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Los raros. Max Blecher, el Kafka rumano

Emanuel acostaba a Solange en la camilla a su lado, la tenía pegada a él, luego se retorcía, y la aplastaba bajo el peso del cuerpo y la escayola. Como ya se había habituado al corsé, hacía muchos movimientos que antes no había creído posibles. Solange gemía levemente de placer y del peso que soportaba. A veces, la escayola se le metía entre los muslos y ella sentía el dolor mezclado con el éxtasis amoroso, como una amarga realidad de su amor toscamente realizado al aire libre, en la inmensidad de las dunas, rodeados por la inmensa desolación de aquellos parajes.

Después Emanuel volvía a su postura de tendido boca arriba, rendido de cansancio, con los ojos abiertos de par en par, perdidos en el cielo turbio y blanco como en una claridad desdibujada que se confundía con la propia sensación de paz en aquellos minutos.

Era una placidez de un gusto acre, sencilla y un tanto brutal, como también lo era Solange.

LIBRO.Corazones cicatrizadosEste es un párrafo de Corazones cicatrizados de Max Blecher, escritor rumano de efímera existencia, apenas 29 años, y obra corta pero intensa. Tres novelas, la última de ellas póstuma, y un libro de poemas constituyen el legado de este infortunado autor que murió en 1938 y a quien la posteridad ha dado el sobrenombre del “Kafka rumano”. Blecher era hijo de un próspero comerciante judío que invirtió buena parte de su patrimonio en aliviar los sufrimientos de su vástago. La extraña enfermedad que padeció, tuberculosis de la columna vertebral, el llamado ”mal de Pott”, le llevó de un sanatorio a otro, desde la costa normanda a su Rumanía natal y le obligó a vivir los últimos diez años de su vida enfundado en una especie de corsé de yeso que le obligaba a desplazarse en una camilla con ruedas. Aun en estas penosas circunstancias, mantuvo una intensa correspondencia con escritores e intelectuales de la época colaborando, por ejemplo, en la revista del grupo surrealista.

Corazones cicatrizados es la segunda y la más autobiográfica de sus novelas. En ella se narran las vivencias del joven Emanuel internado en el sanatorio normando de Berk, donde convive con otros afectados por diversas formas de tuberculosis ósea. Durante su estancia conocerá la amistad y el amor, y a una serie de personajes tan ávidos de vida como él mismo. El obsesivo paisaje de dunas en torno al sanatorio, las juergas nocturnas de los pacientes, sus relaciones, el sexo desesperado practicado a pesar de los corsés de yeso, los patéticos intentos por obtener la curación: todo lo que se nos cuenta va adquiriendo un aire kafkiano, un tanto alucinado, que constituye una de las singularidades de esta pequeña obra maestra.

Corazones cicatrizados tiene una estructura sencilla, pero la prosa de Blecher posee una intensa capacidad evocativa y, a menudo, sorprende con sus poderosas imágenes, que juegan con la sensación de vivir entre la realidad y el sueño. La fuerza expresiva de muchas de sus escenas la convierten en una obra inolvidable.

En su época Blecher tuvo diversos factores en contra: escribir en una lengua menor, como el rumano, ser judío y, además surrealista, movimiento duramente perseguido por la dictadura de Ceacescu. De ahí que no fuera apreciado en su justa medida hasta hace pocos años cuando se le redescubrió en Alemania, donde Corazones cicatrizados fue un éxito de ventas. En 2009 la editorial Pre-Textos publicó una cuidada traducción de esta conmovedora novela. Aunque su gran tema sea el sufrimiento humano, si se topan con ella, les garantizo que harán un feliz descubrimiento.

Javier Aspiazu