Archivo de la categoría: memorias

Los deslumbrantes mundos de Bernardo Atxaga

Leer a Bernardo Atxaga es siempre un placer. Aunque algunos de sus textos sean viejos, mantienen el sabor del contador de historias que, para nuestra satisfacción, sabe que ha nacido para escribirlas. Este libro, bellamente editado por la novísima editorial catalana Hurtado&Ortega, reúne viejos textos de Atxaga (de 1997) que han sido remozados, otros que aparecieron aquí y allá, y son difíciles de encontrar, y algún texto nuevo. Es un libro mezcolanza que habla de viajes y ciudades lejanas, pero en el que también nos encontramos rememoranzas del pequeño pueblo guipuzcoano, Asteasu, donde Atxaga nació como Jose Irazu. Un libro por tanto de retazos autobiográficos y de reflexiones sobre el ser y estar, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, sobre el país que no todos denominan igual y sobre la identidad que nos inventamos para escribir y acaba apoderándose de uno.

En la primera parte el autor viaja por Extremadura, Tenerife, París, Palencia, Marruecos, Madrid y Asteasu. Y ve cosas que los viajeros poco atentos no ven: verdades falsas e imperecederas, turistas que despotrican de los turistas, intentos inútiles de alejar a los parias, intimidades imposibles de los pastores, la desmesura del fútbol, el retorno al pasado al volver al terruño. En la segunda parte se recobran reflexiones sobre la presencia de lo antiguo en el mundo rural, sobre la ternura de los burros, sobre la intimidad de las grandes urbes, sobre los rostros infinitos de las ciudades. Hay un momento en el que el autor vuelve a Obaba, por dos veces, y otro en el que reflexiona sobre la esencia de su país Euskadi (ahora con S y antes con Z). Y le da tiempo también hablar de la literatura y de la importancia de que un libro encuentre su caja de resonancia y para zanjar definitivamente el origen y el por qué de un seudónimo literario.

Bernardo Atxaga es un escritor de verdad, un fabulador de primer orden, un mago de la palabra, un entrañable manipulador de los sentimientos, un extraordinario pensador de la vida cotidiana. Bernardo Atxaga es un escritor que parece hablarnos a cada uno al oído, para que podamos encontrar nuestras propias respuestas a las preguntas importantes de siempre. Porque Atxaga sabe mirar a las pequeñas cosas para extraer la maravilla que habita en ellas. La gente que no le lee no sabe lo que se pierde. Leerle es volver siempre a territorio conocido, al hogar y la infancia. Nada puede haber mejor.

Enrique Martín

El tocho. En la Patagonia, del británico Bruce Chatwin

“En el comedor de la casa de mi abuela había una vitrina, con un trozo de piel en su interior. Un trozo pequeño, pero grueso y correoso, con mechones de pelo áspero y rojizo. Estaba sujeto a una tarjeta mediante un alfiler herrumbroso. Sobre la tarjeta había algo escrito con tinta negra desvaída, pero entonces yo era muy pequeño y no sabía leer.

– ¿Qué es eso?

– Un fragmento de brontosauro.

Mi madre conocía los nombres de dos animales prehistóricos. El brontosauro y el mamut. Sabía que aquel no era un mamut. Los mamuts provenían de Siberia.

El brontosauro era un animal que se había ahogado durante el diluvio, porque Noé no lo había podido embarcar en el arca a causa de su gran tamaño”.

Así comienza En la Patagonia de Bruce Chatwin. Experto en arte y arqueología, periodista brillante y gran seductor, el autor inglés de quien les hablo hoy, murió prematuramente a causa del sida con apenas 48 años, en 1989,  y por desgracia, después de un periodo de amplia difusión de su obra, empieza en la actualidad a caer en el olvido. Chatwin narra en este libro, el primero de su producción, publicado en 1977, el viaje de seis meses que realizó a través de la Patagonia y la Tierra del Fuego argentina y chilena, aplicando a su escritura los preceptos del nuevo periodismo: ese acercamiento a la realidad en primera persona, tras una amplia labor de investigación, con una mirada intensa y atenta, que dota de una dimensión estética al objeto de su reportaje.

El resultado es de una riqueza sorprendente. Chatwin consigue ofrecernos en menos de 250 páginas un panorama variadísimo de la Patagonia. Los fósiles de gigantescos animales prehistóricos que habitaron la región son el primer motivo del viaje del autor, pero a partir de ahí conocemos el diverso paisaje natural y humano, en el que destaca la amplia colonia galesa de la Patagonia dedicada a la ganadería, muchos de ellos descendientes de independentistas huidos de Gran Bretaña; descubrimos el verdadero final de forajidos gringos como Buth Cassidy y Sundance Kid; asistimos a las revoluciones anarquistas que tuvieron lugar en los años 20; comprobamos que una vez más las relaciones con los nativos fueron traumáticas, incluso desde el viaje de Darwin en el Beagle, uno de cuyos puntos de atraque fue Tierra del Fuego; nos asombramos con la riqueza metafórica de la lengua de los indios yaghanes o con la mitología de los nativos de la isla Chiloé. Y todo ello intercalando encuentros con personajes pintorescos, solitarios y algo salvajes, pobladores ideales de esta remota región, en la que discurrió buena parte de la vida y aventuras de Charly Milward, el cónsul británico más austral del imperio, cuyo rastro, seguido por el autor, constituye el hilo conductor de todo el relato.

Dicen que Chatwin revolucionó con este libro la literatura de viajes, también que se inventó parte de lo narrado. Puede que ambas cosas sean ciertas. Que no se trate de una crónica verídica y tampoco de una novela. Pero en cualquier caso, es un bello artefacto literario, escrito con una prosa concisa y sensible, llena de encanto, y resulta enormemente sugestivo e interesante. Una lectura ideal para el verano que iniciamos. En la Patagonia de Bruce Chatwin.

Javier Aspiazu

Juan Cruz y la pasión por un periodismo que se desvanece

El periodista y escritor canario Juan Cruz Ruiz (Puerto de la Cruz, 1948) acaba de publicar en el sello Alfaguara el libro Un golpe de vida. Cruz ha desarrollado toda su vida profesional en el diario El País desde su fundación en 1976, salvo el tiempo, entre 1992 y 1998, en el que dirigió la editorial Alfaguara. Tiene una amplia trayectoria literaria con obras como Cuchillo de arena, Retrato de humo, El sueño de Oslo, La playa del horizonte, Retrato de un hombre desnudo y El niño descalzo. En Un golpe de vida reflexiona sobre la profesión de periodista, que parece estar tan de capa caída en los últimos tiempos. Una labor en la que la vida y el oficio se cruzan una y otra vez a lo largo de los años para formar una única realidad. Una autobiografía diferente, según el autor el libro que más le “ha dolido escribir”. Porque el periodismo es “la alegría y también un suspiro mortal, una despedida. El oficio invencible. Para mí también el oficio inevitable”. Con el autor hemos charlado. Pincha y escucha la conversación.

La guerra según las mujeres y Svetlana Aleksievitx

El traductor de Lazkao, Iker Sancho Insausti, recibió el pasado año la beca Jokin Zaitegi que conceden la asociación cultural Arrasate Euskaldundu Dezagun de Arrasate y la editorial Elkar. Ahora tenemos ya en las librerías la cristalización de ese proyecto: la traducción al euskara de Gerrak ez du emakume aurpegirik, de la periodista Svetlana Aleksievitx que ganó el Premio Nobel en 2015.

El título del libro nos pone ya sobre la tesis principal de la periodista: cuando se habla de la guerra, se piensa en los soldados, en hombres, pero en la II Guerra Mundial participó casi un millón de mujeres soviéticas. Y no lo hicieron solo como enfermeras, médicos, camilleras o telegrafistas, fueron también francotiradoras, conductoras de tanques u oficiales. Y Svetlana Aleksievitx habló durante los años 80 -en plena censura- con algunas de ellas. Tuvo que esperar al deshielo, a la Perestrosika de Gorbachov, para poder colar, digamos, su trabajo. A pesar de todo, la censura modificó bastantes pasajes. Vendió dos millones de copias. En 2002 lo reescribió para añadir las partes que habían sido eliminadas, y mostrar ese relato coral en toda su crudeza y en toda su grandiosidad, lleno de dolor y de pequeños milagros porque como dice una de las mujeres entrevistadas, en la guerra se suceden también los pequeños milagros.

La lectura es dura, va sin paños calientes, pero es conmovedora y reveladora. “Beti harritu izan nau xaloa eta gizartiarra den guztiareriko mesfidantza horrek; bizitzaren ordez ideal bat eta epeltasun arrutaren ordez distira hotz bat jartzeko gurari horrek”, dice Nina Javkolevna que fue sargento en una época en la que las unidades acorazadas apenas admitían mujeres. La convivencia arrojaba momentos emotivos también, como este que narra Olga Vasilievna: “Lehen lerroan zeuden gizonek emakume bat lehen lerroan ikusten bazuten, aurpegiak guztiz aldatzen zitzaizkien. Emakume-ahotsaren soinuak berak eraldatzen zituen. Gau batean zemliankaren alboan eseri eta kantuan hasi nintzen isil-isilik.” Dice después que pensaba que todos los hombres estaban dormidos y no la habían oído, pero al día siguiente el comandante le dijo que estaban despiertos, pero que no pudieron articular palabra por la nostalgia que sintieron al escuchar la voz de una mujer.

Gerrak ez du emakume aurpegirik supone, sin duda, un acercamiento vigoroso a la obra de esta periodista tenaz, que ha buscado la voz de personas comunes para explicar la historia convulsa de su país. La Academia Sueca la distinguió por “su obra polifónica, un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo”. Ahora tenemos la oportunidad de escuchar esa polifonía en euskara.

Txani Rodríguez

Alaine Agirre, desnudando una vida dolorosa

Bi aldiz erditu zinen nitaz, ama es una carta de amor de la autora a su madre, pero supone también la recapitulación de la vida de Agirre y un fresco de las relaciones que mantiene con sus familiares: padres, hermana, abuelos… El libro, dividido en tres partes a las que se suma un epílogo, arranca con el nacimiento de la escritora de Bermeo, y refiere la depresión postparto que sufrió su madre, algo que hizo que durante sus seis primeros meses de vida fuese cuidada por otra mujer. Veinte años después, cuando se desencadenó la enfermedad mental que Agirre ya ha referido en anteriores trabajos, su madre tuvo, de alguna manera, que volver a parirla: “Baina bigarren aldi hartan ez zenion zeure buruari aukerarik eman depresioa bera sentitzeko. Ezereztu egin zenuen. Bigarren aldi hartan ez zeneukalako haur jaio Berri bat zeure zain, baizik eta hogei urteko zure haurra, iluntasunak janda, psikosiaren sinfonía entzuten eta antsietateak irensten zuela”.

Como decía, la novela es una carta de amor y agradecimiento a su madre por darle la vida y cuidarla, pero también funciona como un ejercicio de expiación y reconciliación. “Ulertzen dut aita, zu ulertzen zaitudan moduan, ama. Orain bai, pasatakoak pasata, ulertzen onartzen maitatzen zaituztet”, dice. “Bi aldiz erditu zinen nitaz, ama” tiene también un marcado cariz autobiográfico que nos permite ver que la narradora no expresa sus emociones cuando era una niña, que no conseguía jugar con los compañeros en el patio porque no soportaba la improvisación, que sentía ciertos celos de su hermana menor, que pensaba que los padres no la querían, que echó sobre sus espaladas la urgencia de convertirse en adulta. Sabemos también que se convirtió pronto en una lectora voraz, tanto que sus padres le prohibieron que se pasara el día en la biblioteca. “Orduan -dice- haurrak ez du beste erremediorik jolas orduetan bere istorio propioak asmatzea eta idaztea baino, patioaren izkina batean eserita (…) Ez du beste erremediorik gauetan, gurasoek argia itzaltzen diotenean, hurrengo egunean patioan idatziko duena pentsatzea eta harekin amets egitea baino”. Y así es como aquella niña se convirtió en escritora.

Además de los pasajes dedicados a su madre, encontramos también párrafos sobre otros familiares, como uno hermosa página sobre su padre que remata diciendo “Txiki-txikia nintzenetik hainbat gauza eman dizkit aita: baina batez ere, ametsak”. O este otro sobre uno de sus abuelos: “Aitonak egindako zopak maite nuen txikitan. Kokodriloaren tripak, oiloaren lumak, marrazoaren hortz bat, igelaren begi bat eta erdi, pinguinoaren mokoa, elefantearen buztana… Ez zen sekula amaitzen aitonaren irudimena. Eta nik guzti-guztia sinesten nion”. Tras atravesar una infancia obligatoria, que diría Karmelo C. Iribarren, y una adolescencia complicada, tras enfrentar la enfermedad, la narradora se muestra más serena y confiesa su deseo de ser madre, a pesar de que se lo desaconsejaron. Sin embargo, el deseo que se impone es el de su propio renacer.

En resumen, esta novela, que obtuvo la beca Joseba Jaca, recapitula una vida entera, que se vuelca con honestidad y valentía. Son páginas que cantan al amor y a la compresión, que restañen heridas y conceden un orden nuevo al entorno emocional de esta narradora que con Odol mamituak  mostró sus credenciales, y que llegó para quedarse.

Txani Rodríguez

Silvia Nanclares, el deseo imperioso de ser madre

La escritora Silvia Nanclares (Madrid, 1975) acaba de publicar en la editorial Alfaguara la novela Quién quiere ser madre. Nanclares es licenciada en Dramaturgia por la Real Escuela de Arte Dramático y ha desarrollado proyectos teatrales, audiovisuales, literarios y de formación artística. Ha intervenido en la creación de contenidos para diferentes centros culturales, así como en investigaciones colectivas como #bookcamping. Desde 2012 colabora con eldiario.es y Periódico Diagonal con piezas de periodismo narrativo. Es guionista y locutora en el espacio radiofónico Carne Cruda. Es además autora de los álbumes ilustrados infantiles La siesta y Al final, en colaboración con Miguel Brieva, y del libro de narrativa breve El Sur, instrucciones de uso. También ha publicado relatos en diferentes revistas. Quién quiere ser madre es su primera novela. Justo antes de cumplir los cuarenta años, Silvia se enamora y poco después pierde a su padre. Es entonces cuando decide quedarse embarazada. Siente que la vida le debe otra vida. Esta valiente novela autobiográfica va desgranando los hitos iniciáticos que atraviesa toda mujer cuyo deseo de embarazo se ve frustrado mes a mes: la urgencia biológica, la incertidumbre, el fantasma de la infertilidad, las reacciones de los seres queridos, el sexo mecánico, el desgaste de la pareja, los miedos y la reproducción asistida como horizonte. Pero no olvida lo bueno: el amor, la familia, los amigos y la pasión. Con la autora hemos charlado. Pincha y disfruta de la charla.

Los raros. Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday

libro-lady-sings-the-blues“Mamá y papá eran un par de críos cuando se casaron. El tenía dieciocho años, ella dieciséis y yo tres.

Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que iba a tener un bebé, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de tener un ataque al enterarse. Era gente de buena sociedad y nunca había oído hablar de cosas semejantes en su barrio de East Baltimore.

Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces deprisa.

Es un milagro que mi madre no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero Sadie Fagan me quiso desde que yo sólo era un suave puntapié en sus costillas mientras ella fregaba suelos. Se presentó en el hospital e hizo un trato con la jefa. Le dijo que fregaría los suelos y atendería a las golfas que estaban allí para tener a sus hijos, costeando así su parte y la mía. Y lo cumplió. Aquel miércoles 7 de abril de 1915, cuando yo nací en Baltimore, mamá tenía trece años”.

Así comienza Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday. Redactadas en colaboración con el pianista y escritor William Dufty, que recogió fielmente el modo de expresarse lacónico y rotundo de Lady Day, como se conocía también a Billie Holiday, estas memorias, publicadas en 1956, solo tres años antes de su muerte, son el testimonio brutal de una vida atormentada, a pesar del éxito y la fama que gozó la cantante más expresiva de la historia del jazz.

Siempre hay parcelas que se ocultan en las autobiografías, pero Billie Holiday, nombre artístico de Eleonora Fagan, no nos ahorra detalles escabrosos. Desde la miseria inicial que la obligó a empezar a trabajar a los diez años, pasando por un intento de violación a la misma edad, el ejercicio de la prostitución de los 13 a los 15, que le acarreó su primera estancia en la cárcel, los comienzos como cantante en pequeños clubs para evitar ser desahuciada, episodios vergonzosos de discriminación racial cuando, tras interminables giras en autobús con las bandas de Count Basie y Artie Shaw, empezaba a ser ya una de las vocalistas más prestigiosas de la época y, por supuesto, sus torturadas relaciones amorosas. Consecuencia de una de ellas fue su adicción a la heroína, por cuyo consumo, entonces considerado delito, fue detenida y recluida en varias ocasiones. Afortunadamente, no todo son desgracias, y Holiday recoge también en sus memorias la capacidad para hechizar al público con su intensidad y dramatismo, y la génesis de las célebres canciones que nos legó en su faceta de compositora.

A modo de síntesis, les diré que Lady sings the blues reviste un triple interés: es, primero, una crónica vivaz de la época dorada del jazz (por el libro desfilan genios como Louis Armstrong, Duke Ellington, Benny Goodman o Lester Young, el amigo más entrañable de Billie); es, también, un testimonio del terrible racismo que sufrían los músicos negros; y por último, un alegato conmovedor, en las páginas finales, contra el trato puramente represivo que recibían los adictos a las drogas.

Un libro durísimo y apasionante, cuya descarnada sinceridad resulta tan afilada como la hoja de afeitar que aparece en la portada de la edición de Tusquets. Así son las memorias de Billie Holiday: Lady sings the blues.

Javier Aspiazu

Los mundos del Quijote bajo el prisma de Iñigo Astiz

En 2016 se cumplieron 400 años de la muerte de Cervantes. Con esa excusa, el periodista Iñigo Astiz se montó en su furgoneta y arrancó para Castilla La Mancha. El objetivo: tratar de rastrear la presencia de El Quijote en esas tierras. El primer resultado de su viaje fue una serie de crónicas que Astiz publicó en el periódico Berria. Ahora presenta Kixotenean, un trabajo en el que se recopilan aquellos reportajes y se añaden otros muchos elementos: una crónica final, originales fichas de varias localidades manchegas, extractos de El Quijote traducidos al euskera, y las ilustraciones de Maite Mutuberria. La tesis del trabajo podría ser la siguiente: la realidad y la ficción son indisociables y se entrecruzan. Hay, también, otra idea que se manifiesta con claridad: la vigencia de El Quijote.

El viaje de Astiz comienza en Villanueva de los Infantes, una localidad que como otras, se arroga ser aquella de cuyo nombre no quería acordarse el caballero andante. Es julio y el calor se corta. El periodista entra en una tienda de informática y ve a un hombre dando manotazos al aire. Lleva unas gafas de realidad virtual. El Quijote no las necesitó. En otro capítulo se cuenta cómo, en aquellos molinos del Campo de Criptana, que nuestro héroe confundía con gigantes, los niños cazan pokemons. Como vemos, la real y lo imaginario siguen confundiéndose en el siglo XXI, y el peso de la ficción en esos pueblos de Monlibro-kixoteneantiel es considerable: hay calles, fondas, pastelerías con el nombre de los personajes de una novela. Hay museos y rutas y merchandising sobre personajes de ficción que ofrecen sustento a personas reales. Por ejemplo, en Toboso, el pueblo de Dulcinea, encontraremos el Museo Cervantino. En 1920, quien era alcalde del pueblo comenzó a pedir a diversas personalidades que enviaran allí un ejemplar firmado de El Quijote, el segundo libro más traducido de la historia, superado solo por la Biblia. Franco, Mussolini, Reagan, Mubarak, Lula da Silva, Thatcher, Mandela y muchos más mandaron ejemplares en sus lenguas maternas. Ardanza envió uno en euskera. Solo hay tres personas que no enviaron el ejemplar: Hitler (que envió El cantar de los nibelungos), Gaddafi (que envió el Libro Verde) y Vargas Llosa (que no envió nada; hay un libro suyo, de su obra, y una foto que se sacó en el museo, porque anduvo de promoción por allí).

La procelosa traducción al euskera de El Quijote también es referida por Astiz. Los primeros capítulos se tradujeron varias veces, pero la cosa se quedaba ahí. Fue el cura Pedro Berrondo el primero en traducir las dos partes de la obra. Y no hace tanto de eso: hablamos del año 1985. Las anécdotas y los datos que comparte Astiz son numerosas, pero no olvidemos que el territorio de la ficción es fértil en conjeturas. Una de ellas es la posibilidad de que Cervantes se hubiera inspirado en Juan Pérez Lazarraga, el administrador de los señores de Guevara para crear El Quijote. Por lo visto, un mal día, Lazarraga enloqueció y se armó y se dirigió a Gasteiz a caballo al grito de “¡Santiago! ¡Santiago!”.

La lectura de Kixotenean resulta divertida e instructiva porque a través de ese viaje a través de las tierras manchegas, Astiz repasa la biografía de Cervantes y revela diversas peculiaridades de la obra y nos brinda, como hemos visto, numerosas historias interesantes. El Quijote, tan precursor e inspirador, ha llegado a nuestros días en buena forma, y entre pokemos y gafas de realidad virtual, los molinos siguen siendo gigantes porque lo real y lo ficticio se entrecruzan para ofrecer un relato de muchos relatos en el que aún podemos vernos a nosotros mismos.

Txani Rodríguez

Los abuelos rojo y facha de Juan Soto Ivars

foto-juan-soto-ivarsEl escritor murciano Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) acaba de publicar en la editorial Círculo de Tiza el libro Un abuelo rojo y otro abuelo facha. Soto Ivars es narrador, ensayista y columnista de prensa. Sus escritos irreverentes y graciosos se han hecho famosos en El Confidencial, El Mundo, El País y la revista Jot Down. Ha publicado dos novelas Siberia y Ajedrez para un detective novato. Un abuelo rojo y otro abuelo facha es, en su primera parte, una especie de biografía sentimental, y a la vez manifiesto político, que se nutre de las experiencias familiares y que se transforma en una gran metáfora de la forma que tienen los españoles de afrontar su pasado más cercano, sobre todo lo que hace referencia a la época de la República, la Guerra Civil y la dictadura franquista. El autor da gracias a haber tenido una infancia, adolescencia y primera juventud marcada por las dos visiones contrapuestas de sus abuelos, uno rojo declarado, otro facha redomado. La segunda parte es un compendio de artículos publicados en diarios y revistas. Pincha y disfruta de la charla.

El tocho. El cuaderno gris de Josep Pla

libro-el-cuaderno-gris“9 de Julio. Es incontable el número de personas que piensan que no se han de morir nunca, que están absolutamente seguras –en virtud de la seguridad inconsciente, que es la más fuerte- de quedarse para siempre en esta tierra. Casi todo el mundo, quizá todo el mundo. El hombre no está construido para pensar en la muerte…. En virtud de este curioso fenómeno defensivo, la capacidad racional del hombre se encuentra permanentemente minimizada por esta amnesia. Vivir implica una capacidad racional limitada, incompleta. Así, la razón humana, abstraída de la presencia de la muerte, se convierte en lo que exactamente es: un puro juego pedante…”

Este es un fragmento de El cuaderno gris de Josep Pla, un maestro indiscutible de las letras catalanas del siglo XX. La amplísima obra de Pla comienza con este célebre diario, escrito a lo largo de un periodo de dieciocho meses, cuando el autor, veinteañero, terminaba su carrera de derecho. Profundamente reelaborado, se publicó por primera vez en 1966.

La primera parte del Cuaderno, redactada entre marzo de 1918 y enero de 1919, transcurre íntegramente en Palafrugell, la capital del Ampurdán, y sus inmediaciones. La virulenta epidemia de gripe que se desataba por entonces en Barcelona obligó a interrumpir la vida académica. El estudiante Pla vuelve a la casa familiar y, sin nada que hacer, se engolfa en la descripción del paisaje ampurdanés y en el retrato de los tipos humanos. El autor exhibe una sensibilidad pictórica para describir la naturaleza y los tonos del cielo y el mar. Y una predilección acusada por el retrato de personajes singulares: payeses, pescadores y algunos notables de la burguesía local, con quienes comparte tertulia de café. Sobre todo, las ideas paradójicas, con un punto socarrón y conservador, de estos últimos, son recogidas fielmente a través de conversaciones de una sorprendente agudeza. El eco de la guerra mundial, que se acaba al otro lado de la frontera, está a menudo presente. Pla comenta con sarcasmo las enormes fortunas que se están creando, de las que dan signos ostentosos algunos de los veraneantes en la cercana playa de Calella, una de las más bellas de la costa de Girona.

La segunda parte de El cuaderno gris, una vez reanudado el curso académico, transcurre en Barcelona entre enero y noviembre de 1919, y el diario se convierte entonces en una crónica satírica de la vida universitaria, y en una descripción vivaz de la intelectualidad barcelonesa, con la lucha sindical y el enfrentamiento armado entre obreros y patronos de fondo. Los retratos, a base de pinceladas sucesivas, que el autor realiza de figuras clave de la cultura catalana como Eugenio D’ors, Francesç Pujols o Josep Maria de Sagarra, entre otros muchos, son inestimables. Y sus apreciaciones literarias, abundantes en el diario, son tan críticas como certeras.

Escrito con un estilo sobrio, extremadamente preciso en la adjetivación, y con una atractiva mezcla de ironía y sensualidad, El cuaderno gris constituye un documento de época de enorme interés. La meritoria traducción de Dionisio Ridruejo para ediciones Destino, les permitirá disfrutar en castellano de uno de los grandes logros de la literatura catalana del pasado siglo: El cuaderno gris, de Josep Pla.

Javier Aspiazu