Archivo de la categoría: memorias

Los raros. Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday

libro-lady-sings-the-blues‚ÄúMam√° y pap√° eran un par de cr√≠os cuando se casaron. El ten√≠a dieciocho a√Īos, ella diecis√©is y yo tres.

Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que iba a tener un bebé, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de tener un ataque al enterarse. Era gente de buena sociedad y nunca había oído hablar de cosas semejantes en su barrio de East Baltimore.

Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces deprisa.

Es un milagro que mi madre no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero Sadie Fagan me quiso desde que yo s√≥lo era un suave puntapi√© en sus costillas mientras ella fregaba suelos. Se present√≥ en el hospital e hizo un trato con la jefa. Le dijo que fregar√≠a los suelos y atender√≠a a las golfas que estaban all√≠ para tener a sus hijos, costeando as√≠ su parte y la m√≠a. Y lo cumpli√≥. Aquel mi√©rcoles 7 de abril de 1915, cuando yo nac√≠ en Baltimore, mam√° ten√≠a trece a√Īos‚ÄĚ.

As√≠ comienza Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday. Redactadas en colaboraci√≥n con el pianista y escritor William Dufty, que recogi√≥ fielmente el modo de expresarse lac√≥nico y rotundo de Lady Day, como se conoc√≠a tambi√©n a Billie Holiday, estas memorias, publicadas en 1956, solo tres a√Īos antes de su muerte, son el testimonio brutal de una vida atormentada, a pesar del √©xito y la fama que goz√≥ la cantante m√°s expresiva de la historia del jazz.

Siempre hay parcelas que se ocultan en las autobiograf√≠as, pero Billie Holiday, nombre art√≠stico de Eleonora Fagan, no nos ahorra detalles escabrosos. Desde la miseria inicial que la oblig√≥ a empezar a trabajar a los diez a√Īos, pasando por un intento de violaci√≥n a la misma edad, el ejercicio de la prostituci√≥n de los 13 a los 15, que le acarre√≥ su primera estancia en la c√°rcel, los comienzos como cantante en peque√Īos clubs para evitar ser desahuciada, episodios vergonzosos de discriminaci√≥n racial cuando, tras interminables giras en autob√ļs con las bandas de Count Basie y Artie Shaw, empezaba a ser ya una de las vocalistas m√°s prestigiosas de la √©poca y, por supuesto, sus torturadas relaciones amorosas. Consecuencia de una de ellas fue su adicci√≥n a la hero√≠na, por cuyo consumo, entonces considerado delito, fue detenida y recluida en varias ocasiones. Afortunadamente, no todo son desgracias, y Holiday recoge tambi√©n en sus memorias la capacidad para hechizar al p√ļblico con su intensidad y dramatismo, y la g√©nesis de las c√©lebres canciones que nos leg√≥ en su faceta de compositora.

A modo de s√≠ntesis, les dir√© que Lady sings the blues reviste un triple inter√©s: es, primero, una cr√≥nica vivaz de la √©poca dorada del jazz (por el libro desfilan genios como Louis Armstrong, Duke Ellington, Benny Goodman o Lester Young, el amigo m√°s entra√Īable de Billie); es, tambi√©n, un testimonio del terrible racismo que sufr√≠an los m√ļsicos negros; y por √ļltimo, un alegato conmovedor, en las p√°ginas finales, contra el trato puramente represivo que recib√≠an los adictos a las drogas.

Un libro durísimo y apasionante, cuya descarnada sinceridad resulta tan afilada como la hoja de afeitar que aparece en la portada de la edición de Tusquets. Así son las memorias de Billie Holiday: Lady sings the blues.

Javier Aspiazu

Los mundos del Quijote bajo el prisma de I√Īigo Astiz

En 2016 se cumplieron 400 a√Īos de la muerte de Cervantes. Con esa excusa, el periodista I√Īigo Astiz se mont√≥ en su furgoneta y arranc√≥ para Castilla La Mancha. El objetivo: tratar de rastrear la presencia de El Quijote en esas tierras. El primer resultado de su viaje fue una serie de cr√≥nicas que Astiz public√≥ en el peri√≥dico Berria. Ahora presenta Kixotenean, un trabajo en el que se recopilan aquellos reportajes y se a√Īaden otros muchos elementos: una cr√≥nica final, originales fichas de varias localidades manchegas, extractos de El Quijote traducidos al euskera, y las ilustraciones de Maite Mutuberria. La tesis del trabajo podr√≠a ser la siguiente: la realidad y la ficci√≥n son indisociables y se entrecruzan. Hay, tambi√©n, otra idea que se manifiesta con claridad: la vigencia de El Quijote.

El viaje de Astiz comienza en Villanueva de los Infantes, una localidad que como otras, se arroga ser aquella de cuyo nombre no quer√≠a acordarse el caballero andante. Es julio y el calor se corta. El periodista entra en una tienda de inform√°tica y ve a un hombre dando manotazos al aire. Lleva unas gafas de realidad virtual.¬†El Quijote no las necesit√≥. En otro cap√≠tulo se cuenta c√≥mo, en aquellos molinos del Campo de Criptana, que nuestro h√©roe confund√≠a con gigantes, los ni√Īos cazan pokemons. Como vemos, la real y lo imaginario siguen confundi√©ndose en el siglo XXI, y el peso de la ficci√≥n en esos pueblos de Monlibro-kixoteneantiel es considerable: hay calles, fondas, pasteler√≠as con el nombre de los personajes de una novela. Hay museos y rutas y merchandising sobre personajes de ficci√≥n que ofrecen sustento a personas reales. Por ejemplo, en Toboso, el pueblo de Dulcinea, encontraremos el Museo Cervantino. En 1920, quien era alcalde del pueblo comenz√≥ a pedir a diversas personalidades que enviaran all√≠ un ejemplar firmado de El Quijote, el segundo libro m√°s traducido de la historia, superado solo por la Biblia. Franco, Mussolini, Reagan, Mubarak, Lula da Silva, Thatcher, Mandela y muchos m√°s mandaron ejemplares en sus lenguas maternas. Ardanza envi√≥ uno en euskera. Solo hay tres personas que no enviaron el ejemplar: Hitler (que envi√≥ El cantar de los nibelungos), Gaddafi (que envi√≥ el Libro Verde) y Vargas Llosa (que no envi√≥ nada; hay un libro suyo, de su obra, y una foto que se sac√≥ en el museo, porque anduvo de promoci√≥n por all√≠).

La procelosa traducci√≥n al euskera de El Quijote tambi√©n es referida por Astiz. Los primeros cap√≠tulos se tradujeron varias veces, pero la cosa se quedaba ah√≠. Fue el cura Pedro Berrondo el primero en traducir las dos partes de la obra. Y no hace tanto de eso: hablamos del a√Īo 1985. Las an√©cdotas y los datos que comparte Astiz son numerosas, pero no olvidemos que el territorio de la ficci√≥n es f√©rtil en conjeturas. Una de ellas es la posibilidad de que Cervantes se hubiera inspirado en Juan P√©rez Lazarraga, el administrador de los se√Īores de Guevara para crear El Quijote. Por lo visto, un mal d√≠a, Lazarraga enloqueci√≥ y se arm√≥ y se dirigi√≥ a Gasteiz a caballo al grito de ‚Äú¬°Santiago! ¬°Santiago!‚ÄĚ.

La lectura de Kixotenean resulta divertida e instructiva porque a trav√©s de ese viaje a trav√©s de las tierras manchegas, Astiz repasa la biograf√≠a de Cervantes y revela diversas peculiaridades de la obra y nos brinda, como hemos visto, numerosas historias interesantes. El Quijote, tan precursor e inspirador, ha llegado a nuestros d√≠as en buena forma, y entre pokemos y gafas de realidad virtual, los molinos siguen siendo gigantes porque lo real y lo ficticio se entrecruzan para ofrecer un relato de muchos relatos en el que a√ļn podemos vernos a nosotros mismos.

Txani Rodríguez

Los abuelos rojo y facha de Juan Soto Ivars

foto-juan-soto-ivarsEl escritor murciano Juan Soto Ivars (√Āguilas, 1985) acaba de publicar en la editorial C√≠rculo de Tiza el libro Un abuelo rojo y otro abuelo facha. Soto Ivars es narrador, ensayista y columnista de prensa. Sus escritos irreverentes y graciosos se han hecho famosos en El Confidencial, El Mundo, El Pa√≠s y la revista Jot Down. Ha publicado dos novelas Siberia y Ajedrez para un detective novato. Un abuelo rojo y otro abuelo facha es, en su primera parte, una especie de biograf√≠a sentimental, y a la vez manifiesto pol√≠tico, que se nutre de las experiencias familiares y que se transforma en una gran met√°fora de la forma que tienen los espa√Īoles de afrontar su pasado m√°s cercano, sobre todo lo que hace referencia a la √©poca de la Rep√ļblica, la Guerra Civil y la dictadura franquista. El autor da gracias a haber tenido una infancia, adolescencia y primera juventud marcada por las dos visiones contrapuestas de sus abuelos, uno rojo declarado, otro facha redomado. La segunda parte es un compendio de art√≠culos publicados en diarios y revistas. Pincha y disfruta de la charla.

El tocho. El cuaderno gris de Josep Pla

libro-el-cuaderno-gris‚Äú9 de Julio. Es incontable el n√ļmero de personas que piensan que no se han de morir nunca, que est√°n absolutamente seguras ‚Äďen virtud de la seguridad inconsciente, que es la m√°s fuerte- de quedarse para siempre en esta tierra. Casi todo el mundo, quiz√° todo el mundo. El hombre no est√° construido para pensar en la muerte‚Ķ. En virtud de este curioso fen√≥meno defensivo, la capacidad racional del hombre se encuentra permanentemente minimizada por esta amnesia. Vivir implica una capacidad racional limitada, incompleta. As√≠, la raz√≥n humana, abstra√≠da de la presencia de la muerte, se convierte en lo que exactamente es: un puro juego pedante‚Ķ‚ÄĚ

Este es un fragmento de El cuaderno gris de Josep Pla, un maestro indiscutible de las letras catalanas del siglo XX. La ampl√≠sima obra de Pla comienza con este c√©lebre diario, escrito a lo largo de un periodo de dieciocho meses, cuando el autor, veintea√Īero, terminaba su carrera de derecho. Profundamente reelaborado, se public√≥ por primera vez en 1966.

La primera parte del Cuaderno, redactada entre marzo de 1918 y enero de 1919, transcurre √≠ntegramente en Palafrugell, la capital del Ampurd√°n, y sus inmediaciones. La virulenta epidemia de gripe que se desataba por entonces en Barcelona oblig√≥ a interrumpir la vida acad√©mica. El estudiante Pla vuelve a la casa familiar y, sin nada que hacer, se engolfa en la descripci√≥n del paisaje ampurdan√©s y en el retrato de los tipos humanos. El autor exhibe una sensibilidad pict√≥rica para describir la naturaleza y los tonos del cielo y el mar. Y una predilecci√≥n acusada por el retrato de personajes singulares: payeses, pescadores y algunos notables de la burgues√≠a local, con quienes comparte tertulia de caf√©. Sobre todo, las ideas parad√≥jicas, con un punto socarr√≥n y conservador, de estos √ļltimos, son recogidas fielmente a trav√©s de conversaciones de una sorprendente agudeza. El eco de la guerra mundial, que se acaba al otro lado de la frontera, est√° a menudo presente. Pla comenta con sarcasmo las enormes fortunas que se est√°n creando, de las que dan signos ostentosos algunos de los veraneantes en la cercana playa de Calella, una de las m√°s bellas de la costa de Girona.

La segunda parte de El cuaderno gris, una vez reanudado el curso académico, transcurre en Barcelona entre enero y noviembre de 1919, y el diario se convierte entonces en una crónica satírica de la vida universitaria, y en una descripción vivaz de la intelectualidad barcelonesa, con la lucha sindical y el enfrentamiento armado entre obreros y patronos de fondo. Los retratos, a base de pinceladas sucesivas, que el autor realiza de figuras clave de la cultura catalana como Eugenio D’ors, Francesç Pujols o Josep Maria de Sagarra, entre otros muchos, son inestimables. Y sus apreciaciones literarias, abundantes en el diario, son tan críticas como certeras.

Escrito con un estilo sobrio, extremadamente preciso en la adjetivación, y con una atractiva mezcla de ironía y sensualidad, El cuaderno gris constituye un documento de época de enorme interés. La meritoria traducción de Dionisio Ridruejo para ediciones Destino, les permitirá disfrutar en castellano de uno de los grandes logros de la literatura catalana del pasado siglo: El cuaderno gris, de Josep Pla.

Javier Aspiazu

Juan Luis Zabala, la vida, sus cosas y un perro llamado Txistu

FOTO Juan Luis ZabalaEl periodista y escritor guipuzcoano Juan Luis Zabala (Azkoitia, 1963) acaba de publicar en la editorial Algaida el libro Txistu eta biok. Tras haber dado a la imprenta novelas, colecciones de relatos, libros de literatura infantil y dos biograf√≠as, Zabala nos presenta su √ļltimo trabajo con el que mereci√≥ el premio Kutxa Ciudad de Ir√ļn. Se trata de una historia, cercana a la autoficci√≥n, en la que tambi√©n encontramos elementos de la novela negra, protagonizada por un periodista de la secci√≥n de cultura de Berria que descubre que lo que verdaderamente le interesa es el deporte. El libro, que tiene pasajes muy divertidos, est√° dividido en peque√Īos cap√≠tulos, en la mayor√≠a de los cuales,¬†Txistu, el perro del protagonista y desencadenante, en cierto modo, de este trabajo, le sirve de excusa al autor para brindarnos interesantes reflexiones sobre la cultura y el euskera, entre otros asuntos.¬†Con el autor hemos charlado. Pincha y disfruta.

El periodismo íntimo de Eduardo Laporte

Hay algunos libros que sabes que te van a gustar, incluso antes de empezar a leerlos. Es quiz√°s la intuici√≥n del lector viejo o un cierto sexto sentido que tienen algunos lectores desde siempre y que les hace detectar lo bueno que se esconde entre tanta oferta libresca. Esto me ha pasado con La tabla del escritor navarro afincado en Madrid, Eduardo Laporte (Iru√Īa, 1979), al que hab√≠amos le√≠do muchas veces en las magn√≠ficas cr√≥nicas que firma como periodista cultural en el suplemento Territorios del grupo Vocento o en el diario El Pa√≠s. Pero lo m√°s curioso que me ha sucedido con este libro es que cre√≠a que me iba a gustar por unas razones y al final me ha gustado por otras. Lo explico.

El libro recupera la historia de un joven navarro de diecisiete a√Īos que en la Semana Santa del a√Īo 1990 se vio arrastrado cincuenta kil√≥metrosLIBRO La tabla mar adentro cuando practicaba windsurf en el Mediterr√°neo, en una playa de Salou, en Tarragona. Durante casi treinta horas el joven luch√≥ a brazo partido por su supervivencia hasta ser rescatado por un helic√≥ptero del SAR tras pasar una noche dantesca y caer al mar varias veces desde su plancha m√≠nima azotada por las olas y el viento. Cuando le√≠ la rese√Īa del libro y unos comentarios en los que se aseguraba que el autor hab√≠a reconstruido la epopeya del joven tras hablar con √©l veinticinco a√Īos despu√©s, pens√© inmediatamente en el famoso relato de Gabriel Garc√≠a M√°rquez Retrato de un n√°ufrago en el que el Gabo periodista reconstru√≠a una odisea muy parecida.

Y entonces empec√© a leer el libro pensando que iba a encontrarme con algo parecido a lo del Premio Nobel colombiano. Y s√≠, ah√≠ estaba la estupenda reconstrucci√≥n en primera persona de la odisea del joven, ahora ya adulto, casado y con hijos, Xabier P√©rez Larrea. Una reconstrucci√≥n que parec√≠a haber sido extra√≠da de la grabaci√≥n de una larga conversaci√≥n del periodista y escritor con el robins√≥n olvidado. Pero hab√≠a algo m√°s, algo que preced√≠a y rodeaba a esa narraci√≥n, porque antes y despu√©s de realizar esa transcripci√≥n el propio autor hab√≠a decido contar c√≥mo encontr√≥ la historia, c√≥mo se encontraba en el momento de encontr√°rsela, y c√≥mo le afect√≥ ese encuentro. De golpe, en lugar de un protagonista nos encontramos con dos, dos seres humanos unidos por un hilo sutil, el de la encrucijada vital. Porque el escritor est√° perdido en su vida profesional y personal; y el antiguo n√°ufrago acaba de ser despedido de su trabajo y no sabe c√≥mo canalizar su ira y su desesperaci√≥n. Como dice Eduardo Laporte se produce ‚Äúel encuentro de dos n√°ufragos dispuestos a dejar de serlo‚ÄĚ.

El libro adquiere una textura diferente, de crónica periodística se transforma en retrato íntimo, del autor y de su interlocutor. Asistimos a un cambio profundo en los dos personajes a través de la catarsis que se produce cuando Xabier decide contar, por primera vez a Eduardo, un desconocido, todo lo que sintió durante su odisea, sobre todo la parte mentalmente más dolorosa, sus miedos y terrores e incluso el momento en el que estuvo a punto de ceder y dejarse morir. Pero pronto adivinaremos que la forma de contar lo sucedido no es algo exclusivo de Xabier, sino que Eduardo ha introducido sus propios miedos y utiliza sus propias metáforas para contar lo que aconteció en el mar.

Un libro breve, tan solo cien p√°ginas, pero que funciona como un electroshock, y que concluye con una autentica epifan√≠a, con el encuentro de los dos protagonistas en un d√≠a de Navidad en el que ambos repasan lo acontecido en sus vidas en los √ļltimos meses y comprenden que han encontrado el camino de salida al terrible laberinto. Ha valido la pena sufrir tanto para tener la posibilidad de vivir dignamente. O como dice en un momento Xabier el n√°ufrago: ‚ÄúTodos los d√≠as me acuerdo de aquellas treinta horas. No las cambiar√≠a por nada‚ÄĚ.

Enrique Martín

Vila-Matas baja la guardia y nos mosquea

No estamos aqu√≠ para descubrir a Enrique Vila-Matas porque todo el mundo sabe ya que es un gran escritor, agudo, inteligente, ingenioso como pocos, juguet√≥n, escritor elevado, pensador profundo, documentado hasta la extenuaci√≥n, exquisito, detallista, casi perfecto. Su enorme cultura le permite escribir sobre cualquier cosa, su penetrante inteligencia le hace ser un l√ļcido analista de la realidad. Llegados aqu√≠ podemos decir que se lo aceptamos todo y eso quiz√° ya no est√° tan bien. Por ejemplo se permite extraer una novela corta, Porque ella no lo pidi√≥, del volumen en que aparec√≠a originalmente, Exploradores del abismo para ser publicada en un volumen diferente con ilustraciones in√©ditas. Este libro hablaba de una relaci√≥n entre Vila-Matas y una mujer que le propon√≠a que le escribiera una vida y ella procurar√≠a cumplirla. El t√≠pico artefacto literario tan querido por el autor.

En esa onda estar√≠a tambi√©n la nueva novela de Enrique Vila-Matas, Marienbad el√©ctrico, que cuenta los encuentros con Dominique Gonz√°lez-Foerster y LIBRO Marienbad el√©ctricoel enriquecimiento intelectual com√ļn que suponen. Es tambi√©n una novela corta, poco m√°s de cien p√°ginas, ilustrada con unas cuantas fotograf√≠as que tratan de apuntalar la idea de que estamos ante una obra de autoficci√≥n, aunque lo mismo servir√≠an para acompa√Īar una obra de ficci√≥n total. De hecho, como ya he confesado en anteriores ocasiones, suelo tomarme la autoficci√≥n por ficci√≥n a secas, idea sustentada en este caso por la atribuci√≥n a Enrique de unas cuantas an√©cdotas que alimentan esta leyenda. En cualquier caso, ¬Ņqu√© m√°s da? Lo que ya me parece un poco mas preocupante es que a la f√©rrea estructura de obras anteriores, oponga Vila-Matas en sus t√≠tulos mas recientes cierto desorden, una sensaci√≥n de crecer sin idea previa, escritos al parecer tal y como se le ocurren las cosas al escritor, a√Īadiendo a cada tronco unas ramas que lo embellezcan con asuntos que un tipo de la cultura del autor puede sacar de su cabeza sin esfuerzo aparente. Y, si se me permite, sin la profundidad de pensamiento que encontr√°bamos antes.

Podr√≠amos asumir que Enrique Vila-Matas ya ha dado sus grandes obras, pero sigo resisti√©ndome a la idea. Eso s√≠ la lista de personajes es abrumadora: Eduardo Lago, Nabokov, Sherlock Holmes, Johnson y Boswell, Rimbaud, Marguerite Duras, Roberto Calasso, Klaus Kinski, Buster Keaton, Cioran y Beckett, eso solo en el primer cap√≠tulo. Y hoteles, y lugares ex√≥ticos, y pel√≠culas raras y el encanto de su escritura. Pero hay algo que hace sospechar. El aut√©ntico Vila-Matas jam√°s habr√≠a reconocido que no hab√≠a entendido una pel√≠cula, aunque sea tan cr√≠ptica como El a√Īo pasado en Marienbad de Alain Resnais, y aqu√≠ lo hace. ¬ŅQu√© est√° pasando? En serio, tengo la impresi√≥n de que el autor se despreocupa, porque sabe que su p√ļblico espera ansioso sus nuevos libros. Bien, hay que decirle que no puede permitirse bajar la guardia. Y que le queremos, pero que no hay nada m√°s peligroso que un amor traicionado. Pase por esta vez, Enrique. Te esperamos a la siguiente.

Félix Linares

Ali Salem, la vida de un beduino en el Caribe

Ali Salem Iselmu naci√≥ en 1970 en el Sahara Occidental. Cuando ten√≠a ocho a√Īos, su familia, como tantas familias, huy√≥ a Argelia. En 1982, Iselmu march√≥ a Cuba donde vivi√≥ durante catorce a√Īos. Bueno, pues esta breve acotaci√≥n biogr√°fica explica ya el t√≠tulo de este libro Beduino bat karibe aldean.

Periodista y poeta, este saharaui decidi√≥ escribir este libro para dar traslado de la realidad de su pueblo.:‚ÄúEsku artean daukazun liburu honek, kultura aniztasunaren esparru zabalean kokaturik, herri baten iragana, oraina eta geroa erakutsiko dizikizu eta, bide batez, basta besteagandik urrun egonagatik ere, historia eta kultura ulertzeko moduari dagokienez, uste baino gertuagokoak diren gure herrien arteko besarkada irudikatzeko balio izango du‚ÄĚ. LIBRO Beduino bat Karibe aldeanY la verdad es que los distintos relatos que componen Beduino bat karibe aldean nos acerca al Sahara desde distintos puntos de vista. Conocemos a trav√©s del libro los tiempos en los que sus habitantes llevaban una vida n√≥mada y apacible; conocemos el d√≠a a d√≠a de los campamentos de Tinduf, un lugar hostil en el que resulta dif√≠cil ser ni√Īo e incluso resulta dif√≠cil que la vida germine.

As√≠ mismo, Ali Salem nos relata c√≥mo √©l y muchos otros ni√Īos tomaron un d√≠a un barco que le llevar√≠a a Cuba, una tierra que le dio una buena acogida y que, llegado el momento, le apen√≥ abandonar. Habla tambi√©n de la extra√Īeza del retorno al lugar que le vio nacer y de c√≥mo, tras tantos a√Īos de exilio, aunque jam√°s se olviden las ra√≠ces, si se cede a cierto desarraigo al volver: ‚ÄúHamalau urte geroago beriz ikusi nituen ama, aita, aiton amonak eta nai arrebak. Guztietatik aitona baino ez nuen ezagutu. Seniderekin nengoelarik, gure aurrean zabaltzen zen lautada neurrigabe elkorrari so gelditu nintzen eta orduan ederki ulertu nuen nik sustrai beduinoak eta arima kubatarra nituela.‚ÄĚ

Beduino bat karibe aldean mezcla la literatura autobiográfica, con la crónica periodística, con los cuentos y con las leyendas populares. En conjunto, el libro conforma un retrato rico en perspectivas, sencillo en su composición, pero que cumple su objetivo: acercarnos a la realidad del pueblo saharaui desde el periodo previo a la colonización a la actualidad, pasando por el exilio y los bombardeos y la guerra.

Txani Rodríguez

Las memorias, cinematogr√°ficas, de Ernesto Santolaya

Ernesto Santolaya tiene ochenta a√Īos. Lo digo porque quiz√° no conozcan su nombre y crean que se trata de una joven promesa dispuesta a ganar el premio al autor revelaci√≥n de la temporada. Ernesto Santolaya ha sido siempre un amante de los libros, hasta el punto de hacerse editor, ya saben para publicar los libros que le gustar√≠a ver impresos. Ernesto Santolaya ha tenido una vida repleta de emociones, de vicisitudes, de encuentros, y todos tenemos claro que sus memorias tendr√°n un valor extraordinario. Pero lleva m√°s de veinte a√Īos amenazando con publicarlas y no acaba de hacerlo. De ah√≠ que sea una noticia excepcional la aparici√≥n de esta Galer√≠a de raros. Cin√©filos y cin√©fagos que quisieron cambiar el pulso de una ciudad, un subt√≠tulo adem√°s de largo bastante ilustrativo, y que resulta ser esa parte de su autobiograf√≠a que linda con el cine. Bueno, eso en teor√≠a, porque despu√©s de todo este es un libro al estilo Santolaya: volcLIBRO Galeria de raros√°nico, descomunal, err√°tico, apasionante, irritante, emocionante, que promete que el resto de sus memorias ser√°n igualmente imprescindibles.

Os dir√© la verdad, esperaba m√°s de Ernesto, yo tambi√©n s√© ser un provocador, y lo que cuenta no es poco, pero me da la impresi√≥n de que se ha callado muchas cosas, quiz√° porque no le cab√≠an, o porque consideraba que ten√≠a mejores historias que contar, pero de alguien que comparti√≥ una aventura con Luis Garc√≠a Berlanga, Ricardo Mu√Īoz Suay y Cesare Zavattini en su infancia, siempre esperas andanzas tipo Hollywood en su recorrido posterior. Pero Ernesto se pone a contar las vivencias de los miembros del cine-club y le dedica a cada uno de ellos un retrato suponemos que veraz porque no est√° exento de cr√≠tica, de mordaz iron√≠a, de cari√Īo cuando corresponde, de pasi√≥n siempre. Ajusta cuentas el autor con algunas personas que, seguramente, no se habr√°n tomado bien su curr√≠culo. Cabe la imprecisi√≥n, el juicio personal, el recuerdo brumoso. De hecho hay alguna pel√≠cula que no puede ser vista cuando se data porque es posterior y hay alguna referencia que no queda la suficientemente explicada, tonter√≠as, cualquier cin√©filo descubrir√° que hay mas inter√©s en lo que aqu√≠ se cuenta que en una rese√Īa cinematogr√°fica al uso.

Pero nos quedamos con las ganas, por una parte de saber mas sobre la vida de este gigante que pasó de trabajar en el campo a vender maquinaria agrícola y a montar sin despeinarse una editorial que ha publicado esas cosas que los demás jamás se atreverían a editar, y por otra de conocer en detalle cosas como la verdadera y completa historia del cine-club de referencia. Ernesto necesitas un consejero, el corte del productor, el que sabe que al lector es conveniente dejarle satisfecho por mucho que el autor tenga el privilegio de hacer lo que quiera, porque, en el fondo, se trata de poner el foco en esto y aquello que quizá el autobiografiado, por su cercanía, no acaba de encontrar determinante. Esperando estoy ya el resto de la autobiografía de Ernesto Santolaya, próximamente en las mejores librerías.

Félix Linares

El tocho. Las l√ļcidas y tristes memorias de Stefan Zweig

LIBRO El mundo de ayer‚ÄúSi busco una f√≥rmula pr√°ctica para definir la √©poca de antes de la Primera Guerra Mundial, la √©poca en que crec√≠ y me cri√©, conf√≠o en haber encontrado la m√°s concisa al decir que fue la edad de oro de la seguridad. Todo en nuestra monarqu√≠a austriaca casi milenaria parec√≠a asentarse sobre el fundamento de la duraci√≥n, y el propio Estado parec√≠a la garant√≠a suprema de esa estabilidad‚Ķ‚ÄĚ

Así comienza El mundo de ayer de Stefan Zweig. Este escritor austríaco, poseedor del don de la amenidad y autor de una vasta obra novelística y biográfica, consiguió la más admirable de sus creaciones con estas Memorias de un europeo, como subtitula el libro que hoy comentamos: El mundo de ayer, todo un clásico de la literatura autobiográfica, publicado de forma póstuma en 1942.

Zweig, hijo de un acaudalado industrial textil de origen jud√≠o, recuerda la Viena de su adolescencia en la √ļltima d√©cada del siglo XIX, la devoci√≥n por la cultura, en especial por la m√ļsica y el teatro, caracter√≠stica de una ciudad en cuyos caf√©s, los verdaderos centros de ense√Īanza de los j√≥venes inquietos, se pod√≠an consultar los principales diarios y revistas art√≠sticas y cient√≠ficas de toda Europa. Mientras Freud creaba el psicoan√°lisis o el poeta Von Hoffmansthal asombraba con su precocidad, por las calles de esa misma Viena finisecular desfilaban miles de prostitutas, y los/las j√≥venes viv√≠an su sexualidad oprimidos por una moral hip√≥crita. Surg√≠an, adem√°s, los primeros precedentes del nacionalismo pangermanista, con la fundaci√≥n del agresivo Partido Nacional-Alem√°n, o se iniciaba el movimiento sionista con Theodor Herlz, redactor del peri√≥dico que public√≥ el primer art√≠culo de Zweig.

√Čste recuerda con nostalgia la libertad de movimientos que se disfrutaba en la √©poca previa a la contienda. Zweig pudo viajar por las principales ciudades europeas y los Estados Unidos sin necesidad de ning√ļn documento de identidad o pasaporte. Fue la Primera Guerra Mundial, con sus grandes movimientos de refugiados y minor√≠as nacionales desplazadas, la que impuls√≥ a los estados a crear estos sistemas de control. Zweig, por cierto, nunca comparti√≥ la locura b√©lica que se apoder√≥ de casi toda Europa, y su pacifismo, expresado p√ļblicamente y en sus escritos, le oblig√≥ a exiliarse a Zurich. Tras la Gran Guerra la inflaci√≥n se dispar√≥ hasta l√≠mites nunca imaginados.

Ante esta situaci√≥n extrema, al comprobar que el dinero no ten√≠a ning√ļn valor estable, recuerda el autor c√≥mo los j√≥venes optaron por volver a los valores eternos: la amistad, el amor, el arte, todo lo que hace la vida m√°s intensa y hermosa. Sin embargo, ya a inicios de los 20, cuando Zweig resid√≠a en Salzburgo, un vecino no demasiado lejano, un tal Adolf Hitler, protagonizaba incidentes violentos en la cercana ciudad de Munich. Tras esto, el ascenso del nazismo y la anexi√≥n de Austria supusieron la condici√≥n de ap√°trida para Zweig y la prohibici√≥n de sus libros, lo que le llev√≥ de nuevo al exilio, esta vez en Brasil. Y poco despu√©s, aunque esto, l√≥gicamente, ya no aparece en sus memorias, al suicidio.

Este es el apretado resumen de un libro inolvidable, una lección de historia y humanismo expresada con hondura y sencillez ejemplares. Encontrarán El mundo de ayer de Stefan Zweig en la editorial Acantilado.

Javier Aspiazu