“¿Acaso le parecemos peligrosos terroristas para que se nos impida ir a España?”, me inquiere indignado Mohamed Bensghir mientras señala hacia su esposa, Samira Naim, en un conocido café del boulevard Moulay Youssef de Casablanca. Esta joven pareja de recién casados, de 34 y 31 años respectivamente, ambos ingenieros de formación y con puestos de gran responsabilidad en empresas punteras a nivel internacional, no terminan de dar crédito al motivo argüido por las autoridades españolas para justificar el rechazo de la demanda de visado que efectuaron para pasar su luna de miel en Barcelona. La razón, concretada en una “notificación de denegación ” – escrita en español, por cierto – con fecha del 8 de julio de 2008, no es el no disponer de recursos para viajar o el no garantizarse la vuelta a su país de origen, sino que se les supone, ni más ni menos, “un peligro para el orden público, la seguridad nacional o las relaciones internacionales de una de las Partes Contratantes”.

El matrimonio Bensghir ante la consulado español de Casablanca
Tras haber fijado previamente una cita por teléfono, el 3 de julio pasado el matrimonio se presentó ante el Consulado de España de Casablanca para presentar formalmente su demanda de visado y aportar los documentos requeridos. Tras varias horas de cola, “bajo un sol de justicia, con apenas unos pocos metros de sombra para los cientos de personas que allí estábamos sobre la acera”, destaca Samira, por fin, no sin problemas a causa de sus teléfonos móviles, consiguen pasar los controles y llegar hasta un mostrador donde les atiende un funcionario. Dentro del recinto consular pero sin abandonar completamente la vía pública, se dan cuenta que han olvidado los extractos bancarios en el coche, estacionado a unos 50 metros de donde ellos mismos se encuentran en ese momento. El funcionario, de turno, comprensivo él, coge su dossier y deja que Mohamed vaya al vehículo a por los documentos, no sin antes avisar al ordenanza de la puerta para que le permita pasar a su vuelta.
“Cuando volví a los dos minutos el mismo ordenanza me dijo bruscamente que debía hacer nuevamente toda la cola. Le expliqué que era yo, el mismito de hacía un momento, que seguí instrucciones del funcionario que todavía tenía nuestro expediente en la mano y que mi mujer me esperaba dentro. Todo en vano”, asegura Mohamed. La cosa fue subiendo de todo hasta que el ordenanza, Mustapha, conocido de todos los sufridores del consulado por su larga barba “islamista” y sus malos modos, impelió al ingeniero a recoger su dossier y pedir cita para otro día, bajo amenaza pública – ¡el poder de los ordenanzas! – de denegársele la concesión de visado durante cinco años. A pesar de la coacción, Mohamed y Samira consiguieron depositar, no sin esfuerzo, su demanda. ¿Por qué continuaron con la tramitación del visado a pesar de la intimidación de la que fueron objeto? “La verdad, creíamos que era el cónsul general de España en Casablanca el encargado de otorgar o denegar los visados, no un ordenanza”, apunta, no sin razón, Mohamed.
La versión que aporta el ministerio de Asuntos Exteriores español a un humilde servidor difiere sobremanera de la del joven matrimonio y por varios testigos que ese día se encontraban frente a la puerta del Consulado. Según Madrid, Mohamed Bensghir se encaró con un policía nacional y de ahí que se haya tomado nota de este comportamiento para justificar el posterior rechazo a la demanda de visado de la pareja. Extrañamente, volviendo a los testigos presenciales, ni la policía española ni la marroquí, encargada de la seguridad fuera del recinto consular, intervino en ningún momento porque no se registró ningún altercado ni enfrentamiento. Por otra parte, fuentes policiales de la embajada de España en Rabat destacan que su jurisdicción se agota en el interior del propio recinto diplomático, nunca en el exterior del mismo, donde Madrid asegura que ocurrieron tan “lamentables hechos”.

Otra foto del joven matrimonio ante las vallas del consulado, con la catedral del Sagrado Corazón al fondo
“Aunque es una pena no poder ir a Barcelona de viaje de novios, ya no queremos el visado español, de hecho ya hemos cambiado nuestros planes e iremos a Shanghái de luna de miel”, dice Mohamed. “Lo peor – continúa éste – es la humillación, la prepotencia y el desdén con el que se nos ha tratado. ¿Son estas las maneras que se gasta un estado que se dice democrático con honrados ciudadanos del país que les acoge?”. Es por esto que la acción de esta pareja no se detiene ahí y sus abogados ya han dirigido un escrito al consulado en el que se anuncian medidas judiciales ante los tribunales de Marruecos de no mediar una disculpa oficial por todo lo acaecido. Para Mohamed, “si llegamos a ir a juicio pediremos además 1 dírham simbólico (unos 10 céntimos de euros) como indemnización, para demostrarle a todos estos señores que, aunque marroquíes, no es dinero lo que nos falta, que simplemente reclamamos un trato digno y justo”.
Lo de esta pareja no es un caso aislado. Ellos son, sin embargo, de los pocos que han dado la cara para protestar contra el “trato vejatorio” de parte de “los españoles”. “Los que menos tienen no quieren problemas porque temen que se les vete el acceso a España de por vida, mientras que los que mejor situados están tampoco quieren dar su nombre porque hoy las relaciones con el estado español son buenas y tienen consigna de no interferir en esta buena marcha aparente”, declara Mohamed,. “Sólo nosotros, la incipiente clase media educada marroquí, estamos cualificados para enarbolar este tipo de reivindicaciones”. Lejos de quedarse aquí, este matrimonio ya ha conseguido reunir a varias decenas de descontentos el pasado 1 de agosto, en una sentada de protesta ante el Consulado de España para la región de la Gran Casablanca.
Una mañana en medio de los demandantes de visado ante cualquiera de los ocho consulados que España tiene en Marruecos basta para recoger unas cuantas experiencias similares. Lo habitual es que después de hacer la cola, después de haber ido ya en varias ocasiones, las solicitudes se vean rechazadas por una “foto defectuosa”, por una “firma poco clara” o por presentar “documentos insuficientes”, a pesar de aportar exactamente todos aquellos que se demandan. “Esto, en el mejor de los casos. A veces los demandantes ni siquiera consiguen traspasar la puerta si el vigilante de turno los considera no aptos a simple vista”, concluye Amina, militante en una asociación feminista que acude frecuentemente a España para participar en congresos y seminarios. Por citar otro elemento de agravio, hasta hace poco en Casablanca sólo se podía pedir cita llamando al Consulado desde un teléfono Méditel, la compañía marroquí filial de la española Telefónica y no desde ningún otro teleoperador.
“La arbitrariedad de los funcionarios es la tónica, estamos sometidos a sus cambios de humor o al juicio personal que ellos puedan ejercer sobre nosotros”, destaca sin ningún género de dudas Abdelkarim, alto ejecutivo de una multinacional establecida en Casablanca. Y es que no sólo los más desfavorecidos acuden a los consulados españoles en busca de un visado. “Tenía que efectuar un viaje de negocios a Valencia y presenté una solicitud por la vía habitual, sin buscar un trato de favor, una solicitud que me fue rechazada. Ese mismo día, como el viaje era ineludible, llamé a un alto responsable del Consulado dándome a conocer. A los pocos minutos tenía mi visado en regla. Sin embargo, cuando llegué al aeropuerto de Manises me tuve que dar la vuelta porque la policía no comprendía como en el mismo pasaporte podía tener el rechazo y la aceptación de mi visado”, relata un anónimo responsable marroquí de una gran empresa española establecida en Marruecos.
Para María Sinaceur, miembro del buró directivo de la Organización Marroquí de Derechos del Hombre, es una cuestión básica de dignidad humana. “Sólo pedimos que se nos trate como a personas, no somos criminales ni terroristas y mucho menos animales. Vamos a los consulados a pedir un visado porque es un trámite que se nos exige para ir a algunos países”, declara. Según Sinaceur, el problema no es sólo con España, ya que si acudimos a cualquier otro consulado, ya sea este el de Francia, Bélgica, Italia, Canadá o Holanda, por citar sólo algunos ejemplos, el trato será exactamente el mismo. A la luz de las experiencias, cuando a un funcionario se le otorga un poco de poder sobre un grupo de personas y nadie vela porque el trato sea correcto, este tipo de abusos suelen tener lugar. Ante el volumen de denuncias, según Sinaceur “no descartamos futuras movilizaciones para exigir que nuestros ciudadanos sean tratados con justicia y respecto por esos regímenes suyos que se autoproclaman democracias avanzadas”.
En un país como Marruecos, donde algo más del 50% de la población es todavía analfabeta, la falta de capacidad para leer de muchos marroquíes es una variable que tampoco se tiene en cuenta. “Una vez una señora que hacía la cola en el Consulado de España en Tetuán me pidió que la ayudase a rellenar los impresos porque no sabía escribir. Cuando llegó al mostrador frente al funcionario, éste descartó inmediatamente su solicitud al considerar que no la había realizado ella misma”, nos cuenta Abdelwalid, propietario de una boutique. “Creíamos que con la llegada al poder de Zapatero todo iba a cambiar pero nos hemos dado cuenta que aquí todo es lo mismo gobierne quien gobierne”, apostilla éste.
Junto con el analfabetismo, la cuestión lingüística es también muy criticada. Las respuestas a las solicitudes suelen hacerse en español, a pesar de que el árabe es la lengua oficial, siendo el francés cooficial de facto. “Me dieron la notificación de la denegación de mi visado en español. Me quedé parada ante el mostrador y pedí a alguien que me tradujese el motivo de un tal decisión. Antes de que nadie pudiese responderme ya vino alguien a echarme porque dijo que allí molestaba y que había más gente esperando para entrar”, expone Yamila, quien había pedido un visado para algo tan peligroso como participar en un curso de verano sobre antropología cultural de la Universidad Menéndez Pelayo, en Santander.