Tag Archives: recomendaciones

La guerra según las mujeres y Svetlana Aleksievitx

El traductor de Lazkao, Iker Sancho Insausti, recibió el pasado año la beca Jokin Zaitegi que conceden la asociación cultural Arrasate Euskaldundu Dezagun de Arrasate y la editorial Elkar. Ahora tenemos ya en las librerías la cristalización de ese proyecto: la traducción al euskara de Gerrak ez du emakume aurpegirik, de la periodista Svetlana Aleksievitx que ganó el Premio Nobel en 2015.

El título del libro nos pone ya sobre la tesis principal de la periodista: cuando se habla de la guerra, se piensa en los soldados, en hombres, pero en la II Guerra Mundial participó casi un millón de mujeres soviéticas. Y no lo hicieron solo como enfermeras, médicos, camilleras o telegrafistas, fueron también francotiradoras, conductoras de tanques u oficiales. Y Svetlana Aleksievitx habló durante los años 80 -en plena censura- con algunas de ellas. Tuvo que esperar al deshielo, a la Perestrosika de Gorbachov, para poder colar, digamos, su trabajo. A pesar de todo, la censura modificó bastantes pasajes. Vendió dos millones de copias. En 2002 lo reescribió para añadir las partes que habían sido eliminadas, y mostrar ese relato coral en toda su crudeza y en toda su grandiosidad, lleno de dolor y de pequeños milagros porque como dice una de las mujeres entrevistadas, en la guerra se suceden también los pequeños milagros.

La lectura es dura, va sin paños calientes, pero es conmovedora y reveladora. “Beti harritu izan nau xaloa eta gizartiarra den guztiareriko mesfidantza horrek; bizitzaren ordez ideal bat eta epeltasun arrutaren ordez distira hotz bat jartzeko gurari horrek”, dice Nina Javkolevna que fue sargento en una época en la que las unidades acorazadas apenas admitían mujeres. La convivencia arrojaba momentos emotivos también, como este que narra Olga Vasilievna: “Lehen lerroan zeuden gizonek emakume bat lehen lerroan ikusten bazuten, aurpegiak guztiz aldatzen zitzaizkien. Emakume-ahotsaren soinuak berak eraldatzen zituen. Gau batean zemliankaren alboan eseri eta kantuan hasi nintzen isil-isilik.” Dice después que pensaba que todos los hombres estaban dormidos y no la habían oído, pero al día siguiente el comandante le dijo que estaban despiertos, pero que no pudieron articular palabra por la nostalgia que sintieron al escuchar la voz de una mujer.

Gerrak ez du emakume aurpegirik supone, sin duda, un acercamiento vigoroso a la obra de esta periodista tenaz, que ha buscado la voz de personas comunes para explicar la historia convulsa de su país. La Academia Sueca la distinguió por “su obra polifónica, un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo”. Ahora tenemos la oportunidad de escuchar esa polifonía en euskara.

Txani Rodríguez

El drama de las distancia cortas y el talento de Marta Orriols

Marta Orriols (Barcelona, 1975) es una de la grandes promesas de la literatura en lengua catalana. El año pasado publicó su primer libro, Anatomia de les distanciès curtes, que ahora se edita en castellano, un volumen de cuentos que se convirtió es un fenómeno literario y social y más cuando la revista Granta escogió uno de sus cuentos para su edición en castellano. Los diecinueve relatos nos hablan de historias cotidianas y personajes reconocibles que se mueven a nuestro alrededor. Personas a las que de alguna manera se les ha torcido la vida o se les va a torcer sin que se den cuenta del desastre que se les avecina. En resumen el libro habla de la pérdida y de cómo afrontarla y de cómo recuperar la normalidad, cómo ser valiente.

Hay historias de todos los pelajes. Una mujer llora en el metro después de haber abortado a su feto con malformaciones. Un hombre comenta a su mujer que cree que su mejor amigo engaña a su esposa, sin saber que la engaña con la madre de sus hijos. Una chica que acaba de perder a su pareja siente una terrible atracción por su nueva vecina azafata. Un  joven confiesa a su mejor amiga que está enamorada de ella… días antes de que la chica se case con otro. Una mujer se debate sobre qué hacer con la casa en la que vivía con su chico que se acaba de matar en un accidente de montaña. Un oficinista pringado no sabe cómo afrontar el hecho de que su jefa esté embarazada de él, tras una noche alocada. Una treintañera vive amargada porque tiene que cuidar a su luminosa hermana que vive en una silla de ruedas por un accidente de la que la primera se siente responsable. Un estudiante de medicina no sabe cómo superar su miedo a causar dolor. Una empleada de hogar se prueba los vestidos de su jefa cuando ella no está en casa… y fantasea. Una mujer se siente incapaz de vivir con un artista con el que no consigue crear un hogar. Una pareja madura que ha perdido la pasión, pero no del todo, planea una noche de cine, cena y sexo… que no acaba de salir como pretendían. Una mujer descubre en el teatro que su marido tiene una aventura y se debate entre callar o mandar todo al garete. Momentos de ruptura de la cotidianidad y cómo afrontarlos.

Todos los cuentos son notables, pero desde mi punto de vista hay varios relatos realmente soberbios. Uno se titula Sísifo en la novena planta y cuenta como un ejecutivo se debate entre cerrar el negocio de su vida y cuidar a su madre con demencia senil. Otro es Ángeles y demonios y narra el reencuentro de dos amigos que de jóvenes se hicieron la promesa de abrir una librería, promesa que uno rompió al marchar a los Estados Unidos. El tercero lleva por título Estrategias de comunicación y se adentra en los quebraderos de cabeza de una estudiante que ultima un doctorado sobre camaleones y que recibe la visita inesperada de su madre. Y el último de los relatos sobresalientes es Kiwis en el que un fotógrafo de renombre se debate entre asistir al bautizo de su hijo, al que cuida mientras su mujer trabaja, o aceptar el encargo de su vida de pasar varios meses sacando fotos en el Kalahari.

Hay mucho amor y desamor en estos cuentos. Hay muchas relaciones familiares complicadas. Hay caminos truncados y vías por explorar. Hay reflexiones sobre la responsabilidad,  la fidelidad, los sueños por cumplir y las obligaciones, sobre la decepción, la esperanza y la felicidad. Y hay una sensación que recorre todos los relatos, es esa que nos ha golpeado a todos alguna vez y que se resume en una pregunta: ¿podríamos ser más felices en otro lugar y en otras circunstancias? Y que la mayoría de las veces se responde con lo de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Se ha comparado a Marta Orriols con Alice Munro y Margaret Atwood. No es descabellada la comparación. Un debut literario sugerente.

Enrique Martín

Los absurdos días de resort y crímenes del señor Márquez

Resort, la última novela del bilbaíno Juan Carlos Márquez, huele a cloro, salitre y aftersun. La historia recrea a la perfección esos extraños ecosistemas que son los complejos hoteleros. No faltan los pulsos velados por conseguir un buen sitio en la playa, la bronca por una mesa junto al bufet o por una hamaca junto a la piscina. En los resorts el tiempo transcurre con morosidad, aunque no faltan actividades: zumba, aquagym, espectáculos nocturnos… Al resort de esta novela -confortable, funcional, como de comodidades al por mayor- llega la familia protagonista de la novela. Se trata de “el hombre”, “la mujer” y “el niño”, y Márquez se referirá a ellos así siempre, sin conferirles un nombre propio. Todo marcha bien -de hecho resulta envidiable la buena sintonía de la pareja- hasta que desaparece un niño alemán. En ese momento, la Policía pone en marcha una investigación que debe desarrollarse con absoluta discreción para no dañar los intereses turísticos de la zona.

Las pesquisas implican que los huéspedes serán retenidos durante tres días. En ese periodo, podrán hacer vida normal, ir a la playa, volver de la playa, disfrutar de todas las actividades del resort. La investigación implica además que el hotel se llenará de parejas de policías de paisano. La estrategia queda bien explicada: “A cada pareja se le asignará una habitación, aunque no es necesario que pernocten los dos (…). Cada familia de huéspedes sabe que hay un agente infiltrado, la víspera ellos mismos se presentaron, y por extensión sospechará de la pareja del agente infiltrado, pero no conoce a los otros. Se trata de que los inocentes se sientan protegidos y el culpable de la desaparición del niño, si es que existe un culpable, disfrute de cierto margen de movimiento para que sus acciones lo delaten.”

A pesar de las circunstancias, los huéspedes siguen disfrutando de las vacaciones, y, además, los policías de paisano, esas parejas fortuitas, parecen contagiarse de la laxitud ambiental. Buen ejemplo de ello es el policía que informa a la familia protagonista de la desaparición del niño. Lo conoceremos por el sobrenombre que le ponen en la propia comisaría, Lactante. Este hombre, que acaba de ser padre, que vive en una casa con olor a leche agria y a polvos de talco, se siente sexualmente atraído por la compañera que le han adjudicado y a la que conocemos por el nombre de Darth Vader, todo un poco loco, sí. Pero lo cierto es que el policía anda, al menos a ratos, más concentrado en la anatomía de su colega que en la propia investigación.

Resort, que tiene algo de Loca Academia de Policía y algo de Vacaciones en el Mar, ofrece también una lectura más profunda sobre las relaciones de pareja, sobre la fidelidad y sobre la paternidad. Y cuando parecía que todo ese asunto del niño era algo secundario, Márquez tira de habilidad narrativa y nos congela, al menos por un instante, la sonrisa, como cuando nos damos cuenta de que hemos tomado demasiado el sol. Recomendable lectura, sin duda, la que nos trae este autor merecedor de, entre otros reconocimientos, el Premio Euskadi de Literatura.

Txani Rodríguez

Tomás Bárbulo y su “reservoir dogs” marroquí

Esta es una novela para los que buscan acción sin límites en un libro y, en consecuencia, un buen material de partida para una película sin descanso para el espectador. Cuenta un atraco a cargo de una banda un tanto heterogénea en un escenario exótico con muchas ramificaciones de la acción, saltos continuos en los escenarios, contado todo en capítulos de cinco páginas, con giros abundantes, elementos atractivos para el lector y misterios suficientes. Tomás Bárbulo, su autor, conoce perfectamente los lugares donde sitúa la acción, desde Madrid a Marrakech, porque es un periodista especializado en el norte de África, así que dota a su trabajo de una gran verosimilitud.

Los personajes también brillan por su autenticidad, esos ladrones que como los Reservoir dogs se identifican solamente por un apodo y sus señoras por la variante femenina de los mismos, cada uno con sus peculiaridades, con su carácter, con una buena caracterización y un desarrollo satisfactorio. Y los que les ayudan, y los que les emplean, y los secundarios que aparecen en momentos determinados todos con su función, todos con su importancia. Si en algún momento piensan que algún hecho o alguien parece haber quedado olvidado, no se preocupen porque aparecerá tarde o temprano para mostrar su utilidad en la historia. Y los escenarios destilan realismo, será que algo conoce el autor. Y los ladrones de guante blanco y hasta el experto en alcantarillas.

Bárbulo es un novelista muy eficaz y escribe con soltura, sorprendente para una primera novela. Es capaz de crear momentos de mucha intensidad e incluso de colocar algunas frases resonantes, de esas que marcan a un personaje o a una acción. Por buscarle un defecto se equivoca con los títulos de las diferentes partes que componen la novela. Por decir algo, para que no parezca que estamos rendidos ante una novela que ofrece muchas satisfacciones, pero ya se sabe que al cocinero no hay que ponerle nunca un diez porque el halago ablanda. A los aplausos por la trama, la ambientación y los personajes, hay que sumar la satisfacción por la narrativa y la escritura que dan la medida de alguien acostumbrado al oficio de contar. Un diez, bueno, un nueve y medio.

Félix Linares

Alaine Agirre, desnudando una vida dolorosa

Bi aldiz erditu zinen nitaz, ama es una carta de amor de la autora a su madre, pero supone también la recapitulación de la vida de Agirre y un fresco de las relaciones que mantiene con sus familiares: padres, hermana, abuelos… El libro, dividido en tres partes a las que se suma un epílogo, arranca con el nacimiento de la escritora de Bermeo, y refiere la depresión postparto que sufrió su madre, algo que hizo que durante sus seis primeros meses de vida fuese cuidada por otra mujer. Veinte años después, cuando se desencadenó la enfermedad mental que Agirre ya ha referido en anteriores trabajos, su madre tuvo, de alguna manera, que volver a parirla: “Baina bigarren aldi hartan ez zenion zeure buruari aukerarik eman depresioa bera sentitzeko. Ezereztu egin zenuen. Bigarren aldi hartan ez zeneukalako haur jaio Berri bat zeure zain, baizik eta hogei urteko zure haurra, iluntasunak janda, psikosiaren sinfonía entzuten eta antsietateak irensten zuela”.

Como decía, la novela es una carta de amor y agradecimiento a su madre por darle la vida y cuidarla, pero también funciona como un ejercicio de expiación y reconciliación. “Ulertzen dut aita, zu ulertzen zaitudan moduan, ama. Orain bai, pasatakoak pasata, ulertzen onartzen maitatzen zaituztet”, dice. “Bi aldiz erditu zinen nitaz, ama” tiene también un marcado cariz autobiográfico que nos permite ver que la narradora no expresa sus emociones cuando era una niña, que no conseguía jugar con los compañeros en el patio porque no soportaba la improvisación, que sentía ciertos celos de su hermana menor, que pensaba que los padres no la querían, que echó sobre sus espaladas la urgencia de convertirse en adulta. Sabemos también que se convirtió pronto en una lectora voraz, tanto que sus padres le prohibieron que se pasara el día en la biblioteca. “Orduan -dice- haurrak ez du beste erremediorik jolas orduetan bere istorio propioak asmatzea eta idaztea baino, patioaren izkina batean eserita (…) Ez du beste erremediorik gauetan, gurasoek argia itzaltzen diotenean, hurrengo egunean patioan idatziko duena pentsatzea eta harekin amets egitea baino”. Y así es como aquella niña se convirtió en escritora.

Además de los pasajes dedicados a su madre, encontramos también párrafos sobre otros familiares, como uno hermosa página sobre su padre que remata diciendo “Txiki-txikia nintzenetik hainbat gauza eman dizkit aita: baina batez ere, ametsak”. O este otro sobre uno de sus abuelos: “Aitonak egindako zopak maite nuen txikitan. Kokodriloaren tripak, oiloaren lumak, marrazoaren hortz bat, igelaren begi bat eta erdi, pinguinoaren mokoa, elefantearen buztana… Ez zen sekula amaitzen aitonaren irudimena. Eta nik guzti-guztia sinesten nion”. Tras atravesar una infancia obligatoria, que diría Karmelo C. Iribarren, y una adolescencia complicada, tras enfrentar la enfermedad, la narradora se muestra más serena y confiesa su deseo de ser madre, a pesar de que se lo desaconsejaron. Sin embargo, el deseo que se impone es el de su propio renacer.

En resumen, esta novela, que obtuvo la beca Joseba Jaca, recapitula una vida entera, que se vuelca con honestidad y valentía. Son páginas que cantan al amor y a la compresión, que restañen heridas y conceden un orden nuevo al entorno emocional de esta narradora que con Odol mamituak  mostró sus credenciales, y que llegó para quedarse.

Txani Rodríguez

Jugando al gato y al ratón con Ferdinand von Schirach

Me gusta mucho este prestigioso abogado y escritor alemán. Ferdinand von Schirach (Múnich, 1964) llegó a la literatura al convertir en relatos algunas de sus experiencias en los juzgados. Relatos recogidos en dos volúmenes, Crímenes y Culpa, en los que demostraba su hondo conocimiento del espíritu humano y su humanidad. Luego publicó la novela El caso Collini y un libro sobre su abuelo, un despreciable jerarca nazi, que no ha sido traducido al castellano. Y ahora llegaTabú que se publicó hace tres años en alemán y que cuenta una historia que juega con los conceptos de verdad y engaño.

La novela está centrada en la figura de Sebastian von Eschburg un famoso fotógrafo que fue un niño solitario criado en una familia aristocrática venida a menos, con un padre alcoholizado y una madre sólo interesada por las carreras de caballos. Convertido en una estrella de la fotografía por su peculiar tratamiento del color, su vida sufrirá un giro cuando una llamada anónima a la policía le convierta en el presunto asesino de una joven desaparecida.

Von Schirach divide la novela en dos partes muy diferentes. La primera parte es una clara novela de iniciación centrada en la adolescencia y juventud de Sebastian. Una época marcada por la extraña pero amorosa relación con su padre y por su complicada y difícil relación con su fría madre. Y en la que Sebastian, una persona bastante retraída, tras dar muchos tumbos encuentra su salvación tras la cámara, que le da la posibilidad de mostrar a los demás su peculiar percepción del mundo. La segunda parte es puramente judicial, cuando tras ser acusado del asesinato de una chica, cuyo cadáver no aparece por ninguna parte, se inicia un proceso que se vive en dos niveles. Por un lado el encarcelamiento, la relación con su abogado y el propio proceso. Y por otro el juicio paralelo que se establece en los medios de comunicación que condena, sin ninguna prueba, al personaje famoso que ha caído en desgracia: una auténtica bicoca para los medios de comunicación más sensacionalistas.

Ferdinand von Schirach realiza, otra vez, uno de esos portentosos retratos de personajes que se encuentran en el límite y a los que la sociedad contempla con distancia y con una cierta aprehensión. Porque todo aquel que es diferente es sospechoso y si es sospechoso es porque “algo habrá hecho”. El escritor, que conoce a la perfección el mundo judicial, vuelve a mostrar ante los ojos del lector las fallas de un sistema que se guía más por las apariencias de realidad que por la propia realidad y que cuando se fija de verdad en los hechos es para reafirmar el juicio previo que se ha hecho sobre los “culpables”. Aunque a veces, los “culpables”, los condenados sin juicio por la sociedad, se toman, en las novelas y cuentos de Schirach, su pequeña revancha y los acusadores aparecen ante nuestros ojos como verdaderos idiotas. Pero claro nos da la impresión de que esto solo pasa en las historias de este magnífico narrador alemán. La realidad es otra historia. Aún así, entretenido, sugerente, divertido y profundo libro. Otra pequeña joya en la producción literaria de Ferdinand von Schirach.

Enrique Martín

Las historias de Murray y el talento del mejicano Ortuño

La vaga ambición, del autor mejicano Antonio Ortuño, ha sido el merecedor del último Premio Ribera del Duero, así que no descubro nada si señalo que la calidad de los cuentos que contiene es asombrosa. Lo que sí quiero decir es que es uno de los libros que más me ha gustado este curso. El volumen tiene una constante, la escritura, la vaga ambición de escribir, y está protagonizado por Arturo Murray, un autor que ha cosechado algunos éxitos, que se ha bregado en festivales de tercera, en presentaciones mediocres y algo alocadas, que ha vivido horas felices y también horas bajas, y que sabe el precio de su vocación, una vocación que le asalta cuando una tarde, de puro aburrimiento, se pone a copiar El Quijote. En algún momento, harto de su labor de copista, dejó volar su imaginación: “Tomé la historia en el punto en que iba, y luego de despedirme de Cervantes con una reverencia, improvisé”. Pero un primo le descubre escribiendo, enfurece y, bueno, no podemos decir que la entrada de Arturo en el mundo de las letras fuera dulce.

Tampoco lo fue el primer encargo que le hicieron, cuando apenas era un niño, escribir una historia trágica, un episodio terrible que él mismo padeció.  Es la historia del primero de los relatos, y en él una niña le pide que escriba lo que acaban de vivir para “que lo lean, le arranquen las hojas. Y se las traguen”. Después sabremos más cosas de Murray, y no tan duras.  Está casado con Aura, una mujer inteligente, que le apoya, aunque eso no evitará que atraviesen alguna crisis: “Si pudiera explicarme, Aura debería ponerse feliz. Debería estallarle la cabeza de dicha y contento, los ojos brotarían de sus cuencas de pura euforia, y se sacudiría presa de un orgasmo indecoroso, cósmico, inabarcable, si tan solo pudiera explicarle que ella es lo único que ha hecho que no suba a una azotea, la más alta de esta ciudad de edificios enanos, camine a la cornisa y brinque”.

Pero los párrafos más emotivos son los dedicados a la madre de Murray, una madre coraje, que crio sola a Murray, ya que el padre, muy presente en el primero de los relatos, era un tarambana odioso. La madre, el amor por la madre, destaca en el cuento El príncipe con mil enemigos, que pellizca el estómago. Tiene Ortuño la rara habilidad de acongojar en una página y ponernos a reír en la siguiente, porque el humor es un elemento importante de este libro. Especialmente divertido me ha resultado Quinta temporada, que relata la etapa como guionista de Murray en una muy exitosa serie de televisión, una mezcla de Juego de Tronos y la trilogía Millenium.  En el otro extremo, colocaría el último cuento, en el que tenemos a un Murray ya maestro, que imparte un taller, y que se interroga sobre si merece o no la pena entregarse a la literatura.

En conjunto, La vaga ambición es un libro muy compacto, en el que Ortuño rinde homenaje a la literatura. Quizá chirríe un poco el relato Provocación Repugnante, protagonizado por Walter Benjamin, y no porque sea un cuento más flojo, que no lo es, sino porque en ese texto se aleja de Murray. En todo caso, estamos ante un gran libro de relatos, tocado por el genio y la emoción.

Txani Rodríguez

La falsa autoficción de Antonio Orejudo

Digámoslo ya: Antonio Orejudo es el mejor escritor español de las últimas décadas. Pocas personas podrán rebatir esto porque pocas personas conocen su obra, ya que Antonio Orejudo es, posiblemente, el más secreto de los mejores escritores. Tampoco es que parezca afectarle demasiado, el va a su bola, ha escrito cinco novelas en veinte años, cada una de ellas hija de su momento y radicalmente diferentes entre sí. Fabulosas narraciones por historias, su primer título resultó ser un volcado de todas las experiencias literarias que había acumulado Orejudo en los treinta años precedentes. Ventajas de viajar en tren estaría en la misma línea, pero con los materiales más controlados y el estilo más afilado. Llegaría después Reconstrucción, una novela histórica que no se parece en nada a las canónicas del género. Un momento de descanso es una comedia despiadada sobre ciertas maneras de la modernidad. Y ahora Los Cinco y yo, que podría parecer una biografía encubierta, y quizá lo es de alguna manera, es la más feroz crítica que se puede hacer sobre la manía de escribir autoficción y como hemos llegado a creer que este es el futuro de la narrativa. Tiene algún escrito mas, alguna novela corta, pero esas ya no las he leído. Y debería ponerme a ello porque como queda claro me gusta mucho el trabajo de Orejudo.

Nació en el 63 y le tocó disfrutar de las novelas de Enid Blyton en su infancia. Mala suerte, yo tuve al Guillermo de los Proscritos de Richmal Crompton y creo que salí ganando. Y eso parece que marcó su vida, aunque nunca se sabe si hay que creer lo que se cuenta aquí. Efectivamente el protagonista se llama como el autor y tiene un amigo de aventuras llamado Rafael Reig, sí, el escritor, amigo en la vida real, que suponemos ha cedido su nombre para encarnar al autor de un libro titulado After five donde, por ejemplo, se cuenta la vida real de los personajes protagonistas de la serie, algo que nunca sabremos cómo le sentaría a Enyd Blyton, pero que intuimos que está muy lejos de sus intereses. Al mismo tiempo cuenta su vida, seguramente inventándose la mayor parte, pero dando una sensación de realidad muy precisa y va haciendo análisis de las novelas de los aventureros infantiles que encajan mal con la bondad supuesta de estas lecturas para niños. El resultado es descacharrante, tremendamente divertido, malintencionado, Orejudo se ríe de los letraheridos, de los modernos por encima de todo, de los seguidores de modas contradictorias según el año y de sí mismo, depara momentos de gran intensidad y solo se permite aburrirnos un poco cuando imita a otros que nos aburren todo el tiempo.

Los Cinco y yo es una novela peculiar, crítica, contracorriente, extraordinaria. Si no la leen perderán una oportunidad. Y si la leen y no les gusta háganse la reflexión de que igual les gusta lo que aquí se denuncia. Y así sabremos todos donde estamos. Otra de las virtudes de Antonio Orejudo, la de ponernos a cada uno en nuestro sitio. Así es él. Lamentablemente publica poco y eso nunca se lo perdonaremos.

Félix Linares

Juanjo Olasagarre y los límites del amor y la amistad

Recuerdo la frase, pero no la novela: “¿Quién podría, al mirar a su pareja mientras duerme, decir que ha sido honesto con ella?” Desde luego, la pregunta da qué pensar. Pues es precisamente la honestidad, diferenciada de la lealtad, uno de los ejes de Poz aldrebesa, la nueva novela del escritor Juanjo Olasagarre. La historia está protagonizada por Axil Iminizaldu que trabaja en la televisión y por Joseba Aldaz, traductor del Boletín Oficial. Los dos mantienen una relación amorosa desde hace dos décadas, pero están atravesando horas bajas, cierto desgaste, falta de sexo.

Poz aldrebesa reflexiona, como decía, sobre el engranaje de las parejas. Sobre la verdad, las mentiras a medias, sobre los acuerdos, sobre los engaños. Pero Olasagarre no solo habla de amor y desamor, la amistad, esa otra variante del amor que no es necesariamente pacífica, también tiene peso. Además, la política, entendida en un modo amplio y social, condiciona la vida de los personajes. Lo externo, digamos, influye en el mundo interior de los protagonistas, y ese mundo interior, sus turbulencias, se filtran en los comportamientos externos, algo, yo creo, inevitable. Pero es esa combinación de ensimismamiento y acción, de intimismo y retrato social lo que hace muy atractiva esta novela repleta de detalles, de referencias, de, en suma, verosimilitud. Olasagarre recrea muy bien la militancia gay de hace unas décadas y las diferentes posturas ante la homosexualidad: desde la reivindicación como opción política a la idea de esa opción como algo que pertenece solo a la esfera personal. “Azken finean, Lander, nobio beharra heteroak sortutako beharra da”, dice uno de los personajes, y la frase puede funcionar como un termómetro de la compleja relación de esta pareja.

El autor, aunque se alarga en algunos pasajes de corte ensayístico -especialmente reseñables son los relacionados con el duelo- no se pierde en el discurso y nos engancha con la peripecia vital de los personajes, es decir, nos cuenta una historia concreta. Y lo hace a partir de un desencadenante muy concreto también: el infarto que sufre Axi. A partir de ahí, vemos sus vidas pasar. Esta, la tercera novela de Olasagarre, es sin duda una historia que merece la pena leer, honesta y bien construida, una historia -debo decirlo- en la que aparecen citados los compañeros de este programa Félix Linares y Roberto Moso.

Txani Rodríguez

Pasado, presente, futuro, abejas y Maja Lunde

Esta novela compuesta por tres historias aparentemente independientes a las que unen las abejas y una sutil trama que será desvelada en la parte final, es una obra ingeniosa, triste, melancólica y levemente esperanzadora. Una novela que descubre a una autora noruega, Maja Lunde, nacida en Oslo en 1975, que sobre todo ha trabajado en la literatura infantil y juvenil y como guionista para la televisión de su país. Esto último se nota mucho en su libro porque abundan los diálogos precisos y las descripciones que parecen estar buscando una cámara que rueda todo lo que se cuenta. Historia de las abejas mereció el Premio de los Libreros Noruegos y ha sido traducida ya en quince países.

Como decíamos antes tres historias se van entrecruzando en la narración, aunque al transcurrir en tiempos muy alejados entre sí, los personajes no interactúan entre sí. La primera historia nos lleva al pasado, a la Inglaterra del año 1852. El protagonista es William, un naturalista fracasado, que prometía mucho en sus tiempos de estudiante, pero al que un matrimonio al principio feliz y luego desgraciado y la necesidad de mantener a su larga prole, le aleja de la ciencia y le hace caer en la amargura. Solo una de sus hijas, Charlotte, dotada de una portentosa capacidad de observación científica, hará que salga de su mutismo y abandono para dedicarse a construir una nueva colmena que permita a los apicultores extraer la miel de las abejas sin dañarlas irremediablemente.

La segunda historia acontece casi en nuestros días y arranca en 2007 en Estados Unidos. Está protagonizada por una familia de granjeros del medio oeste que se dedica a llevar sus colmenas por medio país para polinizar los árboles frutales de las grandes explotaciones. El padre, George, está preocupado porque su hijo y heredero Tom estás más interesado en las letras que en las abejas. Y es entonces cuando comienzan a llegar noticias alarmantes que hablan de la extraña desaparición de las abejas por todo el mundo. ¿Los insecticidas las están matando? ¿Tal vez el cambio climático? ¿O quizás el monocultivo que producía inmensos desiertos verdes casi sin flores? ¿O esos ácaros producidos por el propio ser humano y sus deshechos?

Y la tercera historia nos traslada al futuro, al final de este siglo XXI. Estamos en 2098 y las abejas ya no están entre nosotros. El mundo es un caos. La civilización prácticamente ha desaparecido. Solo en algunas partes de China parece conservarse el orden, en aquellos lugares en los que, a base de mano de obra, se consiguen polinizar los árboles a mano, con miles de disciplinados trabajadores que con pequeños pinceles van polinizando una a una las flores de los árboles. En ese ambiente vive un matrimonio formado por Tao, su marido Kuan, y su hijo de tres años Wei Wan. En su único día de fiesta en meses deciden pasear entre los árboles en lugar de ir a la ciudad a beber y consumir. Pero algo pasa y Wei Wan entra en coma. Las autoridades “secuestran” al niño, y su madre emprende un viaje desesperado a Pekín para recuperar a su hijo y para descubrir qué es lo que ha sucedido. Una distopía terrible.

La novela intercala las tres historias y poco a poco se va apoderando del lector una angustia existencial producto de descubrir lo mal que hemos hecho todo en este planeta desde hace varios siglos. Aunque descubriremos también que está en nuestras manos y solo en nuestras manos llegar a un gran pacto con lo que nos rodea para no acabar matando aquello que nos permite vivir en un mundo maravilloso. Historia de las abejas es por tanto una poética llamada a la acción, pero también una reflexión sobre la importancia de las relaciones entre padres e hijos, sobre lo importante que es transmitir valores y también recordar la herencia y rescatar la memoria.

Se disfruta mucho con este maravilloso libro, aunque en el camino haya mucho dolor, mucho sufrimiento y bastantes vidas desaprovechadas. Pero merece la pena llegar hasta las últimas líneas y ver como encajan todas las piezas del puzzle y asistir maravillados a la sutileza de su parábola final. Hay esperanza si nos ponemos manos a la obra, porque, y este sería el mensaje final, si aportas tu granito de arena, ese granito servirá para que otros puedan llegar a construir el hermoso edificio en el que cabrán todas las generaciones futuras. Nadie es una isla.

Enrique Martín