba, que los escuchaba justo sobre su cabeza. Los pudo definir como “arrastrar sillas” o “golpear muebles”. No eran ruidos continuos, sino que se reproducían a intervalos breves, de pocos minutos. Trató de volver a conciliar el sueño, la machacona y pertinaz cadencia se lo impidió. Finalmente, los ruidos cesaron y se durmió, aunque por poco tiempo, pues esta vez una melodía, la del despertador, le devolvió a la vigilia.
La vivienda de arriba estaba ocupada por estudiantes. Ander, con su talante comprensivo, recordó la época universitaria en la que él también había vivido en un piso compartido y alquilado, y que seguramente en más de una ocasión sus vecinos pudieron haberse sentido molestados. No le dio más vueltas, por lo demás, estos chicos no eran escandalosos ni montaban juergas.
A los pocos días se repitió la misma situación. Llegó al trabajo cansado, somnoliento y cabreado. Por la tarde subió a hablar con sus vecinos, por lo visto dos chicos en último curso de carrera. La conversación en todo momento tuvo un tono amable y distendido y los estudiantes pidieron disculpas por las molestias. Para Ander dormir volvió a ser sólo una rutina inconsciente. Leer más…
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En nuestra sociedad no estamos acostumbrados a hablar de las emociones. Esto hace, entre otras cosas, que tengamos un pobre diccionario emocional. Pero es más, ¿hacemos un buen uso de las palabras que conocemos?
El desconocimiento de palabras para designar las emociones hace que a veces la identificación de las mismas no sea la correcta. A veces incluso podemos llegar a tergiversar las palabras para cambiar su significado. Además, este mal uso se puede extender de forma que una amplia mayoría entienda lo mismo con la misma palabra, sin que esta sea la adecuada. Pero también puede crear malentendidos.
Es lo que sucede con la emoción de la envidia. Para algunos es una emoción desagradable, sin lugar a dudas. Para otros, puede ser desagradable o agradable, según la situación. Esta última sería lo que conocemos como “envidia sana”, muy al uso hoy en día. La describiríamos como el sentimiento de alegrarnos por lo que el otro tiene y que nosotros también deseamos. ¿Es esto realmente envidia? ¿O es otra emoción?
En su libro “Diccionario de los sentimientos“, J.A. Marina y M. López Pernas incluyen la palabra envidia, junto con los celos, dentro de las representaciones básicas en las que el bien de una persona provoca el malestar en otra. Así definen la envidia: “la percepción del bien de una persona provoca un sentimiento negativo de malestar, rabia o tristeza. Con frecuencia se considera a la otra persona culpable de ese malestar, humillación o desdicha“. Como antónimos de la envidia se presentan el amor, la congratulación y la generosidad. Leer más…
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En las relaciones interpersonales y sociales surgen conflictos que de no ser solucionados y cicatrizados suelen provocar heridas emocionales abiertas. Estas heridas sin cicatrizar a veces adoptan la forma de resentimiento, indignación crónica, odio… una emoción fuerte que nos atenaza y bloquea poniendo en serio riesgo nuestra salud y bienestar.
Las personas en ciertas circustancias, nos podemos sentir profundamente heridas o afectadas emocionalmente a causa de acontecimientos diversos, sobre todo los relacionados con la familia y el trabajo.
Por ejemplo, un despido laboral, una ruptura familiar, una discusión con un compañero de trabajo, un conflicto con tu pareja no resuelto de manera satisfactoria, una enfermedad grave, una crisis familiar financiera,… estas ocasiones extremas son vividas por las personas afectadas como una herida que aunque pase el tiempo no logra cicatrizar y por consiguiente no logra vencer ese estado emocional negativo en el que se encuentra envuelta. Leer más…
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