
17 de julio de 2009, un día triste, muy triste. Desgraciadamente hemos conocido con gran estupor la triste y luctuosa noticia de la muerte de un niño de dos años y medio que su madre se había dejado olvidado en el coche durante su jornada laboral.
Inmediatamente los medios transmiten la decisión de la justicia de imputar a esta madre con un delito de presunción de homicidio por imprudencia. Creo que antes de estas medidas, alguien debería preguntarse por los porqués. ¿Cuáles son las causas que pueden llevar a una madre a olvidarse de su hijo? ¿Cuáles son los niveles de estrés a los que estaba sometida esta mujer en esos momentos?.
Un descuido, un olvido que ha roto muchas vidas. Ya ni el niño muerto, ni su padre y mucho menos su madre tienen futuro, y mucho menos un futuro feliz. Han muerto en vida.
Porque nadie puede cambiar ya lo sucedido, ha pasado ya para siempre, y se quedará para siempre en la memoria de esta madre rota. Y la vida sigue, la vida es el día siguiente, y el siguiente, y el siguiente, y a esta madre sólo le queda el vacío, el silencio. El dolor. Leer más…
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Categorías:Empresa, Familia, General Tags: El dolor, Empresa, Familia, muerte, preverso sistema, silencio, Sociedad, Tiempo, Vacío

Escribo esta líneas porque he sido testigo mudo de una situación que creo encierra una injusticia y no he hecho nada ante la misma. Situación: Un sábado por la tarde, 18.00 horas, en la cola del supermercado con mi hijo de 10 años. Delante de nosotros estaban una pareja de rumanos que llevaban un paquete gigante de pipas. Cuando han ido a pagar, 87 céntimos, lo han querido hacer con monedas de 1, 2 y 5 céntimos, sobre todo las dos primeras. La cajera se ha puesto muy dura y no les ha dejado pagar con esas monedas. Ha estado dos o tres minutos repitiéndoles frases como: “Sabéis que no se puede pagar con monedas tan pequeñas“, “Id al banco a que os las cambien“, “Os lo hemos dicho muchas veces“, “Ahora no hay cola, pero yo no puedo ponerme a contarlas“, etc. Además, lo hacía en un tono muy alto. Ellos muy educados y sin alzar la voz ni perder los nervios le decían: “Es dinero, ¿no?”. Al final la mujer ha sacado una moneda de un euro y ha pagado diciendo: “¿Esto sí es dinero y lo otro no? ¿No sabes contar?”, a lo que la cajera ha respondido: “Y tú no sabes ir al banco“. Cuando se han marchado me ha empezado a pedir disculpas, y a decir algunas cosas en alto como si quisiera que las demás cajeras y el resto de la clientela le oyeran. Yo no he dicho nada ni tampoco le he mirado porque, lejos de sentir simpatía hacia ella, lo que estaba era indignada.
Ya en casa hemos comentado la situación en familia. El hijo que había presenciado la situación decía: “Igual es una norma del supermercado…”. Mi marido comentaba que era perfectamente legal, que deben aceptar el dinero que les den aunque sean monedas pequeñas, y recordaba el caso de Ruiz Mateos cuando pagó una multa de forma similar. Al intentar buscar esa noticia me he encontrado con una parecida y más cercana en el tiempo (julio de 2008). Un ciudadano belga decidió pagar su factura de la luz con 215 kilos de monedas de un céntimo para protestar por la subida de los precios de la energía en los países europeos. Noticias como estas despiertan la solidaridad y la simpatía y aparecen en numerosos medios. Sin embargo, nadie hemos hecho ni dicho nada en el supermercado. Leer más…
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