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El tocho. El sueño de los héroes, del argentino Bioy Casares

“A lo largo de tres días y de tres noches del carnaval de 1927 la vida de Emilio Gauna logró su primera y misteriosa culminación. Que alguien haya previsto el terrible término acordado y, desde lejos, haya alterado el fluir de los acontecimientos, es un punto difícil de resolver. Por cierto, una solución que señalara a un oscuro demiurgo como autor de los hechos que la pobre y presurosa inteligencia humana vagamente atribuye al destino, más que una luz nueva añadiría un problema nuevo. Lo que Gauna entrevió hacia el final de la tercera noche llegó a ser para él como un ansiado objeto mágico, obtenido y perdido en una prodigiosa aventura. Indagar esta experiencia, recuperarla, fue en los años inmediatos la conversada tarea que tanto lo desacreditó ante los amigos.”

Así comienza El sueño de los héroes, de Adolfo Bioy Casares. Publicada en 1954, esta es la tercera novela del autor argentino tras las celebradas La invención de Morel y Plan de evasión, obras donde se acercaba de forma muy original al género de la ciencia ficción, poco frecuentado en la literatura de su país. En El sueño de los héroes Bioy recupera el tono realista, incluso costumbrista, durante la mayor parte de su desarrollo, salvo en los últimos capítulos donde se desliza por terrenos mágicos o fantásticos.

La vida de Emilio Gauna, veinteañero empleado en un taller de automóviles, transcurre rutinaria, oscilando entre su trabajo y la compañía de sus amigos, con los que se reúne en el bar Platense, o en casa del doctor Valerga, hombre maduro y torvo, cuya fortaleza y experiencia, le convierten en una especie de líder natural para todos. En su compañía pasará de farra tres jornadas del carnaval de 1927 durante las que conocerá a una mujer enmascarada y tendrá una experiencia iniciática que le marcará de por vida, aunque apenas puede recordar. Algunos meses después se casa con Clara, la hija del brujo Taboada, que intentará apartarle de su destino, pero, incapaz de abandonar su obsesión, tratará de revivir aquella experiencia reproduciendo junto a sus amigos y el doctor, en el carnaval de 1930, las mismas andanzas de tres años antes. A partir de ese momento, los acontecimientos se precipitan sin posible vuelta atrás.

Con un oído finísimo para la lengua hablada, Bioy, que solo se permite alguna breve digresión, consigue reproducir no solo las expresiones de diversos arrabales de Buenos Aires, sino hasta la musicalidad del acento porteño, que el lector creerá oír a medida que se adentre en el libro. En esta novela aparece de nuevo esa concepción del valor masculino dirimido en una pelea a cuchillo, tan habitual en el imaginario argentino, desde la literatura gauchesca, con Martín Fierro o Don Segundo Sombra, hasta el refinado Borges, quien trató el asunto en varios de sus cuentos.

El valor de Gauna será precisamente el detonante de su destino, intuido y, al fin, realizado; un tema muy borgiano, resuelto con ingenio y eficacia en una novela considerada por cierto sector de la crítica, quizá demasiado entusiasta, la mejor de su autor. El sueño de los héroes de Adolfo Bioy Casares, disponible en Alianza Editorial.

Javier Aspiazu

Giménez Bartlett y Petra Delicado, amistad inquebrantable

Por mucho que haya ganado la mayoría de los premios literarios relevantes del estado español, como el Femenino Singular, el Nadal o el Planeta, con novelas como Una habitación ajena, Donde nadie te encuentre y Hombres desnudos, a la manchega, criada en Tortosa y residente en Barcelona y Vinaroz, Alicia Giménez Bartlett una gran mayoría de lectores la identifican como la autora de las novelas criminales protagonizadas por la inspectora Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón, dos policías nacionales que viven y trabajan en Barcelona.  Libros que la han convertido en una estrella no solo en España sino también en Francia, Alemania y sobre todo en Italia. Son ya diez las novelas, más un libro de cuentos, protagonizados por estos dos personajes. La última Mi querido asesino en serie.

Por azares del destino, y con la que está cayendo en Cataluña, la trama de esta novela obliga a Petra Delicado, tan independiente y visceral como siempre, a estar bajo las órdenes de un mosso d’esquadra. Si normalmente lleva mal la autoridad de sus jefes, no os podéis imaginar lo terrible que le sienta depender de un inspector que tiene su mismo grado y que encima es de otro cuerpo. Además en un momento de la novela el jefe de Petra, el comisario Coronas, para dar visibilidad a una investigación que no avanza le dice a Petra: “¡Hay que hacer gestos para la galería y dar carnaza a los periódicos! Para que la gente se cerciore de que ponemos toda la carne en el asador, las fuerzas especiales son lo más vistoso. Así que organicen si quieren registros peligrosos aunque no haga falta, o hagan desfilar a los geos por el paseo de Gracia. ¡Lo que se les ocurra!, pero quiero ver fotos de tíos con metralleta y botas en el periódico. ¿He hablado con suficiente claridad?”. Casualidades crueles, porque evidentemente la novela estaba escrita bastante antes de los sucesos políticos catalanes.

Dicho esto, hay que señalar que Petra Delicado y su compañero Fermín Garzón, junto al mosso Roberto Fraile, deberán enfrentarse al caso más “endiablado”, en palabras de la propia Petra, con el que han tenido que lidiar: un asesino en serie, un tipo de delincuente que ni siquiera abunda en Estados Unidos, a pesar de lo que se pueda deducir de su presencia constante en películas y novelas criminales.  La novela narra la búsqueda de un asesino de mujeres, que están relacionadas con una agencia de contactos, agencias matrimoniales, a las que la autora no tiene en alta estima, pero que dan servicio a mujeres y hombres solitarios, muy solitarios. La historia, repleta de caminos que no llevan a ninguna parte y de preguntas sin contestar, reflexiona sobre los monstruos criminales que se esconden a veces bajo una “fachada anodina y bondadosa” y sobre la maldad y la enfermedad que le hace preguntarse a Petra: “¿Hasta qué punto el ser humano puede ser malo y cruel por naturaleza, hasta que punto por enfermedad?”.

La novela es doblemente interesante, por la trama a desvelar y por las relaciones entre los protagonistas. Petra y Garzón siguen afianzando su amistad y su divertida sintonía. Incluso consiguen llevarse a su terreno al mosso Roberto Fraile. Ella además sigue enamoradísima de su tercer marido el arquitecto Marcos. Incluso una mujer que no quería tener hijos, para preservar su independencia, cada vez es más amorosa con sus hijastros. Son buenos tiempos sentimentales para la protagonista. Por cierto, hay un momento muy entrañable en la novela, el homenaje a la ya cerrada librería Negra y Criminal de Barcelona y a su dueño Paco Camarasa. Se encuentran en un momento Petra y Paco y ésta le dice: “Quédese en la ficción, amigo mío, y deje para nosotros la triste realidad”. Curiosa y divertida paradoja.

Después de este libro es probable que Alicia Giménez Bartlett escriba otra novela “seria”, aunque está claro que la saga de Petra Delicado, a pesar de los 21 años transcurridos desde la primera entrega, sigue muy viva. Como ha dicho la autora “las aventuras de Petra continuarán hasta que se me agote la inspiración”.

Enrique Martín

El rinoceronte, el poeta Pessoa y el novelista Barrero

El profesor Eduardo Espinosa es un hombre entregado al estudio de la obra de Fernando Pessoa. Cada año, viaja a Lisboa, donde a menudo es requerido para participar en congresos o ponencias especializadas.  Se trata sin duda de un personaje libresco que, sirva el dato, “jamás había sentido la necesidad de disponer de una compañía femenina”. Su devoción por el genio luso es tal que cuando se declaró el terrible incendio de 1988, Espinosa que estaba en su casa en Madrid exclamó: “Me están quemando a Pessoa”.

Bien, pues este estudioso de apariencia gris y costumbres fijas, viaja de nuevo a Lisboa en agosto de 2015 porque ha sido reclamado por quien considera su maestro, el profesor Gonçalves, quien le apremia a visitarle pero no le dice para qué quiere verle. Espinosa baraja distintas hipótesis mientras pasea por una Lisboa estival y atestada de turistas. Piensa que tal vez la respuesta sea un doctorado honoris causa, una invitación para formar parte de algún club de sabios de estudios pessoanos, un requerimiento para participar en la edición de unas obras completas que sin duda habrán de ser monumentales. Sin embargo, la razón por la que Gonçalves desea verle en Lisboa va mucho más allá y enlaza con la pregunta que recorre la novela: ¿Quién fue realmente Fernando Pessoa? ¿Quién fue ese genio que creo nada menos que 72 heterónimos? ¿Quién ese Pessoa que fue también Ricardo Reis, Álvaro de Campos o Alberto Caeiro? La respuesta que encierra esta novela es sorprendente.

El rinoceronte y el poeta juega con la idea de buscar un paralelismo entre aquel animal exótico que desembarcó en 1515 en el puerto de Lisboa, Pessoa y el protagonista de la novela; sin duda, lo que les une es que los tres resultan extraños a su tiempo, a sus circunstancias.  Y más allá de los aspectos ceñidos a la trama, Miguel Barrero ofrece en este trabajo una guía de Lisboa, un resumen de sus acontecimientos históricos más importantes, entre los que no puede faltar la batalla de Alcazarquivir, en la que moriría el rey Sebastián I, y que dio pie al sebastianismo, un movimiento místico-secular que propagó la leyenda de que el rey seguía vivo, y solo esperaba el momento de volver. La espera, que alcanza ya siglos, se volvió poética y filosófica, y fue glosada por el propio Pessoa. La Revolución de los Claveles es otro de los momentos que se rememoran en este libro, repleto de historias increíbles, hermosas.

El rinoceronte y el poeta es un libro que resultará delicioso a los enamorados de Lisboa, de Pessoa y de la literatura; se trata de un trabajo serio, firmado por un escritor de treinta y siete años, que se ha apartado de la corriente autorreferencial que tanto significa a su generación, para crear una obra que, en estos tiempos, también tiene algo de exótico rinoceronte.

Txani Rodríguez

 

El tocho. La dama de blanco, del británico Wilkie Collins

“Era el último día de Julio. El largo y caliente verano llegaba a su término, y nosotros, los fatigados peregrinos de las empedradas calles de Londres, pensábamos en los campos de cereales sombreados por las nubes o en las brisas de otoño a las orillas del mar.

En lo que a mí se refiere, el agonizante verano me estaba quitando la salud, el buen humor y, si he de decir la verdad, también dinero. Durante el último año no administré mis ingresos tan bien como otras veces, y esta imprevisión me obligaba ahora a pasar el otoño de la manera más económica, entre la casa de campo que poseía mi madre en Hampstead y mi apartamento en la ciudad”.

Así se inicia La dama de blanco, de Wilkie Collins. La novela más conocida de este autor británico se publicó por entregas en 1860, en una revista, All the year round, fundada y dirigida por Charles Dickens, de quien fue amigo y con el que llegó, incluso, a colaborar en varias narraciones. Tras su muerte en 1889, Collins quedó algo olvidado a causa del declive de la calidad de su obra durante las dos últimas décadas de su vida. Pero buena parte de su amplia producción se ha recuperado a lo largo del siglo XX, reeditándose de continuo, convertida en un clásico indiscutible.

La dama de blanco nos cuenta la historia de Laura Fairlie, joven heredera enamorada de su profesor de dibujo, Walter Hartridge, y correspondida por éste. Laura debe casarse, sin embargo, con sir Percyval Glyde, amigo de su difunto padre, con el que ya está comprometida. Sir Percival, en realidad, solo quiere hacerse con el dinero de Laura para evitar su ruina, e intentará conseguirlo con la ayuda de su amigo, el italiano conde Fosco, uno de los malvados más inteligentes e insidiosos de la historia de la literatura. Pero a sus maquinaciones, que incluyen el internamiento forzado de Laura en un manicomio y el asesinato de la misteriosa dama de blanco del título, se oponen  la valiente y leal Marian Halcombe, hermanastra de Laura; y su enamorado, que retorna de un largo viaje cuando más necesaria es su ayuda.

Estos son los mimbres de un argumento que acaba siendo cautivador y cuya resolución les animo a descubrir. Collins domina la técnica folletinesca consistente en dejar cada capítulo en el punto más alto de dramatismo, lo que garantiza el interés continuado del lector. Como en La piedra lunar, su otra gran novela, en ésta que hoy comentamos, la trama está contada en primera persona por los diversos actores de la narración, que aportan su punto de vista particular de los hechos. Collins utiliza cartas, diarios, relaciones de testigos, para armar, un puzle fascinante; una mezcla perfecta de relato de intriga, historia de amor y novela de aventuras, en la que, quizá por la influencia de Dickens, los personajes están más perfilados y resultan más creíbles que en otros relatos publicados por entregas.

Muy diversas editoriales les proporcionarán el enorme placer de leer este apasionante precedente de la literatura policiaca que es La dama de blanco, de Wilkie Collins.

Javier Aspiazu

Comparando a Naomi Alderman con Margaret Atwood

Es bien sabido que una crítica negativa siempre es más estimulante que una positiva. Si bien no cumple con el precepto de hacer públicas las bondades de los libros que merecen ser recomendados, una crítica negativa libera lo que el crítico ha venido reservando en su interior de los muchos libros malos que ha tenido que tragarse para seleccionar los libros buenos que siempre son menos. Y así abordamos el comentario sobre The Power, libro que ha llegado a nosotros con firmes bases para ser uno de los títulos de la temporada. El factor principal de apoyo ante el posible comprador es el aplauso de Margaret Atwood que después del macroéxito de El cuento de la criada en su versión televisiva se ha convertido en la gurú de este tipo de productos distópicos.

En segundo lugar lo que anuncia esta novela es un futuro feminista en la que el mundo tal y como lo conocemos ha cambiado y las mujeres se han hecho con el poder, o algo parecido. Incluso tiene para el lector habitual de ciencia-ficción ciertos detalles familiares: utiliza la argucia de incluir una novela dentro de la novela con conversaciones entre la autora y el posible editor, a la manera de Norman Spinrad en El sueño de hierro, distribuye la acción en diferentes escenarios con distintos protagonistas que, inevitablemente, irán reuniéndose. Altera lentamente las circunstancias del universo donde los personajes habitan mostrando la evolución del mundo conocido hacia la catástrofe. Porque sí, al final el mundo, lo maneje quien lo maneje parece estar abocado a la ruina.

Muy bien, al meollo: el factor revolucionario que provoca el cambio parece sacado de un tebeo de superhéroes y se mezcla con elementos antropológicos heredados directamente de la serie iniciada con El clan del oso cavernario, que no son dos de las recomendaciones que me atrevería a hacer a un lector serio. Los personajes son estereotipos poco trabajados y las acciones por las que atraviesan están ya muy vistas. La narración es bastante convencional y bastante espesa, que tiende a la repetición y durante muchas páginas, allá a la altura de los dos tercios se estanca de manera peligrosa para la paciencia del lector.

No neguemos que The Power tiene sus momentos. Cuando se repiten las actitudes actuales en ese mundo futuro supuestamente en pleno cambio, cuando la autora se lanza a la ambigüedad e incluye alusiones sobre quien puede ser el autor definitivo de la novela. Pero no he podido evitar, quizá por puro prejuicio, detectar ese aroma a escritura nacida de talleres y de grupos de fans que lo mismo sirve para crear fenómenos como Crepúsculo o Cincuenta sombras de Grey como para alimentar algunas series televisivas repletas de tópicos.

Granta y el Sunday Times ya han saludado a Naomi Alderman como una de las grandes novelistas del futuro, y ella misma es ahora profesora de escritura creativa. El que a mí no me haya interesado su novela solo quiere decir que estoy desconectado de la actualidad y que el futuro me va a pillar con el pie cambiado y no volveré a disfrutar de libro alguno. Justo castigo a mi maldad por criticar negativamente a The Power, una novela que estaba llamada a reinar en las listas de libros más vendidos.

Félix Linares

El Perro Lascano se hace viejo en manos de Ernesto Mallo

El escritor argentino Ernesto Mallo (La Plata, 1948) acaba de publicar en la editorial Siruela la novela El hilo de sangre. Mallo, guionista, dramaturgo y periodista de investigación residente en Barcelona, es famoso entre nosotros por la serie del comisario Venancio Ismael Lascano, conocido como El Perro Lascano. Su trilogía original (Crimen en el Barrio del Once, El policía descalzo de la plaza San Martín y Los hombres te han hecho mal, publicadas todas juntas en un volumen integral titulado El comisario Lascano) le convirtieron en una estrella de la novela negra latinoamericana y mundial. Eran novelas ambientadas cada una en una época conflictiva de la historia  argentina contemporánea: la de la dictadura militar, la del tiempo de Raúl Alfonsín tras la recuperación democrática y la de la época corrupta de Carlos Menem. Luego llegaría la cuarta novela de la serie, curiosamente una precuela titulada La conspiración de los mediocres, que contaba una historia de un joven policía Lascano, antes del golpe de estado de los militares en los tiempos de Perón. Y ahora la serie da un giro y une pasado y presente, el pasado de Lascano siendo niño y un presente con 63 años. En El hilo de sangre encontramos a un Lascano rico y que ha recuperado el amor de Eva. Se ha jubilado de policía y vive una vida tranquila. Pero entonces un criminal que agoniza en un hospital penitenciario dice saber quién asesinó a los padres de Lascano, cuando éste era un niño. Y todo estalla. Con el autor hemos charlado. Pincha y disfrutra de la conversación.

El tocho. El puente de San Luis Rey, de Thornton Wilder

“El viernes 20 de Julio de 1714, a la hora del mediodía, el más hermoso puente de todo el Perú hubo de quebrarse, precipitando al abismo a cinco transeúntes. Este puente se hallaba en el camino real de Lima a Cuzco y centenares de personas pasaban por él a diario. De fábrica incaica, hecho de juncos entretejidos, contaba más de un siglo de existencia, y no había forastero que no fuese conducido a admirarlo como una de las curiosidades del lugar. … pero aunque los caballos, carruajes y literas tenían que bajar por otro camino unos cuantos centenares de pies, para cruzar luego en zataras el angosto torrente, ningún viajero del virrey y del mismo arzobispo de Lima para abajo, habría consentido en descender con sus bagajes antes que cruzar a pie el famoso puente de San Luis Rey.”

Así comienza El puente de San Luis Rey de Thornton Wilder. Este escritor estadounidense fue autor de magistrales novelas históricas, como Los idus de marzo y ésta que hoy comentamos, además de un celebrado dramaturgo, una de cuyas obras, Nuestro pueblo, es todo un clásico de la escena contemporánea. El puente de San Luis Rey, publicada en 1927, cuando el autor tenía 30 años, fue su primer gran éxito. El lector quedará sorprendido a medida que se adentre en esta breve pero sustanciosa novela, por la erudición del joven autor. Su conocimiento del Perú colonial y de las tradiciones culturales y literarias que lo conformaban se aprecia desde las primeras páginas. Pero todo este preciso marco no es sino el pretexto para ilustrar una aguda interrogante: ¿es la divina providencia la que rige nuestros destinos o todo lo que nos acontece es puro azar? Eso es lo que se pregunta Fray Junípero después de asistir como testigo al hundimiento del puente arrastrando a cinco personas. Decidido a demostrar la intervención divina en este accidente, investigará la vida de las víctimas.

Esta ingeniosa excusa le sirve al autor para narrar varias historias diferentes con ocasionales nexos de unión entre los cinco personajes cuya biografía se nos cuenta. Entre ellos destacan la Marquesa de Montemayor, una estrafalaria y borrachuza versión de la escritora francesa Madame de Sevigné, con la que comparte su pasión por la literatura epistolar; y, sobre todo, el Tío Pío, aventurero de múltiples talentos y gran promotor del teatro limeño, cuya devoción incondicional por la Perrichola, actriz a la que descubre a los 12 años y convierte poco a poco en la reina indiscutible de los escenarios, es conmovedora. El Tío Pío nos revela la dolorosa paradoja de que una actriz experta, como es su protegida, sea incapaz de expresar amor porque nunca lo ha sentido verdaderamente. Ejemplo espléndido, éste, de la sagacidad psicológica del autor.

Estamos ante una novela de original entramado, escrita con una prosa tersa, concisa y elegante; cargada de buenas intenciones, demasiado evidentes, pero con la honestidad, al menos, de dejar sin respuesta la pregunta que da origen a la trama. Aun así, les aseguro que la incertidumbre acerca de nuestros destinos siempre será menos angustiosa pudiendo leer pequeñas maravillas como El puente de San Luis Rey, de Thorton Wilder, disponible en editorial Edhasa.

Javier Aspiazu

Rafa Cervera, David Bowie y la Valencia de su adolescencia

Esta novela es un canto de amor a la música y también una historia de aprendizaje. Lo de la música era esperado conociendo la biografía del escritor. Porque Rafa Cervera es un periodista valenciano que se ha dedicado principalmente a escribir de música en revistas y diarios y a comentarla en radios y televisiones. Ha trabajado por ejemplo en Ruta 66, Jot Down o Radio 3 y escribe actualmente en el diario El País. Además ha publicado varios libros de contenido musical como Alaska y otras historias de la movida y Estricnina, dedicado al famoso fanzine de principios de la década de los ochenta. Lejos de todo es su primera novela. Lo de la historia de aprendizaje también, porque parece beber de los recuerdos de juventud del autor.

La historia está articulada en torno a dos acontecimientos que transcurren con un año de diferencia y que se cuentan en paralelo. Por un lado la visita hipotética de David Bowie a Valencia, una visita de la que no hay constancia pero que pudo suceder. Habría sido en la primavera de 1976 y Bowie es ya una estrella global que vive al filo del abismo. Acaba de pasar por Los Ángeles, Berlín y París, viviendo al límite y enganchado a la cocaína. A la capital valenciana llega con el loco e inocente Jimmy –Iggy Pop– y con Coco, su asistente personal. Es el momento: o se hunde para siempre o sale renacido de sus cenizas. Y otro por lado está, un año después, en el verano del 77 la relación entre un adolescente de quince años con dos hermanos: El Regónzer, al que le une su pasión compartida por Bowie y que lo único que quiere en la vida es  convertirse en una estrella del rock, y Cara Cervera, un año mayor que los dos y que es una especie de “femme fatale” ante la que nuestro adolescente cae rendidamente enamorado. Las dos historias están unidas por un encuentro casual entre Bowie y El Regónzer, al que éste ve de lejos cuando el músico británico participa en una especie de fiesta montada en su honor. Ni que decir tiene que nadie cree a El Regónzer cuando dice que ese encuentro se ha producido. Un Bowie, al que Cervera describe así en esa fiesta: “Viste camisa blanca, chaleco beige, pantalón de pinzas, zapatos de ante marrón. Los colores de su atuendo contrastan con lo llamativo de sus ojos; y con el rojo degradado a rubio de su pelo. Come poco y habla continuamente; sus aspavientos poseen una inusitada calidad. Resulta especial, nunca es artificioso. La cordialidad que emana hace que tarde o temprano todos olviden quién es”.

La novela es una delicia que bucea muy acertadamente en ese primer encontronazo con el incomprensible mundo adulto: la música como elemento conductor de nuestros sueños, los primeros y dolorosos amores, las primeras desilusiones, ese vagabundear adolescente por calles arrasadas por el calor del verano… Pero también es un interesante acercamiento al mito, personificado por David Bowie: sus angustias, sus dudas, su miedo al fracaso, el abrumador peso del éxito, el proceso creativo (siempre con un cuaderno encima para escribir impresiones, primeros esbozos de canciones), la búsqueda de algo a lo que agarrarse para salir a flote. Brian Eno le dijo a Bowie “rodéate de gente que te resulte extraña en un sitio en el que no quieras estar y limítate a introducirte en él: haz de cualquier circunstancia una ventaja”. Y Bowie, que siempre fue una persona muy curiosa, siguió esta máxima al pie de la letra. Y se salvó.

Rafa Cervera firma un debut literario hermosísimo, que rezuma una triste melancolía. “Velocidad de la vida. No puedo competir con ella”, se dice. Una novela en la que la música de Bowie susurra en nuestros corazones, mientras paseamos por la vieja Valencia de la Transición, en tiempos de ilusiones y de esperanzas, tal vez desmedidas. Pero es lo que toca cuando eres joven: toca imaginar y soñar. Por cierto, maravillosos los dibujos de la canaria Roberta Marrero.

Enrique Martín

Mara Torres y los días que fueron felices

La periodista y escritora Mara Torres (Madrid, 1974) acaba de publicar en la editorial Planeta la novela Los días felices. Torres, licenciada en periodismo y diplomada en Estudios Avanzados en el departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Complutense de Madrid, se dio a conocer en el programa de la cadena SER Hablar por hablar, pero la fama y el reconocimiento profesional, además de multitud de galardones, le llegaron con el informativo de la 2 de TVE La 2 noticias, que aún presenta. Debutó a lo grande en el mundo editorial con la novela La vida imaginaria con el que fue finalista del premio Planeta. En Los días felices cuenta la historia de Miguel a través del día de su cumpleaños, cada cinco años, que como dice la autora es el tiempo que se necesita para saber cómo es la vida de un ser humano “porque cada cinco años el mundo cambia, y cuando uno se quiere dar cuenta, es otro”. Asistiremos a la vida de Miguel en Cambria, a la relación con su mejor amigo, al tiempo de la universidad, y sobre todo a la evolución de sus sentimientos y de lo que esa evolución acarrea, con Claudia en la distancia o en la cercanía. Una novela sobre la vida, el amor, la amistad, la cotidianidad y los sueños. Con la autora hemos charlado. Pincha y disfruta de la conversación.

En la línea del frente con Aixa de la Cruz

Sofía es una joven que lleva una vida acomodada junto a su novio Carlos. Todo bien. Pero un día, ve en el telediario a quien fuera su amor de juventud: “A Jokin lo escoltaban dos ertzainas y aunque caminaba encorvado lo reconocí al instante”. La noticia eran unos disturbios: un rapero había sido acusado de apología del terrorismo, se había atrincherado en una casa okupa, hubo cargas, murió un joven. “Aquella noche -cuenta Sofía- acusaron a Jokin de haber dejado tuerto a un policía, de un crimen de odio, de terrorismo”.

Este es el desencadenante de la historia que Aixa de la Cruz relata en su nuevo trabajo La línea del frente. Volver a ver a Jokin va a cambiar su vida, tanto es así que la novela arranca con Sofía en Laredo, el pueblo cántabro donde su antiguo amor está preso y con quien ha retomado una relación. Ella, además, está realizando la tesis sobre Mikel Areilza, un escritor exiliado, ex militante de ETA, que descubrió mientras trataba de reconstruir la historia reciente de Euskadi, una historia de la que Sofía se había mantenido ajena. Algo, esa suerte de inacción, que ella se reprocha con dureza: “(…) las pelotas de goma y los tuertos por la patria y los encarcelados con motivo o sin motivo. Todo aquello había pasado, existía en nuestro mundo, en la adolescencia que pasé junto a Jokin. Mientras a mi alrededor la gente elegía un bando u otro, yo elegía universidades y montaba a caballo en el club de hípica”.

La línea del frente se estructura en torno a tres bloques: el primero y más importante es el relato en primera persona de Sofía; el segundo lo conforma el diario de un dramaturgo argentino que conoció a Mikel Areilza; el tercero son las escenas dialogadas, escenas teatrales, en las que se encuentra en la cárcel con Jokin. Habría que sumar un cuarto bloque, menos relevante, dialogado también, que traslada la conversación entre Sofía y su único vecino. Es su único vecino porque la protagonista se instalada en la zona de playa de Laredo, en el edificio Apolo, colindante a Carlos V -seguro que a muchos oyentes les suena- fuera de temporada. “Es la primera vez que visito la urbanización en temporada baja. Como el descampado de una feria cuando se va la feria, como las zonas de bares a plena luz del día, su aspecto es postapocalíptico”. Personalmente, la recreación de ese Laredo ajeno al verano, con las teselas golpeando las fachadas, me ha gustado mucho. También la descripción de la cárcel: “Para sellar esta brecha, edificaron el fuerte de Napoleón, que en 1907 se convertiría en el penal de El Dueso. ¡La cárcel más bonita de la península! ¡Primera línea de playa! ¿No les parece un chollo para los reclusos?”, le explica un guía a la protagonista.

Bien, pues estos son los mimbres principales con los que la bilbaína Aixa de la Cruz erige su novela. El conflicto vasco, la Cosa, que diría Zaldua, está presente en estas páginas que, sin embargo, reflexionan sobre la identidad y sobre la ficción porque hay quien reescribe su propia historia “como quien se somete a una cirugía estética con la identidad”, leemos. Y Sofía quiere conocer qué fue, realmente, de la vida de Jokin durante los diez años en los que dejó de verle, y en cierto modo qué fue de la suya porque en esta historia flota una pregunta: ¿cuánto hay de ficticio en nuestros propios recuerdos, en nuestra autobiografía?

La línea del frente, que también incorpora algún elemento de intriga, es una historia que se lee con fruición, en la que resuena, de forma especial, la voz de Sofía, su punto de vista; una voz que Aixa de la Cruz ha sabido dotar de potencia y verosimilitud; una voz que hará que nos interesemos por qué piensa, qué teme, qué hace esa joven, en la intimidad de su piso de Laredo, una intimidad a la que los lectores podremos acceder, y todos sabemos cómo somos las lectoras y los lectores.

Txani Rodriguez