Mohamed El Maghraoui, jeque salafista, wahabita ortodoxo y… pedófilo
No sin haberse tomado su tiempo, el Consejo Superior de Ulemas de Marruecos, la máxima autoridad religiosa del país bajo tutela de Mohamed VI, ha finalmente emitido un veredicto desfavorable a la fatua (edicto religioso) de un jeque que autorizaba el matrimonio con niñas de nueve años de edad. Mohamed Ben Abderrahmane Maghraoui, el nombre de este hombre que, en circunstancias “normales”, sería tachado – ¡como poco! – de incitador a la pedofilia, había incluso ido más allá, asegurando que “una niña de nueve años ofrece incluso más prestaciones (sexuales) que una mujer de veinte o más” (sic). El jeque marroquí, formado en Arabia Saudí y de orientación abiertamente salafista y wahabita, fundador de la asociación Addawa Ila Al Coraane wa Sounna (”llamada al Corán y a la sunna”, literalmente) respondía así a una pregunta formulada por un internauta a través de su página Web, maghrawi.net o darcoran.net, quien interpelaba al susodicho sobre si las chicas que todavía no tenían sus reglas podían contraer matrimonio.
Las airadas reacciones de numerosas oenegés, sobre todo de aquellas que en Marruecos defienden los derechos de los niños y que luchan contra los abusos sexuales a menores, de los internautas, así como de imanes y ulemas bastante más moderados, no se hicieron esperar. Las condenas arreciaron al encuentro de Maghraoui, al que tildaron de “pedófilo”, “reaccionario”, “retrógrado”, “agitador”, entre otros argumentos esgrimidos. Un abogado de Rabat, Mourad Bekkouri, fue un poco más allá, interpelando a la fiscalía para que actuase contra lo que consideraba “un atentado contra el código de la familia, los derechos de los niños e incitación a la violación”. Efectivamente, las leyes marroquíes establecen la edad mínima para el matrimonio en 18 años, aunque exista la posibilidad de que, a instancias de un juez, los cónyuges puedan ser incluso menores. Si bien el revuelo causado fue grande, gracias además a la gran repercusión que la información tuvo en los medios de comunicación marroquíes, escritos y radiofónicos fundamentalmente, ninguna acción en concreto fue llevada a cabo contra el jeque salafista.
Maghraoui, multiplicando sus declaraciones a través de la prensa y de su propia página Web, defendía su punto de vista, basándose en el Corán y en los hechos de la vida del Profeta. Aludía éste a las numerosas obras existentes que recogen la vida de Mahoma, donde ha quedado reflejado su matrimonio con Aïcha, una de sus varias mujeres, quien en el momento de su boda contaba solamente con nueve años. Lo que no ha explicado el jeque es cómo ha llegado a los detalles, es decir, ¿cómo ha podido colegir este hombre que una niñita ofrece “más prestaciones sexuales” que una mujer? Para Maghraoui, sin ningún atisbo de culpabilidad o remordimiento, afirma en declaraciones al semanario francófonoLe Reporter como “nuestra religión es así si buscamos sus principios en las fuentes originales. No podemos disimular las cosas que existen en nuestras principales fuentes religiosas, no podemos omitirlas o no verlas, sobre todo cuando se trata de hechos que conciernen a la propia vida de nuestro Profeta”.
Más de un mes después trascender el contenido de la fatua, un comunicado divulgado por le Consejo Superior de Ulemas corta, por fin, las alas a Maghraoui, calificando el edicto religioso como una simple “opinión” de alguien “conocido por sus tendencias a la subversión y a la amalgama”. Se recuerda, además, que sólo el Consejo está habilitado para emitir este tipo de edictos religiosos, que sólo él puede interpretar la religión y promulgar decretos de esta índole. Paralelamente a la difusión de este comunicado, el fiscal general anuncia en Rabat la apertura de una investigación con respecto a la fatua y a su autor para valorar si sus propósitos son susceptibles de la apertura de un procedimiento judicial a su encuentro. Esperando a ver los avances en la investigación fiscal, la decisión del Consejo Superior de Ulemas y de la fiscalía comienza a concretarse. Ya se ha procedido a cerrar las escuelas coránicas regentadas por Maghraoui y de su asociación, escuelas que, desde principios de 2003, acogen a jóvenes de entre 6 y 16 años. Además, su página Web es también inaccesible desde el viernes, 26 de septiembre.
En total, entre escuelas y centros, Maghraoui controlaba un total de 60 establecimientos a lo largo y ancho de Marruecos, fundamentalmente en la región de Marrakech, de donde es oriundo. Según anunciaron las autoridades del Reino Alauí, por lo que respecta a la financiación de esta densa red de centros regentada por Maghraoui desde su asociaciónAddawa Ila Al Coraane wa Sounna , red que vehiculaba este tipo de discurso sectario y de otra época, esta era debedora de ayudas saudíes y de aportaciones individuales de sus acólitos.
Tras las resoluciones, religiosa y judicial, vueltas en cierta medida las a su cauce, son muchas las cuestiones que quedan, sin embargo, en el aire. Entre ellas, ¿por qué han tardado tanto en desmentir el contenido del edicto y en parar los pies a su autor? ¿Por qué a pesar del control del campo religioso emprendida por Rabat tras los atentados de Casablanca este tipo de redes, cuyo discurso bien puede engendrar los terroristas del mañana, pasan desapercibidas? ¿Por qué cada vez que es el Islam el que está en juego la acción de los poderes públicos no es tan expeditiva como cuando se trata de encausar, por ejemplo, a un periodista o a un simple cibernauta?


