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El rinoceronte, el poeta Pessoa y el novelista Barrero

El profesor Eduardo Espinosa es un hombre entregado al estudio de la obra de Fernando Pessoa. Cada a√Īo, viaja a Lisboa, donde a menudo es requerido para participar en congresos o ponencias especializadas.¬† Se trata sin duda de un personaje libresco que, sirva el dato, ‚Äújam√°s hab√≠a sentido la necesidad de disponer de una compa√Ī√≠a femenina‚ÄĚ. Su devoci√≥n por el genio luso es tal que cuando se declar√≥ el terrible incendio de 1988, Espinosa que estaba en su casa en Madrid exclam√≥: ‚ÄúMe est√°n quemando a Pessoa‚ÄĚ.

Bien, pues este estudioso de apariencia gris y costumbres fijas, viaja de nuevo a Lisboa en agosto de 2015 porque ha sido reclamado por quien considera su maestro, el profesor Gon√ßalves, quien le apremia a visitarle pero no le dice para qu√© quiere verle.¬†Espinosa baraja distintas hip√≥tesis mientras pasea por una Lisboa estival y atestada de turistas. Piensa que tal vez la respuesta sea un doctorado honoris causa, una invitaci√≥n para formar parte de alg√ļn club de sabios de estudios pessoanos, un requerimiento para participar en la edici√≥n de unas obras completas que sin duda habr√°n de ser monumentales. Sin embargo, la raz√≥n por la que Gon√ßalves desea verle en Lisboa va mucho m√°s all√° y enlaza con la pregunta que recorre la novela: ¬ŅQui√©n fue realmente Fernando Pessoa? ¬ŅQui√©n fue ese genio que creo nada menos que 72 heter√≥nimos? ¬ŅQui√©n ese Pessoa que fue tambi√©n Ricardo Reis, √Ālvaro de Campos o Alberto Caeiro? La respuesta que encierra esta novela es sorprendente.

El rinoceronte y el poeta juega con la idea de buscar un paralelismo entre aquel animal ex√≥tico que desembarc√≥ en 1515 en el puerto de Lisboa, Pessoa y el protagonista de la novela; sin duda, lo que les une es que los tres resultan extra√Īos a su tiempo, a sus circunstancias. ¬†Y m√°s all√° de los aspectos ce√Īidos a la trama, Miguel Barrero ofrece en este trabajo una gu√≠a de Lisboa, un resumen de sus acontecimientos hist√≥ricos m√°s importantes, entre los que no puede faltar la batalla de Alcazarquivir, en la que morir√≠a el rey Sebasti√°n I, y que dio pie al sebastianismo, un movimiento m√≠stico-secular que propag√≥ la leyenda de que el rey segu√≠a vivo, y solo esperaba el momento de volver. La espera, que alcanza ya siglos, se volvi√≥ po√©tica y filos√≥fica, y fue glosada por el propio Pessoa. La Revoluci√≥n de los Claveles es otro de los momentos que se rememoran en este libro, repleto de historias incre√≠bles, hermosas.

El rinoceronte y el poeta es un libro que resultar√° delicioso a los enamorados de Lisboa, de Pessoa y de la literatura; se trata de un trabajo serio, firmado por un escritor de treinta y siete a√Īos, que se ha apartado de la corriente autorreferencial que tanto significa a su generaci√≥n, para crear una obra que, en estos tiempos, tambi√©n tiene algo de ex√≥tico rinoceronte.

Txani Rodríguez

 

Comparando a Naomi Alderman con Margaret Atwood

Es bien sabido que una cr√≠tica negativa siempre es m√°s estimulante que una positiva. Si bien no cumple con el precepto de hacer p√ļblicas las bondades de los libros que merecen ser recomendados, una cr√≠tica negativa libera lo que el cr√≠tico ha venido reservando en su interior de los muchos libros malos que ha tenido que tragarse para seleccionar los libros buenos que siempre son menos. Y as√≠ abordamos el comentario sobre The Power, libro que ha llegado a nosotros con firmes bases para ser uno de los t√≠tulos de la temporada. El factor principal de apoyo ante el posible comprador es el aplauso de Margaret Atwood que despu√©s del macro√©xito de El cuento de la criada en su versi√≥n televisiva se ha convertido en la gur√ļ de este tipo de productos dist√≥picos.

En segundo lugar lo que anuncia esta novela es un futuro feminista en la que el mundo tal y como lo conocemos ha cambiado y las mujeres se han hecho con el poder, o algo parecido. Incluso tiene para el lector habitual de ciencia-ficci√≥n ciertos detalles familiares: utiliza la argucia de incluir una novela dentro de la novela con conversaciones entre la autora y el posible editor, a la manera de Norman Spinrad en El sue√Īo de hierro, distribuye la acci√≥n en diferentes escenarios con distintos protagonistas que, inevitablemente, ir√°n reuni√©ndose. Altera lentamente las circunstancias del universo donde los personajes habitan mostrando la evoluci√≥n del mundo conocido hacia la cat√°strofe. Porque s√≠, al final el mundo, lo maneje quien lo maneje parece estar abocado a la ruina.

Muy bien, al meollo: el factor revolucionario que provoca el cambio parece sacado de un tebeo de superhéroes y se mezcla con elementos antropológicos heredados directamente de la serie iniciada con El clan del oso cavernario, que no son dos de las recomendaciones que me atrevería a hacer a un lector serio. Los personajes son estereotipos poco trabajados y las acciones por las que atraviesan están ya muy vistas. La narración es bastante convencional y bastante espesa, que tiende a la repetición y durante muchas páginas, allá a la altura de los dos tercios se estanca de manera peligrosa para la paciencia del lector.

No neguemos que The Power tiene sus momentos. Cuando se repiten las actitudes actuales en ese mundo futuro supuestamente en pleno cambio, cuando la autora se lanza a la ambig√ľedad e incluye alusiones sobre quien puede ser el autor definitivo de la novela. Pero no he podido evitar, quiz√° por puro prejuicio, detectar ese aroma a escritura nacida de talleres y de grupos de fans que lo mismo sirve para crear fen√≥menos como Crep√ļsculo o Cincuenta sombras de Grey como para alimentar algunas series televisivas repletas de t√≥picos.

Granta y el Sunday Times ya han saludado a Naomi Alderman como una de las grandes novelistas del futuro, y ella misma es ahora profesora de escritura creativa. El que a mí no me haya interesado su novela solo quiere decir que estoy desconectado de la actualidad y que el futuro me va a pillar con el pie cambiado y no volveré a disfrutar de libro alguno. Justo castigo a mi maldad por criticar negativamente a The Power, una novela que estaba llamada a reinar en las listas de libros más vendidos.

Félix Linares

Peru Magdalena y los sinsentidos de la vida

Tras la colecci√≥n de relatos Lile, la novela Egia esan, los poemarios Hutsik y Argia, y distintos proyectos dirigidos al p√ļblico infantil, Peru Magdalena regresa a las librer√≠as con Ametsondoan. Se trata de un libro de relatos breves y muy breves, algunos brev√≠simos, en los que el autor de Berriz reflexiona sobre el sentido de la vida, o m√°s bien, sobre el sinsentido de la vida, sobre lo mucho que nos complicamos la existencia. En este sentido, Ametsondoan es un canto a la sencillez. Habla por ejemplo en el cuento Lilun de las necesidades artificiales que nos creamos; o, como en el relato Bikatean (que comprende un juego de palabras en el t√≠tulo) de c√≥mo podemos estropear relaciones casi perfectas por tratar de acaparar a la otra persona; o de hasta qu√© punto podemos llegar a desconocernos: ‚ÄúDenok daukagu geure iluntasunak. Eta litekeena da, iluntasun horietan zehar, ikusten eta ezagutzen ez dugun norbait ibiltzea‚ÄĚ.

En Ametsondoan encontramos un anciano que usa la cachaba para escribir; un pez que quiere volar; o una persona que funda una escuela de bertsolaris mudos. Desde luego, imaginaci√≥n no falta en estos relatos que se acercan a la f√°bula (aparecen muchos animales), que resuenan como antiguas leyendas y¬† que se acercan, sin solemnidades, a la filosof√≠a oriental. Ese orientalismos se hace patente en la serie Liburuaren ikaspenak ez ahaztu, que se intercala a lo largo del libro. Una de esas ense√Īanzas es la siguiente: ‚Äú-Maisu, ez dut ezer ere topatzen. Zer gertatzen zait?/-Larregi bilatzen duzu.‚ÄĚ

La naturaleza est√° muy presente en este trabajo: los r√≠os, los bosques, los desiertos‚Ķ La ciudad no aparece. Ametsondoan habla del camino como met√°fora de la vida, y ese camino se hace a pie, o en un carro tirado por bueyes; se hace -parece que quiere indicarnos el autor- con la mochila ligera de equipaje y sin miedo a ser realmente libres.: ‚ÄúEhin bide posible berridun bidegurutze bat jarri zion parean. Itxuran denak oso antzekoak. Eta bidea ehun horietan desagertu zitzaion. Geroztik ibili ere ez dabil gure laguna. Han dago, geldi, askatasun kolpez erabakirik hartu ezinik‚ÄĚ.

Ametsondoan juega con los referentes de la imaginar√≠a colectiva y los revisa desde el humor, desde el absurdo y el surrealismo en un trabajo que reivindica la importancia de los sue√Īos y de las enso√Īaciones.

Txani Rodríguez

Rafa Cervera, David Bowie y la Valencia de su adolescencia

Esta novela es un canto de amor a la m√ļsica y tambi√©n una historia de aprendizaje. Lo de la m√ļsica era esperado conociendo la biograf√≠a del escritor. Porque Rafa Cervera es un periodista valenciano que se ha dedicado principalmente a escribir de m√ļsica en revistas y diarios y a comentarla en radios y televisiones. Ha trabajado por ejemplo en Ruta 66, Jot Down o Radio 3 y escribe actualmente en el diario El Pa√≠s. Adem√°s ha publicado varios libros de contenido musical como Alaska y otras historias de la movida y Estricnina, dedicado al famoso fanzine de principios de la d√©cada de los ochenta. Lejos de todo es su primera novela. Lo de la historia de aprendizaje tambi√©n, porque parece beber de los recuerdos de juventud del autor.

La historia est√° articulada en torno a dos acontecimientos que transcurren con un a√Īo de diferencia y que se cuentan en paralelo. Por un lado la visita hipot√©tica de David Bowie a Valencia, una visita de la que no hay constancia pero que pudo suceder. Habr√≠a sido en la primavera de 1976 y Bowie es ya una estrella global que vive al filo del abismo. Acaba de pasar por Los √Āngeles, Berl√≠n y Par√≠s, viviendo al l√≠mite y enganchado a la coca√≠na. A la capital valenciana llega con el loco e inocente Jimmy ‚ÄďIggy Pop– y con Coco, su asistente personal. Es el momento: o se hunde para siempre o sale renacido de sus cenizas. Y otro por lado est√°, un a√Īo despu√©s, en el verano del 77 la relaci√≥n entre un adolescente de quince a√Īos con dos hermanos: El Reg√≥nzer, al que le une su pasi√≥n compartida por Bowie y que lo √ļnico que quiere en la vida es¬† convertirse en una estrella del rock, y Cara Cervera, un a√Īo mayor que los dos y que es una especie de ‚Äúfemme fatale‚ÄĚ ante la que nuestro adolescente cae rendidamente enamorado. Las dos historias est√°n unidas por un encuentro casual entre Bowie y El Reg√≥nzer, al que √©ste ve de lejos cuando el m√ļsico brit√°nico participa en una especie de fiesta montada en su honor. Ni que decir tiene que nadie cree a El Reg√≥nzer cuando dice que ese encuentro se ha producido. Un Bowie, al que Cervera describe as√≠ en esa fiesta: ‚ÄúViste camisa blanca, chaleco beige, pantal√≥n de pinzas, zapatos de ante marr√≥n. Los colores de su atuendo contrastan con lo llamativo de sus ojos; y con el rojo degradado a rubio de su pelo. Come poco y habla continuamente; sus aspavientos poseen una inusitada calidad. Resulta especial, nunca es artificioso. La cordialidad que emana hace que tarde o temprano todos olviden qui√©n es‚ÄĚ.

La novela es una delicia que bucea muy acertadamente en ese primer encontronazo con el incomprensible mundo adulto: la m√ļsica como elemento conductor de nuestros sue√Īos, los primeros y dolorosos amores, las primeras desilusiones, ese vagabundear adolescente por calles arrasadas por el calor del verano… Pero tambi√©n es un interesante acercamiento al mito, personificado por David Bowie: sus angustias, sus dudas, su miedo al fracaso, el abrumador peso del √©xito, el proceso creativo (siempre con un cuaderno encima para escribir impresiones, primeros esbozos de canciones), la b√ļsqueda de algo a lo que agarrarse para salir a flote. Brian Eno le dijo a Bowie ‚Äúrod√©ate de gente que te resulte extra√Īa en un sitio en el que no quieras estar y lim√≠tate a introducirte en √©l: haz de cualquier circunstancia una ventaja‚ÄĚ. Y Bowie, que siempre fue una persona muy curiosa, sigui√≥ esta m√°xima al pie de la letra. Y se salv√≥.

Rafa Cervera firma un debut literario hermos√≠simo, que rezuma una triste melancol√≠a. ‚ÄúVelocidad de la vida. No puedo competir con ella‚ÄĚ, se dice. Una novela en la que la m√ļsica de Bowie susurra en nuestros corazones, mientras paseamos por la vieja Valencia de la Transici√≥n, en tiempos de ilusiones y de esperanzas, tal vez desmedidas. Pero es lo que toca cuando eres joven: toca imaginar y so√Īar. Por cierto, maravillosos los dibujos de la canaria Roberta Marrero.

Enrique Martín

En la línea del frente con Aixa de la Cruz

Sof√≠a es una joven que lleva una vida acomodada junto a su novio Carlos. Todo bien. Pero un d√≠a, ve en el telediario a quien fuera su amor de juventud: ‚ÄúA Jokin lo escoltaban dos ertzainas y aunque caminaba encorvado lo reconoc√≠ al instante‚ÄĚ. La noticia eran unos disturbios: un rapero hab√≠a sido acusado de apolog√≠a del terrorismo, se hab√≠a atrincherado en una casa okupa, hubo cargas, muri√≥ un joven. ‚ÄúAquella noche -cuenta Sof√≠a- acusaron a Jokin de haber dejado tuerto a un polic√≠a, de un crimen de odio, de terrorismo‚ÄĚ.

Este es el desencadenante de la historia que Aixa de la Cruz relata en su nuevo trabajo La l√≠nea del frente. Volver a ver a Jokin va a cambiar su vida, tanto es as√≠ que la novela arranca con Sof√≠a en Laredo, el pueblo c√°ntabro donde su antiguo amor est√° preso y con quien ha retomado una relaci√≥n. Ella, adem√°s, est√° realizando la tesis sobre Mikel Areilza, un escritor exiliado, ex militante de ETA, que descubri√≥ mientras trataba de reconstruir la historia reciente de Euskadi, una historia de la que Sof√≠a se hab√≠a mantenido ajena. Algo, esa suerte de inacci√≥n, que ella se reprocha con dureza: ‚Äú(‚Ķ) las pelotas de goma y los tuertos por la patria y los encarcelados con motivo o sin motivo. Todo aquello hab√≠a pasado, exist√≠a en nuestro mundo, en la adolescencia que pas√© junto a Jokin. Mientras a mi alrededor la gente eleg√≠a un bando u otro, yo eleg√≠a universidades y montaba a caballo en el club de h√≠pica‚ÄĚ.

La l√≠nea del frente se estructura en torno a tres bloques: el primero y m√°s importante es el relato en primera persona de Sof√≠a; el segundo lo conforma el diario de un dramaturgo argentino que conoci√≥ a Mikel Areilza; el tercero son las escenas dialogadas, escenas teatrales, en las que se encuentra en la c√°rcel con Jokin. Habr√≠a que sumar un cuarto bloque, menos relevante, dialogado tambi√©n, que traslada la conversaci√≥n entre Sof√≠a y su √ļnico vecino. Es su √ļnico vecino porque la protagonista se instalada en la zona de playa de Laredo, en el edificio Apolo, colindante a Carlos V -seguro que a muchos oyentes les suena- fuera de temporada. ‚ÄúEs la primera vez que visito la urbanizaci√≥n en temporada baja. Como el descampado de una feria cuando se va la feria, como las zonas de bares a plena luz del d√≠a, su aspecto es postapocal√≠ptico‚ÄĚ. Personalmente, la recreaci√≥n de ese Laredo ajeno al verano, con las teselas golpeando las fachadas, me ha gustado mucho. Tambi√©n la descripci√≥n de la c√°rcel: ‚ÄúPara sellar esta brecha, edificaron el fuerte de Napole√≥n, que en 1907 se convertir√≠a en el penal de El Dueso. ¬°La c√°rcel m√°s bonita de la pen√≠nsula! ¬°Primera l√≠nea de playa! ¬ŅNo les parece un chollo para los reclusos?‚ÄĚ, le explica un gu√≠a a la protagonista.

Bien, pues estos son los mimbres principales con los que la bilba√≠na Aixa de la Cruz erige su novela. El conflicto vasco, la Cosa, que dir√≠a Zaldua, est√° presente en estas p√°ginas que, sin embargo, reflexionan sobre la identidad y sobre la ficci√≥n porque hay quien reescribe su propia historia ‚Äúcomo quien se somete a una cirug√≠a est√©tica con la identidad‚ÄĚ, leemos. Y Sof√≠a quiere conocer qu√© fue, realmente, de la vida de Jokin durante los diez a√Īos en los que dej√≥ de verle, y en cierto modo qu√© fue de la suya porque en esta historia flota una pregunta: ¬Ņcu√°nto hay de ficticio en nuestros propios recuerdos, en nuestra autobiograf√≠a?

La l√≠nea del frente, que tambi√©n incorpora alg√ļn elemento de intriga, es una historia que se lee con fruici√≥n, en la que resuena, de forma especial, la voz de Sof√≠a, su punto de vista; una voz que Aixa de la Cruz ha sabido dotar de potencia y verosimilitud; una voz que har√° que nos interesemos por qu√© piensa, qu√© teme, qu√© hace esa joven, en la intimidad de su piso de Laredo, una intimidad a la que los lectores podremos acceder, y todos sabemos c√≥mo somos las lectoras y los lectores.

Txani Rodriguez

Entre magos anda el juego de Emanuel Bergman

Aqu√≠ tenemos al en√©simo periodista que escribe una novela. Afortunadamente Bergman ha decidido no escribirla sobre temas actuales (lo decimos porque quer√°moslo o no todos estamos contaminados por la actualidad y los periodistas mucho mas, lo que es mala cosa para la ficci√≥n y no tanto para el ensayo) sino que retrocede en el tiempo para contarnos como hace cien a√Īos, en tiempos de la I Guerra Mundial, una mujer cuyo marido est√° en las trincheras conoce carnalmente a un vecino y como consecuencia nacer√° el gran protagonista del libro, un tipo al que veremos crecer en el mundo de la magia y atravesar los tiempos turbulentos de aquella √©poca en los que ser√° alabado y perseguido, amado y odiado, superviviente al fin, tanto que, a√Īos m√°s tarde, otro ni√Īo le buscar√° porque ha sabido que tiene un truco de magia para remendar los amores rotos y √©l quiere que sus padres, divorciados, vuelvan a retomar su relaci√≥n. El mago ya est√° mayor, pero la magia le arrebata de nuevo, se siente importante, se lanza a la aventura y‚Ķ se que est√°n pensando que les estoy destripando el libro, pero no es verdad. De hecho, al estar contadas las historias en cap√≠tulos alternos, solo he mencionado la acci√≥n de los dos primeros, bueno un poco m√°s, pero muy poco, en serio.

Tengo un problema con los libros as√≠ narrados. No siempre, o no en todas las historias, los cliffhangers continuados funcionan bien. Y cuando se trata la narraci√≥n con esta cadencia el escritor entiende que tiene que conseguir que el lector abandone cada episodio en cada cap√≠tulo con dolor por verse interrumpido. Pero reconozco que Bergman lo hace razonablemente bien, que no fuerza la intriga, que no retuerce el misterio, que no agiganta el peligro. Y, hay que aceptarlo, el t√≠o tiene su encanto como narrador. Sobre todo al principio, cuando nos pilla por sorpresa y cuando hay mucho que contar para ir situando al lector. Luego nos acostumbramos o quiz√° √©l se cansa, pero el nivel medio sigue siendo alto. No hay nada definitivamente nuevo en El truco (t√≠tulo que recuerda El truco final, que es como se conoce aqu√≠ la pel√≠cula de Jonathan Nolan titulada originalmente El prestigio seg√ļn la novela hom√≥nima de Christopher Priest, y que tambi√©n se desarrollaba en el mundo de la magia) pero si hay una sabia distribuci√≥n de aventuras y reflexi√≥n, de momentos emocionantes y divertidos, de personajes de ayer y de hoy perfectamente situados en sus universos, de buenos y malos a machamartillo y los necesarios personajes ambiguos y hay, sobre todo, una escritura que espolea al lector, que le lleva y le maneja y le susurra y le grita.

En definitiva esta es una  novela que lees entusiasmado y rápido y luego te arrepientes porque querrías que te hubiera durado más. Pero El truco se queda en tu cabeza y ahí permanece e incluso crece. Es de esas novelas que te hace seguir a su autor en sus próximas aventuras literarias. Está claro, esto es solo el principio. Emanuel Bergman ha venido para quedarse.

Félix Linares

Juan Kruz Igerabide y el arte de hacer lo peque√Īo, grande

El aforismo es un subg√©nero literario al que se han acercado con √©xito numerosos autores vascos. Citaremos, por ejemplo, a Ram√≥n Eder, Karmelo C.Iribarren, I√Īaki Uriarte, Karlos Linazasoro. Ya sab√©is que cuando hablamos de aforismos nos referimos a esas sentencias breves que pretenden expresar un principio de una manera concisa, coherente y en apariencia cerrada. Parece que el primero en utilizar esta f√≥rmula fue Hip√≥crates; despu√©s, han sido innumerables los escritores que nos han asombrado con sus frases luminosas, desde Nietzsche a Chesterton; desde Borges a Machado. Precisamente es la principal caracter√≠stica del aforismo, la brevedad, lo que hace que estemos ante un g√©nero dif√≠cil porque no admite trampas, no admite grandes recursos estil√≠sticos, no admite ocurrencias.

Bien, pues a todas esas dificultades se ha enfrentado con √©xito, ya lo avanzamos, el escritor guipuzcoano Juan Kruz Igerabide en su nuevo trabajo Labur txintan. Este libro, publicado por Pamiela, est√° dividido en doce cuadernos cortos en los que se reflexiona sobre la convivencia, la educaci√≥n, el amor, la felicidad, el arte, sobre el humor, sobre la vida y la muerte, sobre la religi√≥n, sobre Dios, sobre la literatura, incluso sobre los aforismos: ‚ÄĚAforismo handiak oso txikiak dira‚ÄĚ. Para trasladarnos sus ideas, Igerabide se sirve de los juegos de palabras, de los contrasentidos y del doble sentido, de la iron√≠a, de la revisi√≥n de ciertos refranes y ciertas sentencias de otros pensadores a los que cita directamente como Camus, J√ľnger, Cioran o Montaigne.

Entre estas sentencias podemos destacar algunas pol√≠ticas, como la siguiente: ‚ÄúEzkertiarrak kontrako hankarekin egiten du herren. Eskuindarrak, ez‚ÄĚ. Otras de sus frases dan, sin duda, qu√© pensar, como el siguiente: ‚ÄúLiburu onek liburu gutxiago irakurtzeko gogoa uzten dute‚ÄĚ. O como este otro: ‚ÄúDena esana dago. Orain argitu egin beharko‚ÄĚ. La naturaleza humana tambi√©n es objeto del an√°lisis de Igerabide: ‚ÄúPertsona onek eta txarrek elkarren lekua hartzen dute txandaka‚ÄĚ, dice. O: ‚ÄúHomo sapiens, sapiens; errepikatu egiten da, ziur egoteko‚ÄĚ. Labur txintan es, por tanto, un libro que tiene mucho de filosof√≠a y que demuestra que para decir algo importante de forma clara, no son necesarias siempre centenares de l√≠neas. ¬†Se trata de dar en la diana, en el centro de las ideas, e Igerabide nos deja un buen pu√Īado de aforismos que releer y que revisitar.

Juan Kruz Igerabide, que ha escrito obra dirigidas tanto al p√ļblico infantil como al juvenil y como al adulto, lleva a√Īos publicando libros de aforismos. En 1994 sac√≥ Sarean leiho; en 1998, Herrenaren arrastoan; y en 2004, Egia hezur.

 Txani Rodríguez

El f√ļtbol, la vida y la paternidad, seg√ļn Galder Reguera

Ya s√©, ya s√©: un libro sobre f√ļtbol. ‚Äú¬°Puaj!‚ÄĚ, dir√°n algunos. ‚Äú¬°Bah! No me interesa‚ÄĚ, se√Īalar√°n otros. ‚Äú¬°Buf! Para los futboleros‚ÄĚ, afirmar√° una mayor√≠a. S√≠, un libro sobre f√ļtbol. Y sobre la paternidad, y sobre los sue√Īos rotos, y sobre la trasmisi√≥n de un legado, y sobre la derrota, y sobre el compa√Īerismo, y sobre el sentido de comunidad, y sobre la literatura, y sobre la filosof√≠a, y sobre el cine, y sobre la vida. Un libro que se sirve del f√ļtbol para hablar de las cosas importantes, y tambi√©n las livianas, que marcan la vida de la gente.

Galder Reguera es bilba√≠no, fil√≥sofo y cr√≠tico de arte. Tambi√©n es responsable de actividades de la Fundaci√≥n Athletic Club. Es la persona que se encuentra tras iniciativas tan interesantes como el festival literario Letras y F√ļtbol y el cinematogr√°fico Thinking Football Film Festival. Adem√°s es profesor de √©tica en la Escuela de Entrenadores de Bizkaia. Ha publicado un libro sobre arte conceptual y otro sobre f√ļtbol. Es tambi√©n un apasionado seguidor del Athl√©tic, pasi√≥n que le fue transmitida por su Aitite. Y, esto lo sabr√°n a partir de ahora muchos, es un magn√≠fico escritor.

Hijos del f√ļtbol es el libro que todos est√°bamos esperando de √©l. Es un libro muy personal en el que se mezclan el relato autobiogr√°fico, con las reflexiones sobre las relaciones paterno filiales, sobre la sociedad en la que nos ha tocado vivir, sobre las l√≠neas de pensamiento que mueven el mundo y, c√≥mo no, sobre el mundo del f√ļtbol. Una especie de diario que recorre los √ļltimos a√Īos de vida del autor y su especial relaci√≥n con su hijo mayor que al principio del relato est√° a punto de cumplir los cinco a√Īos. Una relaci√≥n que obliga a Galder Reguera a mirarse a s√≠ mismo y a volver los ojos a las historias de su pasado, de cuando era ni√Īo y solo so√Īaba con ser futbolista y futbolista del Athl√©tic, de cuando era un adolescente autodestructivo y de cuando de joven consigui√≥ enderezar su camino. Cada paso est√° repleto de agudas divagaciones, de dolorosas confesiones, de temores expuestos en voz alta sobre las posibilidades de ‚Äúcagarla‚ÄĚ siendo padre. Es enternecedor cuando el autor nos cuenta el miedo que tiene a la p√©rdida de inocencia de su hijo, a causarle un dolor innecesario, a no saber que palabras pronunciar en el momento oportuno. Se cuestiona incluso el autor la transmisi√≥n de su pasi√≥n futbol√≠stica, por lo que rodea actualmente al mundo del f√ļtbol. Se habla mucho de la melancol√≠a de lo perdido (el futbolista retirado) o de lo que pudo haberse perdido (los sue√Īos rotos por no llegar). Tambi√©n de las desconfianzas de las izquierdas ante el f√ļtbol, del culto al goleador, de la importancia del grupo para conseguir momentos de felicidad, del f√ļtbol y el nacionalismo y de la b√ļsqueda de un ‚Äúf√ļtbol humanista‚ÄĚ, que ponga a las personas encima de todo, a personas que quieran seguir jugando al f√ļtbol porque disfrutan y no se sientan presionadas por el resultado.

Un libro magn√≠fico en el que el f√ļtbol y la vida se imbrican de manera maravillosa. ‚ÄúEn el rect√°ngulo de juego y en la grada -se dice- caben todas las historias: de √©xito y fracaso; de amor, odio e indiferencia; sobre el destino y la posibilidad o no de regatearlo; sobre la vida y sobre la muerte. El bal√≥n contiene potencialmente todas las historias. S√≥lo hay que ponerlo en movimiento. Jugar y esperar que acontezcan‚ÄĚ. Y donde al final se hace un canto a la paternidad gozosa sin miedos: ‚ÄúTener un ni√Īo es maravilloso, pero verlo crecer… eso s√≠ que es m√°gico de verdad‚ÄĚ.

Galder Reguera, por favor, sigue escribiendo.

Enrique Martín

La memoria elegante y detallista de Eduardo Halfon

El protagonista de Duelo -un trasunto del propio Halfon, conocido ya por sus lectores, que van para militancia- decide investigar la misteriosa muerte de un ni√Īo de su familia, acontecida a√Īos atr√°s. Para aclarar aquellos hechos, perdidos en la neblina del tiempo, viajar√° hasta Guatemala, el pa√≠s donde creci√≥. Ese punto de partida, permite al autor de Monasterio bucear en la memoria y recordar la historia de su familia: ‚ÄúMi abuelo se hab√≠a tapado la boca con una mano y me hab√≠a balbuceado algo en espa√Īol mientras yo descubr√≠a con espanto la dentadura postiza a su lado, sobre la mesa de noche, brillante y rosada en un vaso de agua. Jam√°s se me hab√≠a ocurrido que, al llegar a Guatemala en 1946, cuando ten√≠a apenas veinticinco a√Īos, despu√©s de la guerra, despu√©s de ser prisionero en distintos campos de concentraci√≥n,¬† mi abuelo polaco hab√≠a perdido ya todos sus dientes‚ÄĚ. Sabremos que sus abuelos paternos fueron jud√≠os √°rabes y los maternos, polacos; que emigraron primero a Guatemala, y a Estados Unidos, despu√©s, cuando el protagonista era apenas un ni√Īo; tan joven era que se habitu√≥ por completo al ingl√©s y olvid√≥ el castellano. ‚ÄúLa lengua es una escafandra‚ÄĚ, se apunta en este libro, y se reflexiona sobre lo necesaria que es la lengua para sobrevivir en un ambiente ajeno.

Dotado de una habilidad narrativa extraordinaria, Halfon, uno de los escritores m√°s singulares del panorama literario actual y due√Īo de un personal√≠simo proyecto, aborda el tema de la identidad, uno de sus grandes temas, sin ninguna duda. Esa inquietud, filtrada a lo largo de toda la novela -corta, como nos viene acostumbrando-, se manifiesta por claridad en p√°rrafos como el siguiente: ‚Äú¬ŅUsted no es de por aqu√≠, verdad don? Me pregunt√≥ ya sentado y remando hacia atr√°s con la raqueta roja. Yo me ajust√© el poncho en los hombros y tom√© un sorbo caliente de caf√©. A veces, le dije sonriendo.‚ÄĚ O en di√°logos como este: ‚ÄúD√≠game, joven, usted y sus hermanos crecieron fuera del pa√≠s, ¬Ņverdad?, me pregunt√≥ don Isidoro mientras emit√≠a un vaho de humo, y yo le dije que s√≠, que nos fuimos del pa√≠s de ni√Īos, a Estados Unidos, y pasamos muchos a√Īos all√°. Tantos a√Īos, le dije, que a veces siento que ya no soy de aqu√≠.‚ÄĚ

Duelo está planteado como un doble viaje porque hay un viaje interior, hacia los recuerdos y revelaciones del personaje; y otro físico, a su país natal, a los lugares de su infancia, donde resonarán los ecos de las voces de sus seres queridos. El relato desprende elegancia y fuerza, y alcanza grandes dotes de emoción e intensidad que el guatemalteco conjura, como suele hacer, con pinceladas eróticas o humorísticas. Chejov decía que la verosimilitud está en el detalle, y lo cierto es que Halfon trabaja muy bien el detalle; ese cuidado, es quizás, una de sus mayores fortalezas junto con una intuición, podríamos decir, para saber qué contar y qué no, qué detallar y que obviar.  Duelo es una historia sobre el amor a la familia -también sobre las heridas en las familias-, magistralmente resuelta a través de la particular mirada del autor.

Txani Rodríguez

Charles Cumming, la renovación de la literatura de espías

Esta es una novela de espionaje, ese g√©nero que tan poco interesa, porque los lectores se han cre√≠do aquello de que una vez desaparecida la guerra fr√≠a los argumentos para sustentarlo son escasos. Basta, no obstante, una mirada a la actualidad internacional para desenmascarar tal falacia. Algunos autores siguen trabajando en los dos grandes bloques que componen la especialidad: el agente 007 y sus ep√≠gonos (de Bourne a Ethan Hunter) y los hijos de Smiley, que ahora vuelve a la narrativa en la anunciada pr√≥xima novela de John LeCarr√©, es decir los protagonistas de las √ļltimas intrigas de Len Deighton y Alan Furst. Afortunadamente hay savia nueva y nombres que tendremos que aprendernos. Cumming es uno de ellos.

Veamos lo que dice la sinopsis de En un pa√≠s extra√Īo: al departamento correspondiente de la inteligencia brit√°nica llega una nueva jefa. Pocos d√≠as antes de incorporarse desaparece. Entonces, con el tiempo poniendo en dificultades a las vacas sagradas del ministerio se recurre a un agente que hab√≠a sido separado del servicio por sobrepasar algunos l√≠mites en una misi√≥n en Oriente. De manual. Pocas veces habremos visto m√°s t√≥picos en tan pocas l√≠neas. Es cierto que la narraci√≥n ofrece puntos interesantes al comienzo, apuntes de enigmas que ser√°n desentra√Īados m√°s adelante: un misterioso asesinato, una historia rom√°ntica hace mucho tiempo, pero despu√©s, ya digo, las escenas habituales de captaci√≥n del agente protagonista y la puesta en marcha del operativo con la eficacia y profesionalidad que uno espera de un h√©roe, no son nada sorprendentes.

Afortunadamente ah√≠ acaba todo lo que de convencional ten√≠a esta novela que ofrecer. Los caminos de la investigaci√≥n est√°n llenos de situaciones originales y de personajes at√≠picos que parecen ofrecer resistencia a las inevitables escenas de vigilancia y acci√≥n porque parece que estamos ante un asunto amoroso y algo casposillo. No voy a contar m√°s, que las novelas de espionaje tienen su intriga y el lector tiene derecho a ir descubriendo la soluci√≥n a los misterios. Pero si dir√©, insisto, que En un pa√≠s extra√Īo es una novela razonablemente diferente a las que acostumbramos a encontrarnos en este g√©nero, que, al mismo tiempo, no renuncia a las se√Īas de identidad y que el se√Īor Cumming escribe lo suficientemente bien como para que el lector se sienta gratificado con su lectura.

He aquí un hallazgo. A nada fan de la especialidad que sea usted no debería dejar pasar la oportunidad de leerlo. Y además van a hacer serie televisiva. Adelántese a sus amigos. Cuando le digan que la están viendo siempre pueden recurrir al clásico: el libro es mejor. Aunque en la serie salga Colin Firth que, por cierto, se está convirtiendo en una caricatura gracias a Kingsman. Dicho queda. Aunque duela.

Félix Linares