Por fin los ecos de la fiesta del sacrificio del cordero parecen tocar a su fin, al menos hasta el año próximo. Durante varias semanas los marroquíes - y por extensión buena parte de los fieles musulmanes a lo largo y ancho del mundo - se convierten en auténticos expertos en el tema, que deviene motivo central de sus vidas durante todo este tiempo. Entre los motivos abordados hasta la saciedad en estas fechas tan señaladas, las mejores razas de cordero, sus precios, las precauciones sanitarias a tomar en este año en que la peste de pequeños rumiantes ha hecho estragos en Marruecos, el traslado de los animales hasta sus respectivos hogares para que todo esté a punto el día señalado del sacrificio, la logística inherente a este tipo de operaciones, la cita con el carnicero de turno que es de confianza y que ha sido recomendado por el amigo de un amigo del pueblo, “sacrifica a una cabra si eres diabético, que dicen que os va mejor para la salud”…

Un hombre carga a hombros con un cordero para el sacrificio del Aid el Kebir en Rabat, el pasado 5 de diciembre. AFP
En lo religioso, el Aid el Kebir (”fiesta grande”) - o Aid el Adha (”fiesta del sacrificio”) - simboliza la sumisión del profeta Ibrahim (el Abraham de la Biblia y la Torah) a la orden de Alá de sacrificar a su hijo Ismail (Ismael) con el objeto de poner a prueba su fe y lealtad. Según la historia, ambos, Ibrahim e Ismail, se someten sin reservas a la voluntad divina hasta que, cuando todo está a punto para el humano sacrificio, Dios detiene todo, reconociendo a ambos su buena predisposición y sumisión, enviándoles entonces un cordero del cielo como recompensa a su fe. “¿Hay algo más duro que degollar a un hijo? Aún así Ibrahim se sometió a las ordenes de Dios, poniendo de manifiesto su alto grado de adoración y de fe. A partir de esto podemos extraer la lección moral de que Dios nos pone a prueba continuamente y asegurándose que en él creemos y le obedecemos, él nos recompensa y arregla todos nuestros problemas”, explica Farid Choukir, profesor de Estudios Islámicos en la Universidad de Mohamedía.

Un ganadero muestra su producto a potenciales clientes el pasado 5 de diciembre en Rabat. AFP
Además de la profesión de fé que supone y de conmemorar el sacrificio de Ibrahim, el Aid el Kebir es una fecha para estar con la familia y, sobre todo, solidaria. Los musulmanes que tengan los medios de comprar un cordero tienen el deber de ayudar y compartir a los más desfavorecidos, debiendo darles a estos una tercera parte de la carne del animal o incluso más, siempre en función de las capacidades económicas de cada uno. Es posible también comprar el cordero con el fin de ofrecerlo a asociaciones de caridad que se encargan posteriormente de distribuirlo entre los pobres. En total, se estima que más de cinco millones de corderos se han sacrificado este año en Marruecos. Por último, la oración y el recogimiento también van de la mano de esta fiesta que coincide con el fin del Hajj (la peregrinación a La Meca), uno de los cinco pilares fundamentales del Islam junto con la profesión de fé, la oración, el ayuno del Ramadán y el zakat o limosna.

Un veterinario se prepara para vacunar a los corderos el 10 de septiembre en un granja de la region de Casablanca. AFP
Hasta aquí la teoría. En la práctica la fiesta del cordero conlleva pequeñas rivalidades y disputas entre amigos o vecinos por el tamaño del animal, existiendo siempre una suerte de competición por “ver quién lo tiene más grande” (el cordero, claro), lo cual choca con nuestro gusto “occidental” por el animal pequeño, mucho más sabroso dicho sea de paso desde mi punto de vista. Por otra parte, sólo existe la obligación de sacrificar un cordero de parte de aquellos que más medios tengan. Es decir, si uno no se encuentra suficientemente desahogado financieramente no tiene por qué comprar él mismo un animal. Dentro de esta lógica de rivalidades y quizás de un exceso de celo en la interpretación de la religión, son muchos los que en estas épocas se embarcan en créditos al consumo para, precisamente, comprar un cordero. A pesar de la contradicción con la interdicción coránica del préstamo con interés, estos, de entre 2.500 y 4.000 dirhams (250 y 400 euros, aproximadamente), los precios a los que este año oscilaba un animal de buen tamaño, a pagar durante 12 meses, son el producto estrella de estas fechas, anunciado hasta la saciedad en los paneles publicitarios que pueblan las principales ciudades de Marruecos.

El momento del sacrificio en el hogar de una familia de las afueras de Casablanca. Web
En cuanto a las denuncias de los defensores de los animales sobre la “crueldad” de los sacrificios, bueno, lo cierto es que estos se efectúan todos los días, no sólo con corderos sino con todo tipo de animales. La única diferencia es que en esta fiesta la matanza se realiza en la casa de cada uno, tanto en el campo como en la ciudad, lo que si podría plantear alguna que otra objección de tipo higiénico y sanitario. Aún así, sobre todo en los grandes mercados de corderos, el gobierno despliega inspectores y pone en marcha todo tipo de controles para velar por la buena salud de los animales y que no haya sorpresas inesperadas. Por otra parte, la veteranía de los que sacrifican, el haber visto ya casi de todo, unido al saber hacer de los carniceros que se suelen encargar de poner en práctica el ritual según la tradición y preceptos del Islam y de despiezar a los animales, parecen ser otra garantía…

Momento final del sacrificio cuando se lleva a cabo el despiece del animal una vez se ha degollado y se le ha quitado la piel. Web
Aún así, en comparación con las estrictas normas comunitarias en la materia, los controles marroquíes se antojan escasos, lo cual hace que en las fronteras de Melilla y Ceuta, donde viven decenas de miles de musulmanes, se extreme la vigilancia para evitar el contrabando de corderos. A pesar del celo de la Guardia civil de la guardia civil en los diferentes pasos fronterizos de las dos ciudades autónomas, pocos dudan que de los alrededor de 15.000 animales muertos durante la celebración del Aid el Kebir en estos emplazamientos muchos provendrían del vecino Marruecos, donde los precios son relativamente más bajos y el tamaño de los animales más grande que en España.
Así las cosas, desde mi particular visión, con retraso y, empero, no sin cierto alivio por el fin de la “fiebre corderil”, aid moubarak said (”féliz fiesta”) a todos los musulmanes.