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Balea Zuria, saludando a un nuevo proyecto editorial

En Pompas de Papel hablamos de un nuevo proyecto editorial. Se llama Balea Zuria y ha presentado recientemente su segundo libro: un poemario de Luis Garde titulado Barbaroak baratzean. El primero fue Chillidari gorazarre-Elogio a Chillida, presentado en junio,  en las jornadas Poesía y Pensamiento, unas jornadas organizadas por los autores Juan Ramón Makuso, Felipe Juaristi, Pello Otxoteko y Aritz Gorrotxategi, que son, precisamente, los fundadores de Balea Zuria, que  se va a centrar en la poesía y el ensayo literario. Hemos charlado con uno de los fundadores, el donostiarra Aritz Gorrotxategi. Pincha y escucha la conversación.

El f√ļtbol, la vida y la paternidad, seg√ļn Galder Reguera

Ya s√©, ya s√©: un libro sobre f√ļtbol. ‚Äú¬°Puaj!‚ÄĚ, dir√°n algunos. ‚Äú¬°Bah! No me interesa‚ÄĚ, se√Īalar√°n otros. ‚Äú¬°Buf! Para los futboleros‚ÄĚ, afirmar√° una mayor√≠a. S√≠, un libro sobre f√ļtbol. Y sobre la paternidad, y sobre los sue√Īos rotos, y sobre la trasmisi√≥n de un legado, y sobre la derrota, y sobre el compa√Īerismo, y sobre el sentido de comunidad, y sobre la literatura, y sobre la filosof√≠a, y sobre el cine, y sobre la vida. Un libro que se sirve del f√ļtbol para hablar de las cosas importantes, y tambi√©n las livianas, que marcan la vida de la gente.

Galder Reguera es bilba√≠no, fil√≥sofo y cr√≠tico de arte. Tambi√©n es responsable de actividades de la Fundaci√≥n Athletic Club. Es la persona que se encuentra tras iniciativas tan interesantes como el festival literario Letras y F√ļtbol y el cinematogr√°fico Thinking Football Film Festival. Adem√°s es profesor de √©tica en la Escuela de Entrenadores de Bizkaia. Ha publicado un libro sobre arte conceptual y otro sobre f√ļtbol. Es tambi√©n un apasionado seguidor del Athl√©tic, pasi√≥n que le fue transmitida por su Aitite. Y, esto lo sabr√°n a partir de ahora muchos, es un magn√≠fico escritor.

Hijos del f√ļtbol es el libro que todos est√°bamos esperando de √©l. Es un libro muy personal en el que se mezclan el relato autobiogr√°fico, con las reflexiones sobre las relaciones paterno filiales, sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sobre las l√≠neas de pensamiento que mueven el mundo y, c√≥mo no, sobre el mundo del f√ļtbol. Una especie de diario que recorre los √ļltimos a√Īos de vida del autor y su especial relaci√≥n con su hijo mayor que al principio del relato est√° a punto de cumplir los cinco a√Īos. Una relaci√≥n que obliga a Galder Reguera a mirarse a s√≠ mismo y a volver los ojos a las historias de su pasado, de cuando era ni√Īo y solo so√Īaba con ser futbolista y futbolista del Athl√©tic, de cuando era un adolescente autodestructivo y de cuando de joven consigui√≥ enderezar su camino. Cada paso est√° repleto de agudas divagaciones, de dolorosas confesiones, de temores expuestos en voz alta sobre las posibilidades de ‚Äúcagarla‚ÄĚ siendo padre. Es enternecedor cuando el autor nos cuenta el miedo que tiene a la p√©rdida de inocencia de su hijo, a causarle un dolor innecesario, a no saber que palabras pronunciar en el momento oportuno. Se cuestiona incluso el autor la transmisi√≥n de su pasi√≥n futbol√≠stica, por lo que rodea actualmente al mundo del f√ļtbol. Se habla mucho de la melancol√≠a de lo perdido (el futbolista retirado) o de lo que pudo haberse perdido (los sue√Īos rotos por no llegar). Tambi√©n de las desconfianzas de las izquierdas ante el f√ļtbol, del culto al goleador, de la importancia del grupo para conseguir momentos de felicidad, del f√ļtbol y el nacionalismo y de la b√ļsqueda de un ‚Äúf√ļtbol humanista‚ÄĚ, que ponga a las personas encima de todo, a personas que quieran seguir jugando al f√ļtbol porque disfrutan y no se sientan presionadas por el resultado.

Un libro magn√≠fico en el que el f√ļtbol y la vida se imbrican de manera maravillosa. ‚ÄúEn el rect√°ngulo de juego y en la grada -se dice- caben todas las historias: de √©xito y fracaso; de amor, odio e indiferencia; sobre el destino y la posibilidad o no de regatearlo; sobre la vida y sobre la muerte. El bal√≥n contiene potencialmente todas las historias. S√≥lo hay que ponerlo en movimiento. Jugar y esperar que acontezcan‚ÄĚ. Y donde al final se hace un canto a la paternidad gozosa sin miedos: ‚ÄúTener un ni√Īo es maravilloso, pero verlo crecer… eso s√≠ que es m√°gico de verdad‚ÄĚ.

Galder Reguera, por favor, sigue escribiendo.

Enrique Martín

Las irreverentes y rigurosas reflexiones de Iban Zaldua

El escritor guipuzcoano Iban Zaldua (Donostia, 1966) ha publicado en la editorial Elkar un libro en el que recupera varios art√≠culos sobre el mundo literario titulado (Euskal) Literaturaren alde (eta kontra). Aunque le asociamos mucho con el cuento (Gezurrak, gezurrak, gezurrak, La isla de los antrop√≥logos y otros relatos, Etorkizuna, Biodiskografiak o Inon ez, inoiz ez), este profesor de Historia en la Universidad del Pa√≠s Vasco ha publicado tambi√©n novela, ensayo, literatura infantil y hasta c√≥mic. Como curiosidad, podemos se√Īalar que ha ganado el Premio Euskadi tanto en euskera como en castellano y en tres modalidades: literatura en euskera, literatura infantil y juvenil, tambi√©n en euskera, y ensayo en castellano. Desde luego, conoce muy bien la literatura vasca, y sabe c√≥mo est√° el panorama. Durante los √ļltimos a√Īos ha sido habitual que plasmara sus impresiones sobre la ‚ÄúRep√ļblica de las Letras‚ÄĚ, como √©l denomina el mundillo literario, en blogs y peri√≥dicos. El libro del que hoy vamos a charlar (Euskal) literaturaren alde (eta kontra) recopila precisamente todos esos art√≠culos, manifiestos y dec√°logos en los que Zaldua expresa con sinceridad y bastante humor sus certezas y sus dudas. Con el autor hemos charlado. Pincha y disfruta de la conversaci√≥n.

Los deslumbrantes mundos de Bernardo Atxaga

Leer a Bernardo Atxaga es siempre un placer. Aunque algunos de sus textos sean viejos, mantienen el sabor del contador de historias que, para nuestra satisfacci√≥n, sabe que ha nacido para escribirlas. Este libro, bellamente editado por la nov√≠sima editorial catalana Hurtado&Ortega, re√ļne viejos textos de Atxaga (de 1997) que han sido remozados, otros que aparecieron aqu√≠ y all√°, y son dif√≠ciles de encontrar, y alg√ļn texto nuevo. Es un libro mezcolanza que habla de viajes y ciudades lejanas, pero en el que tambi√©n nos encontramos rememoranzas del peque√Īo pueblo guipuzcoano, Asteasu, donde Atxaga naci√≥ como Jose Irazu. Un libro por tanto de retazos autobiogr√°ficos y de reflexiones sobre el ser y estar, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sobre el pa√≠s que no todos denominan igual y sobre la identidad que nos inventamos para escribir y acaba apoder√°ndose de uno.

En la primera parte el autor viaja por Extremadura, Tenerife, Par√≠s, Palencia, Marruecos, Madrid y Asteasu. Y ve cosas que los viajeros poco atentos no ven: verdades falsas e imperecederas, turistas que despotrican de los turistas, intentos in√ļtiles de alejar a los parias, intimidades imposibles de los pastores, la desmesura del f√ļtbol, el retorno al pasado al volver al terru√Īo. En la segunda parte se recobran reflexiones sobre la presencia de lo antiguo en el mundo rural, sobre la ternura de los burros, sobre la intimidad de las grandes urbes, sobre los rostros infinitos de las ciudades. Hay un momento en el que el autor vuelve a Obaba, por dos veces, y otro en el que reflexiona sobre la esencia de su pa√≠s Euskadi (ahora con S y antes con Z). Y le da tiempo tambi√©n hablar de la literatura y de la importancia de que un libro encuentre su caja de resonancia y para zanjar definitivamente el origen y el por qu√© de un seud√≥nimo literario.

Bernardo Atxaga es un escritor de verdad, un fabulador de primer orden, un mago de la palabra, un entra√Īable manipulador de los sentimientos, un extraordinario pensador de la vida cotidiana. Bernardo Atxaga es un escritor que parece hablarnos a cada uno al o√≠do, para que podamos encontrar nuestras propias respuestas a las preguntas importantes de siempre. Porque Atxaga sabe mirar a las peque√Īas cosas para extraer la maravilla que habita en ellas. La gente que no le lee no sabe lo que se pierde. Leerle es volver siempre a territorio conocido, al hogar y la infancia. Nada puede haber mejor.

Enrique Martín

Ibon Sarasola y la historia del euskera batua

Dice Ibon Sarasola en el pr√≥logo a su Bitakora kaiera que, como el euskera batua se considera establecido en 1980, muchos euskaldunes pensar√°n que es algo de toda la vida. Yo misma, nacida en 1977, he agradecido much√≠simo el repaso hist√≥rico que este ling√ľista hace de la implantaci√≥n del batua en la primera parte del ensayo. Sarasola habla de la reuni√≥n de Baiona, de las discusiones, de las decisiones que tomaron, de puntos de disensi√≥n como la incorporaci√≥n de la letra ‚Äúh‚ÄĚ, y recuerda tambi√©n la delicad√≠sima situaci√≥n en la que el idioma estuvo no hace tanto: ‚ÄúBegien bistakoa zen 1960ko urte inguru horretan, euskara azken hatsa ematen ari zela. Eta bazidurien euskaldunen komunitatean ez zegoela horren aurrean inolako erreakziorik.‚ÄĚ Por fortuna, no fue as√≠, y hubo reacci√≥n. En 1968 se celebr√≥ en Arantzazu la primera Asamblea General de Euskaltzaindia, a la que acudieron unas sesenta personas. A pesar de los desacuerdos, en 1973 el √©xito del euskera batua ya se apreciaba con nitidez, si se atend√≠a a las publicaciones de aquel a√Īo. ‚ÄúBost urtean lorturiko ‚Äúmirari‚ÄĚ hori ez zen izan zerutik etorritako zerbait. Horren atzean lan asko eta diziplina handia zegoen‚ÄĚ, destaca Sarasola. Lo que vino despu√©s quiz√° s√≠ sea ya m√°s conocido: los modelos de ense√Īanza, los nuevos medios de comunicaci√≥n, los nuevos escritores.

La segunda parte habla de la evoluci√≥n de la lengua, de los pr√©stamos terminol√≥gicos de Iparralde a Hegoalde, de su expansi√≥n y de una nueva titularidad, por decirlo, as√≠, compartida por much√≠simos hablantes que la han ido haciendo suya. Se detiene tambi√©n Sarasola en la indiscutible importancia y vigencia de los cl√°sicos, pero reivindica la calidez y validez de los escritores modernos. As√≠ mismo, tambi√©n expresa su opini√≥n sobre los euskalkis: ‚ÄúNire ustez euskalkiek, bizpahiru belaunaldietan, euskalki izateari utzi behar diote eta euskara batuaren aldaera huts bihurtu behar dute (‚Ķ). Bestela, gureak egin du. Bizkaiera eta zuberera, kasu, euskara batuaren kolore bat, doinu berezi bat bilakatu behar dira‚ÄĚ. A√Īade que en tres o cuatro generaciones, uno de Bermeo y otro de Iparralde se tienen que comprender c√≥modamente. Asegura que eso es vital para el futuro del euskera.

El tercer cap√≠tulo parte del ensayo Back to Leizarraga, de Kepa Altonaga, con el que Sarasola se muestra en gran parte de acuerdo. El ensayo hablaba de los purismos, del purismo l√©xico, y lamenta que debido a ese purismo se perdieran algunas f√≥rmulas, como el relativo anaf√≥rico. El libro se cierra con Escape from Altube. En esas p√°ginas muestra su disconformidad con las tesis del citado ling√ľista. ‚ÄúEdozein garbizalekeria -dice Sarasolasalagarria eta arbuiagarria da, eragotzi egiten¬† duelako hizkuntza baten helburu nagusia, hau da, komunikagarritasuna‚ÄĚ.

Bitakora kaiera es, en definitiva y como ya se ha se√Īalado, un recorrido por el pasado, el presente y el futuro del euskera. Tambi√©n supone un ajuste de cuentas del autor consigo mismo en el que mantiene que, una vez normalizado el euskera batua, el trabajo de los fil√≥logos y te√≥ricos no consiste ya en dictar normas. Ha sido un largo viaje y en su transcurso la situaci√≥n ha cambiado para bien. ‚ÄúBidaia horren aurretik idazleak eta itzultzaileak leziatzen nituen; orain, bidaiaren arian, euskal idazle eta itzultzaile onek leziatu naute ni eta erakutsi didate zein den bidea euskaraz ongi idazteko‚ÄĚ, concluye. Pues, sin duda, hay mucho que aprender de ese viaje y mucho que apuntar en las privilegiadas reflexiones y conclusiones de Ibon Sarasola.

Txani Rodríguez

Los raros. La convivencialidad, de Iv√°n Illich

‚ÄúDebemos constituir ‚Äďy gracias a los progresos cient√≠ficos lo podemos hacer- una sociedad post-industrial en que el ejercicio de la creatividad de una persona no imponga jam√°s a otra, un trabajo, un conocimiento o un consumo obligatorio. En la era de la tecnolog√≠a cient√≠fica, solamente una estructura convivencial de la herramienta puede conjugar la supervivencia y la equidad. La equidad exige que, a un tiempo, se compartan el poder y el haber. Si bien la carrera por la energ√≠a conduce al holocausto, la centralizaci√≥n del control de la energ√≠a en manos de un leviat√°n burocr√°tico sacrificar√≠a el control igualitario de la misma a la ficci√≥n de una distribuci√≥n equitativa de los productos obtenidos… Para ser posible dentro de la equidad, la supervivencia exige sacrificios y postula una elecci√≥n. Exige una renuncia general a la sobrepoblaci√≥n, la sobreabundancia y al superpoder, ya se trate de individuos o de grupos‚ÄĚ.

Estos son fragmentos de La convivencialidad de Iv√°n Illich. Ensayista austriaco establecido en M√©xico, de ampl√≠sima formaci√≥n intelectual, Iv√°n Illich ejerci√≥ como sacerdote y profesor universitario antes de secularizarse y dedicarse por completo al an√°lisis cr√≠tico de la sociedad contempor√°nea. Probablemente m√°s conocido para el gran p√ļblico por La sociedad desescolarizada, el c√©lebre ensayo que dedic√≥ a la instituci√≥n educativa, su abanico de intereses fue muy diverso, y tambi√©n se extendi√≥ al estamento m√©dico, con otro pol√©mico libro titulado N√©mesis m√©dica o a la gesti√≥n igualitaria de la energ√≠a, que abord√≥ en Energ√≠a y equidad.

Pero sin duda, el t√≠tulo que hoy les proponemos, La convivencialidad, publicado en 1973, es su obra m√°s importante, aquella en la que expone las fallas de nuestra sociedad y propone alternativas para transformarla. A su juicio, vivimos en una sociedad burocratizada en la que el saber se confunde con el curr√≠culum acad√©mico, el cuidado de la salud con la instituci√≥n m√©dica o el ejercicio del poder con la actividad pol√≠tica, convirtiendo a la poblaci√≥n en in√ļtil y dependiente en todos estos campos. Adem√°s, el objetivo de esta civilizaci√≥n es el crecimiento ilimitado de la producci√≥n industrial y, por lo tanto, est√° condenada al agotamiento energ√©tico y a la autodestrucci√≥n.

Frente a ella, Illich propone una sociedad desprofesionalizada en la que todos compartamos el poder y el saber. Y plantea alternativas para la supervivencia, que a su juicio, pasan por el control demográfico y la adopción de formas de producción alternativas a la industrial, que utilicen herramientas convivenciales: una tecnología a escala humana que, en lugar de avasallar y programar al individuo, saque el mejor partido de nuestra energía e imaginación, fomentando la autonomía y expandiendo el radio de acción personal.

Escrito por uno de los pensadores m√°s l√ļcidos del siglo XX, este ensayo imprescindible, adelantado a los planteamientos ecologistas m√°s consecuentes y a la teor√≠a del decrecimiento, nos propone, en definitiva, todo un programa de acci√≥n para iniciar la transici√≥n social y energ√©tica, que nos espera en las pr√≥ximas d√©cadas, si queremos preservar la vida en el planeta en el marco de una sociedad equitativa. La convivencialidad de Iv√°n Illich.

Javier Aspiazu

Por los pasajes de Barcelona con Jordi Carrión

Jordi Carri√≥n se ha recorrido palmo a palmo los m√°s de cuatrocientos pasajes que hay en Barcelona. Inspirado por Italo Calvino y, especialmente, por Walter Benjamin y su Proyecto de los Pasajes, Carri√≥n ha confeccionado, a base de estudio, observaci√≥n y amor a su ciudad, un mapa alternativo. ‚ÄúLos pasajes (‚Ķ) son grietas en el modelo de Barcelona. Son ranuras que -unidas-configuran otro mapa de esta ciudad, un mapa que se expande en el espacio hasta los confines que nadie incluye y en el tiempo hasta los or√≠genes que nadie evoca, para recordarnos la historia, las historias, que ha desechado el relato institucional‚ÄĚ, dice. Lo cierto es que, a trav√©s de sus paseos, aprendemos mucho de la Barcelona medieval, de su ensanche, de los cambios que se dieron tras las Exposiciones Universales de 1888 y la de 1929 -esta √ļltima se not√≥ especialmente en Montjuic-, de la Barcelona de los Juegos Ol√≠mpicos y del Forum de las Culturas, de Gaud√≠, por supuesto, del modernismo. Todo sin perder de vista los pasajes porque asegura Carri√≥n que en ellos est√° la afirmaci√≥n y la negaci√≥n de la ciudad entera: ‚ÄúSi la metr√≥polis se define por los peatones y los veh√≠culos, la velocidad o el tr√°fico, el pasaje los ignora, los pone en jaque o, al menos, entre par√©ntesis‚ÄĚ.

Pero los pasajes son tambi√©n pasajes de libros. Por ello, en este trabajo, entre los cap√≠tulos dedicados al urbanismo, digamos, se intercalan fragmentos de otras lecturas que guardan siempre relaci√≥n con la narraci√≥n troncal. En conjunto, estamos ante un recorrido por la Barcelona de todas las √©pocas que revela datos sorprendentes. Me ha resultado curioso, por ejemplo, tener noticia del siguiente trampantojo: para que el Barrio G√≥tico, tras siglos de hacinamiento y construcciones y epidemias, volviera a parecer aut√©ntico y medieval se fue adornado de forma artificiosa: ‚ÄúAs√≠, la calle del Bisbe, con sus g√°rgolas de serpientes y centauros y con su majestuoso puente o arco o balc√≥n pasadizo, es un invento de 1929, en plena dictadura de Primo de Rivera.‚ÄĚ En los pasajes se encuentra lo inesperado. Por ejemplo, en el Martras, en pasaje en el que vivi√≥ durante a√Īos, Ouka Lele, fue una especie de embajada de la movida madrile√Īa. ¬†Pero hay m√°s. En el pasaje Robacols se aloja una embajada andaluza, ‚Äúsiempre con flores en la fachada, un aut√©ntico patico cordob√©s trasplantado‚ÄĚ. Los pasajes, en su quietud, ajenos a la aceleraci√≥n de la calle, guardan tambi√©n la √©pica silenciosa de quienes hicieron historia sin escribirla: “Atravesar el barrio del Carmel es subir y bajar una monta√Īa (…) Cuenta el cronista Josep Mar√≠a Huertas Claver√≠a que los vecinos de sus Casas Baratas discutieron durante los dur√≠simos inviernos de 1937 y 1938, en lo m√°s crudo de la cruda guerra civil, si cortaban √°rboles para convertirlos en le√Īa o pasaban fr√≠o pero preservaban el patrimonio: los pinos siguen ah√≠.”

Los pasajes son callejones entre chabolas, o galer√≠as burguesas, o caminos amurallados que discurren por los huertos, o huecos en zonas industriales. Los pasajes nos hablan de pintores como Mir√≥, que naci√≥ en el Pasaje de Cr√©dito, de las lavanderas de Horta, de la burgues√≠a barcelonesa, de anarquistas y republicanos, de escritores, de libreros, de todo un enjambre de hombres y mujeres, dejando paso a otros hombres y mujeres en esos corredores estrechos, que no tienen ning√ļn lado exterior, igual que los sue√Īos, como escribiera el ya mencionado Walter Benjamin. En euskera la palabra pasadizo tiene una segunda acepci√≥n, un segundo uso, que va m√°s all√° del pasaje y que podemos traducir como suceso, o acontecimiento, incidente o an√©cdota. De todos esos significados se nutren tambi√©n los pasajes de este libro hermoso que nos ofrece, desde las entra√Īas mismas de la ciudad, una perspectiva distinta, totalmente al margen de las tiendas de souvenirs.

Txani Rodríguez

Paco Camarasa repasa sus indispensables en la novela negra

Por una vez nos saltamos la costumbre de incluir en esta secci√≥n libros de ficci√≥n para hablar de un ensayo, llam√©mosle as√≠, aunque quedamos justificados porque habla de libros de ficci√≥n, de muchos. Paco Camarasa es un aficionado a lo que √©l llama la literatura negrocriminal en la que pretende englobar todos los g√©neros conocidos como policiacos, desde la novela enigma hasta el hard boiled, e incluso disciplinas tangenciales como la novela de esp√≠as. Camarasa ha vivido una aventura librera con Negra y Criminal, una librer√≠a en el puerto de Barcelona que era refugio de cuanto letraherido especializado ten√≠a la oportunidad de acercarse. Y ahora que ha cerrado su empresa, en parte porque le ha llegado la edad de jubilaci√≥n, pero tambi√©n porque el negocio, a pesar de sus fastos, no daba lo suficiente, ha encontrado tiempo para escribir un libro que re√ļna todos sus conocimientos sobre el tema.

Para no liarse ha decidido distribuirlo por orden alfab√©tico lo que, aparentemente, simplifica las cosas para el autor y tambi√©n para el lector, pero luego el capricho de Camarasa ha hecho que no se encuentre a determinados autores o personajes en el lugar que se espera porque los ha familiarizado con otros y se han cambiado de casilla. Entender√°n que digo esto desde el rencor de quien no ha tenido la oportunidad de escribir un libro sobre uno de sus g√©neros favoritos y de alguna manera envidia la oportunidad del otro. Mi libro habr√≠a sido mucho mejor. O m√°s ordenado. Es pues Sangre en los estantes m√°s un libro de lectura que un libro de consulta, rendido a la escritura sin m√©todo del autor. Y tambi√©n a ciertos despistes menos justificables. Pero, en cualquier caso, es un magnifico instrumento para aquellas personas que quieran asomarse a un g√©nero que no pierde su vigencia, que cada a√Īo tiene nuevos practicantes, que es, despu√©s de la novela rom√°ntica, el tipo de libro que m√°s se vende, y que sigue manteniendo la idea de que es el veh√≠culo perfecto para contar como es la sociedad de cada lugar en determinado momento.

Ahora gustan mucho por aqu√≠ las novelas n√≥rdicas, pero en otros momentos han gustado m√°s las estadounidenses, las mediterr√°neas, las francesas en concreto, ah, ese polar, y las latinoamericanas. Ya digo es un trabajo muy arbitrario, lo mismo dedica dos p√°ginas a una obra de teatro sobre Sherlock Holmes que cinco l√≠neas a todas las pel√≠culas basadas en el personaje. Y no se libra de la pesada carga de su gusto personal que le hace destacar a determinados autores sobre otros creadores injustificadamente. Pero estoy seguro que cada lector encontrar√° ese punto de comuni√≥n con Paco Camarasa que le har√° apreciar este libro. En mi caso la idea de que en la obra de Jim Thompson, La sangre de los King, debe figurar entre 1.280 almas y El asesino dentro de m√≠, nos convierte en una hermandad extra√Īa y muy exclusiva. Cualquiera puede leer Sangre en los estantes, pero este libro ser√° especialmente atractivo para aquellas personas que quieran iniciarse en el g√©nero negro y precisen de consejo. Pero, tengan en cuenta, que √©sta es una adicci√≥n de la que no podr√°n escapar.

Félix Linares

Los mundos del Quijote bajo el prisma de I√Īigo Astiz

En 2016 se cumplieron 400 a√Īos de la muerte de Cervantes. Con esa excusa, el periodista I√Īigo Astiz se mont√≥ en su furgoneta y arranc√≥ para Castilla La Mancha. El objetivo: tratar de rastrear la presencia de El Quijote en esas tierras. El primer resultado de su viaje fue una serie de cr√≥nicas que Astiz public√≥ en el peri√≥dico Berria. Ahora presenta Kixotenean, un trabajo en el que se recopilan aquellos reportajes y se a√Īaden otros muchos elementos: una cr√≥nica final, originales fichas de varias localidades manchegas, extractos de El Quijote traducidos al euskera, y las ilustraciones de Maite Mutuberria. La tesis del trabajo podr√≠a ser la siguiente: la realidad y la ficci√≥n son indisociables y se entrecruzan. Hay, tambi√©n, otra idea que se manifiesta con claridad: la vigencia de El Quijote.

El viaje de Astiz comienza en Villanueva de los Infantes, una localidad que como otras, se arroga ser aquella de cuyo nombre no quer√≠a acordarse el caballero andante. Es julio y el calor se corta. El periodista entra en una tienda de inform√°tica y ve a un hombre dando manotazos al aire. Lleva unas gafas de realidad virtual.¬†El Quijote no las necesit√≥. En otro cap√≠tulo se cuenta c√≥mo, en aquellos molinos del Campo de Criptana, que nuestro h√©roe confund√≠a con gigantes, los ni√Īos cazan pokemons. Como vemos, la real y lo imaginario siguen confundi√©ndose en el siglo XXI, y el peso de la ficci√≥n en esos pueblos de Monlibro-kixoteneantiel es considerable: hay calles, fondas, pasteler√≠as con el nombre de los personajes de una novela. Hay museos y rutas y merchandising sobre personajes de ficci√≥n que ofrecen sustento a personas reales. Por ejemplo, en Toboso, el pueblo de Dulcinea, encontraremos el Museo Cervantino. En 1920, quien era alcalde del pueblo comenz√≥ a pedir a diversas personalidades que enviaran all√≠ un ejemplar firmado de El Quijote, el segundo libro m√°s traducido de la historia, superado solo por la Biblia. Franco, Mussolini, Reagan, Mubarak, Lula da Silva, Thatcher, Mandela y muchos m√°s mandaron ejemplares en sus lenguas maternas. Ardanza envi√≥ uno en euskera. Solo hay tres personas que no enviaron el ejemplar: Hitler (que envi√≥ El cantar de los nibelungos), Gaddafi (que envi√≥ el Libro Verde) y Vargas Llosa (que no envi√≥ nada; hay un libro suyo, de su obra, y una foto que se sac√≥ en el museo, porque anduvo de promoci√≥n por all√≠).

La procelosa traducci√≥n al euskera de El Quijote tambi√©n es referida por Astiz. Los primeros cap√≠tulos se tradujeron varias veces, pero la cosa se quedaba ah√≠. Fue el cura Pedro Berrondo el primero en traducir las dos partes de la obra. Y no hace tanto de eso: hablamos del a√Īo 1985. Las an√©cdotas y los datos que comparte Astiz son numerosas, pero no olvidemos que el territorio de la ficci√≥n es f√©rtil en conjeturas. Una de ellas es la posibilidad de que Cervantes se hubiera inspirado en Juan P√©rez Lazarraga, el administrador de los se√Īores de Guevara para crear El Quijote. Por lo visto, un mal d√≠a, Lazarraga enloqueci√≥ y se arm√≥ y se dirigi√≥ a Gasteiz a caballo al grito de ‚Äú¬°Santiago! ¬°Santiago!‚ÄĚ.

La lectura de Kixotenean resulta divertida e instructiva porque a trav√©s de ese viaje a trav√©s de las tierras manchegas, Astiz repasa la biograf√≠a de Cervantes y revela diversas peculiaridades de la obra y nos brinda, como hemos visto, numerosas historias interesantes. El Quijote, tan precursor e inspirador, ha llegado a nuestros d√≠as en buena forma, y entre pokemos y gafas de realidad virtual, los molinos siguen siendo gigantes porque lo real y lo ficticio se entrecruzan para ofrecer un relato de muchos relatos en el que a√ļn podemos vernos a nosotros mismos.

Txani Rodríguez

La divertida y brutal honestidad de Iban Zaldua

El estado de la literatura, de la literatura en general, aunque el foco est√© puesto sobre la literatura vasca, centra (Euskal) Literaturaren alde (eta kontra), el nuevo libro de Iban Zaldua. En este compendio de textos publicados en peri√≥dicos, en blogs, o le√≠dos en actos p√ļblicos, el escritor donostiarra traslada con honestidad, claridad y humor, sus reflexiones, sus dudas, sus conclusiones, en relaci√≥n al sistema literario y a la literatura. Estamos ante un conjunto de manifiestos, dec√°logos, art√≠culos de opini√≥n e incluso relatos que se detienen en aspectos diversos.

Encontramos, por ejemplo, divertidos y enjundiosos manifiestos contra la poesía, contra la literatura de viajes o contra la literatura juvenil, escritos en un tono que los completa más allá de su literalidad. Así mismo, en sus decálogos (no siempre lo son estrictamente) encontramos consejos con segundas y terceras intenciones para formar parte, por ejemplo, de la generación Erasmus (un decálogo este que se contestó en su momento y mucho, incluso dio pie al libro Orgasmus), para escribir un prólogo o una contraportada o para escribir crítica. libro-euskal

La verdad es que hay pasajes -los consejos que da para escribir columnas de opini√≥n, por citar alguno- que no se pueden leer sin ceder a la sonrisa y sin comprender, al mismo tiempo, que algo de cierto hay: ‚ÄúZutabegileak beti gogoratu behar du norberari gertatzen zaiona izugarri importantea dela (‚Ķ.).‚ÄĚ Lo mismo sucede con el tridec√°logo del escritor cascarrabias, especialmente divertido: ‚ÄúEuskal idazle erretxina beti izango da aurrenekoa zer edo zertan, euskal literaturaren alorrean: lehenengo -euskal-detectibe erretretadun, elbarri eta ilegorriaren sortzaile; zientzia fikzioaren eta nobela historiko-sentimentalaren -euskal-gurutzaketa gauzatzen pionero; harreman zoofiliko bat -euskal- poema liburu oso batean zehar garatzen aitzindari; ‚Äúautobiogeografia kolektibo-minerala‚ÄĚ generoaren asmatzaile-euskaraz-‚Ķ Eta lorpen hori -nahikoa- aitortuko ez zaionez, are gehiago minduko da euskal idazlea, ezinbestean‚ÄĚ. En todo caso, hay que subrayar que el autor ejerce tambi√©n la autocr√≠tica y que a veces, en algunos cierres de estos dec√°logos o art√≠culos, admite que √©l tampoco andar√° lejos de algunos tics o posturas sobre las que ironiza.

En (Euskal) literaturaren alde eta kontra se reflexiona también sobre el supuesto buen estado de forma del cuento en el mercado literario vasco; sobre la rara posibilidad de que el éxito de ventas y la calidad literaria converjan, sobre el protagonismo de la autoficción, sobre el excesivo peso de la realidad (la realidad, no el realismo) en la literatura actual, sobre el canon, sobre la idoneidad de los criterios con los que se establecen las lecturas escolares, sobre el sistema educativo. Recuerda Zaldua que él creció con el convencimiento de que la literatura era algo importante y lamenta que aquella convicción compartida haya ido debilitándose con el paso del tiempo y a consecuencia de distintos factores. Ese desencanto se refleja en el libro, un desencanto que alcanza altas cotas de pesimismo en algunos textos de la parte final como el que, con gran elocuencia, titula Apocalypse Now.

El escritor Mikel Ayerbe se√Īala en su tambi√©n divertido pr√≥logo que este libro quedar√° como testimonio del estado de la literatura vasca actual. Esos lectores futuros se encontrar√°n con escritores envidiosos, un tanto holgazanes, con columnistas egoc√©ntricos, con discordias, pero, la verdad es que, si nada de eso se diera, si todo fuera m√°s normal o ponderado, ¬†tal vez la deserci√≥n en la Rep√ļblica de las Letras de la que habla Zaldua ser√≠a masiva. A favor o en contra, este libro, sin duda, ofrece argumentos muy concretos y da que pensar.

Txani Rodríguez