Next Economy

Otro modelo de organización y otra manera de hacer las cosas es posible

Hace tiempo que quería contribuir a este blog aportando cierta luz sobre algunos conceptos que comienzan a oírse cada vez con más fuerza en nuestro país como son el llamado cuarto sector, la función de sostenibilidad matizada  o la innovación responsable. Dado que hace pocos días asistí a una conferencia, en el marco del Global Innovation Day organizado por Innobasque, en la que se comentaron estos temas, he decidido no dejar pasar más tiempo y compartir con vosotros algunas de mis reflexiones.

Antes de nada, me gustaría aclarar que se entiende actualmente por cuarto sector. A continuación, muestro un gráfico elaborado por The Aspen Institute que nos puede ayudar en esta tarea.

 

Organizations

Fuente: The Emerging Fourth Sector (The Aspen Institute)

Hasta hace poco tiempo los tres sectores en los que situábamos a nuestras empresas eran: el sector privado, el público y el social.

Como podemos observar en el gráfico, las dos dimensiones que se consideran fundamentales a la hora de situar una organización en un sector o en otro son:

–        Las fuentes de financiación que se utilizan, que van desde fondos enteramente públicos hasta fondos privados con origen exclusivo en aportaciones de los socios o en la reinversión de los beneficios de la compañía.

–       El propósito de la organización, desde un enfoque de maximización del beneficio para los propietarios hasta un enfoque de maximizar el beneficio neto social.

Así, el sector privado se ha caracterizado tradicionalmente por utilizar fuentes de financiación propia o ajena (préstamos, créditos, emisión de bonos, etc.) y estar enfocado a la maximización del beneficio para sus accionistas, mientras que el sector público se ha caracterizado por utilizar las fuentes de financiación pública, en teoría tratando de maximizar el beneficio social, o las ONGs por utilizar subvenciones públicas o donaciones tratando de generar el máximo impacto social.

Pero la pregunta que surge es ¿y no pueden existir organizaciones que traten de orientarse a generar un impacto social y al mismo tiempo traten de ser autosostenibles, totalmente o al menos parcialmente? Estas organizaciones, a las que llamaremos empresas sociales, son las que situaríamos en este cuarto sector que va emergiendo y que no deja de ser un espacio de confluencia de los anteriores.

En el tercer sector o sector social, existen cada vez más ejemplos de intentos de organizaciones por acercarse a un modelo que se parece más al de una organización en el cuarto sector, que trata de generar tanto un impacto social como económico. Sería este el caso de ONGs que proporcionan servicios microfinancieros, que tratan de ser sostenibles al mismo tiempo que conseguir un impacto en la reducción de la pobreza. También podemos nombrar aquí el caso de Lantegi Batuak, cuyo objetivo es emplear a personas con discapacidad y cuyas fuentes de financiación provienen en parte de subvenciones públicas pero también de la propia capacidad del negocio de generar resultados.

Si hablamos del primer sector o sector privado, podríamos nombrar empresas con políticas de responsabilidad social muy desarrolladas como Eroski o Euskaltel, y en el caso del sector público, podemos nombrar una iniciativa de la sociedad Metro Bilbao. Esta última organización ha desarrollado una iniciativa en colaboración con Ingeteam, que trata de aprovechar parte de la energía que se produce en el proceso de frenado de trenes con un triple objetivo:

–       Reducción de costes con su correspondiente impacto en la cuenta de resultados (objetivo económico).

–       Reutilización de energía que de otro modo se perdería (objetivo medioambiental).

–        Menor dependencia de fondos públicos o de ingresos por la venta de billetes a usuarios (objetivo social).

Este último ejemplo me sirve para introducir otro de los conceptos que indicaba al principio, la función de sostenibilidad matizada, en la que se indica que la sostenibilidad se consigue cuando al introducir una innovación en cuanto a producto, servicio, proceso o forma de organizarse, la suma de los distintos impactos (económicos, sociales y medioambientales) presenta un balance neto positivo.

Y así voy llegando al último concepto que planteaba en un inicio, la innovación responsable, que no es nada más que aquella innovación que realiza una contribución neta positiva a esa función de sostenibilidad a la que me he referido hace un momento.

Por todo lo comentado, creo que otro modelo de organización y/o otra manera de hacer las cosas es posible, y de hecho me atrevería a decir que no sólo es posible sino una buena idea, sólo tenemos que ir acostumbrándonos a pensar en esa doble clave de impacto social y económico, no sólo económico, no sólo social.

Cristina San Salvador del Valle González

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