Los Coleman, una familia tan increible como real
Inda Lavalle (Vero) y Gonzalo Ruiz (Hernán) son dos de los seis miembros que forman parte de una singular familia en la que nadie es lo que parece: Los Coleman. En su casa todo lo que no se dice termina por sonar más fuerte. Son una auténtica locura de clan que, sin embargo, resulta extrañamente cercano. Aprovechando su presencia en el Teatro Arriaga de Bilbao -aplaudidísima, por cierto, igual que una semana atrás en el Gayarre de Iruña-, hemos conocido más sobre la forma de hacer teatro de esta compañía argentina: Timbre 4, dirigida por el prestigioso Claudio Tolcachir. Una locura maravillosa… Tanto, que justificó la ambientación musical de Pimpinela -oh, sí- para la charla con Inda y Gonzalo, que salieron corriendo de la sede de EITB al vecino San Mamés, a ver si quedaba alguna entrada para el Athletic-Barça, que se jugaba esa noche.
Todo lo que queráis saber sobre La omisión de la familia Coleman lo tenéis en esta página. ¡Pero todo todo!

Fui a ver la obra. Los primeros minutos fueron desesperantes, con la sensación de perder lastimosamente el tiempo y metido en una ratonera de la que no era fácil escapar porque no habría intermedio. Luego, siendo un desquiciamiento completo lo que presentan, sin pies ni cabeza, una mascarada increible, una exageración desmadrada, tuvieron la virtud de conseguir hacerme reir. La abuela contó, con buena voz y hasta con gracia una chabacana gracieta a cuenta de qué debía ponerse la amiga recien casada, para ir a la cama en la noche de boda.
Disfruté con sus acentos y la interpretación me pareció correcta.
La obra, en su conjunto, para olvidar tan pronto como concluyó…y en ello estoy.
Pero, Io, ¿La recomiendas o no? Es que no me ha quedado claro.
Hay que darle una oportunidad a los actores, al autor del guión…en fin, Eneko U,, por eso de apoyar a los creadores, si no te importa gastar algo de tu tiempo y unos euros, no por otra cosa.
Más allá de eso, no invitaría a nadie a ir a verla.
Me parece una obra perfectamente prescindible. Si no la hubiera visto, no me habría perdido nada.Pero el Arriaga estaba muy concurrido, el sábado, así que quizás mis gustos teatrales no se correspondan con los de mucha gente de Bilbao.