Archivo de la categoría: cómic

El comictario. Neil Gaiman reinterpretado por Moon y Bá

En el cómic, como en todas las artes, la suma de talentos dota de especial interés a la obra resultante. Es el caso del título que hoy nos ocupa, Cómo hablar con chicas en fiestas, la adaptación de un cuento del gran escritor británico Neil Gaiman, trasladado a viñetas por los famosos gemelos brasileños Fábio Moon y Gabriel Bá. Desde el minuto uno queda claro que la literatura ensoñadora y fantástica de Gaiman necesita el peculiar toque del dúo brasileiro para llegar a buen puerto. Nadie mejor que estos gemelos, con su trazo fácil y su percepción del color y el movimiento, para ilustrar la historia que Neil Gaiman escribió en una sola tarde, después de un bloqueo creativo que le había impedido entregar el cuento en el plazo fijado.

El detonante de la reacción de Gaiman fue lo que le dijo el crítico literario que le había encargado la pieza para una antología de relatos: “no te preocupes, no pasa nada, acabo de recibir un cuento extraordinario de una autora que lo ha escrito en sólo 24 horas“. Nos imaginamos la frustración de un Neil Gaiman que, herido en su orgullo, se puso a la tarea y escribió en tiempo récord las veinte páginas de Cómo hablar con chicas en fiestas. El cuento, por supuesto, formó parte de la antología, titulada Cosas frágiles y publicada en 2006, estuvo nominado al Premio Hugo y ganó el Premio Locus al mejor relato corto de ciencia ficción. Ahora, once años después, llega su adaptación al cómic, y dentro de unos meses se estrenará la correspondiente película.

Los protagonistas son dos adolescentes, Vic y Enn, citados a una fiesta que organiza su amiga Alison. Vic es el guapo, el ligón que siempre triunfa con las chicas, y se dirige a la fiesta con mucho más optimismo que Enn, acostumbrado a quedarse en un segundo plano envidiando las habilidades de su amigo. Mientras caminan, Vic explica que la clave para ligar con chicas es hablar con ellas, y en el intercambio de opiniones llegan a la casa donde se celebra la fiesta. Resulta que no es a la que ellos se dirigen, pero no importa, la chica que les abre la puerta es bellísima, tiene unos enormes ojos verdes y les deja entrar con insólita facilidad. La casa está llena de mujeres, todas guapas, todas con fascinantes ojos verdes. Como es lógico, la pareja de amigos, sobre todo Vic, se las prometen muy felices, pero se van a encontrar con unas chicas que tienen demasiado mundo, demasiado universo incluso, para ellos.

Tengo que decir que, a pesar de su evidente atractivo, la lectura de Cómo hablar con chicas en fiestas te deja la sensación de que falta algo. Pero claro, es que es una historia de Gaiman, donde además de leer toca imaginar. Y en esa imaginación cada quien tendrá sus propias respuestas.

Iñaki Calvo

El comictario. De tripas y corazón, del francés Pozla

Cuando alguien ofrece un testimonio absolutamente sincero, sin concesiones y ateniéndose a la cruda realidad, se suele decir que lo que ha dicho o escrito le ha salido de muy dentro, “de las tripas”. Son mensajes que suelen causar el lógico impacto en los receptores, porque saben que la persona a la que están escuchando o leyendo les dice la verdad con mayúsculas, y eso es algo que siempre se agradece, sobre todo en estos tiempos marcados por la mentira, la propaganda y la manipulación, o por el conjunto de todas ellas, la famosa y maliciosa “posverdad“. Muy lejos de ese terreno falso y pantanoso encontramos joyas como el cómic que hoy nos ocupa, De tripas y corazón, el diario de un enfermo sin dobleces ni artimañas.

El autor de la obra es el dibujante francés Pozla, sobrenombre de Rémi Zaarour, un hombre joven, de sólo 35 años, que pasó una infancia marcada por los dolores de estómago. Luego vinieron las diarreas, los diagnósticos y los tratamientos fallidos, incluso las humillaciones, cuando le llegaron a decir que lo suyo no era real, sino un problema psicológico. Así hasta 2011, año en el que los médicos dieron con el mal que le torturaba desde niño, la enfermedad de Crohn. Esta dolencia de origen autoinmune ataca al aparato digestivo, provoca la inflamación de los intestinos, llagas y úlceras, el paciente sufre diarreas y episodios de dolor agudo, en los casos más graves hay que pasar por el quirófano y, en ocasiones, es motivo de incapacidad laboral.

Un auténtico infierno que Pozla nos cuenta a base de dibujos, muchos de ellos hechos en el hospital y en casa, durante su largo y penoso postoperatorio. Sus ilustraciones duelen, nos hacen compartir con él el sufrimiento que le provoca su enfermedad, pero no cae en la autocompasión sino todo lo contrario. A pesar de su padecimiento Pozla es capaz de reírse de sí mismo, se retrata como un pobre hombre flaco, débil y desgarbado, sometido a situaciones crueles y ridículas, pero retrata también el apoyo incondicional de su mujer y su pequeña hija y su propia convicción y fuerza para salir adelante. Pozla confiesa que los dibujos le sirvieron como terapia, y nosotros no podemos hacer otra cosa que recomendar encarecidamente la lectura de este cómic, De tripas y corazón, no sólo a los enfermos de Crohn y a sus familias, sino a la sociedad en general. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. El Heraldo, de J.G. Jones y Mark Waid

De los árboles del Sur cuelga una fruta extraña…” Así comienza la famosa canción Strange fruit, que interpretaba en los años 30 del pasado siglo la legendaria cantante de color Billie Holiday. Un tremendo alegato contra el racismo, una estremecedora denuncia de los linchamientos de personas negras en el sur de los Estados Unidos, cuyos cadáveres ahorcados colgaban de los árboles como extrañas frutas ensangrentadas. Tomando como referencia esta canción y aquellos tiempos terribles el gran guionista Mark Waid y el sensacional dibujante J.G. Jones, nativos sureños los dos, firmaron el año pasado uno de los cómics más polémicos publicados en el país del Tío Sam.

Se titulaba, lógicamente, Strange fruit, y una de las principales críticas que le llovieron fue que sus dos autores eran blancos y del sur, y por ello no podían empatizar con los sufrimientos padecidos por la población afroamericana. Una crítica que se demuestra absurda con la lectura de esta rompedora novela gráfica, ambientada en el año 1927, durante la gran inundación del río Misisipi, la mayor en la historia de los EEUU. En vísperas de la catástrofe y con la lluvia cayendo de forma torrencial, en la pequeña ciudad de Chatterlee el miedo a las aguas se mezcla con las tensiones raciales. Mientras el Ku Klux Klan hace de las suyas, los blancos propietarios de las plantaciones tratan por todos los medios de obligar a los trabajadores de color a que refuercen los diques de contención del río.

La situación se hace cada vez más grave y, de repente, sucede lo imprevisto: una especie de meteorito cae cerca de Chatterlee y de su interior sale un negro gigantesco, un Superman de color que atemoriza a los blancos y se convierte en la gran esperanza de la población negra, El Heraldo que da título a la versión en castellano del cómic. Pero no hay maldad en el gigante venido del espacio, y Jones y Waid juegan con la idea del superhombre y el uso de la fuerza en bien de la comunidad, aunque no por ello dejan de sazonar esta peculiar historia con matices e imágenes que provocaron la airada protesta de algunos sectores, como la del coloso negro desnudo y usando como taparrabos la bandera sudista.

Magnífica ambientación histórica, una gran galería de personajes y excelentes dibujos de J.G. Jones, que llega a recordar incluso al mítico Norman Rockwell, el ilustrador por excelencia del costumbrismo americano. Un conjunto de virtudes que hace de El Heraldo un cómic absolutamente recomendable. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. El perdón y la furia, de Altarriba y Keko

Hace casi tres años el guionista Antonio Altarriba y el dibujante Keko firmaron un cómic de gran impacto visual y argumento tan potente como discutible. Se titulaba Yo, asesino, y su protagonista era un profesor de Historia del Arte de la Universidad del País Vasco, un psicópata culto y estudioso que cometía sus crímenes siguiendo siempre criterios estéticos. Aquella novela gráfica, galardonada en Francia con el Gran Premio de la Crítica, destacaba sobre todo por las espléndidas ilustraciones en rotundo blanco y negro de Keko, alteradas tan sólo por el color rojo de la sangre derramada. Fue la fórmula ideal para plasmar un mundo de locura, dolor y arte, un esfuerzo creativo que dejó un profundo poso y que casi tres años después ha tenido oportunidad de reproducirse.

Oportunidad brindada ni más ni menos que por el Museo del Prado, coincidiendo con la exposición Ribera. Maestro del dibujo que ha podido verse hasta mediados de febrero en la pinacoteca madrileña. El Prado continúa así el camino que inició el año pasado, durante la gran muestra conmemorativa del quinto centenario de la muerte de El Bosco. Aprovechando ese evento el museo publicó su primer cómic, El tríptico de los encantados, una obra firmada por el gran dibujante Max. Algunos creyeron que aquello sólo era un experimento, pero la apuesta del Prado por el noveno arte es seria y en enero de este año veía la luz su segundo cómic, El perdón y la furia, la nueva obra de Altarriba y Keko en la que repiten la exitosa fórmula de Yo, asesino.

Otra vez el blanco y negro salpicado de rojo sangre, y otra vez profesores de arte a los que ronda la oscuridad. El protagonista principal de la trama es Osvaldo González, un docente obsesionado con el gran pintor José de Ribera, El Españoleto, y especialmente con su obra Las Furias, cuatro cuadros que representan con trazo maestro el martirio de cuatro personajes de la mitología clásica, Ticio, Ixión, Sísifo y Tántalo. Al profesor universitario le atormenta que un pintor religioso como Ribera haga retratos paganos, y en su afán por descubrir el secreto de esas obras cae en un abismo de crimen y locura. Un descenso a los infiernos ilustrado por Keko de forma magistral, con rostros crispados, cuerpos retorcidos y un ambiente opresivo y angustioso que anticipa el trágico y cruel final.

Merece la pena sumergirse en la lectura y en las imágenes de El Perdón y la furia, una obra que, según Miguel Falomir, el nuevo director del Museo del Prado, “confirma que el cómic es un arte con el mismo rango y prestigio que la pintura o la escultura“. No seré yo el que se lo discuta.

Iñaki Calvo

El comictario. Vidas marcadas, de Warnauts y Raives

A finales del año pasado se publicaron dos álbumes de una colección titulada Vidas Marcadas bajo el sello de la editorial Coeditum, que tiene en su catálogo un gran número de clásicos históricos y de aventuras del cómic francobelga, como Alix, Lefranc, Jhen, Dampierre o Vasco. Una loable labor editorial que se completa con incursiones en otros géneros, entre ellos el bélico y especialmente la Segunda Guerra Mundial. Y aquí es donde se sitúa Vidas Marcadas, una serie firmada por el dúo Warnauts-Raives y que cuenta la historia de varias personas antes, durante y después de la guerra, pero sin seguir ese orden cronológico.

El primer capítulo se titula La inocente, y nos lleva a una Alemania al borde de la derrota definitiva pero en la que el régimen nazi sigue aferrándose a las armas secretas que derrotarán al enemigo y continúa la formación de los jóvenes, chicos y chicas, que deben ser el germen de la nueva raza aria. De uno de esos centros de adoctrinamiento se fuga Nina, una joven que sólo desea reunirse con su tía de Berlín, su último pariente vivo. Obligada a vestir como un chico para cruzar un país devastado por la guerra, Nina llega a las ruinas de la capital alemana e inicia allí una nueva vida basada en la reconstrucción de una ciudad y un país bajo el trauma de la derrota y la invasión militar y el deseo de olvidar los horrores de la guerra a costa, eso sí, de la integridad moral de la mayoría de sus habitantes.

Y tras esta desoladora narración llega el segundo álbum de la serie bajo el título de Los nuevos tiempos, un integral que contiene dos historias. Los autores nos sitúan en Bélgica, en los meses anteriores al estallido de la guerra. A un pueblo en la zona de las Ardenas vuelve Thomas, después de pasar varios años en África. Aventurero y mujeriego, Thomas se reencuentra con Alice, su amor de juventud, casada con su hermano Charles, un personaje importante en la comunidad y afín a la ideología nacionalista que simpatiza con Hitler. Esta primera parte del álbum termina con el estallido de la guerra y la movilización general en Bélgica. La segunda parte da un salto temporal y nos sitúa en los meses finales del conflicto, cuando el territorio belga es liberado por las tropas estadounidenses y empiezan los ajustes de cuentas con los colaboracionistas. Un tiempo de azar e inestabilidad en el que nada es lo que parece y el considerado traidor podría ser, en realidad, un héroe. Una historia compleja en un escenario endiablado.

Esto es la serie Vidas marcadas que tiene, además, la garantía de origen de sus autores. Eric Warnauts es alemán, y Guy Raives nació en Bélgica, concretamente en Lieja, donde se ubica la región de las Ardenas. Ambos forman uno de los dúos más conocidos del cómic europeo, y aportan su arte y sus raíces históricas a esta serie totalmente recomendable. No os la perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. El sheriff de Babilonia, de King y Gerads

La invasión de Irak en el año 2003, basada en la supuesta existencia en ese país de armas de destrucción masiva, supuso la caída de Saddam Hussein y su régimen dictatorial, pero también el inicio de una situación de caos y violencia que se extiende hasta nuestros días. No es fácil escribir historias ambientadas en esa época y en ese lugar, porque siempre recaerá sobre ellas la sombra del mensaje interesado y la falta de imparcialidad, y por ello inicié con mucha suspicacia la lectura del cómic que hoy nos ocupa, El Sheriff de Babilonia.

Tengo que decir, sin embargo, que las sospechas razonables pronto se convirtieron en una certeza: se trata de una magnífica historia que recoge todos los puntos de vista y es capaz de resumir, aunque parezca imposible, la inmensa complejidad de Irak meses después de la invasión. El mérito le corresponde al autor de la trama, Tom King, uno de los guionistas más cotizados del momento y que, además, fue durante siete años agente de operaciones de la CIA y desarrolló buena parte de ese trabajo en territorio iraquí. En la actualidad Tom King trabaja en exclusiva para la editorial DC, y se encarga de dos proyectos especialmente relevantes: la serie de Batman enmarcada en el universo Renacimiento y el que pretende ser el nuevo gran título del sello Vértigo, El Sheriff de Babilonia, una historia que nos lleva al Irak del año 2004, diez meses después de la caída de Bagdad.

Los protagonistas principales son Christopher Henry, un antiguo policía estadounidense que ahora entrena a los futuros agentes iraquíes; Nassir, un veterano de los cuerpos policiales de Saddam Hussein, y Saffiya, miembro de una importante familia purgada por el dictador, educada en EEUU y que forma parte del Consejo Privado para la Reconstrucción de Irak. Un día, uno de los reclutas de Christopher aparece muerto en medio de la calle y, ante la indiferencia general en un país donde la muerte es algo cotidiano, empieza una investigación que se complica página a página.

Intereses económicos, planes secretos, yihadismo incipiente, dudosas lealtades, este es el telón de fondo de una historia que transcurre en un ambiente irrespirable, bajo la presencia constante de los militares, el aire polvoriento, el miedo a un atentado y, sobre todo, la olla a presión de una población civil rota por la guerra y en la que conviven los oportunistas, los derrotados y los que arden en odio hacia el invasor. El Sheriff de Babilonia es un cómic con una trama compleja y exigente que cuenta, además, con el apoyo de los contundentes dibujos de Mitch Gerads. Una obra que merece ser leída y de la que sólo hemos disfrutado la primera entrega. Ojalá no tarde su continuación.

Iñaki Calvo

El comictario. El Tarzán de Harold Foster

Hace más de 80 años, allá por la década de los 30 del pasado siglo, los periódicos estadounidenses fueron el soporte para una auténtica época dorada del cómic. Día tras día y, sobre todo, en planchas dominicales a color, la prensa publicaba las aventuras de personajes que son leyenda del noveno arte como Tarzán, El Príncipe Valiente, Buck Rogers, Terry y los Piratas, Dick Tracy, Flash Gordon, Jim de la Jungla, Mandrake el Mago, Agente Secreto X-9 ó El Fantasma. Un universo de héroes que sirvieron para generar una auténtica industria en torno al cómic y también para hacer que millones de ávidos lectores se olvidaran, o soportaran mejor, los problemas sociales y económicos provocados por la Gran Depresión.

Entre los autores de aquellos cómics destacaba uno sobremanera, Harold Foster, un ilustrador publicitario canadiense que se mudó a Chicago con su mujer y sus dos hijos en 1921. Conocedor de su arte, a finales de 1928, un empresario amante de la literatura y el teatro apostó por él para adaptar al cómic la novela de Edgar Rice Burroughs Tarzán de los monos. Fue un contrato de diez semanas para que Foster dibujara en 300 viñetas la historia de Tarzán y, curiosamente, se publicó por vez primera en Inglaterra, en noviembre de 1928. Poco después, el 7 de enero del 29, la tira debutó en EEUU, el mismo día que otro personaje mítico, Buck Rogers, pero su estreno inglés otorga a Tarzán el honor de ser la primera tira de aventuras protagonizada por un héroe adulto. Tras esta primera experiencia Foster volvió a la publicidad y fue sustituido por el dibujante Rex Maxon, que no gustaba nada a Rice Burroughs.

Tras varias peticiones expresas del escritor, Harold Foster fue finalmente contratado para dibujar la página dominical a color del hombre mono. Un trabajo que se prolongó durante casi seis años, desde el 27 de septiembre de 1931 al 2 de mayo de 1937. 293 planchas maravillosas que ahora podemos disfrutar de un tirón en el magnífico integral publicado por Yermo Ediciones y que es el origen de este comictario. Un volumen imprescindible que recoge el soberbio trabajo de Harold Foster y se completa con abundante documentación. A lo largo de estas páginas legendarias Tarzán se enfrenta a todo tipo de peligros, desde egipcios a vikingos, pasando por traficantes de esclavos, ciudades misteriosas, dinosaurios prehistóricos y las fieras y tribus de la selva. Todo bajo el prisma de un Harold Foster que fue perfeccionando su dibujo hasta terminar su trabajo con Tarzán y dar el salto a la que sería su obra definitiva, El Príncipe Valiente. Por cierto,  quien sustituyó a Foster al frente de Tarzán fue ni más ni menos que el gran Burne Hogart. Pero eso, como diría aquel, es otra historia.

Iñaki Calvo

El comictario. Escapar, del canadiense Guy Delisle

El cómic que hoy nos ocupa no es estrictamente una novedad, porque fue publicado hace ya tres meses, pero su potente argumento y el hecho de que su autor acaba de visitar Euskadi nos obliga a dedicarle, aunque con retraso, un merecido comictario. Se trata de la última obra del canadiense Guy Delisle, Escapar. Historia de un rehén, el minucioso y agobiante relato del cautiverio de Christophe André, trabajador de una ONG médica que fue secuestrado en el Cáucaso el 1 de julio de 1997. Christophe llevaba sólo tres meses en su puesto de responsable administrativo de la oficina de la ONG ubicada en Nazrán, ciudad de la pequeña república de Ingusetia, al oeste de Chechenia. Esa noche, varios individuos armados le sacan a la fuerza de la cama, le meten en un coche, cruzan la frontera chechena y comienza así su particular odisea como secuestrado, sin saber bien qué es lo que quieren sus captores, sin poder comunicarse con ellos, porque no saben ni francés ni inglés, y temiendo que le maten en cualquier momento.

De forma admirable, Guy Delisle plasma en imágenes la vida cotidiana de Christophe André secuestrado, 111 días de cautiverio durante los cuales estuvo solo la mayor parte del tiempo. Casi cuatro meses en los que nuestro protagonista se pregunta una y otra vez cuándo le van a liberar y por qué sus compañeros de la ONG tardan tanto en sacarle de allí. La imagen de Christophe tumbado en una colchoneta, esposado a un radiador, con una bandeja de comida en el suelo y la sombra amenazadora de uno de sus secuestradores ilustra la portada de este cómic y resume la esencia del relato. Ya en páginas interiores disfrutamos con la maestría de Delisle para colocarnos en la piel del cautivo y hacernos partícipes de su incesante actividad mental, sus dudas, preguntas, angustias y miedos que intenta combatir con su afición por batallas históricas, como Austerlitz o Gettysburg, y con la esperanza de una liberación que parece no llegar nunca. Y luego está la idea de la fuga, la obligación de todo prisionero. Christophe la imagina una y otra vez, y una y otra vez se vuelve atrás con una mezcla de temor e impotencia. A final, 111 días después y de una forma bastante inesperada, Christophe André recupera la libertad. Volvió con los suyos y, según leemos al final del libro, tras seis meses de descanso se incorporó a una nueva misión de Médicos Sin Fronteras.

Este gran cómic, publicado por la editorial vasca Astiberri, es un homenaje a todos los hombres y mujeres que, bajo las siglas de ONGs y otras organizaciones humanitarias, trabajan en zonas de conflicto. Un relato absorbente de más de 400 páginas que se leen casi de un tirón y merece un lugar destacado en vuestra biblioteca. No os lo perdáis.

Iñaki Calvo

El comictario. Perder el autobús y ser feliz, de Beka y Marko

De vez en cuando, entre la espesa bruma del trabajo diario, las relaciones familiares o la comprobación de que en la cuenta bancaria hay menos dinero aún del que nos temíamos, es bueno buscar algo de luz y sentarse tranquilamente a leer un cómic como el que hoy nos ocupa, sin grandes intrigas internacionales, feroces luchas a muerte, tiroteos ni explosiones. Una historia sencilla sobre las cosas pequeñas de la vida y la búsqueda de la felicidad titulada El día que el bus volvió a partir sin ella.

Ella es Clementine, una joven independiente, con casa y trabajo pero poco segura de sí misma, sin fortuna en el amor y con un profundo sentimiento de vacío e insatisfacción. Leves incidentes cotidianos, como no despertarse a tiempo para hacer el “saludo al scomic-el-dia-qeu-el-busol” del yoga o ir a la panadería y ver cómo se llevan el último y delicioso cruasán, aumentan la frustración de Clementine y le llevan a apuntarse a un retiro de fin de semana con un grupo de meditación. A mitad de trayecto hacen una parada para comprar alimentos en una tienda ecológica, Clementine va al baño y, al salir, ve con tristeza que el pequeño autobús en el que viajan se ha ido sin ella. Y es aquí donde aparece el otro gran protagonista de la historia, Antoine, dueño de la tienda ecológica y todo un maestro en buscar sentido a la vida y disfrutar de lo que nos ofrece.

Ese comercio perdido en medio de la nada es, en realidad, un lugar mágico, el destino impensado al que llegan, por casualidad, personas con problemas existenciales. Antoine les acoge con amabilidad y confianza, les hace sentirse cómodos y les narra cuentos y fábulas “zen“, donde lo bueno y lo malo son conceptos líquidos, dependiendo de la persona, el momento y sus verdaderos deseos. En medio de acciones simples y reconfortantes, como cocinar sin prisas, dar un paseo por el bosque o charlar tranquilamente al calor de la chimenea, Clementine nota cómo el vacío interior se va llenando y disfruta con la llegada de otros dos visitantes, una antigua amiga de Antoine y un desconocido que también está buscando su camino después de, supuestamente, haber cumplido todos sus sueños.

Estamos ante una historia grata y reconfortante, aunque a veces resulte bienintencionada en exceso. Aún así, merece la pena pararse un rato y disfrutar con la lectura de este cómic, El día que el bus volvió a partir sin ella, con guión de Beka, que es el nombre artístico de la pareja formada por Bertrand Escaich y Caroline Roque, y dibujos de Marko Armspach, artista de Iparralde que le da a la historia el toque sereno que necesita. Label vasco para un bonito cómic publicado por la donostiarra Harriet Ediciones, a cuya cabeza se sitúa el veterano guionista Gregorio Muro Harriet.

Iñaki Calvo

El comictario. El Solar, del gran Alfonso López

Sea por cosas del destino, o por casualidad, lo cierto es que en poco más de un mes se han publicado varios cómics relacionados con la Guerra Civil, todos ellos excelentes. Hace dos semanas hablábamos de la séptima entrega de Paracuellos, la serie de Carlos Giménez sobre los hogares del Auxilio Social. Luego le llegó el turno a Doctor Uriel, la azarosa historia de un médico humanista en pleno conflicto bélico firmada por Sento Llobell. Dos obras maestras a cargo de dos ilustres veteranos a las que ahora añado una tercera, El Solar, un vistazo ácido e irónico sobre el oscuro período de la posguerra a cargo también de otro gran veterano, Alfonso López.

Con una prosa rica en juegos de palabras y diálogos chispeantes, el autor nos sumerge en la España de 1947, el “Undécimo año triunfal del glorioso Alzamiento Nacional“. Es la época de la autarquía, el hambre y la escasez, en la que los próximos al franquismo se enriquecen y el gran contingente formado por los perdedores de la guerra intenta sobrevivir cada día a duras penas. Corre el mes de enero y la dictadura cierra el último campo de concentracióncomic-el-solar que mantenía en funcionamiento, ubicado en Miranda de Ebro. De allí sale el prisionero Pepe Gazuza después de cumplir su condena y, como tantos otros, marcha a “la ciudad” (cualquier ciudad) en busca de un pariente, en este caso su hermano, que le ayude a reiniciar su vida.

Como también era habitual en esos tiempos, el pariente ha huido a otro lugar mejor, y nuestro Pepe Gazuza, solo en la ciudad, se aloja en la típica y tópica pensión llena de personajes pintorescos: la patrona que mira el céntimo con lupa, el ex-combatiente de la División Azul que hace gala de su devoción fascista, un viajante que vende maracas, un judío en tránsito hacia su futuro país y una misteriosa y bella mujer rubia, llamada Ingrid, de la que Pepe Gazuza se enamora perdidamente. Y fuera de la pensión encontramos otra galería de personajes, como la chica que va del pueblo a la ciudad para servir, el militar nazi de paso por España hacia un refugio donde ocultarse e, incluso, un “topo“, una de las tantas personas que, tras el triunfo franquista, vivieron ocultas en sótanos y buhardillas para evitar la cárcel o el paredón.

Una época cruel y tenebrosa retratada de forma magistral por Alfonso López, con ese toque de humor negro y crítica social que caracterizaba las grandes obras de Luis García Berlanga o de Fernando Fernán Gómez. El Solar es el retrato de un país miserable en el que triunfaban las maracas de Machín y las faenas del torero Manolete. Hasta Franco hace una breve aparición, cagando en el campo. Una forma como otra cualquiera de denunciar que el dictador se cagaba, sin ningún problema, en cualquier lugar de España.

Iñaki Calvo