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El Agujero Negro. Roble

El roble se sabe robusto, noble, prestigioso, longevo, con una madera magnífica y una corteza rica en elementos curativos. Se erige ufano entre todos esos árboles que le rodean. Tan vulgares.

Pobre roble presuntuoso. Desconoce que en realidad, es un mermado e insignificante bonsay.

Roberto Moso  

El Agujero Negro. Miedo a volar

Tenía un miedo cerval a volar. Gracias a aquel cursillo comprendí que era absurdo.  El dato no podía ser más contundente: según las estadísticas es mucho más probable matarse en el viaje al aeropuerto que en el propio avión. Ya no tengo miedo a volar. Pero no vuelo. Tengo un miedo cerval a viajar hacia un aeropuerto.

Roberto Moso

El Agujero Negro. Padre

Desde el pulpito, el Padre espiritual hablaba de integridad ante la tentación, de jóvenes en gracia de Dios como sustento de una comunidad ejemplar, de generosidad y confianza, de caminar por la vida con la fe como bandera.

Hablaba y hablaba y eso me hacía feliz. Pues mientras hablara no me estaría obligando a escuchar sus jadeos junto a mi oreja.

Roberto Moso

El Agujero Negro. Aplaude

Aplaude con ganas,

aplaude con entusiasmo,

aplaude con energía, con ritmo, con total convicción.

Aplaude sembrando sus palmas de bravos,

notando el crujir de huesos en cada impacto.

Aplaude desaforado, con el deseo intenso de percutir con sus palmadas en la cara de ese malnacido, al que está aplaudiendo.

Roberto Moso        

El Agujero Negro. Lucha

Tras varios años de luchas frustrantes,  el parlamentario radical estaba a punto de tirar la toalla. Se sentía la pura fotocopia de lo que siempre había despreciado.

Pero ahora por fin. Había una lucha motivadora que le llenaba de energía. Aplastar sin piedad a la otra facción de su partido.

Roberto Moso 

El Agujero Negro. Cuento

El patito feo sentía que no era como los demás.  Se operó del cuello para tenerlo más corto, se recortó el pico y cambió su graznido para hacerlo más grave. También redujo drásticamente sus plumas traseras. Cuando el patito feo llegó al estanque de los cisnes ya no era ni pato ni cisne. Y es así que fue para siempre “El Patito Bobo”.

Roberto Moso

El Agujero Negro. 1964

¡Estoy harto de verte así, mano sobre mano. Tenemos la casa llena de libros y tú no tocas ni uno. Mira,  la colección completa de los premios Nobel de literatura, a ver si un día te veo leyendo uno y te dejas ya de tanto porro y tanto Bob Dylan!

Roberto Moso

El Agujero Negro. Aquel hombre

Me acuerdo perfectamente de aquel hombre. Alojado sólo, en un hotel remoto. Paseando taciturno con aspecto de rumiar algo. Yo era un niño y estaba con mis padres en aquel lugar. Ni me acuerdo porqué. El tipo se cruzaba con nosotros y siempre saludaba correcto, siembre abstraído.

-¿Quién es ese misterioso hombre?, nos preguntábamos.

-¿Qué le habrá traído hasta aquí?

Tiene gracia. Ahora soy yo ese mismo hombre.

Roberto Moso