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Fulla, la muñeca que ha destronado a Barbie entre los niños musulmanes

Viernes, 27 de Marzo de 2009 David Alvarado 2 comentarios
Fula, que porta el hijab, encarna los valores islámicos contra un Occidente al que se califica de 'perverso'

Fulla, la muñeca que porta el hijab y encarna los valores islámicos

La supremacía de Barbie ha tocado a su fin, al menos en lo que respecta al mercado árabe. Hace ya algunos años que la cincuentenaria muñeca estilizada, rubia y de ojos azules del fabricante estadounidense Mattel, no goza de las simpatías de los niños musulmanes, lo cual ha derivado en un importante descenso de las ventas en estos países. “Al contrario de lo que ocurría antes, nos cuesta cada vez más agotar nuestro stock de Barbies, que ya sólo renovamos cada dos o tres años”, me confiesa el propietario de una tienda de juguetes aledaña a la medina de Rabat al que pregunto sobre esta cuestión. La principal culpable del declive de la top model norteamericana no es otra que Fulla (jazmín, en árabe), quien se ha convertido aquí en la reina absoluta de las jugueterías y en el objeto más codiciado entre las más pequeñas.

Creada en 2003, en un corto lapso de tiempo Fulla ya ha conseguido vender casi 3 millones de muñecas. Frente a un Occidente “perverso” representado por la bella y elegante Barbie, la joven muñeca encarna los valores islámicos, el respecto de las costumbres y moral propias, además de ser físicamente más parecida a las niñas de esta particular región del globo. Contrariamente a la rubia, que se presenta en minifaldas ajustadas o en traje de baño, Fulla no muestra ni su cuerpo ni sus cabellos, al portar el hijab (velo). “El principal objetivo era que nuestra muñeca se convirtiera en el icono de la mujer árabe y musulmana, un arquetipo en el que nuestras niñas se pudiera identificar fácilmente”, destaca Fawaz Abidin, su creador, quien trabaja para una sociedad siria con sede en Emiratos Árabes Unidos.

La muñeca islámica representa otra dimensión de la lucha contra un Occidente que, representado en esta ocasión por Barbie, es calificado de 'perverso'

Los juguetes y el 'choque de civilizaciones'

Esta estrategia de marketing basada en la dicotomía entre Oriente y Occidente se ha visto favorecida por las grandes cadenas de televisión por satélite árabes. A través de Al Jazeera, Rotana o MBC, junto con los spots publicitarios que se repiten hasta la saciedad, los programas infantiles han hecho de esta muñeca una suerte de heroína para las más pequeñas de la casa, que han aprendido, entre otras cosas, que “Fulla es morena como el suelo de mi país”. Su variedad de formatos y atractivo precio han hecho el resto. En Marruecos, por ejemplo, Fulla cuesta unos 90 dirhams (8 euros), mientras que para adquirir la Barbie más básica habría que pagar unos 5 euros más. Más disponible y al alcance de todos los bolsillos, Fulla es sin duda el juguete que más compran los marroquíes, sobre todo durante las fiestas musulmanas.

De corderos y hombres

Jueves, 11 de Diciembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

Por fin los ecos de la fiesta del sacrificio del cordero parecen tocar a su fin, al menos hasta el año próximo. Durante varias semanas los marroquíes – y por extensión buena parte de los fieles musulmanes a lo largo y ancho del mundo – se convierten en auténticos expertos en el tema, que deviene motivo central de sus vidas durante todo este tiempo. Entre los motivos abordados hasta la saciedad en estas fechas tan señaladas, las mejores razas de cordero, sus precios, las precauciones sanitarias a tomar en este año en que la peste de pequeños rumiantes ha hecho estragos en Marruecos, el traslado de los animales hasta sus respectivos hogares para que todo esté a punto el día señalado del sacrificio, la logística inherente a este tipo de operaciones, la cita con el carnicero de turno que es de confianza y que ha sido recomendado por el amigo de un amigo del pueblo, “sacrifica a una cabra si eres diabético, que dicen que os va mejor para la salud”…

Un hombre carga a hombros con un cordero para el sacrificio del Aid el Kebir en Rabat, el pasado 5 de diciembre. AFP

Un hombre carga a hombros con un cordero para el sacrificio del Aid el Kebir en Rabat, el pasado 5 de diciembre. AFP

En lo religioso, el Aid el Kebir (”fiesta grande”) – o Aid el Adha (”fiesta del sacrificio”) – simboliza la sumisión del profeta Ibrahim (el Abraham de la Biblia y la Torah) a la orden de Alá de sacrificar a su hijo Ismail (Ismael) con el objeto de poner a prueba su fe y lealtad. Según la historia, ambos, Ibrahim e Ismail, se someten sin reservas a la voluntad divina hasta que, cuando todo está a punto para el humano sacrificio, Dios detiene todo, reconociendo a ambos su buena predisposición y sumisión, enviándoles entonces un cordero del cielo como recompensa a su fe. “¿Hay algo más duro que degollar a un hijo? Aún así Ibrahim se sometió a las ordenes de Dios, poniendo de manifiesto su alto grado de adoración y de fe. A partir de esto podemos extraer la lección moral de que Dios nos pone a prueba continuamente y asegurándose que en él creemos y le obedecemos, él nos recompensa y arregla todos nuestros problemas”, explica Farid Choukir, profesor de Estudios Islámicos en la Universidad de Mohamedía.

Un ganadero muestra su producto a potenciales clientes el pasado 5 de diciembre en Rabat. AFP

Un ganadero muestra su producto a potenciales clientes el pasado 5 de diciembre en Rabat. AFP

Además de la profesión de fé que supone y de conmemorar el sacrificio de Ibrahim, el Aid el Kebir es una fecha para estar con la familia y, sobre todo, solidaria. Los musulmanes que tengan los medios de comprar un cordero tienen el deber de ayudar y compartir a los más desfavorecidos, debiendo darles a estos una tercera parte de la carne del animal o incluso más, siempre en función de las capacidades económicas de cada uno. Es posible también comprar el cordero con el fin de ofrecerlo a asociaciones de caridad que se encargan posteriormente de distribuirlo entre los pobres. En total, se estima que más de cinco millones de corderos se han sacrificado este año en Marruecos. Por último, la oración y el recogimiento también van de la mano de esta fiesta que coincide con el fin del Hajj (la peregrinación a La Meca), uno de los cinco pilares fundamentales del Islam junto con la profesión de fé, la oración, el ayuno del Ramadán y el zakat o limosna.

Un veterinario se prepara para vacunar a los corderos el 10 de septiembre en un granja de la region de Casablanca. AFP

Un veterinario se prepara para vacunar a los corderos el 10 de septiembre en un granja de la region de Casablanca. AFP

Hasta aquí la teoría. En la práctica la fiesta del cordero conlleva pequeñas rivalidades y disputas entre amigos o vecinos por el tamaño del animal, existiendo siempre una suerte de competición por “ver quién lo tiene más grande” (el cordero, claro), lo cual choca con nuestro gusto “occidental” por el animal pequeño, mucho más sabroso dicho sea de paso desde mi punto de vista. Por otra parte, sólo existe la obligación de sacrificar un cordero de parte de aquellos que más medios tengan. Es decir, si uno no se encuentra suficientemente desahogado financieramente no tiene por qué comprar él mismo un animal. Dentro de esta lógica de rivalidades y quizás de un exceso de celo en la interpretación de la religión, son muchos los que en estas épocas se embarcan en créditos al consumo para, precisamente, comprar un cordero. A pesar de la contradicción con la interdicción coránica del préstamo con interés, estos, de entre 2.500 y 4.000 dirhams (250 y 400 euros, aproximadamente), los precios a los que este año oscilaba un animal de buen tamaño, a pagar durante 12 meses, son el producto estrella de estas fechas, anunciado hasta la saciedad en los paneles publicitarios que pueblan las principales ciudades de Marruecos.

El momento del sacrificio en el hogar de una familia de las afueras de Casablanca. Web

El momento del sacrificio en el hogar de una familia de las afueras de Casablanca. Web

En cuanto a las denuncias de los defensores de los animales sobre la “crueldad” de los sacrificios, bueno, lo cierto es que estos se efectúan todos los días, no sólo con corderos sino con todo tipo de animales. La única diferencia es que en esta fiesta la matanza se realiza en la casa de cada uno, tanto en el campo como en la ciudad, lo que si podría plantear alguna que otra objección de tipo higiénico y sanitario. Aún así, sobre todo en los grandes mercados de corderos, el gobierno despliega inspectores y pone en marcha todo tipo de controles para velar por la buena salud de los animales y que no haya sorpresas inesperadas. Por otra parte, la veteranía de los que sacrifican, el haber visto ya casi de todo, unido al saber hacer de los carniceros que se suelen encargar de poner en práctica el ritual según la tradición y preceptos del Islam y de despiezar a los animales, parecen ser otra garantía…

Momento del despiece del animal una vez se ha degollado y se le ha quitado la piel. Web

Momento final del sacrificio cuando se lleva a cabo el despiece del animal una vez se ha degollado y se le ha quitado la piel. Web

Aún así, en comparación con las estrictas normas comunitarias en la materia, los controles marroquíes se antojan escasos, lo cual hace que en las fronteras de Melilla y Ceuta, donde viven decenas de miles de musulmanes, se extreme la vigilancia para evitar el contrabando de corderos. A pesar del celo de la Guardia civil de la guardia civil en los diferentes pasos fronterizos de las dos ciudades autónomas, pocos dudan que de los alrededor de 15.000 animales muertos durante la celebración del Aid el Kebir en estos emplazamientos muchos provendrían del vecino Marruecos, donde los precios son relativamente más bajos y el tamaño de los animales más grande que en España.

Así las cosas, desde mi particular visión, con retraso y, empero, no sin cierto alivio por el fin de la “fiebre corderil”, aid moubarak said (”féliz fiesta”) a todos los musulmanes.

Fatwas, (in)justicia en Marruecos y nuevos ídolos

Martes, 2 de Diciembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

La publicación por Salman Rushdie, en septiembre de 1988, de Los versos satánicos, provocó la inmediata airada reacción del mundo musulmán por suponer este libro, pretendidamente, una afrenta contra la figura del profeta Mahoma. En consonancia con esta percepción, durante los meses sucesivos, países como India, Pakistán, Arabia Saudí, Egipto, Somalia, Sudán, Indonesia o Qatar prohibieron la venta de la novela dentro de sus respectivos territorios nacionales. El colofón a esta ola de represalias lo puso, el 14 de febrero de 1989, una fatwa (edicto religioso en Islam) emitida por el líder y guía supremo de la revolución iraní, el Ayatolá Khomeini en persona. En esta, tras acusar a Rushdie de “blasfemo” y “apóstata”, se condenaba al escritor, así como a aquellos que hubieran participado de forma consciente en la edición del libro, a la pena capital. Teherán fue más allá y ofreció una recompensa de tres millones de dólares por la muerte del novelista británico de origen indio, quien pasó varios lustros viviendo escondido bajo protección de los servicios de seguridad del gobierno inglés.

Allah superstar, cuarta novela del escritor argelino afincado en París que escribe bajo el pseudónimo de Y.B.

En 2003, Y.B., escritor oriundo de Argel instalado en París, publicaba su cuarta obra, Allah superstar (Grasset), en la que, en tono satírico y no sin grandes dosis de ironía, aludía implícitamente a la experiencia de Rushdie. En esta “novela extrema contra los extremismos”, en palabras de la crítica gala, y “post-post-colonial”, según su propio autor, el protagonista, un joven de origen magrebí crecido en la localidad de Évry, no encuentra otra solución para medrar en la vida que ser una estrella. Para esto, a la luz de varias experiencias verídicas, entre ellas la del propio Salman Rushdie, Kamel Hassani, nuestro héroe, llega a la conclusión de que la única vía para alcanzar rápidamente la notoriedad es que se dicte una fatwa contra él. En una sucesión de críticas contra el islamismo, los saudís, el terrorismo, la falsa integración de los inmigrantes y sus descendientes en Francia, el negocio del espectáculo o la comida rápida, a partir de ahí, bajo el nombre de Kamel Léon, nuestro protagonista comienza una ascensión fulgurante ante el asombro de familia y amigos. Sin verdaderas aptitudes, el origen de su éxito no es otro que, empero, una fatwa islámica.

“Una fatwa, eso es lo que necesito para estar a la moda. Es más rápida que Star Academy, dura más tiempo, viajas por el mundo entero, das conferencias, acudes a palacios, subes a escena con U2, tomas té con el papa, una cerveza o dos con Chirac, un vodka helado con Putin, un cigarro húmedo con Clinton, una gran raya con Bush Junior, una máscara de gas con Saddam Hussein, cada vez que dices una tontería todo el mundo entero te escucha porque el pobre tiene una fatwa en el culo, mientras el mundo entero está tan en la mierda como tú porque pronto será el fin del mundo para todo el mundo” (traducción propia desde el francés de un extracto de Allah superstar)

Sin menospreciar, ni mucho menos, los méritos literarios de Salman Rushdie, pocos pueden negar que su impacto mediático se ha visto magnificado por la persecución de la que fue víctima tras el veredicto del Ayatolá Khomeini. Salvando las distancias, algo similar ocurre en Marruecos con las sentencias de los jueces, sobre todo las que se dirigen hacia los profesionales de la información o incluso de los que podríamos calificar de pseudoperiodistas. Este fue el caso de Alí Lmrabet. Una sentencia judicial que le condenó a la cárcel por un “delito de prensa”, sus huelgas de hambre en prisión y la repercusión internacional que esto tuvo, hicieron de él un mito, una suerte de “ejemplo” para los periodistas del mundo, un adalid de la libertad de expresión. Sin ánimo de cuestionar tampoco al señor Lmrabet, sus méritos periodísticos pasaron a un segundo plano una vez los jueces del Reino Alauí dictaminaron su prisión.

Tras muchas presiones y la ola de solidaridad que se generó a través de todo el mundo reclamando su liberación, una vez en la calle, Lmrabet empieza a recibir premios a diestro y siniestro, comienza a colaborar con medios de comunicación punteros en todo el mundo, le llueven los contratos para publicar libros, conferencias, encuentros… ¿Quién sabe que Lmrabet fue diplomático y trabajó para el Estado de Marruecos en su momento? ¿Quién recuerda aquello que llevó a este periodista a dar con sus huesos en prisión? ¿Les suena a algunos el Démain, semanario satírico dirigido en su momento por Lmrabet y origen buena parte de sus problemas con la justicia? ¿Sus artículos en Le Journal en la época en que esta publicación, bajo los auspicios de Aboubakr Jamai, rompía moldes en Marruecos? ¿Su entrevista histórica en un país “árabe” con el mandatario israelí Benjamin Netanyahu? ¿O el reportaje sobre la inmigración clandestina para el cual él mismo Lmrabet no dudó en embarcarse en una patera rumbo a las costas españolas? No, ¿verdad? Al igual que en el caso de la fatwa de Khomeini, Lmrabet vió su carrera relanzada mundialmente “gracias” a su rol de opositor y al sinsentido de una justicia que se empecina en enviar a prisión a los que contravienen hasta el extremo los intereses del régimen en liza.

El caso de Salman Rushdie es el de un buen escritor y el de Alí Lmrabet el de un periodista que ha hecho muestra de su arrojo. Hay casos en los que el elemento de agravio, la (in)justicia marroquí a modo de fatwa, incluso puede llegar a crear estrellas de la nada, a imagen del protagonista de la novela de Y.B. Sólo por citar el más reciente, cabe el caso de Mohamed Erraji, a quien le ha sido otorgado en Madrid hace apenas unos días el premio del Club Internacional de Prensa al bloguero de mayor impacto de 2008. Erraji, trabajador en un hammam (baño público), al igual que miles de personas de todo el planeta – al igual que yo mismo, aquí -, aprovechaba sus ratos libres para escribir sus impresiones en su Blog, El Mundo de Erraji, que con el tiempo se convertiría en una suerte de portal de informaciones en lengua árabe, Hespress.

El joven Mohamed Erraji, condenado en primera instancia a dos años de prisión por "atentas a lo sagrado"

En uno de sus post, bajo el título “el rey anima al pueblo a ser perezoso”, este joven de Agadir (sur), criticaba el sistema de privilegios vigente en Marruecos y, sobre todo, su distribución discrecional en función de la proximidad con la figura de Mohamed VI. El texto fue considerado como “atentatorio” e “irreverente” contra el monarca, siendo condenado en primera instancia a dos años de prisión por “atentar contra lo sagrado”, en alusión a la dimensión religiosa del soberano Alauí. Constatadas irregularidades de forma, habiendo Erraji demandado excusas hasta el extremo, señalando que en ningún momento había querido ofender a Mohamed VI y habiéndose desatado un movimiento por su liberación en el país magrebí, la justicia finalmente puso fin al encierro del bloguero, quien pasó varias semanas en la prisión de Inezghane.

“Lo cierto es que nunca pensé que ese artículo pudiera ocasionarme tantos problemas. Yo no suelo escribir sobre temas políticos. Sí era consciente de que la monarquía es una de las llamadas líneas rojas (los temas que se consideran intocables: la religión, la monarquía y la integridad territorial) pero nunca vi una transgresión de ellas en mi artículo” (Público, 26/11/2008)

Al igual que ocurrió con Alí Lmrabet, Erraji, alguien que en ningún momento ha demostrado aptitudes periodísticas ni la valentía suficiente para defender sus postulados – al menos en Marruecos porque en España parece que se ha soltado -, considerando el artículo de la discordia como un “accidente de ruta”, se ha erigido en una suerte de ídolo. En el Estado español, especialmente proclive a acoger con los brazos abiertos a aquellos que, lo merezcan o no, “molesten” al Majzén (nombre que recibe el régimen tradicional marroquí), parecen haberle echo ya un hueco. Este es el enésimo ejemplo de un artículo que hubiera pasado totalmente desapercibido, sin apenas repercusión, de no haber ocurrido nada. Sin embargo, a través de una actuación de oficio de la justicia marroquí, el inocente post de un Blog ha sido el detonante de que Rabat vuelva a quedar en evidencia ante el mundo y de que una nueva estrella haya nacido. ¿Es consciente Marruecos de la capacidad que tiene para crear héroes fuera de sus fronteras? ¿Acaso los poderes de este país todavía no se han percatado de la notoriedad que adquieren todos aquellos que, en uno u otro momento, han padecido la (in)justicia de sus instituciones? Que tomen nota.

Mohamed El Maghraoui, jeque salafista, wahabita ortodoxo y… pedófilo

Viernes, 26 de Septiembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

No sin haberse tomado su tiempo, el Consejo Superior de Ulemas de Marruecos, la máxima autoridad religiosa del país bajo tutela de Mohamed VI, ha finalmente emitido un veredicto desfavorable a la fatua (edicto religioso) de un jeque que autorizaba el matrimonio con niñas de nueve años de edad. Mohamed Ben Abderrahmane Maghraoui, el nombre de este hombre que, en circunstancias “normales”, sería tachado – ¡como poco! – de incitador a la pedofilia, había incluso ido más allá, asegurando que “una niña de nueve años ofrece incluso más prestaciones (sexuales) que una mujer de veinte o más” (sic). El jeque marroquí, formado en Arabia Saudí y de orientación abiertamente salafista y wahabita, fundador de la asociación Addawa Ila Al Coraane wa Sounna (”llamada al Corán y a la sunna”, literalmente) respondía así a una pregunta formulada por un internauta a través de su página Web, maghrawi.net o darcoran.net, quien interpelaba al susodicho sobre si las chicas que todavía no tenían sus reglas podían contraer matrimonio.

Las airadas reacciones de numerosas oenegés, sobre todo de aquellas que en Marruecos defienden los derechos de los niños y que luchan contra los abusos sexuales a menores, de los internautas, así como de imanes y ulemas bastante más moderados, no se hicieron esperar. Las condenas arreciaron al encuentro de Maghraoui, al que tildaron de “pedófilo”, “reaccionario”, “retrógrado”, “agitador”, entre otros argumentos esgrimidos. Un abogado de Rabat, Mourad Bekkouri, fue un poco más allá, interpelando a la fiscalía para que actuase contra lo que consideraba “un atentado contra el código de la familia, los derechos de los niños e incitación a la violación”. Efectivamente, las leyes marroquíes establecen la edad mínima para el matrimonio en 18 años, aunque exista la posibilidad de que, a instancias de un juez, los cónyuges puedan ser incluso menores. Si bien el revuelo causado fue grande, gracias además a la gran repercusión que la información tuvo en los medios de comunicación marroquíes, escritos y radiofónicos fundamentalmente, ninguna acción en concreto fue llevada a cabo contra el jeque salafista.

Maghraoui, multiplicando sus declaraciones a través de la prensa y de su propia página Web, defendía su punto de vista, basándose en el Corán y en los hechos de la vida del Profeta. Aludía éste a las numerosas obras existentes que recogen la vida de Mahoma, donde ha quedado reflejado su matrimonio con Aïcha, una de sus varias mujeres, quien en el momento de su boda contaba solamente con nueve años. Lo que no ha explicado el jeque es cómo ha llegado a los detalles, es decir, ¿cómo ha podido colegir este hombre que una niñita ofrece “más prestaciones sexuales” que una mujer? Para Maghraoui, sin ningún atisbo de culpabilidad o remordimiento, afirma en declaraciones al semanario francófonoLe Reporter como “nuestra religión es así si buscamos sus principios en las fuentes originales. No podemos disimular las cosas que existen en nuestras principales fuentes religiosas, no podemos omitirlas o no verlas, sobre todo cuando se trata de hechos que conciernen a la propia vida de nuestro Profeta”.

Más de un mes después trascender el contenido de la fatua, un comunicado divulgado por le Consejo Superior de Ulemas corta, por fin, las alas a Maghraoui, calificando el edicto religioso como una simple “opinión” de alguien “conocido por sus tendencias a la subversión y a la amalgama”. Se recuerda, además, que sólo el Consejo está habilitado para emitir este tipo de edictos religiosos, que sólo él puede interpretar la religión y promulgar decretos de esta índole. Paralelamente a la difusión de este comunicado, el fiscal general anuncia en Rabat la apertura de una investigación con respecto a la fatua y a su autor para valorar si sus propósitos son susceptibles de la apertura de un procedimiento judicial a su encuentro. Esperando a ver los avances en la investigación fiscal, la decisión del Consejo Superior de Ulemas y de la fiscalía comienza a concretarse. Ya se ha procedido a cerrar las escuelas coránicas regentadas por Maghraoui y de su asociación, escuelas que, desde principios de 2003, acogen a jóvenes de entre 6 y 16 años. Además, su página Web es también inaccesible desde el viernes, 26 de septiembre.

En total, entre escuelas y centros, Maghraoui controlaba un total de 60 establecimientos a lo largo y ancho de Marruecos, fundamentalmente en la región de Marrakech, de donde es oriundo. Según anunciaron las autoridades del Reino Alauí, por lo que respecta a la financiación de esta densa red de centros regentada por Maghraoui desde su asociaciónAddawa Ila Al Coraane wa Sounna , red que vehiculaba este tipo de discurso sectario y de otra época, esta era debedora de ayudas saudíes y de aportaciones individuales de sus acólitos.

Tras las resoluciones, religiosa y judicial, vueltas en cierta medida las a su cauce, son muchas las cuestiones que quedan, sin embargo, en el aire. Entre ellas, ¿por qué han tardado tanto en desmentir el contenido del edicto y en parar los pies a su autor? ¿Por qué a pesar del control del campo religioso emprendida por Rabat tras los atentados de Casablanca este tipo de redes, cuyo discurso bien puede engendrar los terroristas del mañana, pasan desapercibidas? ¿Por qué cada vez que es el Islam el que está en juego la acción de los poderes públicos no es tan expeditiva como cuando se trata de encausar, por ejemplo, a un periodista o a un simple cibernauta?

Del parabolismo en el mundo árabe a “La mezquita de la pradera”

Lunes, 9 de Junio de 2008 David Alvarado Sin comentarios

Una de las cosas que suelen destacar aquellos que visitan Marruecos es la pléyade de antenas parabólicas que proliferan – a modo de champiñones – en los tejados a lo largo y ancho de la geografía marroquí. No exclusivo ni mucho menos del Reino Alauí, este hecho sería una suerte de común denominador en los “países en vías de desarrollo”, valiéndonos de la nomenclatura al uso hace ya algunos lustros. El precitado fenómeno cobra una especial amplitud en el denominado “mundo árabe y musulmán”, desde Kabul hasta Nouakchott pasando por Teherán o la franja de Gaza, sin excepción.

Las causas de tal sobreabundancia de parabólicas son muchas y variadas. Durante los últimos años, al hilo del surgimiento del fenómeno Al Jazeera y de las evoluciones de Ousama Ben Laden, muchas de las teorías que tratan de justificar un tal exceso de parabólicas aluden a la necesidad de la “opinión pública árabe” de informarse a través de fuentes libres e independientes que escapen al control informativo ejercido por sus respectivos estados. Sin descalificar ni mucho menos este argumento, no hay que desdeñar la influencia que ejercen otro tipo de factores como, por ejemplo, la pésima calidad y pobres contenidos de los canales de televisión autóctonos, así como el influjo y la seducción de lo foráneo en estas partes del mundo.

Vista de los tejados plagados de antenas parabólicas en un barrio de Casablanca

Vista de los tejados plagados de antenas parabólicas en un barrio de Casablanca

Más allá de esa presunta adicción de “los árabes” por los canales de información en la lengua del Profeta, sondeos más concienzudos demuestran que la gente se vuelca mayormente hacia contenidos menos elevados y mucho más mundanos. Los programas estrella con el presentador carismático de turno, los últimos estrenos cinematográficos o los clásicos de toda la vida, las series de moda y los canales musicales, tanto orientales como occidentales, se llevan la palma. El fútbol, principalmente La Liga, el Calcio y la Premier Leage, cuentan por centenas de miles sus adeptos “árabes” y “musulmanes”.

Capítulo aparte merece el gran interés que muestran “los árabes” por los contenidos televisivos pornográficos, habida cuenta que en estos países las leyes, inspiradas todas ellas de la charia (ley islámica), son muy restrictivas en la materia. Conservadores en la esfera pública, estudios de diversa índole han demostrado que de puertas para adentro la realidad del “árabe” es otra. Algunos no dudan en aludir a “la esquizofrenia de las sociedades árabes”, atrapadas entre sus rígidas convenciones y el deseo de la gente de vivir sus pasiones con normalidad. Conscientes de estas pasiones y de las potencialidades del negocio del sexo, los empresarios tratan de explotar este filón, buscando nuevas maneras de burlar a la censura y la tele por satélite se ha convertido en un medio privilegiado. Un reciente informe afirma que sobre un total de 320 canales de televisión con sede en Europa cuyos propietarios son hombres de negocios “árabes”, 270 proponen programas pornográficos destinados precisamente a sus propios conciudadanos.

Por todos estos males a los que acabo de aludir, que los sufro al igual que el resto de mis convecinos marroquíes, así como para ver la ETB y la tele de mi país cuando me entra la morriña, además de a causa de mi profesión, que me obliga a seguir puntual y regularmente unos cuantos canales internacionales, en mi domicilio no falta una antena parabólica. Lo último de lo último, buena, bonita y muy barata por cierto. Con motor, orientable hacia más de una decena de satélites cómodamente desde mi sillón a través de un mando a distancia, hasta tres decodificadores diferentes me permiten dar varias vueltas al mundo en pocos minutos. Una vez a la semana, eso sí, viaje obligado a la joutia, algo así como la sección de electrónica de la medina de Rabat, donde previo pago de 20 dirhams (menos de dos euros), un maestro de la piratería televisiva, de esos que tanto abundan en Marruecos, reprograma y actualiza los códigos de mi decodificador para que, junto con los canales en abierto, también pueda acceder a cualquier televisión de pago del globo.

En medio de tal exuberancia televisiva, inexperto al principio, yo que estaba acostumbrado a los pocos canales que sintonizaba allende el estrecho, solía perder muchas horas ante mi televisor en interminables ejercicios de zapping sin rumbo ni sentido, enganchándome a todo tipo de programas sin una finalidad muy clara. Poco a poco, los miles de canales se fueron reduciendo a aquellos que con más regularidad ofrecían contenidos realmente de mi interés, lo cual seguía implicando una pérdida considerable de tiempo y esfuerzo. Con la veteranía y la experiencia es cuando uno se percata de lo inútil de estas incursiones en lo desconocido armado de varios mandos a distancia. A partir de aquí resolví poner varias guías de televisión en mí vida y desde entonces limito estas labores de búsqueda a un rato los domingos, el día en que estas suelen estar disponibles en los kioscos o incluso en el ciberespacio, en el que selecciono aquellos programas, documentales y filmes que veré durante la semana.

Fue así como un día descubrí, rebuscando en una de estas guías, en CBC, canal público canadiense en lengua inglesa, Little Mosque on the Prairie, una serie cuyo principal objetivo es el de romper, a través del humor, muchos de los estereotipos y prejuicios al encuentro de los musulmanes. En antena desde enero de 2007 e inspirada en La casa de la pradera, los mahometanos no son únicamente abordados desde un ángulo conflictivo, como suele ser habitual. Por otra parte, rompiendo con lo “religiosamente correcto” en Islam, se abordan cuestiones peliagudas como el extremismo islámico o el sexismo. La difusión de la primera temporada atrajo la atención de más de dos millones de telespectadores , sucediéndose un éxito similar durante la segunda campaña. De Canadá a Estados Unidos y de ahí a Francia, país donde la comunidad musulmana es muy importante y donde Canal Plus comenzó a emitir la primera entrega el pasado mes de agosto, registrando picos de audiencia considerables.

Imagen promocional del elenco de actores de la serie

Imagen promocional del elenco de actores de la serie "La mezquita de la pradera"

Mientras se ruedan los capítulos de la tercera temporada, los franceses pueden disfrutar desde el pasado mes de mayo de la segunda entrega de las peripecias de Rayyam, Yasir, Amaar, Layla, Baber y Fátima junto a sus vecinos Sarah, Fred, el reverendo Magee, Mayor Popowicz… Uno de los personajes más divertidos es el de Yasir, al que da vida el londinense Carlo Rota, casado con Sarah, quien se ha convertido al Islam por el amor que le profesa a su marido. Ella es el puente entre Oriente y Occidente. La pareja tiene una hija de 25 años, que es más devota a la religión que su madre, aunque mucho menos tradicional que su padre. Entretanto, la vida cotidiana del pueblo sigue con un reverendo que aprovecha la mínima para levantar sospechas contra sus vecinos musulmanes. Uno de los episodios se escriben alrededor del enfado de Sarah con su marido cuando descubre que su madre quiere prepararle un segundo matrimonio y él es incapaz de pararle los pies.

La serie creada por Zarqa Nawaz, británica de confesión musulmana y “muy practicante”, como ella misma se define, transcurre en la pequeña localidad de Mercy, donde conviven los vecinos “cristianos” con una comunidad mahometana recientemente instalada, concretamente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. A pesar de los diferendos y de las crispaciones entre ambos colectivos, las dos comunidades llegan a admitir que tienen numerosos puntos en común y que padecen similares dificultades. En medio de problemas familiares y conflictos generacionales, la primera temporada de Little Mosque on the Prairie se centra en los esfuerzos de los musulmanes para fundar una mezquita es esta villa rural de mayoría protestante, donde las relaciones están impregnadas de una gran desconfianza y no pocos prejuicios al encuentro de los recién llegados. En el curso de la segunda temporada, la pequeña comunidad musulmana se embarca en un proyecto de construcción de un cementerio cuyas tumbas deben orientarse hacia la Meca, debiendo afrontar un problema de talla, a saber, que un edificio de muy diferente índole se sitúa justo enfrente de los terrenos del camposanto… Contra las ofuscaciones, mucho humor, pese a quien pese.