Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Islam’

“Dios, patria y Barça”

Viernes, 12 de Diciembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

El último ídolo mediático creado por la justicia de Marruecos, el joven Yassine Belassal, condenado en primera instancia a un año y medio de prisión “únicamente por su amor hacia el FC Barcelona”, según declaró su padre, fue finalmente puesto en libertad. La Corte de Apelación de Marrakech ratificó su sentencia inculpatoria pero redujo su condena a un año, por lo cual el culé no deberá volver a la prisión donde pasó más de mes y medio antes de ser decratada su libertad provisional en espera de éste último veredicto. Su delito no fue otro que el “atentar contra los valores sagrados de la nación marroquí” tras haber cambiado el nombre de Mohamed VI por el de su club de fútbol favorito. En este sentido la ley del Reino Alauí es clara, los tribunales aplicaron el código penal al pie de la letra y Yassine fue justamente condenado aunque, afortunadamente, en última instancia no deberá pagar su “error” con la cárcel.

Yassine Belassal con su padre tras ser puesto en libertad

Yassine Belassal con su padre tras ser puesto en libertad

Una primera versión filtrada a los medios de comunicación apuntaba a que el delito de este joven oriundo de Aït Ourir, en el centro del país, fue haber escrito en la pizarra de su clase de secundaria “Dios, patria y Barça”. Yassine “mancillaba” de este modo la sacrosanta divisa de la nación marroquí, a saber, “Allah, Al Watan, Al Malik” (Dios, patria y rey). El informe policial, sin embargo, apunta a que este culé habría escrito en un muro del instituto “Dios maldiga a tu padre”, en alusión Hasan II, el progenitor del actual monarca. Ninguna foto, ninguna prueba existe para corroborar alguna de estas tesis. “Quizás nunca sepamos lo que realmente ha ocurrido, sólo mi hijo lo sabe”, volvía a testimoniar su padre a la salida del juicio de apelación en Marrakech.

En Marruecos la ley es clara a este respecto y pocos han negado la existencia de delito. “Afortunadamente nuestra justicia se mantiene vigilante ante acciones que ponen en peligro el orden público porque escribir el nombre de un equipo de fútbol en vez del de nuestro Jefe de Estado no es un hecho anodino”, destaca el periodista Karim Douichi en una de sus crónicas. Lo que sí han denunciado los movimientos de defensa de los derechos del hombre de este país es lo “desproporcionado de la condena”, pidiendo su “inmediata revocación”. Así las cosas, la estrategia de la defensa, encabezada por Mohamed El Ghaloussi, giró en torno a supuestas irregularidades durante la instrucción sumarial. Además, El Ghaloussi apeló a la “juventud” de su defendido, tachando de “simple chiquillada sin trascendencia” lo acontecido. El abogado no dejó de señalar tampoco los efectos negativos que para la imagen del país podrían derivarse de condenar a un joven bachiller por un delito de esta naturaleza.

Las acusaciones de “atentas contra los valores sagrados” se apoyan en los artículos 163 a 180 del Código Penal, fundamentalmente en el artículo 179 que estipula como “está castigado con penas de prisión de entre 1 y 5 años y multas de entre 200 y 1000 dírhams (20 y 100 euros, más o menos) toda ofensa cometida hacia la persona del rey o el heredero del trono”, así como contra los “miembros de la familia real”. Estas disposiciones se basan en el artículo 23 de la actual Constitución que reza que “la persona del rey es sagrada e inviolable”. No hay que olvidar que en Marruecos, a diferencia del “caso español”, el monarca es, a imagen y semejanza del sultán, jefe político y cabeza de la comunidad de fieles musulmanes malekítas, mayoritarios en este país, además de descendiente directo del Profeta. “La racionalización en un lenguaje jurídico del estatuto de Comendador de los Creyentes de los soberanos marroquíes han hecho de la monarquía una institución sagrada”, explica el politólogo Mohamed Tozy.
El nonagenario Ahmed Nasser en la cárcel con sus hijos, en diciembre de 2007

El nonagenario Ahmed Nasser en la cárcel con sus hijos, en diciembre de 2007

El nonagenario Ahmed Nasser en la cárcel con sus hijos, en diciembre de 2007

“Las acusaciones por atentar contra lo sagrado conocen una cierta recrudescencia desde el primero de mayo de 2007″, apuntan desde la Asociación Marroquí de Derechos del Hombre (AMDH). En aquel momento 7 personas fueron condenadas en diferentes localidades, principalmente en Ksar El Kebir (norte) y Agadir (sur), por “proferir eslóganes ofensivos al encuentro de la monarquía” durante las manifestaciones de la fiesta del trabajo. “No todo trasciende a la opinión pública y la mayor parte de los casos pasan desapercibidos, ya que son más frecuentes en pequeñas localidades aisladas”, apunta Khadija Ryadi, presidenta de la AMDH. Por citar sólo un ejemplo, sólo durante el pasado ejercicio, la sección local de su organización en Youssoufia (centro) contabilizó casi una decena de casos similares.

El pasado 13 de febrero el nonagenario Ahmed Nasser moría en su célula de la prisión civil de Settat, al sur de Casablanca. Unos meses antes, el 4 de septiembre de 2007, un altercado con un policía en un control de carretera se salda con la doble acusación de “atenta contra los valores sagrados e insulto a un funcionario en el ejercicio de sus funciones”. El resultado de este incidente, una condena a 3 años de prisión. Unos días antes, el 5 de febrero, un joven ingeniero, Fouad Mourtada, era arrestado antes de ser condenado a 3 años de cárcel por haber creado un perfil del hermano del rey, Moulay Rachid, en la red social de Internet Facebook. A finales de agosto un blogger, Mohamed Erraji, era también condenado tras publicar un artículo en el que arremetía contra “el sistema monárquico de privilegios”. Estos últimos, con más suerte que Nasser, fueron finalmente liberados, Mourtada gracias a una gracia real y Erraji tras la sentencia en apelación.

De corderos y hombres

Jueves, 11 de Diciembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

Por fin los ecos de la fiesta del sacrificio del cordero parecen tocar a su fin, al menos hasta el año próximo. Durante varias semanas los marroquíes – y por extensión buena parte de los fieles musulmanes a lo largo y ancho del mundo – se convierten en auténticos expertos en el tema, que deviene motivo central de sus vidas durante todo este tiempo. Entre los motivos abordados hasta la saciedad en estas fechas tan señaladas, las mejores razas de cordero, sus precios, las precauciones sanitarias a tomar en este año en que la peste de pequeños rumiantes ha hecho estragos en Marruecos, el traslado de los animales hasta sus respectivos hogares para que todo esté a punto el día señalado del sacrificio, la logística inherente a este tipo de operaciones, la cita con el carnicero de turno que es de confianza y que ha sido recomendado por el amigo de un amigo del pueblo, “sacrifica a una cabra si eres diabético, que dicen que os va mejor para la salud”…

Un hombre carga a hombros con un cordero para el sacrificio del Aid el Kebir en Rabat, el pasado 5 de diciembre. AFP

Un hombre carga a hombros con un cordero para el sacrificio del Aid el Kebir en Rabat, el pasado 5 de diciembre. AFP

En lo religioso, el Aid el Kebir (”fiesta grande”) – o Aid el Adha (”fiesta del sacrificio”) – simboliza la sumisión del profeta Ibrahim (el Abraham de la Biblia y la Torah) a la orden de Alá de sacrificar a su hijo Ismail (Ismael) con el objeto de poner a prueba su fe y lealtad. Según la historia, ambos, Ibrahim e Ismail, se someten sin reservas a la voluntad divina hasta que, cuando todo está a punto para el humano sacrificio, Dios detiene todo, reconociendo a ambos su buena predisposición y sumisión, enviándoles entonces un cordero del cielo como recompensa a su fe. “¿Hay algo más duro que degollar a un hijo? Aún así Ibrahim se sometió a las ordenes de Dios, poniendo de manifiesto su alto grado de adoración y de fe. A partir de esto podemos extraer la lección moral de que Dios nos pone a prueba continuamente y asegurándose que en él creemos y le obedecemos, él nos recompensa y arregla todos nuestros problemas”, explica Farid Choukir, profesor de Estudios Islámicos en la Universidad de Mohamedía.

Un ganadero muestra su producto a potenciales clientes el pasado 5 de diciembre en Rabat. AFP

Un ganadero muestra su producto a potenciales clientes el pasado 5 de diciembre en Rabat. AFP

Además de la profesión de fé que supone y de conmemorar el sacrificio de Ibrahim, el Aid el Kebir es una fecha para estar con la familia y, sobre todo, solidaria. Los musulmanes que tengan los medios de comprar un cordero tienen el deber de ayudar y compartir a los más desfavorecidos, debiendo darles a estos una tercera parte de la carne del animal o incluso más, siempre en función de las capacidades económicas de cada uno. Es posible también comprar el cordero con el fin de ofrecerlo a asociaciones de caridad que se encargan posteriormente de distribuirlo entre los pobres. En total, se estima que más de cinco millones de corderos se han sacrificado este año en Marruecos. Por último, la oración y el recogimiento también van de la mano de esta fiesta que coincide con el fin del Hajj (la peregrinación a La Meca), uno de los cinco pilares fundamentales del Islam junto con la profesión de fé, la oración, el ayuno del Ramadán y el zakat o limosna.

Un veterinario se prepara para vacunar a los corderos el 10 de septiembre en un granja de la region de Casablanca. AFP

Un veterinario se prepara para vacunar a los corderos el 10 de septiembre en un granja de la region de Casablanca. AFP

Hasta aquí la teoría. En la práctica la fiesta del cordero conlleva pequeñas rivalidades y disputas entre amigos o vecinos por el tamaño del animal, existiendo siempre una suerte de competición por “ver quién lo tiene más grande” (el cordero, claro), lo cual choca con nuestro gusto “occidental” por el animal pequeño, mucho más sabroso dicho sea de paso desde mi punto de vista. Por otra parte, sólo existe la obligación de sacrificar un cordero de parte de aquellos que más medios tengan. Es decir, si uno no se encuentra suficientemente desahogado financieramente no tiene por qué comprar él mismo un animal. Dentro de esta lógica de rivalidades y quizás de un exceso de celo en la interpretación de la religión, son muchos los que en estas épocas se embarcan en créditos al consumo para, precisamente, comprar un cordero. A pesar de la contradicción con la interdicción coránica del préstamo con interés, estos, de entre 2.500 y 4.000 dirhams (250 y 400 euros, aproximadamente), los precios a los que este año oscilaba un animal de buen tamaño, a pagar durante 12 meses, son el producto estrella de estas fechas, anunciado hasta la saciedad en los paneles publicitarios que pueblan las principales ciudades de Marruecos.

El momento del sacrificio en el hogar de una familia de las afueras de Casablanca. Web

El momento del sacrificio en el hogar de una familia de las afueras de Casablanca. Web

En cuanto a las denuncias de los defensores de los animales sobre la “crueldad” de los sacrificios, bueno, lo cierto es que estos se efectúan todos los días, no sólo con corderos sino con todo tipo de animales. La única diferencia es que en esta fiesta la matanza se realiza en la casa de cada uno, tanto en el campo como en la ciudad, lo que si podría plantear alguna que otra objección de tipo higiénico y sanitario. Aún así, sobre todo en los grandes mercados de corderos, el gobierno despliega inspectores y pone en marcha todo tipo de controles para velar por la buena salud de los animales y que no haya sorpresas inesperadas. Por otra parte, la veteranía de los que sacrifican, el haber visto ya casi de todo, unido al saber hacer de los carniceros que se suelen encargar de poner en práctica el ritual según la tradición y preceptos del Islam y de despiezar a los animales, parecen ser otra garantía…

Momento del despiece del animal una vez se ha degollado y se le ha quitado la piel. Web

Momento final del sacrificio cuando se lleva a cabo el despiece del animal una vez se ha degollado y se le ha quitado la piel. Web

Aún así, en comparación con las estrictas normas comunitarias en la materia, los controles marroquíes se antojan escasos, lo cual hace que en las fronteras de Melilla y Ceuta, donde viven decenas de miles de musulmanes, se extreme la vigilancia para evitar el contrabando de corderos. A pesar del celo de la Guardia civil de la guardia civil en los diferentes pasos fronterizos de las dos ciudades autónomas, pocos dudan que de los alrededor de 15.000 animales muertos durante la celebración del Aid el Kebir en estos emplazamientos muchos provendrían del vecino Marruecos, donde los precios son relativamente más bajos y el tamaño de los animales más grande que en España.

Así las cosas, desde mi particular visión, con retraso y, empero, no sin cierto alivio por el fin de la “fiebre corderil”, aid moubarak said (”féliz fiesta”) a todos los musulmanes.

Desmitificando Al Andalus en favor de la paz y el diálogo

Viernes, 5 de Diciembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios
Sallam, última novela del periodista Hani Nakshabandi

Sallam, última novela del periodista Hani Nakshabandi

En la era del choque-diálogo de civilizaciones, obras como Sallam (”paz”, literalmente), del periodista Hani Nakshabandi, revisten una especial significación. En esta su segunda novela, el presentador estrella de Dubai TV vuelve sobre la historia de Al Andalus. Tema este mítico en el imaginario colectivo del mundo árabe y musulmán, abordado por una pléyade de novelistas y poetas, desde los confines de Mesopotamia hasta el Magreb, es aquí tratado, sin embargo, de forma novedosa. Lejos de interpretaciones idílicas sobre la realidad de la presencia musulmana en la Península, se tocan sin complejos los conflictos comunitarios y religiosos existentes en la época. Además, lejos de esa “visión árabe” complaciente con su pretendida historia, como una suerte de autocrítica al pensamiento único imperante en este particular contexto, Nakshabandi apunta como “mientras no reconozcamos nuestros errores, no nos será nada fácil avanzar”.

La novela comienza con el viaje de un emir saudí a Granada para visitar la Alhambra, de la que queda prendado, decidiendo construir una réplica en la capital de su país, Riad. A la espera de reunir todo lo necesario para la realización de este proyecto, el emir recibe la visita de un jeque marroquí, Ibn Borjane, quien le advierte de los riesgos de llevar adelante esta empresa. “Ten cuidado, el palacio que quieres reproducir está maldito, ya ha visto marcharse a toda una nación y hará caer toda suerte de males sobre aquellos desafíen el sortilegio”, advierte Ibn Borjane. Ante la perseverancia del emir, el jeque le anuncia que la única solución para evitar la maldición es que lo construya quien lo construyó en su origen, Sallam, quien a pesar de contar con más de 1000 años todavía viviría en una desconocida ciudad magrebí.

Tras buscarlo en Tánger y en Chauen, finalmente el emir da con Sallam. Considerándolo como un “símbolo del eterno conflicto entre el cristianismo y el Islam” y de “la bárbara colonización árabe de Al Andalus”, el constructor de la Alhambra primigenia rechaza reproducir su obra. “Tras nueve siglos, los árabes salieron de la Península tal y como entraron, siendo Al Andalus la única región del mundo donde los árabes y su religión fueron expulsados al mismo tiempo”, dice Sallam. Para éste, reconstruir el palacio sería alimentar un conflicto secular, un conflicto que debe detenerse y transformarse, primero en diálogo y después en amor. Hay que abandonar la lógica de conflicto, el esplendor perdido no debe buscar en imaginados pasados, el futuro es la concordia y no la confrontación. “La batalla debe poder cesar. No triunfaremos sobre nadie y nadie saldrá victorioso”, concluye Sallam.

NOTA A EDITORES Y PROFESIONALES DEL MUNDO DEL LIBRO: El autor, según me ha transmitido él mismo, estaría “muy interesado” (sic) en publicar su novela allende el Estrecho de Gibraltar, ya fuera en castellano o incluso en euskera (por extensión me imagino que tampoco vería con malos ojos la versión gallega y catalana de la misma). Lo único que se me ocurre al respecto, a través de ‘Tamazgha-Euskadi’, es que si a alguien que lea esto le atrae la idea o alguien conoce a alguien a quien le pudiera atraer, que deje un comentario en este post o que me envíe un correo que yo mismo transmitiré al bueno de Hani.

Fatwas, (in)justicia en Marruecos y nuevos ídolos

Martes, 2 de Diciembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

La publicación por Salman Rushdie, en septiembre de 1988, de Los versos satánicos, provocó la inmediata airada reacción del mundo musulmán por suponer este libro, pretendidamente, una afrenta contra la figura del profeta Mahoma. En consonancia con esta percepción, durante los meses sucesivos, países como India, Pakistán, Arabia Saudí, Egipto, Somalia, Sudán, Indonesia o Qatar prohibieron la venta de la novela dentro de sus respectivos territorios nacionales. El colofón a esta ola de represalias lo puso, el 14 de febrero de 1989, una fatwa (edicto religioso en Islam) emitida por el líder y guía supremo de la revolución iraní, el Ayatolá Khomeini en persona. En esta, tras acusar a Rushdie de “blasfemo” y “apóstata”, se condenaba al escritor, así como a aquellos que hubieran participado de forma consciente en la edición del libro, a la pena capital. Teherán fue más allá y ofreció una recompensa de tres millones de dólares por la muerte del novelista británico de origen indio, quien pasó varios lustros viviendo escondido bajo protección de los servicios de seguridad del gobierno inglés.

Allah superstar, cuarta novela del escritor argelino afincado en París que escribe bajo el pseudónimo de Y.B.

En 2003, Y.B., escritor oriundo de Argel instalado en París, publicaba su cuarta obra, Allah superstar (Grasset), en la que, en tono satírico y no sin grandes dosis de ironía, aludía implícitamente a la experiencia de Rushdie. En esta “novela extrema contra los extremismos”, en palabras de la crítica gala, y “post-post-colonial”, según su propio autor, el protagonista, un joven de origen magrebí crecido en la localidad de Évry, no encuentra otra solución para medrar en la vida que ser una estrella. Para esto, a la luz de varias experiencias verídicas, entre ellas la del propio Salman Rushdie, Kamel Hassani, nuestro héroe, llega a la conclusión de que la única vía para alcanzar rápidamente la notoriedad es que se dicte una fatwa contra él. En una sucesión de críticas contra el islamismo, los saudís, el terrorismo, la falsa integración de los inmigrantes y sus descendientes en Francia, el negocio del espectáculo o la comida rápida, a partir de ahí, bajo el nombre de Kamel Léon, nuestro protagonista comienza una ascensión fulgurante ante el asombro de familia y amigos. Sin verdaderas aptitudes, el origen de su éxito no es otro que, empero, una fatwa islámica.

“Una fatwa, eso es lo que necesito para estar a la moda. Es más rápida que Star Academy, dura más tiempo, viajas por el mundo entero, das conferencias, acudes a palacios, subes a escena con U2, tomas té con el papa, una cerveza o dos con Chirac, un vodka helado con Putin, un cigarro húmedo con Clinton, una gran raya con Bush Junior, una máscara de gas con Saddam Hussein, cada vez que dices una tontería todo el mundo entero te escucha porque el pobre tiene una fatwa en el culo, mientras el mundo entero está tan en la mierda como tú porque pronto será el fin del mundo para todo el mundo” (traducción propia desde el francés de un extracto de Allah superstar)

Sin menospreciar, ni mucho menos, los méritos literarios de Salman Rushdie, pocos pueden negar que su impacto mediático se ha visto magnificado por la persecución de la que fue víctima tras el veredicto del Ayatolá Khomeini. Salvando las distancias, algo similar ocurre en Marruecos con las sentencias de los jueces, sobre todo las que se dirigen hacia los profesionales de la información o incluso de los que podríamos calificar de pseudoperiodistas. Este fue el caso de Alí Lmrabet. Una sentencia judicial que le condenó a la cárcel por un “delito de prensa”, sus huelgas de hambre en prisión y la repercusión internacional que esto tuvo, hicieron de él un mito, una suerte de “ejemplo” para los periodistas del mundo, un adalid de la libertad de expresión. Sin ánimo de cuestionar tampoco al señor Lmrabet, sus méritos periodísticos pasaron a un segundo plano una vez los jueces del Reino Alauí dictaminaron su prisión.

Tras muchas presiones y la ola de solidaridad que se generó a través de todo el mundo reclamando su liberación, una vez en la calle, Lmrabet empieza a recibir premios a diestro y siniestro, comienza a colaborar con medios de comunicación punteros en todo el mundo, le llueven los contratos para publicar libros, conferencias, encuentros… ¿Quién sabe que Lmrabet fue diplomático y trabajó para el Estado de Marruecos en su momento? ¿Quién recuerda aquello que llevó a este periodista a dar con sus huesos en prisión? ¿Les suena a algunos el Démain, semanario satírico dirigido en su momento por Lmrabet y origen buena parte de sus problemas con la justicia? ¿Sus artículos en Le Journal en la época en que esta publicación, bajo los auspicios de Aboubakr Jamai, rompía moldes en Marruecos? ¿Su entrevista histórica en un país “árabe” con el mandatario israelí Benjamin Netanyahu? ¿O el reportaje sobre la inmigración clandestina para el cual él mismo Lmrabet no dudó en embarcarse en una patera rumbo a las costas españolas? No, ¿verdad? Al igual que en el caso de la fatwa de Khomeini, Lmrabet vió su carrera relanzada mundialmente “gracias” a su rol de opositor y al sinsentido de una justicia que se empecina en enviar a prisión a los que contravienen hasta el extremo los intereses del régimen en liza.

El caso de Salman Rushdie es el de un buen escritor y el de Alí Lmrabet el de un periodista que ha hecho muestra de su arrojo. Hay casos en los que el elemento de agravio, la (in)justicia marroquí a modo de fatwa, incluso puede llegar a crear estrellas de la nada, a imagen del protagonista de la novela de Y.B. Sólo por citar el más reciente, cabe el caso de Mohamed Erraji, a quien le ha sido otorgado en Madrid hace apenas unos días el premio del Club Internacional de Prensa al bloguero de mayor impacto de 2008. Erraji, trabajador en un hammam (baño público), al igual que miles de personas de todo el planeta – al igual que yo mismo, aquí -, aprovechaba sus ratos libres para escribir sus impresiones en su Blog, El Mundo de Erraji, que con el tiempo se convertiría en una suerte de portal de informaciones en lengua árabe, Hespress.

El joven Mohamed Erraji, condenado en primera instancia a dos años de prisión por "atentas a lo sagrado"

En uno de sus post, bajo el título “el rey anima al pueblo a ser perezoso”, este joven de Agadir (sur), criticaba el sistema de privilegios vigente en Marruecos y, sobre todo, su distribución discrecional en función de la proximidad con la figura de Mohamed VI. El texto fue considerado como “atentatorio” e “irreverente” contra el monarca, siendo condenado en primera instancia a dos años de prisión por “atentar contra lo sagrado”, en alusión a la dimensión religiosa del soberano Alauí. Constatadas irregularidades de forma, habiendo Erraji demandado excusas hasta el extremo, señalando que en ningún momento había querido ofender a Mohamed VI y habiéndose desatado un movimiento por su liberación en el país magrebí, la justicia finalmente puso fin al encierro del bloguero, quien pasó varias semanas en la prisión de Inezghane.

“Lo cierto es que nunca pensé que ese artículo pudiera ocasionarme tantos problemas. Yo no suelo escribir sobre temas políticos. Sí era consciente de que la monarquía es una de las llamadas líneas rojas (los temas que se consideran intocables: la religión, la monarquía y la integridad territorial) pero nunca vi una transgresión de ellas en mi artículo” (Público, 26/11/2008)

Al igual que ocurrió con Alí Lmrabet, Erraji, alguien que en ningún momento ha demostrado aptitudes periodísticas ni la valentía suficiente para defender sus postulados – al menos en Marruecos porque en España parece que se ha soltado -, considerando el artículo de la discordia como un “accidente de ruta”, se ha erigido en una suerte de ídolo. En el Estado español, especialmente proclive a acoger con los brazos abiertos a aquellos que, lo merezcan o no, “molesten” al Majzén (nombre que recibe el régimen tradicional marroquí), parecen haberle echo ya un hueco. Este es el enésimo ejemplo de un artículo que hubiera pasado totalmente desapercibido, sin apenas repercusión, de no haber ocurrido nada. Sin embargo, a través de una actuación de oficio de la justicia marroquí, el inocente post de un Blog ha sido el detonante de que Rabat vuelva a quedar en evidencia ante el mundo y de que una nueva estrella haya nacido. ¿Es consciente Marruecos de la capacidad que tiene para crear héroes fuera de sus fronteras? ¿Acaso los poderes de este país todavía no se han percatado de la notoriedad que adquieren todos aquellos que, en uno u otro momento, han padecido la (in)justicia de sus instituciones? Que tomen nota.

La cólera de Mohamed VI

Miércoles, 26 de Noviembre de 2008 David Alvarado Sin comentarios

Los malos modos, en forma de violencia verbal e incluso física, son un rasgo distintivo de la forma de gobierno de Mohamed VI, sobre todo al encuentro de sus más próximos colaboradores. Esto es lo que asegura Le Journal Hebdomadaire, semanario político de referencia en Marruecos, apuntando en su más reciente edición que estos “ataques de cólera reales” se han convertido en motivo recurrente de conversación entre la élite política del país. Ante esto, ningún atisbo de reproche de parte de un pueblo que “acoge entusiasta estas anécdotas en las cuales las víctimas de los cambios de humor del soberano son altos mandatarios del propio régimen”, apuntan los periodistas Hicham Houdaïfa y Taïeb Chadi.

Portada de Le Journal Hebdomadaire en su edición del 22/11/2008

Portada de Le Journal Hebdomadaire en su edición del 22/11/2008

Los que más cerca se encuentran del monarca, su entorno inmediato de colaboradores, son los que sufren con mayor frecuencia y virulencia los ataques de cólera de Mohamed VI. Entre sus “víctimas” se encuentra el otrora hombre fuerte del régimen, Fouad Ali El Himma. En junio de 2005, llamado a consultas para dar explicaciones sobre una controvertida maniobra del ministerio del Interior para arrestar a la militante islamista Nadia Yassine, partidaria de un régimen republicano en Marruecos, fue “castigado violentamente” por el propio rey, debiendo ser transferido a un hospital de París para curarse discretamente de sus heridas.

Mohamed Mounir Majidi, secretario personal de Mohamed VI, es otro de los que ha padecido en varias ocasiones la ira de ira del monarca. Le Journal Hebdomadaire narra un desencuentro, en noviembre de 2005, que se saldó con “un correctivo en regla a bordo del vuelo que traía al soberano de un viaje oficial”. Majidi, a quien debieron sacar en camilla del avión, fue trasladado al Hospital Militar de Rabat, donde varios miembros de la seguridad real se encargaron de que nadie accediese a la habitación donde este se recuperaba.

Al igual que El Himma y Majidi, la ira de Mohamed VI también ha recaído sobre otros destacados nombres del “primer círculo de poder”, tales como Abdelhak Lemrini, Mohamed Mouatassim, Abdelfettah Frej. Miembros de las fuerzas de seguridad, gobernadores o incluso el ex secretario general de los socialistas marroquíes, Mohamed Elyazghi, son algunos de los que también han padecido en sus carnes los ataques de cólera del monarca Alauí.

Portada del libro de Mohamed Ennaji

Portada del libro de Mohamed Ennaji

La violencia es, según Le Journal Hebdomadaire, un elemento característico del ejercicio del poder real en Marruecos desde sultanes como Moulay Ismail o Moulay Hafid hasta el propio Hassan II. El objeto de esta forma de gobierno no es otro que el “inocular la hiba (respeto, mezcla de temor, reverencia y adoración) en los espíritus de sus súbditos”, tal y como destaca el sociólogo e historiador marroquí Mohamed Ennaji en su obra Le sujet et le mamelouk (Mille et une nuits, París, 2007).

“Lo religioso no concibe la relación con respecto al jefe que como la sumisión absoluta”, señala Ennaji afirmando que las raíces de este particular estilo de ejercicio de la autoridad derivan de la propia religión musulmana, que predispone a este tipo de relaciones extremas de servidumbre. Asimismo, para este autor, este modo autoritario de gobierno se asienta en la propia estructura tribal tradicional de la sociedad marroquí, donde “la relación maestro-esclavo se ha mostrado como la más eficaz para asentar y afirmar el poder del jefe”.