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Los raros. La convivencialidad, de Iv√°n Illich

‚ÄúDebemos constituir ‚Äďy gracias a los progresos cient√≠ficos lo podemos hacer- una sociedad post-industrial en que el ejercicio de la creatividad de una persona no imponga jam√°s a otra, un trabajo, un conocimiento o un consumo obligatorio. En la era de la tecnolog√≠a cient√≠fica, solamente una estructura convivencial de la herramienta puede conjugar la supervivencia y la equidad. La equidad exige que, a un tiempo, se compartan el poder y el haber. Si bien la carrera por la energ√≠a conduce al holocausto, la centralizaci√≥n del control de la energ√≠a en manos de un leviat√°n burocr√°tico sacrificar√≠a el control igualitario de la misma a la ficci√≥n de una distribuci√≥n equitativa de los productos obtenidos… Para ser posible dentro de la equidad, la supervivencia exige sacrificios y postula una elecci√≥n. Exige una renuncia general a la sobrepoblaci√≥n, la sobreabundancia y al superpoder, ya se trate de individuos o de grupos‚ÄĚ.

Estos son fragmentos de La convivencialidad de Iv√°n Illich. Ensayista austriaco establecido en M√©xico, de ampl√≠sima formaci√≥n intelectual, Iv√°n Illich ejerci√≥ como sacerdote y profesor universitario antes de secularizarse y dedicarse por completo al an√°lisis cr√≠tico de la sociedad contempor√°nea. Probablemente m√°s conocido para el gran p√ļblico por La sociedad desescolarizada, el c√©lebre ensayo que dedic√≥ a la instituci√≥n educativa, su abanico de intereses fue muy diverso, y tambi√©n se extendi√≥ al estamento m√©dico, con otro pol√©mico libro titulado N√©mesis m√©dica o a la gesti√≥n igualitaria de la energ√≠a, que abord√≥ en Energ√≠a y equidad.

Pero sin duda, el t√≠tulo que hoy les proponemos, La convivencialidad, publicado en 1973, es su obra m√°s importante, aquella en la que expone las fallas de nuestra sociedad y propone alternativas para transformarla. A su juicio, vivimos en una sociedad burocratizada en la que el saber se confunde con el curr√≠culum acad√©mico, el cuidado de la salud con la instituci√≥n m√©dica o el ejercicio del poder con la actividad pol√≠tica, convirtiendo a la poblaci√≥n en in√ļtil y dependiente en todos estos campos. Adem√°s, el objetivo de esta civilizaci√≥n es el crecimiento ilimitado de la producci√≥n industrial y, por lo tanto, est√° condenada al agotamiento energ√©tico y a la autodestrucci√≥n.

Frente a ella, Illich propone una sociedad desprofesionalizada en la que todos compartamos el poder y el saber. Y plantea alternativas para la supervivencia, que a su juicio, pasan por el control demográfico y la adopción de formas de producción alternativas a la industrial, que utilicen herramientas convivenciales: una tecnología a escala humana que, en lugar de avasallar y programar al individuo, saque el mejor partido de nuestra energía e imaginación, fomentando la autonomía y expandiendo el radio de acción personal.

Escrito por uno de los pensadores m√°s l√ļcidos del siglo XX, este ensayo imprescindible, adelantado a los planteamientos ecologistas m√°s consecuentes y a la teor√≠a del decrecimiento, nos propone, en definitiva, todo un programa de acci√≥n para iniciar la transici√≥n social y energ√©tica, que nos espera en las pr√≥ximas d√©cadas, si queremos preservar la vida en el planeta en el marco de una sociedad equitativa. La convivencialidad de Iv√°n Illich.

Javier Aspiazu

Los raros. √Čpoca de migraci√≥n al norte, de Tayyeb Saleh

‚ÄúTras una larga ausencia, se√Īores, volv√≠ junto a mi gente. Fueron exactamente siete a√Īos los que pas√© estudiando en Europa. Aprend√≠ muchas cosas y otras muchas me quedaron por aprender, pero esa es otra cuesti√≥n. Lo importante es que volv√≠ con un ardiente deseo de encontrarme con los m√≠os en ese pueblecito de la curva del Nilo. ¬°Siete a√Īos ech√°ndolos de menos y so√Īando con ellos y, al volver, fue maravilloso encontrarme de nuevo realmente all√≠! Se alegraron mucho al verme y armaron un gran alboroto a mi alrededor cuando llegu√© y en seguida sent√≠ que empezaba a derretirse el hielo de mi coraz√≥n, como si hubiera pasado mucho fr√≠o y de repente el sol me calentara‚ÄĚ.

As√≠ comienza √Čpoca de migraci√≥n al norte de Tayyeb Saleh. Publicada originalmente en 1966, la segunda novela de este escritor sudan√©s en lengua √°rabe se ha convertido en la m√°s famosa y reconocida de su producci√≥n, y a menudo se la incluye entre las mejores novelas √°rabes del siglo XX. Saleh utiliza en esta, como en otras de sus obras, el recurso de un narrador innominado que, en primera persona, relata los hechos como testigo o participante en los mismos. En este caso, el narrador vuelve de Londres despu√©s de realizar su doctorado, y descubre a un nuevo y enigm√°tico habitante instalado con su familia en el pueblo: Mustafa Sa√≠d, una figura que ir√° desvelando su terrible historia, a partir de confidencias hechas al narrador y, tras su repentina desaparici√≥n, de recuerdos evocados por Said en otros personajes, o de documentos dejados en la casa que habitaba.

El autor configura, as√≠, una aproximaci√≥n en forma de prisma a un personaje tan atractivo como letal, que recuerda, salvando las distancias de tiempo y estilo, a los h√©roes mal√©ficos de Lord Byron. √Čpoca de migraci√≥n al norte se desarrolla en un doble plano, el del presente en ese peque√Īo pueblo de la curva del Nilo, en el norte del Sud√°n, con personajes entra√Īables, como el abuelo del narrador o su amigo de la infancia, Mahchub; y el del pasado, en el fr√≠o Londres, donde Sa√≠d, poseedor de una extraordinaria inteligencia, realiz√≥ una brillante carrera universitaria, llegando a ser profesor de econom√≠a y escritor. Al mismo tiempo, se revel√≥ como un seductor insaciable, cuya insensibilidad provoca el suicidio de tres de sus amantes y la muerte de su primera esposa.

Tayebb Saleh consigue dotar a este personaje fatídico de un enorme interés, envolviéndolo en misterio y fascinación, gracias entre otras cosas, a una prosa exquisita, rica en imágenes poéticas. La novela, a pesar de su brevedad, ofrece de pasada algunas reflexiones paradójicas sobre el colonialismo y la corrupción de las nuevas clases dirigentes, y también una rápida panorámica de la vida rural del Sudán, en la que predomina un intenso machismo, responsable en buena medida de otro de los acontecimientos trágicos de la novela, acaecido tras el matrimonio forzado de Husna, la viuda de Saíd, con el septuagenario Wad-er-Rayes.

Como si se tratara de un cuento perverso de Las mil y una noches, esta espl√©ndida novela, publicada en castellano por la editorial Huerga y Fierro, les cautivar√° con la belleza de su prosa y su intrigante argumento. √Čpoca de migraci√≥n al norte de Tayebb Saleh.

Javier Aspiazu

Los raros. Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday

libro-lady-sings-the-blues‚ÄúMam√° y pap√° eran un par de cr√≠os cuando se casaron. El ten√≠a dieciocho a√Īos, ella diecis√©is y yo tres.

Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que iba a tener un bebé, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de tener un ataque al enterarse. Era gente de buena sociedad y nunca había oído hablar de cosas semejantes en su barrio de East Baltimore.

Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces deprisa.

Es un milagro que mi madre no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero Sadie Fagan me quiso desde que yo s√≥lo era un suave puntapi√© en sus costillas mientras ella fregaba suelos. Se present√≥ en el hospital e hizo un trato con la jefa. Le dijo que fregar√≠a los suelos y atender√≠a a las golfas que estaban all√≠ para tener a sus hijos, costeando as√≠ su parte y la m√≠a. Y lo cumpli√≥. Aquel mi√©rcoles 7 de abril de 1915, cuando yo nac√≠ en Baltimore, mam√° ten√≠a trece a√Īos‚ÄĚ.

As√≠ comienza Lady sings the blues, las memorias de Billie Holiday. Redactadas en colaboraci√≥n con el pianista y escritor William Dufty, que recogi√≥ fielmente el modo de expresarse lac√≥nico y rotundo de Lady Day, como se conoc√≠a tambi√©n a Billie Holiday, estas memorias, publicadas en 1956, solo tres a√Īos antes de su muerte, son el testimonio brutal de una vida atormentada, a pesar del √©xito y la fama que goz√≥ la cantante m√°s expresiva de la historia del jazz.

Siempre hay parcelas que se ocultan en las autobiograf√≠as, pero Billie Holiday, nombre art√≠stico de Eleonora Fagan, no nos ahorra detalles escabrosos. Desde la miseria inicial que la oblig√≥ a empezar a trabajar a los diez a√Īos, pasando por un intento de violaci√≥n a la misma edad, el ejercicio de la prostituci√≥n de los 13 a los 15, que le acarre√≥ su primera estancia en la c√°rcel, los comienzos como cantante en peque√Īos clubs para evitar ser desahuciada, episodios vergonzosos de discriminaci√≥n racial cuando, tras interminables giras en autob√ļs con las bandas de Count Basie y Artie Shaw, empezaba a ser ya una de las vocalistas m√°s prestigiosas de la √©poca y, por supuesto, sus torturadas relaciones amorosas. Consecuencia de una de ellas fue su adicci√≥n a la hero√≠na, por cuyo consumo, entonces considerado delito, fue detenida y recluida en varias ocasiones. Afortunadamente, no todo son desgracias, y Holiday recoge tambi√©n en sus memorias la capacidad para hechizar al p√ļblico con su intensidad y dramatismo, y la g√©nesis de las c√©lebres canciones que nos leg√≥ en su faceta de compositora.

A modo de s√≠ntesis, les dir√© que Lady sings the blues reviste un triple inter√©s: es, primero, una cr√≥nica vivaz de la √©poca dorada del jazz (por el libro desfilan genios como Louis Armstrong, Duke Ellington, Benny Goodman o Lester Young, el amigo m√°s entra√Īable de Billie); es, tambi√©n, un testimonio del terrible racismo que sufr√≠an los m√ļsicos negros; y por √ļltimo, un alegato conmovedor, en las p√°ginas finales, contra el trato puramente represivo que recib√≠an los adictos a las drogas.

Un libro durísimo y apasionante, cuya descarnada sinceridad resulta tan afilada como la hoja de afeitar que aparece en la portada de la edición de Tusquets. Así son las memorias de Billie Holiday: Lady sings the blues.

Javier Aspiazu

Los raros. El peso falso, del extraordinario Joseph Roth

libro-el-peso-falso‚ÄúHab√≠a una vez en el distrito de Zlotogrod un inspector llamado Anselm Eibenstchutz. Su funci√≥n consist√≠a en verficar las pesas y medidas de los vendedores de todo el distrito. Por ello, a intervalos determinados, Eibenstchutz va de una tienda a otra para examinar las varas, las balanzas y las pesas. Lo acompa√Īa un guardia de la gendarmer√≠a armado de punta en blanco. De esa forma hace saber el Estado que est√° dispuesto a castigar a los falsarios, en caso necesario por las armas, siguiendo las Sagradas Escrituras que dicen que un falsario es lo mismo que un ladr√≥n.‚ÄĚ

As√≠ comienza El peso falso de Joseph Roth. De entre todos los escritores surgidos en el seno del imperio austroh√ļngaro, que desarrollaron su labor en el periodo de entreguerras, cuando dicho imperio ya hab√≠a desaparecido, es seguramente Joseph Roth el que mayor proyecci√≥n ha alcanzado debido al encanto y a la calidad de su obra. Roth viaj√≥ por todo el continente ejerciendo de corresponsal, pero se sinti√≥ siempre desterrado de la Europa de su juventud (algo que se puede apreciar especialmente en su obra m√°s conocida: La marcha Radetzky). Como un exiliado vivi√≥, primero en Berl√≠n y luego en Par√≠s, donde cre√≥ un universo literario de excombatientes, refugiados, desertores, contrabandistas y humildes aldeanos jud√≠os, que no ha perdido su vigencia e inter√©s desde su temprana muerte a causa del alcohol en 1939.

Estos datos pueden servir como pistas para explicar el sentimiento de fatalidad y el ambiente patibulario, aunque el autor lo adorne con frecuentes toques l√≠ricos en la descripci√≥n de la naturaleza, predominantes en esta sorprendente novela de madurez que hoy comentamos, El peso falso, publicada en 1937.¬† Como en otras de sus obras, Roth sit√ļa la acci√≥n en un territorio fronterizo entre el imperio austro-h√ļngaro y el ruso, donde el personaje protagonista, Anselm Eibenstchuz, antiguo suboficial del ej√©rcito austriaco desempe√Īa sin mucha convicci√≥n el oficio¬† de inspector de pesas y medidas. Ha adoptado esta nueva profesi√≥n para contentar a su esposa, a la que realmente ya no ama, pero no deja de a√Īorar la vida de cuartel, mucho m√°s sencilla y ordenada. El pueblo de Zlotogrod est√° lleno de comerciantes falsarios que desconf√≠an y se burlan de la autoridad, lo que pone en continuos aprietos al honesto y severo Eibentschutz. Para colmo, descubre que su mujer le enga√Īa, con lo que su universo se desmorona. Encontrar√° consuelo a su amargura en la Taberna de la Frontera, dudoso establecimiento al que acuden los desertores del ej√©rcito ruso introducidos clandestinamente por el contrabandista Kapturak, personaje recurrente en la obra de Roth. En la taberna trabaja la hermosa gitana Euphemia, de la que el inspector se enamora, y desde ese momento, sus valores y su vida toda sufrir√°n una transformaci√≥n radical.

Hasta ahí el argumento, en el que todavía abundan sorpresas y personajes pintorescos. Por lo que respecta al lenguaje, Roth se muestra como un consumado estilista, utilizando en ocasiones recursos poéticos como el de repetir frases, con variaciones graduales, para dar mayor  énfasis al texto. En general, su prosa es tersa y siempre fluida, con frases cortas, gráficas y efectivas, que hacen de la lectura un verdadero placer. Ediciones Siruela publicó en 2003 esta hermosa parábola sobre el trastorno a que puede inducir la pasión amorosa, cuyo título es El peso falso, de Joseph Roth.

Javier Aspiazu

Los raros. José Emilio Pacheco, el poeta y sus novelas

‚ÄúFue el a√Īo de la plibro-las-batallas-en-el-desiertooliomielitis: escuelas llenas de ni√Īos con aparatos ortop√©dicos; de la fiebre aftosa: en todo el pa√≠s fusilaban por decenas de miles reses enfermas; de las inundaciones: el centro de la ciudad se convert√≠a otra vez en laguna, la gente iba por las calles en lancha. Dicen que con la pr√≥xima tormenta estallar√° el Canal del Desag√ľe y anegar√° la capital. Qu√© importa, contestaba mi hermano, si bajo el r√©gimen de Miguel Alem√°n ya vivimos hundidos en la mierda.

La cara del Se√Īor presidente en dondequiera: dibujos inmensos, retratos idealizados, fotos ubicuas, alegor√≠as del progreso con Miguel Alem√°n como Dios Padre, caricaturas laudatorias, monumentos. Adulaci√≥n p√ļblica, insaciable maledicencia privada‚Ķ‚ÄĚ

Este es un fragmento de Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco. Más conocido por su extensa obra poética y periodística, que le hicieron merecedor del premio Cervantes en 2009, el mexicano José Emilio Pacheco dejó también un breve pero muy significativo conjunto de narraciones, entre ellas esta deliciosa novela corta que hoy comentamos, publicada originalmente en 1981.

Las batallas en el desierto es el recuerdo novelado del mundo de la infancia del autor en la colonia Roma, uno de los barrios m√°s c√©ntricos y representativos de la ciudad de M√©xico. A trav√©s de su alter ego, Carlos, un ni√Īo de nueve a√Īos en 1948, momento en que transcurre la mayor parte de la acci√≥n de la novela, Pacheco hace la cr√≥nica de un pa√≠s en transici√≥n desde la revoluci√≥n mexicana y la II Guerra Mundial, con todos sus traumas y decepciones todav√≠a presentes, a la modernidad representada por la cultura pop y la avalancha de mercanc√≠as procedentes del vecino estadounidense.

El autor acumula referencias para contextualizar la √©poca: marcas de coches, locuciones yanquis, t√≠tulos de pel√≠culas o canciones, nombres de productos, alusiones a los conflictos internacionales (como esas ‚Äúbatallas en el desierto‚ÄĚ entabladas entre ni√Īos de origen √°rabe y jud√≠o en el polvoriento patio del colegio de Carlos, emulando las que se produc√≠an en el reci√©n creado estado de Israel); todo le sirve a Pacheco para lograr este milagro de s√≠ntesis. Para ofrecernos en menos de ochenta p√°ginas la disoluci√≥n de un mundo y la entrada en otro, tanto en el plano social como en el psicol√≥gico; porque al comp√°s de la √©poca tambi√©n cambia la personalidad de Carlos, que a su tierna edad se enamora de Mariana, la madre de Jim, su mejor amigo, un amor de cuya imposibilidad √©l mismo es consciente. Vivencia intensa y amarga, con final imprevisto, que precipitar√° la p√©rdida del candor infantil de Carlos para dar paso a una dolorida pubertad.

Pacheco lo cuenta con hondura,¬† gracia y ligereza magistrales insertando los di√°logos, coloquiales y extremadamente √°giles, en el curso de la narraci√≥n. El resultado es una bell√≠simo evocaci√≥n del primer amor y el mundo desaparecido de la infancia, de lectura absolutamente recomendable. Tusquets, en su edici√≥n de 2010, les permitir√° disfrutar de esta peque√Īa joya titulada Las batallas en el desierto de Jos√© Emilio Pacheco.

Javier Aspiazu

Los raros. Luna caliente, del argentino Mempo Giardinelli

libro-luna-caliente‚ÄúSab√≠a que iba a pasar; lo supo en cuanto la vio. Hac√≠a muchos a√Īos que no volv√≠a al Chaco y en medio de las emociones por los reencuentros, Araceli fue un deslumbramiento. Ten√≠a el pelo negro, largo, grueso y un flequillo altivo que enmarcaba perfectamente su cara delgada, modiglianesca, en la que resaltaban sus ojos oscur√≠simos, brillantes, de mirada l√°nguida pero astuta. Flaca y de piernas muy largas, parec√≠a a la vez azorada y orgullosa por esos pechitos que empezaban a aflorarle bajo la blusa blanca. Ramiro la mir√≥ y supo que habr√≠a problemas: Araceli no ten√≠a m√°s que trece a√Īos.‚ÄĚ

Así comienza Luna caliente de Mempo Giardinelli. Perteneciente a esa portentosa generación de escritores argentinos nacidos en la década de los 40, entre los que se cuentan  Ricardo Piglia, Rodolfo Fogwill, Osvaldo Soriano o César Aira, Mempo Giardinelli ha obtenido algunos de sus mayores logros como novelista dentro del género negro. Y ésta que hoy comentamos, Luna caliente, la más conocida de sus obras, es un perfecto ejemplo de la maestría del autor utilizando las convenciones del género, adaptadas a la realidad argentina.

A lo largo de sus poco m√°s de cien p√°ginas, asistimos al retorno a la septentrional provincia del Chaco de Ramiro Bern√°rdez, un treinta√Īero de familia acomodada que ha estudiado en Par√≠s y vuelve para hacer carrera profesional, y quiz√° tambi√©n pol√≠tica, en su pa√≠s. Ambiciones que se truncar√°n como consecuencia de su relaci√≥n con Araceli, una fascinadora lolita por quien se ver√° obligado a matar, mentir, y escapar al cercano Paraguay, abandon√°ndolo todo.

Poco m√°s puedo revelarles del argumento de una novela enmarcada en un ambiente h√ļmedo y sofocante, iluminado por una inquietante luna llena, cuya acci√≥n transcurre en muy pocos d√≠as. Giardinelli, que utiliza un lenguaje de precisi√≥n milim√©trica, sorprende al lector con inesperados giros narrativos y un final imprevisto que no se deben anticipar, propiciados por ese personaje enigm√°tico, verdadero eje de la novela, que es Araceli, una lolita fatal, insaciable e indestructible (y puede que, con estos adjetivos, ya les est√© dando demasiadas pistas).

Como toda buena novela negra, esta arroja tambi√©n sus descargas de profundidad contra la sociedad del momento. La obra se encuadra temporalmente a¬† comienzos de la dictadura militar, y las autoridades policiales, aun teniendo la convicci√≥n de que Ramiro ha sido el autor del asesinato del padre de Araceli, est√°n dispuestas a exculparle si les sirve pol√≠ticamente. Una posibilidad que el cinismo dictatorial abre al angustiado Ramiro, antes de que todo se le complique definitivamente. Pero no solo eso, en tan breve texto, hay adem√°s espacio para reflexiones sobre la guerra de sexos y una sugerente evocaci√≥n del segundo c√≠rculo del Infierno, aquel al que fueron arrojados, seg√ļn la Divina Comedia de Dante, los pose√≠dos por la lujuria.

Alianza Editorial, entre otras, les proporcionar√° el placer de leer esta excelente novela publicada originalmente en 1983, y ya en camino de convertirse en un cl√°sico: Luna caliente de Mempo Giardinelli.

Javier Aspiazu

Los raros. El miedo, del francés Gabriel Chevalier

libro-el-miedo‚ÄúPor encima de todo reinaba un clima que ten√≠a algo de verbena, de mot√≠n, de cat√°strofe y de triunfo, un gran trastorno que embriagaba. Se hab√≠a cambiado el curso diario de la vida. Los hombres dejaban de ser empleados, funcionarios, asalariados, subordinados, para convertirse en exploradores y en conquistadores. Al menos eso era lo que cre√≠an. So√Īaban con el norte como si fuera una especie de Am√©rica, de pampa, de selva virgen, con Alemania como si fuera un banquete, y con provincias devastadas, toneles agujereados, ciudades incendiadas, con el vientre blanco de las mujeres rubias de Germania, con botines inmensos, con todo aquello de lo que la vida habitualmente les privaba. Todos pon√≠an su confianza en su destino, no pensaban en la muerte m√°s que para los dem√°s. En suma, la guerra no se presentaba nada mal bajo los auspicios del desorden‚ÄĚ.

Este es un fragmento de El miedo del franc√©s Gabriel Chevallier. De entre la diversidad de novelas sobre la primera guerra mundial, redactadas a lo largo del siglo pasado, quiz√° sea √©sta la que mejor exponga y describa la sensaci√≥n f√≠sica que le da t√≠tulo, ese miedo omnipresente durante el conflicto, que se vuelve abrumador ante la inminencia de un ataque a cielo abierto sorteando obuses, metralla y cuerpos desgarrados. En contraste con la otra gran novela francesa sobre la I Guerra Mundial, El fuego de Henri Barbusse, que describe la vida colectiva de una escuadra (un peque√Īo grupo de soldados comandado por un cabo), la visi√≥n que nos ofrece Chevallier, en primera persona, es netamente individualista.

En El miedo, publicada originalmente en 1930, el joven Jean Dartemont, alter ego del autor, parte voluntario al frente creyendo que va a vivir una gran aventura, contagiado del clima general descrito en el p√°rrafo del comienzo. Sin embargo, sus terribles experiencias a lo largo de los casi cuatro a√Īos que permanece en activo, entre 1915 y 1918,¬† acaban con cualquier visi√≥n rom√°ntica de la guerra. Si en una ocasi√≥n est√° a punto de morir alcanzado por la metralla, en otra, asaltando una trinchera, atraviesa con su bayoneta el cuerpo de un enemigo. Sufre hambre, sed, fr√≠o y piojos en abundancia. Y por encima de todo, miedo. Como dice el autor en el prefacio a la edici√≥n de 1951, ‚Äúhablar de la guerra sin hablar del miedo, sin ponerlo en primer plano, hubiera sido un camelo‚ÄĚ.

Sin embargo, lo m√°s valioso del testimonio de Chevallier, escrito con una soltura y un esp√≠ritu cr√≠tico encomiables, reside en comprobar que la causa de ese miedo se encontraba muy a menudo en la irresponsabilidad criminal o en la cobard√≠a de sus propios superiores, los militares y pol√≠ticos al mando, empe√Īados en alcanzar la gloria y en minimizar las carnicer√≠as continuas e in√ļtiles que produjeron sus insensatas decisiones. Este duro aprendizaje y las conversaciones con el sarc√°stico sargento Negre har√°n del joven Dartemont un incr√©dulo para el resto de su vida.

Ediciones Acantilado vertió al castellano en 2009 este ácido y rotundo alegato contra la guerra: El miedo de Gabriel Chevallier.

Javier Aspiazu

Los raros. El testigo ocular, del austríaco Ernst Weiss

libro-el-testigo-ocular‚ÄúEl destino me eligi√≥ para jugar un papel de cierta importancia en la vida de una persona poco corriente, llamada a provocar en Europa despu√©s de la Guerra Mundial, imponentes cambios e inconmensurables sufrimientos. Con posterioridad, me pregunt√© a menudo qu√© me hab√≠a movido entonces, en el oto√Īo de 1918; me pregunt√© si hab√≠a sido la curiosidad ‚Äďes decir, la principal caracter√≠stica del m√©dico investigador- o una especie de endiosamiento, el deseo de confundirme con el destino, aunque s√≥lo fuera una vez‚ÄĚ.

As√≠ comienza El testigo ocular de Ernst Weiss, novela publicada de forma p√≥stuma en 1963, m√°s de dos d√©cadas despu√©s de la muerte del autor, quien prefiri√≥ suicidarse, como otros intelectuales y escritores jud√≠os, antes de caer en manos de los nazis. Weiss era s√ļbdito en el momento de su nacimiento del imperio austro-h√ļngaro, aunque fue siempre un escritor de expresi√≥n alemana, como sus amigos Stefan Zweig o Franz Kafka. El testigo ocular es, en primer t√©rmino, una novela de aprendizaje, el relato de la formaci√≥n de un car√°cter, el del personaje narrador, austero y espartano, adjetivo este √ļltimo que emplea a menudo para definir su conducta; un car√°cter que se refleja en la misma cadencia de la prosa, muy fluida pero muy sobria al mismo tiempo, casi sin met√°foras o comparaciones po√©ticas, pero capaz de expresar con emoci√≥n y especial intensidad las vivencias m√°s terribles.

Al igual que el autor, con quien comparte muchos rasgos biogr√°ficos, el personaje protagonista de El testigo ocular es un m√©dico, en este caso alem√°n, que participa como voluntario en la Primera Guerra Mundial y que tras ser desmovilizado se especializa en psiquiatr√≠a. Entre sus pacientes se encuentra un individuo intolerante y manipulador, el cabo A. H., al que cura de su ceguera hist√©rica por medio de la hipnosis. Lo que permitir√° a ese mismo sujeto, sugestionar pocos a√Īos despu√©s a toda Alemania, embarc√°ndola en su locura sangrienta. El cabo A. H., como habr√°n adivinado, es Adolf Hitler, cuyo desequilibrio ps√≠quico ha sido consignado por el psiquiatra en un diario que guarda en un lugar seguro. La recuperaci√≥n del diario por los nazis, le acarrear√° la persecuci√≥n y el exilio.

Ernst Weiss confes√≥ que escribi√≥ esta novela a toda prisa en 1938, con la esperanza de ganar un premio literario, y que no qued√≥ del todo satisfecho del resultado. Por eso redact√≥ una segunda versi√≥n de la misma, hoy perdida. Aun as√≠, El testigo ocular, tal y como la conocemos, es una novela impactante, muy estimable, a la que su tono objetivo, despojado de cualquier ret√≥rica, confiere a√ļn mayor autenticidad. Posee, adem√°s, el atractivo a√Īadido de convertir a Hitler en un personaje literario, algo ins√≥lito, aunque su principal valor, en mi opini√≥n, se encuentra en el doloroso testimonio que aporta de una √©poca convulsa, la de la Rep√ļblica de Weimar y el posterior ascenso del nazismo al poder.

Ediciones Siruela tuvo el acierto de verter al castellano en 2003 la m√°s popular de las novelas de Ernst Weiss: El testigo ocular.

Javier Aspiazu

Los raros. El barón Bagge, de Lernet-Holenia

libro-el-baron-bagge‚ÄúEn efecto, cada uno de nosotros solo tiene que ver consigo mismo. Nadie puede ayudar a otro y, por lo menos as√≠ lo siento, cada uno est√° solo, muy solo, y hasta irremediablemente solo. En √ļltima instancia, no hay ninguna relaci√≥n verdadera entre los seres humanos. Y es que tampoco puede haberla. Uno es siempre para el otro un motivo y nada m√°s. Un motivo para odiar o un motivo para amar. Pero el amor y el odio nacen en nosotros, nos dominan y vuelven a dejarnos solos. No se teje ning√ļn hilo verdadero que una a un ser humano con otro. Todo lo que uno puede llegar a ser para otro es tan s√≥lo una excusa, m√°s bella o m√°s fea, de los propios sentimientos.‚ÄĚ

Este es un fragmento de El barón Bagge de Alexander Lernet-Holenia, un escritor vienés, de origen aristocrático, autor de una vasta y exitosa obra de más de cien títulos, entre poesía, novela y teatro. Sin embargo, su difusión fuera del mundo germano ha sido escasa, y en castellano, hasta el momento, solo hay traducidas cinco novelas suyas, entre las que sobresale El barón Bagge publicada originalmente en 1936.

Marcado por el declive del imperio austroh√ļngaro y por la guerra, en el curso de su carrera literaria, prolongada hasta los a√Īos 70 del pasado siglo, Lernet-Holenia recibi√≥ la influencia de uno de los grandes autores del g√©nero fant√°stico, Leo Perutz, al que consider√≥ amigo y maestro. As√≠, en esta novela corta que hoy comentamos, El bar√≥n Bagge, hay claras alusiones autobiogr√°ficas y citas precisas a la realidad, pero, como ocurre en muchas narraciones fant√°sticas, el texto poco a poco, se va escorando a un territorio nebuloso, fronterizo entre la realidad y el sue√Īo.

El bar√≥n relata su participaci√≥n como teniente de dragones del ej√©rcito austriaco en una de las m√ļltiples escaramuzas de la batalla de los C√°rpatos, una de las m√°s largas y cruentas de la I Guerra Mundial. Su escuadr√≥n de 120 jinetes, mandado por el col√©rico capit√°n Semler, est√° en misi√≥n de reconocimiento por el norte de Hungr√≠a en el invierno de 1915. El primer encontronazo con la infanter√≠a rusa se resuelve con un √©xito casi milagroso. Pero a partir de entonces, el enemigo desaparece misteriosamente y los acontecimientos se precipitan de forma inexplicable. En el pueblo de Nagy-Mihaly, donde recala el escuadr√≥n, el bar√≥n conoce a Charlotte con la que se casar√° en el brev√≠simo espacio de tres d√≠as, antes de continuar la marcha que les separar√° para siempre. El avance de los exhaustos jinetes entre la niebla, por interminables llanuras nevadas, buscando a un enemigo inexistente, fantasmal, est√° evocado con maestr√≠a, creando una sensaci√≥n de alucinada incertidumbre, disuelta en el sorpresivo final, impregnado de cierto fatalismo rom√°ntico que dota a√ļn de mayor encanto a la novela.

La depurada capacidad descriptiva del autor, su potente imaginaci√≥n, y su pericia para crear un desasosegante clima de extra√Īamiento de la realidad, son los mayores aciertos de esta breve novela, excelente ejemplo de la mejor literatura fant√°stica centroeuropea. Encontrar√°n El bar√≥n Bagge de Alexander Lernet-Holenia, en ediciones Siruela.

Javier Aspiazu

Los raros. Wenceslao Fernánde Flórez, el raro más raro

LIBRO El bosque animado‚ÄúLa fraga es un tapiz de vida apretado contra las arrugas de la tierra; en sus cuevas se hunde, en sus cerros se eleva, en sus llanos se iguala. Es toda vida: una legua, dos leguas de vida entretejida, cardada, sin agujeros, como una manta fuerte y nueva, de tanto espesor como el que pude medirse desde lo hondo de la guarida del raposo hasta la punta del pino m√°s alto. ¬°Se√Īor, si no veis m√°s que vida en torno¬° Donde fij√°is vuestra mirada divis√°is ramas estremecidas, troncos recios, verdor; donde fij√°is vuestro pie dobl√°is hierbas que despu√©s procuran reincorporarse con el apocado esfuerzo de hombrecillos desri√Īonados‚Ķ‚ÄĚ

As√≠ comienza El bosque animado de Wenceslao Fern√°ndez Fl√≥rez. Lo mejor de la producci√≥n de este maestro de la prosa, tan enraizado en las costumbres y paisaje de su Galicia natal, se inscribe dentro del g√©nero de la novela corta, cercano, por su concisi√≥n y dimensiones, al periodismo que ejerci√≥ desde la temprana edad de 15 a√Īos. Autor de unas 40 novelas, entre las que destacan Volvoreta √≥ El malvado Carabel, adem√°s de la que hoy comentamos, en la mayor√≠a de ellas se aprecia el enfoque del autor: una perspectiva cargada de ternura y humor respecto a los hombres y de lirismo en su descripci√≥n de la naturaleza.

El bosque animado es la novela m√°s conocida y representativa de este escritor coru√Ī√©s; se public√≥ en 1943, cuando el autor ten√≠a 62 a√Īos y enseguida fue considerada su testamento espiritual. Estamos ante una obra ins√≥lita porque es rigurosamente coral, y tal como el t√≠tulo indica, es todo el bosque, toda la fraga de Cecebre, con la multitud de seres que la habitan, la que se anima y cobra vida ante nuestros ojos gracias a la pluma del autor. Una fraga, para el oyente que no lo sepa, es un bosque desordenado en el que se entremezclan todo tipo de √°rboles. En la de Cecebre, los √°rboles se comunican entre s√≠. Y animales tan humildes como los topos, o las moscas, a cuya asamblea asistimos, pasando por el maltratado perro de los Esmor√≠s, nos cuentan su historia y sus encontronazos con los hombres. Pero tambi√©n conocemos las vicisitudes de los humanos que habitan la fraga: entre otros muchos, el cojo Gilberto, zahor√≠ de la comarca, la hambrienta Marica y su hija Petrilla, el terrateniente d‚ÄôAbondo y, por supuesto, el compasivo bandido Fendetestas, a quien todos recordar√°n con la cara y las trazas de Alfredo Landa, por la adaptaci√≥n cinematogr√°fica de Jos√© Luis Cuerda. Incluso los fantasmas de la Santa Compa√Īa, que atraviesan de noche la fraga, son especialmente sociables y alguno, como el cuitado Fiz de Cotobelo, lleva siempre ‚Äúmojada su s√°bana de tanta agua bendita como le arrojan‚ÄĚ.

Fernández Flórez presenta la naturaleza como un universo orgánico, interdependiente, en el que vegetación, animales, hombres y hasta espíritus, tienen su sitio, y se utilizan o se ayudan entre sí para continuar el eterno ciclo de la vida. Llena de originalidad y de gracia, esta novela les sorprenderá, tanto por su enfoque panteísta, como por el dominio del lenguaje y la gran imaginación del autor. Nos referimos a El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez.

Javier Aspiazu