Archivo de la categoría: memorias

Los deslumbrantes mundos de Bernardo Atxaga

Leer a Bernardo Atxaga es siempre un placer. Aunque algunos de sus textos sean viejos, mantienen el sabor del contador de historias que, para nuestra satisfacci√≥n, sabe que ha nacido para escribirlas. Este libro, bellamente editado por la nov√≠sima editorial catalana Hurtado&Ortega, re√ļne viejos textos de Atxaga (de 1997) que han sido remozados, otros que aparecieron aqu√≠ y all√°, y son dif√≠ciles de encontrar, y alg√ļn texto nuevo. Es un libro mezcolanza que habla de viajes y ciudades lejanas, pero en el que tambi√©n nos encontramos rememoranzas del peque√Īo pueblo guipuzcoano, Asteasu, donde Atxaga naci√≥ como Jose Irazu. Un libro por tanto de retazos autobiogr√°ficos y de reflexiones sobre el ser y estar, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sobre el pa√≠s que no todos denominan igual y sobre la identidad que nos inventamos para escribir y acaba apoder√°ndose de uno.

En la primera parte el autor viaja por Extremadura, Tenerife, Par√≠s, Palencia, Marruecos, Madrid y Asteasu. Y ve cosas que los viajeros poco atentos no ven: verdades falsas e imperecederas, turistas que despotrican de los turistas, intentos in√ļtiles de alejar a los parias, intimidades imposibles de los pastores, la desmesura del f√ļtbol, el retorno al pasado al volver al terru√Īo. En la segunda parte se recobran reflexiones sobre la presencia de lo antiguo en el mundo rural, sobre la ternura de los burros, sobre la intimidad de las grandes urbes, sobre los rostros infinitos de las ciudades. Hay un momento en el que el autor vuelve a Obaba, por dos veces, y otro en el que reflexiona sobre la esencia de su pa√≠s Euskadi (ahora con S y antes con Z). Y le da tiempo tambi√©n hablar de la literatura y de la importancia de que un libro encuentre su caja de resonancia y para zanjar definitivamente el origen y el por qu√© de un seud√≥nimo literario.

Bernardo Atxaga es un escritor de verdad, un fabulador de primer orden, un mago de la palabra, un entra√Īable manipulador de los sentimientos, un extraordinario pensador de la vida cotidiana. Bernardo Atxaga es un escritor que parece hablarnos a cada uno al o√≠do, para que podamos encontrar nuestras propias respuestas a las preguntas importantes de siempre. Porque Atxaga sabe mirar a las peque√Īas cosas para extraer la maravilla que habita en ellas. La gente que no le lee no sabe lo que se pierde. Leerle es volver siempre a territorio conocido, al hogar y la infancia. Nada puede haber mejor.

Enrique Martín

El tocho. En la Patagonia, del brit√°nico Bruce Chatwin

‚ÄúEn el comedor de la casa de mi abuela hab√≠a una vitrina, con un trozo de piel en su interior. Un trozo peque√Īo, pero grueso y correoso, con mechones de pelo √°spero y rojizo. Estaba sujeto a una tarjeta mediante un alfiler herrumbroso. Sobre la tarjeta hab√≠a algo escrito con tinta negra desva√≠da, pero entonces yo era muy peque√Īo y no sab√≠a leer.

– ¬ŅQu√© es eso?

– Un fragmento de brontosauro.

Mi madre conocía los nombres de dos animales prehistóricos. El brontosauro y el mamut. Sabía que aquel no era un mamut. Los mamuts provenían de Siberia.

El brontosauro era un animal que se hab√≠a ahogado durante el diluvio, porque No√© no lo hab√≠a podido embarcar en el arca a causa de su gran tama√Īo‚ÄĚ.

As√≠ comienza En la Patagonia de Bruce Chatwin. Experto en arte y arqueolog√≠a, periodista brillante y gran seductor, el autor ingl√©s de quien les hablo hoy, muri√≥ prematuramente a causa del sida con apenas 48 a√Īos, en 1989,¬† y por desgracia, despu√©s de un periodo de amplia difusi√≥n de su obra, empieza en la actualidad a caer en el olvido. Chatwin narra en este libro, el primero de su producci√≥n, publicado en 1977, el viaje de seis meses que realiz√≥ a trav√©s de la Patagonia y la Tierra del Fuego argentina y chilena, aplicando a su escritura los preceptos del nuevo periodismo: ese acercamiento a la realidad en primera persona, tras una amplia labor de investigaci√≥n, con una mirada intensa y atenta, que dota de una dimensi√≥n est√©tica al objeto de su reportaje.

El resultado es de una riqueza sorprendente. Chatwin consigue ofrecernos en menos de 250 p√°ginas un panorama variad√≠simo de la Patagonia. Los f√≥siles de gigantescos animales prehist√≥ricos que habitaron la regi√≥n son el primer motivo del viaje del autor, pero a partir de ah√≠ conocemos el diverso paisaje natural y humano, en el que destaca la amplia colonia galesa de la Patagonia dedicada a la ganader√≠a, muchos de ellos descendientes de independentistas huidos de Gran Breta√Īa; descubrimos el verdadero final de forajidos gringos como Buth Cassidy y Sundance Kid; asistimos a las revoluciones anarquistas que tuvieron lugar en los a√Īos 20; comprobamos que una vez m√°s las relaciones con los nativos fueron traum√°ticas, incluso desde el viaje de Darwin en el Beagle, uno de cuyos puntos de atraque fue Tierra del Fuego; nos asombramos con la riqueza metaf√≥rica de la lengua de los indios yaghanes o con la mitolog√≠a de los nativos de la isla Chilo√©. Y todo ello intercalando encuentros con personajes pintorescos, solitarios y algo salvajes, pobladores ideales de esta remota regi√≥n, en la que discurri√≥ buena parte de la vida y aventuras de Charly Milward, el c√≥nsul brit√°nico m√°s austral del imperio, cuyo rastro, seguido por el autor, constituye el hilo conductor de todo el relato.

Dicen que Chatwin revolucionó con este libro la literatura de viajes, también que se inventó parte de lo narrado. Puede que ambas cosas sean ciertas. Que no se trate de una crónica verídica y tampoco de una novela. Pero en cualquier caso, es un bello artefacto literario, escrito con una prosa concisa y sensible, llena de encanto, y resulta enormemente sugestivo e interesante. Una lectura ideal para el verano que iniciamos. En la Patagonia de Bruce Chatwin.

Javier Aspiazu

Juan Cruz y la pasión por un periodismo que se desvanece

El periodista y escritor canario Juan Cruz Ruiz (Puerto de la Cruz, 1948) acaba de publicar en el sello Alfaguara el libro Un golpe de vida. Cruz ha desarrollado toda su vida profesional en el diario El Pa√≠s desde su fundaci√≥n en 1976, salvo el tiempo, entre 1992 y 1998, en el que dirigi√≥ la editorial Alfaguara. Tiene una amplia trayectoria literaria con obras como Cuchillo de arena, Retrato de humo, El sue√Īo de Oslo, La playa del horizonte, Retrato de un hombre desnudo y El ni√Īo descalzo. En Un golpe de vida reflexiona sobre la profesi√≥n de periodista, que parece estar tan de capa ca√≠da en los √ļltimos tiempos. Una labor en la que la vida y el oficio se cruzan una y otra vez a lo largo de los a√Īos para formar una √ļnica realidad. Una autobiograf√≠a diferente, seg√ļn el autor el libro que m√°s le ‚Äúha dolido escribir‚ÄĚ. Porque el periodismo es ‚Äúla alegr√≠a y tambi√©n un suspiro mortal, una despedida. El oficio invencible. Para m√≠ tambi√©n el oficio inevitable‚ÄĚ. Con el autor hemos charlado. Pincha y escucha la conversaci√≥n.

La guerra seg√ļn las mujeres y Svetlana Aleksievitx

El traductor de Lazkao, Iker Sancho Insausti, recibi√≥ el pasado a√Īo la beca Jokin Zaitegi que conceden la asociaci√≥n cultural¬†Arrasate Euskaldundu Dezagun de Arrasate y la editorial¬†Elkar. Ahora tenemos ya en las librer√≠as la cristalizaci√≥n de ese proyecto: la traducci√≥n al euskara de Gerrak ez du emakume aurpegirik, de la periodista Svetlana Aleksievitx que gan√≥ el Premio Nobel en 2015.

El t√≠tulo del libro nos pone ya sobre la tesis principal de la periodista: cuando se habla de la guerra, se piensa en los soldados, en hombres, pero en la II Guerra Mundial particip√≥ casi un mill√≥n de mujeres sovi√©ticas. Y no lo hicieron solo como enfermeras, m√©dicos, camilleras o telegrafistas, fueron tambi√©n francotiradoras, conductoras de tanques u oficiales. Y Svetlana Aleksievitx habl√≥ durante los a√Īos 80 -en plena censura- con algunas de ellas. Tuvo que esperar al deshielo, a la Perestrosika de Gorbachov, para poder colar, digamos, su trabajo. A pesar de todo, la censura modific√≥ bastantes pasajes. Vendi√≥ dos millones de copias. En 2002 lo reescribi√≥ para a√Īadir las partes que hab√≠an sido eliminadas, y mostrar ese relato coral en toda su crudeza y en toda su grandiosidad, lleno de dolor y de peque√Īos milagros porque como dice una de las mujeres entrevistadas, en la guerra se suceden tambi√©n los peque√Īos milagros.

La lectura es dura, va sin pa√Īos calientes, pero es conmovedora y reveladora. ‚ÄúBeti harritu izan nau xaloa eta gizartiarra den guztiareriko mesfidantza horrek; bizitzaren ordez ideal bat eta epeltasun arrutaren ordez distira hotz bat jartzeko gurari horrek‚ÄĚ, dice Nina Javkolevna que fue sargento en una √©poca en la que las unidades acorazadas apenas admit√≠an mujeres. La convivencia arrojaba momentos emotivos tambi√©n, como este que narra Olga Vasilievna: ‚ÄúLehen lerroan zeuden gizonek emakume bat lehen lerroan ikusten bazuten, aurpegiak guztiz aldatzen zitzaizkien. Emakume-ahotsaren soinuak berak eraldatzen zituen. Gau batean zemliankaren alboan eseri eta kantuan hasi nintzen isil-isilik.‚ÄĚ Dice despu√©s que pensaba que todos los hombres estaban dormidos y no la hab√≠an o√≠do, pero al d√≠a siguiente el comandante le dijo que estaban despiertos, pero que no pudieron articular palabra por la nostalgia que sintieron al escuchar la voz de una mujer.

Gerrak ez du emakume aurpegirik supone, sin duda, un acercamiento vigoroso a la obra de esta periodista tenaz, que ha buscado la voz de personas comunes para explicar la historia convulsa de su pa√≠s. La Academia Sueca la distingui√≥ por ‚Äúsu obra polif√≥nica, un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo‚ÄĚ. Ahora tenemos la oportunidad de escuchar esa polifon√≠a en euskara.

Txani Rodríguez

Alaine Agirre, desnudando una vida dolorosa

Bi aldiz erditu zinen nitaz, ama es una carta de amor de la autora a su madre, pero supone tambi√©n la recapitulaci√≥n de la vida de Agirre y un fresco de las relaciones que mantiene con sus familiares: padres, hermana, abuelos… El libro, dividido en tres partes a las que se suma un ep√≠logo, arranca con el nacimiento de la escritora de Bermeo, y refiere la depresi√≥n postparto que sufri√≥ su madre, algo que hizo que durante sus seis primeros meses de vida fuese cuidada por otra mujer. Veinte a√Īos despu√©s, cuando se desencaden√≥ la enfermedad mental que Agirre ya ha referido en anteriores trabajos, su madre tuvo, de alguna manera, que volver a parirla: ‚ÄúBaina bigarren aldi hartan ez zenion zeure buruari aukerarik eman depresioa bera sentitzeko. Ezereztu egin zenuen. Bigarren aldi hartan ez zeneukalako haur jaio Berri bat zeure zain, baizik eta hogei urteko zure haurra, iluntasunak janda, psikosiaren sinfon√≠a entzuten eta antsietateak irensten zuela‚ÄĚ.

Como dec√≠a, la novela es una carta de amor y agradecimiento a su madre por darle la vida y cuidarla, pero tambi√©n funciona como un ejercicio de expiaci√≥n y reconciliaci√≥n. ‚ÄúUlertzen dut aita, zu ulertzen zaitudan moduan, ama. Orain bai, pasatakoak pasata, ulertzen onartzen maitatzen zaituztet‚ÄĚ, dice. ‚ÄúBi aldiz erditu zinen nitaz, ama‚ÄĚ tiene tambi√©n un marcado cariz autobiogr√°fico que nos permite ver que la narradora no expresa sus emociones cuando era una ni√Īa, que no consegu√≠a jugar con los compa√Īeros en el patio porque no soportaba la improvisaci√≥n, que sent√≠a ciertos celos de su hermana menor, que pensaba que los padres no la quer√≠an, que ech√≥ sobre sus espaladas la urgencia de convertirse en adulta. Sabemos tambi√©n que se convirti√≥ pronto en una lectora voraz, tanto que sus padres le prohibieron que se pasara el d√≠a en la biblioteca. ‚ÄúOrduan -dice- haurrak ez du beste erremediorik jolas orduetan bere istorio propioak asmatzea eta idaztea baino, patioaren izkina batean eserita (‚Ķ) Ez du beste erremediorik gauetan, gurasoek argia itzaltzen diotenean, hurrengo egunean patioan idatziko duena pentsatzea eta harekin amets egitea baino‚ÄĚ. Y as√≠ es como aquella ni√Īa se convirti√≥ en escritora.

Adem√°s de los pasajes dedicados a su madre, encontramos tambi√©n p√°rrafos sobre otros familiares, como uno hermosa p√°gina sobre su padre que remata diciendo ‚ÄúTxiki-txikia nintzenetik hainbat gauza eman dizkit aita: baina batez ere, ametsak‚ÄĚ. O este otro sobre uno de sus abuelos: ‚ÄúAitonak egindako zopak maite nuen txikitan. Kokodriloaren tripak, oiloaren lumak, marrazoaren hortz bat, igelaren begi bat eta erdi, pinguinoaren mokoa, elefantearen buztana‚Ķ Ez zen sekula amaitzen aitonaren irudimena. Eta nik guzti-guztia sinesten nion‚ÄĚ. Tras atravesar una infancia obligatoria, que dir√≠a Karmelo C. Iribarren, y una adolescencia complicada, tras enfrentar la enfermedad, la narradora se muestra m√°s serena y confiesa su deseo de ser madre, a pesar de que se lo desaconsejaron. Sin embargo, el deseo que se impone es el de su propio renacer.

En resumen, esta novela, que obtuvo la beca Joseba Jaca, recapitula una vida entera, que se vuelca con honestidad y valent√≠a. Son p√°ginas que cantan al amor y a la compresi√≥n, que resta√Īen heridas y conceden un orden nuevo al entorno emocional de esta narradora que con Odol mamituak ¬†mostr√≥ sus credenciales, y que lleg√≥ para quedarse.

Txani Rodríguez

Silvia Nanclares, el deseo imperioso de ser madre

La escritora Silvia Nanclares (Madrid, 1975) acaba de publicar en la editorial Alfaguara la novela Qui√©n quiere ser madre. Nanclares es licenciada en Dramaturgia por la Real Escuela de Arte Dram√°tico y ha desarrollado proyectos teatrales, audiovisuales, literarios y de formaci√≥n art√≠stica. Ha intervenido en la creaci√≥n de contenidos para diferentes centros culturales, as√≠ como en investigaciones colectivas como #bookcamping. Desde 2012 colabora con eldiario.es y Peri√≥dico Diagonal con piezas de periodismo narrativo. Es guionista y locutora en el espacio radiof√≥nico Carne Cruda. Es adem√°s autora de los √°lbumes ilustrados infantiles La siesta y Al final, en colaboraci√≥n con Miguel Brieva, y del libro de narrativa breve El Sur, instrucciones de uso. Tambi√©n ha publicado relatos en diferentes revistas. Qui√©n quiere ser madre es su primera novela. Justo antes de cumplir los cuarenta a√Īos, Silvia se enamora y poco despu√©s pierde a su padre. Es entonces cuando decide quedarse embarazada. Siente que la vida le debe otra vida. Esta valiente novela autobiogr√°fica va desgranando los hitos inici√°ticos que atraviesa toda mujer cuyo deseo de embarazo se ve frustrado mes a mes: la urgencia biol√≥gica, la incertidumbre, el fantasma de la infertilidad, las reacciones de los seres queridos, el sexo mec√°nico, el desgaste de la pareja, los miedos y la reproducci√≥n asistida como horizonte. Pero no olvida lo bueno: el amor, la familia, los amigos y la pasi√≥n. Con la autora hemos charlado. Pincha y disfruta de la charla.

Los raros. Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday

libro-lady-sings-the-blues‚ÄúMam√° y pap√° eran un par de cr√≠os cuando se casaron. El ten√≠a dieciocho a√Īos, ella diecis√©is y yo tres.

Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que iba a tener un bebé, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de tener un ataque al enterarse. Era gente de buena sociedad y nunca había oído hablar de cosas semejantes en su barrio de East Baltimore.

Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces deprisa.

Es un milagro que mi madre no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero Sadie Fagan me quiso desde que yo s√≥lo era un suave puntapi√© en sus costillas mientras ella fregaba suelos. Se present√≥ en el hospital e hizo un trato con la jefa. Le dijo que fregar√≠a los suelos y atender√≠a a las golfas que estaban all√≠ para tener a sus hijos, costeando as√≠ su parte y la m√≠a. Y lo cumpli√≥. Aquel mi√©rcoles 7 de abril de 1915, cuando yo nac√≠ en Baltimore, mam√° ten√≠a trece a√Īos‚ÄĚ.

As√≠ comienza Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday. Redactadas en colaboraci√≥n con el pianista y escritor William Dufty, que recogi√≥ fielmente el modo de expresarse lac√≥nico y rotundo de Lady Day, como se conoc√≠a tambi√©n a Billie Holiday, estas memorias, publicadas en 1956, solo tres a√Īos antes de su muerte, son el testimonio brutal de una vida atormentada, a pesar del √©xito y la fama que goz√≥ la cantante m√°s expresiva de la historia del jazz.

Siempre hay parcelas que se ocultan en las autobiograf√≠as, pero Billie Holiday, nombre art√≠stico de Eleonora Fagan, no nos ahorra detalles escabrosos. Desde la miseria inicial que la oblig√≥ a empezar a trabajar a los diez a√Īos, pasando por un intento de violaci√≥n a la misma edad, el ejercicio de la prostituci√≥n de los 13 a los 15, que le acarre√≥ su primera estancia en la c√°rcel, los comienzos como cantante en peque√Īos clubs para evitar ser desahuciada, episodios vergonzosos de discriminaci√≥n racial cuando, tras interminables giras en autob√ļs con las bandas de Count Basie y Artie Shaw, empezaba a ser ya una de las vocalistas m√°s prestigiosas de la √©poca y, por supuesto, sus torturadas relaciones amorosas. Consecuencia de una de ellas fue su adicci√≥n a la hero√≠na, por cuyo consumo, entonces considerado delito, fue detenida y recluida en varias ocasiones. Afortunadamente, no todo son desgracias, y Holiday recoge tambi√©n en sus memorias la capacidad para hechizar al p√ļblico con su intensidad y dramatismo, y la g√©nesis de las c√©lebres canciones que nos leg√≥ en su faceta de compositora.

A modo de s√≠ntesis, les dir√© que Lady sings the blues reviste un triple inter√©s: es, primero, una cr√≥nica vivaz de la √©poca dorada del jazz (por el libro desfilan genios como Louis Armstrong, Duke Ellington, Benny Goodman o Lester Young, el amigo m√°s entra√Īable de Billie); es, tambi√©n, un testimonio del terrible racismo que sufr√≠an los m√ļsicos negros; y por √ļltimo, un alegato conmovedor, en las p√°ginas finales, contra el trato puramente represivo que recib√≠an los adictos a las drogas.

Un libro durísimo y apasionante, cuya descarnada sinceridad resulta tan afilada como la hoja de afeitar que aparece en la portada de la edición de Tusquets. Así son las memorias de Billie Holiday: Lady sings the blues.

Javier Aspiazu

Los mundos del Quijote bajo el prisma de I√Īigo Astiz

En 2016 se cumplieron 400 a√Īos de la muerte de Cervantes. Con esa excusa, el periodista I√Īigo Astiz se mont√≥ en su furgoneta y arranc√≥ para Castilla La Mancha. El objetivo: tratar de rastrear la presencia de El Quijote en esas tierras. El primer resultado de su viaje fue una serie de cr√≥nicas que Astiz public√≥ en el peri√≥dico Berria. Ahora presenta Kixotenean, un trabajo en el que se recopilan aquellos reportajes y se a√Īaden otros muchos elementos: una cr√≥nica final, originales fichas de varias localidades manchegas, extractos de El Quijote traducidos al euskera, y las ilustraciones de Maite Mutuberria. La tesis del trabajo podr√≠a ser la siguiente: la realidad y la ficci√≥n son indisociables y se entrecruzan. Hay, tambi√©n, otra idea que se manifiesta con claridad: la vigencia de El Quijote.

El viaje de Astiz comienza en Villanueva de los Infantes, una localidad que como otras, se arroga ser aquella de cuyo nombre no quer√≠a acordarse el caballero andante. Es julio y el calor se corta. El periodista entra en una tienda de inform√°tica y ve a un hombre dando manotazos al aire. Lleva unas gafas de realidad virtual.¬†El Quijote no las necesit√≥. En otro cap√≠tulo se cuenta c√≥mo, en aquellos molinos del Campo de Criptana, que nuestro h√©roe confund√≠a con gigantes, los ni√Īos cazan pokemons. Como vemos, la real y lo imaginario siguen confundi√©ndose en el siglo XXI, y el peso de la ficci√≥n en esos pueblos de Monlibro-kixoteneantiel es considerable: hay calles, fondas, pasteler√≠as con el nombre de los personajes de una novela. Hay museos y rutas y merchandising sobre personajes de ficci√≥n que ofrecen sustento a personas reales. Por ejemplo, en Toboso, el pueblo de Dulcinea, encontraremos el Museo Cervantino. En 1920, quien era alcalde del pueblo comenz√≥ a pedir a diversas personalidades que enviaran all√≠ un ejemplar firmado de El Quijote, el segundo libro m√°s traducido de la historia, superado solo por la Biblia. Franco, Mussolini, Reagan, Mubarak, Lula da Silva, Thatcher, Mandela y muchos m√°s mandaron ejemplares en sus lenguas maternas. Ardanza envi√≥ uno en euskera. Solo hay tres personas que no enviaron el ejemplar: Hitler (que envi√≥ El cantar de los nibelungos), Gaddafi (que envi√≥ el Libro Verde) y Vargas Llosa (que no envi√≥ nada; hay un libro suyo, de su obra, y una foto que se sac√≥ en el museo, porque anduvo de promoci√≥n por all√≠).

La procelosa traducci√≥n al euskera de El Quijote tambi√©n es referida por Astiz. Los primeros cap√≠tulos se tradujeron varias veces, pero la cosa se quedaba ah√≠. Fue el cura Pedro Berrondo el primero en traducir las dos partes de la obra. Y no hace tanto de eso: hablamos del a√Īo 1985. Las an√©cdotas y los datos que comparte Astiz son numerosas, pero no olvidemos que el territorio de la ficci√≥n es f√©rtil en conjeturas. Una de ellas es la posibilidad de que Cervantes se hubiera inspirado en Juan P√©rez Lazarraga, el administrador de los se√Īores de Guevara para crear El Quijote. Por lo visto, un mal d√≠a, Lazarraga enloqueci√≥ y se arm√≥ y se dirigi√≥ a Gasteiz a caballo al grito de ‚Äú¬°Santiago! ¬°Santiago!‚ÄĚ.

La lectura de Kixotenean resulta divertida e instructiva porque a trav√©s de ese viaje a trav√©s de las tierras manchegas, Astiz repasa la biograf√≠a de Cervantes y revela diversas peculiaridades de la obra y nos brinda, como hemos visto, numerosas historias interesantes. El Quijote, tan precursor e inspirador, ha llegado a nuestros d√≠as en buena forma, y entre pokemos y gafas de realidad virtual, los molinos siguen siendo gigantes porque lo real y lo ficticio se entrecruzan para ofrecer un relato de muchos relatos en el que a√ļn podemos vernos a nosotros mismos.

Txani Rodríguez

Los abuelos rojo y facha de Juan Soto Ivars

foto-juan-soto-ivarsEl escritor murciano Juan Soto Ivars (√Āguilas, 1985) acaba de publicar en la editorial C√≠rculo de Tiza el libro Un abuelo rojo y otro abuelo facha. Soto Ivars es narrador, ensayista y columnista de prensa. Sus escritos irreverentes y graciosos se han hecho famosos en El Confidencial, El Mundo, El Pa√≠s y la revista Jot Down. Ha publicado dos novelas Siberia y Ajedrez para un detective novato. Un abuelo rojo y otro abuelo facha es, en su primera parte, una especie de biograf√≠a sentimental, y a la vez manifiesto pol√≠tico, que se nutre de las experiencias familiares y que se transforma en una gran met√°fora de la forma que tienen los espa√Īoles de afrontar su pasado m√°s cercano, sobre todo lo que hace referencia a la √©poca de la Rep√ļblica, la Guerra Civil y la dictadura franquista. El autor da gracias a haber tenido una infancia, adolescencia y primera juventud marcada por las dos visiones contrapuestas de sus abuelos, uno rojo declarado, otro facha redomado. La segunda parte es un compendio de art√≠culos publicados en diarios y revistas. Pincha y disfruta de la charla.

El tocho. El cuaderno gris de Josep Pla

libro-el-cuaderno-gris‚Äú9 de Julio. Es incontable el n√ļmero de personas que piensan que no se han de morir nunca, que est√°n absolutamente seguras ‚Äďen virtud de la seguridad inconsciente, que es la m√°s fuerte- de quedarse para siempre en esta tierra. Casi todo el mundo, quiz√° todo el mundo. El hombre no est√° construido para pensar en la muerte‚Ķ. En virtud de este curioso fen√≥meno defensivo, la capacidad racional del hombre se encuentra permanentemente minimizada por esta amnesia. Vivir implica una capacidad racional limitada, incompleta. As√≠, la raz√≥n humana, abstra√≠da de la presencia de la muerte, se convierte en lo que exactamente es: un puro juego pedante‚Ķ‚ÄĚ

Este es un fragmento de El cuaderno gris de Josep Pla, un maestro indiscutible de las letras catalanas del siglo XX. La ampl√≠sima obra de Pla comienza con este c√©lebre diario, escrito a lo largo de un periodo de dieciocho meses, cuando el autor, veintea√Īero, terminaba su carrera de derecho. Profundamente reelaborado, se public√≥ por primera vez en 1966.

La primera parte del Cuaderno, redactada entre marzo de 1918 y enero de 1919, transcurre √≠ntegramente en Palafrugell, la capital del Ampurd√°n, y sus inmediaciones. La virulenta epidemia de gripe que se desataba por entonces en Barcelona oblig√≥ a interrumpir la vida acad√©mica. El estudiante Pla vuelve a la casa familiar y, sin nada que hacer, se engolfa en la descripci√≥n del paisaje ampurdan√©s y en el retrato de los tipos humanos. El autor exhibe una sensibilidad pict√≥rica para describir la naturaleza y los tonos del cielo y el mar. Y una predilecci√≥n acusada por el retrato de personajes singulares: payeses, pescadores y algunos notables de la burgues√≠a local, con quienes comparte tertulia de caf√©. Sobre todo, las ideas parad√≥jicas, con un punto socarr√≥n y conservador, de estos √ļltimos, son recogidas fielmente a trav√©s de conversaciones de una sorprendente agudeza. El eco de la guerra mundial, que se acaba al otro lado de la frontera, est√° a menudo presente. Pla comenta con sarcasmo las enormes fortunas que se est√°n creando, de las que dan signos ostentosos algunos de los veraneantes en la cercana playa de Calella, una de las m√°s bellas de la costa de Girona.

La segunda parte de El cuaderno gris, una vez reanudado el curso académico, transcurre en Barcelona entre enero y noviembre de 1919, y el diario se convierte entonces en una crónica satírica de la vida universitaria, y en una descripción vivaz de la intelectualidad barcelonesa, con la lucha sindical y el enfrentamiento armado entre obreros y patronos de fondo. Los retratos, a base de pinceladas sucesivas, que el autor realiza de figuras clave de la cultura catalana como Eugenio D’ors, Francesç Pujols o Josep Maria de Sagarra, entre otros muchos, son inestimables. Y sus apreciaciones literarias, abundantes en el diario, son tan críticas como certeras.

Escrito con un estilo sobrio, extremadamente preciso en la adjetivación, y con una atractiva mezcla de ironía y sensualidad, El cuaderno gris constituye un documento de época de enorme interés. La meritoria traducción de Dionisio Ridruejo para ediciones Destino, les permitirá disfrutar en castellano de uno de los grandes logros de la literatura catalana del pasado siglo: El cuaderno gris, de Josep Pla.

Javier Aspiazu