Archivo de la categoría: cómic

El comictario. Asterix por Italia… y sigue y sigue y sigue

Esta semana se han hecho públicos los datos de ventas de libros en diversos países, y en la vecina Francia el número uno lo ocupa un cómic, Astérix en Italia. Se trata del álbum número 37 de la serie creada hace 58 años por los geniales Goscinny y Uderzo y que en 2013 pasó a manos del equipo formado por el guionista Jean Yves Ferri y el dibujante Didier Conrad. Un relevo de garantías porque, tras muchos años de lenta agonía, estos dos autores han sabido revitalizar el mundo de los irreductibles galos frente al todopoderoso Imperio Romano.

Después de Astérix y los pictos y El papiro del César, cumpliendo el plazo de dos años entre álbum y álbum, Ferri y Conrad firman su tercera entrega de la serie, Astérix en Italia, en la que nuestros héroes disputan una carrera de cuadrigas por toda la península itálica. La prueba es una idea del senador corrupto Lactus Bífidus para desviar la atención sobre el mal estado de las vías romanas de cuya gestión es responsable. El senador, que se gasta el dinero público en orgías, ve cómo su iniciativa llama la atención del propio Julio César, quien ordena que la prueba sea ganada por el carruaje de Roma, guiado por el famoso auriga enmascarado Coronavirus, para demostrar la supremacía del Imperio.

La carrera se convierte así en un muestrario de los pueblos de la época, galos, normandos, britanos, ligures, etruscos, kushitas, lusitanos, sármatas, cimbros, griegos, y hasta los piratas que siempre terminan con su barco hundido se apuntan al sarao. Al estilo de la mítica serie de dibujos animados Los autos locos la carrera pasa por diversas ciudades, desde Monza a Nápoles, y disfrutamos con los cameos de personajes como Pavarotti, Bud Spencer, Roberto Benigni ó Silvio Berlusconi.

Y como telón de fondo un asunto de gran significado, la preocupación de Julio César por controlar a los muchos pueblos de Italia, vénetos, umbros, etruscos, apulios… No en vano, la publicación de la nueva aventura de Astérix ha coincidido con el “procés” catalán, pero es que cuando salió Astérix y los pictos a finales de 2013, no se hablaba de otra cosa que del referéndum de independencia que los escoceses votarían meses después. Trasfondo político aparte, las diversas etapas, menhires, comilonas, peleas, el inusual protagonismo de Obélix que aparece como conductor del carro galo y los mil detalles que trufan la historia hacen de Astérix en Italia una lectura más que recomendable. Así que, ¡no os la perdáis, por Tutatis!

Iñaki Calvo

El comictario. El Shangri-La del francés Mathieu Bablet

Cuando todo a nuestro alrededor funciona con aparente perfección hay dos opciones: relajarse y disfrutar o preguntarse por qué y a costa de qué las cosas son como son. Sobre esta premisa básica se construye Shangri-La, el cómic que hoy nos ocupa y que es, sin duda, uno de los imprescindibles publicados a lo largo de este año 2017. Su autor es el joven dibujante francés Mathieu Bablet, que se hace cargo también del guión y que da con esta obra su paso definitivo hacia la élite del cómic europeo. Y lo hace, además, con una historia de ciencia-ficción que conjuga ambos términos, ciencia y ficción, de forma magistral.

Bablet nos sitúa en un futuro hipotético en el que la humanidad, para variar, ha arrasado el planeta Tierra hasta dejarlo inhabitable. Los restos de nuestra especie, apenas un millón de personas, sobreviven en una gigantesca estación espacial que tiene instaurado un sistema perfecto de trabajo, producción y consumo bajo el manto protector de la todopoderosa empresa Thianzu. Dormir, trabajar (para Thianzu) y comprar (los productos Thianzu), ese es el mantra diario de los y las habitantes de la colonia, cuya existencia discurre de forma plácida y sin sobresaltos. Pero claro, entre tanta gente feliz hay quien se cuestiona el régimen establecido. Surge así un movimiento revolucionario que involucra a dos hermanos, Scott y Virgilio, inicialmente en campos opuestos pero que terminarán uniéndose en la misma batalla.

Hasta aquí todo parece un cuento que suena a repetido porque ya nos lo han contado otras veces, pero Mathieu Bablet enriquece la trama con variables inquietantes, como la identidad de quienes gobiernan la estación espacial, un peligroso programa científico que equipara al ser humano con Dios al crear vida de la nada y la existencia entre los habitantes de la colonia de una subespecie, los animoides, animales antropomorfos que son los marginados en una sociedad donde todos, menos ellos, son iguales. El futuro de la humanidad, el sinsentido de nuestro actual modo de vida, el milagro de nuestra propia existencia, todo lo plantea Mathieu Bablet con espléndidos diálogos y dibujos en un álbum de más de doscientas páginas y con un título que juega también un papel importante en la trama, Shangri-La, el idílico refugio escondido en el Himalaya que describió James Hilton en su novela Horizontes Perdidos, publicada en los años 30 del pasado siglo y llevada después al cine por el gran Frank Capra.

La vida, la muerte, la creación, el pasado, el presente y el futuro. Elementos que se integran y cobran sentido en este cómic magnífico, que brilla con la luz de una supernova, publicado en castellano por la editorial Dibbuks. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Étunwan, el canto final del pueblo indio

En el año 1867 los Estados Unidos de América se estaban recuperando todavía de los devastadores efectos de la Guerra de Secesión. Tras el enfrentamiento Norte-Sur el joven país había consolidado su modo de gobierno y era el momento de continuar la exploración de los Territorios Salvajes del Oeste, desde el Misisipi hasta el lejano Oregón. En ese contexto histórico y geográfico se sitúa el cómic que hoy nos ocupa, Étunwan. Aquel-que-mira, un maravilloso acercamiento al mundo de las Grandes Llanuras y al ocaso de los pueblos nativos norteamericanos.

La historia, escrita y dibujada por el artista francés Thierry Murat, tiene como protagonista central a Joseph Wallace, un fotógrafo de Pittsburgh que desea salir de su estudio y hacer algo más que retratar a la clase alta de la ciudad. Con una mezcla de ansiedad y entusiasmo, Joseph Wallace se enrola en una expedición oficial que tiene como objetivo cartografiar los Territorios Salvajes, estudiar su fauna y flora y descubrir posibles riquezas naturales. El fotógrafo, embriagado por la belleza e inmensidad del entorno, va tomando conciencia del Nuevo Mundo que se abre ante sus ojos y su cámara, y el impacto es definitivo cuando logra contactar con una tribu de Sioux Oglalas.

Los nativos saben que el avance del hombre blanco es una catástrofe para ellos, pero le reciben con serena hospitalidad y le dejan ejercer su labor de fotógrafo. Joseph Wallace capta la esencia y el orgullo de una cultura milenaria y regresa a la civilización con el alma rota, pero también con el deseo irrefrenable de volver a las Grandes Llanuras. Cumple su anhelo un año después y disfruta un breve tiempo de ese particular Edén donde recibe el nombre de Étunwan, “aquel que mira“, reafirma su admiración por las tribus indias y siente angustia por la cruel agonía que les acecha. Algunos años después, y mientras intenta infructuosamente publicar un libro con sus fotografías, llega el apocalipsis con el descubrimiento de oro en las Black Hills, las tierras sagradas de los Sioux Lakota.

Lo que ocurrió después, el último escalón de las tristemente famosas Guerras Indias y la derrota final de las naciones nativas, no se cuenta en este cómic, pero se refleja en el dolor y la sensación de culpa que acompañarán a Joseph Wallace hasta el fin de sus días. Además de la belleza de la historia hay que destacar el dibujo de Thierry Murat, grandes viñetas de color ocre y ambiente crepuscular, viejas fotografías de un mundo que apenas sobrevive en el recuerdo. Étunwan. Aquel-que-mira, un cómic magnífico publicado en castellano por la editorial Ponent Mon. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo                        

El comictario. El fax desde Sarajevo, de Joe Kubert

Esta semana saldo una deuda que tenía pendiente desde el verano, pues fue durante los meses estivales cuando la editorial ECC recuperó uno de los títulos imprescindibles del cómic contemporáneo y de la historia de noveno arte en general, Fax desde Sarajevo, del gran Joe Kubert. El pasado mes de Abril se cumplieron 25 años del inicio de la guerra de Bosnia y del regreso a Sarajevo del editor Ervin Rustemagic, conocido en toda Europa por su labor profesional en el mundo del cómic. Fundador de la revista Strip Art y de la agencia del mismo nombre, Rustemagic se había instalado en sus oficinas en Holanda por el aumento de la tensión en la antigua Yugoslavia, pero el referéndum que en Marzo de 1992 certificó la independencia de la república de Bosnia-Herzegovina le hizo retornar a Sarajevo junto a su mujer, Edina, y sus hijos, Maja y Edvin. Era el regreso a su hogar, con mayúsculas, pero la tierra de sus antepasados pronto se convirtió en un infierno a consecuencia de la guerra provocada por la Serbia de Slobodan Milosevic, “el carnicero de los Balcanes“.

Las tropas serbias comenzaron en Abril del 92 el asedio de Sarajevo y la capital bosnia fue desde entonces un símbolo de resistencia y sufrimiento, y también un ejemplo de la lentitud e incompetencia de la política, las organizaciones y los tratados internacionales. Bajo los bombardeos de los aviones y los cañones serbios y bajo el fuego de los francotiradores que cobraban dinero por cada bosnio asesinado, con recompensa especial si la víctima era un niño, Ervin Rustemagic intentó primero seguir con su labor editorial, pero pronto su única ocupación fue la pura y simple supervivencia. Tras la destrucción de su casa y oficina, Ervin, su mujer y sus dos hijos iniciaron un duro peregrinaje en busca de refugio y alimento que se prolongó durante año y medio. 18 meses de suplicio en un escenario dantesco y, en medio del caos, una tenue luz, la comunicación con sus amigos en el exterior a través del fax.

Durante ese año y medio, Ervin Rustemagic mantuvo contacto permanente con autores como los dibujantes Hermann, Hugo Pratt y Joe Kubert, o el guionista Martin Lodewijk. Todos se movilizaron para ayudar a Ervin y denunciar lo que estaba ocurriendo en Sarajevo. Finalmente, y después de múltiples gestiones y retrasos, el 25 de Septiembre de 1993 Ervin Rustemagic y su familia lograron escapar del infierno. Los faxes quedaron como testimonio de su calvario y en 1996 el gran dibujante estadounidense Joe Kubert decidió convertir aquella odisea en un cómic. El resultado fue Fax desde Sarajevo, una obra maestra que ganó el Premio Eisner y el galardón al mejor álbum extranjero en el festival de Angoulême. No os perdáis la reedición de este cómic imprescindible, con abundante documentación y fotografías que son un retrato del horror de la guerra y, en las páginas finales, un canto a la esperanza.

Iñaki Calvo

 

El comictario. Una hermana, del francés Bastien Vivès

La última década del cómic europeo ha estado marcada por el surgimiento de un autor que, en poco tiempo, se ha convertido en un clásico imprescindible. Se llama Bastien Vivès, nació en París hace 33 años y en 2009 recibió el premio al autor revelación en el festival de Angoulême por su primera gran obra, El gusto del cloro. La historia de un joven que va a la piscina a nadar por problemas de espalda y queda fascinado con una chica que entrena en el mismo lugar fue narrada de forma tan magistral por Bastien Vivès que, desde ese momento, cada nueva obra suya se espera con impaciencia.

Ha marcado hitos con títulos como Polina, genial aproximación al mundo de la danza clásica, ó Last Man, un increíble cóctel de intriga, acción y fantasía aderezado con un inequívoco toque de manga japonés. Se ha atrevido incluso con “una de romanos“, la interesante serie Por el Imperio. Incursiones en distintos géneros que no ocultan la gran especialidad de Bastien Vivès, que no es otra que contar historias de amor. Un amor, eso sí,  en el que la atracción se ve frenada por distintos y sutiles obstáculos. Es lo que ocurre con su última obra, titulada Una hermana y que nos sumerge en el calor de los amores adolescentes. Antoine tiene 13 años y un hermano pequeño.

Como todos los veranos, pasa las vacaciones con sus padres en la playa, pero en esta ocasión la casa tiene dos inquilinas inesperadas, Sylvie, una amiga de la familia que acaba de sufrir un aborto y su hija Heléne, una bella adolescente de 16 años. La estancia sólo dura una semana, pero Heléne irrumpe como un vendaval en la vida de Antoine con tabaco, las primeras borracheras y los primeros escarceos sexuales. Heléne domina y dirige la relación, es la que pone y quita los límites, pero sin maldad y a veces sin proponérselo. Todo fluye de forma bella y natural. A ratos, cuando la ocasión lo requiere, es la hermana que él nunca tuvo, y en otros momentos su guía perfecta para pasar de la niñez a la adolescencia y cambiar su visión de las cosas. Al terminar la lectura y quedarnos grabada la última y misteriosa viñeta nos queda clara una conclusión: Bastien Vivès lo ha logrado, ha vuelto a rizar el rizo con un magnífico engaño, vestido como una historia de seducción adolescente pero que oculta un rico muestrario de la psicología y el pensamiento en esa etapa clave de nuestra vida. No os perdáis Una hermana, la última obra de Bastien Vivès publicada en castellano, como siempre, por Diábolo Ediciones.

Iñaki Calvo

El comictario. La tragedia de los esclavos de Tromelin

El 31 de julio de 1761 un buque de la Compañía Francesa de las Indias Orientales que transportaba 160 esclavos malgaches naufragó en el Océano Índico, cerca de un pequeño pedazo de tierra conocido entonces como la Isla de Arena. La mayoría de la tripulación y la mitad de los esclavos lograron llegar al islote. Los marineros franceses construyeron un nuevo barco con los restos del naufragio y se marcharon a Madagascar, prometiendo a los malgaches que volverían a rescatarles. Un rescate que no se produjo hasta quince años después: en el islote sólo quedaban ocho supervivientes, siete mujeres y un bebé.

Este breve párrafo resume una odisea increíble, uno de los mayores ejemplos de voluntad de supervivencia de los que existen datos fidedignos. El buque L’Utile, construido en Baiona y con varios marineros vascos a bordo, tenía como misión llevar provisiones a Isla de Francia, la actual Mauricio, pero su capitán quiso hacer fortuna traficando de manera ilegal con esclavos. Tras el naufragio y después de ver cómo los blancos supervivientes de la tripulación les abandonaban, los malgaches iniciaron una larga y tenaz lucha para seguir vivos en ese islote de menos de un kilómetro cuadrado. Quince años de resistencia hasta que otro barco llegó para rescatarles, comandado por el capitán Tromelin, cuyo apellido dio nuevo nombre al lugar.

En el año 2006 una expedición arqueológica visitó el islote, y volvió en 2008 incluyendo en el grupo al dibujante Sylvain Savoia, que ha convertido su experiencia en un cómic magnífico titulado Los esclavos olvidados de Tromelin. Además de ilustrar con maestría los entresijos de la labor arqueológica, el autor nos acerca al sufrimiento de aquellos esclavos, arrancados de su tierra natal y condenados a una muerte lenta en medio del océano. El hilo conductor del relato es Tsimiavo, una niña malgache que asiste con horror, pero con firme determinación, al drama que se desarrolla a su alrededor. Ella dará a luz al único niño nacido vivo en el islote y, de forma milagrosa, será rescatada quince años después junto a su hijo y otras seis mujeres supervivientes. Tras su llegada a Isla de Francia, tanto ellas como el bebé fueron declaradas personas libres.

Estos dramáticos hechos, que sirvieron para acelerar la prohibición de la esclavitud en Francia, son ahora recogidos en este cómic publicado en castellano por la editorial Ponent Mon, y también en una exposición que pudo verse hasta el 5 de noviembre en el Museo Vasco de Baiona. Un cómic que remueve conciencias.

Iñaki Calvo

El comictario. Freezer, de la italiana Veronica Carratello

El costumbrismo, ese género caracterizado por historias cotidianas en las que, aparentemente, no pasa nada, nos ha vuelto a dar una agradable sorpresa de la mano de Veronica Carratello, joven dibujante italiana que empieza a hacerse un hueco entre la nueva generación del cómic europeo. Su nombre empezó a conocerse el año pasado, tras ilustrar una biografía del gran David Bowie poco después de su muerte. Esa obra,  éxito de crítica y público en Italia, fue el bautismo de fuego de Veronica Carratello en la industria del cómic, y ahora vuelve a dar un paso adelante en su carrera con una historia bien diferente, una novela gráfica titulada Freezer y cuyo personaje principal es Mina, una niña de 12 años que espera con angustia la llegada de su primera menstruación. Mina, que tiene pocos amigos y sufre un cierto rechazo en el colegio, es diferente al resto de sus compañeras de clase, alegres y orgullosas cuando les viene la regla. Ella, por el contrario, que ni siquiera tiene teléfono móvil, no quiere crecer, quiere que el tiempo se congele y seguir siendo una niña. Por eso este cómic se titula Freezer, congelador en inglés, y también por otro motivo, como averiguaremos durante su lectura. Y es que los Robinson, la familia de Mina, son un grupo muy peculiar. El padre, Diego, es actor con aspiraciones, pero sólo consigue rodar algunos anuncios publicitarios. La madre, Anna, ama de casa, además de su marido y sus hijos, Mina y Elvis, se ocupa también de su hermano soltero, Erni, y de la abuela, una anciana señora que no dice ni una palabra desde que se quedó viuda. Y está también un gato negro muy listo, llamado Kafka, y un vecino puñetero, el señor Piastrelli, que no siente ninguna simpatía por los Robinson. En definitiva, un típico escenario costumbrista, pero en el que no faltan buenas dosis de ironía y humor negro, y detalles llamativos como la catisofobia (miedo a sentarse) que sufre el tío Erni, o la utilización como banda sonora durante varias viñetas del mítico tema de Simon y Garfunkel Mrs. Robinson, una de cuyas estrofas da importantes pistas sobre uno de los momentos clave de esta historia. Y poco más que decir, que no hay que destriparlo todo. Os recomiendo que busquéis un momento de relajo para disfrutar con la lectura de Freezer, un cómic que confirma el talento de su autora, Veronica Carratello, y que publica en castellano ediciones La Cúpula. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

 

Paco Roca y la sabiduría del hombre en pijama

El dibujante valenciano Paco Roca, uno de los autores imprescindibles de la última década, nos ha alegrado la vuelta al trabajo después de las vacaciones de verano con la tercera y última entrega de su serie protagonizada por “el hombre en pijama“, es decir, por él mismo. En 2011 fueron Memorias de un hombre en pijama, en 2014 Andanzas de un hombre en pijama y el círculo lo cierra Confesiones de un hombre en pijama, editada como las anteriores por Astiberri y presentada el pasado 8 de septiembre en Bilbao junto al autor por el gran Kike Martín. Las historias, publicadas en su mayoría en El País Semanal, son un reflejo de la personalidad y el pensamiento de Paco Roca, enfrentado tanto a los pequeños problemas cotidianos como a las grandes cuestiones que afectan y que, incluso, ponen en riesgo el futuro de la humanidad.

El hombre en pijama, Paco Roca en pijama, es la imagen del sueño cumplido, el dibujante que logra vivir de su profesión y lo hace trabajando cómodamente en su casa. Y es al calor del refugio hogareño donde nuestro autor le da vueltas a lo que ocurre en su entorno. Con sencillez sólo aparente Paco Roca habla de la deuda de los países, de las desigualdades sociales, del pequeño grupo de personas que acumula gran parte de la riqueza del mundo, de la habilidad de los bancos para mantenerte siempre atado o del negocio de la poderosa industria farmacéutica. Cuestiones globales que el hombre en pijama analiza de forma breve pero incisiva, situándose él mismo como víctima o como perplejo observador.

Y otro aspecto relevante de la serie es la exposición sin complejos que Paco Roca hace de sus torpezas, temores y debilidades, un muestrario cotidiano con el que, inevitablemente, nos sentimos identificados. Cómo no hacerlo ante esa tecnología que avanza mientras no hemos conseguido aún descubrir el funcionamiento de nuestro smartphone que ya se ha quedado antiguo. O las dudas que se tienen cuando uno debe hablar en público. O la incómoda sensación de no recordar el nombre de una persona que te saluda afectuosamente. Y Paco Roca se atreve también con cuestiones tan complicadas como llevar a su hija a jugar al parque o el encuentro casual con un amor platónico de infancia y juventud en el escenario quizá más inoportuno.

Son cosas que, más o menos, nos han pasado a todos y que podrían parecer demasiado vulgares para hablar de ellas pero, como dijo Paul Auster en una de sus novelas y Paco Roca nos lo recuerda, “las cosas le pasan a quien sabe contarlas“. Huelga decir que Paco Roca sabe, y por ello disfrutamos tanto con sus obras. Confesiones de un hombre en pijama es la última de ellas. No os la perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Nacimiento y gloria de la nación Kirby

El pasado 28 de agosto se cumplieron cien años del nacimiento de Jack Kirby, dibujante conocido como “El Rey” y máximo representante del cómic de superhéroes. Un centenario que la editorial Panini conmemora con la publicación de King Size Kirby, un impresionante volumen de más de 800 páginas, una auténtica pieza de coleccionista que reúne las mejores creaciones del maestro Kirby.

Jacob Kurtzberg, que era su nombre real, nació en Nueva York en 1917 y tuvo clara su vocación casi desde la cuna. Aprendió a dibujar de forma autodidacta y encontró su primer empleo en los estudios de Max Fleisher, donde ilustró secuencias para varios cortometrajes de Popeye el marino. Tras su etapa en el cine de animación Kirby trabajó para editoriales como Fox Cómics, donde conoció al guionista Joe Simon. Los dos fueron contratados en 1940 por la editorial Timely, embrión de la futura Marvel, y en 1941 Simon y Kirby crearon al mítico Capitán América, que comparte junto a Superman el trono de hierro del cómic estadounidense de superhéroes.

Después de publicar historias bélicas contra el nazismo durante dos años, Kirby y Simon fueron llamados a filas en 1943 y el dibujante participó en el desembarco de Normandía, donde estuvo a punto de perder la vida. De vuelta a casa, el dúo creativo encontró un filón en los cómics románticos, que se vendían como rosquillas en aquella América triunfadora y optimista. En 1956 Simon dejó los cómics por la publicidad y Jack Kirby centró su arte en historias de terror y ciencia ficción, los conocidos como Relatos Asombrosos que terminaron de pulir su estilo inconfundible, de trazo rotundo y gran imaginación visual.

En la editorial Atlas, la antigua Timely, coincidió con otro monstruo del cómic, Stan Lee, el guionista por excelencia de los superhéroes. Atlas se convirtió en Marvel, y la pareja Lee-Kirby dio a luz en 1961 a la primera de sus geniales creaciones, Los 4 Fantásticos, a la que luego seguirían Los Vengadores, Hulk, Thor, Iron Man y La Patrulla X. Ahí es nada. Fue la consolidación del concepto moderno del superhéroe, marcado por sus poderes y también por sus dudas y debilidades. En 1970, Kirby abandonó Marvel por problemas con los derechos de autor y se fue a la competencia, a DC cómics. Regresó a Marvel en 1976 y, de nuevo junto a Stan Lee, actualizó el Capitán América con homenaje incluido al segundo centenario de la fundación de los EEUU.

A partir de 1978 su labor en los cómics fue más esporádica y volvió a la animación, con colaboraciones para Hannah-Barbera y la casa Disney. Murió en 1994, a los 76 años de edad. Buena parte de su legado gráfico está en King Size Kirby, un cómic imprescindible, monumental por su contenido, su tamaño y también su precio, nada menos que 100 euros, pero hay que reconocer que vale lo que cuesta. Ahorrad un poco y no os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. La ciudad más fría, de Johnston y Hart

El próximo mes de agosto se estrenará la película Atómica, una historia de espías protagonizada por Charlize Theron y James McAvoy que transcurre en el Berlín de 1989, justo en los días previos a la caída del Muro. De este film sabemos que tiene espectaculares escenas de acción y que Charlize Theron interpreta a una superespía con peluca rubia y sobradamente preparada para enfrentarse a los múltiples peligros que le acechan. Una película dirigida por David Leitch, responsable junto a Chad Stahelski de la primera entrega de la ultraviolenta John Wick, y que tiene el sello característico de los estrenos veraniegos: entretenimiento sin pretensiones. Y poco tiene que ver este resultado final con el cómic en el que se basa la película, titulado La ciudad más fría, una historia de espías pura y dura, plena de intriga, con pocos disparos y una intrincada galería de personajes en la que casi nadie es lo que parece.

El guión lo firma el británico Antony Johnston, que ya hizo una incursión en el género al participar en la secuela de Queen & Country, el mejor cómic de espionaje publicado en los últimos años. Para La ciudad más fría Johnston elige como escenario el Berlín de 1989, cuando la capital de la todavía República Democrática Alemana es un avispero ante la inminente caída del Muro, el gran símbolo de la Guerra Fría. La apertura del régimen soviético a cargo de Mijail Gorbachov tiene de los nervios a las potencias occidentales. Todos asumen que se avecinan grandes cambios y no saben bien cómo gestionarlos. En este ambiente de incertidumbre, un agente del MI6 británico es asesinado en Berlín cuando llevaba encima un documento clave con datos de todos los espías que operan en la ciudad. Para aclarar el crimen y recuperar la valiosa lista, Londres envía a la veterana agente Lorraine Broughton que, sobre el terreno y con gran tesón y habilidad, irá descubriendo las múltiples capas de una intriga en la que amistad, amor, verdades y mentiras, traiciones y lealtades se mezclan hasta formar un cóctel teóricamente imposible.

Un cómic en blanco y negro, como no podía ser de otra forma, ilustrado por Sam Hart, dibujante británico cuyo estilo poco detallado y de trazo suelto choca al principio, pero luego se adapta bien a un escenario cambiante y lleno de intriga. Editado en Estados Unidos en 2012, todo indica que este cómic no hubiera llegado a nuestros lares si no llega a ser por el señuelo de la adaptación cinematográfica, pero que quede claro que La ciudad más fría, publicada en castellano por Planeta Cómic, es una sólida historia de espionaje, con los mejores ingredientes del género y el necesario ritmo paso a paso que conduce al sorpresivo desenlace. Su lectura, desde luego, supera las expectativas del mero entretenimiento estival. No os la perdáis.

Iñaki Calvo