Knausgard, la recreación de una vida sueca

Quizá para demostrar que no todo es novela negra en los países nórdicos, algunas editoriales han empezado a publicar otros trabajos de autores muy diferentes. Es una buena idea porque, además de descubrir la variedad de estilos y temas literarios que se pueden encontrar en el norte de Europa, quizá algún lector de historias policíacas pueda sentirse tentado a probar estos relatos. Por supuesto allí también son muy aficionados al “basado en hechos reales”. De hecho esta novela de Karl Ove Knausgard le tiene a él de protagonista, el padre del título es el suyo y las peripecias que narra le suceden a él.

Conviene aclarar antes de seguir que el bueno de Karl, y esto queda claro en la propia narración, se puso a la tarea de ser novelista a toda costa en su temprana juventud, pero a pesar de haber publicado un libro no acababa de encontrar tono, estilo e historias que contar para el segundo, así que tuvo esa idea que a cualquier candidato a escritor le ha asaltado en un momento, o varios, de su vida: contar sus propias vivencias. Y puestos a hacerlo decidió hacerlo a lo grande, o al menos así le ha salido al final porque el Maquetaci—n 1hombre se ha hecho con una serie de seis títulos, escritos, y publicados, en un tiempo record. Aquí ha llegado el primero de la serie que, como su título indica, trata de las relaciones paterno-filiales y, sobre todo, de sus consecuencias.

Permítanme que especule sobre el sistema de trabajo a tenor de lo leído y el tiempo, menos de dos años, invertido en la escritura de, si todos los tomos tienen la longitud de este, tres mil páginas. Parece que Knausgard se ha puesto a escribir de forma volcánica, conforme aparecían las ideas en su cerebro y sin demasiado orden. Si así ha sido declaremos nuestra admiración porque el trabajo le que quedado muy fino. Pero, naturalmente, esto ha debilitado la estructura. Verán la novela comienza con los recuerdos de infancia del protagonista, pasan en un segundo capítulo a apuntar su situación actual, o al menos actual cuando escribía estas páginas, sigue con la adolescencia del personaje, comienza una segunda parte donde sigue de forma más extensa con las dudas y dificultades para encauzar su carrera de escritor y, casi en la mitad del tomo retorna al pasado para enfrentar la muerte de su padre. Y él y su hermano, del que apenas sabíamos nada, se ponen a arreglar los asuntos, y la casa, del fallecido. Cada parte se explica en sí misma, pero quizá un poquito de orden hubiera beneficiado a la historia, y al lector. Pero, oigan, cada escritor es muy libre de hacer lo que quiera. Y Karl Ove Knausgard lo hace muy bien.

Otra cosa es la importancia concedida a diferentes cuestiones. Puede que en la visita al supermercado me interesen las diferencias entre productos con vistas a una operación de limpieza general, pero las divagaciones sobre este asunto me resultan poco apasionantes en un relato, pero eso sí, todo es real como la vida misma. Otro problema que tengo con este libro es la duración de las secuencias. Ya entiendo que para cualquier persona es importante su adolescencia, pero dedicar cincuenta páginas a una Nochevieja en la que no pasa nada mas allá del deambular del protagonista de fiesta en juerga, que tienen en común que en ninguna le hacen caso, quizá sea un poco excesivo. No sé, estoy confuso con la obra de Karl Ove Knausgard, pero entiendo que mis problemas con este texto derivan de mis manías, así que voy a recomendarles la lectura del libro y luego ustedes ya deciden si quieren seguir con el ciclo que, por cierto, se titula Mi lucha. Muy fino no ha estado ahí el autor.

Félix Linares

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