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El tocho. La se√Īorita Else, del austr√≠aco Arthur Schnitzler

‚ÄúSe acab√≥ el resplandor en los Alpes. La tarde no es ya maravillosa. El paisaje es triste. No, el paisaje no, pero la vida es triste. Y yo sigo sentada tranquilamente en el alf√©izar. Y van a encarcelar a pap√°. No. Nunca jam√°s. No puede ser. Yo lo salvar√©. S√≠, pap√°, te salvar√©. Unas palabras dichas con mucha desenvoltura. Al fin y al cabo, yo soy as√≠, ‚Äúanimosa‚ÄĚ. Ja. Ja, tratar√© al se√Īor Dorsday como si fuera para √©l un honor prestarnos dinero. Y la verdad es que lo es. Se√Īor Von Dorsday, ¬Ņtendr√≠a un momento para m√≠? Acabo de recibir una carta de mam√°, est√° en un aprieto moment√°neo, o m√°s bien pap√°. ‚ÄúPero naturalmente, se√Īorita, con el mayor placer. ¬ŅDe qu√© cantidad se trata?‚ÄĚ Si no me fuera tan antip√°tico. Tambi√©n su forma de mirarme. No, se√Īor Dorsday, no me creo su elegancia ni su mon√≥culo ni su nobleza. Podr√≠a comerciar igual con ropa vieja que con cuadros antiguos‚ÄĚ.

Este es un fragmento de La se√Īorita Else de Arthur Schnitzler. Surgido de la burgues√≠a jud√≠a que hizo de Viena el principal centro cultural europeo a fines del siglo XIX, Schnitzler ejerci√≥ como m√©dico antes de dedicarse por completo al teatro convirti√©ndose en el m√°s prestigioso dramaturgo austriaco (con obras como La ronda, que escandaliz√≥ por su cruda descripci√≥n del comercio sexual). Iniciado el siglo XX, Schnitzler se volc√≥ tambi√©n en la narrativa dejando algo m√°s de cincuenta obras, casi todas ellas breves.

La se√Īorita Else se public√≥ en 1923, en plena madurez del autor. Como ya hizo en otra de sus novelas m√°s conocidas, El teniente Gustl, Schnitzler se sirve aqu√≠ otra vez de un continuado mon√≥logo interior, solo interrumpido por di√°logos¬† ocasionales, para reflejar la subjetividad de la joven Else y contar su historia. Hija de un conocido abogado vien√©s, muy aficionado al juego, Else pasa una temporada en un hotel cercano a los Alpes, junto a su t√≠a, cuando un telegrama repentino de su padre le ruega encarecidamente que pida prestados treinta mil florines al vizconde Dorsday, residente en el mismo hotel. A pesar de la repugnancia que siente, accede a ayudar a su padre, pero el arist√≥crata, admirador de la belleza de Else, pone como condici√≥n verla desnuda.

A partir de ah√≠ el mon√≥logo, se convierte en una especie de delirio l√ļcido, que nos reservar√° alguna que otra sorpresa, hasta llegar a un desenlace en exceso melodram√°tico, producto de una intriga algo forzada en su √ļltimo transcurso. Pero m√°s que la trama lo importante en esta novela es el estilo, el logrado experimento formal que culmina el autor con ese mon√≥logo interior mantenido con admirable coherencia a lo largo de todo el relato.

Como sus contempor√°neos, Virginia Woolf o James Joyce, Schnitzler intenta mostrar con la mayor verosimilitud la psicolog√≠a de su personaje, a trav√©s de los vaivenes continuos, en forma de pensamientos fugaces o recurrentes, que caracterizan la corriente de conciencia de la valiente se√Īorita Else. Conocemos as√≠ la intimidad, los deseos y contradicciones de esta hermosa joven, y a trav√©s de ella, nos hacemos una idea de la morbosa y opresiva sensualidad de la √©poca. El resultado es un relato de ritmo febril y lectura absorbente que encontrar√°n en las editoriales Sirmio y Acantilado. La se√Īorita Else de Arthur Schnitzler.

Javier Aspiazu

Soberbio Dennis Lehane, para qué decir más

Creo que voy a repetirme, pero no hay m√°s remedio. Me parece que Dennis Lehane es el mejor escritor actual de g√©nero negro del universo. Ese mundo desaparecido, su √ļltima novela, viene a confirmarlo, otra vez. Supongamos que usted ha le√≠do las novelas de Kenzie y Gennaro, una pareja de detectives bastante t√≥pica, que se elevan por encima de los convencionalismos gracias a una escritura endiablada, a di√°logos eficaces, a personajes secundarios inolvidables, a intrigas muy bien trabadas. Puede que¬† haya visto la pel√≠cula de Ben Affleck que se bas√≥ en una de ellas: Adi√≥s peque√Īa, adi√≥s. Y, ya puestos seguramente han visto las adaptaciones cinematogr√°ficas de Mystic River, Shutter Island o La entrega, ¬†y, quiz√°, sabe hasta que cap√≠tulos de The Wire fueron guionizados por Lehane. Hasta es posible que le haya visto jugando al p√≥ker con Michael Connelly y el protagonista de la teleserie Castle. Supongamos que conoce todo Lehane, que ha le√≠do tambi√©n Cualquier otro d√≠a y Vivir de noche (alg√ļn d√≠a tendremos que reivindicar la versi√≥n cinematogr√°fica de Affleck de esta novela), las dos primeras partes de la trilog√≠a que viene a cerrar Este mundo desaparecido. Bueno, pues a pesar de todo eso, cuando abran este volumen descubrir√°n que est√°n ante su mejor obra.

¬ŅQue hay aqu√≠, pues? Pues la historia de un tipo, que viene de las dos novelas anteriores, que fue un mafioso peligroso y que ahora est√° retirado, casi retirado, al que le espanta la violencia desde la¬† muerte de su mujer, y que vuelve al campo de batalla para proteger a su peque√Īo hijo, por la intranquilidad que le producen las alucinaciones en las que aparece un ni√Īo al que no consigue identificar pero sobre todo, porque le llega el soplo de que alguien ha encargado su muerte. Venga, reconozcamos que tampoco es un argumento deslumbrante. Pero, empiecen a leer. Lehane traza en el primer cap√≠tulo un panorama que sirve a cualquier lector, incluso a quien no ha le√≠do las novelas precedentes, para saber cu√°l es el terreno de juego. Nuestro h√©roe descubre al fantasma, las piezas se colocan en su lugar, los personajes secundarios ocupan su puesto. Poco despu√©s Lehane nos presenta al personaje que har√° llegar al chivatazo al protagonista interesadamente. Ese cap√≠tulo deber√≠a ser incluido en las escuelas de escritura como ejemplo de c√≥mo se presentan los personajes.

Les ahorro el resto de la historia para que no me acusen de destriparla, pero imaginen que hay algo de violencia, momentos de gran tensi√≥n, relaciones amorosas descabelladas, traiciones, giros de gui√≥n, sensaci√≥n continua de peligro y los di√°logos mejor construidos que recuerdo. Es cierto, son demasiado largos, pero ¬Ņa qui√©n le importa? Sabemos que se est√° pasando de metraje, pero los seguimos disfrutando, no nos importar√≠a que siguieran incluso un poco m√°s, y el posible guionista de una hipot√©tica pel√≠cula futura ya tiene el trabajo hecho. Lehane recuerda a algunos cl√°sicos, a Hammett, claro, por su perfecta construcci√≥n de las intrigas y a Chandler por la riqueza sus frases, pero hay algo autentico y genuino en su escritura y que solo le pertenece a √©l: es un autor que te mira a los ojos desde las p√°ginas de sus libros. Y sabes que conoce como nadie el mundo que te est√° contando. Y que se mundo, afortunadamente, a√ļn no ha desaparecido.

Félix Linares

Antonio Iturbe vuela con Saint-Exupery y El Principito

El escritor aragon√©s Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967), pero afincado en Barcelona desde ni√Īo, acaba de publicar en Seix Barral la novela A cielo abierto. Con ella ha ganado el Premio Biblioteca Breve 2017. Iturbe es un periodista cultural de larga trayectoria. Ha trabajado en¬†El Peri√≥dico, en Fantastic Magazine y en Qu√© Leer, revista de la que fue director durante siete a√Īos, y ha colaborado en radio y en publicaciones como Fotogramas o Avui. Actualmente es director de la revista Libr√ļjula, colaborador en Cultura/s, El Pa√≠s, Heraldo de Arag√≥n y Mercurio, e imparte clases en la Universitat de Barcelona y en la Universidad Aut√≥noma de Madrid. Adem√°s ha publicado las novelas Rectos torcidos (2005),¬†D√≠as de sal (2008) ¬†y la exitosa La bibliotecaria de Auschwitz (2012). Tambi√©n es autor de la serie de libros infantiles Los casos del Inspector Cito, traducida a seis lenguas y de la serie La Isla de Sus√ļ. En A cielo abierto nos traslada a la Francia de los a√Īos veinte del pasado siglo, donde s√≥lo los mejores pilotos son aceptados en Lat√©co√®re. Entre los elegidos est√°n Jean Mermoz, Henri Guillaumet y Antoine de Saint-Exup√©ry, tres heroicos aviadores que abrir√°n las primeras l√≠neas de reparto de correo en rutas inexploradas. Ninguna distancia es demasiado extensa para ellos, ninguna monta√Īa demasiado alta: las cartas deben llegar a su destino. Cuando aterrizan, afrontan las turbulencias de la vida en tierra en un siglo partido por las guerras. Un homenaje al autor de El Principito, un escritor que supo ver la realidad con ojos de ni√Īo. Una celebraci√≥n a s√≠ mismo de la esencia de la literatura, de la amistad, de la conquista de los sue√Īos imposibles, del placer de volar y descubrir, desde el cielo, un planeta hermoso cargado de misterios. Con el autor hemos charlado. Pincha y disfruta.

Andrea Camilleri, deconstruyendo a la mujer ausente

Al escritor italiano Andrea Camilleri le ha marcado su vida literaria la creaci√≥n en 1994 del personaje del comisario Montalbano que ha protagonizado ya 32 libros, entre novelas y vol√ļmenes de relatos. Unas historias policiacas muy costumbristas que relatan la vida diaria en una peque√Īa localidad siciliana.¬† Unas novelas que son un aut√©ntico retrato de la sociedad italiana de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Pero Camilleri, que tiene ya 91 a√Īos y que se curti√≥ como guionista de televisi√≥n, de ah√≠ sus magn√≠ficos di√°logos, ha escrito otro tipo de novelas que indagan mucho m√°s en la personalidad de sus protagonistas, aunque mantengan el aire de novela negra o criminal. Es lo que sucede con su √ļltima novela traducida y que no pertenece a la saga Montalbano, No me toques.

El argumento parece sacado directamente de una de esas novelas de suspense actuales de tanto √©xito: una mujer de 35 a√Īos, Laura Garaudo, ha desaparecido. Su marido Mattia Todinir, un escritor afamado de 69 a√Īos, lo denuncia a la polic√≠a. La mujer fue a pasar unos d√≠as a la casa de campo, para tomar aire tras una crisis nerviosa, pero al parecer nunca lleg√≥ a ella. El caso se pone en manos del comisario Luca Maurizi que, como es preceptivo, comienza a indagar en el entorno de la desaparecida, interrogando a amigos, familiares y ex amantes de la desaparecida. Y aqu√≠ cambia todo. Porque a trav√©s de esos interrogatorios o de las cartas y escritos de la propia Laura, se nos va proporcionando una radiograf√≠a de la desaparecida a lo largo del tiempo y del momento presente. Cada interrogado por Maurizi nos da una visi√≥n de la personalidad calidosc√≥pica de una mujer que sufre episodios de lo que ella denomina ‚Äúlebache‚ÄĚ, es decir, d√≠as en los que es abatida por el aburrimiento, la decepci√≥n, el nihilismo, la depresi√≥n o una mezcla de todo ello. As√≠ aparecen Carlo, el periodista que investiga su desaparici√≥n y que una vez se acost√≥ con ella; Doria el abogado, una especie de amante oficial de Laura, adulterio consentido por el marido; Marco, otro amante de antes de la boda de Laura; Giulia Maltese, la amiga m√°s √≠ntima que sin embargo parece desconocer algunos aspectos capitales de su biograf√≠a; Filippa, su omnipresente asistenta personal; Aldo, el viejo profesor en la universidad en la que Laura se licenci√≥ en historia del arte; Ernesto, el militar por el que Laura abandon√≥ una carrera universitaria prometedora antes de casarse; Franco, el psicoanalista amigo que nunca la psicoanaliz√≥; y Wilson Peixoto, el extra√Īo gur√ļ brasile√Īo que aparece el personaje clave en toda esta trama.

La novela se asemeja a aquellos relatos de entreguerras, que influenciados por las muy de moda, en aquellos tiempos, teor√≠as psicoanal√≠ticas de Freud y Jung, estaban m√°s interesados en el aspecto psicol√≥gico de los personajes que en la trama que protagonizaban. Hasta tal punto es as√≠ que Camilleri resuelve el enigma de la novela de manera un poco caprichosa (y predecible). Porque como indica en el ep√≠logo el propio autor ‚ÄĚesta breve novela no pretende ser un relato polic√≠aco sobre la desaparici√≥n de una joven, sino el intento de dibujar, con medios sencillos, un retrato femenino complejo, s√≠, pero no tan infrecuente como pueda parecer a primera vista‚ÄĚ. Sea. Yo me quedo con el estilo limpio de Camilleri, con esa forma de dialogar que quita el hipo y con sus personajes tan bien construidos.

Enrique Martín

Mundo rural y violencia en el debut de Miren Gorrotxategi

La escritora guipuzcoana Miren Gorrotxategi (Azpietia, 1981) ha publicado en editorial Elkar la novela negra 33 ezkil. El proyecto inicial de este libro recibi√≥ la beca Agustin Zubikarai que concede el ayuntamiento de Ondarroa y la editorial Elkar, un libro que se convirti√≥ en una de las relevaciones de la literatura euskaldun el a√Īo pasado. En esta su primera novela Gorrotxategi nos traslada a un entorno rural de caser√≠os, iglesias y partidas de mus y a un ambiente de gran tensi√≥n. Con la escritora ha charlado Txani Rodr√≠guez. Pincha y escucha la conversaci√≥n.

El tocho. El inmoralista, del francés André Gide

‚ÄúQueridos amigos, os sab√≠a fieles. Hab√©is acudido a mi llamada tal como lo hubiera hecho yo a la vuestra. Y sin embargo, llevabais tres a√Īos sin verme. Que vuestra amistad, que tan bien resiste a la ausencia, pueda tambi√©n resistir al relato que voy a haceros. Pues si os llam√© bruscamente, si os hice viajar hasta mi residencia lejana, es √ļnicamente para veros, y para que pod√°is escucharme. No quiero otro socorro que ese: hablaros, pues me encuentro en un punto tal de mi vida que no puedo ir ya m√°s all√°. Y sin embargo, no es por lasitud. Pero ya no comprendo. Necesito‚Ķ Necesito hablar, os digo. Saber liberarse no es nada; lo arduo es saber ser libre‚Ķ‚ÄĚ

As√≠ comienza El inmoralista de Andr√© Gide. Considerado en la primera mitad del siglo XX un maestro de la prosa francesa y merecedor en 1947 del premio Nobel, da la impresi√≥n de que la posteridad no est√° sentando demasiado bien a la prol√≠fica obra de Andr√© Gide, de la que hoy solo se siguen leyendo con cierta regularidad novelas como Los monederos falsos y Los s√≥tanos del Vaticano y alguno de sus libros de memorias o viajes, como el controvertido Viaje al Congo. Entre las que ha resistido los embates del tiempo se encuentra tambi√©n esta breve novela que hoy comentamos, El inmoralista, publicada en 1902. En ella expresa Gide, mejor que en ning√ļn otro de sus textos a mi juicio, el conflicto que marc√≥ su propia vida, en cuyo transcurso debi√≥ desprenderse de la opresiva moral protestante en la que fue educado, para llegar a admitir su homosexualidad.

El inmoralista cuenta en primera persona la historia de Michel, un joven investigador que cae gravemente enfermo en el curso de su viaje de novios por √Āfrica. Mientras se restablece, concibe un gusto cada vez m√°s acentuado por la vida y por los placeres que puede ofrecer a quien se acerca a ella libre de prejuicios. Tras un periodo de exitosa carrera profesional en Europa, vuelve con su esposa Marceline a tierras africanas, donde aprovecha cualquier oportunidad para liberarse de todo conformismo, llegando incluso a alentar la propensi√≥n al hurto de su joven protegido Mokir, en quien advierte la carencia de cualquier sentido moral. Es esta tendencia a disfrutar la vida, por encima de cualquier moralidad, en la l√≠nea de la discutible filosof√≠a de Nietzsche, la que lleva a Michel a comportarse, en definitiva, de forma criminal, pues aunque se da cuenta de que el clima africano es perjudicial para la salud de su esposa, no hace nada para salvarla.

Por si este fragmento de la trama no bastara para incitarles a la lectura de El inmoralista, les dir√© que el autor luce su talento en las descripciones de la naturaleza africana, henchidas de aliento l√≠rico, y muestra un gran pulso narrativo contando la progresiva conversi√≥n psicol√≥gica del personaje protagonista, a la que el lector asiste sobrecogido y expectante. Una medida del √©xito de la obra en su √©poca la da el periodista y pol√≠tico L√©on Blum quien afirm√≥ que El inmoralista es ‚Äúel libro m√°s directo, el mejor construido, m√°s limpio y sencillo de trama‚ÄĚ de Gide. La editorial C√°tedra puede ofrecerles la versi√≥n m√°s reciente de esta turbadora par√°bola sobre el antagonismo entre la naturaleza y la moral. Nos referimos a El inmoralista de Andr√© Gide.

 Javier Aspiazu

Rivera Letelier, del costumbrismo social a la novela negra

Asegura Rivera Letelier que √©l no lee novela negra, que no le interesa, que eso de los detectives y sus investigaciones no tienen ning√ļn atractivo para √©l. Pero ¬Ņacaso no ha escrito una novela negra en La muerte es una vieja historia? Pues s√≠, evidentemente esta es una novela casi can√≥nica con detective que tiene ayudante y al que le encargan trabajos m√°s o menos sucios y que tiene que investigar sin demasiado entusiasmo porque vive de esto. ¬ŅD√≥nde est√° el truco? Pues vamos a interpretar que en su afici√≥n a las novelas de Raymond Chandler que, ya se sabe, era un tipo poco interesado en la intriga y en el desarrollo estrictamente detectivesco de sus novelas, pero que se mor√≠a por las atm√≥sferas turbias y por las frases contundentes.

Tiene gracia todo eso y ayuda al malditismo del autor, que tiene una biografía tormentosa, y al éxito de sus novelas, pero para conseguir esto no hacía falta arrimarse a un género que se desprecia. Y me parece que ambos, Chandler y Rivera Letelier lo hacen. Pero no estamos aquí para discutir estas cosas, sino para juzgar la novela. El veredicto es rápido: La muerte es una vieja historia es un magnífico texto desde todos los puntos de vista. Es un hermoso homenaje a Chandler y a aquellos que piensan como él, tiene unos excelentes personajes sacados a medias de las novelas de género y de los tipos locales de Antofagasta, región de Chile donde transcurren las novelas de este autor, hay mucho color genérico en las cosas que rodean al protagonista y en las aventuras que le tocan vivir y hay, naturalmente, bastantes de las frases por las que Chandler mataría y que tan bien le salen a este autor.

Como en cualquier novela negra que se precie hay encargos, vigilancias, observaciones de la realidad, alg√ļn altercado, discusiones entre el detective y su ayudante, sorpresas y giros de la acci√≥n, pero tambi√©n hay una revisi√≥n ir√≥nica del g√©nero que se hace a estas alturas absolutamente imprescindible para enfocar los nuevos tiempos. Para ser un tipo que desprecia la especialidad parece que le tiene muy bien cogida la medida. Pero, sobre todo, Hern√°n Rivera Letelier es un magnifico escritor y proporciona, como siempre, como en sus novelas m√°s pol√≠ticas y sociales, incluso en algunas alucinadas, un ejemplo de c√≥mo se debe escribir. Y encima es tremendamente divertido. Y a√ļn mas, anuncia una trilog√≠a con estos personajes, as√≠ que el entretenimiento, y todo lo dem√°s, est√° asegurado. Son pues, buenas noticias, al√©grense. La novela negra es un g√©nero tan fuerte que triunfa incluso cuando lo escriben aquellos que lo menosprecian.

Félix Linares

Arantxa Iturbe, del teatro a la novela

Koadernoa zuri es una historia que ha hecho un viaje desde las artes esc√©nicas a la nouvelle. La idea naci√≥ como una obra de teatro que puso sobre las tablas Hika Teatro Taldea, y que, ahora, acaba de ser publicada por Elkar. Estamos, pues, ante una adaptaci√≥n.¬† Pero la verdad es que yo cuento todo esto porque lo s√© no porque me haya dado cuenta. Koadernoa zuri funciona perfectamente y en su brevedad como novela. Su punto de partida es el siguiente: tras veinte a√Īos fuera de casa, Bego√Īa se reencuentra con su hermana Arrate. Despu√©s de todo ese tiempo en el que nada han sabido la una de la otra, Arrate solo es capaz de hacerle una pregunta: para qu√© ha regresado. El reencuentro se produce en la casa de la madre de ambas, fallecida ya, pero muy presente en la novela.

Arrate, casada, madre y m√©dico de familia, parece llevar una vida de orden, y se siente descolocada ante la nueva situaci√≥n. Sin embargo, gracias a ese giro podremos conocer en profundidad a las dos hermanas, saber qu√© ha sido realmente de ellas en esos veinte a√Īos, y comprender hasta qu√© punto la figura de una madre r√≠gida y controladora condicion√≥ sus vidas. Las dos hermanas son las dos √ļnicas protagonistas que esta historia ilumina, pero hay tambi√©n otros personajes en penumbra, que son importantes: la madre, por supuesto; una vecina, el marido de Arrate y algunos de sus pacientes, uno que no siente dolor, otra que cree enfermar con la jubilaci√≥n de su marido‚Ķ

En todo caso, Arrate y Bego√Īa son dos personajes bien definidos, construidos con retazos elocuentes, mostrados a trav√©s de escenas, que nos ponen en contacto directo con el complejo mundo de las emociones: decepci√≥n, incomprensi√≥n, recelos, amor, empat√≠a, tristeza y felicidad, sumisi√≥n y rebeld√≠a‚Ķ son muchos los sentimientos que se entrecruzan en Koadernoa zuri hasta llegar a situarnos en el lugar de estas dos mujeres que se ir√°n dando a conocer a lo largo de esta lectura: cada una con sus heridas y con sus fortalezas.

Adem√°s, hasta en esa casa materna, algo oscura y poco ventilada, se cuela el humor de la autora, Arantxa Iturbe, algo que oxigena muy bien el relato. Koadernoa zuri es, por tanto, una historia que maneja pocos elementos (pocos personajes, pocos escenarios) pero que resultan suficientes y permiten que nos adentremos en el mundo de esas dos mujeres, en sus renuncias, en sus concesiones y en sus certezas.

Koadernoa zuri, que tiene toques lorquianos y que puede recordar un poco a La intrusa de Eric Fayé, es un libro absolutamente recomendable, verosímil, protagonizado por unos personajes en los que, al menos en un grado, todos, todas, nos podemos reflejar.

Txani Rodríguez

El tocho. El proceso, de Franz Kafka

‚ÄúAlguien deb√≠a haber calumniado a Joseph K., porque sin haber hecho nada malo fue detenido una ma√Īana. La cocinera de la se√Īora Grubach, su patrona, que todos los d√≠as le llevaba el desayuno hacia las ocho, no vino aquella vez. Eso no hab√≠a ocurrido nunca. K. aguard√≥ todav√≠a un rato, mirando desde la almohada a la anciana que viv√≠a enfrente y que lo observaba con una curiosidad totalmente inusitada en ella, pero luego, extra√Īado y hambriento a un tiempo toc√≥ la campanilla. Inmediatamente llamaron a la puerta y entr√≥ un hombre que nunca hab√≠a visto en aquella casa‚ÄĚ.

As√≠ comienza El proceso de Franz Kafka. Quien al finalizar el siglo XX ser√≠a el autor m√°s influyente de la centuria, junto a Joyce, Faulkner y Proust, muri√≥ en 1924, con apenas 41 a√Īos, sin haber visto publicada m√°s que una peque√Īa parte de su obra, conservada casi √≠ntegra gracias a la admiraci√≥n de su amigo y albacea testamentario, Max Brod, que contravino los deseos de Kafka de destruir todos sus manuscritos inacabados, entre los que se encuentra El proceso.

Probablemente conozcan esta historia, pero quiz√° no sepan que a la hora de escribir esta novela y otros relatos, Kafka se bas√≥ libremente en Crimen y castigo de Dostoievski, hasta el punto de que algunos pasajes de El proceso solo se entienden a la luz de la lectura previa de la obra de Dostoievski. Eso ha demostrado, tras veinte a√Īos de investigaci√≥n y cuatro libros sobre el tema, el profesor colombiano Guillermo S√°nchez Trujillo, quien afirma que ‚ÄúKafka no plagi√≥ sino que encarn√≥ la literatura de Dostoievski a trav√©s de sus vivencias personales para luego reescribirlas como enigma‚ÄĚ.

Uno de los aspectos m√°s enigm√°ticos de este autor checo de expresi√≥n alemana, es el evidente sentimiento de culpa que se revela en su universo literario, donde abundan castigos, condenas y juicios, y que tambi√©n est√° presente en El proceso como una posibilidad incierta y lejana. Se han esgrimido diversas razones para explicarlo: las traum√°ticas relaciones que mantuvo con su padre, o su oscura vida de oficinista en una compa√Ī√≠a de seguros en Praga, lo que le imped√≠a una dedicaci√≥n plena a la literatura.

Sea cual sea la causa, lo cierto es que Kafka se adelantó, con su torturada psicología, a la sensación de absoluta vulnerabilidad e impotencia que se apoderaría de incontables ciudadanos en la Europa de los totalitarismos; ciudadanos sometidos a procesos tanto o más inexplicables que el narrado en esta novela, en la que Josef K. nunca llega a saber el delito que ha cometido, ni quiénes son los remotos jueces que han incoado la causa contra él, ni siquiera si dispone de medios efectivos para defenderse.

Lo √ļnico que diferencia el proceso de Josef K. de los que vivieron realmente tantas v√≠ctimas del despotismo estatal, es el estilo literario de Kafka, lo espec√≠ficamente kafkiano: su desconcertante alternancia de una descripci√≥n realista de algunos acontecimientos con una visi√≥n grotesca, absurda, casi c√≥mica de otros. Fue precisamente esa utilizaci√≥n de la l√≥gica maleable y ambigua de los sue√Īos lo que llam√≥ la atenci√≥n de los surrealistas franceses, primeros divulgadores de la obra de Kafka.

No me queda sino recordarles que El proceso es, quiz√°, la obra m√°s imitada del siglo XX, y una de las m√°s angustiosas y fascinantes. No se la pierdan.

Javier Aspiazu

Enrique Vila-Matas, entre la vida y la literatura

Lo de Enrique Vila-Matas es √ļnico. Aparte de ser uno de los grandes escritores en castellano del estado espa√Īol, y no solo porque lo digamos nosotros, sino porque el reconocimiento le ha llegado de la cr√≠tica y de los lectores de todas las partes del mundo, es un escritor que levanta filias y fobias exageradas. Si eres seguidor de Vila-Matas seguramente lo ser√°s hasta la muerte, escriba lo que escriba. Pero si no te ha gustado uno de esos libros, ya te puedes descabalgar porque no te gustar√° ninguno y adem√°s es posible que le tengas algo de inquina. Cosas de la literatura y de su estilo tan peculiar que juega con la verdad hasta retorcerla y dejarla irreconocible.

Vila-Matas naci√≥ en Barcelona en 1984 y algunos de sus libros forman parte ya de la historia de la literatura espa√Īola reciente como Impostura, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Historia abreviada de la literatura port√°til, Bartleby y compa√Ī√≠a, El mal de Montano, Kassel no invita a la l√≥gica o Doctor Pasavento. Su nueva novela, Mac y su contratiempo, cuenta como un hombre que ha perdido su trabajo decide convertirse en escritor y a trav√©s de un diario nos cuenta c√≥mo es su vida cotidiana y c√≥mo se interesa por una obra menor de un autor consagrado para rehacerla de arriba, abajo, para rescribirla, para mejorarla de alguna manera.

La novela no es otra cosa que una reflexi√≥n sobre la creaci√≥n literaria. Pero una reflexi√≥n muy peculiar porque lo que interesa aqu√≠ ‚Äďlo que parece interesar al autor- es el acto de la repetici√≥n, al que de alguna manera parecen estar condenados todos los escritores. Se dice en un momento del libro ‚Äúen el centro de toda creaci√≥n literaria se oculta el oscuro par√°sito de la repetici√≥n‚ÄĚ. Y el personaje protagonista se√Īala ‚Äúme gusta repetir, pero modificando‚ÄĚ y ‚Äútengo vocaci√≥n de modificador‚ÄĚ. Tambi√©n habla la novela del pecado de vanidad que contamina la literatura actual, porque, textual, hay muchos ‚Äúnarradores que se creen preparados para escribir una novela; se sienten tan incre√≠blemente preparados que en su inagotable vanidad est√°n convencidos‚ÄĚ. ¬ŅSobran libros? Parece que s√≠, seg√ļn la tesis de la novela. ¬ŅLa literatura es una forma de perder el tiempo? Tal vez. Provocaci√≥n y diversi√≥n en todo caso.

Y luego están los homenajes a otros escritores. Porque el protagonista de la novela, Mac Vives (se asemeja a Mal Vives, otro chiste), quiere reescribir un libro que en cada capítulo rinde homenaje al estilo de una serie de autores, a los que, evidentemente Vila-Matas acaba rindiendo su particular homenaje: Cheever, Djuna Barnes, Borges, Hemingway, Carver, Malamud, Marcel Schnow, Jean Rhys, Poe y Chesterton. Una especie de vademécum particular. Y, por cierto, me gusta también el cachondeo que se trae el autor con los horóscopos de los periódicos a los que utiliza para hacer que su protagonista haga una reflexión de su día a día comparándolo con lo que el horóscopo le había pronosticado. Cachondeo fino.

Soy muy ‚Äúvila-matiano‚ÄĚ. ¬ŅSe nota? Y en l√≠neas generales me gusta casi todo lo que escribe. C√≥mo no vas a querer a un tipo que escribe frases como √©sta: ‚Äúlas novelas dramatizan a veces demasiado unos sucesos que en la vida real suelen producirse de un modo m√°s sencillo o irrelevante‚ÄĚ. La vida y la literatura.

Enrique Martín